Epic story: dibujos animados

Sinopsis: Una mujer con una vida estable en pareja se encuentra con alguien que fue muy importante en su adolescencia.

Capítulos publicados de la serie:

  1. Epic story: dibujos animados

Mónica tenía 30 años, de estatura media. Era morena, delgada con cuerpo lleno de curvas gracias a su culo bien puesto, sus caderas estilizadas y sus imponentes pechos. Su rostro desprendía atractivo y mucha personalidad. En conjunto era una bella mujer. Vivía junto a su pareja, de 33 años, alto, pelo corto y cuerpo atlético debido al deporte que practicaba en el equipo de fútbol en el que jugaba. El novio de Mónica estaba bueno. Estaban hechos el uno para el otro.

La pareja se había conocido hacía unos años y habían comenzado una relación lenta pero bien cimentada que iba encaminada a la formalización de su unión en un acto por lo civil que estaba planificado para el año siguiente.

Mientras el novio de Mónica, antes de conocerla, había tenido únicamente 2 relaciones, aunque bastante duraderas, ella había tonteado con unos cuantos chicos. Algunos no habían pasado más allá de ser un rollete pero, a pesar de la gran cantidad de pretendientes que siempre había tenido, únicamente unos pocos afortunados habían conseguido el premio que ansiaban.

Aunque había pasado mucho tiempo, en su juventud, Mónica había sido un poco loca. Había disfrutado la vida sin tapujos y eso la hizo conocer muchos chicos. Pero eso formaba parte de un pasado lejano, olvidado. Ahora sus prioridades habían cambiado. Ahora sólo pensaba en un hombre y no necesitaba absolutamente nada más.

-Hoy ha llegado el jugador nuevo. Se llama Marc – le comentó a su novia mientras cenaban.

-¿Sí? ¿Y qué tal? – le preguntó con interés.

-Bueno, no nos ha dado mucho tiempo a conocerlo, pero parece un poco… - y tras unos segundos intentando encontrar la palabra adecuada - … prepotente.

-¡Uy! Pues me parece que muy bien no os vais a llevar – aventuró Mónica conociendo el temperamento de su novio.

-¡Es un gitano! – bromeó en tono despectivo.

-¿En serio? – preguntó sorprendida.

-Al menos lo parece… es muy moreno, con greñas…

Mónica empezó a reír.

-¡Es Mark Lenders! – aseveró divertida.

-¿Quién? – preguntó su novio extrañado.

-¡No me digas que nunca has oído hablar de Mark Lenders! – Mónica pensaba que estaba de broma.

-Pues no.

-¿En serio?

-En serio.

-¿Tú nunca viste Oliver y Benji? ¿Campeones?

-¡¿Pero eso qué es?! – bromeó haciendo ver que Mónica le estaba vacilando. Realmente no sabía de lo que le estaba hablando.

-¡Anda ya! ¡Tú no has tenido infancia! – concluyó divertida dándose cuenta de que no estaba bromeando.

-Bueno, ¿me lo explicas? – continuó él tras unos segundos de silencio, intrigado por saber a lo que se refería su chica.

Y durante el resto de la cena Mónica le explicó por encima la serie de dibujos japoneses sobre fútbol que encandiló a toda una generación de niños y niñas hacía unos cuantos años.

Pasados un par de días el novio de Mónica volvió a tener un entreno y, nada más llegar a casa, se dirigió en busca de su pareja.

-¿Se puede saber cómo sabías que se llamaba Mark Lenders? – le preguntó, serio.

-¿Cómo? – Mónica estaba descolocada.

-El nuevo, se llama Mark Lenders. El mismo nombre que dijiste el otro día.

Mónica estaba flipando. Por un momento pensó que nuevamente su novio estaba bromeando, muy típico en él, pero estaba demasiado serio.

-¿Me estás diciendo de verdad que tu nuevo compañero se llama Mark Lenders? ¿Como el de los dibujos?

-Sí – Mónica se rio – A mí no me hace gracia.

-Anda, ven aquí – ella se acercó al malhumorado hombre y lo besó haciéndole arrumacos – Es una increíble casualidad – siguió riendo mientras pensaba si era posible que alguien moreno, con greñas, pinta de gitano en definitiva, futbolista y prepotente se llamara Mark Lenders.

Mientras abrazaba al hombre al que quería recordó lo mucho que le gustaba aquel personaje de dibujos animados. Un gruñido de satisfacción sonó en su mente recordando aquel dibujo chulesco pero, en el fondo, de buen corazón. De pequeña se había fijado en él por ese carácter indomable que sin duda tanto le atraía. Y porque estaba bueno, por qué no decirlo.

Durante los siguientes días, a medida que el novio de ella conocía más al nuevo, siguieron hablando sobre el tema de vez en cuando y, para sorpresa mayúscula de ella, el número de casualidades aún no había concluido.

Mark era delantero y había llegado para paliar la evidente sequía goleadora del equipo. Iba a la universidad mientras trabajaba en un Telepizza para ayudar económicamente a su viuda madre que tenía que hacer frente a los gastos universitarios de Mark y de sus hermanos pequeños. Por si eso fuera poco, el fuerte carácter de Lenders era más que evidente y ya había tenido algún roce con el veterano del equipo, el novio de Mónica.

Llegaba el final de temporada y, como cada año, se organizaba la cena de equipo a la que acudían jugadores, cuerpo técnico, directiva y el resto de integrantes del club acompañados de sus respectivas parejas.

-Mónica, ¿recuerdas que el próximo viernes es la cena del equipo?

-Sí, claro… me muero de ganas de conocer en persona a Mark – le bromeó.

-No me hace gracia – le contestó su novio, serio, pero bromeando en el fondo, seguro de su chica.

Ella le sonrió y lo besó. La mujer estaba exaltada. Según todo lo que su pareja le había contado, su nuevo compañero de equipo era la reencarnación de aquel dibujo animado que de pequeña tanto le había fascinado. Y sólo el mero hecho de pensar que podía conocer a aquel dibujo en carne y hueso le evocó calenturientos recuerdos en forma de cosquillas en el estómago.

