El trabajo de modelo

Sinopsis: Tres años después de cometer la mayor locura de su vida (relatado en El trabajo de Biología), Mar acude a un casting de la agencia en la que se apuntó hace muchos años.

Capítulos publicados de la serie:

  1. El trabajo de Biología
  2. El trabajo de modelo

-¿Sí? – contestó Mar con indiferencia.
Israel se quedó mirando a su chica mientras contestaba la llamada telefónica que acababa de recibir.

-Es que este viernes no me va muy bien… - prosiguió la conversación mientras miraba con recelo a su novio.

El hombre sonrió con resignación. Sabía de dónde la habían llamado y para qué. Miró a Mar e intentó hacerle cambiar de idea con la mirada. Pero no lo consiguió.

-Eran de la agencia, ¿verdad? – preguntó cuando la conversación telefónica hubo acabado.

-Sí – contestó ella poniéndose a la defensiva.

-¿Y por qué no vas a alguno de los castings? Ya lo hemos hablado…

-Es que me da mucha pereza…

-Pues diles que no cuenten contigo. No hacen más que llamarte y tú les pones siempre alguna excusa – aseguró con contundencia.

-Ya… - afirmó con resignación – No se lo ha tomado muy bien la chica. Me ha dicho más o menos eso mismo que me has dicho tú.

-Normal.

-Va… no te enfades… - Mar aprovechó para acercarse a su pareja y hacerle arrumacos.

-A ti lo que te da miedo es que te cojan – le soltó mientras la abrazaba – En el fondo sabes lo buena que estás y las posibilidades que tienes… - ella sonrió.

-Eso no te lo crees ni tú – sabedora que una licenciada en medicina de 26 años, médico interno residente en la especialidad de medicina interna, que nunca había hecho nada que tuviera que ver con la interpretación, no tenía ninguna posibilidad de competir con modelos más jóvenes que ella, preciosas y sobradamente preparadas para ese tipo de trabajo.

-¿Y para qué era esta vez?

-Me han dicho que es para un anuncio. El casting es este viernes, pero que no me pueden dar más datos. Fecha y lugar. Punto.

-Pues yo también me voy a apuntar a la agencia – concluyó decidido.

-¡Vale! – contestó divertida – Seguro que te llaman – predijo pensando en lo guapo que era.

Mar conoció a su actual pareja hacía 3 años, justo tras la crisis que había desencadenado en la ruptura con su último novio. Las diferencias eran claras. Aquel chico no había sido nada más que un pasatiempo, simplemente alguien con quien pasarlo bien rodeado de los amigos con los que solían quedar. Sin embargo, Israel era algo más serio, el hombre de su vida. No en vano había tomado la difícil decisión de salir de casa de los padres para ir a vivir con él. Y todo eso durante una difícil época en la que pudo acabar la carrera universitaria gracias a su inestimable apoyo. Por no hablar de las diferencias físicas con su anterior novio. Israel era un hombre hecho y derecho, maduro, con una hombría que lo hacía atractivo ante cualquier mujer.

-Venga, llama a los de la agencia para decirles que sí que vas. Yo te acompaño al casting y aprovecho para apuntarme también.

Mar estaba casi convencida. Recordó cómo había acabado ella apuntada. Su sobrino… un escalofrío recorrió su cuerpo al recordar a Vicente, uno de los motivos por los que surgió la crisis con el niñato con el que salía por aquel entonces. Dejó de lado los oscuros recuerdos de aquella tarde junto a su sobrino, su hermano y los compañeros de clase de este último y recordó la primera vez que acompañó a Vicente a un casting. Habían pasado unos cuantos años, pero recordó la insistencia de su pequeño sobrino indicando que se apuntara para hacer anuncios como él. Una sonrisa se dibujó en los labios de Mar que Israel se tomó como un gesto afirmativo.

-¡Perfecto! – concluyó besándola en los labios.

La mujer se quedó sin nada que decir. Permaneció unos instantes mirando a su hombre mientras se alejaba y se dispuso a llamar a la agencia pensando que debían estar de ella hasta la coronilla. Hacía años que se había apuntado, justo la primera vez que acompañó a su sobrino a uno de los muchos casting a los que había ido y gracias a los cuales había acabado protagonizado anuncios, pequeñas apariciones en series o haciendo de figurante en alguna película. Sin embargo, ella nunca había acudido a ninguno. Comenzó siendo imposible por sus estudios ya que estaba muy atareada, pero se malacostumbró a renunciar a ellos y más adelante siempre encontraba alguna excusa para no acudir. Se extrañaba que aún la llamaran.

-Entonces, al final sí que puedes venir… - confirmaba la chica de la agencia con voz de pocos amigos.

-Sí, es que mi pareja finalmente podrá acompañarme y… - mintió Mar.

-La capulla ésta que siempre está rechazando castings, por fin se apunta a uno – soltó la empleada a su compañera tras finalizar la conversación telefónica con Mar.

-A ver qué tal se le da…

-Espero que mal. ¡Es que no la aguanto! Una tía que no ha hecho nada, que no ha ido a un puto casting y no paran de solicitarla…

La compañera miró la foto de Mar, renovada recientemente.

-Es que la mujer es guapa – soltó – Tú lo que tienes es una envidia que no puedes con ella – soltó en forma de broma, pero aprovechando para exponer lo que creía ciertamente.

-No la soporto – concluyó.

A medida que se acercaba el viernes Mar comenzaba a sentirse intranquila. Era curioso que en el hospital, con toda la responsabilidad que conlleva la salud de una persona, se sintiera tan segura, mientras que una simple prueba para algo que no la iban a coger la hiciera sentir tan incómoda. Maldijo no saber para qué era el casting. Le daba mucha rabia que no lo dijeran.

El viernes, esperando a Israel para ir a hacer la prueba, recibió una nueva llamada de la agencia. La hora se había adelantado y era imposible que su novio llegara a tiempo para acompañarla. Quiso mandar todo a la mierda y decir que no iba al casting. Pero pensó que si, después de todo, volvía a renunciar, se iban a mosquear con ella y con razón. Con resignación, aceptó las nuevas condiciones mientras veía en la televisión el último anuncio protagonizado por su sobrino de 18 años.

Vicente no había perdido un ápice de su belleza. Si de pequeño había sido un niño adorable con cara de pillo que apuntaba maneras, ahora con 18 años había cumplido con creces. Su sobrino estaba muy bueno. Sonrió, como cada vez que lo veía en alguno de sus trabajos, y recordó toda la relación especial que entre ambos había existido. Sin embargo, una brisa de pena se apoderó de ella al recordar cómo se habían distanciado en los últimos años.

Llamó a su novio para darle la noticia del cambio de horario y se dispuso a salir a pasar un mal rato. Por lo menos, Israel iría a buscarla para no volver sola a casa. Eso la reconfortó levemente.

Al llegar al lugar del casting se encontró con bastante gente. Chicos y chicas, pero todos del mismo corte. Jóvenes con cara de necesitar aquello más que otra cosa en la vida. Mar se sintió mal. No estaba en absoluto nerviosa, pero sí muy incómoda por hacer algo que no le venía en gana. Y si a eso le sumaba ver que era la única que no encajaba en aquel lugar… Sin embargo estaba decidida a pasar por aquello de una vez por todas.

Para hacer la prueba entraban en grupos de cinco a una sala más pequeña en la que estaban trabajando más personas. Algunas supuestamente ajenas a la evaluación, pero entre las que se encargaban de hacer el casting, había un hombre mayor que parecía llevar la voz cantante. Debía tener en torno a los 40 años y era el encargado de revisar los papeles que tenía sobre la mesa mientras hablaba con los participantes de la prueba sin apenas levantar la vista de las hojas, dónde Mar supuso estaría la información de ella y el resto.

