La niñera

Sinopsis: Un matrimonio se queda repentinamente sin la canguro de sus tres hijos. Por suerte encuentran una sustituta que cambiará la vida de uno de los integrantes de la familia.
 
Germán y Antonia estaban desesperados. La señora que llevaba años cuidando de sus hijos les acababa de avisar de su repentina retirada a falta de una semana para terminar las vacaciones.

-Ya podría haber avisado con más antelación – se quejó él, malhumorado.

-Supongo que no habrá tomado la decisión hasta ahora – respondió ella, conciliadora.

-Me da igual. Nos acaba de dejar en la estacada. Ahora a ver qué hacemos con los niños.

-El mayor puede valerse por sí mismo, incluso puede hacerse cargo de Sira.

-Sí, pero Enrique es un bebé. No podemos dejarlo a cargo de Rodrigo. ¿Y si hablamos con tu madre?

-No me jodas, Germán, la pobre mujer está muy mayor para encasquetarle tres niños. ¿Quieres mandarla a la tumba?

-¿Tengo que responder a eso?

-¡Idiota! – y se marchó dando la conversación por concluida, al menos momentáneamente.

La pareja llevaba más de 15 años de matrimonio durante los cuales habían engendrado a sus tres hijos. Rodrigo era el mayor, de 13 años. Sira, la mediana, tenía 7 años mientras que el pequeño Enrique había nacido antes del verano con lo que apenas tenía unos pocos meses de vida.

Germán trabajaba como gerente en una empresa de consultoría. Tenía 42 años y apenas disfrutaba de la familia debido a sus responsabilidades laborales. Del mismo modo, Antonia tenía un puesto de responsabilidad en la misma empresa, donde se conocieron. Ella era 2 años menor que su marido y, aunque por convenio le pertenecían más días para disfrutar de su hijo prácticamente recién nacido, no podía ausentarse del importante nuevo proyecto que comenzaba tras los meses veraniegos.

Por esos motivos, la señora Catalina era tan importante en sus vidas. La mujer llevaba con ellos prácticamente desde que nació Rodrigo. Los chicos casi le tenían más cariño a ella que a sus propios padres, a los cuales no veían demasiado.

-Mira lo que he encontrado en la panadería – le explicó Antonia a su marido entregándole un trozo de papel.

-¿Qué es esto? – preguntó él, incrédulo.

-Una chica que busca trabajo de canguro.

-¿Y vas a confiar en una niñata de…?

-19 años, universitaria, estudiante de económicas.

-Pues eso…

-Es mejor que nada. Podemos hacerle una entrevista y a ver qué tal. Además, lo de hacer entrevistas lo tenemos controlado – sonrió.

-Eso sí. Está bien, llámala y la conocemos.

-¡De acuerdo!

Antonia se dispuso a marcar el número de teléfono indicado en el anuncio.

-¿Sí?

-¿Milagros?

-No, aquí es para cuidar niños – bromeó dejando a cuadros a Antonia.

-¿Perdón?

-Es broma – se rió, con simpatía – Sí, soy yo. Supongo que llama por lo del anuncio.

-Sí, la mujer que cuidaba de nuestros peques nos acaba de dejar y estamos buscando alguien que la sustituya.

-Espere, ¿de cuántos niños estamos hablando?

-A ver, son tres, pero en realidad lo que nos interesa es que cuides del pequeño de 4 meses. A parte, pues sería dar de merendar a los otros, asegurarte que hacen los deberes… pero poco más. El mayor tiene 13 años y se encarga de traer a la hermana pequeña del colegio.

-Está bien… ¿podríamos hablar de los honorarios?

-Bueno, a mi marido y a mí nos gustaría conocerte primero.

-Entiendo.

-¿Qué te parece si te vienes a casa y así conoces a los niños?

-Está bien. ¿Me pasa la dirección?

-Sí, claro, apunta.

-Gracias.

El mismo día por la tarde, Milagros se presentó en la casa de Germán y Antonia.

-Hola Milagros – saludó la dueña de la casa.

-Pueden llamarme Mili – les indicó.

-Está bien, Mili, pasa. ¿Quieres tomar algo?

-No, muchas gracias – sonrió con simpatía.

Cuando Germán se presentó ante la joven universitaria se llevó una muy grata impresión. La chica era rubia, con el pelo rizado y bastante exuberante a pesar de su vestimenta formal. La muchacha estaba bastante buena, pero no quiso darle mayor importancia. Se presentó y se inmiscuyó en la entrevista.

-Pues necesito el trabajo para sacarme algo de dinero mientras acabo la carrera – explicaba – Las tardes las tengo libres y me encantan los niños con lo que pensé que cuidarlos podría ser la mejor opción. Además me deja tiempo para poder estudiar mientras ellos hacen los deberes – sonrió.

-Así que no tienes mucha experiencia en esto de cuidar niños – intervino Antonia.

-Bueno, nunca he trabajado de canguro, pero he cuidado siempre de mis sobrinos y no tengo ningún problema con ello.

Tras las consabidas preguntas referentes al puesto de trabajo, la conversación se fue desviando poco a poco.

-¿Y en qué curso estás de la carrera? – preguntó Germán.

-En segundo. Ciertamente de momento voy bastante bien. Espero que la cosa no se tuerza.

-Te seguiremos la pista. Tal vez necesitemos una joven y enérgica chica recién salida de la universidad para entrar como júnior en la empresa –  le doró la píldora el hombre, provocando la malhumorada mirada de su esposa.

-¡Vaya! Tal vez podrían contratarme ahora directamente como becaria – soltó astutamente.

-No cuela, que necesitamos una niñera – contestó el hombre, ahora sonriendo.

-Bueno, bueno, creo que ya es suficiente – cortó Antonia la conversación – Ya te llamaremos.

-Está bien. ¿Podría conocer a los chicos antes de irme?

-Cierto, se me olvidaba – contestó Antonia, que ya estaba por la labor de no contratarla.

A Milagros se le caía la baba con el pequeño Enrique. El bebé era precioso, con la cara redondita gracias a unos grandes mofletes, el pelo negro, ni demasiado extenso ni la típica pelusa de los recién nacidos y una expresión de niño bueno que era para comérselo.

Después conoció a los otros dos. Sira era una niña con cara de pilla, ayudada por las gafas y las dos coletas en la parte superior de la cabeza, cada una a un lado, que recogían todo su pelo. Por último, conoció a Rodrigo, un niño bastante corpulento para su edad, pero con una timidez impropia de su imagen. Le pareció curioso.

-Contratada, ¿no? – soltó Germán a su esposa cuando Milagros se hubo marchado.

-Claro… te ha gustado, ¿no?

-Por supuesto, me parece una chica adorable e inteligente. Dos factores determinantes para que le confíe a mis hijos.

-¿Y del par de tetas no dices nada?

-Vamos, Antonia, no seas cría.

-No, la cría es ella.

-¿Vamos a discutir por esto? ¿En serio?

-¿No lo crees necesario?

-Vamos a ver, por muy bien que esté la chiquilla, que ni me he fijado – mintió – posiblemente no la vaya a ver nunca. Eso lo primero.

-En eso tienes razón – confirmó pensando las horas intempestivas a las que su marido solía llegar a casa.

-Y lo segundo… estamos a nada de empezar a trabajar y no tenemos con quién dejar a los críos. Sinceramente, Mili no me parece para nada una mala opción así que tú verás. Es más, si decides no contratarla yo me desentiendo. Tú te encargas de buscar alguien que se ocupe de los niños.

Antonia caviló unos instantes. Su marido tenía razón y únicamente un repentino ataque de celos no debía ser motivo suficiente para desechar la única opción de niñera que tenían. Opción que, por otro lado, no era nada mala si no fuera por los horarios.

-De todos modos, ¿Qué hacemos por las mañanas? Cuando la niñata empiece las clases únicamente estará disponible por las tardes.

-Organización. Yo puedo llevar a Rodrigo y Sira al colegio a primera hora y tú puedes hacer media jornada o trabajar desde casa por la mañana. Que las reuniones te las convoquen por las tardes.

-Está bien – se bajó del burro a regañadientes – Tú ganas. La contratamos. Pero la llamo yo – añadió.

Milagros estaba contenta. Había tenido buena impresión de la familia y ganar un dinero extra le vendría de perlas. Era una chica bastante independiente y no quería tener que recurrir a sus padres cada dos por tres cuando necesitara dinero.

Por las mañanas iría a clase y, como no le daba tiempo a comer antes de que Antonia se marchara al trabajo, habían concertado que comería en la casa de sus nuevos jefes. El resto se lo conocía bien. Cuidar del bebé y controlar a los otros dos mientras aprovechaba todo el tiempo que tuviera para dedicarlo a la asignatura de turno. Como el horario de llegada de los padres era indeterminado, podía darse el caso que incluso tuviera que preparar la cena para los peques. En ese caso ella también cenaría y eran horas extras que cobraba. Si algún día la cosa se torcía, podía incluso tener que acostarlos y esperar a que llegara alguno de los progenitores mientras el contador seguía aumentando el número de euros sin tener que hacer nada, pero eso no sería lo habitual ni mucho menos.

El lunes siguiente transcurrió como tenían previsto. Germán se levantó temprano para dirigirse al trabajo. Como Milagros aún no había comenzado las clases llegó por la mañana para que Antonia pudiera asistir a la primera reunión del nuevo proyecto. La mujer le dio todas las indicaciones antes de marcharse apresurada.

Enrique resultó ser un pedazo de pan tal y como su rostro hacía indicar. Milagros lo agradeció. Con darle de comer, cambiarlo, controlar las horas de sueño y bañarlo, lo tendría todo hecho.

Al igual que ella aún no había empezado las clases, tampoco lo habían hecho los dos hermanos del peque. Sira se levantó antes de que su madre se marchara al trabajo. Antonia le dio de desayunar y la pequeña se puso a ver los dibujos en la tele con lo que no le dio mayor problema.

A media mañana se levantó el tercero en discordia. Rodrigo no le dirigió la palabra y Milagros comenzó a pensar si era demasiado tímido o si es que estaba demasiado apegado a su anterior niñera.

-Rodrigo, ¿quieres que te prepare algo para desayunar? – intentó entablar conversación cuando se levantó.

-Catalina me llama Rodri – soltó malhumorado.