De camino a la cena se dijo a sí misma que se llevaría una decepción. Por muchas casualidades que hubieran entre el Mark Lenders animado y el real era imposible que se parecieran tanto como para ver, en el hombre al que iba a conocer esa noche, aquel dibujo animado motivo de sus primeros sueños húmedos. No es que tuviera que preocuparse por volver a sentir esas sensaciones, cosa que veía completamente imposible, pero sí le hubiera hecho gracia ver en ese chico el reflejo de aquel pequeño macarrilla de la serie Campeones.

Mónica solía aburrirse en estas cenas en las que la mayoría de conversaciones giraban en torno al fútbol. Tampoco ayudaba que su novio fuera el más veterano. El resto de jugadores eran muy jóvenes, al igual que las parejas de éstos con lo que tampoco tenía muchos puntos en común con ellos. De ahí que nunca tuviera ganas de acudir. Sin embargo, finalmente siempre asistía por su novio, al cual no le apetecía ir solo y, además, le gustaba presumir de mujer. Sin duda Mónica era la que estaba más buena de todas a pesar de la juventud del resto. Pero este año, la intriga por conocer al nuevo había cambiado las cosas. Mónica tenía ganas de asistir a la cena únicamente por el mero hecho de conocerlo.

Una vez en el restaurante, la mujer comenzó a divisar rostros conocidos y fue saludando a medida que los reconocía. Aunque a muchos los veía de año en año, tenía buena memoria para los nombres así que eso no era problema. Antes de terminar la ronda de saludos divisó una espalda ancha y fuerte que se extendía bajo una melena de cabello negro. El corazón empezó a bombearle con fuerza. No pensó que reaccionaría así.

-¡Pero si eres Mark Lenders! – aseveró cuando el jugador de 1’80 de estatura se giró dejando ver sus grandes ojos oscuros, su piel tostada y sus fuertes facciones. Era la viva imagen del dibujo animado.

-Sé que soy bueno, pero no sabía que ya era famoso – contestó Mark con severidad al comprobar la reacción de aquella mujer desconocida.

-Es que le he hablado de ti – intervino el novio de Mónica.

-No sabía que fuera tan importante en tu vida – le desafió Mark provocando la ira en el rostro del veterano del equipo.

-Déjalo… - le tranquilizó ella y se lo llevó dándole la espalda al gitano no sin antes girar la cabeza para echar un nuevo vistazo a aquel impresionante hombre y dedicarle una sonrisa. Mark no se la devolvió, únicamente la miró con suficiencia provocando nuevas cosquillas en el estómago de la mujer.

La cena transcurrió sin mayores novedades. Mónica y su novio estaban sentados bastante alejados de Mark que había acudido solo y no fue hasta después de la cena cuando tuvieron un nuevo encuentro.

-Hola Mark – le saludó ella al ver, a través del espejo donde se estaba retocando, cómo el jugador se acercaba en dirección a los servicios.

-Hola – le devolvió el saludo con tosquedad.

-¿Tú conoces la serie Campeones? ¿Oliver y Benji? – quiso salir de dudas.

El rostro del jugador pareció desfigurarse mostrando una mueca de contrariedad, tal vez preocupación.

-Oliver y Benji no se merecían el reconocimiento que tenían – espetó con rabia.

Mónica sonrió, no podía estar más de acuerdo. Y se alegró al comprobar que Mark pensaba de aquella manera y, sobre todo, que conocía la serie. ¡Cómo no la iba a conocer si él era uno de los protagonistas! pensó.

-¿Puedo hacerte una pregunta?

-No – la cortó con el rostro marcado por la indiferencia, siempre rudo. Pero aquella contestación no le molestó a la mujer, todo lo contrario.

-¿Cuándo es tu cumpleaños? – pero el tipo la ignoró entrando al servicio.

Mónica ya se había acicalado, pero esperó a que Mark saliera del cuarto de baño de los chicos. Quería seguir jugando un rato. Mark no tardó en salir y pensó que esta vez se iba a poner a su altura y lo ignoraría. Ya le había prestado demasiadas atenciones, más de las que nunca le había prestado a un chico, no lo necesitaba. Se limitaría a verlo pasar a través del espejo.

-El 17 de agosto – le contestó cuando pasaba justo a su espalda mirándola tan solo unos instantes a través del espejo y, por primera vez, sonriéndole levemente. Una sonrisa llena de intenciones, de chulería como no podía ser de otra forma. ¿La estaba vacilando?

Mónica no pudo evitar sonreír al escuchar esa fecha. Intrigada como estaba por conocer a este personaje se había documentado un poco y sabía que el dibujo animado de Mark Lenders nació un 17 de agosto. ¿Una casualidad más? se preguntó. Tenía la cabeza hecha un lío. ¿Era cierto que cumplía años ese día o, cansado de que lo comparasen con el personaje de ficción, se sabía sus datos para poder vacilar a gente como ella que lo confundiera con la animación? Tal vez todo lo que contaba, lo de la universidad y su familia, por ejemplo, no era más que una argucia para impresionar a todos los que como ella, fueron seguidores de aquella mítica serie de dibujos y lo confundían con uno de los personajes más carismáticos de la misma. Se giró, confundida y con rabia, para mirarlo. Y se dijo a sí misma que averiguaría la verdad sobre ese pedazo de hombre. Estaba buenísimo pensó.

Tras la cena decidieron salir a tomar algo como siempre hacían. Normalmente, Mónica y su novio se marchaban en ese momento ya que ella no se sentía todo lo cómoda que le gustaría y él entendía que ya hacía un esfuerzo acudiendo a la cena así que no le importaba.

-¿Nos vamos? – le preguntó.

Aunque ella se hubiera ido de buena gana, tenía la espina clavada de no haber averiguado si el nuevo era un farsante o si realmente se trataba de una especie de reencarnación del anime. Intentó pensar rápido una excusa para no marcharse y creyó que la tenía.