-Vale, Sonia, por favor – pidió el hombre cuando el grupo de Mar ya había entrado por completo.

La chica corrió presta a subir al pequeño escenario desde donde el resto podía verla claramente debido a la iluminación y la altura. Mar se fijó en la joven belleza rubia. Debía tener unos 20 años, delgadita y alta con todo muy bien puesto. Una modelo pensó.

-Preséntate primero – pidió el hombre sin levantar la vista.

-Pues me llamo Sonia, tengo 19 años, ehhh… soy estudiante de arte dramático y he trabajado en los anuncios de Ariel, Barbie y hago un poco de teatro independiente.

¡Menudo currículum! pensó Mar, algo alterada.

El cuarentón, impasible, le pidió que le pusiera caras de alegría, tristeza, rabia, etc. y poca cosa más. A Mar le llamó la atención que no la miró ni un momento. Supuso que algunos de los que estaban a su lado se encargaban de eso.

La siguiente fue otra chica. Tanto o más mona que la anterior y con una experiencia en el mundillo similar a la de Sonia. Mar cada vez estaba más convencida de que ahí no pintaba nada. Cada vez se sentía con menos ganas de hacer aquello.

El tercero fue el único chico de los cinco que habían entrado. Mar se fijó bien en él. Estaba potente a pesar de su juventud. Como todos los que había visto, debía estar rondando la veintena. Al parecer el chico no sólo era un cuerpazo sino que, al igual que el resto, también había trabajado de modelo y tenía bastante experiencia haciendo castings. Mar, definitivamente, se quería morir.

Esta vez el hombre que hablaba sí levantó la vista para mirar al chico. Mar se preguntó si el hombre encargado del casting sería gay. Y se sorprendió cuando le pidió que se quitara la camiseta. Mar no pudo evitar una leve sonrisa mientras el joven se deshacía de la tela mostrando unas abdominales bien trabajadas. Sin embargo, pensó que estaba un poquito delgado justo cuando el supuesto director de la prueba la hizo sonreír definitivamente.

-Hay que comer un poco más – soltó haciendo reír a Mar, que fue todo lo disimulada que pudo.

A medida que la prueba terminaba para los primeros, en vez de marcharse, esperaban a que finalizara el resto del grupo que había entrado al mismo tiempo. Mar se preguntó si era solidaridad, educación o si se quedaban para aprender, cuando el hombre la despertó de sus pensamientos.

-Por favor, Mar, te toca – nuevamente sin levantar la vista del papel.

Aunque seguía sin estar nerviosa, no paraba de darle vueltas a cómo sonaría su presentación, tan diferente a las del resto. Y se preguntaba si habría alguna otra estúpida como ella jugando a ser modelo, sin ninguna experiencia y más cerca de los 30 que de los 20 años.

-Preséntate, por favor.

-Como ya todos sabéis me llamo Mar, tengo 26 años – el hombre alzó la vista para verla – y lo que no sabéis es que trabajo en un hospital – no quiso dar más detalles – y nunca he hecho ningún casting ni nada parecido.

El resto de aspirantes al puesto se quedaron mirando con expectación mientras el hombre mayor sonreía y, por primera vez, se desviaba del guión establecido.

-Vaya… y… ¿cómo es que nunca has hecho ningún casting? Quiero decir… sabes que esto no es llegar y besar el santo, ¿no?

-Sí, claro, me imagino, vaya… Es que llevo mucho tiempo apuntada a una agencia y hasta ahora no he tenido ocasión… - se excusó.

-Supongo que no tendrás mucho tiempo trabajando en un hospital... ¿y en qué consiste tu trabajo?

-Pues soy médico residente.

-Interesante… - sonrió el hombre mientras los cuatro jóvenes aspirantes ponían muecas dando a entender que no sabían muy bien a lo que Mar se refería - ¿Quieres hacer el resto de la prueba? – bromeó al ver que Mar tampoco estaba muy entusiasmada con el casting.

-¡Sí, claro! – se hizo la ofendida.

-Está bien. Cara de rabia – pidió sin dejar de mirar a la improvisada modelo.

-Pues la que tengo ahora – bromeó Mar provocando la risa del director que se recompuso en seguida cuando la mujer se esforzó por hacerlo todo lo mejor que pudo.

-Cara de alegría.

Mar sonrió iluminando su rostro que ya no necesitaba de los focos para mostrar todo su esplendor.

-Ya vale – le cortó el hombre sin pedirle el resto de expresiones que sí había solicitado a las otras chicas.

-No hace falta que me quite la camiseta, ¿no? – bromeó Mar antes de bajarse del escenario provocando el estupor en el resto de aspirantes, que tenían demasiado respeto a todo el mundillo como para comportarse con la naturalidad con lo que lo estaba haciendo su competencia de mayor edad.

El cuarentón simplemente le dedicó una sonrisa antes de volver a bajar la cabeza para llamar a la última de las chicas que faltaba. Mar se quedó esperando a que terminara pensando que ya había pasado el mal rato. Al final no se lo había pasado tan mal gracias a la poca importancia que le había dado a todo el asunto. Se convenció para borrarse definitivamente de la agencia y no tener que volver a pasar por el mal trago de decirle que no a la estúpida que siempre la llamaba.

-Bueno, ahora en el próximo casting ya podrás decir que has participado en éste. Poco a poco – se dirigió a Mar el director cuando hubo terminado el grupo y se disponían a marcharse.

-¡Ay! si te contara de dónde viene todo esto de los castings… Y hoy he venido porque mi novio me insistió, que si no…

-Bueno, hazle caso a tu pareja. Nunca se sabe…

-Sí, ¡claro! – contestó convencida de que el hombre la estaba vacilando.

Al salir, Israel la estaba esperando. Se alegró de verlo y salir de ese mundo que se le antojaba tan lejano e irreal. De camino a casa, Mar le contó cómo había ido todo indicándole lo mucho que se debían haber reído con ella y convenciéndolo para dejar el tema de los castings.

Pasados unos días, Mar recibió una nueva llamada de la agencia.

-¿Sí? – contestó.

Mientras escuchaba a la borde de siempre, pensaba en lo oportuna que había sido ya que aprovecharía para darse de baja y que no la molestaran más con castings para los que no estaba preparada y a los que no le apetecía en absoluto acudir. Sin embargo, sus pensamientos se iban perdiendo a medida que escuchaba a la chica.

-Bueno… tendré que consultarlo con mi agenda… - se excusó, anonadada, mientras intentaba asimilar las palabras que acababa de escuchar.

-Vamos a ver, si te has apuntado a la agencia supongo que será para ir a los castings – se sulfuró la mujer al otro lado de la línea – Y si vas a un casting entiendo que es para superarlo. Si no quieres hacer este trabajo, no entiendo para qué vas al casting ni para qué estás apuntada.

Aunque Mar sabía que en el fondo tenía razón, estuvo a punto de saltar y decirle que ella no quería ir al maldito casting, pero con buen criterio se guardó la contestación.

-¿Y para qué es…? Quiero decir… es un anuncio, ¿no? ¿Pero qué tengo que hacer? – Miles de dudas asaltaron a la mente de la descolocada mujer.

-Se trata de una sesión de fotos.

¿¡Una sesión de fotos!? Eso sonaba muy mal en la cabeza de Mar.

-¿Y para qué…?

-Lo único que tienes que saber – la interrumpió bruscamente – es que has de estar en el lugar y hora indicados para una sesión de fotos para un anuncio. Ves con ropa cómoda por si has de cambiarte. La ropa de las fotos te la proporcionan ellos, lógicamente.