-¿Y quieres que yo te llame Rodri también?

-No.

El tajante corte del muchacho la dejó descolocada. Y temió que fuera el mayor de los tres hermanos el que le diera problemas en lo que hasta ahora parecía un chollo de trabajo.

-Está bien, Rodrigo, pues cuando quieras comer algo me lo dices, ¿vale? – le insistió todo lo amable que pudo, pero no recibió contestación.

Al mediodía, Milagros preparó los macarrones que Antonia le había indicado. Mientras le daba el biberón a Enrique, oyó las quejas de Rodrigo.

-No me gustan.

-Si están como siempre – le replicó Sira.

-¡No! Catalina los hacía mejor.

-Está bien, chicos, no discutáis – concilió la nueva niñera - ¿Por qué no te gustan, Rodrigo?

-No lo sé – replicó sin levantar la vista del plato mientras jugaba a remover la comida con el tenedor.

En ese instante Milagros supo a ciencia cierta que el chico simplemente se había puesto en su contra como protesta por la ausencia de la anterior canguro. Se imaginó los largos lapsos que habrían pasado con la niñera en ausencia de los padres y sintió cierta pena por los hermanos.

-No le hagas caso, Mili, están buenísimos – reaccionó una entusiasta Sira.

-¿Quieres que te haga otra cosa? – le preguntó a Rodrigo.

-No – mientras pinchaba un macarrón y, con total parsimonia, se lo llevaba a la boca.

A Milagros ya no le sorprendió aquella actitud.

Por la tarde, mientras Rodrigo se iba con los amigos a jugar, Milagros bajó al parque con Sira y el pequeño Enrique. Estuvieron un rato. La universitaria paseaba al bebé mientras no quitaba ojo de la pequeña que jugaba en el parque con otros amigos de su edad.

Al volver a casa, Milagros preparó la merienda para Sira y, al poco rato, regresó Rodrigo que degustó, sin rechistar, el bocadillo de Nocilla que le había preparado.

-De esto sí que no te quejas, ¡eh! – insistió ella en ganarse la confianza del muchacho poco a poco.

-No – contestó secamente, pero al menos no con la cara de enfado que había tenido toda la mañana.

Mientras bañaba a Enrique y los dos hermanos mayores jugaban a la Wii, llegó Antonia que, al ser el primer día de Milagros, no quiso llegar muy tarde.

-¿Qué tal? ¿Cómo ha ido todo? – se interesó mientras observaba el manejo de la universitaria con el bebé.

-Muy bien. Todo como la seda.

-Deja, ya continúo yo – quiso seguir ella con las labores de bañar a Enrique una vez comprobada la soltura de la joven niñera.

-No hace falta… - pero la madre insistió, queriendo demostrar algo de lo que adolecía.

Entonces Milagros aprovechó para comentarle a la madre el extraño comportamiento de Rodrigo. Antonia no le dio mayor importancia y le confirmó lo que ya sabía.

-Estaba muy apegado a Catalina. Es normal, supongo que te acabará cogiendo cariño – soltó con cara de pocos amigos.

Tal y como habían acordado, una vez llegado uno de los padres, normalmente Antonia, Milagros se marchó antes de que llegara, en este caso, Germán. El día había concluido sin mayores problemas y el resto de la semana transcurrió por los mismos derroteros.

Una tarde de la semana siguiente, Germán estaba en su despacho terminando de contestar los emails que tenía pendientes de todo el verano. Tras finalizar, cualquier otro día hubiera encontrado cualquier cosa para seguir trabajando, pero ese día pensó que podría llegar pronto a casa. Antonia estaba reunida y saldría tarde.

-¿¡Hola!? – intentó comprobar si había alguien en casa al entrar.

-¡Hola! – se oyó una contestación a lo lejos - ¡Pasa, estoy cambiando a Enrique!

El hombre se dirigió a la habitación de donde provenía la respuesta. Al entrar divisó a la espectacular mujer que estaba limpiando a su hijo. Estaba de espaldas, ligeramente encorvada sobre la cama en la que estaba tumbado el bebé y pudo fijarse en los ajustados tejanos que dibujaban el perfecto trasero de la universitaria.

-¿Cómo va con el peque?

-Muy bien – se giró, sonriendo, para mirar al padre de la criatura.

-¿Dónde están los otros dos? – preguntó sumergido en la completa ignorancia.

-Han ido al cine con la mamá de unos amigos de Sira. Es la…

-Da igual, – la interrumpió – si tampoco voy a conocerla – evidenció lo poco que sabía respecto a sus hijos y sus amistades.

Germán se acercó a la cama y observó a su pequeño desnudo mientras Milagros le echaba polvos de talco antes de colocarle el nuevo pañal.

-¿Has visto mi machote? – preguntó jocosamente.

-¿Qué? – Milagros no le entendió.

Y Germán le hizo un gesto señalándole el pene del bebé.

-De tal palo tal astilla – bromeó indicando lo grande que era para tener tan sólo unos meses de vida.

Milagros no se podía creer lo que acababa de escuchar. Pero no se escandalizó y le contestó con parsimonia, acorde a su madurez y la costumbre de oír todo tipo de insinuaciones de toda clase de tíos en toda variedad de situaciones, aunque aquella fuera ciertamente una novedad.

-Eso habría que verlo – le sonrió con picardía, como queriendo jugar con él.

-¿Quieres que te la enseñe? – se precipitó un excitado Germán ante la respuesta de la chica.

-No, quiero decir que no me lo creo – y se alejó con el bebé en brazos tras haber terminado de acicalarlo – Dejo al pequeño en la poltrona y me marcho – añadió mientras se alejaba sin dar opción de réplica al padre.

Los días fueron pasando y Milagros comenzó las clases de un nuevo curso universitario. Germán se levantaba un poco antes para llevar a Rodrigo y Sira al colegio antes de dirigirse al trabajo. Por su parte, Antonia ya lo había organizado todo para tener las mañanas más liberadas hasta que llegara la niñera al mediodía. En ese momento partía rauda al trabajo y dejaba al bebé con Milagros, que esperaba la llegada de los otros dos hermanos para darles la merienda y ayudarles con los deberes.

-No, Rodrigo, ese no es número primo.

-¿Por qué?

-Porque se puede dividir entre 3 y entre 11

-¿Y cómo lo sabes?

-Porque soy muy lista – sonrió haciendo sonreír al joven muchacho, que intentó disimularlo.

-¡Has sonreído! – se rió Milagros.

-No – puso cara de enfadado.

-Sí, has sonreído.

-Claro, como te llamas Milagros, has hecho un milagro – intervino jocosamente Sira.

-¡Claro! – se rió la niñera – A ver cómo va lo tuyo – se dirigió a la pequeña ignorando a Rodrigo que se había vuelto a cerrar en sí mismo.

-Está muy bien. Ya podrías aprender un poquito de tu hermana – y le sacó la lengua a Rodrigo que volvió a intentar esconder la sonrisa que no pudo evitar.

La cosa parecía marchar. El bebé seguía sin darle demasiados problemas, Sira parecía ser una niña muy inteligente en todos los aspectos y Rodrigo parecía que empezaba a abrirse un poco más y a aceptarla. El único punto flaco parecía ser la insinuación del padre de familia con el cual no había vuelto a coincidir, por suerte.

Germán llevaba unos días inquietos. Nunca antes nada lo había distraído de sus funciones en el trabajo como lo hacía el recuerdo de la joven universitaria que cuidaba a sus pequeños. No podía dejar de pensar en su culo perfectamente colocado, su firme busto, su precioso rostro y la pequeña conversación que tuvieron la última vez que hablaron. Hubiera salido antes del trabajo gustoso, pero no quería ir a casa y encontrársela. Eso empeoraría las cosas. De repente sonó el móvil.

-Cariño, ¿cómo lo tienes para ir a casa a buscar a Sira?

-¿Qué pasa? – se asustó.

-Ha llamado Mili, que la niña se encuentra mal.

-¿Qué le pasa?

-En su clase hay una pasa de salmonelosis. Seguro que la niña también está afectada.

-¡Joder! No te preocupes, claro que voy.

-No tienes nada pendiente, ¿no? Yo es que tengo una reunión en 5 minutos.

-Tranquila, yo me encargo.

Germán corrió presto hacia la casa. No sabía si corría más por su hija o por ver a la niñera, que se había convertido en el objetivo de sus fantasías.

-Está en la cama, con fuertes dolores de barriga y ya ha vomitado un par de veces – le explicaba Milagros.

-Está bien. Me la llevo y en un rato vengo a verte – soltó inconscientemente.

Nada más soltar la frase se dio cuenta de la burrada que acababa de decir. Por suerte, la mujer no pareció darle mayor importancia.

Los síntomas de la pequeña Sira eran bastante graves con lo que se quedó hospitalizada. Germán esperó a la llegada de su esposa que había pasado por casa para ducharse con intención de sustituir a su marido y pasar la noche con su hija.

Ya era tarde cuando Germán regresó a casa. Rodrigo y Milagros estaban cenando.

-¿Cómo está la pobre? – se interesó la niñera.

-Bueno… supongo que tendrá que estar unos días en el hospital con lo que vamos a necesitar de tus servicios más que nunca. Primero de todo, gracias por lo de hoy. Ha sido un día complicado.

-No pasa nada – sonrió – Son cosas que pasan. Lo importante es que la pequeña esté bien.

-Yo no puedo ausentarme del trabajo y mi mujer, que está en el hospital, no puede dejar tirado a todo un equipo de trabajo que tenemos en un importante cliente. Así que mañana pasaré a buscar a mi suegra para que sustituya a Antonia en el hospital, pero necesito que mañana vengas a primera hora para que te quedes con Enrique.

-No hay problema – caviló y tras unos segundos añadió: - Mañana no tengo ninguna clase transcendente.

-Perfecto. Para los otros días ya contaremos con mi suegra. Tú tendrás que ir solo al colegio – se dirigió a su hijo.

-Ya – replicó asqueado, pero únicamente lo advirtió Milagros.

Siguieron hablando mientras cenaban. Milagros le sirvió la cena a Germán que se sumó a la degustación.

-Bueno, ¿ya se la has visto a Rodrigo? – le preguntó Germán en cuanto el chaval se marchaba tras finalizar la cena.

