Vacaciones a toda costa

Sinopsis: Una joven pareja que no quiere quedarse sin vacaciones acepta la invitación de los padres del chico para pasar unos días en la costa.

-Es que no me apetece nada – se quejó Nieves mientras hablaba por teléfono con su amiga.

-Bueno, pero si no vais os quedáis sin vacaciones – le replicaron a través de la línea telefónica.

-¡Joder! Pues a veces pienso que prefiero quedarme en casa todo el verano antes que pasar las vacaciones con sus padres.

-Mujer, cualquiera diría que los padres de Isidro son odiosos.

-No, pero… ella no es la alegría de la huerta y él siempre tiene que tener la voz cantante… Además, ¡qué coño! que pasar las vacaciones con los suegros es deprimente y punto.

Se oyeron las carcajadas metálicas a través del aparato.

-Es lo que tiene no tener un puto duro, mujer. Ya verás como otro año las cosas van mejor y te puedes ir con Isidro o… ¡con quién tú quieras! – bromeó.

-Idiota… pues le dije que sí por él. Se le ve tan ilusionado… Es verdad que lo de invitarnos es un detalle por parte de sus padres, pero él se cree que yo estoy encantada.

-Pues nena, a hacer el paripé unos días y, sobre todo, aprovecha para desconectar. Que aunque no sean las vacaciones soñadas, son vacaciones al fin y al cabo.

-Sí, eso sí, que lo necesito. Un poquito de playita, sol y…

-… y a lo poco que puedas – la interrumpió su amiga – te haces una escapadita con Isidro y os vais los dos solos por ahí.

-Imposible – se resignó debilitando el tono de su voz – seguro que Adolfo no nos deja ni un segundo. Ese hombre lo quiere tener todo controlado – y soltó un sonido de rabia.

-Tranquila, cariño, ya verás cómo no es así. Y si no échale un buen polvo a Isidro, que os escuchen y verás cómo se dan por enterados de que necesitáis un poquito de intimidad.

Ahora era Nieves la que reía.

-¡Bestia! A ver si el pobre de Adolfo se va a sobrecalentar y le va a dar algo en la patata, que el hombre ya está mayor – siguió riendo maliciosamente.

-¡Bien pensado! Así te lo quitas de en medio de una vez.

La nuera del aludido no dejada de reír, ahora con más estridencia.

-Sólo me faltaría rematar las malditas vacaciones con un funeral. No, gracias… - y tras unos segundos - … que no llevo ningún bikini negro – bromeó con ironía.

-Qué mala eres... Ahora en serio, Nieves, tú con tu sonrisa todo el día. No la vayas a cagar y te mosquees con Isidro por cualquier tontería, que nos conocemos. Si tu suegro dice blanco, pues todos blanco y, sobre todo, luego no le digas al pobre de Isidro, cuando estéis a solas, que tú querías negro. Ya me entiendes.

-Claro que sí, cielo. Espero aguantar y no liarla. Me alegro de haberlo hablado. Ahora estoy un poco más tranquila.

-Ya sabes que cuando quieras desconectar, me das un toque y me cuentas a mí todos los negros que tu suegro se empeña en decir que son blancos.

Ahora reían las dos.

-Gracias.

-A ti. Besos. Pasadlo bien.

-Eso espero. Ya te contaré.

Tras la conversación telefónica, Nieves continuó preparando la maleta mientras esperaba la llegada de su prometido, Isidro, que había salido a buscar un pollo para comer.

La pareja llevaba meses preocupada por las vacaciones de este año. Aunque no les faltaba el dinero, tampoco les llegaba para ahorrar y permitirse unas buenas vacaciones como antes de irse a vivir juntos. Habían hecho miles de números para intentar cuadrar el poder hacer alguna cosa hasta que Isidro, el día anterior, le comentó a Nieves que sus padres les invitaban a pasar unos días en la costa con ellos.

La reacción inicial de ella fue de rechazo, pero la cara de ilusión de él y, sobre todo, la necesidad de hacer algo en vacaciones la empujaron a aceptar, sonrisa en rostro, aquella arriesgada propuesta.

Su relación con los suegros no era mala. Pero nunca había tenía que convivir con ellos más de un día seguido. Había cosas que no aguantaba de ambos, cosas que podía soportar durante unas horas, pero temía no poder hacerlo durante más tiempo.

-¡Ya estoy aquí, cielo! – gritó Isidro impregnando el hogar del olor a pollo – Me muero de hambre.

Nieves salió a recibirlo envuelta en una camiseta vieja que usaba para estar por casa y que, aún siendo ancha, marcaba ligeramente el contorno de sus pechos y unos pantalones cortos que dejaban ver las largas piernas de la hermosa mujer.

-Qué bien huele eso…

-Gracias – bromeó – Sé cómo te gusta el olor a macho – y se acercó a ella, besándola en el cuello.

-¿Tú no tenías hambre? – se quejó con sorna.

-Sí… te comería entera.

Ella se rió.

-¡Anda! no tenemos tiempo. Hemos de prepararlo todo para luego y aún está la casa patas arriba.

-¡Qué pesados mis padres! – se quejó Isidro, recordando que habían quedado para hablar de las vacaciones.

“Ni que lo digas” pensó ella sin soltar una palabra, sabiendo que lo que acababa de pasar iba a ser un calco de las vacaciones. En esta ocasión se quedaba sin echar un polvo. ¿Cuántas cosas más no podría hacer por culpa de sus suegros durante los días en la playa?

Después de comer, la pareja se puso con las tareas del hogar. Las maletas estaban prácticamente preparadas y sólo quedaban los pormenores. Sobre eso hablarían hoy mismo los cuatro.

Cuando el timbre sonó, Nieves, que ya se había cambiado, estaba agotada. No habían parado en todo el día y ahora le quedaba la preparación de unas vacaciones a las que no le apetecía nada ir. Fue Isidro el que abrió la puerta para recibir a sus padres.

-¡Hola, chicos! – saludó Adolfo con entusiasmo.

Tras el hombre grandullón entró su delgada esposa saludando con su inaudible hilillo de voz.

Nieves se fijó en ellos durante unos instantes antes de levantarse a saludar. No era la primera vez que imaginaba cuáles debieron ser los motivos que habían impulsado a juntarse a dos personas tan distintas.

Adolfo era un hombre corpulento gracias a su 1’85 de estatura y su espalda ancha. Con los años había ganado cierto volumen en su estómago. No estaba gordo, pero sí tenía una considerable barriga. En los últimos tiempos, las entradas habían dejado paso a lo que ya era una incipiente calvicie. Para rematar, una barba oscura y espesa le recorría el rostro dándole un aspecto, en conjunto, bastante rudo.

Por el contrario, Isabel parecía una muñeca. Rubia, delgada y estilizada. Aunque no era baja, al lado de su esposo parecía poca cosa. Sus débiles gestos y su tenue hilo de voz ayudaban a dar esa sensación. Era una buena mujer, pero demasiado pusilánime.

-Pasad – les invitó la anfitriona.

-¿Qué? ¿con ganas de venir de vacaciones? – soltó Adolfo.

-¡Claro que sí, papá!

-Bien, ya veréis, os vamos a llevar a un restaurante que hacen unos chuletones que…

Mientras Adolfo hablaba, Nieves miró a su pareja con crudeza.

-Bueno, bueno – cortó Isidro a su padre – que nosotros no podemos permitirnos muchos lujos – sonrió para quitarle hierro al asunto.

-Por eso no os preocupéis, que los gastos corren de nuestra cuenta.

-No, Adolfo – intervino Nieves – que ya hacéis mucho pagándonos la estancia.

-No te preocupes, mujer – intervino Isabel – que para nosotros no es molestia. Y si Adolfo lo dice, lo dice de corazón.

-Sí, eso ya lo sé, pero…

-Pero nada – soltó el suegro – que yo os invito a comer chuletón y punto. Y a lo que haga falta.

Isidro sonrió con resignación a Nieves, sin darle importancia, mientras Adolfo seguía hablando sobre todo lo que harían o dejarían de hacer durante los días que pasarían juntos en unos apartamentos que habían alquilado los padres de Isidro al lado de la playa.

Tras el fin de semana, saldrían en coche y pasarían una semana en los apartamentos. Después regresarían. A la joven pareja aún les quedaría unos últimos días de vacaciones antes de volver al trabajo. Los pasarían en casa mientras que los padres de Isidro, ya jubilados, se marcharían a Asturias a casa de unos amigos.

-Vamos, Nieves, te ayudo a recoger la mesa mientras los hombres acaban de hablar – le propuso Isabel poniendo de los nervios a su nuera. La joven no pudo más que tragar, poner buena cara y hacer caso a su suegra.

De camino a casa, Adolfo no dejaba de instruir a su esposa sobre cómo había ido la reunión con su hijo y su nuera.

-Los chavales están un poco agobiados por el dinero. Tu hijo tendría que haberme hecho caso cuando le dije que entrara a trabajar conmigo en la empresa. Era una buena oportunidad y ahora podrían pagarse sus propias vacaciones…

Isabel escuchaba y asentía, aunque no pensara lo mismo necesariamente.

Mientras tanto, Nieves, tumbada en el sofá, estaba disfrutando del masaje de pies que le había pedido a Isidro.

-¿Cómo habéis quedado para el lunes al final? – le preguntó ya que no había podido enterarse por culpa de Isabel.

-Mi padre pasa a recogernos con el coche y vamos con él.

-¿Sí? ¿por qué no vamos con nuestro coche?

-Son más gastos, cariño.

-Lo sé, pero… al menos pagaremos a medias la gasolina, ¿no?

-Mi padre no quiere.

-Lo suponía…

-Nieves, sabes que lo hace con toda la buena intención.

-Lo sé, pero… - decidió morderse la lengua – Lo sé cariño – y sonrió desviando su atención hacia la tele.

El trayecto en coche no fue demasiado duro. Se encontraban a unas 3 horas de la costa y es lo que tardaron en llegar a los apartamentos. Una vez allí, como siempre, fue Adolfo el que fue indicando a las parejas dónde debían alojarse y a la hora que quedarían para salir a comer.

Por suerte, pensó Nieves, podían deshacer la maleta sin las indicaciones de su suegro. También agradeció que Isabel no hubiera propuesto que ellas se encargaran de los apartamentos mientras los hombres las esperaban en el restaurante.

Adolfo decidió llevarlos el primer día al restaurante del que ya les habló para que probaran el chuletón. A Nieves le apetecía comer alguna otra cosa, pero se vio obligada a probarlo pues habían ido allí expresamente, sin opción a tomar alguna otra decisión. Era el primer día y ya estaba de los nervios.

Durante la comida, Adolfo dio un recital sobre sus conocimientos de cocina, tal y como siempre hacía. Sabía de todo. Nieves muchas veces se preguntaba si algunas cosas se las inventaba. ¡No podía ser que supiera de todo!

-Esta tarde podríamos ir a la playa – propuso Nieves, deseosa de tomar el sol.