Mar se tranquilizó un poco al recordar que era para un anuncio y se olvidó de hacer más preguntas. Se imaginó que sería para alguna revista o algún cartel que se colgaría en algún lugar que no vería casi nadie. No obstante le dio mucha vergüenza pensar que cualquiera podría verla. Estaba convencida de que no habría superado el casting y jamás llegó a plantearse que su imagen pudiera llegar a ser vista por cualquiera que viera el trabajo que tuviera que hacer. Se ruborizó al pensarlo.

A Israel le pareció una gran noticia cuando se enteró. Se sentía orgulloso de estar con tal fémina. Bella, con personalidad, carácter y mucho atractivo. Estaba convencido que esas cualidades habían sido determinantes para conseguir el trabajo.

-Bueno, ¿ahora puedo apuntarme a la agencia yo también o no? – bromeó recordando que no lo había hecho por la charla que Mar le dio justo después del casting.

-¡Tonto! Sabes que no me apetece nada hacer esto. Y sigo pensando igual. En cuanto me haga estas fotos, me borro de la agencia. ¡Qué mal rato voy a pasar!

-¿Y de qué es el anuncio?

-Me vas a matar… se me ha olvidado preguntarlo – sonrió haciendo reír a Israel.

-A veces me pregunto cómo has podido llegar a sacarte la carrera de medicina…

-Sabes perfectamente que ha sido gracias a estas dos – bromeó agarrándose las tetas.

Israel no pudo dejar de reír mientras se abalanzaba sobre la hermosa hembra fundiéndose ambos en un tórrido beso, preludio del polvo que echaron antes de cenar.

Una vez en la cama, Mar no dejó de darle vueltas al asunto. Lo primero que tenía que hacer era cambiar su turno con algún compañero para tener el día libre. ¡Cómo se iban a reír en el trabajo cuando les contara lo que iba a hacer! No pudo evitar sonreír al imaginarlo. Aunque no se sentía del todo cómoda con todo aquello, le empezaba a gustar la idea de hacer de modelo. Vicente estaría orgulloso de ella y podría verla en su primer trabajo. Se sintió bien por ello. Sin embargo… una sesión de fotos le parecía mucho más difícil que soltar una frase en algún anuncio de la tele, incluso mucho menos efímero. Se preguntó para qué sería el anuncio y se extrañó mucho de haber sido la elegida.

Llegado el día, sí estaba nerviosa. Además, Israel trabajaba y tuvo que acudir sola. El casting se lo tomó como algo aislado sabiendo que no lo iba a superar. Sin embargo, esto ya era un trabajo y la conclusión del mismo eran unas fotos que se iban a publicar sí o sí. O tal vez no, pensó. Igual no era capaz de hacer lo que le pidieran y todo era un desastre haciendo que las fotos no sirvieran y tuvieran que llamar a una modelo de verdad para terminar el trabajo. Notaba cómo las piernas le temblaban y se culpó a sí misma por verse en ese embrollo.

Mar se esperaba una nave amplia con bastante gente trabajando sobre lo que fuera, pero para su tranquilidad, al llegar al lugar, se encontró con un piso que parecía bastante sosegado. No le apetecía que le hicieran fotos con un montón de gente alrededor. Una chica se encargó de recibirla y llevarla a una de las salas del piso donde se encontraba el mismo hombre cuarentón que le hiciera la prueba en el casting.

-Ben, ha llegado Mar – la presentó al hombre.

Mar se extrañó del trato tan cercano. Pensaba que era más habitual que trataran a los jóvenes que empezaban como carnaza y que ni supieran sus nombres. Ben se levantó de la mesa sobre la que leía el periódico para saludarla.

-Muy buenas. ¿Cómo va por el hospital? ¿Mucha faena?

Le cayó simpático. Sin duda, aquel hombre aún recordaba su inverosímil actuación en el casting. Mar le sonrió mostrando amabilidad.

-Pues creo que aún se estarán riendo de mí ya que les dije que tenía que cambiarles un día para poder venir a hacerme una sesión de fotos para un anuncio – El hombre se rió.

-Bueno, supongo que la mayoría también seguirán sintiendo envidia por no ser ellos los que están aquí.

-¿Tú crees? – respondió con incredulidad.

-En cuanto vuelva Miguel empezamos con las fotos.

-¿Miguel es el fotógrafo?

-No – sonrió – yo soy el fotógrafo.

Mar se sorprendió.

-No pensé que tú… ¿y quién es Miguel? – se sobresaltó.

Y justo en ese instante apareció por la puerta un chico joven, apuesto, como muchos de los que se encontró el día del casting.

-Este es Miguel – soltó Ben.

-Mar, ¿no? Encantado – se presentó mientras le daba dos besos a la mujer 6 años mayor que él.

-¿Y bien? – insistió Mar esperando algún tipo de explicación – Creo que no me han informado mucho respecto a este trabajo… - se ofuscó.

-Suele pasar con las agencias – intervino Ben – Miguel es tu compañero en la sesión de fotos. De hecho, él es el protagonista y tú una simple acompañante.

¡¿Qué?! ¿Qué significaba eso? Sonaba fatal, pensó Mar. No es que se hubiera hecho muchas ilusiones sobre ese trabajo, de hecho, tenía sentido que también participara un chico pues los había en el casting, pero no le gustó saber que ella no era más que una mera comparsa. Y Ben había sido muy bruto al decírselo. No pudo evitar sentirse ligeramente dolida aunque supo no evidenciarlo. Por otro lado, pensó que así sería más fácil. Menos presión. En realidad, era preferible, se esforzó por convencerse a sí misma.

-Seguidme – repuso el fotógrafo mientras salía de la habitación seguido por Miguel y, en último término, Mar.

La mujer se fijó en el joven. A pesar de su edad parecía más maduro que los chicos que divisó en el casting. Supuso que eso le había hecho ganarse el trabajo. Recordó a Ben pidiendo a aquel chico que se quitara la camiseta y pensó que de Miguel seguramente no habría tenido queja. Parecía bastante corpulento tras el imponente traje que llevaba.

-Mar, en este cuarto – le indicó Ben – puedes cambiarte la ropa. Ya la verás preparada.

-Él ya está cambiado, ¿no? – entendió rápidamente por qué su compañero estaba tan arreglado.

-Sí, venía de cambiarme justo cuando nos hemos presentado – intervino el chico.

-Cuando termines, estamos en esa sala – concluyó Ben indicándole a Mar dónde harían la sesión de fotos.

Mar se esperaba un vestido de fiesta o algo similar para estar a la altura de Miguel, pero se encontró con unos tejanos desgastados y una camiseta bastante chula, elegante y con un escote considerable. No era ropa excesivamente distinguida como el traje del chico, pero no desentonaba para salir de fiesta, por ejemplo. Se la probó y realmente le quedaba bien. Se preguntó cómo acertarían con la ropa. Los tejanos se ajustaban a sus estilizadas piernas así como la camiseta, que realzaba sus bien colocados pechos al tiempo que el escote los insinuaba con buen gusto.

Al llegar a la sala que le había indicado Ben, la sesión de fotos había comenzado. Se sintió algo ninguneada, pero pensó que era normal si la estrella era el maldito niñato. Se fijó en lo acondicionada que estaba la sala. No tenía ni idea, pero le pareció que todo era muy profesional, con un montón de focos, cámaras y un sinfín de artefactos propios de las sesiones fotográficas profesionales. También le llamó la atención una mesa redonda, grande, con bastante atrezo para las sesiones de fotos.

Ben le indicó a la nueva modelo que se aproximara y se colocara junto a Miguel que estaba sentado en un sofá. Le fue dando distintas indicaciones que la hembra fue acatando lo mejor que pudo.

-Mar, quiero que te pegues más a Miguel. Quiero sentir lo maternal que eres con el chico. Quiero ver el cariño que le tienes.

¡¿Cómo?! Cada vez aquello le gustaba menos y se sentía más fuera de lugar. Si primero habían sido las crueles palabras que le indicaban su papel de secundaria en el anuncio, ¿ahora Ben le insinuaba que su papel era el de una especie de madre de Miguel? ¿De ahí que le interesara alguien de más edad para el puesto?