-¿Ya estamos con lo mismo otra vez? – se ofuscó ella sabiendo de lo que le estaba hablando.

-Vamos… ¿se la has visto o no? Es otro semental – se rio queriendo quitarle hierro al asunto.

-Pues no. No se la he visto. Ya es bastante mayorcito…

-Pues dile que te la enseñe un día y te cerciorarás de que no te miento sobre el tamaño de nuestra estirpe – sonrió.

-Por favor… será mejor que me vaya. ¡Es usted un viejo verde! – sonrió.

-No me llames de usted. ¿Cómo vas de novietes?

-Tú hace mucho que no ligas, ¿verdad? – se rió de su jefe.

-Hace mucho que no tengo una belleza como tú delante.

-¡Vale! – le paró – Me marcho que te estás envalentonando.

-¡Ya te echo de menos! – gritó bromeando un salido Germán mientras la niñera se alejaba.

Al día siguiente, tal y como habían quedado, Milagros se presentó a primera hora.

-¿Podrías hacerme el favor de despertar al chico? – le pidió Germán que tenía que salir pitando en busca de su suegra.

Al entrar al cuarto del niño, se sorprendió. Rodrigo estaba dormido, destapado, ataviado únicamente con su pijama de verano. La erección del muchacho era más que evidente.

-Me marcho, guapísima – la piropeó el padre de familia desde la otra punta mientras se alejaba por la puerta saliendo de la casa.

-Adiós – contestó por lo bajo mientras observaba, risueña, el enorme bulto del pequeño.

-¡Rodrigo, despierta! – gritó mientras levantaba la persiana.

Dio media vuelta para salir de la habitación sin mirar al muchacho que comenzaba a desperezarse. Pensó que sería la mejor forma de despertarlo, evitando así que el chico se ruborizara por su erección matutina.

-Arriba, que tienes que desayunar e ir al cole – concluyó.

Milagros observó a Rodrigo mientras desayunaba. Lo empezaba a conocer bien y sabía que estaba más apático de lo habitual.

-¿Qué te pasa, mocoso? – quiso ser simpática.

-Nada – respondió como siempre, de mal humor.

-Vamos, Rodrigo, sé que algo te pasa.

-Puedes llamarme Rodri – soltó sorprendiendo a su canguro.

-¡Vaya! ¿Debo sentirme alagada?

No hubo respuesta.

-¿Me vas a decir qué te pasa o voy a tener que llamar a Catalina para que venga a hablar contigo, Rodri? – el muchacho sonrió, esta vez sin disimulos.

-Nada, pero…

-¿Pero qué?

-Tú cuidas de Enrique… - pausa – mamá y la yaya están con Sira y… - otra pausa – mi padre no me lleva al cole…

-¡Vamos! No me digas que te vas a poner celoso con la edad que ya tienes.

-¡Yo no estoy celoso! – se quejó.

-Ya, claro… eres el niño más celoso que conozco – le chinchó.

-¡No es cierto! – se quejaba, pero no podía dejar de sonreír ante las tonterías de Milagros.

Con un poco de mejor humor, Rodrigo se marchó a clase y la niñera pudo encargarse de los cuidados de Enrique.

La mañana pasó volando, pensando en las clases que se estaba perdiendo. Llegó el mediodía, mientras le daba la papilla al bebé, cuando volvió Rodrigo del colegio.

-Tienes la comida preparada – le instó la niñera.

El chico no contestó y se sentó directamente en el sofá, poniendo la tele. Milagros pensó que tendría que volver a hacer terapia con el chico.

-¿No tienes hambre?

No hubo respuesta.

-Vamos, Rodri… ¿ya estamos otra vez como esta mañana?

El muchacho miró a la niñera, observando cómo le daba de comer a Enrique.

-¿Qué quieres? ¿que te dé a ti también de comer? – bromeó.

-Sí.

-¿Cómo a los niños chicos? – intentó burlarse para hacerlo cambiar de opinión.

-Sí.

-Vale, pero entonces te tendré que tratar como si fueras un niño pequeño para todo.

-Pues vale – contestó con la misma expresión de malhumorado de siempre.

-¡Ala! Pues vente que te doy de comer al mismo tiempo que a Enrique – decidió seguirle la corriente pensando que se avergonzaría y daría marcha atrás.

Sin embargo, Rodrigo se sentó al lado de Milagros, dispuesto a que le diera de comer. Y la niñera así lo hizo. Alternativamente le daba una cucharada de papilla a Enrique y pinchaba un trozo de carne para dárselo a Rodrigo.

-Ya está, voy a cambiar a Enrique – informó la mujer cuando hubo terminado.

Mientras lo hacía, Rodrigo se acercó a la habitación donde Milagros estaba con sus quehaceres. El chico observó a la universitaria limpiando a su hermano pequeño.

-¿Y yo qué? – soltó cuando el bebé estuvo listo.

-¿Qué quieres decir? – preguntó una descolocada Milagros.

-Me has dicho que me tratarías como a un niño pequeño.

La niñera no pudo evitar sonreír ante la ocurrencia del chaval. Lastimosamente pensó que el pobre estaba demasiado falto de cariño, de ahí su comportamiento.

-Igual eres demasiado mayor para eso, ¿no crees? – intentó conciliar con él.

-No. Soy un bebé. Tú misma lo dijiste antes.

-Está bien – seguía pensando que Rodrigo se avergonzaría tarde o temprano – Sube, que te pondré un pañal.

-Pues vale – la desafió.

Rodrigo se estiró sobre el cambiador de bebés que había sobre la cama. Confiada, Milagros hizo el resto.

Primero subió ligeramente la camiseta del chico, dejando a la vista la cintura del pantalón. Lo desabrochó y comenzó a bajarlo. Ante ella aparecieron unos bóxers ajustados que dibujaban el contorno de una buena herramienta. Sin duda, la erección que había visto por la mañana no engañaba. Bajó los slips de Rodrigo y observó, sobre un pubis lleno de unos pelos aún no demasiado largos, el más que considerable pito del chico. De tal palo tal astilla, recordó al pensar en el considerable tamaño, para ser tan sólo un bebé, de la pistola de Enrique.

-Levanta el pompis – le pidió a un mudo Rodrigo al tiempo que le cogía las piernas para alzárselas.

Con una de las toallitas húmedas limpió el culo del muchacho para acabar echándole un poco de polvos de talco. Finalmente le soltó las piernas, volviendo a la posición inicial. Milagros consideró que aquello ya era suficiente.

-¡Listo! – soltó mientras le subía los calzoncillos tapando el motivo de su incipiente excitación – No te pongo pañal porque los que hay son pequeños – indicó mientras le subía los pantalones y se los abrochaba.

-Gracias, Mili – le soltó el chico bajándose de la cama como si nada.

La mujer se quedó pensando en lo que acababa de presenciar. No se sintió mal por haberlo hecho, pero sí por haber tenido pensamientos un tanto fuera de lugar. Pensó en Germán y caviló si no mentía al insinuar que tenía una buena polla entre las piernas.

-¿Sí? – contestó Milagros a la llamada de teléfono.

Era Antonia.

-Ya estoy en el hospital con Sira. La van a dejar un día más ingresada porque aún no le quitan el suero.

-¿Qué quiere que haga?

-Germán está liado con lo que aún tiene para rato.

-Voy preparando la cena entonces, ¿no?

-Sí, muchas gracias – se esforzó por ser amable con la chica, a la que no tragaba simplemente por su belleza, pero debía reconocer que estaba haciendo una gran labor –Cuando mi marido salga del trabajo vendrá a buscar a mi madre y se irán para casa. Pero cuenta que será tarde. Disculpa.

-No pasa nada, señora Antonia. Yo le espero sin problemas.

-Está bien. Mañana ya podrás hacer el horario normal que ya estará mi madre para encargarse de Enrique.

-Perfecto. Y si me necesitan para algo más, coméntenmelo y miro a ver si puedo adaptar los horarios.

-¡Ay! Eres un cielo, pero espero que no sea necesario. Yo creo que mañana le darán el alta y podremos volver a la normalidad.

Tras concluir la conversación se dispuso a preparar la cena tal y como le habían indicado.

-¡A cenar! – avisó a Rodrigo para que se preparara.

Al llegar al comedor se encontró al muchacho aún sentado en el sofá viendo la tele.

-¿No me has oído, Rodri? Ya está la cena.

Pero el chico quería seguir jugando a ser un bebé. A Milagros no le sorprendió. Se dirigió al chavalín e intentó cogerlo en brazos

-¡Jolín! Para ser un bebé estás muy grandote – apenas podía con él.

-Vale… ya voy… - se resignó al comprobar que era imposible que la niñera pudiera llevarlo en brazos – Pero me sigues dando de comer, ¡eh!

-Que sí, tonto. Hoy eres mi bebé. Pero sólo hoy, ¡eh! – quiso asegurarse de que aquello no se convirtiera en un hábito para Rodrigo.

-Sí, sí, sólo hoy – contestó con firmeza.

La cena transcurrió igual que la comida del mediodía.

-Voy a bañar a Enrique y a acostarlo. Tú mientras puedes quedarte viendo el programa ese que tanto te gusta – le guiñó un ojo con complicidad, sabedora de que le entusiasmaba ver Top Gear, programa sobre el mundo del motor.

No llevaba ni 5 minutos con el bebé en remojo cuando Rodrigo hizo acto de presencia.

-¿No quieres ver hoy el programa? – se hizo la tonta, imaginándose lo que el muchacho quería.

-Prefiero verte cómo bañas a Enrique.

-Ya…

Mientras Milagros seguía con la labor, se preguntaba si finalmente Rodrigo se atrevería a pedírselo. Parecía más cohibido que cuando le pidió que lo cambiara.

Ya tenía al bebé listo y se dispuso a acostarlo saliendo del cuarto de baño sin que Rodrigo mencionara ni media palabra. Extrañada, sintió una leve decepción que se tornó en una mueca de alegría al escuchar al joven, inmóvil en el lavabo, mientras ella se alejaba hacia la habitación de Enrique con el bebé a cuestas.

-¿Vendrás ahora? – le preguntó con timidez.

-Sí, claro – contestó con el corazón incomprensiblemente acelerado.

