Viva la novia

Sinopsis: En una boda en la que se esconde un secreto, ocurrirá algo que también deberá ser ocultado.

Claudia se despertó intranquila. No había pegado ojo en toda la noche y se había vuelto a desvelar. Miró el reloj de su mesita, junto al viejo peluche en forma de oso, y comprobó que aún quedaban unas horas. Deseaba que pasara el mal trago. O que no llegara nunca.

La pequeña sobrina de Ana, Claudia, tenía 8 años y era la encargada de llevar los anillos al altar donde, en unas horas, su tía se iba a casar con el apuesto Javier. Volvió a mirar el reloj. Únicamente había pasado 1 minuto.

Sólo unos instantes más tarde, en la casa de Érica, empezó a sonar el despertador. La mejor amiga de Ana y testigo de boda debía encargarse de que ese día nada fallara. Y tenía muchas cosas que hacer. De ahí que madrugara tanto. Se dio una ducha para activarse y comenzó sus quehaceres.

El otro testigo de boda era Manu, el mejor amigo del novio. Su cometido no era otro que el de mantener a raya al resto de la pandilla, formada por indeseables personajes pero, en el fondo, buena gente.

En el pasado, Javi había llevado una vida disoluta. No tenía claro si sus amigos le habían llevado por ese camino o esa mala vida le había llevado a conocer a los que a día de hoy seguían siendo sus compinches.

Pero eso era el pasado. Javi había sentado la cabeza gracias a la agraciada Ana, no en vano iba a dar un paso otrora impensable para él. Se iba a casar. Y confiaba en Manu, posiblemente el más sensato de todos sus amigos, para que ninguno la liara en exceso.

La primera visión de Ana al despertar fue la de Claudia.

-Hola, mi niña – sonrió al ver a su sobrina.

-Estás guapísima – confesó la pequeña a su tía, por la que sentía extrema devoción.

-¡Anda ya! – se quejó – si estoy recién levantada.

-Pues no me quiero imaginar lo guapa que vas a estar cuando te arregles.

Ana no podía quitarse la sonrisa de la cara mientras recibía el afectuoso abrazo de la hija de su hermana.

Marcelino se giró sobre sí mismo, recostado aún en la cama, buscando el enorme pecho de su mujer.

-¡¿Se puede saber qué haces?! – se quejó ella - ¡Anda ya! Sal de aquí – y le retiró la mano con la brusquedad que sólo tantos años de convivencia pueden aportar.

El tío de Javier se resignó ante la reacción de su mujer y tuvo que quedarse con las ganas del casquete mañanero. Había soñado con la futura mujer de su sobrino y se había despertado con una empalmada como hacía años no recordaba. Pensó en lo afortunado que era el hijo de su hermano. Miró hacia su lado, a su esposa, y pensó que su sobrino debía disfrutarla antes de que la cosa se torciera.

El primero en llegar a casa de Javi fue otro de sus amigos, Pablo, al que todos conocían como Pablillo.

-Vamos, tío, espabila – apresuró al novio.

-Tranquilo, eh… que si por una vez en la vida es ella la que espera al novio en el altar, tampoco pasa nada – bromeó haciendo reír a su colega.

-¿Lo tienes todo controlado?

-Sí – mintió - ¿dónde está Manu? – se preocupó.

-Y yo qué sé. Se habrá dormido.

-¡Vamos, no me jodas! Que tiene que acercarme a la iglesia…

-¿Te vas a vestir de pintamonas? – se quejó Pablillo al ver el traje del novio.

-Tío, Pablillo, localízame a Manu – le pidió, ignorándole, pero el hombre pasó de él - ¡Localízamelo ya! – le apremió, haciendo reaccionar por fin al pasota.

-Pensé que lo tenías todo controlado… - se quejó mientras buscaba en la agenda del móvil el número del testigo.

Claudia estaba embelesada observando cómo maquillaban a la novia. De por sí, las facciones de su rostro ya marcaban la imponente personalidad de la mujer, pero el ligero colorido le alzaba la expresión. El peinado era precioso, con el pelo recogido justo por debajo de donde iría el velo. Pero el súmmum era el vestido.

La parte alta de la espalda estaba descubierta hasta la mitad, acabando en forma de pico. Cuando Ana se giró, Claudia pudo observar el resto del blanco vestido. Adornado con pequeños detalles florales, el traje, sin tirantes, bajada desde el pecho, aferrado a los excelsos contornos de la novia, hasta la cintura, en la que una cinta rodeaba el cuerpo. La tela seguía ceñida a las caderas poco antes de las rodillas, donde comenzaba a abrirse formando una campana, más ancha en la parte trasera, que besaba el suelo por donde pasaba la novia. Era un vestido fashion, tal y como era Ana.

-Está llegando – observó Pablillo tras terminar la conversación con Manu.

-Joder… - se quejó un intranquilo prometido, pensando que el día no empezaba de la mejor manera.

Mientras Javi pensaba nerviosamente en todo lo que tenía por delante, no prestaba demasiada atención a la historia que le estaba contando Pablillo.

-… entonces nos vimos anoche. Quedamos en el parking de la plaza nueva donde yo le pasé la mercancía… - Javi procuraba dejar todo listo para cuando llegara Manu mientras Pablillo no dejaba de hablar – (…) ¡joder! ¡es un pastón!

-Tío, hoy no quiero saber nada de tus historias – se quejó finalmente Javi al oler la ilegalidad de lo que le estaba contando a pesar de la poca atención que había prestado.

-Vamos… lo tengo en el coche, para vuestro regalo de bodas…

-¿Y llevas todo ese dinero en el coche? – se alteró y se dirigió, seriamente, hacia su amigo – De verdad, Pablillo, no quiero saber nada más al respecto. Hoy no es un día para estropearlo, ¿de acuerdo? Cuando venga Manu se lo explicas y que él decida. Yo no quiero saber nada de tus trapicheos.

-Vete a la mierda – aceptó las palabras de su amigo mientras se abalanzaba a abrazarlo en señal de felicitación por el enlace que estaba a punto de producirse.

-¡Abridme, cabrones! – se oyó desde el otro lado de la puerta. Manu había llegado.

Érica ya se había encargado del ramo y del autocar que desplazaría a los invitados, había hablado con los encargados de las fotos y el video… pero se estaba volviendo loca para localizar al encargado de leerle el poema a Ana. Cuando por fin encontró al mocoso lleno de acné, lo preparó todo para el momentazo.

Claudia escuchaba con poco entusiasmo a su hermano mayor. Le daba coraje que lo hubieran elegido para tal cometido, simplemente para que hiciera algo pues ella era la encargada de llevar los anillos y así no había trato de favor entre los hermanos. Que el poema fuera sacado de internet, señal de dejadez, aún le daba más rabia.