-No, cariño, ¿cuántos años te quedan en el equipo? – ya habían hablado sobre la posibilidad de que lo dejara para tener más tiempo para ella y dedicarlo a nuevos proyectos juntos. ¿Un hijo tal vez? – Sé que aún no lo has decidido, pero tal vez sea tu última cena de equipo. Hoy nos quedamos hasta que te apetezca – y sonrió sacándole una sonrisa a su novio que se abalanzó sobre ella para abrazarla y besarla.

Mónica se sintió ligeramente culpable. Aunque no le mintió con aquellas palabras, pensó que jamás se le hubieran ocurrido si no fuera por los motivos reales por los que le apetecía alargar la noche.

A su vez, el novio de Mónica se sintió feliz de estar con aquella mujer tan sobresaliente. No sólo era guapa, atractiva, estaba muy buena, sino que tenía un gran corazón como acababa de demostrar y, sobre todo, con gestos como ese le demostraba su amor que era lo que más le recompensaba de su relación.

Fueron a un antro donde había sillas y sofás en los que sentarse, mesas en las que podías tomar algo alrededor, de pie, todo ello sin un orden aparente. La distribución parecía un poco caótica, pero tenía su encanto. La música no estaba muy alta con lo que se podía hablar sin problemas.

-No te preocupes por mí, cariño – le propuso Mónica – tú disfruta de tus compañeros. Esta noche no me importa, pero me deberás una – le bromeó con sorna.

Su novio no le contestó, simplemente le sonrió y desapareció en busca de unos amiguetes. Mónica se sintió extraña y emocionada al mismo tiempo. Se disponía a empezar sus investigaciones y lo primero sería divisar a Mark y acercarse para vigilarle.

-Una coca-cola – pidió el gitano en la barra. Mónica, al escucharle, no pudo evitar comenzar a reír a carcajadas atrayendo la atención de Mark.

Él la miró desafiante y ella se dio cuenta en seguida de que no servía para detective. La habían descubierto a las primeras de cambio. Sonrió a pesar de aquella ruda e impresionante mirada que habría turbado a cualquiera.

-Se dice por ahí que eres adicto a la coca-cola…

-Tía, déjame en paz – le cortó con tales aires que, por primera vez, la mujer se sintió cohibida.

El hombre se marchó dándole la espalda y Mónica se sintió idiota. Se había quedado por él, para averiguar si todo lo que aparentaba era una fachada y había fracasado en el primer intento. Sintió ganas de irse a casa, pero ahora no podía pedírselo a su novio tras decirle que aprovechara la noche con sus compañeros de equipo, que ella se sacrificaba hoy por él.

Se fijó en Mark mientras se alejaba y pensó que por muy duro que fuera aquel tipo y por muy bueno que estuviera, nunca ningún tío la había tratado o rechazado de aquella forma. Se sintió mal al comprobar que el amor platónico de su época juvenil encarnado en todo un hombre hecho y derecho la rechazaba a pesar de lo buena que sabía que estaba. Mark se había sentado en una de las sillas con su coca-cola y decidió un último acercamiento.

Se dirigió con disimulo hacia él y se quedó a unos escasos metros, con su bebida, entablando conversación con un par de chicas, novias de un par de jugadores del equipo. Al cabo de unos minutos, haciéndose la distraída, se acercó a la silla en la que estaba sentado Mark y se sentó en el brazo de la butaca, dándole la espalda y entrando en contacto con el brazo del rudo futbolista. Mark no lo apartó, manteniendo el contacto físico con Mónica, gesto que provocó una leve sonrisa de triunfo en el rostro de la mujer.

Mónica se sentía mejor. Si Mark hubiera apartado el brazo al contactar con la parte baja de su espalda se hubiera sentido completamente rechazada, pero no era el caso. Aunque seguía manteniendo la conversación con las chicas, no las escuchaba. Estaba atenta a los movimientos del morenazo que no apartaba el fuerte brazo. Ella se movió ligeramente, con disimulo, acomodándose mejor en el brazo de la silla y acercando su cuerpo al de Mark.

Definitivamente, se estaba calentando. El contacto con aquel musculado brazo le estaba gustando y los recuerdos de su infancia le venían a la mente. Comenzó a moverse ligeramente, restregándose con la extremidad del hombre, que no parecía dispuesto a terminar con aquello. Notaba como el fuerte brazo del futbolista se clavaba cada vez de forma más evidente en su carnoso cuerpo. Mónica lo había buscado únicamente para subirse la autoestima, pues no estaba acostumbrada a los desaires que Mark le había dedicado en la barra, pero para nada esperaba empezar a sentir cierta excitación. Pensó que era lo normal, había bebido un poco y Mark estaba muy bueno, era un calco al dibujo animado con el que había tenido sus primeras fantasías, con lo que no le dio mayor importancia. Pero al oír la voz de su novio acercándose se levantó rápidamente, sintiéndose culpable.

Su chico ya había pasado un buen rato con sus compañeros y Mónica no quería problemas. Decidió dejarse de tonterías y pasar de Mark quedándose junto a su novio que no tardó en proponer marcharse a casa pues no quería que ella se agobiara demasiado por el simple hecho de dejarle pasar una noche con sus compañeros de equipo y el resto de gente del club. Ya había disfrutado bastante de la noche y no quiso ser egoísta al igual que ella tampoco lo había sido quedándose más rato, pensó.

Comenzaron a despedirse de la gente hasta llegar a la altura de Mark. El novio de Mónica le dio la mano sin mucho entusiasmo, pero el gitano ni le dirigió la mirada que estaba reservada para Mónica (sin duda los roces de la silla habían tenido efecto). Ella se la devolvió, fijándose detenidamente en el rudo rostro que tanto le atraía. Pensó nuevamente que estaba muy bueno y que más lo parecía a medida que avanzaba la noche. Él la miraba sin perder el aire de superioridad que la volvía loca. Incluso no le disgustó que despreciara a su novio de aquella forma. Pensó que el cabrón había conseguido excitarla definitivamente.