Germán tenía un montón de faena y la cabeza demasiado ocupada como para ser tan eficiente como había sido siempre. Pensaba en su suegra a la que no le apetecía nada ir a buscar al hospital y, en menor medida, pensaba en su hija Sira. Supuso que estaría bien atendida en el hospital. Pero la que seguía quitándole el sueño era Milagros. Jamás sintió la necesidad de ser infiel a Antonia hasta conocer a la actual niñera que cuidaba a sus pequeños. Se esforzó en dejar de pensar en ella o jamás acabaría con todo lo que tenía pendiente.

-¿Qué quieres? – le preguntó Milagros al patidifuso Rodrigo cuando volvió de acostar a Enrique.

No hubo respuesta de un autista muchacho que agachó la cabeza, avergonzado, mirando el suelo mientras movía un pie de un lado a otro dibujando semicírculos sobre el suelo.

-¿Quieres que te bañe como a Enrique? – Rodrigo alzó la mirada - ¿Es eso?

-Sí… - contestó con un hilillo de voz.

-¡Jo! pensé que teníamos confianza como para que me lo pidieras sin tanta vergüenza.

-Ya…

-Mira, haremos una cosa. Hemos quedado que hoy eras mi bebé con lo que te voy a bañar como si lo fueras, pero no quiero que vuelvas a estar triste y tener esta actitud.

El chico seguía mirando al suelo sin dejar de mover el pie.

-Mírame – le pidió ella consiguiendo su objetivo – Que yo cuide de Enrique o que tu madre esté con Sira no quiere decir que te queramos menos. Tú ya eres un hombretón y has de comprender que tu hermana está malita. ¿Me entiendes?

-Sí.

-¿Seguro?

Afirmó con la cabeza.

-¿Mañana volverá todo a la normalidad y dejarás de ser un bebé?

-Sí, pero ahora aún lo soy, ¡eh! – quiso dejarlo claro haciendo reír a una enfrentada Milagros.

-Vamos a pegarle un buen baño a este pequeñajo – soltó intentando dejar la mente en blanco para obviar las posibles consecuencias que aquello pudiera tener.

Milagros retiró la camiseta del muchacho descubriendo un pecho abultado y un vientre liso. Todo sin un sólo pelo. Los brazos no estaban muy musculados, pero sí algo fibrados debido a la delgadez del chico. Se dirigió a los pantalones y se deshizo de ellos como ya hiciera anteriormente pudiendo observar nuevamente el voluminoso paquete de Rodrigo. Sin disimulo lo contempló aumentando sus ganas de seguir desnudándolo. Y así lo hizo. Retiró la tela de la ropa interior bajándola lentamente. Ante ella volvió a aparecer, colgante, el impresionante manubrio que el chico escondía entre las piernas. Milagros calculó que sobrepasaba los 10 centímetros estando en reposo.

-¡Venga, para la ducha! – y le soltó un cachete en el fornido culo para apremiarlo.

El muchacho se sentó en el suelo de la bañera y se estiró imitando a su hermano pequeño. Milagros encendió el grifo del agua y sopesó la temperatura. Cuando consideró que era la adecuada dirigió el teléfono de ducha hacia el cuerpo del chico y lo mojó mientras manoseaba el cuerpo con la otra mano.

Brazos, piernas, cara, cuello, hombros, espalda, torso, nalgas… Milagros sobó todas las partes del joven cuerpo, pero no se atrevió a tocarle las partes más íntimas, a las cuales únicamente les lanzó el chorro de agua de la ducha. La mujer cogió la esponja y echó sobre ella un hilo de jabón. Acto seguido la llevó al cuerpo del chico y empezó a frotarlo, llenándolo de espuma.

Milagros se extrañó de que Rodrigo siguiera sin tener una erección. En parte se sintió aliviada por evitar un momento tan embarazoso, pero también sentía un cierto resquemor al respecto. Sabía que a esas edades los chicos ya tenían el sexo en mente y había comprobado in situ las erecciones matutinas del muchacho con lo que se sintió ligeramente decepcionada por no poder provocarle una buena empalmada. Supuso que Rodrigo se había metido completamente en el papel de bebé.

-Anda, ponte de pie un momento – le pidió cuando quiso enjabonarle el trasero.

El muchacho le hizo caso. Tras enjabonarlo completamente, Milagros soltó la esponja y, antes de coger la ducha para quitarle el jabón, observó la estampa. Rodrigo estaba envuelto en un vestido de espuma con dos únicas aberturas. Una mostraba la cara de un chico del montón, pero que reflejaba una extraña pena que le partía el corazón. La segunda abertura mostraba una inconmensurable polla, única parte que se había librado de ser enjabonada.

La mujer alargó el brazo contactando con el pecho del chico. Lo acarició bajando por su vientre hasta alcanzar el pubis. Lo enjabonó con la mano como hiciera antes con la esponja en el resto del cuerpo. Bajó más, por la pierna del chico, evitando su aparato con un rodeo, depositando la mano en el muslo.

-Ya sólo falta esto por enjabonar – soltó justo antes de dirigirse hacia la parte interna del muslo de Rodrigo.

Primero le enjabonó los testículos, amasándolos y quitándose la represión que la había maniatado hasta el momento. Sintió que el pene del niño dada un pequeño respingo y no pudo evitar sonreír. Movió la mano sin separarse del sexo del chico, pasando de los huevos al tronco de la deseada polla. Con la mano llena de espuma, rodeó la verga del chaval, acariciándola para dejársela bien limpia.

Mientras recorría la carne blanda del chico, Milagros pudo notar cómo se iba endureciendo por momentos. La incipiente excitación que había surgido tras ver aquella polla por primera vez unido a las placenteras sensaciones de acariciársela y el aumento del ego al sentir la empalmada que ahora sí le estaba provocando fueron suficientes motivos para desinhibirla completamente. La niñera estaba masturbando el durísimo falo de 20 centímetros de Rodrigo.

El chico no se creía lo que estaba pasando. Si bien era consciente de lo buena que estaba su canguro, jamás la había visto con esos ojos. Hasta ahora simplemente había sido la mujer que cuidaba de él y sus hermanos pequeños. Aunque nunca había tenido relaciones sexuales más allá de algún ligero beso con alguna compañera de clase, sabía perfectamente lo que le estaban haciendo. Mas, no por ello estaba suficientemente preparado.

Milagros notó el tembleque de piernas de su joven amante. Sabía que estaba a punto de correrse y, de pie como estaba en la bañera, no quería que se matara de un golpe. Se separó de la gran picha con la esperanza de que no fuera demasiado tarde para evitar la corrida y sostuvo al indefenso muchacho para que no se resbalara.

 -Anda, mejor túmbate como antes que no quiero otro hermano hospitalizado – bromeó.

Mientras el chico se tumbaba, parsimonioso, ella se fijó en el cipote que no dejaba de dar respingos mientras Rodrigo parecía contener ciertos espasmos. Estaba intentando evitar el orgasmo. Ella sonrió y, bajando un poco la temperatura del agua, se dispuso a deshacerse del jabón que envolvía el cuerpo dl muchacho.

-¿Te has enfadado? – preguntó temeroso, asustado de que ella se hubiera molestado por la empalmada, por no haberse corrido o cualquier otra cosa. Lo único que quería es que aquello no concluyera ahí.

-No, tranquilo, Rodri – sonrió de oreja a oreja ante la evidente inexperiencia del crío.

-¡Ay! – se quejó al sentir el agua fría cayendo sobre su ardiente cuerpo.

-Un poco de agua fría no te vendrá mal.

-Ni a ti tampoco – le soltó colocando las manos para desviar el chorro hacia su cuidadora.

-¡Rodri! – se quejó mientras notaba el agua calando su camiseta.

El chico comenzó a reír elocuentemente.

-¡Joder! A mí no me hace gracia, que no tengo ropa para cambiarme – pensaba mientras notaba los pechos transparentándose a través de su empapada camiseta.

-Son bonitos – dijo al fin el chico viendo las rollizas ubres adheridas a la fina tela.

-Pillín… - no pudo evitar sonreír mientras le indicaba que saliera de la ducha.

Lo que pretendía conseguir con el agua fría había caído en saco roto ante la visión de sus exuberantes pechos. El chico seguía con una enorme empalmada. Milagros intentó hacer tripas corazón y comenzó a secar al chico con la toalla. Volvió a sobar todo su juvenil cuerpo, incluso el erecto pene y los colgantes testículos.

Las caricias de la universitaria unidas a la visión de la mojada camiseta no dejaban de atormentarlo. No hacía más que luchar en contra de la incipiente corrida, pero no pudo evitar manchar de líquido preseminal la toalla con la que ahora le estaba secando la niñera.

-Te visto y ya hemos terminado de jugar a lo del bebé, ¿de acuerdo? – le propuso pensando sensatamente que era lo mejor.

-¡Nooooo! – se quejó – Yo quiero seguir jugando…

-Está bien… te acuesto como a Enrique y ya – se reafirmó.

-Yo quiero que me sigas tocando… - soltó provocando las estridentes carcajadas de Milagros.

-De verdad, eres un cielo – y lo besó en la mejilla – Rodri, hay cosas que no deben hacerse con los bebés – le sonrió – Si quieres ser un niño pequeño como tu hermano no pienso seguir tocándote – pensó que aquella era una buena argumentación para quitarle la tontería de comportarse como un crío.

-¡Vale! – soltó entusiasmado – Ya no soy ningún bebé – y cogió el brazo de Milagros acercando la mano a su entrepierna.

La mujer, que no se esperaba esa reacción, instintivamente abrió la palma de la mano, rodeando el cipote del chico.

-Está bien, pero sólo un poquito – y le guiñó el ojo.

Mientras movía la mano lentamente pajeando al chico, se acercó a él para darle un piquito. Rodrigo abrió la boca instintivamente y, sonriente, Milagros le lamió los labios y la punta de la vergonzosa lengua que asomaba ligeramente. Se agachó poco a poco, sin dejar de masturbarlo, besando el joven pero desarrollado cuerpo del muchacho.

De rodillas, observó la punta de la durísima polla. El color blanquecino del líquido que seguía brotando y deslizándose por el glande le resultaba más que apetecible. Instintivamente aumentó el ritmo de las sacudidas, pero se tuvo que concentrar en aflojarlo si no quería que el pequeño comenzara a escupirle antes de tiempo.