Conduciendo de camino al autocar que los desplazaría durante el evento, Marcelino no dejaba de pensar en el sueño erótico que había tenido. Con su pequeña polla completamente tiesa, imaginaba el voluptuoso cuerpo desnudo de la novia retozando sobre él y gimiendo extasiada de placer. Sintió cómo los calzoncillos se le humedecían ante tales pensamientos y, despistado, tuvo que pegar un volantazo para esquivar en el último momento el coche que tenía delante.

-¡Marcelino! – se quejó amargamente su esposa - ¡¿Se puede saber en qué estás pensando?!

“No, no se puede saber” pensó para sus adentros, cachondo perdido.

-Que vamos de boda, ¡no de funeral!

Javi estaba plantado en el altar, esperando la llegada de Ana. A pesar del retraso de Manu, todo iba sobre la marcha. Habían llegado a tiempo a la iglesia y la mayoría de sus amigos estaban en el bar bebiendo cervezas sin la menor intención de presenciar el enlace mientras el resto de invitados iban llegando y pillando sitio aumentando progresivamente el incómodo ambiente sonoro dentro de la iglesia. Se moría de los nervios esperando la llegada de la mujer a la que ansiaba.

Había estado nerviosa toda la mañana, pero los nervios se acabaron al pisar la iglesia. Los invitados, la música, el recinto… y al final del pasillo el hombre al que amaba. Los nervios se transformaron en amor, pasión, en un sentimiento de regocijo y cierta excitación.

-Estás preciosa – oyó al llegar a la altura de Javi.

-Tú estás tremendo con ese traje, ¡tío bueno! – y sonrió, satisfecha, enamorada, deseosa de pasar el resto de su vida junto al apuesto hombre que estaba junto a ella.

Llegaba su momento. Claudia estaba completamente histérica, hecha un flan. Pero lo haría bien, perfecto. Su tía se lo merecía. Recorrió, portando los anillos, el mismo pasillo por el que antes desfilara Ana, con la seguridad que sólo el deseo de satisfacer a su admirada tía le facilitaba. Al llegar a la altura de los novios se fijó en Javi. Era guapísimo y hoy lo estaba más que nunca. Se alegró por su tía. Era feliz.

En cuanto finalizó el enlace, Érica y Manu se pusieron manos a la obra. La primera debía supervisar la sesión fotográfica con los novios mientras que el segundo debía ir en busca del resto de la pandilla.

Ana y Javi se miraban con complicidad, cansados de los agasajos de los invitados. ‘Estáis guapísimos’, ‘me alegro un montón’, ‘ahora a cuidarla’… eran algunas de las frases más repetitivas, pero tampoco faltaban los que pretendían hacer la gracia. ‘Si te cansas de ella, avísame que me la quedo yo’, ‘te llevas lo mejor de la familia’, ‘os doy dos telediarios como mucho’… fueron algunas de las frases más inverosímiles que tuvieron que escuchar, siempre sin perder la sonrisa.

Mientras los diferentes grupos iban pasando para hacer la foto de rigor con los novios, Ana no pudo evitar sentirse observada. Sentía una mirada turbadora clavándose en ella hasta que lo divisó. El asqueroso tío de Javi, Marcelino, no dejaba de mirarla con la cara desencajada. Sintió un repelús, pero prefirió ignorarlo y no decirle nada a su recién esposo. Nada estropearía su día. Aunque ciertamente aquellas miradas empezaban a ser un tanto incómodas.

Llegó el turno de los amigos del novio. Ana no los quería ver ni en pintura. Los conocía bien y sabía que eran sin duda lo peor de Javi. Formaban parte de un pasado del cual no quería saber nada, pero debía aceptarlos. Eran los amigos de su esposo y haría el esfuerzo por ser amable con ellos. Al menos durante ese día, sonrió para sus adentros.

Ana se fijó en Manu mientras hablaba con Javi. Intentó captar su conversación, pero no fue capaz. En seguida el pesado de Pablillo la incordió soltándole una de sus típicas burradas.

-¿Cómo va la gente? – se interesó Javi.

-Bien, alguno ya va un poco mamado, pero nada demasiado incontrolable – le informó Manu.

-Gracias, tío. Aunque lo de esta mañana no te lo perdono. ¡Casi me da un infarto! – Manu se rió.

-No te quejes, que ha salido todo perfecto y te llevas a una reina – y miró con disimulo a la novia. Sus miradas se cruzaron un instante, lo suficiente como para desviarlas rápidamente.

Érica ya había mandado a la mayoría de invitados al autocar que se desplazaría al restaurante del banquete. Mientras hablaba con el chófer que llevaría a los novios a la sesión fotográfica, se acercó Ana.

-¡Hola, cariño! Casi no hemos tenido tiempo ni de hablar – se quejó Ana con amargura.

-Lo sé, cielo – la besó – Pero gracias a eso está saliendo todo perfecto.

-¡Aish! Eres un encanto…

-Tú págame por mi trabajo y verás cómo mañana sigo siendo un encanto – y ambas rieron – Me alegro un montón por vosotros.

-¡Va! Dejaros de sentimentalismos y vamos a hacer la mierda de las fotos – las interrumpió el novio.

-¡Javi! – se quejó Ana, divertida.

Claudia se sentía relajada. Ya había pasado todo y había salido a las mil maravillas. Ahora degustaba el pica-pica previo a la llegada de los novios observando el alegre ambiente que reinaba entre los invitados. Sin el peso de la responsabilidad recayendo sobre ella, se dejó llevar por fin y salió corriendo en busca de los otros niños. Ahora tocaba disfrutar de la boda.

El recinto del pica-pica eran unos amplios jardines llenos de verde y pequeñas fuentes y estanques. Un lugar completamente idílico, previo al imponente restaurante en el que se celebraría la comida y el baile posteriores.

Marcelino estaba devorando un trozo de morcilla cuando se comenzó a oír la algarabía que anunciaba la presencia de la pareja recién casada.

-¡Viva la novia! – se oyó a lo lejos.

-¡Viva! – contestaron la mayoría al unísono.

Sin dejar de engullir, el tío de Javi se dirigió a la entrada con ganas de volver a ver a la novia y seguir fantaseando con ella. Observó a la joven pareja inmiscuyéndose entre la gente, pudiendo degustar los entrantes conversando ahora sí más tranquilamente con los invitados, mientras preparaban todo para que el banquete comenzara.

Pablillo volvía del lavabo cuando oyó la voz de su amigo Manu.

-Claro que no sabe nada.

Se sorprendió al escuchar que la voz que le respondía era la de Ana.

-Y que sea así siempre. Si se entera no sé cómo se lo tomaría y yo…

Pablillo se acercó más a la ventana que quedaba unos escasos centímetros por encima de Ana y Manu que estaban en el exterior, ligeramente apartados del resto.

-Cuando pasó tú aún no estabas con él.