-No – soltó Adolfo sin esperar réplica alguna – esta tarde podemos ir a dar una vuelta por el puerto para ver los yates y ya mañana vamos a la playa por la mañana que es mejor por…

Nieves desconectó cuando aquel hombre comenzó su retahíla de argumentaciones para hacer lo que a él le venía en gana. Lo peor es que parecía convencer a su hijo y su mujer no sería capaz de llevarle la contraria jamás. Así que Nieves no tuvo más que resignarse y aceptar la propuesta declinando la suya propia.

Como el jubilado había planificado, tras asumir el pago de la comida, por la tarde pasearon por el puerto. Adolfo parecía conocer el dueño y la historia de cada uno de los yates más imponentes que atracaban en la zona. Nieves se moría de ganas de llegar al apartamento para descansar… la mente.

-Estoy agotada – soltó Nieves mientras se desplomaba sobre la cama.

-Será cosa del viaje – comentó Isidro – porque hoy no hemos hecho gran cosa.

-Sí, será eso – soltó sin querer dar explicaciones, deseosa de que llegara el día de playa que tanto anhelaba.

En la otra habitación, Adolfo comentaba a su mujer cómo había ido la jornada.

-Estos chicos de hoy en día no aguantan nada.

-Nieves estaba hecha polvo – le explicó su mujer.

-Pero si no hemos hecho nada. Si por mí fuera hubiéramos ido a tomar algo.

-Pero ya has oído a tu hijo. Querían descansar.

-Ya descansarán cuando vuelvan a casa. Aquí estamos para hacer cosas.

-Tienes razón, Adolfo.

Al día siguiente se levantaron temprano para ir a la playa. Debían coger el coche pues irían a una cala un poco retirada que conocía Adolfo. Pasarían allí el día así que se llevaron la comida.

De camino, el conductor parecía el guía turístico, explicando cosas de todo lo que conocía. El recorrido, de unos 45 min, se hizo eterno para Nieves que estaba deseosa de llegar para relajarse tumbada tomando el sol y desconectando del mundo que la rodeaba.

Una vez en la cala, comenzaron a preparar todo. Sombrilla, toallas, crema… Los hombres se quitaron las camisetas quedándose en bañador y las mujeres se deshicieron de los vestidos quedándose en bikini Nieves y en bañador de una pieza Isabel.

Adolfo jamás había coincidido con su nuera en esas circunstancias y no pudo evitar fijarse en el precioso cuerpo de la prometida de su hijo. La piel morena, ahora aceitosa debido a la crema que se había aplicado, deslumbrada más allá de la tela del bikini azul. No pudo evitar confirmar lo que ya sabía: su nuera estaba muy buena. Una maliciosa idea le vino a la mente.

El día transcurrió tranquilo. Isidro pudo nadar y nadar sin descanso como le encantaba hacer, alejándose tanto que casi era inapreciable desde la orilla. Nieves tomó tanto sol que parecía haber recuperado todas las energías que el día anterior le había quitado su suegro. Adolfo parecía más calmado que de costumbre. Estaba pensativo, sin hablar demasiado. E Isabel, como siempre, estuvo reservaba, sin opinar cuando no se le preguntaba, encargándose de que todos estuvieran a gusto y sin falta de nada.

De regreso a casa, con el coche en silencio, Nieves vio la oportunidad ante el extraño mutismo de Adolfo.

-Mañana podríamos volver a la playa – propuso.

Era lo que Adolfo había estado esperando.

-¿Qué os parece si mañana vamos a la playa nudista?

-¡¿Cómo?! – se sorprendió su nuera.

-¡Oh! Es una buena idea – soltó Isabel, descomponiendo el rostro de Nieves, que no creía lo que oía.

Isidro se fijó en la mueca de su pareja e intervino dando explicaciones.

-Cuando era pequeño, con mis padres, solía ir a playas nudistas. Y creo que ellos siguen haciéndolo. ¿No es así, mamá?

-Sí – fue su padre el que contestó – Pero no sé si a Nieves le hará gracia…

-¡Claro, será divertido! – se rio Isidro.

Pero Nieves no le veía la gracia por ningún sitio. Jamás había ido a una playa nudista, ni sabía que su chico hubiera sido asiduo, aunque fuera de pequeño. No le hacía mucha gracia ir y menos con sus suegros. Se moriría de la vergüenza.

-Puedes venir y no hace falta que te desnudes – intervino Adolfo, notando la incomodidad de la mujer.

Pero no era únicamente su desnudez lo que la incomodaba. ¿Ver a los demás desnudos? No le apetecía en absoluto.

-Vamos, mujer, anímate – le instó una sonriente Isabel.

Y, extrañamente, fue eso lo que la hizo declinar. Ver sonreír a aquella pobre mujer ninguneada por su esposo fue el detonante para que aquella idea pasara de absurda a factible. Además, ¡qué coño! para una cosa divertida que proponía su suegro… aunque tenía claro que ella no se desnudaría.

-Está bien… pero yo no me desnudo, ¡eh! – sonrió.

-Magnífico – concluyó un exultante Adolfo, observando por el espejo retrovisor el beso que su hijo le dio a la hermosa Nieves.

Una vez en las habitaciones del apartamento, tras el día de playa, ambas parejas se acostaron para madrugar un nuevo día.

-Estoy nerviosa – confesó Nieves a su pareja.

-¿Por lo de la playa nudista?

-Sí- sonrió avergonzada.

Isidro rió a carcajadas.

-No seas tonta. Si a ti no te apetece, no te desnudes. No pasa nada.

-Ya, pero ver a los demás desnuditos…

Isidro se partía la caja mientras, extrañamente, era Isabel la que hablaba en la habitación contigua.

-No pensé que fueras a proponer lo de la playa nudista. El chico hace muchos años que no viene con nosotros.

-No sé, se me ocurrió sin más – mintió.

-Ya, me imagino – no quiso hacerse preguntas – Buenas noches. Mañana lo pasaremos bien.

-Claro que sí. Buenas noches.

De camino a la playa nudista, el corazón de Nieves no podía ir más acelerado. El coche estaba en silencio y maldecía que Adolfo no estuviera haciéndose el interesante como siempre hacía para matar ese silencio incómodo.

Antes de salir del apartamento Isidro no había hecho más que bromear, insistiendo en que se desnudara, pero ella no estaba por la labor. Incluso habían estado a punto de discutir. Isidro no entendía por qué no hacía, al menos, topless, cuando alguna vez lo había hecho con él. Pero ella insistía en que no quería hacerlo delante de sus padres.

El acceso a la cala era bastante discreto. Nieves pensó que debía ser para evitar que se colaran fácilmente los mirones. El corazón le iba más rápido que nunca cuando por fin accedieron a la playa. Aunque había poca gente, intentó no fijarse en nadie. Estaba más preocupada de ver cómo se desnudaba Isidro. Aunque estaba más que habituada a su atlético cuerpo, se le hizo raro verlo desnudo al aire libre. Sonrió, mezcla de nerviosismo y diversión.

-¿De qué te ríes? – sonrió Isidro al comprobar que su mujer se divertía con aquello.

-De ti – se burló.

-Serás… porque tienes aún la ropa que si no… directa al agua que ibas.

Más relajada, se fijó a su alrededor. Mientras se deshacía de la camiseta y el pantalón corto para quedarse con el bikini, divisó una pareja justo en frente suyo. Estaban tomando el sol. Él boca abajo, ella boca arriba, completamente desnudos. Debían tener unos 50 años. Unos gritos provenientes del agua le hicieron divisar a un par de bañistas de unos 35 años jugando a palas. Le hizo gracia ver las colas de los hombres brincando al vaivén de los movimientos de los improvisados tenistas. Giró la cabeza hacia el otro lado divisando otra pareja. Se sorprendió.

Ella, rubia y de piel bronceada, parecía muy guapa. Estaba tumbada boca abajo tomando el sol, únicamente ataviada con la parte de abajo del bikini. Pero lo que le llamó la atención fue el chico macizo que estaba a su lado. Como ella, debía estar cerca de los 30 años. Complemente musculado, con media melena y piel tostada, estaba sentado sobre su toalla, con una pierna estirada y la otra recogida, dejando ver su extenso pene.

-Mira el pito que tiene ese chico – bromeó, con disimulo, Nieves con su hombre.

-Pues ya verás cuando veas el de mi padre – sonrió Isidro.

¡Su padre! Se había olvidado por completo de sus suegros, que estaban a su espalda y ya completamente desnudos. Se giró con disimulo observando el arrugado cuerpo de Isabel. Pensó que para su edad no se conservaba nada mal. La vista se desvió un poco más observando la espalda llena de pelos de Adolfo. Parecía un oso, tan grande y peludo.

Entonces el hombre se giró, dejando ver su abultada barriga, también peluda, y un monstruoso pene colgando entre las piernas. Nieves se quería morir. ¿De dónde había sacado todo eso? O, mejor dicho, ¿por qué Isidro no había heredado nada de aquello? Rápidamente retiró la vista volviendo a girarse con disimulo hacia su pareja.

-¡Joder! – vocalizó sin emitir sonido alguno.

Isidro sonrió y se alejó hacia el agua.

-Espera, voy contigo – soltó Nieves, no queriéndose quedar a solas con sus suegros en pelotas, y salió corriendo detrás de su chico.

-La has impresionado – soltó Isabel, raramente ocurrente.

-Como a todas – soltó mientras se dirigía, con parsimonia, hacia el agua.

Isidro ya se había alejado de Nieves, nadando hacia lo más hondo. La mujer, que observaba desde el agua, con disimulo, a los que jugaban a palas, no vio venir a su suegro hasta que estuvo a punto de alcanzar la orilla. Se fijó en él y, sobre todo, en la herramienta que se balanceaba entre las piernas a cada paso. En ese mismo instante observó al tío bueno levantarse dirigiéndose también hacia el agua. Aunque su miembro no era tan espectacular como el de su suegro, sí era bastante grande. Extrañamente, no podía dejar de mirarle. Sintió que se estaba excitando ligeramente. ¿Cuánto hacía que no se acostaba con Isidro? Oculta bajo el agua, estuvo tentada de llevarse una mano a la entrepierna. Se habría tocado con gusto cuando sintió una presencia cercana.

-Nieves… - era su suegro.

-¿Sí, Adolfo? – contestó algo aturdida.

-Tendrías que probar la libertad de bañarte sin ropa.

-Ya…

-Además, piensa que dentro del agua no se te ve nada.

Inconscientemente miró la silueta de su suegro que se dibujaba en el agua observando lo evidente que era lo de su tercera pierna.

-Pues yo creo que sí se ve bastante – sonrió sin dejar de mirarle la entrepierna.

Adolfo rió con bravuconería.

-Bueno, pero es que lo mío es muy evidente.

Ahora era ella la que rió ante las palabras desinhibidas de su suegro.

-Y tan evidente… - y antes de esperar contestación, sintió unas manos que la sujetaban, levantándola para después hundirla en la salada agua.

-¿Qué? ¿No te animas a desnudarte…? - le preguntó Isidro cuando la mujer se recompuso de la aguadilla.

-Ya se lo he dicho yo, pero no se atreve.

-Oye, he visto una calita que hay a unos 1000 metros de distancia. Está un pelín alejada así que si no me veis no os preocupéis – les explicó – Voy a acercarme a ver qué tal.

-¿Seguro? – no le hacía mucha gracia quedarse a solas con su suegro – Ten cuidado, cariño.