Por un instante, los gestos maternales que Ben le pedía le recordaron a su hermano Juanito. Con él también había sido muy maternal hasta lo ocurrido hacía 3 años. Sonrió melancólicamente y aquellos pensamientos le ayudaron a hacer el papel que el ahora estúpido de Ben le estaba solicitando.

-¿Estás nerviosa? – le preguntó un seguro Miguel al notar un ligero temblor en las manos de Mar.

-Es que es mi primera sesión de fotos… - confesó avergonzada – Estoy aquí un poco de casualidad.

-No te preocupes. Conmigo a tu lado, la cámara sólo tendrá ojos para mí.

¡Será prepotente! pensó una rabiosa Mar. Hasta ese momento no se había hecho ninguna imagen del chico, pero ahora estaba convencida de que no era más que un criajo engreído. Y se dispuso a joderle de la única forma que podía. Eclipsándole en las fotos. Fuera nervios, pensó.

Ben se estaba regocijando al ver que la apuesta tan arriesgada de Mar le estaba saliendo tan bien. La mujer parecía haber comenzado dubitativa, pero ahora estaba en su máximo esplendor. El rostro que vio iluminado en el casting ahora volvía a hacer acto de presencia.

-Eso es, chicos. Fenomenal – les animó – Miguel, quítate la americana y la camisa.

Mar se extrañó, pero ahora entendía por qué la prueba de los chicos era diferente en el casting. Se alegró de que Ben no le respondiera afirmativamente cuando bromeó preguntando si ella también debía quitarse la camiseta.

Tal y como aparentaba, Miguel estaba muy fuerte. Su amplio torso, sus musculados brazos y sus marcadas abdominales eran una bonita estampa. Lástima que sea un engreído, pensó la mujer.

-Ahora quiero que muestres indiferencia, Mar. Quiero ver cómo ese cuerpo no te dice nada.

-Será fácil – vaciló, dolida con el muchacho que sonrió con suficiencia, indicando que esa contestación también era indiferente para él.

-Eso es, Miguel, un buen ejemplo – sonrió Ben provocando un gesto de rabia en Mar - ¡No! – se quejó – la rabia ya me la mostraste en el casting, ahora quiero indiferencia.

Pero cada vez le costaba más viendo las muecas de Miguel que se creía superior a ella y la consideraba incapaz de hacer lo que le Ben le pedía.

-Vale, hagamos un descanso – decidió Ben con desgana – Mar, ponte las pilas, ¿ok?

La mujer no contestó, simplemente le mostró su total indiferencia.

-Eso es, ¡joder! Ese gesto es el que quiero – y reanudó la sesión volviendo a la carga con la cámara que no había tenido tiempo ni de soltar.

Mar se esforzó por mantener el semblante mientras acataba las órdenes de un espitoso Ben.

-Ahora quiero que te vayas tornando amable con Miguel. Quiero que vayas poco a poco sucumbiendo a sus encantos. Muestra primero amabilidad. Eso es.

Mar ya no se hacía muchas preguntas. Se estaba metiendo en el papel y no le resultaba demasiado difícil interpretar el personaje que Ben se imaginaba.

-Bien, bien… ahora quiero ver sentimiento, no quiero amor, simplemente un inicio de atracción. Poco a poco te sientes atraída por ese muchacho…

Miguel estaba disfrutando de cada uno de las indicaciones del fotógrafo. Aunque daba la impresión de que Mar le estaba robando protagonismo, no le importaba mientras esa pedazo de mujer se estuviera metiendo tanto en el papel. Parecía ciertamente que Mar empezaba a sentirse atraída por él y eso aún le engrandeció más el orgullo sin pensar que simplemente estaba interpretando a las mil maravillas.

-Y ahora, Miguel, fuera los pantalones.

-¡¿Perdón?! – se quejó al instante Mar que se separó del joven modelo para mirar inquisitivamente a Ben.

Mientras el chico, indiferente, se quedaba en calzoncillos, Ben le daba las consabidas explicaciones a la molesta mujer.

-¿Tampoco te han explicado sobre qué es el anuncio?

-¡No! – contestó alterada esperándose lo peor.

-Es un anuncio de ropa interior masculina – explicó tranquilizando momentáneamente a Mar.

El semblante de la inesperada modelo pareció relajarse, mas aún no tenía claro si quería aparecer en fotos junto a un joven en calzoncillos. Se maldijo por no preguntar antes para qué era el anuncio. Se sintió estúpida y esa fue la razón que la detuvo para no salir de allí mandando todo a paseo.

-Es normal que te pasen estas cosas debido a tu inexperiencia – le soltó Miguel sentado junto a ella y ataviado únicamente con unos calzoncillos que marcaban perfectamente el contorno de su polla – La próxima vez verás cómo te las apañas para informarte bien de todo.

Mar, al verlo, se quería morir. El niñato estaba tremendo. A lo que ya había contemplado se unían unas vigorosas piernas y un destacable paquete envuelto en unos bóxers blancos y rojos justo en la parte más interesante. Se quedó sin palabras para responder al chulito.

-¿Quieres que hagamos ahora el parón? – intervino conciliador Ben.

-No – repuso ella, decidida a acabar con aquello y darle una lección al mequetrefe que la estaba vacilando.

-Está bien. Continuamos donde lo habíamos dejado – indicó mientras no dejaba de hacer fotos continuamente – Mar, vuelve a acercarte a Miguel. Y quiero que lo acaricies, lo toques mientras muestras los primeros síntomas de lascivia. Este es el momento álgido de la sesión. ¡Vamos, demuéstrame que no me equivoqué contigo!

Mar ya se esperaba los derroteros por los que iba a seguir la sesión así que no se escandalizó ante las nuevas peticiones del profesional de la fotografía. Se dispuso a hacer lo que le pedía aprovechando la ocasión, además, ya que tenía que hacerlo, para disfrutar un poco masajeando los portentosos músculos del muchacho. Y si era capaz de calentarlo un poco y dejarlo con las ganas pues mejor que mejor.

Con toda la sensualidad que pudo recorrió los pectorales de Miguel sintiendo su dureza y la perfección de las líneas que sus definidos músculos dibujaban. Fue bajando hacia las abdominales del joven sintiendo cada uno de los saltos que la tableta de chocolate mostraba para pasar de un cuadradito a otro. Mar estaba disfrutando de semejante cuerpazo, pero sobre todo del rostro de Miguel. El chico debía tener un calentón de mil demonios.

El joven modelo, sentado en el sofá, cada vez estaba más exultante. No tuvo que esforzarse para interpretar su papel, simplemente se dejó cautivar por la excitante hembra que no paraba de sobarle, consiguiendo provocarle un incipiente calentón.

-¡Perfecto! – esbozó Ben una sonrisa triunfante – Ahora vamos con los negros Miguel.

Mar no sabía a lo que se refería, pero rápidamente lo entendió cuando el joven modelo se levantó y recogió unos bóxers negros que estaban sobre la mesa del atrezo. Mar pensó que iría a cambiarse al cuarto donde se habría puesto el traje del principio cuando Miguel la sorprendió bajándose la única tela que lo cubría. Mar, perpleja, se quejó.

-¡¿Y esto?! – balbuceó quejándose, sorprendida ante la visión de la enorme polla de Miguel.

-Otra cosa que deberías saber es que es habitual que nos cambiemos sin miramientos delante de los compañeros, ya sean tíos o tías – le explicó Miguel retrasando el gesto de volver a vestirse con los calzoncillos negros – Así no perdemos tiempo – puntualizó.

-Que sí, que vale – soltó una indignada Mar – pero delante de mí prefiero que no lo vuelvas a hacer.