De camino al coche, la pareja iba hablando sobre los acontecimientos de la noche. Ella tenía intención de guardarse todo lo relacionado con Mark. Si bien jamás hubiera hecho nada con él, pues ella quería a su novio con el que estaba completamente satisfecha en todos los sentidos, no era plan de contarle el tonteo que había tenido y, mucho menos, las consecuencias del mismo. Aunque como realmente no había pasado nada, decidió dejarlo estar y enterrar aquel tema para siempre. Seguramente no volvería a coincidir jamás con ese tío y se quedaría con la graciosa experiencia de haber conocido a la viva imagen del dibujo animado de Mark Lenders en la realidad.

Cuando él le preguntó, con desgana, sobre el nuevo compañero del que tanto habían hablado a lo largo de la temporada, ella se limitó a afirmarle que se parecía mucho al dibujo del que le había hablado, pero no demostró mucho entusiasmo. Y a su novio ya le vino bien, pues tampoco tenía muchas ganas de hablar sobre su indeseable compañero de equipo.

-Vosotros… - se oyó a sus espaldas - ¡ei! sí, vosotros – insistió la voz - ¡que os estoy hablando! – se enojó el macarra que les estaba llamando la atención.

La pareja ignoró la voz que los llamaba intuyendo que se trataba de algún yonqui que les quería pedir dinero. Sin embargo, el novio de Mónica, cuando notó que el hombre se ponía algo borde, se giró.

-¿Qué quieres? – le preguntó cordialmente para no sobresaltarlo al tiempo que se sorprendía al ver a 3 tíos con muy malas pintas. Se temió lo peor. No eran yonquis sino 3 chavalines jóvenes que seguramente, puestos hasta las cejas, únicamente buscaban follón. Se preocupó por Mónica.

Ella se asustó mucho al ver las pintas y, sobre todo, las caras desencajabas de los chicos que se dirigían hacia ellos. El primero, el que los había llamado, era el más bajito y delgado, pero los otros 2 eran más fuertes y altos y daban miedo. El último era más o menos de la misma corpulencia que su novio, pero el otro era una auténtica mole. Y no estaba gordo precisamente, todo era músculo a base de machacarse en el gimnasio.

-Has estado toda la noche tocándome los cojones – desvarió el más bajito que parecía el más fuera de sí.

-Tío, si nosotros venimos de otro sitio – no mentía – me habrás confundido con otro, tranquilo – intentó conciliar, pero el macarra estaba fuera de sí y le dio un empujón. El novio de Mónica ni se inmutó, pero en seguida saltaron los otros 2 a la palestra.

-¡Eh! ¡No toques a mi colega!

-Pero si ha sido él, yo no le he hecho nada.

-Vámonos… – suplicó ella, con los ojos humedecidos.

Pero antes de que su chico pudiera reaccionar, el más grandote le pegó un empujón tirándolo al suelo. Mónica gritó asustada. El bajito lanzó una patada, pero el novio de la atemorizada mujer, desde el suelo, reaccionó rápido agarrándole el pie y tirando también al macarrilla. En ese momento los otros 2 se abalanzaron sobre el novio de Mónica que se levantó rápido, con la agilidad que su atlético cuerpo le permitía. No quería problemas y habría salido corriendo si no fuera por su novia, que estaba inmóvil sollozando. La miró y no se percató del menos corpulento de los agresores que, desde el suelo, le agarró una pierna reteniéndolo, momento que aprovechó el más grandote para soltarle un puñetazo que recibió inesperadamente tumbándolo al suelo nuevamente. Mónica no dejaba de llorar.

-¿Qué pasa ahí? – se oyó a lo lejos.

Mónica levantó la vista y divisó una figura conocida, pero distorsionada por las lágrimas que le inundaban los ojos.

-¿¡Qué está pasando!? – insistió Mark que corría hacia el tumulto.

El valiente gitano pasó raudo al lado de la sollozante mujer a la que ni miró y se dirigió directamente a la pelea. En cuanto el mediano de los vándalos se giró para ver quién era el nuevo integrante de la pelea recibió un puñetazo de Mark Lenders que lo tumbó, cayendo redondo perdiendo el conocimiento. En seguida los otros 2 se percataron de la situación y se colocaron en posición para enfrentarse al desconocido.

-¿Te has traído a tu putita? – ironizó el más bajito intentando ridiculizar al pobre novio de Mónica que estaba dolorido en el suelo, con el labio sangrando.

Lenders intentó abalanzarse sobre el pequeño, pero el grandullón se interpuso en su camino. El cachas lanzó un desorbitado gancho hacia su enemigo, que lo esquivó sin problemas y reaccionó golpeando la barbilla de su agresor, que se tambaleó unos segundos retrocediendo una par de pasos, pero manteniendo el equilibrio aunque a duras penas.

-Tendréis que emplearos a tope para detenerme – convino serio tras golpear al malhechor.

Mónica estaba viendo el espectáculo sobreexcitada. Al subidón de adrenalina debido al ataque sufrido por aquellos macarras, ahora se le unía el rescate de Mark, el hombre que hacía menos de una hora le había provocado un enorme calentón. Y para rematar, el muy bestia se estaba cargando sin problemas a los indeseables que le estaban pegando una paliza a su novio y además lo hacía con una suficiencia capaz de hacerle mojar las bragas.

Cuando la enorme masa de músculos tambaleante intentó un nuevo ataque desesperado sobre Mark, éste no tuvo mayor problema en volver a esquivarlo y rematarlo con un nuevo golpe. El ruido del mastodonte al golpear contra el suelo fue estruendoso. Sólo quedaba el más bajito que, al ver lo que el gitano acababa de hacer y contemplar a su otro amigo inconsciente en el suelo, salió corriendo como alma que lleva el diablo. Mark salió tras él, seguro de atraparlo debido a su físico y velocidad.

-¡Mark! – se quejó Mónica que no quería más problemas y ya le estaba bien que el otro huyera y los dejara en paz.