Isidro se marchó sin decir nada más. Y, para alivio de Nieves, Adolfo pareció irse a su bola, nadando y alejándose de ella. Miró para la costa, buscando a Isabel con la mirada. La divisó y se percató de que había llegado bastante más gente. La mayoría estaban desnudos. Observó a la chica rubia, que debía ser pareja del tío bueno, acercándose al agua. Sus sospechas se confirmaron, la chica estaba tremenda. La observó, inconscientemente pensando que eso la llevaría a divisar al tío macizo. Nuevamente, no se equivocó. Los estuvo observando con disimulo, relajada, pensando en sus cosas cuando nuevamente la asaltaron por detrás, sacándola de su ensoñación. Esta vez, una mano tiró de la tela de su bikini, soltándola de seguida golpeándola en el culo.

-¡Adolfo! – se quejó al girarse y ver a su suegro.

-¡Anda! quítate la tela esa. ¿No ves que aquí no pasa nada? – argumentó señalando a la mayoría que empezaba a abarrotar la playa.

-Ya, pero es que es mi primera vez y…

-Bueno, será tu primera vez cuando te desnudes – sonrió.

-Ahí tienes razón. Pero… poco a poco – le devolvió la sonrisa, algo forzada.

-Como quieras. Si no te apetece desnudarte y que te vean, me puedes dar a mí el bikini y yo lo llevo a la arena. Cuando quieras salir me lo pides y yo voy a buscarlo.

-¡Sí, hombre! – se quejó – No vas a estar dando vueltas arriba y abajo por mí.

-Por ti lo que haga falta – y se acercó más a su nuera, quedándose a escasos centímetros.

Estaban ligeramente alejados de la playa y los pies ya no alcanzaban el fondo con lo que debían bracear para no hundirse. Con el movimiento del mar y de los cuerpos, Nieves y Adolfo se acercaban y alejaban a cada rato hasta que ella notó algo que la rozaba a la altura del muslo.

-¡Ay! – se quejó, asustada – Creo que un bicho me ha rozado.

El hombre empezó a reír con fuerza provocando la incredulidad en el rostro de la joven mujer.

-Creo que no ha sido un bicho… bueno, aunque no sé si con bicho te refieres a esto – y hundió una mano bajo el agua para agarrarse el miembro viril.

-No me digas que me has rozado con el pito… - Nieves, sonrojada, comenzó a reír avergonzada.

Adolfo aprovechó la evidente incomodidad de la mujer para, con disimulo, golpear con el pene, aún agarrado, el muslo de su nuera.

-¡Adolfo! – se quejó – Ves con más cuidado con eso…

-Perdona, es que a veces no es fácil de controlar.

-Con ese tamaño no me sorprende – soltó bajando el tono de voz, pero aún perceptible para el orgulloso hombre.

-Bueno, ¿qué me dices?

-¿De qué? – preguntó desconcertada.

-¿Me llevo una pieza del bikini? – propuso volviendo a agarrar la tela para soltarla golpeándole ahora en la cintura.

-Vale, pero la de arriba – aceptó acalorada, pensando que sería una buena forma de deshacerse de su suegro.

-Ya verás que luego me pides que me lleve la otra parte.

-No te voy a hacer dar dos viajes.

-Los que tú necesites.

Nieves se llevó las manos a la espalda para deshacerse de la parte de arriba del bikini, pero el oleaje y el pudor, tapándose para que su suegro no le viera los pechos, le impedía maniobrar con facilidad.

-¿Me ayudas? – le pidió al fin con resignación, dándole la espalda.

-Claro.

Nieves, aguantándose la tela a la altura de sus pechos por si su suegro hacía algo raro, sintió las rudas manos entrando en contacto con su espalda. No había pensado que al estar tan cerca…

-¡Adolfo! – se quejó nuevamente al sentir la enorme picha, al vaivén del oleaje, golpeándole los muslos.

-Ya está… es sólo un segundo…

-Date prisa o controla al bicho – sonrió sin que él se diera cuenta.

-¡Listo! – soltó cuando se deshizo del seguro.

Antes de alejarse de la mujer, se agarró la verga y la restregó por el culo de su nuera.

-Gracias – respondió ella no estando segura de si era la palabra correcta justo después de haber sentido toda la carne de su suegro restregándose por sus nalgas.

Con prudencia se sacó la parte superior del bikini y se la dio al hombre mayor mientras con la otra mano se tapaba pudorosa.

-Pero no te tapes, mujer. Relájate y deja que el agua acaricie tu cuerpo desnudo – sonrió.

-Mientras sólo sea el agua la que me acaricie no es problema – le soltó sin cortarse un pelo.

Adolfo, lejos de amilanarse ante la indirecta que Nieves acababa de pegarle, dibujó una sonrisa en el rostro.

-Si quieres puedes mirarme mientras vuelvo al agua contigo después de dejar el bikini a mi mujer.

-¡Adolfo! No te pases… - se mosqueó. “Prefiero ver al tío bueno de antes” pensó para sus adentros mientras el jubilado se alejaba hacia la orilla.

Isabel había observado a su marido y su nuera jugueteando en el agua y ahora veía a Adolfo acercarse con la parte de arriba del bikini de ella en la mano.

-¿Qué ha pasado?

-Nada, que la he medio convencido para que se desnude – se rió, aunque su mujer no entendió la broma.

-¿Vais a tardar mucho en salir?

-No lo sé – contestó mientras se alejaba nuevamente hacia el agua.

-¿Quieres que vaya preparando ya la comida?

-Perfecto – sonrió al ver a su nuera observándole en la distancia.

Nieves había intentado divisar al tío bueno en vano. En su empeño se topó con su suegro justo en el momento que se giraba para volver al mar. Se fijó por primera vez detenidamente en su entrepierna. ¿Le llegaba a la altura de las rodillas? No lo veía con claridad a tanta distancia. Recordó el roce de aquella monstruosidad contra sus nalgas y sintió los pezones, ahora desnudos, endurecerse hasta provocarle cierto dolor. Se pellizcó uno, calmando el dolor y transformándolo en placer. Volvió a sentir deseos de acariciarse la entrepierna mientras no dejaba de mirar la enorme verga de su suegro.

Antes de que Adolfo llegara a la altura de Nieves, Isidro había vuelto. La pareja jugueteaba y el hombre mayor decidió dejarlos solos.

-Va, algo rapidito…

-Delante de tus padres, no.

-Que no se enteran.

-Pero tu padre puede asomar por aquí en cualquier momento. Mientras no se salga del agua, nada.

-Joder… si tú también tienes ganas….

-Ya… - lo besó.

-Entonces…

-No. Lo siento.

Isidro acarició el pecho desnudo de su prometida, sintiendo el carnoso contacto de tan voluminoso seno.

-¡Joder! Cómo me pones…

Ella le apartó la mano.

-Lo siento, cielo, pero delante de tus padres, no – se puso seria.

-¿Cómo te ha convencido mi padre para que hicieras topless?

-No voy a hacer topless. Ahora le pediré que me traiga el bikini y me lo pongo antes de salir.

-¡Anda! no seas mojigata. Además, ¿de verdad vas a hacer que mi padre vaya a buscarlo sólo por la tontería de que no quieres enseñarles las tetas?

-Pues sí. Hemos llegado a un acuerdo.

-Pues tú y yo vamos a llegar a otro. O haces topless o me dejas follarte ahora mismo.

-¿Me estás chantajeando? Va, no quiero discutir. Le voy a enseñar las tetas a tus padres.

-Mierda – masculló Isidro, sabedor de que se quedaba sin polvo.

Cuando la empalmada de Isidro menguó, la joven pareja salió del agua. Estaban junto a Isabel cuando Adolfo hizo acto de presencia. Con disimulo se fijó en los pechos descubiertos de su nuera. Eran unas tetas voluminosas como se insinuaban bajo el bikini, que no perdían su firmeza sin la tela y con unas aureolas grandes y oscuras que rodeaban unos pezones nada despreciables y aparentemente rígidos.

-Nieves, haberme avisado para que te viniera a buscar el bikini.

-No quería que tuvieras que volver a salir del agua – mintió.

-Ya – contestó algo descolocado – pero un trato es un trato.

-No te preocupes, que ya la he convencido yo para que haga topless. Poco a poco.

-¿Cómo que poco a poco? Lo otro no me lo quito ni loca.

-Mujer, todo es acostumbrase – intervino Isabel mientras repartía la comida.

Adolfo se sentó en frente de Nieves. La mujer se sintió incómoda teniendo que comer ante la visión de aquella cosa recostada sobre uno de los muslos peludos del hombre. Por suerte, pensó, la barriga tapaba gran parte del pene. Sin embargo, no podía evitar, de vez en cuando, echar un vistazo al glande que parecía apuntar directamente hacia ella. A pesar de la sombrilla, sentía que cada vez hacía más calor.

Después de comer, la pareja de jubilados decidieron ir al agua mientras los jóvenes se quedaban en las toallas. Isidro quería descansar del tute que se había pegado nadando y Nieves, aprovechando el topless, prefirió tomar el sol y broncear sus pechos.

Cuando Adolfo salió del agua y lo propuso, decidieron no marchar muy tarde para llegar con tiempo de darse una ducha e ir a cenar. La vuelta en coche fue más animosa que la ida.

-¿Qué te ha parecido la experiencia del nudismo? – preguntó Isidro a su chica.

La mujer no sabía bien, bien qué decir. Por un lado se había sentido muy incómoda viendo los cuerpos desnudos de los demás, sobre todo de sus suegros. Pero una vez superado ese primer rechazo inicial, lo cierto es que no le había desagradado en absoluto. De hecho, aún tenía la duda de si se habría llegado a masturbar si el pesado de su suegro no la hubiera importunado.

-¿Qué experiencia? Si no ha llegado a desnudarse – se quejó el conductor.

-Ya lo ha dicho Isidro, poco a poco, ¿no? – soltó para salir del paso.

-Así que quieres volver…

¿De dónde se había sacado esa conclusión? Se indignó. Sí, quería volver, pero no lo había dicho en ningún momento como para que el listillo de su suegro lo interpretara a su parecer.

-Si vosotros queréis… no seré yo la que diga que no y por mi culpa os joda los planes.

-Déjalo, si la niña se siente incómoda, pues no volvemos y ya está – intervino Isabel haciendo maldecir a Nieves: “para una vez que habla…” pensó.

-Bueno, ya veremos – intervino Isidro no teniendo muy claro lo que su chica quería.

Adolfo decidió que cenarían cerca de los apartamentos y que al día siguiente, a medida que se levantaran, decidirían lo que harían. A todos les pareció bien.

Isidro estaba tumbado en la cama viendo la tele mientras escuchaba a su prometida, hablando desde el cuarto de baño.

-Oye, ¿y se puede saber de dónde ha salido tu colita pequeñita? – bromeó para picarlo.

Él se rió sin ganas.

-Te ha sorprendido el rabo de mi padre, ¡eh!

-ES-PEC-TA-CU-LAR – siguió bromeando.

-Pues no sé… habré salido a la familia de mi madre. Ya le preguntaré a mi tío cuando lo vea si la tiene pequeña como yo.

Ahora reía ella, pero con ganas.