-¿Qué pasa que tienes miedo de hacer una locura? – le sonrió con malicia.

-¡Quieres vestirte de una vez! – le instó con mala ostia.

-Vamos… no discutáis – terció Ben indicando que Miguel tenía razón, pero aconsejándole que hiciera caso a Mar si ella se sentía incómoda.

Cuando por fin Miguel se puso la ropa interior y se colocó el miembro correctamente, Mar comenzó a recapacitar sobre lo que había visto. La enorme tranca del chaval hacía justicia a lo que su paquete le había insinuado. El joven modelo estaba completamente rasurado y su grueso falo debía medirle unos 15 centímetros en reposo. Una levemente placentera sensación recorrió el cuerpo de Mar que, recordando las caricias que habían recorrido el fornido cuerpo del muchacho, empezó a sentir la excitación alojándose en su cuerpo y, lo que era peor, en su mente.

Se tranquilizó al pensar que ya no quedaría mucho para finalizar la sesión fotográfica, mas no pudo evitar pensar en lo mucho que iba a disfrutar mientras concluía. El objetivo de calentar al chaval se estaba convirtiendo en el de calentarse ella misma. Después sólo tendría que esperar la llegada de Israel para que todo acabara felizmente. Sonrió.

Ya con el cambio de ropa interior, la sesión continuó por los mismos derroteros. Ben indicando a la modelo la actitud que debía tomar, Miguel disfrutando de la sobada que le estaba regalando Mar y la mujer luchando por contener la lujuria real que se empezaba a apoderar de ella mientras intentaba interpretar una falsa lujuria a los ojos de los dos hombres que estaban junto a ella.

-Vale, ya estamos acabando – confirmó Ben las impresiones de Mar – Ahora vamos con la última parte.

El fotógrafo indicó al chico que fuera a buscar los guantes de boxeo que había sobre la mesa. Mientras le ayudaba a colocárselos, se dirigió a Mar.

-Doctora, – llamó su atención jocosamente, pero a Mar ya no le hacía tanta gracia – en esta última parte, el protagonista es el chico – le guiñó un ojo de una forma que a la mujer le pareció detestable – Miguel va a jugar a ser un boxeador llevando únicamente unos bóxers y no necesito que salgas en las fotos.

Mientras Ben terminaba de cerrar correctamente las cuerdas de los guantes, cosa que le costó lo suyo, Mar pensó que, aunque no le gustaba sentirse en un segundo plano, la decisión de Ben era lo mejor. Había jugado a quitarle el protagonismo a Miguel e intentar calentarlo para dejarlo con las ganas, pero en el proceso era ella la que se había excitado ante semejante macho y le daba miedo cómo podía acabar si seguía jugando con fuego.

-¡Mierda! – se quejó Ben.

Los dos modelos se quedaron mirando al fotógrafo, sorprendidos.

-¿Qué pasa? – preguntó el chico.

-Que estas fotos son con la tercera prenda. Debías haberte cambiado antes de ponerte los guantes. Mea culpa… - se sinceró – Ahora perderemos demasiado tiempo si te los tienes que quitar, cambiarte, volver a poner los guantes…

Los tres se quedaron en silencio unos instantes hasta que la mujer rompió el hielo.

-Ya se los cambio yo… - se ofreció con resignación.

Ben se lo agradeció sin histrionismos mientras en el rostro de Miguel se marcaba una mueca de satisfacción.

-Total, no es más que un gesto maternal, ¿no? – ironizó Mar mirando a Ben que sonreía cada vez que aquella hermosa mujer surgía con algún comentario perspicaz.

Mar se acercó a la mesa y recogió los únicos bóxers que quedaban sin estrenar. Echó un leve vistazo a los blancos, reprimiendo las ganas de recogerlos y olfatearlos. Se aproximó a Miguel que la esperaba de pie con las manos alzadas ocultas dentro de los guantes de boxeo. Mar dejó los calzoncillos azules en el suelo y llevó las manos a la parte trasera de la cintura del chico para agarrar la cinta de los bóxers negros y comenzar a bajarlos lentamente mientras aprovechaba para sobarle el culo con disimulo.

Poco a poco, ante los ojos de Mar, fueron apareciendo los centímetros del enorme rabo de Miguel. No le hizo ascos a quedarse unos segundos mirándole la polla mientras los dos hombres no decían ni mu. Sabía que los tenía tan cachondos como estaba ella. Y sabía que los iba a dejar con las ganas como ella se iba a quedar.

Cogió la tela azul y la pasó por las piernas del muchacho que colaboró levantando los pies cuando procedía. Mar subió los calzoncillos a lo largo de las musculadas piernas hasta colocarlos en su sitio tapando las vergüenzas del chico.

-Ya está – soltó con inocencia cuando terminó la labor.

-No la tengo bien colocada – informó Miguel con serenidad.

Mar lo miró regalándole una sonrisa burlesca.

-Por favor, podrías… - le instó Ben.

Mar observó el paquete del muchacho y comprobó que, efectivamente, el pene no le había quedado bien colocado como en el resto de la sesión. Estaba ladeado apresado contra uno de los muslos del chico y se notaba demasiado. Sin decir nada se acercó a él introduciendo una mano dentro de los calzoncillos. Palpó con la mano extendida toda la longitud del pollón para agarrarlo y colocárselo correctamente entre las piernas. Rápidamente sacó la mano y agarró el paquete manoseándolo ligeramente hasta acomodar la verga definitivamente.

-¿Así va bien? – preguntó mimosamente.

-Cojonudo – contestó un emocionado Miguel.

Tras unos minutos en los que Mar se resignó a observar como el fotógrafo retrataba al cuerpazo del endiosado pequeño fanfarrón, Ben se dirigió a la mujer:

-¿Quieres que te haga alguna foto con el boxeador? – le preguntó queriendo recompensarla por el favor que les había hecho cambiando la prenda de Miguel.

-Vale – confirmó risueña sin ningunas ganas de quedarse esperando sin hacer nada.

Una vez recompuesto el cuadro, Ben hizo unas cuantas fotos más a los dos modelos que no dejaban de eclipsar la cámara con sus magníficas dotes tanto femeninas como masculinas.

-Estás disfrutando, eh… zorrita… - le soltó Miguel mientras sentía las manos de la mujer deslizarse por sus músculos.

-Será que tú no te lo estás pasando bien… - le replicó – Ya te gustaría quitarte los guantes para echarme mano – le soltó con astucia sabiendo que con esas manoplas no podía hacerle nada.

-Oye, Ben, ¿podemos acabar la sesión sin estos guantes? No tengo claro que queden bien si salgo junto a ésta… - menospreció a la mujer.

Mar ya no se molestaba por la falta de respeto de Miguel, pero se sorprendió por la petición del chico. ¿Tal vez pretendía sobarla si se quitaba los guantes? No lo permitiría.

-Claro, – ironizó el fotógrafo – pero aquí el que manda soy yo y voy a hacer las últimas fotos con los guantes puestos. Además, con lo que me ha costado colocártelos…

Enajenado, Miguel movió una mano hacia el escote de Mar, gesto que no sirvió de nada debido a la torpeza al manipular tan incómodo atuendo para un gesto tan sutil como el que pretendía el joven muchacho. Sin embargo, no pasó desapercibido para Ben que tuvo una nueva inspiración.

-Está bien, Miguel, me has convencido – sonrió – Ya tengo suficientes fotos de boxeador. Déjame que te ayude con los guantes.

Estuvieron un rato para deshacerse de ellos, tiempo que Ben aprovechó para explicar las nuevas fotos que se le habían ocurrido. Ahora sería el chico el que debía mostrar sus sentimientos libidinosos ante la mujer. A Mar no le hizo mucha gracia que Ben se lo pusiera tan a huevo a Miguel, pero no podía negarse tras las buenas sobadas que ella misma le había pegado al crío.