Pero el hombre no le hizo mucho caso y corrió tras el macarra. Sin embargo, tras las 3 primeras zancadas, cuando justo estaba a la altura del delincuente, sintió un pinchazo en el muslo, seguramente debido a la brusca arrancada sin calentamiento previo. Se detuvo, aquejado y maldiciendo la mala suerte.

Mónica, al ver que Mark no le hacía caso, corrió a auxiliar a su pareja que seguía en el suelo dolorido. Tenía un corte en el labio y varias contusiones en el cuerpo. Nada grave.

-Muchas gracias, Mark – se sinceró el novio de Mónica cuando Lenders llegó a la altura de la pareja, cojeando - ¿qué te ha pasado?

-Un tirón – dijo sin darle mayor importancia y pasando de largo.

-Espera – soltó ella sin pensar. Pero Mark ni se inmutó – No podemos dejarle así – le dijo a su novio – nos ha salvado de una buena…

-¿Y qué quieres hacer? ¿No ves que él también pasa? Le agradezco que nos haya ayudado, pero no deja de ser un impresentable.

-Sí, lo es, pero ha demostrado su buen corazón – y cerró el tema.

Ya había tomado una decisión. Se dirigió a Mark y le obligó a acompañarles a casa. Allí les atendería a los 2 de sus heridas de guerra, bromeó. Aunque a regañadientes, el salvador de la pareja accedió finalmente y los 3 se dirigieron a la casa de los prometidos.

Durante el camino a casa el silencio había sido el predominante. Era evidente la mala relación entre los 2 hombres y Mónica empezaba a arrepentirse de haber querido llevar a Mark para atenderle del tirón. El silencio la ponía tensa.

Una vez en la casa, la cosa seguía igual. El panorama no era muy alentador. Su novio sentado en una esquina del sofá y Mark en la otra, en silencio, sin dirigirse la palabra. Ella intentaba rebajar la tensión y comenzar algún tema de conversación que era cortado con monosílabos por parte de cualquiera de los 2 hombres. Mónica se ocupó de su chico en primer lugar que era el que estaba más dolorido.

-¿No te importa, verdad, Mark? – le preguntó al invitado para que no se sintiera en un segundo lugar. Pero el rudo hombre no le contestó más que con un gruñido de aprobación y con una mirada de indiferencia.

Mónica se dispuso primero a curar el labio de su novio que comenzaba a hincharse. Mientras lo hacía no podía dejar de pensar en lo sucedido. En lo mucho que se había asustado. En el miedo que había sentido al ver cómo apaleaban a la persona que amaba. Y en el alivio que había experimentado cuando Mark había acudido en su ayuda desembocando en la lujuria que las formas de éste le había provocado.

-¿Dónde más te duele? – quiso saber la improvisada enfermera cuando hubo terminado con el labio.

-Aquí y aquí – le indicó señalando el costado y el estómago.

-Quítate la camiseta – le sugirió ella mientras introducía sus manos bajo la misma para levantársela. Él alzó los brazos y Mónica aprovecho para acariciar el fornido cuerpo de su novio antes de deshacerse de la tela.

Mónica se fijó en el escultural cuerpo de su hombre y deseó arañarlo, morderlo… pero tenía un invitado y no podía hacerlo. Acarició el costado de su pareja observando el morado que empezaba a aparecer. El hombre dio un respingo, quejándose de dolor.

-¡Va, no seas mariquilla! – bromeó mirando de reojo a Mark, que ni se inmutó – Te voy a poner crema para los golpes. ¿Aquí también te duele? – le preguntó mientras masajeaba las fuertes y marcadas abdominales del hombre.

-¡Ah! Pero no apretes – se quejó nuevamente en el momento que comenzó a sonar su móvil.

-Deben ser los del equipo – supuso Mónica.

-Supongo, es un mensaje. ¿Me lo pasas, Mark?

Lenders, con cara de pocos amigos, miró desafiante al novio de Mónica indicando con la mirada que no era el sirviente de nadie. Aún así, se giró para coger el móvil y se estiró para pasárselo a su dueño alargando su fuerte brazo y pasándolo justo por delante de la mujer.

El brazo de Mark se interponía en el camino de Mónica que debía recoger la crema para los golpes que usaría con su novio. Con disimulo se alzó ligeramente inclinándose hacia delante para alcanzar la crema aplastando sus perfectos pechos contra el fornido brazo del gitano. Así se mantuvieron durante unos segundos, el tiempo que el novio de Mónica tardó en coger el móvil, leer el mensaje y devolvérselo a Mark para que volviera a dejarlo en la mesa más cercana. Aunque no le dio mayor importancia, si le había gustado sentir la fuerte musculatura del delantero en contacto con su cuerpo en el pub, no tenía palabras para describir la sensación de placer que le provocaba restregar sus tetas y sus ya doloridos pezones por aquella dura extremidad mientras imaginaba lo que el greñudo moreno podría haber pensado con aquel simple gesto.

Cuando Mónica terminó de atender a su novio, lo besó y le indicó que se fuera a la cama a descansar, que ya se encargaba ella de Mark. El hombre de la casa estaba reventado, le dolía todo y lo único que le apetecía era dormir. Había sido una noche muy larga. Así que no puso mayor impedimento y se marchó a la cama sin darle mayor importancia a dejar a Mónica a solas con aquel indeseable. Confiaba en ella y, aunque Mark le caía como el culo, sabía que en el fondo no era mal tío con lo que se marchó completamente tranquilo.

-Bueno, por fin a solas – soltó la mujer sin pensar mucho en cuanto su novio se hubo marchado. Él la miró con prepotencia dándose cuenta Mónica de la burrada que acababa de soltar – Quiero decir que… - no quiso liarse más – bueno, que ahora te toca a ti.

La exuberante mujer se acercó al lesionado arrodillándose en frente de él. Mark se incorporó del sofá mientras Mónica levantaba la mirada para observar al macho que se alzaba imponente ante ella. Estaban muy cerca y, por primera vez, a Mónica le alcanzó el olor a hombre que Mark desprendía. Era un aroma fuerte, viril, que se abría paso a través de las sensibles fosas nasales de la mujer. Le gustó. Mucho.