-A ver… ¿me la enseñas…? - le pidió pícaramente mientras salía del baño.

Con la sonrisa en el rostro, Isidro se deshizo de los pantalones y los calzoncillos, mostrando la erecta verga a su chica.

-¡Guau! Pedazo de polla – se burló.

-No te rías… si la tuviera como mi padre no podría nadar como lo hago – se excusó haciendo reír aún más a Nieves.

-¿Te excita que me ría de ti? – le preguntó al ver la polla a punto de estallar.

-¿Te excita a ti la polla de mi padre? – le soltó sin pensar.

Nieves, instintivamente, le dio una ostia que resonó a lo largo del apartamento. El hombre, incrédulo durante unos segundos, se abalanzó sobre ella, besándola con fiereza. Ambos se comieron la boca con pasión mientras con las manos recorrían el cuerpo del otro.

-Parece que la visita a la playa nudista les ha venido bien – sonrió Adolfo al escuchar los gemidos al otro lado de la pared.

-Madre mía – se escandalizó Isabel – ¿ese es nuestro pequeño…?

-Creo que volveremos a la nudista – afirmó mientras se daba media vuelta en la cama y se concentraba en los gemidos de su nuera.

Tal y como habían quedado, el jueves cada uno se levantó a la hora que el cuerpo le apeteció.

La más madrugadora fue Isabel, que aprovechó para arreglar el apartamento y preparar la comida por si a Adolfo se le ocurría ir a la playa o comer en casa.

La siguiente en despertarse fue Nieves, pero se quedó en la cama dando vueltas a lo sucedido el día anterior. Estaba intranquila. ¿Su suegro se le había insinuado? El calentón que llevaba tal vez no le dejó pensar demasiado, pero ahora, tras el polvo de la noche anterior con Isidro, lo veía todo con mayor claridad y no le gustaba.

Cuando Isidro se levantó, su acompañante se hizo la dormida. El hombre se arregló y salió a dar una vuelta. Momento que aprovechó ella para hacer una llamada.

-¿Qué tal, cielo? ¿cómo van esas fatídicas vacaciones con los suegros? ¿muchos negros que contar?

-Pues… negros y blancos – contestó sin saber muy bien por dónde empezar a explicarle a su amiga lo que había ocurrido en los tres primeros días de vacaciones.

Cuando Adolfo se despertó vio a su mujer atareada en la cocina. No quiso interrumpirla y se dirigió a la terraza a observar las vistas de la playa. Divisó a su hijo corriendo por el paseo cuando, de repente, le pareció oír algo. Afinó el oído y escuchó a Nieves.

-… creo que… insinu… y yo no…

La mujer iba y venía acercándose y alejándose de la terraza de modo que Adolfo sólo escuchaba partes de la conversación.

-… preguntó… polla de su pad… ví loca y…

-Adolfo, ¿ya estás levantado? – le interrumpió su mujer.

-Sí, ¿no lo ves, Isabel?

-¿Y cómo no me dices nada? ¿Qué vamos a hacer hoy?

-Ahora voy, un segundo y ahora entro – la instó a que lo dejara solo para seguir escuchando a Nieves.

-…imagi… ollón de mi suegro… me corrí cinco veces – Nieves parecía haberse quedado al lado de la terraza – Creo que con Isidro no llegaba al orgasmo ni la mitad de las veces que nos… - y se alejó definitivamente hacia el interior del apartamento.

La amiga de Nieves había dejado de reír hacía rato, pero quería quitarle hierro al asunto así que intentó bromear.

-Bueno, finalmente optaste por la opción de hacerlo como una perra para que tus suegros os oyeran. Igual se dan por aludidos y os dejan un poquito a vuestra bola. Ves a mirar a ver si al viejo le ha petado la patata.

Pero Nieves no estaba para bromas.

-Al contrario, yo creo que se pensará que lo de anoche tiene algo que ver con él y va a estar más insistente si cabe.

-No, mujer – mintió, pensando igual que su amiga.

-No sé, ya te contaré. Creo que van a ser los tres días más largos de mi vida.

-Ya verás cómo no, tonta. Seguro que todo es imaginación tuya. Eso sí, si vuelves a la playa nudista no vuelvas a fijarte en el cipotón de tu suegro – y se rió con ganas esperando ahora sí hacer sonreír a Nieves.

-Cacho guarra… intentaré fijarme en el del tío bueno. Espero no perderlo de vista esta vez.

-Así me gusta, que te lo tomes con humor. Que todas hemos tenido nuestras fantasías un poquito fuera de lugar. Lo importante es no llevarlas a cabo más allá de nuestra imaginación.

-Ok, cielito. Nuevamente muchas gracias.

-¡De nada, perra! Volvéis el domingo, ¿no?

-Sí, Un beso.

-Otro para ti. Y un roce de polla gorda por donde tú ya sabes.

Ahora sí, Nieves echó a reír antes de colgar.

-Isabel, hoy comemos aquí y esta tarde vamos a la playa de aquí en frente – soltó Adolfo a su esposa antes de salir del apartamento sin darle opción a réplica.

-¿Quién es? – preguntó Nieves tras oír cómo picaban a la puerta.

Se asustó ligeramente al oír a su suegro. Intentó tranquilizarse antes de abrir.

-Hola, Nieves. ¿Está mi hijo?

-No, ha salido, pero debe estar a punto de llegar.

-Está bien. Hoy comemos en mi apartamento y esta tarde iremos a la playa de aquí en frente.

-Ah, muy bien – aceptó obviando la rabia que le daba que tomara decisiones sin consultar con el resto.

-A no ser que prefieras… - hizo una pausa.

-¿Que prefiera qué…? – se hizo la tonta imaginando por dónde iba.

-Que prefieras hacer alguna otra cosa.

-No, ya me está bien lo que propongas – se contuvo la furia por tener que decir eso.

-Perfecto. Ponte guapa – y sonrió regalándole un escalofrío de repelús a su nuera.

Durante la comida estuvieron hablando sobre cosas banales hasta que Isidro inició el tema de conversación que tenía preparado con su prometida.

-Esta noche Nieves y yo saldremos a dar una vuelta por ahí.

-Magnífico. Nos apuntamos – se invitó Adolfo.

-Bueno, es que habíamos pensado salir de marcha…

-¿Y? ¿no nos crees capaces?

-Claro, papá, pero queremos un poquito de intimidad… - sonrió para desdramatizar.

El padre comenzó a reír con fuerza.

-Es cierto… no veas anoche la que liasteis.

-¡Adolfo! – se quejó su esposa.

-Si no pasa nada. Entiendo que los muchachos son jóvenes, fogosos y, después de un día de playa nudista, pues hay que desahogarse.

Nieves estaba sonrojada, sin levantar la vista del plato.

-Papá…

-No pasa nada, hijo. Anoche lo pasasteis muuuuy bien. Supongo que volveremos a la playa, ¿no? – se dirigió a Nieves.

-Yo ya dije que por mí no dejéis de ir.

-Estupendo, pues esta noche os vais de juerga y mañana volvemos a la playa nudista.

-Por mí ok – soltó Isidro - ¿Te va bien, cielo?

-Sí, lo que vosotros prefiráis.

-Muy bien – apuntilló Isabel.

Los jóvenes decidieron quedarse en el apartamento descansando mientras los jubilados iban a la playa de enfrente. Al día siguiente tendrían que madrugar así que, si pensaban salir a tomar algo, debían estar lo más frescos posible.

-El sábado podemos dar una vuelta por el pueblo – propuso Adolfo – Que los chavales no lo han visto.

-Sí. Y Nieves y yo podemos ir de compras, que hay mercadillo.

Mientras los mayores organizaban las vacaciones de los jóvenes, Nieves e Isidro hablaban sobre ello.

-Creo que no aguanto más.

-¿Qué es lo que pasa? – se interesó con pocas ganas Isidro.

-Tu padre no deja de organizarlo todo y los demás a tragar.

-¿Y qué? No son más que cuatro días…

-Cuatro días es lo que llevamos y no puedo más. Aún nos quedan tres.

-Mañana vamos a la playa y…

-Esa es otra. Mañana tenemos que ir a la nudista porque a él se le ha metido entre ceja y ceja.

-¿No quieres ir?

-No es eso…

-¿Entonces qué cojones es?

-Háblame bien, te lo digo por favor.

-Joder, Nieves, es que pones pegas por todo. Nos íbamos a quedar sin vacaciones. Vienen mis padres, nos invitan, nos están pagando todo y tú no haces más que quejarte. De verdad, ¿qué es lo que quieres?

-Ostia, Isidro, ¿de verdad me estás diciendo eso? ¿En serio? A la mierda las vacaciones y los putos gastos.

-Pues a la mierda. ¿Quieres que nos vayamos?

-No.

-¿Entonces qué mierda te pasa?

-Que me hables bien, joder. Lo que quiero… bueno, mira, déjalo estar porque encima vamos a acabar mal tú y yo.

-Mira, mañana vamos a la puta playa nudista. Pasamos el día. A ti te gusta la playa. Pasado hacemos lo que quiera mi padre y al otro volvemos a casa.

-Claro… lo que quiera tu padre – gruñó – Es que no lo aguanto.

-Pues chica, tú misma.

-Vete a la mierda.

Los jóvenes volvieron a casa temprano, antes de lo que tenían previsto. Estaban enfadados y se acostaron sin dirigirse la palabra.

Al día siguiente, de camino a la playa nudista, Adolfo volvió a ser el de siempre, explicando pormenores de todo lo que divisaban, haciéndose el entendido.

Nieves estaba enfadada con él por ser un pesado, con su suegra por no pararle los pies, con Isidro por la discusión de la noche anterior y con ella misma por todo lo que había dejado que ocurriera.

Isidro se sentía mal por su pareja. Aunque sabía que Nieves quería un poco más de intimidad, no pensó que llegara al punto de antipatía hacia sus padres que descubrió la noche anterior. Estaba triste.

Isabel iba asintiendo a las peroratas de su esposo, algunas de las cuales ya había escuchado más de una vez.

-¿Vas a hacer topless? – preguntó temeroso Isidro al ver a su pareja deshaciéndose de la ropa y mostrando un bikini blanco con rayas negras horizontales.

-Por supuesto – respondió con altanería.

Más habituada, se fijó desde un principio en la gente de la playa. No divisó a la guapa pareja del otro día, pero vio sus toallas.

-¿Vamos al agua? – preguntó un entusiasta Adolfo.

-Yo me quedo tomando el sol – le soltó Nieves sin ni si quiera mirarlo.

-Yo te acompaño – dijo Isabel.

-Y yo – se sumó Isidro.

La familia dejó sola a la joven que se tumbó boca abajo observando a la gente de alrededor y los que estaban en el agua.

No tardó en divisar a la chica rubia del otro día saliendo del agua. Se fijó por la zona hasta que divisó a su pareja. El hombre de media melena surgió del mar tras los pasos de la rubia. Nieves se fijó detenidamente en el excelso cuerpo del hombre. La pareja llegó hasta las toallas donde se hicieron arrumacos. Nieves pensó que no pasarían de ahí, pero su sorpresa fue mayúscula.