-Vale, acepto siempre que yo no muestre nada y que este personaje no se sobrepase – devolviéndole el menosprecio a Miguel – Y que sean fotos bonitas, nada de guarradas…

-Mar, me ofendes. Yo soy un artista – Ben no mentía.

Lo primero que hizo Miguel, a petición de Ben, fue repetir su último gesto, pero esta vez sin los incómodos guantes de por medio. Con el dedo índice agarró el escote de la mujer separando la camiseta de su cuerpo pudiendo echar un vistazo en el interior. Sin ningún disimulo, el chico ojeó los voluminosos pechos de la talla 95 que colgaban con firmeza sin sostén alguno. Mar no le reprendió el gesto.

-Buena foto – les animó Ben – Vamos, Mar, quiero que los dos poséis.

Ambos estaban sentados en el sofá, uno a cada lado. La mujer se subió al asiento, arrodillándose, y se agachó acariciando nuevamente el duro vientre de Miguel que se estiró para sobar la parte baja de la espalda de Mar. El muchacho, con sutileza, fue alargando la mano hasta alcanzar el culo de la hembra sobándolo a conciencia. Mar se quejó y el chico se retiró raudo y aprovechó que ella se había alzado para introducir sus manos por debajo de la camiseta, acariciando los costados de la doctora.

Así siguieron un rato acariciándose mutuamente mientras hacían posturas para que las captara la astuta cámara del fotógrafo.

-¿Te atreves a hacer algo más provocativo? – sugirió Ben a la mujer.

-¿Cómo qué? – preguntó con el corazón acelerado.

-¿Por qué no hacemos una foto mientras le acaricias la ropa interior?

-¿Así? – preguntó ingenuamente la inexperta modelo mientras pasaba la mano por uno de los costados.

-Bueno… - insistió Ben – quedaría más provocativo si le acaricias el paquete.

Mar se iba a negar cuando Miguel le agarró la mano y se la colocó en su entrepierna.

-Si ya la conoces… no hace falta que te la presente.

Mar le sonrió y amasó la polla durante unos segundos, pero en cuanto el pequeño modelo liberó la mano, ella dejó de manosearle el enorme bulto.

-¿A ti no se te pone nunca dura? – le preguntó extrañada por la flaccidez del miembro a pesar de las sobadas que llevaban rato regalándose.

-No mientras sigas tan tapadita.

-Seguiré tan tapadita mientras Ben no cierre la cámara – respondió pensando que eso no ocurriría jamás.

-Las fotos del anuncio ya están terminadas – reveló el fotógrafo – Pero la sesión de fotos no tiene por qué haber terminado. ¿Me explico?

-¡Ni de coña! – se escandalizó Mar – no pienso desnudarme haya o no cámara de por medio.

-No creo que a tu novio le haga mucha gracia ver algunas de las fotos que Ben ha estado haciendo…

Mar sintió una punzada en la espalda al oír aquellas palabras, como si de una puñalada trapera se tratara. ¿La estaba chantajeando? Miró a Ben buscando su parecer.

-Mar… algunas fotos son bastante reveladoras – confirmó con aire impasible.

La mujer recordó algunas de las cosas que había hecho y se imaginó lo mal que debían de quedar retratadas con la cámara. Se asustó y, por primera vez, fue consciente de que Ben no había dejado de plasmar todo lo que había ocurrido durante la sesión fotográfica.

-Vamos… si ya te las he visto a través del escote… - agregó el modelo.

-Pero, entonces… estas fotos no saldrán nunca de aquí – exigió ella, dubitativa.

-Por supuesto – terció Ben, serio.

A pesar de lo difícil que le resultaba creer en la palabra de los que la estaban chantajeando, Mar pensó que no tenía otra elección. El mal ya estaba hecho y ahora no podía dar marcha atrás. Se aferró a aquella respuesta y se dispuso a terminar de calentar al niñato. Quería provocarle una buena empalmada y dejarlo con ella hasta que se tuviera que hacer una paja.

Se separó del chico y, mientras se deshacía de la camiseta, la rabia que la consumía recorrió su cuerpo transformándose poco a poco en una extraña sensación placentera hasta alojarse en su entrepierna donde notó cómo su coño se humedecía al imaginar cómo podía acabar todo aquello. Mar se tapó pudorosa los abultados pechos hasta que Miguel, acariciándose el pene sobre la tela del calzón, le pidió que se los enseñara.

-¿Te gustan? – le preguntó Mar provocativa mientras separaba sus brazos mostrando sus pechos y acariciaba los pectorales de Miguel.

-¿Te gusta a ti mi polla? Hay preguntas que no necesitan respuesta – soltó altivamente provocando las carcajadas nerviosas de Mar que se reía de algo que al iniciar la sesión de fotos le habría sentado como un tiro.

La mujer se agachó nuevamente acercándose a la entrepierna del chico mientras se acariciaba una teta mirando a la cámara de Ben que no dejaba de sacar fotos como un loco.

-Esto va por ti – dijo señalando a la cámara mientras llevaba una mano a los muslos del muchacho aproximándose peligrosamente de nuevo al sexo de Miguel, momento que Mar aprovechó para volver a sobar aquella entrepierna, esta vez por cuenta propia. El dedo de Ben echaba humo apretando el botón de su cámara.

Mientras, el afortunado veinteañero volvió a alargar su brazo para volver a sobar el culo de su compañera que esta vez no se quejó en absoluto. Rodeó con su brazo el cuerpo de la mujer hasta alcanzar el botón del pantalón.

-¿Por qué no te quitas esto? – le sugirió mientras le desabrochaba el botón.

Ella pensó que aquel era el límite. Estaba muy excitada y deseaba cometer una locura, pero el amor por Israel se lo impedía. Sin embargo, recordó lo placentera que había sido su última y única locura, 3 años atrás, y eso la ayudó a tomar la decisión. Mar se separó de Miguel, bajándose la cremallera del tejano. Se acercó a la cámara y, dándole la espalda a Ben, comenzó a bajarse la ajustada prenda, mostrando su hermoso culo tapado únicamente por el tanga que se había puesto para la ocasión, de color gris clarito. Miguel no desaprovechó el momento para acariciar las nalgas que Ben estaba fotografiando.

Nuevamente volvieron a la postura de antes, pero esta vez, Mar pasó de seguir sobando el paquete y agarró los calzoncillos de Miguel separándolos de su dueño y liberando el pene ahora sí morcillón debido a los últimos acontecimientos. Mar no pudo reprimir morderse un labio al ver semejante herramienta. Sin más dilación la agarró con una mano y sacó la lengua para darle un primer lametazo. Estaba fuera de control. Empezó a hacerle una mamada al niñato mientras Ben no dejaba de inmortalizar el excitante momento.

Mar se deshacía cada vez que chupaba el salado glande descapullado del muchacho. Notaba como lentamente, pero de forma constante, la polla iba aumentando de tamaño y dureza a medida que la chupaba. Tras unos instantes de currada felación, el cipote de Miguel estaba completamente tieso. 25 centímetros de gruesa polla que le recordaron al indeseable repetidor compañero de clase de su hermano. Una súbita oleada de excitación debido a aquel calenturiento recuerdo le hizo meterse toda la polla de Miguel en la boca, hasta donde pudo.

Miguel no dejaba de sobarle el culo a Mar cuando ésta notó una nueva mano que le acariciaba el sexo a través de su tanguita. Se percató de que ya nadie estaba haciendo fotos así que aquella placentera caricia debía ser de Ben. No se equivocaba.

-¡Ey! – se quejó con ironía – ¿es que ya nadie va a hacer fotos de este momentazo?

Ben sonrió nuevamente debido a las salidas de Mar.

-Tranquila, he dejado el disparador automático.