-Pero empezábamos a quedar, aunque aún no fuera nada serio. Además, no me perdonaría habérselo ocultado durante tanto tiempo.

-No te preocupes – la tranquilizó Manu – por mi parte, Javi jamás se enterará que nos enrollamos durante vuestros inicios.

-Gracias, eres un cielo – y lo besó en la mejilla.

Pablillo no se lo podía creer. Estuvo tentado de asomarse y joderles el momento secreto. Habría sido tan divertido… pero inconscientemente pensó que aquella información podría serle útil y se quedó en silencio oyendo como la extraña pareja se despedía.

El convite siguió su curso y los comensales pudieron disfrutar de una fiesta divertida, original… enormemente satisfactoria en términos generales. Ya habían degustado el exquisito primer plato y estaban a la espera del segundo cuando Érica decidió que era el momento de quitarle el liguero a la novia.

Llamó la atención de los invitados y convenció a Ana, que se hacía de rogar, para hacerlo. Mientras casi la arrastraba al lugar indicado, los amigos del novio decidieron que era el momento de cortarle la corbata a Javi.

Alzando la pierna para apoyar el pie sobre una silla, Ana enseñó su preciosa extremidad a los invitados que se agolpaban alrededor. Con las manos entró en contacto con la liga para sacársela cuando la interrumpieron.

-¡Ey! que eso lo tiene que hacer el novio.

-Pero, ¿dónde está Javi? – preguntó una aturdida Ana.

-Se lo han llevado para lo de la corbata – respondieron alterando a Érica.

-¡Serán idiotas! – protestó la amiga de la novia.

-Es igual, ya me ofrezco yo para quitársela – propuso Marcelino provocando el pánico en el rostro de Ana que, queriendo evitarlo a toda costa, sin pensar demasiado, decidió elegir al primer hombre que viera para evitar que el seboso tío de Javi la tocara.

-¡Tú! – instó a Pablillo que observaba el percal en silencio.

Mientras observaba al joven moreno acercándose a su presa entre los vítores del resto, Marcelino sintió una enorme decepción. Por un instante pensó que podría palpar las esbeltas piernas de la mujer de su sobrino y el corazón se le aceleró hasta el punto de hacerle sentir un cosquilleo que ya no recordaba. Estaba excitadísimo.

Con el jaleo que estaban montando era imposible escuchar la conversación entre Ana y Pablillo.

-¿Qué haces que no estás con lo de la corbata de mi… - hizo una pausa, aún debía acostumbrarse a llamarlo por su nueva condición - … marido?

-Ya son bastantes para cortar una corbata tan pequeña.

-Sí, eso es cierto – pensó Ana sin darle mayor importancia.

Pablillo colocó las manos sobre el tobillo de la novia y recorrió el camino hasta el liguero acariciando la espectacular pierna de la hembra. Los invitados pensaron que aquellas caricias no eran más que una broma entre los dos supuestos amigos mientras veían las manos del chico perderse bajo el vestido de la novia. Una vez allí, Pablillo se pasó el liguero y siguió subiendo sus manos acariciando los muslos de una sorprendida Ana.

-¡¿Se puede saber qué haces?! – le preguntó intentando aparentar para que nadie se diera cuenta.

-Tranquila, que no voy a ir más allá – le soltó con los dedos a escasos centímetros del sexo de Ana – De eso ya se encargará Manu.

-¡¿Qué?! – se alteró la novia, aturdida, al escuchar ese nombre y ver la sonrisa maléfica en el rostro de Pablillo.

-Digo que de eso ya se encargará Javi – rectificó mientras agarraba el liguero y lo sacaba sin dejar de sobar la suave piel de la desconcertada mujer.

Mientras Pablillo alzaba el liguero jugueteando con él animado por el resto, Ana no dejaba de darle vueltas a lo que había escuchado. ¿Pablillo se había equivocado simplemente? ¿o lo había dicho conscientemente? ¿Manu se lo habría contado a aquel indeseable? Esperó que no.

De repente apareció Javi con la corbata destrozada.

-Mira lo que me han hecho estos energúmenos – se quejó enseñando lo que quedaba de prenda a su esposa.

-¿Dónde estabas? Me ha tenido que quitar el liguero tu amigo Pablillo – le reprochó, frustrada por lo que acababa de oír y pagándola con él.

-¡Qué listillo, el cabrón! – no le dio mayor importancia – Seguro que hasta te ha metido mano – y la besó queriendo quitarle hierro al asunto.

Ana prefirió no contarle nada de lo sucedido.

Tras el segundo plato, Érica decidió salir a fumar mientras preparaban la tarta nupcial. No conocía a los amigos de Javi más allá de lo que Ana le había contado y, aunque por ello tenía ciertas reticencias, había coincidido con ellos echando el piti y se lo estaba pasando bastante bien.

-Yo no lo haría ni por todo el oro del mundo – contestó a la pregunta.

-¡Venga, va! Todos tenemos un precio.

-Pero es que eso me da mucho asco.

-Pues, ¿por cuánto dinero te acostarías con otro?

-Depende de ese otro – sonrió divertida, con picardía.

-Eso no lo puedes saber hasta que hayas aceptado.

-¡Uf! – se quejó de la tesitura.

-¿Y comerte una polla? – preguntó Manu.

-¿Por cuánto lo harías tú? – le replicó ella hábilmente.

En ese instante apareció la novia que andaba buscando a su amiga.

-Ah, estás aquí… - se sorprendió al ver a Érica con los amigos de Javi - ¿Qué hacéis? – preguntó, descolocada, sintiéndose fuera de lugar, sabiendo que estaban fumando.

-Estamos decidiendo por cuánto dinero seríamos capaces de hacer alguna barbaridad – sonrió Érica - ¿Tú qué harías por dinero?

-¿Por cuánto chuparías una polla? – le preguntó Pablillo a Ana.

-La tuya por nada del mundo – le soltó con acritud, rencorosa por lo sucedido con la liga.

El chico estuvo tentado de preguntar por cuánto chuparía la de Manu para reírse en su cara, pero se contuvo, no queriendo enfadarla.

-Vamos, estoy seguro que todas tenéis un precio. Por muy elevado que sea – soltó Manu.

-Igual que vosotros – se quejó Ana.

-Y seguro que vosotros es por mucho menos – las dos chicas comenzaron a reír.

-A ver – insistió Pablillo dirigiéndose a la mujer de blanco – ponte en situación. Es el día de tu boda y viene un tío con un pastón y te lo ofrece a cambio de que se la chupes. Estoy seguro que hay un precio por el que dices que sí.

-Es…

-Por muy desorbitada que sea esa cifra – la interrumpió Manu – hay cantidades que no se pueden rechazar.

-Eso es cierto – corroboró Érica.

-Supongo que tenéis razón…

-Por según qué cifras hasta Javi te pide que lo hagas – soltó Manu haciendo reír al resto de tíos.