-Esto te va a gustar –soltó antes de abrir la boca y dirigirla hacia su objetivo.

Con la lengua recogió el líquido preseminal de Rodrigo, que se estremeció ante el enorme placer que aquel simple roce le provocó. Un segundo lengüetazo y el adolescente tuvo que apretar el culo para no correrse, igual que había practicado tantas veces cuando se masturbaba. Cuando sintió el calor de la boca de Milagros rodeando su cipote supo que no aguantaría más. Tardó unos segundos en correrse, pero sintió que había sido al instante.

Sólo había tenido tiempo de saborear el pollón de Rodrigo un par de veces cuando empezó a sentir el tibio esperma depositándose en su experta lengua. No le hizo ascos a la mezcla entre el sabor amargo y salado del espeso elemento y siguió mamando el juvenil falo mientras seguía recibiendo ingentes cantidades de semen.

Milagros no había calculado bien la fogosidad del jovenzuelo y la cantidad de esperma que sería capaz de emanar así que tuvo que separarse de la polla para no ahogarse con tal cantidad de leche. Una vez liberada, la enorme manguera del chico aún siguió escupiendo, alcanzando el bello rostro de la rubia y dejando caer las últimas acometidas sobre el suelo del cuarto de baño.

-¡Goder! – vocalizó como pudo con la boca llena de lefa. Se giró hacia la bañera y ahí lo soltó todo – Menuda corrida.

Apoyado contra el lavamanos, sin fuerzas pero orgulloso, Rodrigo sonrió, satisfecho al sentir la admiración en la entonación de las palabras de Milagros.

Antes de que la mujer pudiera reaccionar, el chico, que parecía recuperar fuerzas con rapidez, alargó una mano para sobar uno de los grandes pechos de la niñera, que aún se transparentaban a través de la húmeda camiseta. Ella le dejó hacer durante unos segundos, convencida de que era la primera vez que sobaba una teta.

-¿Te gusta? – le preguntó antes de cogerle el brazo para apartarlo.

Rodrigo no contestó. Lo hizo su polla, que volvía a estar completamente tiesa.

-Supongo que eso es un sí – bromeó Milagros al ver el enorme rabo desafiando la ley de la gravedad.

Convencida de la cachondez que se había instalado en su cuerpo, dejó que el instinto actuara. Se quitó la camiseta dejando ver a Rodrigo un par de enormes pechos de la talla 95. El chico alargó el brazo para intentar un nuevo contacto físico, pero ella le detuvo. Volvió a arrodillarse ante el niño y le agarró la verga. Con cierta delicadeza se golpeó con ella en los pechos, haciendo que el incandescente glande chocara con sus durísimos pezones.

Rodrigo sintió el esponjoso contacto de los firmes pechos a través de su sensible polla. Le encantó la sensación. El roce con el rígido pezón era más placentero si cabe y no pudo evitar volver a intentar sobarlo con la mano. Esta vez la dueña de las tetas no le echó para atrás. Instintivamente jugó con el erecto botón, tocándolo con vehemencia con el dedo índice y, finalmente, apretándolo suavemente con ayuda del pulgar. Oyó un leve gemido de Milagros, que no dejaba de restregar la enorme polla contra el otro pecho.

La mujer retiró la mano del muchacho para acercarse aún más a él colocando el descomunal cipote entre sus tiernos pechos. Empezó un ligero movimiento acompasado que fue aumentando poco a poco, sintiendo el roce del juvenil falo aplastándose contra sus voluminosas tetas.

El chico se habría corrido al instante cuando sintió la húmeda boca de su niñera entrando en contacto con la puta de su polla cada vez que la mujer hacía el movimiento adecuado con la verga entre sus ubres. Sin embargo, la corrida tan reciente le ayudaba a retrasar el siguiente orgasmo.

-Mili…

-¿Qué?

-¿Me dejarías verte… - jadeaba – desnuda?

La pregunta la enterneció. Y la respuesta era clara. Pero debía asegurarse de que no la estaba cagando.

-¿Estás seguro de que quieres verme? – le preguntó, separándose de él.

-Pues claro – afirmó con rotundidad.

-¿Y qué pasa si quieres tocarme? A mí no me importa que lo hagas, pero quiero que tú estés seguro de que quieres seguir con esto.

-Mili, para mí es un sueño perder la virginidad contigo.

-¡Ey! – se quejó divertida – que nadie ha hablado de penetración.

-Bueno, bueno, ya veremos… - soltó con suficiencia sorprendiendo a una cada vez más excitada Milagros.

El pequeño Rodrigo parecía perder su inocencia y eso le gustó. Saber que el muchacho era consciente de lo que estaba sucediendo la tranquilizó. Se quitó las botas con la ayuda de su joven amante y luego se deshizo de los tejanos.

-¿También se te han mojado las bragas? – preguntó inocentemente.

-¡No, bobo! – se reía – Bueno, en realidad sí están mojadas, pero no de agua. Anda acércate.

Rodrigo se fijó en la humedad de la tela. No era tan grande como para que se transparentara, pero al pasar el dedo notó el viscoso líquido que hacía que el tanga de Milagros se adhiriera a su lubricado coño. Oyó a su niñera gemir lánguidamente cada vez que pasaba el dedo por la humedad así que siguió haciéndolo notando cómo la prenda cada vez estaba más empapada hasta que, finalmente, comenzó a divisar a través de la misma los labios vaginales de la universitaria.

Milagros apartó la tela del tanga a un lado mostrando, por primera vez en su vida, un coño a Rodrigo. La mujer se quedó mirando fijamente al chico, para ver cómo reaccionaba. Le hizo gracia la cara de pasmado que rápidamente se trasformó en cara de pillo. Se sorprendió al ver cómo agachaba la cabeza para dirigir la boca a su chorreante raja.

-Qué buen instinto tienes, cabronazo – le instó al sentir la jovial lengua recorriendo, de arriba abajo, toda la longitud de su coño.

-Está rico – soltó alzando la cabeza con la barbilla llena de los jugos vaginales.

Milagros sonrió, con la cara desencajada. El único motivo que le impidió reír a carcajadas, a pesar de lo gracioso que había estado el muchacho, era el desproporcionado calentón que tenía encima.

-Pues cómetelo todo – susurró cuando el niño ya había vuelto a meter la cabeza entre sus piernas.

La energía juvenil se hacía notar. El chico no parecía cansarse de chupar. Estaba cercana al orgasmo. Sólo necesitaba que le dedicara unos segundos a su clítoris, pero no podía pedirle peras al olmo. Usó la mano para masajearse el sensible punto. Tan sólo un momento y explotaría en la boca de Rodrigo. Estaba a punto cuando el muchacho la sorprendió sustituyéndola en los quehaceres de masajear el erecto clítoris.

No supo si es que era el momento o si le encantó que el pequeño la tocara ahí, pero la corrida fue intensa y duradera. El placer recorrió todo su organismo, sintiendo cómo se erizaban todos los pelos de su escultural cuerpo.

-¿Te has corrido? – le preguntó un ingenuo Rodrigo.

-Claro que sí, amor – le respondió cariñosa cuando se hubo recompuesto.

-Pues de puta madre, ¿no?

-Sí, de puta madre – ahora sí se rio todo lo que no pudo antes.

El chico se levantó del suelo, con la verga aún completamente tiesa, y ofreció su mano a la niñera para ayudarla a levantarse, haciéndola sonreír de satisfacción.

-Supongo que habrá que poner remedio a eso – le acarició la gruesa polla - ¿Quieres que te la chupe? – Rodrigo estuvo tentado de responder afirmativamente con entusiasmo, pero él quería perder la virginidad así que se contuvo procurando no hacer ningún tipo de mueca - ¿O quieres hacer el amor? – propuso ante la actitud cariacontecida del muchacho.

El chico sonrió ante esa propuesta provocando a su vez las muecas de aprobación en el rostro de Milagros.

-Vamos a tu cuarto.

Antes de entrar a la habitación, Milagros le dio nuevas instrucciones:

-Túmbate en la cama, que vengo enseguida.

Al volver con uno de los preservativos que llevaba en el bolso, le gustó la estampa que se encontró. Rodrigo estaba estirado sobre el colchón, tal y como le había indicado, agarrándose el mástil, que apuntaba tieso hacia el techo, completamente en vertical.

-De aquí en adelante espero que no te olvides nunca de usar esto – le indicó mientras le colocaba con mimo el látex a lo largo del pollón.

-No te preocupes. Soy un chico responsable – contestó demostrando que realmente era más maduro de lo que aparentaba y volviendo a robarle una sonrisa a la rubia.

La mujer se subió a la cama, pasando una pierna sobre el joven muchacho que quedó tumbado entre las largas piernas de Milagros. Comenzó a bajar su cuerpo flexionando las rodillas y no tardó en sentir la dureza de la verga chocando con sus hinchados labios vaginales. Se la restregó unos segundos, aumentando su desorbitada libido, y bajó un poco más sintiendo cómo aquel enorme trozo de carne se adentraba en su interior.

Rodrigo notaba el calor que el coño de su amante desprendía alrededor de su polla. Le gustó sentir los pliegues del chocho en la punta de su verga, pero la sensación que experimentó cuando Milagros bajó su cuerpo dejando que la penetrara fue inconmensurable. La enorme sensibilidad de su miembro le permitía sentir cada roce con el interior de su cuidadora. Notaba que estaba a punto de estallar, pero podía controlarlo mejor que la primera vez e hizo todo lo posible por hacer perdurar esas sensaciones.

No pudo reprimir las ganas de besarlo. Milagros inclinó su cuerpo buscando el rostro del muchacho. Esta vez, sin timidez alguna, Rodrigo sacó su lengua a pasear y ambos se comieron la boca con deleite. Aquel gestó pareció desconcentrar al joven, que empezó a estremecerse bajo el cuerpazo de la estudiante universitaria. Ella aumentó el ritmo del movimiento de su cuerpo, incrementando el frenesí del momento.

Endiosado, Rodrigo comenzó a bombear con fuerza levantando su culo e insertándole el rabo con fuerza a la niñera, que recibió gustosa las fuertes embestidas. Eran los últimos coletazos del muchacho que consiguió arrancarle un nuevo orgasmo a la experimentada mujer antes de empezar a eyacular todo lo que le quedaba en los huevos.