La mujer rubia se tumbó boca arriba. También hacía topless. El hombre comenzó a sobar uno de los pechos aumentando su propia excitación, no pudiendo evitar que su pene fuera creciendo lentamente. Nieves habría apartado la mirada, pero tenía curiosidad por ver aquel pedazo de carne completamente erecto. El chico estiró las piernas dejando ver perfectamente el cipote a la improvisada voyeur que no se creía que aquello estuviera sucediendo.

Esta vez no estaba en el agua, pero las ganas de tocarse fueron las mismas que hacía dos días. Y del mismo modo, su maldito suegro tuvo que cortarle el rollo.

-¿Se puede saber qué miras? – la sorprendió.

Nieves no supo bien cómo reaccionar, sintiéndose culpable, aunque realmente no había hecho nada. Se giró para observar la sombra que le quitaba el sol y vio el enorme rabo de su suegro provocando el eclipse. Instintivamente se mordió el labio y torpemente dijo:

-Nada.

Adolfo sonrió observando la escenita que la pareja estaba regalando.

-¿Estabas mirándole la polla a ese tío?

-¡Adolfo! – se sorprendió – Si están montando el espectáculo aquí mismo no querrás que no mire…

-Por supuesto. Es normal que te atraigan los rabos grandes como el de ese chico.

Nieves no pudo evitar sonreír ante la demostración de suficiencia de su suegro.

-No es eso…

-Vente al agua entonces. A no ser que quieras seguir fantaseando con esa picha – Y miró al chico haciendo que ella le siguiera con la mirada.

Ya la tenía completamente tiesa y Nieves sintió que se mareaba. El calor, las bravuconerías de su suegro, la excitación y la visión de aquel tieso cipote la estaban poniendo mala.

-Está bien – y se alzó al tiempo que Isabel regresaba a las toallas.

-Cariño, tienes espectáculo gratis. Fíjate bien y luego se lo cuentas a Nieves, que se ha quedado con las ganas de saber cómo acaba.

-¡Idiota! – y golpeó a Adolfo en la peluda espalda. Se sorprendió a sí misma teniendo aquella complicidad con su suegro.

-No te ofendas mujer, seguro que estás deseando saber si al final se casan.

Hizo una mueca de desaprobación ante aquel comentario y se marchó hacia el agua. No vio a Isidro.

-Se ha vuelto a marchar a la cala del otro día – le informó su suegro.

-El niño nos ha salido deportista.

-Bueno, hoy toca una nueva prenda – indicó repitiendo el gesto de las otras veces. Esta vez pellizcando la única tela de Nieves por la parte frontal, soltándola haciendo que la elástica golpeara contra el pubis de la mujer.

-¿Otra vez Adolfo? – se quejó de que volviera a las andadas.

-¿Qué pasó anoche que volvisteis tan pronto a casa?

-¿Por qué eres tan controlador?

-Sólo me preocupo por mi único hijo y su futura esposa.

-No, eres un manipulador.

-Vamos fuertes, ¡eh! – no se sorprendió.

No hubo respuesta.

-Va, quítate lo que te queda del bikini y yo me encargo de llevarlo y de traerlo.

-¡Que no, pesado!

El hombre reaccionó haciéndole una ahogadilla. Antes de que la mujer se recompusiera, se puso a su espalda, rodeándola con los brazos para volver a hundirla. En el proceso aprovechó para sobarle las tetas. Era la primera vez que se las tocaba y sintió que era glorioso. A pesar de su permanente excitación, podía controlar perfectamente las erecciones. Sin embargo, aquel contacto le provocó una naciente altivez del miembro.

Nieves notó la verga de su suegro entrar en contacto contra sus muslos antes de que el hombre la sumergiera. Quería zafarse, pero no lo lograba. Volvió a sentir el roce de semejante aparato, pero esta vez fue diferente. Sintió una rigidez que no había imaginado pudiera producirse en ningún momento. Se asustó. ¿Su suegro se estaba empalmando con aquel jueguecito? Si la volvía zambullir lo comprobaría con sus propios ojos. Pero no volvió a pasar. Adolfo la dejó en paz.

-¿Ya te has cansado de jugar?

-Sí. Ahora quiero cosas más serias.

-¡¿Cómo?! – se fijó en la silueta de su suegro a través del agua. No cabía duda de que la tercera pierna tenía una elevación sospechosa.

-¿Te vas a quitar esa prenda o no?

-Adolfo, ¿estás empalmado? – se hizo la ofendida.

-¿Tú qué crees? – e hizo un movimiento de cadera golpeando nuevamente a la mujer con el miembro, ahora ligeramente empalmado.

-¡Adolfo! Qué manía te ha entrado con golpearme con eso… al final me vas a hacer algún morado.

-Va, quítate eso… - y alargó una mano sobando el culo de su nuera.

-¡Cerdo! – y le plasmó una bofetada en toda la cara – No vuelvas a ponerme una mano encima si no quieres que rompa una familia.

-¡Joder! Ves con más cuidado, que mi mujer seguro que está mirando, ¡ostia!

-Pues las manos quietas – se le ocurrió una maléfica idea – ¿Quieres que me quite lo que me queda de bikini?

-Sí.

-Espera – y se zambulló en el agua.

Quería comprobar sus sospechas. El estado morcillón del rabo de Adolfo era suficiente.

-Está bien, pero quiero que lo lleves ahora a la arena.

-¿Tiene que ser ahora?

-Sí – sonrió sabedora de que no saldría del agua a media asta.

-Está bien – la sorprendió.

-¿Seguro? Tienes que salir ahora mismo… tal y como estás… - intentó ser lo más explícita que pudo.

-¡Que sí, coño!

Nieves se extrañó y maldijo haber sido tan osada. Introdujo las manos en el agua y se deshizo de la única prenda que vestía.

-Aquí lo tienes – se avergonzó.

El cerdo de Adolfo se llevó la prenda a la nariz y la olió profundamente.

-Me encanta…

-¡Joder, Adolfo! Que soy la prometida de tu hijo…

-Y estás como un queso… no dejes de mirarme cuando vuelva de dejar esta prenda…

-Oye, creo que este jueguecito se nos está yendo de las manos…

Pero Adolfo ya se había girado y se marchaba hacia la orilla. Nieves estaba confusa. No sabía cómo se había dejado enredar y la única esperanza que tenía es que el hombre saliera con una buena empalmada y tuviera que darle explicaciones a su mujer. Se deprimió pensando que la pobre no sería capaz ni de preguntarle.

Adolfo no había llegado a la orilla cuando se giró para mirar a Nieves. La mujer se quería morir cuando vio a su suegro acariciarse el pene, completamente flácido, con la tela de su bikini.

Isabel no había visto nada de lo ocurrido. Había estado ensimismada viendo el espectáculo de la pareja sexy. El chico había practicado sexo oral a la mujer que acabó masturbando el enorme rabo del hombre hasta que empezó a escupir semen que dejó caer sobre la arena, al lado de la toalla.

-¿Cómo es posible que hayas perdido la erección tan rápido? ¿Problemas con la edad? – se burló Nieves cuando Adolfo regresó junto a ella.

-Más bien tengo un control bastante preciso de mis erecciones.

-Ya… si lo sé me aseguro que sales con una buena empalmada acariciándotela un poco antes de marcharte con mi pobre bikini…

-Si tienes ganas de tocármela puedes hacerlo ahora mismo.

-No, gracias. Por cierto, eres un cerdo. ¿Cómo se te ocurre sobarte con mi bikini?

-Para cuando te lo pongas, que pienses que esa tela que está en contacto con tu coñito, lo estuvo antes con mi enorme verga.

-Ya vale, Adolfo. Te estás pasando.

-Vamos, si sé que te gusta.

-¿Qué coño dices?

-¿Por qué no te has marchado ya a la arena?

-¿Tal vez porque estoy desnuda? – ironizó.

-¡Es verdad! Déjame ver ese cuerpo… - y se zambulló bajo el agua al tiempo que Nieves intentaba ocultar su desnudez.

Estuvieron jugueteando un poco hasta que Isidro volvió de su paseo bañista.

-¿Qué hacéis? – les interrumpió.

-Tu chica, que ya se ha atrevido.

-¿Te has desnudado? No me lo puedo creer. ¿Y eso?

-Pues…

-Pues que uno se acostumbra a esto rápido – la cortó Adolfo.

-Joder, no pensé que en dos días ya te atrevieras.

-Bueno, hemos quedado que tu padre me traerá la prenda antes de salir del agua. Y esta vez no me vas a conven… - Nieves paró al sentir cómo su suegro, a su espalda, le restregaba la enorme polla entre las nalgas. Un sudor frío recorrió su cuerpo - …convencer de lo contrario – terminó la frase lanzando una mirada asesina de reojo.

-Mujer, a mí me dio rabia lo del topless porque otras veces has hecho. Y quiero que con mis padres tengas plena confianza.

Adolfo volvió a restregar la verga, nuevamente morcillona, contra el culo de su nuera. Sentía cómo ella juntaba las piernas intentando evitar que pudiera ir más allá. Pero el hecho de que no tocara suelo lo hacía complicado, dejando pequeñas aberturas que el astuto asaltante procuraba aprovechar a toda costa.

Nieves oía a Isidro, pero no le escuchaba. Estaba atenta a las acometidas de su suegro, intentando ponérselo difícil sin montar un maldito espectáculo. Poco a poco notaba que la barra que se restregaba contra sus carnes iba adquiriendo una rigidez mayor. Muy a su pesar, los roces cada vez eran más placenteros y sentía que la resistencia se mermaba cada vez más.

Adolfo notó que las piernas de Nieves se abrían ligeramente. Gracias a la longitud de su miembro no necesitaba estar pegado a la mujer para restregarle el cipote por su sexo, evitando levantar sospechas en Isidro. El hombre sintió cómo su glande rasgaba los labios vaginales de una desconcertante Nieves. Estaba a un paso de poder insertarla cuando notó que la mujer dejó de nadar, sentándose literalmente sobre el tronco de su erecto miembro.

Estaba al borde del colapso. Los roces de semejante pollón en su coño mientras nadaba intentando disimular ante su pareja la tenían sumida en un cercano desfallecimiento. Sintiendo la rigidez de tremendo miembro optó por acomodarse en él, aliviando sus mermas físicas y postergando sus carencias sexuales. Se acomodó sintiendo cómo el coño se abría intentando adherirse al mástil sobre el que se posaba.

-… supongo que no decís nada porque estáis de acuerdo. Me alegro. Porque lo que pasó anoche me dejó hecho una mierda y…

Adolfo volvió a las andadas, empujando ligeramente a su nuera para liberar la verga encarándola a la entrada de la novia de su hijo. Nieves leyó las intenciones de su suegro y lo quiso parar echando una mano atrás deteniendo la acometida al tiempo que asía aquel enorme manubrio por primera vez, acariciándolo, amasándolo, masturbándolo con parsimonia, lentamente, evitando ser descubierta.

Isidro le dio un beso. Había dejado de hablar aunque ella no se había enterado de nada de lo que había dicho. Se dio cuenta de que se alejaba hacia la orilla. Allí permanecía Isabel.

-¿Puedo follarte ahora? – le susurró Adolfo al oído.

-¡Tú estás loco! – le gritó entre susurros.

-Dime que no te ha gustado y te dejo en paz.

-No me ha gustado.