Ella se lo tomó a broma en el instante que Ben separaba la tela del tanga mostrando el cristalino coño que tras él se ocultaba. Sobó con fuerza las nalgas y los carnosos muslos de la escultural modelo dejándole la marca de sus dedos y, finalmente, hundió la cabeza entre las piernas de la mujer saboreando sus ricas mieles. Mar, abriendo instintivamente las piernas, aprovechó para volver a darle un lengüetazo al cipote que agarraba con la mano antes de proseguir con la mamada.

-Tomad - el fotógrafo había aprovechado para recolocar la cámara antes de entregarles un preservativo, que recogió de la mesa del atrezo, a la calenturienta pareja.

El veterano hombre retiró las bragas de Mar, que se alzó sobre la inhiesta polla que se estaba comiendo, ahora cubierta por el blanquecino látex. Arrastrada por sus propios impulsos, sin cuestionarse nada, se puso a horcajadas sobre Miguel, cara a cara, bajando su cuerpo hasta introducirse el rabo en el humeante coño. Desde que ayudó a su hermano y sus amigos con el trabajo de Biología no había recibido semejante tamaño en su interior. Le gustó recordar la sensación de sentirse completamente llena.

En pleno éxtasis sintió la presencia de Ben que se acercaba con una nueva sorpresa. El hombre se había desnudado y se había acercado a la mujer con la polla erecta invitándola a que se la comiera. Mar no le hizo ascos a esa buena polla de casi 17 centímetros. Mucho menos espectacular que la que se deslizaba por su húmedo coño, pero no por ello un mal miembro. Se lo metió en la boca con total devoción succionándolo con maestría y ansia.

Los bamboleantes pechos de la mujer estaban al alcance de Miguel que no dudó en acercar su boca para comérselos poniendo especial interés en los duros pezones que lamió y succionó con destreza provocando los jadeos de la mujer, preludio de su primer orgasmo tras unos minutos de intensa follada.

La mujer propuso comerse las dos pollas a la vez. Ahora parecía ser ella la que llevaba la voz cantante dejando Ben sus órdenes a un lado. Mientras la cámara seguía lanzando fotos automáticamente, Mar se arrodilló entre los dos machos que con sus cipotes tiesos la apuntaban desafiantes. La mujer se deshizo del condón del más joven, agarró ambos falos y los masturbó primero para después llevárselos a la boca alternativamente mientras los hombres se dedicaban a manosear los turgentes pechos de la hembra.

Miguel sintió que estaba a punto de explotar así que se separó del cuadro para reposar unos instantes.

-No deberías tener semejante herramienta si no sabes utilizarla – le soltó Mar con una sonrisa malévola en el rostro, que se tornó una mueca de placer al sentir los expertos dedos de Ben introduciéndose por su húmeda raja. Fue su segundo orgasmo.

Mar quiso agradecer aquel enorme placer al cuarentón que la había seleccionado entre miles de chicas que se habían presentado al casting. Se puso a cuatro patas, apoyando las manos en el sofá y mostrando el culo al fotógrafo que no se lo pensó dos veces a la hora de acercar su polla, ya enfundada en el profiláctico, a tan preciado tesoro. La introdujo poco a poco, disfrutando del placer que el estrecho agujero le obsequiaba.

Miguel, ansioso por volver a entrar en juego, se deslizó entre los brazos de la mujer para sentarse nuevamente en el sofá, ofreciendo su enorme y tiesa polla a Mar que lo miró con el placer marcado en su bello rostro debido a las acometidas de Ben.

-¿Serás capaz de aguantar más de 5 minutos sin correrte? – le desafió provocando la ira en el muchacho que reaccionó dándole una bofetada.

-¡Chúpamela y calla! – se quejó ante la atónita mujer.

-No vuelvas a golpearme… - reaccionó tras unos segundos – Como me dejes alguna señal se va a enterar mi pareja. ¡Idiota!

-Tal vez se entere de todas formas… - volvió a amenazarla.

Mar volvió a sentir la rabia apoderándose de ella así que, enculada por Ben, lo único que pudo hacer fue introducirse el pollón del despreciable chaval en la boca, que cerró sutilmente marcando con los dientes la posibilidad de mordisquear el trozo de carne.

-No serás capaz…

Mar apretó más los dientes, comenzando a dejar marca sobre el joven miembro viril y, cada vez que Ben le introducía la verga hasta el fondo de su ano, más apretaba la dentadura hasta que Miguel, con el rostro trastornado, suplicó clemencia. Mar sonrió y, sin sacarse el cipote de la boca, lamió las heridas del asustado muchacho pasando su húmeda lengua por la marca que sus dientes habían dejado sobre el tronco del pollón de Miguel.

-¿Te duele? – le preguntaba mientras le lamía – Pobrecillo… ¿te he hecho pupita? – se burlaba interpretando, muy mimosamente, una falsa preocupación.

Tras la lección que acababa de darle al chaval, cuando dejó de jugar con él, Mar volvió a tomar las riendas de la situación volviendo a introducirse en el coño la enorme polla de Miguel que seguía recostado en el sofá mientras Ben continuaba agrietándole el agujero trasero tras acercarle un nuevo condón al joven modelo que le colocó, gustosa, la propia Mar.

Doblemente penetrada, Mar se corrió por tercera vez inundando con sus fluidos las pollas que la empalaban. El placer fue inconmensurable y estuvo a punto de perder el conocimiento justo cuando Ben se separó de la estampa y, sin apartarla del modelo que yacía entre sus piernas, comenzó a escupirle leche sobre la espalda tras sacarse la goma que preservaba la polla. Aún sentía el viscoso líquido resbalando hacia su culo cuando el joven comenzó a gemir y balbucear palabras ininteligibles.

En un brusco gesto Miguel se quitó de encima a la mujer, obligándola a agacharse mientras se deshacía del preservativo y apuntaba con su dura verga hacia el bello rostro de Mar que comenzó a sentir el calor del semen que primero caía en su rostro y luego se deslizaba por el mismo.

Nunca había hecho un trío y, antes de preocuparse por el inminente arrepentimiento, Mar tuvo la certeza de lo mucho que lo había disfrutado. Miró alrededor buscando algo con lo que limpiarse hasta dar con la prenda adecuada. Se acercó a la mesa del atrezo y recogió los primeros bóxers que había vestido Miguel. Se los acercó a la cara para limpiarse la corrida del dueño de la tela no sin antes aprovechar para oler el interior de la parte de color rojo de los calzoncillos. No quería quedarse con las ganas.

-¿Y bien? Supongo que te desharás de las fotos, ¿no? – inquirió la preocupada mujer.

-Quedamos en que las fotos no saldrían de aquí, no que las eliminara – contestó Ben.

-Además, es un material muy bueno – sonrió un satisfecho Miguel.

-¡Joder! Prométeme que eso – señalando a la cámara – únicamente va a ser para tu uso y disfrute.

-¿Y yo qué? – se quejó el joven modelo.

-Tú te vas a la mierda – perdió los papeles Mar, alterada.

-Tranquila – la calmó el cuarentón – que estas fotos están en buenas manos. Para empezar, no te olvides que hoy hemos estado trabajando y que de aquí van a salir las fotografías para el anuncio. Ante todo yo soy un profesional así que por eso no te debes preocupar. Y del resto… bueno, me servirán para recordar este momento que ha sido ¡la ostia! – consiguió sacar una sonrisa a Mar, que parecía quedarse satisfecha con aquella explicación.

Una vez todos arreglados se despidieron quedando que nada de lo allí ocurrido saldría a la luz. Ben intentó convencer a Mar de su talento y la animó a que volviera a trabajar para él, pero la mujer no estaba por la labor de hacerle mucho caso.