-Venga… - se animó Pablillo – te doy mil euros si me la chupas.

Ana no sabía si se lo decía en serio o era otra gilipollez típica del amigo de Javi.

-Tú estás tonto, chaval.

-Puedo ir subiendo hasta encontrar la cifra o puedes ponerla tú misma – sonrió.

-No creo que tengas el dinero suficiente para hacerme aceptar.

-Cien mil.

-Ya te gustaría tener ese dinero.

Manu no sabía si parar a Pablillo. Sabía el trapicheo que había hecho la noche anterior y que tenía dinero suficiente para convencer a Ana, pero no creyó que la mujer de Javi se lo fuera a creer.

-¡La tarta! – avisaron desde una de las ventanas.

La gente comenzó a moverse, entre ellos Manu y el resto de amigos que entraron raudos en el restaurante.

-Doscientos mil – insistió Pablillo que se había quedado atrás junto a las chicas.

-Por ese dinero te dejo que me la enseñes – contestó Ana de broma sabiendo que la estaba vacilando ofreciendo dinero que no tenía.

-Trato hecho – soltó rápidamente.

-Primero enséñame el dinero – se rió ella convencida de que no existía.

-Acompáñame.

-¡¿Qué dices?! – se impacientó la novia viendo que Pablillo seguía con la tontería.

-Ven, que te quiero enseñar una cosa – soltó mientras la agarraba del brazo arrastrándola hacia el coche.

-Ves tirando, ahora voy – le instó Ana a Érica – A ver qué me quiere enseñar el idiota éste.

-¿Seguro? ¿No quieres que te acompañe?

-No, dile a Javi que ahora voy.

Cuando Ana vio el fajo de billetes que Pablillo guardaba en el maletero del coche se quería morir.

-¿De dónde coño has sacado eso? Javi no tendrá nada que ver…

-Tranquila que es todo mío. Bueno, menos estos doscientos mil… - le dijo mientras separaba un fajo de billetes.

-No, gracias… - se quejó ella pensando que aquel dinero no debía estar muy limpio precisamente.

-Bueno, aunque no lo quieras…

Pablillo dejó los doscientos mil separados a un lado del maletero antes de llevarse la mano a la bragueta. Cuando se giró, quedándose nuevamente frente a Ana, lo hizo con la polla a la vista.

-¡Pablillo! – se quejó la novia - ¡No seas cerdo! – se enfadó no sin antes echarle un pequeño y rápido vistazo para en seguida darse media vuelta y dirigirse al restaurante para cortar la tarta nupcial junto a su nuevo esposo.

El extenso cipote del hombre colgaba flácido a través de su bragueta, con el brillante glande descapullado debido a la circuncisión y el ligero color verdoso de las venas que rodeaban el tronco.

-Un trato es un trato – concluyó Pablillo.

Ana lo oyó, a su espalda, mientras se alejaba y pensaba en la enorme verga que acababa de ver. Quiso quitarse ese pensamiento de la cabeza rápidamente, pero instantáneamente sintió lo mucho que deseaba que llegara la noche de bodas con Javi.

Claudia se comió con devoción el trozo de tarta. Le pareció delicioso, como el resto de la comida. En cuanto lo terminó corrió veloz a jugar a lo largo de la amplia sala de baile contigua al lugar donde los comensales comían.

La música para los niños pequeños sonaba desde hacía rato cuando empezaron los primeros adultos a aparecer por la pista. Cuando los prometidos aparecieron para hacer su primer baile, la sala ya estaba abarrotada.

Los novios se sentían en el cielo dejándose llevar por la música, agarrados, moviéndose al compás de la melodía. Se miraban como tortolitos y se besaban como amantes. Era un momento mágico que sólo se rompió cuando los separaron, teniendo que continuar con nuevas parejas de baile. Todos querían danzar con los afortunados.

Como el resto de la ceremonia, el baile fue un éxito. Sonaba música para todos los gustos y la enorme pista estaba repleta de bailarines, algunos más afortunados que otros, que se lo pasaban en grande demostrando sus mejores dotes para el bailoteo.

Mientras Ana bailaba con unos y con otros se fijó en rededor. La mayoría era gente a la que quería y se sintió enormemente feliz por ese día. Ensimismada en sus pensamientos, divisó a Érica, a lo lejos, y se fijó en ella. La veía hablar con un chico. Estaba un poco oscuro, pero parecía Pablillo. Sonrió al recordar la enorme verga del muchacho. Aunque inicialmente se sorprendió al ver cómo se comían la boca, no pudo evitar sentirse contenta por su amiga. Inconscientemente pensó en lo mucho que disfrutaría con aquel supuesto macho. Claudia la sacó de su ensoñación.

-Tita, ¿bailamos?

-Claro que sí – sonrió y cogió a la pequeña, abrazándola, sintiendo todo el cariño que se procesaban.

La novia estaba de espaldas con lo que Marcelino no vio a la pequeña Claudia y se pensó que Ana no tenía pareja de baile. Había estado todo el rato cavilando cómo acercarse a la desposada intentando aprovecharse un poco de la situación.

-Perdona, no había visto que estabas bailando con la pequeña.

Ana vio al grandote tío de Javi y, aunque no le apetecía en absoluto bailar con él, evidentemente no quiso hacerle el feo.

-No pasa nada – sonrió intentando obviar las lascivas miradas que Marcelino le había estado dedicando durante toda la ceremonia.

Se despidió de Claudia con un beso y, de repente, se sintió rodeada por unos enormes brazos que la empujaron hacia el sudoroso cuerpo de Marcelino. El olor corporal del hombre era fuerte. Olía a sudor y era bastante desagradable. Sintió las manos bajando por su espalda desnuda y los pechos aplastándose contra la barriga del hombre.

Casi sin poder moverse divisó a Érica y Pablillo alejándose hacia la calle. Se quedó pensando en ellos y no fue consciente de las gruesas manos que alcanzaron su culo, aunque con discreción.

Marcelino se estaba envalentonando. Ana parecía dejarle hacer y tenía la polla a punto de reventar. Cuando se arriesgó a palpar las nalgas de la novia, cerró los ojos y volvió a imaginar:

-Tío Marcelo, ¿quieres que te la chupe?

-Quiero que lo hagas aquí mismo, en la pista, delante de todos.

En la imaginación del hombre, la bella y radiante novia le sonreía pícaramente como aceptación a la propuesta. Le bajaba los pantalones, los calzoncillos y se introducía el erecto pito en la boca mientras se acariciaba la entrepierna introduciendo una de las manos bajo el largo y elegante vestido de novia. Todo ello rodeados del resto de invitados.

Cuando Ana sintió los rechonchos dedos apretando su culo, dejó de pensar en la pareja que acababa de salir y volvió a la realidad apartándose del tío de su esposo.

-¡Marcelino!