Con la convulsa polla aún en su interior, Milagros se dejó caer sobre su joven amante. Rodó a un lado, sintiendo el morcillón pene saliendo de su chorreante raja. Ambos cuerpos sudorosos se quedaron inmóviles unos segundos, escuchando sus propios corazones que latían con fuerza.

-Polvazo, nene – se sinceró ella.

-Gracias – respondió sonriendo un orgulloso a la par que agradecido Rodrigo.

La mujer fue la primera en alzarse, agarrando la flácida polla del chico para sacarle el condón mientras le daba un último beso. El chico reaccionó alzando su cuerpo, alargando el morreo y haciendo sonreír a la mujer que dejó caer el preservativo en el suelo.

-¿Milagros? – se oyó en la entrada de la casa.

-¡Corre! – se alteró la niñera – ponte el pijama y hazte el dormido – le pidió mientras corría rauda a evitar que la pillaran - ¡Sí, estoy en el cuarto de baño! – gritó.

Por suerte, la anciana madre de Antonia retrasó lo suficiente a Germán que, cuando llegó al cuarto de baño, se encontró con todo recogido.

-¿Cómo ha ido? – se interesó el hombre.

-Bien. Yo tengo que marcharme que ya es tarde – se excusó debido a las ganas que tenía de marcharse tras lo ocurrido con Rodrigo.

-Tranquila, mujer. ¿Por qué no te quedas un rato y nos tomamos algo? Luego te llevo yo a casa – se ofreció.

-No, de verdad. Prefiero irme ya.

-Pues te acerco en un momento – insistió.

-¿Y si Enrique se despierta? Es igual, de verdad, muchas gracias.

-Está mi suegra para eso – le hizo saber acercándose más a su presa.

De repente apareció la anciana.

-Hola, hija. ¿Tú eres la chica que cuida de mis nietos?

-Sí, señora.

-Anda, dame un beso.

Milagros se fijó en la pobre mujer. Aparentaba ser bastante mayor y parecía bastante cascada. Se sintió mal al pensar que había estado tanto tiempo con Sira en el incómodo hospital y comprendió porque no la dejaban a cargo de los tres niños.

-Bueno, encantada de conocerla. Yo me tengo que marchar ya.

-¿Seguro que no quieres que te acerque un momento?

Milagros le respondió con la mirada, señalando a la anciana abuela haciéndole ver que no era muy responsable por su parte dejarla a esas horas pendiente del bebé. El hombre por fin dio su brazo a torcer.

La canguro ya se había marchado cuando Germán llamó a su mujer mientras la abuela se acostaba.

-Ya estamos en casa.

-Perfecto. ¿Cómo están los niños?

-Pues ni los he visto – contestó mientras se acercaba a la habitación de Enrique – El pequeño duerme como un lirón.

-Como siempre – repuso Antonia.

-Y el otro ya es mayorcito – observó el padre mientras se dirigía a su habitación.

-Está bien. Cualquier cosa me llamas.

-De acuerdo – y colgó justo cuando echaba un vistazo dentro del cuarto de Rodrigo.

No sabía qué era, pero extrañó el ambiente de la habitación. Decidió entrar y comprobó que su hijo dormía tranquilamente. Se imaginó que eran imaginaciones suyas justo en el momento en el que divisó algo que se iluminaba a la luz de la luna que entraba por las rendijas de la persiana. Fue a mirar qué era y flipó al encontrarse con un condón lleno de esperma.

-¿¡Pero qué coño!? – soltó por lo bajo, pensando qué podía significar aquello.

Primero imaginó que Rodrigo se habría masturbado usando un preservativo aunque no se hacía a la idea de dónde lo habría sacado. Mas no le cuadraba que lo hubiera dejado ahí tirado. Y entonces lo supo. El ambiente enrarecido de la habitación… ¡olía a sexo! Las prisas de Milagros, el condón lleno de esperma, el inconfundible olor… Salió presuroso de la habitación.

-¡Joder! – balbuceó - ¡joder! Hija de puta… - la rabia le consumió por dentro. La deseaba tanto y la muy hija de puta se había tirado a su pequeño, ignorándolo a él por completo.

Sintió una total frustración en el instante que se dio cuenta de la empalmada que tenía. Inconscientemente la situación tan morbosa lo había puesto enormemente cachondo. Se dirigió al cuarto de baño y se desnudó por completo. Cerró los ojos imaginando a la zorra de la niñera chupando el enorme rabo que sabía que tenía su pequeño Rodrigo. Tuvo que reprimirse un poco para no correrse en ese instante. Se agarró los 12 centímetros de erecta polla y comenzó a masturbarse pausadamente sin dejar de pensar en todas las guarradas que la rubia universitaria le habría hecho a su pequeño hasta que explotó manchando el espejo del cuarto de baño donde se reflejaba su patética imagen.

Más calmado tras la corrida, se sintió orgulloso de Rodrigo. Había perdido la virginidad con una tía buenísima, ni más ni menos que la protagonista de los sueños inalcanzables de su padre.

De tal palo tal astilla, pensó apesadumbrado en la ruin táctica que había utilizado para intentar acostarse con la canguro. Sabedor de los enormes penes de sus hijos, que habrían salido a la familia de Antonia imaginó, intentó hacerla creer que él tenía un aparato acorde al de ellos. Maliciosamente concluyó que ahora más que nunca tenía que seguir con el plan. Ya había catado al hijo. ¿Tendría ganas de catar al padre?

Al día siguiente, Rodrigo despertó feliz. Todo lo ocurrido el día anterior lo había transformado. Ya no se sentía acomplejado, apenado ni celoso. Sólo sentía dicha. Con renovadas energías se levantó con ganas de ir al colegio.

-Hola hijo – le saludó Germán, más efusivo de lo normal.

-Hola papá – le devolvió el saludo, extrañado por la infrecuente expresión de orgullo de su padre. No le dio mayor importancia.

51 Response to "La niñera"

  1. Anónimo 1 de febrero de 2013, 19:06
    Vas a escribir una segunda parte de este relato?
  2. doctorbp 2 de febrero de 2013, 0:53
    Hola lector anónimo :)

    Me pregunto si te ha gustado el relato. ¿Te atraería que escribiera una continuación? ¿qué te gustaría que contara en ella? No sé... me das muy pocos datos, me agradaría saber tu opinión respecto al texto.

    Lo cierto es que no tengo en mente hacer una segunda parte. Ya he contado todo lo que quería contar de estos personajes. Pero si tienes alguna sugerencia estaría encantado de conocerla.

    Un saludo y gracias por participar.
  3. Anónimo 2 de febrero de 2013, 23:39
    bueno al igual que noche descontrolada, lo dejas con un final abierto. Eso y leyendo algunos comentarios, no deja un buen sabor de boca. tienes material para acabar ambos relatos con un final cerrado. por ejemplo el chantaje, y un final inesperado, tanto para Merche como para milagros. en ambos relatos, los "antagonistas" saben cual fúe su error y podrian, sacar proyecho de ello. pero en fin.
    y repondiendo a tu pregunta de si me gusto o no. la verdad es que si, me encanto. pero hay una cuestion que quería plantearte. ¿Por qué, todos tus relatos se basan en la infidelidad?, es algo que me llevo cuestionando hace ya mucho, incluso en tu relato de incesto, con una chica, su hermano, su sobrino y sus compañeros de clase, acudiste a una infidelidad, eso me corroe, en serio, y supongo que no seré el único que lo piensa. La infidelidad es un tema serio, que a veces, pro ejemplo mi caso, me hace recordar, momentos doloros, de mi vida, pues en muchos aspecto, se parecen tus escritos.
    Pero en fin. sigue escribiendo así de bien, me encanta leerte, eres Junto a SHADOW, y GATAENPATINES de TodoRelatos, mis autores predilectos
  4. Yuri 3 de febrero de 2013, 3:43
    Lo primero decirte que si no puedes mantener el ritmo mensual, no pasa absolutamente nada. Para tus lectores es un regalo que sigas publicando, asi que si no se puede, pues no se puede jeje. Como siempre, gracias por seguir escribiendo todo lo que puedes.

    Voy al relato que nos ocupa. Como siempre, magistralmente escrito (creo que hay un nombre que baila - un Enrique donde tendría que ir Rodrigo - pero creo que nada más jeje).
    En cuanto a si me gustó o no... He de decir que no es el que más me ha gustado. Es que aunque lo expliques bastante bien, me cuesta imaginarme cómo Milagros puede calentarse con un chico de 13 años. No sé, me cuesta imaginarmelo y me meto menos en el relato. Opinión personal jeje.
    Por otro lado, me suelen gustar los "antagonistas" y Germán me ha encantado. Aunque iba demasiado "a saco" desde el principio, pero es parte de su encanto de gañan bien vestido jeje.

    Y contestando al amigo Anónimo de arriba, yo tengo que decir que me gustan este tipo de relatos de infidelidad, chantaje, no consentido pero disfrutado. Por supuesto que son cosas muy serias en la vida real. Pero para mí estos relatos son fantasías, y como tales las disfruto. El único relato que me dejó un poco de mal cuerpo fué el de "Sin tetas no hay trabajo". Por otra parte, para gustos los colores por supuesto.
    Aunque en este relato no hay infidelidad como tal. German lo intenta pero estaba claro que no iba a pasar nada (por las categorias en las que se incluye más que nada jeje).

    En fin, gracias otra vez, y sigue deleitándonos con estos relatos que da gusto leer.
  5. Straccia Tella 4 de febrero de 2013, 16:19
    Hola!!

    Muchas gracias por este nuevo relato. Y como dice Yuri, tómate el tiempo que necesites entre relato y relato. Calidad antes que cantidad :)

    Y una vez más calidad el relato tiene de sobra. Muy bien contada toda la historia de principio a fin, y muy bien creado el escenario.

    El único 'Pero' que le encuentro al relato es el personaje de Rodrigo. No me parece muy veraz que Milagros tenga semejante calentón con alguien de 13 años que se comporta como uno de 5 malcriado. Además la escena del cambio de pañales me ha descolocado mucho... es como más triste que erótico.