Israel se sintió apenado al escuchar a Mar explicando lo mal que lo había pasado en la sesión de fotos. Se había sentido muy incómoda primero al saber el tipo de anuncio para el que la habían contratado y luego al tratar con un compañero y un fotógrafo tan fríos. Se había sentido ninguneada y aquella experiencia era más que suficiente para borrarse de la agencia y olvidarse para siempre de los malditos castings.

Mar, una vez acostada, no dejaba de darle vueltas a lo sucedido. ¿Cómo le había hecho eso a la persona que tanto amaba? Únicamente podía pensar en el chantaje de las fotos y… ¡¿cómo sabía Miguel que ella tenía novio?! Primero se alteró convencida de que no se lo había dicho en ningún momento, pero luego pensó que seguramente se lo habría comentado el propio Ben o, simplemente, se la jugó pensado que lo más normal es que lo tuviera. Cerró los ojos y deseó que llegara un nuevo día en el hospital.

Mientras tanto, la envidiosa trabajadora de la agencia de modelos que tanta envidia tenía de Mar se relamía de gusto mientras escuchaba todos los pormenores que su hermano Miguel le estaba relatando sobre lo sucedido durante la sesión fotográfica.

-¡A cenar! – los llamó su viudo padre. Ben estaba llamando a sus dos hijos para la cena que degustarían mientras veían en el proyector la sesión de fotos más espectacular que jamás habían vivido padre e hijo.

16 Response to "El trabajo de modelo"

  1. Yuri2 1 de septiembre de 2012, 19:09
    Un relato muy bueno as usual. Describes las situaciones de una manwra muy realista que hace que te metas en la accion.
    Me ha gustado bastante el final familiar, aunque lo dejas aun mas abierto!! Ya se que no te gustan las continuaciones, pero esto se merece una o dos XD. La posible extorsion a Mar, la seduccion por parte de la "chica borde" a Israel, el descubrimiento en el hospital de las actividades de Mar... Se me ocurren un monton jeje. Pero bueno, tu haz lo que quieras, que haciendolo tan bien no necesitas consejo jeje.

    Esperando siempre a que publiques mas relatos. Merece mucho la pena. Animo y sigue asi!
  2. Straccia 3 de septiembre de 2012, 17:12
    Normalmente no me gustan las secuelas, pero esta no solo me ha encantado, sino que te deja con ganas de otra.

    Hay que ver la facilidad con que esta muchacha cede a la presión de grupo (en las dos historias). Es una mezcla rara entre chantaje y seducción en este caso, pero bueno es coherente.

  3. doctorbp 4 de septiembre de 2012, 19:21
    Yuri, me parecen unas muy buenas ideas para continuar la historia. Casi me da rabia no poder usarlas todas :D Lo cierto es que en este caso sí tengo en mente una tercera y última parte que aún no he escrito y que no sé cuando verá la luz. No será pronto :(

    Gracias Straccia. Lo cierto es que tenía un poco de temor por si, en este caso, daba la impresión de que la situación estaba un poco forzada.

    Bueno, me alegra que los comentarios sean positivos. Pensé que la continuación de 'El trabajo de Biología', sin los jóvenes protagonistas de la primera parte, no gustaría.
  4. Moonlight 5 de septiembre de 2012, 2:29
    Bien es cierto que se puede leer como un relato independiente, por lo tanto, a mí, no me ha parecido una secuela, solo has utilizado al personaje principal. Es como decir que la peli de Lobezno es una precuela de "X-Men".
    Aun así, la historia es buena, aunque el chantaje como herramienta para llegar al sexo, que es lo que de desprende de este relato, no me gusta; menos aun cuando los personajes masculinos son deformes (¿25 cm...?)

    Un beso. Sonia.
  5. doctorbp 5 de septiembre de 2012, 19:17
    Efectivamente Moon, aunque un relato mío forme parte de una serie siempre procuro darle sentido por sí solo de forma que si te lo lees sin conocer el resto de la serie tenga igualmente un principio y un final coherente. Otra cosa es que sea conveniente conocerlo todo para tener todos los matices, detalles, etc. que de otro modo no tendrías.

    El uso del chantaje en este relato es la excusa a la que Mar se aferra para dejarse llevar haciendo caso a sus instintos e ignorando su amor por Israel.

    Y lo de los 25cm es para hacer una referencia al personaje de David de 'El trabajo de Biología'. Moon, ya sé que no te gusta que utilice tamaños tan 'irreales' pero no lo puedo evitar ;P

    Bueno, que parece que me esté justificando jeje Simplemente lo comento pues me parece interesante.
  6. Anónimo 7 de septiembre de 2012, 11:22
    Sigue asi, eres una maquina!
  7. Anónimo 17 de septiembre de 2012, 9:18
    Escribes unos relatos realmente maravillosos, y dos en concreto que son autenticas obras de arte y estan muy por encima del resto, "Noche descontrolada" y "Las pozas". Creo que el gran secreto de estos dos relatos y que les diferencia del resto es que las chicas se niegan en rotundo a ser infieles y se resisten mucho, mucho, mucho... en el resto de relatos caen con mucha facilidad y eso le quita algo de morbo para mi gusto.
    Eres un genio sin duda y cada vez que escribes un relato nuevo es como la sensación de cuando eras pequeño y veias los paquetes de los Reyes Magos. Muy grande doctor
  8. doctorbp 21 de septiembre de 2012, 22:43
    jejeje muchas gracias de nuevo por los elogios. Es un auténtico placer descubrir que las publicaciones no son en vano :)

    Respecto al morbo debido a la resistencia de la protagonista, sólo puedo darte la razón. A mí me gustan los textos en los que la mujer inicialmente se niega, por el motivo que sea, a tener relaciones y finalmente acaba sucumbiendo. Estoy de acuerdo en que eso produce morbo y creo que en la mayoría de mis relatos está esa idea como trasfondo. Igual en algunos casos mejor llevada que en otros.

    Supongo que en los dos relatos que mencionas, 'Noche descontrolada' y 'Las pozas', la resistencia de la mujer es mayor puesto que, en principio, los personajes masculinos son bastante más 'repugnantes' (por uno u otro motivo). No sé si lo has hecho ya, pero te animo a leer 'Todo por un error' que igual también es algo más de ese estilo.
  9. Anónimo 15 de abril de 2013, 19:31
    INCREIBLE
    Me gusto mas el del trabajo d biologia, pro ambos son brutale, no tardes en escribir mas porfavor
  10. doctorbp 15 de abril de 2013, 20:32
    Muchas gracias :)

    ¿Te refieres a más sobre esta serie o más relatos en general?
  11. Anónimo 24 de noviembre de 2013, 16:53
    Eres una pasada vaya par de relatos sobretodo el de biología,que Morrazo me dejaste cardíaco perdido, eres buenísima!!!
  12. Anónimo 24 de noviembre de 2013, 16:54
    Publica más por favor!!!
  13. doctorbp 24 de noviembre de 2013, 23:18
    Bueno, aún falta un último relato de esta serie. ¿Cuándo lo escribiré/publicaré? Ni idea :P
  14. Anónimo 3 de enero de 2016, 8:34
    Por Dios escribe la tercera parte de este relato, con mas gangbang si puede ser, mas pollas pequeñas de tipos gordos, mas corridas, y mas guarrerias en general.
    Aunque no pusieras mas guarrerias seguro que será un gran relato, Mar nos tiene enganchados de manera que nos gustara todo lo que haga (sobre todo la facilidad con la que cede)
    Un saludo, y Doctorbp, eres grande :D
  15. doctorbp 4 de enero de 2016, 15:50
    xD

    Pues sí debería haber una tercera y última parte de esta historia. Lo que no creo que sea un gang bang y, ¡por dios!, espero no dar la impresión de que Mar cede con facilidad, aunque después de las dos cosas que ha hecho, ya es difícil justificarla jaja

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