El hombre, al escuchar su nombre en la voz de aquel ángel, abrió los ojos eyaculando sobre sus sucios calzoncillos. No pudo balbucear palabra alguna mientras se corría ante la extrañada mirada de la hermosa mujer.

-Hagamos como que esto no ha pasado – le dijo Ana alejándose hacia la calle para que le diera un poco el aire.

Necesitaba respirar aire fresco y olvidar el desagradable incidente, pero inconscientemente quería ver si descubría a Érica y Pablillo. Mas, se llevó una pequeña decepción al no divisarlos y encontrarse con Manu.

-¿Qué tal, preciosa?

-No me llames así.

-Perdona – se hizo el ofendido.

-¿Has visto a Pablillo? – no pudo evitar preguntarlo.

-No me digas que te debe dinero – se asustó.

-No es eso. ¿Tú le has contado lo que pasó entre nosotros?

-No, ¿por?

-Por nada…

-Cariño, te estaba buscando – se acercó Javi - ¿Te has cansado de bailar?

-No – sonrió – sólo me apetecía tomar un poco el aire.

-Yo aún no he bailado con la novia – dijo Manu.

-Pues no sé a qué esperáis – los instó el novio llevándolos dentro.

Ana hubiera preferido mantenerse alejada de su ex amante así que no le molestó en absoluto que los interrumpieran.

-¿Me permites? – sacó Pablillo a Manu de los brazos de Ana.

-No quiero bailar contigo – se hizo la dolida, haciendo reír a los dos hombres.

-¿Qué le has hecho ya? – se quejó Manu.

-No le he hecho nada que ella no quiera que le haga – y sonrió.

-¡Idiota! – le reprendió mientras Manu se alejaba.

-Veo que te llevas muy bien con mi amigo – le soltó muy bajito.

-¿Qué? – Ana no lo oyó y él aprovechó para arrimarse un poco más.

-Digo que te llevas muy bien con Manu.

-¿Qué insinúas?

Ana sintió al amigo de su marido acercándose aún más hasta pegar su caliente cuerpo contra el suyo. Sintió el gran bulto de la entrepierna de Pablillo entrando en contacto con ella, que se quejó, apartándolo ligeramente.

-Vamos, Anita, que lo he intentado con todas y no he conseguido nada.

-Sí, claro… que te he visto con Érica – Pablillo se rió a carcajadas.

-Pero a mí me gustas tú… - se lo estaba pasando en grande tonteando con la reina de la fiesta.

-¡No digas sandeces!

-¿Qué tal con Manu?

-¿A qué te refieres?

-Vamos, que lo sé todo.

-¿Qué sabes?

-Lo suficiente – y sonrió con seguridad.

-¡Joder! Tío… ¿quién te lo ha dicho? ¿Manu?

-No – la miró, serio.

-Está bien. Me acosté con él cuando empezaba a conocer a Javi, pero…

-No pasa nada – la cortó.

-Mira, no tiene ninguna importancia, ¿vale? Pero prefiero que Javi no lo sepa.

-¿Y quién es mejor en la cama?

-Sí, a ti te lo voy a decir…

-Eso quiere decir que Manu…

-Pues no – se enfadó.

-Entonces…

-Mejor Javi – mintió.

-Ya…

Pablillo se volvió a arrimar a la novia pegando su cuerpo al de ella, que esta vez no se quejó.

-Voy a ver si alguna me hace más caso que tú – le soltó antes de separarse de ella definitivamente.

Ana sintió el cuerpo de Pablillo alejándose y cómo su ardiente paquete se separaba de ella. Vio cómo se alejaba y se sintió sucia. Estaba excitada y deseosa de chuscarse a Javi, tal vez recordando a Manu, pensó maliciosamente. Pero si quería aguantar, lo mejor sería refrescarse un poco.

Acababa de mojarse el rostro cuando se miró en el espejo del cuarto de baño. Se vio guapa, con la ligera tonalidad debido a la incipiente excitación.

-Estamos solos – espetó una voz tranquila, acercándose a ella por la espalda y alargando sus manos hasta contactar con los enormes pechos de Ana, sobándolos con fiereza.

La novia le reprendió alargando sus brazos hacia atrás para sacarse de encima al pulpo que le metía mano. No quería montar un espectáculo así que no alzó la voz y forcejeó hasta que Pablillo se arrimó más, con fuerza, pegando su duro paquete contra su culo. Ana lo notó y se asustó al sentir cierto gusto con el contacto de tan rígido aparato.

-¡Ya basta! – lo cortó girándose de golpe al tiempo que empujaba a un desinhibido Pablillo – Como vuelv

Y antes de que terminara la frase Pablillo comenzó a comerle la boca. Ana echó la cabeza para atrás, pero el amigo de su esposo parecía poseído. La ávida lengua del tío se introducía en su boca y Ana, tras unos segundos intentando escapar sin conseguirlo, no pudo reprimir rodearla con sus labios y lamerla con su lengua.

Pablillo, que había vuelto a sobar los pechos de Ana en cuanto la besó, dejó las tetas de la esposa de su amigo y comenzó a recoger la tela del vestido de novia en cuanto notó la reacción al morreo. Cuando el hombre comenzó a subir el vestido de Ana, ésta reaccionó inclinando la cabeza hacia delante. Ahora era ella la que buscaba con apremio la boca del hombre para introducirle la lengua y que fuera él el que se la comiera.

Pablillo agarró a Ana de la cintura levantándola con fuerza y llevándola contra la pared, golpeándola en un costado. Ana sintió el golpe, pero la adrenalina ocultó el dolor rápidamente.

-Vamos – casi jadeó Pablillo arrastrándola al lavabo dónde Ana había meado instantes antes.

-No… ¡para! – intentó detenerlo sin conseguirlo.

Ella, sin poder de reacción, se vio empujada hacia dentro. Pablillo cerró la puerta tras de sí e introdujo las piernas entre las de Ana que, apoyada contra la pared, las levantó, temblorosas, rodeando al amigo de Javi que le restregó el inflamado paquete contra el coño.

Ana, embriagada por el placer de aquellos roces, se agarró a Pablillo por el cuello y se dejó hacer. Él, mientras con una mano se desabrochaba los botones del pantalón, con la otra buscaba nuevamente los senos de la mujer. Todo era demasiado complicado como para andarse con sutilizas así que bajó el escote del vestido notando por primera vez el contacto directo con la piel del deseado pecho. Ana lo volvió a besar. El pezón de la mujer estaba rígido como el metal y Pablillo lo pellizcó provocando que Ana le mordiera el labio inferior que en esos instantes tenía entre los dientes.

Pablillo comenzó a besarla con pasión provocando el deseo en la esposa de Javi que, con tanto beso y magreo, estaba ansiosa por que la penetraran.