-No vale mentir. Dime lo que te ha explicado mi hijo.

Se quedó sin palabras.

-¿Lo ves? Si aún sigues masturbándome.

No se había dado cuenta de que aún seguía aferrando el pollón de su suegro.

-Lo he tenido que hacer para detenerte – se excusó mientras le soltaba el cipote - ¿Me habrías follado delante de tu hijo?

-Tenlo por seguro – le confirmó alargando el brazo y pasándole un par de dedos por el coño.

-¡Adolfo! – se quejó separándose de él – Por lo que más quieras… esto es una locura.

-Me gustan las locuras.

-Por favor, ves a buscarme el bikini.

-Ahora no puedo – sonrió.

-¿No controlabas a tu voluntad las empalmadas? – sonrió con malicia.

-Sí, claro, pero nos acabamos de dar un pequeño festín. Tampoco soy David Copperfield – hizo reír a una descolocada Nieves.

-Está bien. Relájate un poco y en cuanto estés listo vas a por el bikini.

-¿Sabes? Te tengo donde quería. Ahora mismo podría decirte que me dejes echarte un polvo o… - ella intentó hablar, pero él la paró nada más abrir la boca - … o paso de traerte la prenda. Pero no lo voy a hacer. Un trato es un trato, recuerda. Me vale con que mientras lleves esa braga, pienses que ha estado en contacto con mi bicho – sonrió – Ahora cuando te la traiga me la restregaré bien por la polla, para que se quede bien impregnada mi esencia.

-Eres un cerdo de mucho cuidado. Pero no dudes que pensaré en ello. Ahora tráemela.

-Será un placer – y le dio una cachetada en el culo, aprovechando para sobárselo un poco sin que ella le dijera nada.

Nieves no dejó de observar cada uno de los movimientos de Adolfo. Y sonrió al ver cómo el hombre, ya de vuelta, de espaldas a su esposa e hijo, se frotaba la tela del bikini a lo largo de su enorme y, nuevamente, flácido pene. Podría haberse aproximado para recoger la tela, pero prefirió que fuera él el que se acercara hasta ella.

-¿Me das el bikini, por favor? – le solicitó cuando llegó a su altura.

-Espera, que estoy pasando el forro interior justo por la punta de la polla – se rió.

-Vamos… si has venido todo el camino restregándotela.

-¿Me dejas que te la ponga?

-Está bien… - se hizo la resignada.

Nieves alzó una pierna para que su suegro introdujera el primer agujero de la prenda. Antes de eso, el hombre acarició el muslo, llevando la mano hacia la cara interna y provocando las quejas de la mujer.

-Va… que son mis últimas caricias… - suplicó.

-Es que no puede ser. Es que esto está mal… - parecía apenada.

Sin previo aviso, el hombre alzó la mano introduciendo dos dedos en el coño de la mujer que, abierta de piernas como estaba, sintió cómo se introducían sin oposición hasta lo más profundo de su ser.

-¡Ostia! Adolfo… no seas tan brusco.

-No lo sería tanto si me dejaras hacerlo – le susurró mientras jugueteaba con los dedos en el interior del joven coño.

-Para… por favor… - balbuceaba muerta de placer, con la pierna aún alzada, sintiendo los sebosos dedos de su suegro.

-Sólo quiero que te corras…

-Joder… Adolfo… estoy a punto…

-¿Quieres que te folle? ¿lo deseas?

Silencio. Sólo leves gemidos.

-¡Contesta!

-Sí.

-Dilo.

-Quiero que me folles. Lo deseo.

Con el pulgar pulsó el botón mágico. El clítoris de Nieves sintió la presión del más rechoncho de los dedos de Adolfo explotando en una monumental corrida.

-Hijo de puta… - balbuceó.

Avergonzada, se dejó hacer mientras Adolfo le colocaba la parte de abajo del bikini. El hombre la rodeó con los brazos para alzar la prenda a través de las largas piernas hasta llegar a la cintura donde acomodó la tela.

-¿Lo sientes?

-Sí. Tranquilo que no me olvido. Un trato es un trato, ¿no? – y prosiguió, casi susurrando – Mi coñito está en contacto con la tela por la que antes has restregado tu manubrio.

-Eso es – sonrió agarrándose la verga y restregándosela una vez más por la entrepierna, ahora sobre la tela del bikini.

-Ves tú. Ahora voy yo – le instó deseando cavilar un momento sobre lo que había ocurrido.

Nieves se quedó mirando al viejo verde que la había sometido hasta perder el poder de la conciencia. Se sentía sucia por lo que había hecho y por lo que deseaba hacer. Sólo debía aguantar un día más. Al otro se marcharían y todo volvería a la normalidad. Se convenció a sí misma de que si no volvían a la playa nudista no corría peligro. Y ella se negaría a volver a toda costa.

Tras la comida y la tarde más tranquila, la familia volvió a casa en coche. Durante el trayecto, Adolfo volvió a sorprender a Nieves no proponiendo regresar a la playa nudista.

-Ya que mañana es el último día que estaremos por aquí antes de regresar el domingo, había pensado que podíamos dar una vuelta por el pueblo.

A todos les pareció una estupenda idea y Nieves vio factible acabar esas fatídicas vacaciones sin más encontronazos violentos con su suegro.

Antes de salir a cenar, cada pareja fue a ducharse a su apartamento. Primero se ducharon los hombres. Nieves estuvo tentada de llamar a su amiga, pero no se atrevió a contarle lo que había ocurrido a pesar de la muchísima confianza que tenían. Cuando Isidro terminó y llegó su turno, recordó que aún llevaba la prenda con la que tanto había jugado con Adolfo.

Se sorprendió sintiendo cierto placer al recordar las sobadas que su suegro se había regalado con la tela de su bikini, el cual ahora estaba en contacto con su incipientemente húmedo coño. Con cierta pena se quitó la prenda observando lo manchada que estaba. Sintió la curiosidad de olfatearla, buscando inconscientemente cualquier rastro de olor a polla. A pollón, pensó. El olor intenso de la tela no hizo más que calentarla aún más.

Bajo el agua caliente se acarició los pezones, nuevamente doloridos debido a la firme rigidez que los encumbraba. Las caricias a sus pechos se deslizaron por su vientre, plano, hasta alcanzar su rasurado pubis, entrando en contacto con sus labios, hinchados, húmedos, calientes. Los amasó con delicadeza para acabar introduciéndose un par de dedos con premura. Habría llamado a Isidro, pero prefirió hacerlo ella sola. No quería poner freno a su imaginación, quería tocarse allí justo donde debía, quería correrse como una loca.

Al día siguiente Isabel parecía más dicharachera que de costumbre. Estaba ilusionada por ir de compras y le apetecía que otra mujer la acompañara. A Nieves le gustaban los mercadillos y pensó que el final de las vacaciones no pintaba tan mal como parecía.

Mientras las mujeres se perdían entre los puestos del mercado, padre e hijo hablaban de fútbol. Tema que Adolfo dominaba tanto o más que cualquier otro.

La hora de la comida llegó en seguida así que tras el mercadillo, Adolfo los llevó a un restaurante que conocía.

-¿Qué os apetece hacer esta tarde? – preguntó Adolfo sorprendiendo al resto, no acostumbrados a que él no tomara las decisiones.

Isidro miró a su prometida, que no se esperaba ese comportamiento de la persona más absorbente que conocía.

-Pues no sé… ¿a ti qué te apetece, mamá? – se preocupó por su madre, sabedor de que sin su ayuda no sería capaz de tomar una decisión.

-Yo querría visitar la iglesia, que tu padre nunca me ha llevado.

-Perfecto, pues esta tarde visitamos la iglesia – confirmó el hombre.

-¿Y tú, cielo? ¿quieres venir?

-No, yo prefiero quedarme tranquila en el apartamento para descansar – no acababa de fiarse de Adolfo.

-¿Quieres que me quede contigo?

-No hace falta – le sonrió con sinceridad.

-Claro, quédate con ella que seguro que pasáis un buen rato sin el temor de que os escuche nadie – bromeó Adolfo provocando las quejas de su hijo.

Así, decidieron que mientras los jubilados visitaban la iglesia del pueblo, los jóvenes se quedarían en el apartamento descansando.

No llevaban ni diez minutos en el apartamento cuando el móvil de Isidro comenzó a sonar.

-Está bien… No, no pasa nada… Que no…

-¿Quién es? – preguntó ella.

-Nadie. Ahora vengo – y se marchó sin dar explicaciones.

Nieves, incrédula, aprovechó para ponerse cómoda. Como si estuviera en su casa, se colocó unos pantalones cortos de deporte y una camiseta vieja, sin nada debajo. Miró su teléfono móvil y pensó si sería capaz de contarle lo sucedido a alguien.

-Mira, es que no me encuentro bien y como a tu madre le hacía ilusión ir a la iglesia…

-No te preocupes. Yo me encargo. ¿Pero qué te pasa? ¿te encuentras muy mal?

-Habrá sido algo que ha comido en el restaurante – intervino Isabel.

-Será eso… tengo unos retortijones…

-Nada, no te preocupes, que mamá y yo nos vamos de parranda. Si necesitas cualquier cosa, ahí tienes a Nieves. Puedes abusar de ella todo lo que quieras – sonrió.

-Lo haré, hijo, lo haré.

Tenía el móvil en la mano, cavilando si hacer una llamada, cuando Isidro picó a la puerta. Se alegró de que hubiera vuelto, evitándole la tentación de llamar a su amiga para contarle lo ocurrido.

-¡Voy!

La sorpresa al ver a Adolfo fue mayúscula.

-¿Qué coño haces aquí?

-No me encuentro bien.

-Ya… - no sabía si dejarle pasar.

-Mi hijo me ha dicho que viniera contigo.

Dudó. Podía llamar a Isidro y preguntárselo, pero le pareció excesivo. Era claro que había sido su padre quien lo había llamado y por eso había salido pitando.

-Está bien, pasa…

Adolfo sonrió para sus adentros, fijándose en el atuendo de su nuera.

-Me gusta la ropa que llevas… estás muy sexy.

-No empecemos.

-¿Aún llevas el bikini puesto?

-¡Claro que no! – se ofendió.

-Podrías ponértelo para mí.

-Adolfo, estás muy salido, en serio.

-Venga, póntelo y yo me desnudo como si estuviéramos en la playa.

-¿Pero qué clase de perversiones se te ocurren? Madre mía…

El hombre sonreía, mezcla de excitación y diversión.

-No pareces muy enfermo – indagó - ¿Qué te pasa?

-El estómago.

-¿Tienes cagarrinas? – bromeó.

-No te rías. Tengo un dolor considerable.

-¿Te has tomado algo?

-No.

-Espera.

Nieves fue a buscar algo al bolso, ofreciendo una bonita vista de su culo en pompa al enfermo.

-Tómate esto – le dio una pastilla y una vaso de agua.

-Quieres jugar a los médicos, veo…

-No. No quiero jugar a nada. ¿No me dijiste ayer que preferías las cosas serias?

-Sí, pero siempre después de jugar un poco.

-Pues esto es muy serio. Quiero dejar bien claro que todo lo que ha pasado estos días ha sido un error. Que te has aprovechado de la situación para meterme en un lío y que si no fuera por tu mujer e hijo, no habrías podido jugar conmigo como lo has hecho. ¿Queda claro?