-¿Me bajo los pantalones? – preguntó mientras se los desabrochaba.

-No hace falt… - pero no había terminado de decirlo cuando Mark Lenders bajó la prenda mostrando unas fuertísimas piernas, completamente musculadas que nacían de unos calzoncillos blancos que marcaban un enorme paquete. Mónica se sonrojó al observar semejante paisaje - ¿Qué pierna…? – preguntó temblorosa.

-La izquierda – contestó con serenidad mientras se deshacía por completo de los pantalones y volvía a sentarse en el sofá.

Mónica se dispuso a echar la crema en el muslo dolorido de Mark. La piel tostada de las piernas del hombre hacía aún más reseñable la potente musculatura. Tenía ganas de masajearle el impresionante muslo. Al hacerlo, esparciendo la crema, notó la vigorosa dureza de la musculatura. Tuvo que emplear todas sus fuerzas para tener la sensación de estar masajeándolo. Cuando hubo terminado se dispuso a vendarle. Mientras lo hacía volvió a fijarse en el enorme bulto que se escondía bajo la tela de los calzoncillos. Daba toda la impresión de esconder una buena polla. Estaba convencida que aquel macho tenía una buena polla, que Mark Lenders tenía un pollón. Así lo había fantaseado siempre.

Sintió que el hombre la había pillado echándole un vistazo a su entrepierna y lo corroboró al levantar la vista y verle la mueca de superioridad marcada en el bello rostro. Se quería morir de la vergüenza.

-¿Es verdad que tienes una pierna más desarrollada que la otra? – quiso saber desviando la atención.

-Compruébalo tú misma.

No hizo falta que se lo dijera 2 veces. Con el muslo izquierdo vendado se dispuso a magrear el derecho. A simple vista no se había fijado, pero en cuanto tocó la pierna derecha se dio cuenta que ésta aún era más portentosa que la otra. Cuando se quiso dar cuenta estaba magreando al invitado tal y como deseaba haberlo hecho con su novio y precisamente no había podido por culpa de la presencia del que ahora recibía sus atenciones. Se dio cuenta que estaba descontrolada y volvió a fijarse en el blanco calzoncillo. Se moría de ganas de echarle mano a aquel enorme saco de carne.

-¿Y bien? ¿Aún tienes dudas de mi identidad? – la despertó de sus lujuriosos pensamientos – Creo que esa pierna está perfectamente como para que sigas masajeándola, ¿no crees?

-Tienes razón – contestó acalorada – eres el auténtico Mark Lenders – Él se rio con contundencia y se levantó alejándose de ella quien deslizó la mano por la pierna de Mark hasta que la distancia lo separó definitivamente.

Mónica se había hecho a la idea de quedarse con el calentón. Su novio estaba durmiendo y Mark se marcharía en seguida. Le gustó la idea de hacerse un dedo recordando todo lo que había pasado esa noche, lo que fantaseaba de pequeña con el personaje de dibujos y lo que, sin duda, habría hecho con el auténtico Mark Lenders en caso de no tener pareja.

Cuando el morenazo salió del baño la sorprendió con el bote que llevaba en las manos. Aún conservaba la camiseta, pero seguía sin pantalones, marcando ese impresionante paquete que tan loca la estaba volviendo.

-He encontrado esto en el cuarto de baño – le indicó el gel para masajes que la pareja utilizaba de vez en cuando – Tal vez podrías acabar de masajearme la pierna buena. La tengo bastante sobrecargada del esfuerzo de toda la temporada.

Parecía que el macho impasible empezaba a sucumbir a sus encantos. Se sintió reconfortada y, aunque se había hecho a la idea de acabar con aquel peligroso juego sabiendo que era lo mejor, aceptó sin pensarlo, llevada por sus instintos más primitivos. De todos modos, pensó, más caliente se iba a poner y más iba a disfrutar de la masturbación que luego pensaba regalarse.

Mark volvió a sentarse en el sofá y ella volvió a arrodillarse entre sus piernas. El hombre abrió un poco las extremidades mientras ella se fijaba, ya sin demasiados tapujos, en los movimientos que ese gesto provocaba en la enorme entrepierna. Lanzó un chorro de gel sobre el muslo derecho de Mark y se dispuso a continuar al masaje que había dejado a medias.

-¿Puedes echar un poco más de gel? – le pidió Mónica cuando ya llevaba unos minutos de masaje.

Mark le hizo caso y, con toda la intención, dejó caer un pequeño chorro sobre sus calzoncillos. Mónica lo miró, divertida, y con el dedo índice, sin decir nada y mordiéndose el labio inferior, recogió un poco del gel que yacía sobre la tela de la prenda interior, notando, por primera vez, el contacto con el enorme pene.

Continuaba con el masaje mientras el gel que se había quedado sobre el blanco calzoncillo era absorbido por la fina tela que ahora era prácticamente transparente. El enorme glande de Mark Lenders se marcaba perfectamente a través de su ropa interior. Mónica no podía dejar de mirar y las sensaciones tan placenteras al pensar en la magnífica fiesta que se iba a pegar cuando se quedara sola, fueron suficientes para llevarla al punto de descontrol en el que se encontraba.

Tenía las bragas empapadas cuando su mano derecha se separó del muslo del futbolista para llevarla al enorme paquete en el que se dibujaba aquel hermoso glande. Sin decir nada y sin esperar que Mark se lo recriminara, magreó aquella carne que tanto estaba deseando poseer. Y no se decepcionó. La sensación de grandiosidad era más de lo que se esperaba. Aquel dibujo animado que tantas veces la había animado en su juventud tenía una polla mucho más grande de lo que se podía imaginar. Acercó su cara a la entrepierna y pasó su lengua por la tela manchada de gel. Casi podía saborear aquel glande pues la tela era prácticamente imperceptible. Siguió chupándole los calzoncillos descubriendo, poco a poco, a medida que la saliva de Mónica hacía el mismo efecto que el gel en la tela, el resto de verga.