    Igual si hubiera sido el tipico niñato flipadillo que se cree que lo sabe todo, pues me hubiera parecido más posible (aunque también habría sido un escenario más típico)

    Pero bueno, incluso con eso, me parece un muy buen relato :)

    Y sobre lo de que haya infidelidad en tus relatos, a mi me gusta. Quitando el de 'Sin tetas no hay trabajo' que me pareció muy cruel, todos tus otros relatos me han gustado. Al final al leer, busco situaciones que no se dan en la vida real. Es obvio que no me gustaría que me pusieran los cuernos, pero tampoco me gustaría ser la protagonista de un relato de sexo no consentido y sin embargo me los leo.

    Así que escribe sobre lo que te guste escribir en cada momento y seguro que no dejaremos de leerte!!

    Un beso
  6. doctorbp 4 de febrero de 2013, 20:49
    Primero de todo agradecerte, lector anónimo, tu nuevo comentario. Ahora sí entiendo el primero :)

    Al igual que dije con "Noche descontrolada", no creo que el final de "La niñera" quede abierto. ¿Que se podría continuar? Sí, pero tendría que tener algo interesante que contar para ello. Además, creo que los finales ambiguos tienen su gracia y creo que estos dos relatos son de ese estilo.

    Sobre el tema de la infidelidad, dos cosas. Primero, puedo entender que personas lean sobre ello y se sientan identificadas y, por consiguiente, recuerden momentos que tal vez fueron duros en su día. Os puedo entender, a pesar de que todos seamos conscientes de que esto no es más que historias fruto de mi imaginación, nada que ver con la realidad. Pero insisto en que os entiendo. Por otro lado, que esto sea así me hace plantearme que debo estar haciendo algo bien, pues lo que pretendo es que la infidelidad sea creíble.
    En segundo lugar, y a colación con la idea de que esto no son más que fantasías, la infidelidad da mucho juego, morbo en este tipo de relatos. Supongo que me inspira para escribir estas historias. Y, al igual que a mí, hay muchos lectores a los que les gusta fantasear con ello.
    No obstante, me hace gracia que me preguntes esto justo en uno de los pocos relatos en los que no hay infidelidad. Dicho lo cual, te agradezco la pregunta. Ojalá todos los que me leen me preguntaran cosas.

    Yuri, Straccia, gracias por la comprensión. Lo cierto es que el primero al que no le gustará no poder mantener el ritmo de publicaciones seré yo. Espero que vuestra complacencia no se deba a que el nivel de mis textos ha decaído, que podría ser :(

    Así que si el niño de 13 años es un malote, bienvenido el polvo. Si el pobre es un buen chico, que se quede sin disfrute. ¡Qué malos sois! Fuera bromas, comprendo que a muchos les cueste entrar más en esta historia debido al personaje masculino. En realidad este texto no es más que una fantasía que tenía de pequeño y que de adulto he convertido en relato.
    Pero intentando dar una vuelta de tuerca más, la idea del texto pretendía mostrar la compasión de Milagros por un chico que se siente triste, un chico al que le devuelve la alegría gracias al sexo, liberándolo de la pena por la falta de cariño de sus padres. ¡Toma ya! Mensaje oculto en un relato porno, lo nunca visto :P Asumo que tal vez podría haber hecho que Milagros hiciera lo mismo sin necesidad de excitarse tanto, como haciéndole un gran favor a Rodrigo. Tal vez habría sido más verosímil..

    Por cierto, sobre el tema categorías... podéis darme vuestra opinión. Alguna vez me he planteado quitarlas o ponerlas al final del texto (no sé si seré capaz jeje). Muchas veces intento despistar poniendo en liza varios personajes, forzando la historia para que parezca una cosa y luego sea otra... y me jode tener que poner la categoría que indica claramente lo que va a pasar jaja

    "Sin tetas no hay trabajo" se va a llevar el galardón al relato más odiado. Usando la misma argumentación del principio, supongo que es meritorio llegar a provocar algún tipo de sentimiento, aunque no sea placentero precisamente.

    Gracias por permitirme debatir sobre mis propios textos. Este comentario es la recompensa por publicar :)
  7. Anónimo 5 de febrero de 2013, 21:06
    buen relato me a gustado
  8. doctorbp 5 de febrero de 2013, 22:25
    Yuri, corregido el error en los nombres :)
  9. Sex Shop 6 de febrero de 2013, 12:48
    Muy buenoooo!!!!!!!!!!!!!!!!!!
  10. Anónimo 2 de marzo de 2013, 19:44
    joder!!!! Yo quiero una niñera de esas gracias por tus relatos es el primero que comento en mi vida desde que entro a la página y ya tengo varios meses jaajajaj
  11. J.A.H.B. 5 de marzo de 2013, 3:18
    Me gustaría preguntarte, ¿escribes algún otro tipo del relato o novela,?,pienso que lo haces porque no creo solo te dediques a un genero.
  12. doctorbp 6 de marzo de 2013, 0:52
    Pues desde que tengo el blog casi todos los huecos que encuentro para poder escribir los dedico a los relatos eróticos. Aunque será imposible, me gustaría poder mantener el ritmo de publicación de un relato al mes.

    Pero en otras épocas sí he escrito otro tipo de cosas. Hace unos años tuve otro blog en el que escribía pensamientos, ideas filosóficas o simples opiniones. También he escrito pequeños relatos que no tienen nada que ver con el porno, algún poema cuando era pequeño, muchas cosas cuando estuve enamorado... bueno, supongo que va por épocas.

    ¿Y qué te puedo decir sobre la novela? Durante mucho tiempo pensé en escribir una y creía que podía hacerlo. Pero pasados los años me di cuenta de que era un reto demasiado difícil. Sobre todo falta de tiempo, pero también de conocimientos, aptitudes, perseverancia, metodología y... tal vez una buena idea. Hace algunos años creí tenerla, pero no pasé de las primeras páginas. Creo que hacerlo bien es más difícil de lo que parece.

    Gracias por el interés J.A.H.B :)
  13. Moonlight 2 de abril de 2013, 2:25
    Este es el último relato cuyo comentario tengo pendientes, hasta ahora, y espero que el último. El último que deje pendiente de comentar, no el último que comentaré. Te prometo haces un esfuerzo y dejar el comentario al terminar de leer porque luego me pasa lo que está pasando ahora. ¿Qué te digo?

    De todas formas, que sepas que los relatos que te he comentado hoy, 2 de abril, aunque no dicen nada sobre el relato porque soy gilipollas, debo asegurarte que me han gustado. Se de qué van, recuerdo muchas cosas, pero no lo tengo lo suficientemente fresco para dejar un comentario decente, aunque los de hoy tampoco lo son. Todos los que he leído me gustan, y seguramente los que leeré también me gusten, por eso debes saber que los voy a leer para deleitarme.

    Te pido disculpas por dejarte comentarios en este plan.

    Un beso. Sonia.
  14. doctorbp 4 de abril de 2013, 1:18
    Moon, sobre todo, no me pidas disculpas por comentar. Es mucho más de lo que hace la mayoría :)

    Que los comentarios han sido una mierda, pues sí jaja para qué negarlo. Que me molaría más que me comentaras tras terminar de leerlo o, al menos, poco tiempo después, pues sí también.

    Pero al menos sé que los has leído y que te han gustado. Ya te he dicho que si algún día tienes que meterme caña, no te cortes.

    Y, por último, te agradezco por lo menos la intención de esforzarte en comentar. Pero que si supone mucho problema tampoco pasa nada!!! Tampoco quiero que te agobies, a ver si al final vas a dejar de leerme porque te dé pereza comentarme. Tampoco sería eso, eh! xD
  15. ChristianTR 19 de mayo de 2013, 5:09
    Joer, me ha encantado. Mi fantasía también era algo similar, solo que se trataba de la niñera de mi sobrino, cuando él y yo aún vivíamos en casa de mis padres, ahí ahí todos los familiares en una sola casa. Y lo gracioso es que ella también era rubia. Pero estudiante de secundaria, como yo.

    Vamos a ver, los finales abiertos tienen su gracia. Que cada uno imagine como mejor le parezca el final. A mí me jode porque esto no es directamente un par de pasillos como posibilidades para finalizar... macho esto es un maldito desierto con infinitas de posibilidades. ¿De mi parte? El padre seguirá apretando el acelerador, y con un poco de chantaje, conseguirá su objetivo. Ella accederá, pero no podrá quitarse al hijo de sus pensamientos. Más adelante deberá debatirse entre ambos. No sé qué más, hasta ahí doy XD.

    No le puedo poner peros. Aquí los personajes son los justos y necesarios. Perfectos. La escena sexual es increíble, lenta, morbosa, ¿cómo cojones lo haces? Voy a copiar y pegar directamente de tus relatos para cuando yo me vea forzado a poner chicha XD

    Por último... sé que tú eres de los míos. Somos freaks XD Dime que eso de "¿¡Pero qué coño!?" está inspirado en el famoso Alfonso Vallés, doblador de Solid Snake para MGS1. Ayyyy lo que me he descojonado imaginando la cabeza pixelada de Snake sosteniendo un condón usado.

    Un abrazo. Un relato exquisito.
  16. doctorbp 20 de mayo de 2013, 2:19
    jajaja siento decirte que no he jugado a ningún Metal Gear así que no me he inspirado en Alfonso Vallés. Espero que esto no haga que te guste menos el relato porque me alegro un montón de que te haya encantado como dices.

    Describir la escena sexual como lenta y morbosa es uno de los mayores elogios que me pueden hacer. Es justo lo que pretendo con casi todos mis relatos. Lo de increíble no sé cómo tomármelo, pues lo que intento conseguir es que además sea creíble :P

    Vieri, un honor tenerte por aquí, en serio.
  17. Steamer 1 de junio de 2013, 4:39
    He Vuelto....
    ¡En forma de fichas!

    Mientras que el relato sigue teniendo un gran nivel. Recibe una serie de críticas por parte de las mujeres en el Blog.
    Mientras que por otro lado a los hombres les encantó el relato.

    Tengo mi teoría.

    En mi opinión, esto es una fantasía Masculina. Pero cae en pedazos ante la perspectiva femenina.
    No es que el personaje no se lo 'merezca'. Sino que hay comportamientos en un hombre, que, a la mujer común y corriente, le matan cualquier tipo de ansiedad sexual.

    A una mujer no le atrae un hombre sumiso, un hombre al que ella ve como 'tierno'.
    Por eso hay tantos friendzones.
    ¡Es el tipo perfecto! Pero no hay click. Sencillamente no existe ese tipo de sentimientos en ella.