-Te he dicho que antes de las cosas serias, hay que jugar.

Nieves soltó un suspiró de desesperación.

-¿Y a qué quieres jugar?

-Ya te lo he dicho.

-¿A los médicos? Estás fatal – rió dándolo por imposible.

-Está bien – se puso serio – Me duele aquí – Y se palpó la parte baja del estómago – Y debido al michelín no puedo ver si tengo algo raro. Algún bulto o algo. No quería preocupar a mi mujer ni mi hijo.

-¿Me estás hablando en serio?

-Por supuesto.

-¿Y a qué venía la tontería de jugar a los médicos?

-Porque siempre me ha gustado más que jugar a papás y mamás – Nieves se rió.

-¿Y qué quieres que yo haga? – preguntó aunque se temía la respuesta.

-¿Podrías palpar la zona para ver si ves algo raro? No es un dolor de barriga normal. Ya me entiendes…

-Joder… me estás preocupando.

-Más lo estoy yo.

-Está bien. Ponte de pie y levántate la camiseta.

Adolfo le hizo caso. De pie, frente a la joven mujer, se deshizo de la camiseta mostrando su peludo torso y su grasienta barriga. Nieves hizo ademán de alzar los michelines para palpar la zona mientras preguntaba a Adolfo por el sitio dónde sentía las molestias.

-Un poco más abajo. Más abajo. Más.

Nieves ya estaba presionando sobre la tela del bañador de Adolfo.

-¿Mucho más abajo?

-No sólo un poquito más. Ahí.

-Pero si esto es el pubis – se quejó ella.

-Pues es ahí donde me duele.

-Está bien.

La mujer introdujo la mano dentro del bañador de su suegro, palpando la zona por dónde decía sentir molestias.

-Yo no noto nada extraño, a parte de la pelambrera que llevas – se quejó provocando las risas comedidas del enfermo -  ¿Quieres que eche un vistazo? – preguntó desconcertada.

-Por favor…

Nieves sacó la mano, agarrando el bañador con ambas y bajándolo ligeramente hasta dejar a la vista el pubis del hombre.

-¡Joder! Con tanto pelo es imposible ver si tienes algo.

-¿No querrás que me depile ahora? – ironizó - ¿Sabes? me duele cuando toso – y tosió para mostrar un ejemplo.

Al hacerlo, Nieves se fijó en cómo la punta de la polla se marcaba en el bañador a medida que el cuerpo del hombre se tambaleaba debido a los tosidos.

-Yo creo que te duele debido al peso del pito – bromeó sin ser consciente de que lo decía en voz alta.

-Pues vas a tener razón.

-¡Sí, hombre!

-¿Por qué no?

-Es ridículo, ¿no?

-Cómo se nota que estás con un hombre de polla pequeña…

-¡Oye! – se quejó – que es tu hijo. Lo cierto es que lo que tienes entre las piernas no es muy normal y podría ser lo que dices. Déjame que eche un último vistazo.

Y, sin previo aviso, bajó por completo el bañador de Adolfo, mostrando su gran entrepierna. La mujer acarició el tronco de la verga y la levantó mostrando los enormes testículos. Tras palpar los huevos del hombre, agarrando el miembro viril con la otra mano, le pidió a su suegro que tosiera. Le hizo caso.

-¿Te duele?

-Menos.

-Entonces va a ser eso.

Soltó los órganos sexuales del hombre que la miró desde las alturas. Adolfo alargó una mano para agarrar el cuello de la camiseta vieja de Nieves, separándolo de su cuerpo y pudiendo contemplar los preciosos pechos de la mujer.

 -¿Por qué no te quitas esto?

-¿Quieres que haga topless? – preguntó retóricamente, levantándose y quitándose la camiseta.

Los pezones de Nieves apuntaron desafiantes al hombre mayor que la observaba deseoso de la fémina que ante él se desnudaba. Cuando la mujer se bajó el pantalón, mostrando el bikini blanco con rayas negras, el mismo que había llevado el día anterior, la polla del hombre dio un respingo.

-Eso ha tenido que doler – sonrió ella con picardía.

-Tú con tu bikini y yo desnudo como si estuviéramos en la playa – se deshizo del bañador definitivamente. Ya tenía un principio de erección.

-Túmbate en la cama. Ahora soy yo la que va a dar las órdenes y tú el que va a obedecer. Como un buen paciente.

Adolfo no rechistó. Se tumbó en la cama y observó a Nieves quitándose la última prenda. Antes de tirársela sobre la polla, la mujer la olisqueó.

-Imprégnamela con tu olor – le ordenó.

El hombre recogió la tela y comenzó a frotársela por la polla.

-Pásamela.

Adolfo le pasó la braga y Nieves volvió a olfatearla.

-Ahora sí – volvió a inspirar sintiendo las fosas nasales inundándose de ese turbio olor a polla gigante.

La hembra se acercó al paciente. Se arrodilló sobre la cama y recogió el pene morcillón apuntándolo hacia el techo. Olió el glande y abrió la boca para lamerlo. A dos manos empezó a masturbarlo y al poco rato la polla estaba completamente tiesa. Aunque, debido al grosor, no le cabía en la boca, se esforzaba por introducirse el mayor trozo posible. Una de las manos dejó de pajearlo para llevarla a su entrepierna. Notó los flujos chorreando por sus muslos y se masturbó mientras una mano de Adolfo le amasaba uno de los pechos.

-¿Te gustan grandes? Eh, zorra, ¿te gustan gigantes como la mía?

-Sí. Sabes que sí… - contestó mientras respiraba entrecortadamente.

-¿Quieres que te parta en dos?

-Sí.

-Voy a hacerlo, puta. Sabes que voy a hacerlo.

-Me harás daño.

-Pero te gustará.

-Sí… - gemía de placer.

-¿Quieres que te folle el padre de tu novio?

No contestó. Simplemente se corrió con sus propios dedos insertados en el coño, con la otra mano aferrada a la inmensa verga de Adolfo y el rostro contra el sudoroso vientre del rechoncho hombre que la volvía loca.

Adolfo la apartó de encima suyo bruscamente, levantándose de la cama y dejándola tumbada, temblorosa debido al reciente orgasmo. Se acercó a la tela del bikini y se limpió la punta de la polla.

-El taco siempre reluciente – hizo reír a la damisela.

-Fóllame…

-A eso voy, cariño. Abre las malditas piernas.

Nieves orientó su cuerpo hacia el hombre y, haciéndole caso, alzó las piernas al tiempo que las separaba mostrando sus labios vaginales, empapados, separándose ligeramente. Adolfo se agachó, escupiendo sobre el apetecible coño antes de pasar su rolliza lengua por los pliegues de la entrepierna. Los gemidos ahogados de Nieves fueron contundentes.

Sentía cómo la oronda lengua amasaba su increíblemente sensible chocho que no dejaba de lubricar dejando un blanquecino aspecto a la recia barba de Adolfo. Los pelos de dicha barba le cosquilleaban la parte interna de los muslos, provocándole aún más éxtasis. Cuando los labios de su suegro se aferraban a su erecto clítoris creía morir. Volvió a correrse, esta vez en la boca del hombre, soltando un chorro que impactó en el rostro del comecoños.

-Puta, estás disfrutándolo, ¡eh!

-¿Y tú no, viejo verde? Nunca habrías soñado acostarte con alguien como yo, ¿verdad?

-Ésta me abre muchas piernas – soltó agarrándose el miembro, aún tieso.

Nieves gimió.

-No lo dudo, machote. Las mías, de par en par – rió.

-Cierra los ojos – ella obedeció – Y piensa que estás con mi hijo. Piensa que es su micro pene el que va a follarte…

-Sí, Isidro…

-Eso es… - acercó la punta de la polla a la entrada de su nuera. Restregó el glande por los labios vaginales viendo cómo el blanquecino líquido del coño de Nieves se deslizaba por su falo.

-Joder, Isidro, ¿qué es eso tan grande? ¿Hoy has traído un juguetito? – hizo sonreír a Adolfo.

-Sí, cariño, he traído a mi padre – y le insertó de golpe el tremendo pollón haciéndola gritar por la acción sorpresiva y provocándole un nuevo orgasmo al instante.

-¡Hijo de putaaaa! – gritó de placer – Me co… me… corro… oooo. ¡Puto cabrón! Qué gusto…

Sin pausa para recomponerse de la corrida, Adolfo comenzó a meter y sacar su enorme miembro del interior de la mujer, provocándole tres nuevos orgasmos seguidos, uno detrás de otro. Era la primera vez que tenía un multiorgasmo y sintió el dolor de los dedos del pie, agarrotados de tanto encogerlos.

-¡Para, Adolfo, para! – se quejó suplicando.

El hombre se apiadó de ella, cesando en la follada, pero sin salir de su interior.

-¿Qué te pasa, mojigata? ¿Demasiado placer para ti?

-No seas impertinente. No soporto tu chulería – explicó con rabia – ¡Aaahhh! – gimió cuando Adolfo le insertó media polla de un golpe de cadera, sonriendo, altanero.

El hombre se inclinó hacia ella para besarla.

-¡Para, me chafas! – se quejó.

-Joder, qué tiquismiquis. Te quejas por todo.

-Tú podrías perder un poco de barriga… que porque la tienes muy grande, sino no te la verías.

El hombre rió con estruendo. Había estado graciosa.

-Ponte a cuatro patas.

-Por detrás no, ¡eh!

-Tranquila, que no quiero que dejes a mi hijo para casarte conmigo. Sólo quiero echar un polvo con una tía buena.

-Imbécil.

-Agáchate – la inclinó empujándole la espalda.

El hombre colocó toda la extensión de la polla sobre la espalda de la mujer, dejando los huevos en contacto con las nalgas mientras se inclinaba para sobar los pechos de Nieves. Amasarlos con la ley de la gravedad haciendo su trabajo era aún más satisfactorio. Daba la impresión de que eran las tetas las que buscaban el contacto con las gruesas manos del macho.

-Creo que si te la meto entera, podría llegar hasta las costillas.

Nieves, sintiendo el peso del pollón sobre su espalda, no lo dudó.

Torturando las nalgas de su joven nuera, el jubilado volvió a follársela. Mucho antes de que los testículos se acercaran a los muslos de la joven, Nieves ya se quejaba de los dolorosos golpes que su suegro le propinaba al llegar hasta el fondo. Cuando el hombre se hizo con las medidas, comenzó un acompasado ritmo que fue aumentando paulatinamente. La chica alargó la mano para rozar la polla que entraba y salía de su interior con frenesí. El último orgasmo de Nieves llegó instante antes de que Adolfo dejara de insertarla.

-¿Quieres un baño de semen, guarra?

-Quiero lo que tú quieras, Adolfo. Tú llevas la voz cantante, como siempre.

La tenía agarrada del pelo, arrodillada en el suelo y con la boca abierta, esperando la corrida del hombre que se masturbaba ante ella.