Mark la apartó con brusquedad, levantándose del sofá y quedándose de pie frente a la mujer que seguía arrodillada. En esa postura tuvo una perfecta visión del calzoncillo del gitano empapado de sus babas y el gel de masaje, a través del cual se transparentaba gran parte del pollón al que había quedado adherido el blanco calzón. Mark se deshizo de la tela, mostrando su polla a la excitada mujer. Ante ella aparecieron 22 centímetros de carne morcillona. No estaba en erección, pero la sensación de grandiosidad era muy destacable. Además de larga, la polla era bastante gruesa y la sensación de grandeza hubiera sido mayor si Mark Lenders no hubiera tenido ese enorme matojo de pelos púbicos. En cualquier caso, la sensación general le gustó, mucho.

-Chúpate esa – le soltó el engreído futbolista con su sonrisa socarrona. Y Mónica, mientras con una mano se tocaba ella misma, con la otra agarró el mástil del hombretón y empezó a chuparle el enorme cipote.

Mientras succionaba semejante herramienta, notó cómo iba aumentando de tamaño en el interior de su boca. Sabedora de lo buena que era comiendo pollas supo que Mark debía estar contento de la hospitalidad de la anfitriona. El pollón del gitano estaba durísimo cuando alcanzó los 27 centímetros que le medía y Mónica no era capaz de cerrar su mano sobre el tronco del mismo.

Mark pareció cansado de dejarla llevar las riendas de la situación cuando se deshizo de su camiseta y se agachó para recoger a la pequeña Mónica de los sobacos y alzarla sin ningún esfuerzo. La mujer notó la poderosa fuerza del hombre que la tumbó en el sofá y se abalanzó sobre ella para besarla. Con la lengua de su dibujo favorito en la boca, recorrió con sus manos la portentosa musculatura del moreno que tenía encima. Aunque su novio estaba en forma no se podía comparar con los imponentes músculos de Lenders. ¡Era tan placentero sentirse rodeada de aquella fuerza de la naturaleza!

Mientras ella rasgaba cada centímetro del cuerpo del macho, él comenzó a desnudar a la dama. No estaba para muchas tonterías así que destripó con su desmesurada fuerza la camisa de la mujer descubriendo unas hermosas ubres que se ocultaban vergonzosas tras un sostén de la talla 95. Una mano de Mark se dedicó a sobar el carnoso pecho de la hembra mientras la otra mano arrancaba los botones del pantalón de la mujer y se deslizaba en su interior buscando el más que lubricado sexo de Mónica.

La mano del hombre entró en contacto con la tela húmeda de la ropa interior de la mujer provocándole un chispazo que recorrió todo su cuerpo explotando en un deseado orgasmo que estaba llamando a las puertas del placer desde hacía rato. La tía se encorvó hacia atrás mientras el grueso dedo de Mark la penetraba retirando hacía un costado la tela de las bragas. El carnoso coño de Mónica estaba chorreando y el deslizamiento del dedo del greñudo no encontraba dificultades para alcanzar velocidades de vértigo. Mónica creía morir de placer.

Tras provocarle el segundo orgasmo, Mark la desnudó por completo observando el precioso cuerpo de la novia de su odiado compañero de equipo. Los voluminosos pechos para una mujer de mediana estatura le daban un aire de perfección, como guinda a un pastel tan apetecible. Su estilizada cadera y sus largas piernas señalaban el camino hasta su precioso coño. Adornado por una escasa mata de pelo, la raja de Mónica era una entrada a un mundo lleno de placeres. Ella sabía lo mucho que habían peleado hombres desde que era bastante joven por conseguir aquel tesoro y los pocos elegidos que lo habían conseguido. Aquel macho que la miraba ahora con rotundidad, marcando su chulería en cada gesto, era sin duda merecedor de aquel manjar que pedía a gritos que le dieran caña.

Mark se acercó a la mujer que seguía recostada en el sofá con su miembro completamente desafiante. La cogió del brazo para orientarla hacia él. Ella, instintivamente, abrió las piernas mostrando su coño hambriento. Ahora era Mark el que estaba arrodillado frente a la mujer y se inclinó para comerle la jugosa concha. Mónica alargó su mano entrelazando sus dedos con los gruesos pelos de la morena melena del hombre que la estaba devorando.

-¿Vas a meterme un gol? – le preguntó lascivamente Mónica cuando Lenders se apartó de ella, relamiéndose para saborear las emanaciones de la mujer y acercando su enorme rabo a la entrada del paraíso.

-Vas a conocer mi técnica. – le soltó con una media sonrisa chulesca – Allá va mi tiro del tigre. – Mónica soltó un sonido de gusto, indicando lo bien que sonaba eso y sonrió calenturienta.

Mark Lenders levantó las piernas de su amante, separándolas e inclinándolas hacia atrás de modo que el coño de Mónica quedara lo más abierto posible. La visión de aquella raja palpitante, húmeda, caliente, con los labios vaginales hinchados y lubricados, recostados sobre sí mismos era tan tentadora que Mark tuvo que cerrar los ojos para concentrarse. Apoyando las manos en la parte posterior de las rodillas de la mujer, se separó de ella todo lo que pudo y, en un gesto rápido, se lanzó hacia Mónica apuntando su enorme pollón al mejor coño en el que había marcado jamás.

La polla entró de golpe en la vagina salpicando todos los flujos que la mujer había lubricado. Mónica tuvo que ahogar un grito que habría despertado a su novio, provocado por la salvaje embestida y el posterior gusto que la bestial penetración le había provocado. La corrida fue inminente y los orgasmos se sucedieron a medida que Mark sacaba y metía su polla en el interior de la hembra.

-¿Qué te ha parecido mi técnica especial de tiro? – le preguntó, mientras se la follaba, un más que nunca prepotente Lenders, sabedor del placer que estaba provocando en la pequeña mujer.

-Tigre… mi tigre… - acertaba a decir Mónica mientras arañaba la brutal musculatura de la espalda del gitano, con los ojos cerrados, recordando todas y cada una de las fantasías que había tenía con el dibujo animado que ahora la penetraba, al tiempo que recibía un orgasmo tras otro.