    Al menos yo, disfruté el relato.
    Y No creo que necesite una secuela, pero esas serán consideraciones tuyas.
    ------

    Del tema de Infidelidad.
    A uno le gusta, lo que le gusta.

    Y los relatos de infidelidad son los que me llaman para leer.

    La humillación, la perversión, lo prohibido...

    De hecho, me agradaría ver cuales son sus autores/relatos favoritos.
    Incluso si es fuera de TR.
    Quizá hubo alguno que no vi, y creo aquí todos tenemos una sensibilidad similar.

    De hecho es un tema que busco en el resto de.. la media erótica *like a sir* que busco.

    -----

    Acerca de escribir.
    No temas tardarte meses y años en una historia que vale la pena.
    No temas matar proyectos que creas se han ido al caño.
    No temas en escribir 2 historias al mismo tiempo.
    No te dejes influenciar por nosotros.

    Los mejores autores escriben por gusto, no para el público.

  18. Steamer 1 de junio de 2013, 4:43
    Menos mal. Le di publicar y luego me pidió hacer el login.
    Si me borraba mi comentario me daba rabia loca.
  19. doctorbp 2 de junio de 2013, 20:35
    Hola Steamer! Una alegría tenerte de vuelta :)

    Interesante teoría sobre las diferentes sensaciones que transmite el relato para hombres y para mujeres. Y es posible que tengas bastante razón.
    Efectivamente, esta historia no es más que una fantasía que tenía de pequeño y, como tal, supongo que puede ser la de muchos otros hombres. Seguramente, trabajar de niñera y acostarte con el joven al que cuidas no debe ser una fantasía muy extendida entre las mujeres.

    Y gracias por esos consejos finales. Estoy completamente de acuerdo en lo de escribir por gusto.
  20. Anónimo 10 de junio de 2013, 21:21
    Lo típico.seria que en la continuación lo hiciera com el padre pero seria mas excitante que tuviera algo con la mama que esos celos fueran por sentirse atraída
    Felicidades por tus relatos
  21. doctorbp 11 de junio de 2013, 17:35
    Interesante propuesta, la cual demuestra que para gustos, los colores.

    Esto me reafirma en mi idea de no escribir para contentar. Primero porque sería imposible contentar a todos y segundo porque creo que la calidad del relato se resentiría.

    En definitiva, que si algún día alguna propuesta me encaja o se me ocurre algo que me guste para continuar alguna historia lo haré, pero no de forma forzada.

    Saludos!
  22. Anónimo 7 de agosto de 2013, 7:14
    muy buenaa historia
    estaria bueno en chantaj de parte del padre y del hijo!!
  23. Anónimo 20 de agosto de 2013, 8:06
    La verdad yo soy mujer y puedo decir que me gusto demasiado...

    Y el hecho de que se trate de un chico de 13 años y una chica mayor le da morbo al asunto...

    La verdad ver a un chico inexperto, tímido que se sale de sus cabales por la situación en la que se encuentra es muy lujurioso y excitante...

    Y son fantasía que a muchos les gustaria tener...

    Igual a quién no le gustaria ser el primero en obtener la virginidad de alguien¿?

    A decir verdad el relato esta muy bien detallado y bastante llamativo...

    Puedo estar segura de que es un buen relato...

    Suerte con tus próximas historias... :)

    Se despide Su...
  24. doctorbp 20 de agosto de 2013, 17:22
    Me gusta recibir comentarios de relatos que fueron publicados hace tiempo :)

    Igual me repito, pero está claro que, como todo, los relatos eróticos son cuestión de gustos. Hay a quién el personaje de Rodrigo no le ha gustado y hay a quién precisamente le gusta el relato por este personaje.

    En cualquier caso, me alegra que te haya gustado incluso demasiado jeje y espero que me sigas leyendo y comentando.
  25. Anónimo 9 de octubre de 2013, 5:30
    me encato me recuerda cuando mi prima de de 21 me la mamo cuando tenía 11 mi pequeño pen todavía no eyaculaba pero si se ponía super durísimo
  26. Anónimo 3 de diciembre de 2013, 15:45
    Seria interesante que la canguro tambien se acostara con la nina... Si la escribes enviamela a mi correo dfct19@gmail.com
  27. Anónimo 12 de diciembre de 2013, 21:43
    Porfa hazle una segunda parte esto está demasiado bueno para que lo dejen a la mitad :( en los comentarios vi que pediste mas o menos una sugerencia de lo que querían leer en la segunda parte, púes vamos a ver si te gusta esta. Que tal esto? Rodrigo acaba de cumplir sus 17 años y ya no era un niño tenía un cuerpo bien formado gracias a las hora de gimnasio, aún seguía teniendo sus encuentros sexuales con Milagros quien estaba a punto de graduarse, para Milagros Rodrigo era mas que un amante, el era su aprendiz y lo había enseñado muy bien, Germán se había resignado a la idea de que Milagros no se acostaría jamás con el debido a que su polla ni se podía comparar con la de su hijo y se había hecho a la idea de que Milagros se follara a su hijo, pero algo sale mal Milagros queda embarazada y no quiere decirle nada a Rodrigo asi que decide marcharse Rodrigo se entera de lo sucedido y va en busca de ella. Buena aqui te dejo esto es más o menos una idea para la segunda parte no se que te parece es solo una idea, pero espero que tomes en cuenta lo de hacerle una segunda parte. ahh Escribes increible sigue asi :) gracias por tus relatos.
  28. doctorbp 14 de diciembre de 2013, 12:06
    Gracias a todos los anónimos por los últimos comentarios.

    El tema del final de este relato ya se ha debatido con anterioridad. Sinceramente, no creo que la historia quede inacabada. Es cierto que se podrían contar más cosas, como las que sugieres, por ejemplo, pero de momento no hay intención de hacer una continuación.

    En realidad no pedí sugerencias. Más bien pregunté a un lector que me comentaba si habría segunda parte :)

    Gracias a vosotros por los comentarios, las sugerencias y el apoyo :)
  29. Anónimo 11 de enero de 2014, 8:49
    esperemos que si saques una segunda parte donde continúes con que paso despues entre la canguro y german.
  30. Anónimo 2 de junio de 2014, 8:16
    por favor realiza una secuela
  31. Anónimo 10 de julio de 2014, 0:59
    estuvo muy bueno tu relato ojala saques otro!!!
  32. Anónimo 26 de julio de 2014, 4:22
    Joder tio k buen relato jaja tomate tu tiempo pa los que hagas, te salen bien esa milagros si que era calentona jaja necesitamos niňeras asi siempre en casa saludos
  33. Anónimo 18 de octubre de 2014, 4:10
    Woooow que gran historia, merece una 2da parte
  34. Anónimo 14 de enero de 2015, 11:29
    Doctor creo que ocupamos saber que paso después entre Germán y la canguro una incógnita asi merece su relato para
  35. doctorbp 18 de enero de 2015, 20:50
    jajaja muchas gracias a todos por los comentarios y las peticiones de segunda parte. Ya he dicho en otras ocasiones que no está previsto continuar la historia, pero nunca se sabe.
  36. Anónimo 27 de febrero de 2015, 6:10
    Porfa si haces segunda parte mandamela esta buenísimo mi mail es ndelbrutto@gmail.com
  37. Anónimo 12 de marzo de 2015, 3:15
    Estaría bueno una continuación del relato. Me gustaría que Rodrigo y la niñera sigan su amorío, que Rodrigo adquiera experiencia en el sexo (que dure mas tiempo, que eyacule mas, etc.), y para finalizar un embarazo a la niñera. Todo esto a espaldas de Germán, también estaría bueno que el observe escondido en una de los encuentros de Rodrigo y la niñera.
  38. Anónimo 13 de junio de 2015, 21:40
    todos queremos una segunda parte :)
  39. Anónimo 20 de junio de 2015, 16:19
    Genial, simplemente genial sería un milagro tener a una milagro XDDDDDDDD
  40. doctorbp 24 de junio de 2015, 12:22
    jajaja muchas gracias a todos por los comentarios.
  41. Anónimo 31 de agosto de 2015, 8:26
    Y que paso después de ese día con Germán y Milagros? sería estupendo saber que paso
  42. doctorbp 16 de septiembre de 2015, 23:10
    Eso queda en la imaginación de cada uno :)
  43. Anónimo 8 de octubre de 2015, 23:38
    Super wow encerio, me encantan este tipo de relatos, ojala y siguiera una segunda parte, chicos escriba mariana14_rdz@hotmail.com contesto todo tipo de correos y citas
  44. Alberto Vázquez Paredes 12 de octubre de 2015, 18:22
    Buenas, buen relato.
    Deberías escribir la continuación, así queda claramente inacabado.
  45. Anónimo 20 de octubre de 2015, 8:33
    Excelente relato ta bien asi sin segunda parte...hubiera querido una Milagros a esa edad...xDD...saludosss Atte Ocram
  46. doctorbp 28 de octubre de 2015, 22:26
    Hola, gracias por los últimos comentarios que, además, vuelven a demostrar que hay gustos para todos.

    PD: yo también hubiera querido una Milagros a esa edad jajaja
  47. Anónimo 29 de junio de 2016, 3:26
    Creo a este relato, lpe faltó la humillación directa de Milagros a Germán, ese sería el broche de oro de este relato
  48. doctorbp 29 de junio de 2016, 20:58
    Luego me echan bronca si maltrato mucho a mis personajes xD
  49. Anónimo 29 de junio de 2016, 21:51
    Pero es tu toque y en esta historia si que le faltó, a lo mejor no tan drástica la humillación, pero al menos que Milagros descubriera no es bien dotado Germán y le hiciera un comentario, algo por el estilo
  50. doctorbp 30 de junio de 2016, 20:32
    Si no digo que no tengas razón jeje Pero en este relato simplemente no surgió así. A veces los personajes se me van de las manos y no siempre cuento lo que quería de la forma exacta que pensaba en un principio. Y, bueno, no es aconsejable usar siempre los mismos recursos, que ya lo hago bastante...
  51. Anónimo 27 de noviembre de 2016, 19:31
    Doc. Porfa relate alguna situación entre milagros y Germán, ella debe saber y humillarlo ppr no ser el semental que dijo

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