La torpe mano izquierda del hombre parecía tener problemas con los botones del pantalón así que pegó un tirón rompiendo uno de los botones que estaba algo deshilachado y provocando que los pantalones se deslizaran hacia abajo mostrando los ajustados bóxer. Ana echó un vistazo abajo y vio un más que considerable bulto con una elocuente mancha oscura. Su temperatura, que no había dejado de subir desde que vio por primera vez el pollón de Pablillo, alcanzó un par de grados más y bajó una mano para magrear, por primera vez, la polla del hombre, notando la enorme vigorosidad de la misma.

-¿No te habrás guardado un fajo de billetes aquí dentro? – bromeó.

-Ya sabes que todo eso es polla, hermosa.

Mientras Ana introducía su mano en el slip acariciando la durísima verga de Pablillo, éste agarró el tanga de la prometida pegando un tirón para intentar deshacerse de él a toda prisa. La tela se rasgó sin llegar a romperse deslizándose con fiereza sobre el húmedo coño de la mujer, provocándole un estallido de placer. Ana tuvo que ahogar un grito de gusto.

Pablillo se fijó en el húmedo coño de la desposada. Los labios vaginales estaban chorreando y parecían palpitar deseosos de recibir un buen trato.

Como pudo, Ana bajó los calzoncillos de Pablillo liberando su tiesa polla. El hombre pareció conformarse con el hueco que dejaba el desgarrado tanga y se acercó aún más a su presa insertándole el cipote con lujuria.

-Por dios, acaba rápido, guapito – le pidió ella temerosa del tiempo que llevaban en los lavabos.

Pablillo apoyó las manos en el firme culo de Ana y se separó de la pared para estamparla contra el lado opuesto. Ana sintió que la polla de Pablillo llegaba hasta el fondo cuando su espalda chocó duramente contra la pared. El tío la agarró por la cintura y comenzó a subir y bajar el cuerpo de ella para que los candentes labios vaginales de Ana, adheridos a la polla, recorrieran toda la longitud del miembro.

Pablillo notó como la mujer de Javi se corría cuando echó su cuerpo hacia atrás para acto seguido dejarse caer sobre su amante. Sudorosa, se recostó sobre él dejando que notara los pezones clavarse sobre su masculino pecho. Se acercó a su oído y, con la voz entrecortada debido al elevado pulso, le pidió que acabara ¡YA! Y entonces lo besó en el lóbulo de la oreja y luego, bajando más, en el cuello mientras Pablillo acariciaba los desnudos muslos de las piernas que aún lo rodeaban como ya hiciera cuando le quitó el liguero.

Lo siguiente pasó muy rápido. Pablillo bajó las piernas de la chica con las manos y, cuando Ana puso pie a tierra, se separó de ella. Empezó a masturbarse mientras con la otra mano forzaba a la novia a agacharse. Ella, cuando se quiso dar cuenta, se encontraba de rodillas con Pablillo pajeándose a escasos centímetros de su cara.

El hombre sólo tuvo que mirar esos preciosos ojos rodeados de ese rostro tan bonito, todo ello con el vestido de novia al fondo, para empezar a escupir. Mancharse era lo único que Ana no quería así que abrió la boca y recibió los numerosos chorros de semen que Pablillo le regalaba. Sobre la lengua de la mujer se depositaba el blanquecino líquido y, antes de desecharlo, chupó la grandiosa polla para robarle hasta el último mililitro. La boca de Ana se aferraba al enorme glande de Pablillo quien se movía espasmódicamente falto de fuerzas.

Con la boca a rebosar, Ana escupió en el wáter y se limpió los restos que se habían adherido a la comisura de los labios.

-¡Joder! ¿¡Qué hemos hecho!? – se preocupó la mujer en cuanto pudo hablar –  ¡Y mira cómo me has dejado las bragas…! – se quejó.

-Podrías regalármelas, ¿no? – propuso Pablillo que ya se había vestido y estaba recogiendo el botón de su pantalón.

-¡Sí, claro! ¿Y qué le digo a Javi?

-No te ha visto vestirte, ¿no? Pues hoy te has casado sin bragas.

Ana no pudo evitar soltar una carcajada.

-Si es que eres un malote…

Y, sin previo aviso, Pablillo volvió a pegar un tirón del maltrecho tanga robándoselo a su dueña que se quejó por el fuerte tirón que le arañó el sexo. Pablillo se lo llevó a la nariz e inspiró el dulce olor a coño de Ana.

-¡No seas cerdo! – le recriminó.

-Qué bien hueles, cariño – le contestó con una sonrisa de oreja o oreja.

Ella no pudo evitar sonreír.

-Anda, vete ya. Sal tú antes y ahora salgo yo.

Cuando Pablillo se marchaba, introduciendo el tesoro de la reina en el bolsillo, ella llamó su atención.

-Por cierto, Manu folla mejor que Javi – y tras unos segundos – Y que sepas que Manu no lo hizo mejor que tú.

Él le devolvió la sonrisa, satisfecho.

Tan sólo pasaron unos minutos cuando Ana regresó a la fiesta tras Pablillo. Tiempo en el que había aprovechado para acicalarse lo suficiente como para que nadie sospechara nada.

-¿Dónde estabas, cariño? – se interesó Javi.

-En el baño. Es difícil maniobrar con este vestido – se quejó.

-Ya me lo imagino. Tu sobrino quería bailar contigo – le informó.

Mientras se movía al lado del hermano de Claudia, sentía el frescor en su desnuda raja. Era una sensación nueva y extraña. No podía quitarse de la cabeza la enorme locura que acababa de cometer. Aunque el polvazo había sido enormemente placentero, creía que jamás se perdonaría a sí misma haber sido infiel a su marido y, además, el día de su boda.

Cuando Érica anunció que el autocar marchaba ya, Marcelino se sintió aliviado. Tenía unas ganas enormes de llegar a casa y quitarse la pegajosa ropa interior llena de semen. Pensó que mientras se duchara se la cascaría pensando en la espectacular mujer de su sobrino.

Claudia estaba cansada debido a la poco que había dormido y no pudo evitar echar una cabezadita de camino a casa. Soñó con una boda tan majestuosa como la de su tía. En el altar la esperaba el apuesto Javi mientras ella recorría el pasillo hacia él, pero esta vez no portaba los anillos. Esta vez era ella la afortunada.

Manu había conseguido controlar a la manada. Se sentía satisfecho por haber cumplido su objetivo y haber mantenido a salvo la boda de su mejor amigo. Evidentemente no sabía lo que Pablillo había hecho en el servicio de señoras. Estaba feliz por Javi, pues él mejor que nadie sabía a la excepcional hembra que se llevaba. Sonrió, satisfecho, creyendo ser el único amigo del novio en haberse tirado al pibón de Ana.