Creía morir de placer cuando Mark la sorprendió separándose de ella y alzándola agarrada por las caderas al tiempo que la volteaba y la atraía hacía él dejándola boca abajo. Tras unos segundos de desorientación, notó la ávida lengua del futbolista lamiéndole el coño. Cerró los ojos disfrutando de las placenteras chupadas mientras cavilaba la posición en la que se encontraba.

En cuanto se dio cuenta de que estaban haciendo un 69, pero en vertical, únicamente posible debido a la fuerza del hombre que la sujetaba, abrió los ojos inclinando su cabeza lentamente hacia atrás, divisando poco a poco el tronco de la vigorosa polla que se alzaba imponente a escasos milímetros de su rostro. Cuando su cuello se movió lo suficiente pudo contemplar por completo el oscuro pollón venéreo que se alzaba ligeramente en dirección a su cara cada vez que Mark Lenders lamía su palpitante raja con la lengua, pudiendo olfatear el olor inconfundible que desprendía la verga del gitano. No lo pensó más y abrió la boca para, con ayuda de una mano, introducirse el cipote.

Empezaba a estar cansada de la postura, aunque placentera, no dejaba de ser incómodo estar boca abajo, con la boca dolorida por el grosor del miembro del delantero goleador. Pensó en el esfuerzo que debía estar haciendo él para sujetarla y se maravilló de la fuerza del semental que no tambaleaba ni cejaba en la comida de coño y, por supuesto, la polla no perdía ni un ápice de su vigor.

Mark pareció leer los pensamientos de Mónica y, en un nuevo gesto hábil, la volvió a voltear sin dejar de sujetarla por la cintura dejándola nuevamente boca arriba y bajándola en un continuado gesto, introduciéndole nuevamente la verga en la humeante vagina.

Mónica se dejaba llevar. Los fuertes brazos del greñudo futbolista la hacían subir y bajar haciendo que la inmensa polla la destrozara. Mark notaba las carnosas ubres de la mujer restregándose por su masculino pecho, haciendo que no perdiera las ganas de seguir el vaivén que llevaría a la mujer a una nueva corrida. Sus gemidos y gritos de placer se esfumaron en el interior de la boca de Mark, que recibió el morreo de la enardecida mujer. El hombre le mordió ligeramente la lengua, provocando que ella se retirara. Mark aprovechó para morderle el labio inferior ahora con más fuerza para evitar que se separara de él. Mónica sintió un pinchazo de dolor, que unido al orgasmo, se transformó en éxtasis, refrendado en la ostia que, en un acto reflejo, le pegó a Mark.

-No hace falta que te hagas el duro conmigo – se quejó.

Pero Mark no le respondió. Simplemente, con la rabia marcada en su rostro, descolgó a la mujer que se aferraba a él con los brazos y piernas rodeándolo. Ella se resistió, no queriendo acatar sus órdenes, pero la desmesurada fuerza de Lenders no encontró demasiada oposición para arrodillarla en el suelo, agarrándole el rostro con una mano mientras no dejaba de masturbarse con la otra apuntado al rostro de la bella mujer.

Mónica se resignó a la fuerza de la naturaleza que era aquel macho. Realmente no le disgustaba ser maniatada por ese morenazo y, mirando a los ojos del dibujo animado, sonrió con satisfacción y suficiencia. Una sonrisa que mostró toda su belleza y poder, iluminándola. Mark, al verla, no pudo evitar correrse con contundencia, invadido por el placer que sólo Mónica era capaz de provocar.

Los chorros de semen salieron disparados de la enorme verga en dirección al precioso rostro de Mónica que abría la boca lujuriosamente intentando saborear la leche de su dibujo animado preferido. Tras la intensa corrida, la cara de la mujer quedó completamente pintada de blanco. Antes de tragarse la lefa con la que jugaba con su lengua en el interior de su boca, ella se aferró a la monstruosa polla de Mark para succionarle todo el líquido blanquecino. Tras tragárselo todo, lamió el pollón por última vez, enormemente satisfecha.

Lenders se separó de la mujer, dejándola en el suelo, dándole la espalda y dirigiéndose al cuarto de baño. Mónica lo observaba, fijándose en su cuerpazo y recapacitando, por primera vez, sobre lo que había hecho. Ella quería a su novio y lo que acababa de suceder no cambiaba eso, había sido simple y llanamente lujuria. Algo que no dejaba de sentir por ese dibujo de carne y hueso al que le estaba mirando el imponente culazo. Preocupada, se acercó al lavabo donde estaba su amante para limpiarse el rostro.

-Mark, de esto que ha pasado…

-Soy Mark Lenders, así es como follo y así es como soy – la interrumpió – No debes preocuparte por tu chico, no voy a decir nada.

-Gracias. Yo… no es que me arrepienta – miró el cuerpazo del greñudo y supo que no podía arrepentirse – pero yo le quiero, el año que viene arreglaremos los papeles, alguna vez hemos hablado de tener hijos… no quiero estropear nada de eso.

Mark no dijo nada. Se guardó los sentimientos como en él era habitual y se quedó pensando en qué era lo que Mónica tenía que le atraía tanto. Estaba muy buena, parecía una buena tía, pero había algo más.

-¿Eres tú? – quiso resolver la duda definitivamente - ¿Eres el auténtico Mark Lenders? ¿el dibujo animado?

-Digamos que has cumplido un sueño de tu infancia – le sacó una última sonrisa a la satisfecha mujer.

-Es increíble – pensó en voz alta mientras se secaba la cara que se acabada de lavar limpiándose la corrida del dibujo animado.

Los 2 amantes se despidieron y Mónica, tras la necesaria ducha y recoger el salón, se dirigió a la cama pensando cómo abordar lo sucedido. Tendría que vivir con su primera y única infidelidad. El hecho de haber sido con un personaje tan especial lo hacía más llevadero. Al fin y al cabo todo parecía tan irreal…

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