Érica no dejaba de gritar, a pesar del dolor en la mandíbula, mientras Pablillo la percutía con extremo salvajismo. El incipiente delincuente le había robado ya varios orgasmos y se sentía agraciada por haberse llevado a la cama a tal semental. Había cumplido con creces en la organización del evento y el placer que ahora recibía era una justa recompensa.

Mientras la pareja recién casada habría los sobres con los regalos, Javi se sorprendió al descubrir el contenido de un sobre de Pablillo dirigido exclusivamente a él. Una nota:

“Gracias Javi. Hoy el regalo me lo has hecho tú. Te llevas a una reina”

Aunque rabiosa por la desfachatez de Pablillo, Ana se sintió aliviada viendo que Javi no entendía nada. Con disimulo para que Javi no sospechara, no pudo evitar una leve sonrisa.

-Nunca había visto a Pablillo tan profundo – se rio Javi – Mira, éste es para ti – y le entregó otro sobre del invitado que ponía “Para la novia”.

Ana se acojonó. Completamente acongojada por lo que pudiera contener, abrió el sobre con parsimonia, pensando cualquier excusa para evitar la catástrofe. Sin embargo, no pudo evitar volver a sonreír al ver el enorme fajo de billetes.

-¡Será…! Mira que le dije que no quería saber nada de este dinero – se quejó Javi - ¿Cuánto hay?

Ana hizo ver que contaba los 400 billetes, pero estaba convencida de la cantidad.

-Doscientos mil euros.

-¡Qué burro! ¿Y por qué te los habrá dejado a ti?

-Qué más da eso… Ven, hagamos el amor…

-¡Por Pablillo! – bromeó Javi antes de abalanzarse sobre su esposa e introducir una de sus manos entre sus piernas, bajo el vestido - ¿No llevas bragas? – se extrañó.

-He ido todo el día así por ti.

Javi no se lo podía creer. No era algo que se imaginara pudiera hacer su reciente esposa, pero le gustó.

-¿En serio? Me lo tendrías que haber dicho antes… habría estado empalmado durante toda la ceremonia.

-Por Pablillo… - apenas susurró ella cuando los dedos de su reciente marido entraron en contacto con la desnuda raja.

Y los enamorados iniciaron, por fin, su noche de bodas.

Ana jamás se podría haber imaginado que en la primera noche de casada pensaría única y exclusivamente en uno de los hombres que más detestaba hasta ese momento. El mero hecho de recordar su desliz con Pablillo y el pollón de éste la hacían estremecerse de placer. Y eso le provocaba tal rabia que perdió la cuenta del número de orgasmos.

14 Response to "Viva la novia"

  1. Yuri 3 de enero de 2013, 17:38
    Lo primero de todo, Feliz Año! Espero que hayaias tenido unas buenas vacaciones.
    Lo segundo, no pierdas nunca la ilusión por escribir, eres muy bueno escribiendo relatos. Muchas gracias por tantos relatos!

    Ciñendome al relato actual jeje. Me gustan bastante el tema de bodas y novias, por lo especial que es ese día, y que una infidelidad en ese día, siempre me resulta muy fantasioso y muy excitante jeje, por eso me gusta.
    Me ha gustado bastante la primera parte, en la que "presentas" a los personajes. Es un poco lioso, por los saltos continuos entre personajes, pero así creas esa sensación de agobio propia de las mañanas de bodas jeje.
    Luego la novia si que cae un poco precipitadamente jeje. No sé... Es un poco... Pollón, cachonda, hecho. Aún así, me ha gustado.
    Aunque he de admitir que me he quedado con las ganas de una especie de orgia jeje. Algo como Pablillo con sus trapicheos droga a toda la peña y mega orgía con Ana, Erica y la mujer de Marcelino jeje. Mucho menos realista, eso si jeje.

    De todas formas me ha gustado mucho. Temática wedding day y bride me apasionan como fantasias. Además que como siempre, consigues que desde el principio te estes preguntando con quien se los va a poner: Tío seboso, amigo malote, recaida con mejor amigo...
    Muchas gracias por el relato!!
  2. Straccia 4 de enero de 2013, 1:11
    Hola, feliz año!!

    Veo que en cuanto a relatos lo has empezado estupendamente!!

    Me encanta la ambientación del relato y como está presentado. La verdad que sabes trasmitir cuando un personaje es un encanto, cuando uno es un chulo, y cuando uno simple y llanamente da asco.

    Si te digo la verdad, yo lo que he echado en falta sería la historia de Érica. Un poco más aparte de que acaba en un coche con el macarra de turno.

    Y otra cosa, y no es por ser quisquillosa ¿Quien es ese Pepillo que mencionan al final? ¿No será Pablillo?

    Gracias por este relato!

    Besos!!

  3. doctorbp 4 de enero de 2013, 15:48
    ¿Qué sería de este blog sin vosotros 2 (y Steamer)? :)

    Es que la infidelidad de la novia el día de su boda es algo muy morboso. Realmente no tenía una historia. De este relato lo único que tenía era un concepto. Tenía claro que quería escribir un relato wedding day/bride como dices.

    Del comentario, quiero resaltar la utilización de varios personajes para intentar que la infidelidad no sea demasiado evidente y la duda de con quién será dure lo máximo posible. Lo intento hacer siempre que puedo. Y los invitados a la boda me permitían hacerlo.

    Aunque es cierto que quería plasmar la sensación de estrés típica antes de una boda, la utilización de párrafos cortos y saltos de personajes no creo que fuera deliberada. Pero si consiguen su propósito, pues perfecto jeje La idea es que después del acto en la iglesia se notara una mayor pausa, una sensación de mayor tranquilidad.

    Sobre el acto de infidelidad en sí quería que fuera algo lo más real posible. Un polvo rápido, descontrolado, pasional, sin demasiadas florituras. La novia está en mitad de la celebración de su boda, no se puede permitir el lujo de hacer una mamada de 5 minutos o hacer preliminares de 30. No sé si me explico.
    Y una orgia, sin que se enteren el resto de invitados, demasiado imposible como para poder hacerlo medianamente real.

    Straccia, qué observadora! Me he confundido con el personaje de "Fin de semana de acampada". Ahora mismo lo cambio. ¡Muchas gracias!
    Por cierto, que el nombre de Ana no te descoloque. En el próximo relato vuelvo a la M y después continúo con la N xD

    Este relato se centra exclusivamente en Ana. Es el día de su boda, ¿querías que Érica le robara el protagonismo? No quería ser cruel jajaja

    Por cierto, para este tipo de relatos considero muy importante el vestido de novia. Estuve buscando por Internet vestidos que me inspiraran hasta que encontré el que quería que llevara mi protagonista. Intenté describirlo lo mejor que pude, no sé si con mucha o poca fortuna. ¿Os habéis hecho una imagen sólida del vestido de novia después de mi descripción del mismo? ¿Esa imagen la habéis mantenido a lo largo del relato? ¿Os ha servido para meteros más en la historia y, por qué no, aumentar el morbo de la situación? Me gustaría saber vuestra opinión al respecto. Gracias de antemano.
  4. Yuri 5 de enero de 2013, 0:45
    Anda! Tampoco es para tanto jeje. Straccia y Steamer si, pero yo no hago unos comentarios tan buenos :p

    Contestandote a lo del vestido. Lo has descrito muy bien y yo personalmente si que me he hecho una idea clara de como era. Ahora bien, por avatares del destino me encuentro inmerso en una cantidad considerable de bodas, de gente cercana, con la que he ido a ver vestidos de novia hasta hartarme jeje. Asi que en mi situación actual tengo los sentidos más agudizados de lo normal en lo que a vestidos de novia se refiere. Entonces cuando lo describiste me pareció lo más "normal" del mundo jeje.

    Aunque como te digo, yo me imaginaba a Ana con el vestido tal cual porque está muy bien descrito. Y como tu dices, el vestido es parte vital. Lo sé XD
  5. Straccia 9 de enero de 2013, 16:24
    Hola!!
    Con la descripción que das del vestido mentalmente me hice una idea, que más o menos llevaba en la cabeza durante la lectura. Menos para la escena del baño, que la verdad no me parecía un vestido muy cómodo para un arrebato pasional (pero con mi amplia experiencia en vestidos de novia, similar a mi experiencia en la cría de pingüinos, diría que los vestidos de novia no están pensados para eso) Ahí mentalmente lo cambié por uno más corto que vi no hace mucho...

    Eso sí, seguramente si hicieras hacer un 'retrato robot' del vestido con esa descripción a unas cuantas personas, quedarían unos dibujos muy similares.

    Perdona por tardar en darte respuesta, es que no había vuelto a asomarme por aquí!
  6. sonia 11 de enero de 2013, 18:13
    muy bueno me a gustado mucho muy exitante
  7. Steamer 21 de enero de 2013, 19:47
    Me siento 'ed-pe-tial'
    =')
    ---
    No había tenido oportunidad de leerlo hasta ahorita.
    Me agradó mucho el relato. Como por ahí dicen, los días de boda son de Morbo.

    Me agradó el relato, muy buena práctica el incluir a varios personajes para no hacer obvio el deselace; No estará mal pulir la habilidad, pues si es un tanto confuso al inicio.
    Llegué a pensar que Érica iba a tener, de igual manera, algo con el novio. Quizá antes o durante la boda.
    Un poco raro a la menor de 13. Pensé que quizá sería testigo de algún evento.

    En la descripción del vestido (o de los personajes, para ese caso), Yo soy particularmente malo para adaptar la versión del autor.
    Normalmente tomo algunos datos del autor, pero no me concentro en todos los detalles; Me figuro una imagen mental normalmente alguien que he visto antes o alguna actriz; y sigo con ella durante el resto del relato.

    Esto es en toda clase de Literatura que veo. Y se extiende a detalles Arquitectónicos y geográficos.

    =P
  8. doctorbp 26 de enero de 2013, 0:14
    Pues sí, Steamer, echaba en falta tu aportación :P

    La inclusión del personaje de Claudia era para representar una parte importante de este tipo de eventos, los niños. Únicamente me servía de excusa para hilvanar situaciones a través de sus pensamientos o estados de ánimo.

    Sobre el tema de las descripciones te entiendo perfectamente. Yo también suelo hacerme una idea bastante vaga a través de ellas. No me gustan las que son demasiado minuciosas y por eso yo no suelo usarlas mucho. Precisamente por ello me interesaba saber vuestra opinión sobre mi descripción del vestido de novia.

    Me alegra que el relato haya gustado, al menos a los que habéis comentado. Me encantaría saber la opinión del resto :)
  9. Moonlight 26 de mayo de 2013, 1:43
    Y la novia vivió...

    He leído muchos relatos que trascurren durante la celebración de una boda. Es más, todos los relatos sobre una boda tienen argumentos calcados. Siempre es infidelidad, siempre es la novia a la que se follan, siempre parece que ella se casa solo con la intención de ponerle los cuernos al recién estrenado marido desde el primer día... Lamento decirte que este relato es más de lo mismo, no hay originalidad y no he visto esa chispa que te caracteriza.

    Tengo una fantasía, no muy recurrente, pero no estaría mal realizarla; que consiste en hacerlo vestida de novia, pero hacerlo a lo bestia, con todo tipo de perversiones, dentro de mis límites, claro, solo para echar por tierra la idea que pretende imponer la iglesia sobre el matrimoño: con la luz apagada, sin disfrutarlo y solo para procrear. De todas formas, como detesto el matrimoño y las bodas y nunca me voy a casar, es una fantasía que nunca realizaré, pero no me importa; tengo más.

    No digo que sea un relato malo, pero esperaba más siendo un relato tuyo. Me has decepcionado y no voy a leerte nunca más.

    Un beso. Sonia.
  10. doctorbp 28 de mayo de 2013, 1:48
    No sé... tal vez una de mis fantasías sea hacerlo con una guapa novia el día de su boda :)

    Lo cierto es que sí, asumo que este relato es un clásico con todo lo que ello conlleva, pero no será el único (eso espero). También vendrá el relato de la profesora, la enfermera, la agente de policia y, tal vez, la monja. ¿Se me olvida algún topicazo?

    Moon/Sonia, para mí es un placer tenerte por aquí y me gustaría que para tí no dejara de serlo.
  11. tSeven 11 de junio de 2014, 2:01
    Bueno, para mí este es otro de los ‘hits’. Es un topicazo, pero he encontrado lo que esperaría encontrar en este topicazo en concreto. También es cierto que no he leído muchos del tipo ‘wedding day’. A mí me vale. Lo del vestido no me dio problemas. Buena elección, por cierto.

    En cuanto a la incertidumbre sobre el desenlace… yo siempre apuesto por malote y pibón. Es la más fácil. La más predecible tal vez, pero no creo que reste puntos. Es como en el relato del gimnasio. Que Claudio se hubiese quedado con el calentón habría sido un giro digno de Juego de Tronos… ¡pero no puedes hacernos eso!
  12. doctorbp 11 de junio de 2014, 23:55
    jajaja algún día os tengo que dar una buena sorpresa y que el malote se quede con las ganas :D

    Sí, es un topicazo. Pero como ya le comenté a Moon, no sería el único. El de la monja ya lo he cumplido.
  13. Anónimo 9 de octubre de 2015, 0:58
    Con este e finalizad todo tus relatos, espero pronto un nuevo relato, saludos desde Puerto Rico
  14. doctorbp 28 de octubre de 2015, 22:28
    Hola, me alegra que hayas leído todos mis relatos :) Y siento estar tardando tanto en volver a publicar, pero hace tiempo que estoy demasiado liado como para dedicarme a escribir.

Publicar un comentario en la entrada