El primer lefazo impactó con fuerza. Casi le hizo daño. Un montón de semen fue cayendo desde la frente hasta la boca, pasando por la nariz de Nieves. Los siguientes chorros fueron más seguidos, sin apenas perder fuerza ni cantidad de semen. Cinco ráfagas continuas que pintaron el rostro de Nieves de blanco. Sentía la cara ardiendo debido al calor de la leche, pero el hombre no dejaba de masturbarse. Un séptimo chorro cayó con menos fuerza sobre la lengua de la mujer. Los tres siguientes volvieron a venir seguidos, aún con bastante cantidad de esperma, pero menos beligerantes. Nieves pensó que la iba a inundar si no paraba de soltar leche en el instante que dos nuevos chorros impactaron en el rostro de la hermosa mujer. El número trece volvió a recuperar ferocidad, alcanzando el pelo de la joven. Otros cuatro seguidos acabaron por llenarle la boca de semen, teniendo que empezar a expulsarlo si no quería ahogarse. Dos nuevas acometidas, casi sin fuerza, cayeron sobre las puntas de los pechos de Nieves que ya no se esperaba un nuevo escupitajo que soltó una gran cantidad de semen directamente sobre la boca ya repleta, haciéndola toser. El último lechazo, el número veintiuno, pasó por encima de la convulsa mujer, cayendo directamente al lado del bikini a rayas.

El hombre se apartó con rapidez, dejando tirada a la dama. Le hubiera gustado chuparle la polla, pero la cantidad desorbitante de semen se lo había impedido.

-¿Cuánto tiempo ha pasado? – preguntó preocupado.

Nieves, con un ojo cerrado debido a la corrida y el otro entreabierto debido a la película de semen que colgaba de sus pestañas, veía borroso a su suegro. Estaba aturdida, observando la morcillona polla que no dejaba de impresionarla.

-¡Muévete, puta! – la hizo reaccionar – deben estar a punto de llegar.

Nieves reaccionó en seguida. Rápidamente comprendió la estupidez que acababa de cometer y se dirigió al baño para limpiarse.

Sin despedirse, Adolfo salió del apartamento. El corazón se le paró al encontrarse con su hijo. La mirada lo dijo todo.

-No entres ahora. No quieras ver la pinta que tiene.

Isidro, que había escuchado más que suficiente junto a su madre desde la habitación contigua, no dijo nada y entró a su apartamento.

Tres días más tarde, Adolfo e Isabel estaban en Asturias. Isidro hacía los preparativos para la vuelta al trabajo mientras Nieves hablaba por teléfono con su amiga.

-Te dije que no discutieras con él. Te lo dije. ¿Por qué no me llamaste para desahogarte? – le recriminó.

-Estuve tentada, te lo juro, pero…

-Bueno, tranquilízate. No ha sido más que una discusión tonta por culpa de sus padres. Seguro que lo arregláis. No podéis dejarlo por esta gilipollez.

-Que no, que su padre y yo somos incompatibles.

-¿Y él con quién pensaba casarse? ¿Con su padre? ¡Vamos, no me jodas!

-Isidro no tiene la culpa – los remordimientos estaban carcomiendo por dentro a una alicaída Nieves, incapaz de contarle la verdad a su mejor amiga.

Isidro detuvo sus quehaceres por un instante. Cerró los ojos y se esforzó por no soltar la lágrima que le asomaba. Recordó la visión al entrar al apartamento.

Nieves, desnuda, se estaba lavando la cara. Su hermosa cabellera aún estaba pringosa por culpa del semen de su padre. El mismo que manchaba el suelo junto al sucio bikini blanco con rayas negras horizontales que descansaba en el suelo. La sábana de la cama estaba revuelta y el olor a sexo apestaba la estancia. No podía quitarse esa imagen mental de la cabeza.

A unos cuantos kilómetros de distancia, Adolfo le daba las explicaciones que no había pedido a su mujer.

-Las crías de hoy en día van a lo que van, Isabel. Nieves me estuvo buscando durante toda la semana. Yo no hice más que rechazarla, pero estas crías saben lo poderosas que son. Jóvenes, guapas, con cuerpos de escándalo… sabes que no es la primera que me busca.

-Maldita hija de… suerte que el niño se ha enterado de todo y la ha dejado antes de que se casaran. Jamás hubiera pensado que la niñata… y encima con su futuro suegro.

-Deja de pensar en ello, mujer. Y vamos a la playa, que nos están esperando.

-¿Les has propuesto de ir a la nudista?

-No, pero hoy mismo se lo digo.

22 Response to "Vacaciones a toda costa"

  1. Javi 1 de marzo de 2013, 15:54
    Voy a ser el primero en comentarte! Seré breve.
    El relato, un 10. Bueno, un 10 no, un 1000. Bravo. En serio, supongo que será muy difícil, pero estaría genial que te plantearas la idea de escribir. No solo relatos, sino cualquier cosa, de cualquier tamaño, de cualquier temática. Eres el único autor de este tipo de textos que leo, porque profundizas en la mejor de un relato erótico: La situación que lleva a los personajes a llevar a cabo la acción sexual. Esos momentos los describes de forma genial. Gracias por regalarnos este trocito de tí.
    PD: Somos muchos los que te leemos y no te comentamos casi nunca, es un error por nuestra parte, porque se ve que los comentarios te animan a seguir escribiendo. Pero que sepas que cada vez eres más conocido por la red :)
    Saludos doctorbp.
  2. J.A.H.B. 5 de marzo de 2013, 2:51
    Injusto que estés regalando tu arte con el trabajo que lleva implícito.Desearte que lleves tus trabajos al nivel que desees.Desde aquí, no pagado pero si agradecido por favor sigue adelante con tus planes.
  3. doctorbp 6 de marzo de 2013, 1:07
    Javi, mil gracias (una por cada punto que le has puesto al relato jaja). Si lees la página "About" de este mismo blog te dará un idea de por qué intento profundizar en esos momentos previos al coito. Al igual que a ti, es lo que me atrae de los relatos y no siempre encontraba textos que me satisfacían en ese sentido. Por eso empecé a escribir, para relatar justo lo que quería leer.

    No puedo negar que el número de visitas al blog ha ido creciendo desde que empecé las publicaciones el año pasado, pero de ahí a que sea conocido por la red... jeje Evidentemente es bueno que las visitas crezcan, pero ciertamente la falta de comentarios es poco alentadora. Por eso es de agradecer que, aunque sólo lo hagas una vez, me hayas comentado. Soy el primero que reconoce lo difícil que es pararse a comentar algo en Internet. Normalmente la gente busca, encuentra y se va. Y más cuando hablamos de relatos eróticos jaja Yo también lo he hecho. Y no ha sido hasta que he creado este blog cuando me he dado cuenta de lo importante que es para el autor recibir el feedback de su público.
  4. Anónimo 6 de marzo de 2013, 21:10
    Grandioso Doctorbp! Muchas gracias por este muy buen relato, esperábamos algo así. Siempre un poco de drama es bien recibido. Saludos!
  5. Santi (Kizito35) 9 de marzo de 2013, 20:17
    Sublime Doctor!!! Perdoname la expresión pero lo digo como lo siento:¡¡¡eres un puto genio!!!. Maravilloso el relato que desde ya mismo pasa a formar parte de mi podium de tus relatos. Es increible como relatas y el morbo que creas- Y si la inspiración tienen que ver con el momento anímico de las personas me alegro mucho por ti porque ahora debes estar pasando un muy buen momento jejejeje. Un abrazo y muchísimas gracias por compartir tu arte con nosotros
  6. Straccia Tella 10 de marzo de 2013, 1:07
    Gracias por un nuevo relato! Pensaras que tienes unos lectores muy repetitivos, pero una vez más te tengo que poner que es un muy buen relato y que escribes de forma fantástica.

    Como alguna vez has dicho que quieres que te pongamos alguna pega, te busco una. Igual me equivoco, ya que como tus relatos son cada vez más largos, lo he leído en varios días y ahora hablo de memoria. Pero la cosa es que a la protagonista la has descrito de forma un poco vaga. Sabemos que está buena, que tiene la piel morena y que sus tetas estan bien... pero creo que no has mencionado nunca su pelo o sus ojos.

    El suegro por otra parte, has conseguido crear a un personaje desagradable de verdad. La verdad que en buena parte del relato se merecía que le hubiera picado una medusa en toda la...

    Bueno y decir que aunque es un relato de infidelidad (la especialidad de este blog), y con una relación que se va a la mierda, no deja el mal cuerpo que dejaba el de 'Sin tetas no hay trabajo' En aquel no se que hiciste que me pareció muy duro, afortunadamente en los siguientes no se ha vuelto a repetir.

    Un beso!
  7. Yuri 11 de marzo de 2013, 15:38
    Primero de todo, perdón por la tardanza en comentar, pero hasta hoy no había podido leer el relato.
    Un relato muy entretenido la verdad. Adolfo me ha gustado como personaje. Guarrete, pero no tan odioso como otros.

    Y si que es verdad, como dice Straccia, que Nieves queda poco descrita. Aunque igual ha sido algo buscado de forma deliberada.

    Digamos que no es el relato que más me ha gustado, pero es entretenido de leer, y muy erótico.
    Bastante buen relato :)
  8. doctorbp 13 de marzo de 2013, 0:20
    Gracias Santi (Kizito35). Lo cierto es que no sé cómo sería mi estado anímico cuando escribí el relato, pero sí me sentí cómodo con él. Y creo que eso es clave en el resultado final del mismo. Hay otros en los que me ha costado más meterme y creo que el resultado ha sido fiel reflejo de eso. Me alegra que haya pasado a formar parte de tu podium :)

    Hola Straccia y Yuri! Me alegra ver vuestros comentarios.

    Es cierto que últimamente me cuesta describir físicamente, sobre todo, al personaje femenino. Mea culpa. Creo que sé el motivo. Realmente todos mis personajes femeninos protagonistas son muy similares en cuanto a aspecto. Morenas, guapas, con curvas, buenas tetas (sin ser excesivamente grandes)... Me da la sensación que hacer descripciones tan parecidas es repetitivo, pero ciertamente es un error, pues cada relato es un mundo y un personaje nuevo. Intentaré corregirlo en futuros escritos. Por cierto... pronto habrá una rubia follando por estos lares jajaja No digo más.

    Yuri, no me pidas perdón por eso!!! Gracias a ti por comentar!!! Espero que los próximos relatos sean más de tu agrado.
  9. Yuri 13 de marzo de 2013, 17:33
    Para que conste! Todos tus relatos son de mi agrado jeje. Me pueden gustar más o menos, porque son diferentes, pero siempre partiendo de la base de que son grandes relatos verdaderamente bien escritos, que transmiten muy bien lo que cuentan.

    Una rubia... Interesante XD. Guardo esperanzas de que algún personaje sea pelirroja pálida y con pequitas jeje. Digamos que son una debilidad :)

    PD: Como siempre gracias por el relato. Yo soy un fan
  10. doctorbp 15 de marzo de 2013, 20:02
    Pelirroja pálida con pequitas... jajaja no me motivan nada!!! :P

    Pero bueno, no lo descarto completamente. Tú no pierdas la esperanza :)
  11. Cuervo Ingenuo 25 de marzo de 2013, 2:17
    Magnifico relato, muy excitante sobre todo el desenlace.
  12. Cuervo Ingenuo 25 de marzo de 2013, 2:17
    Magnifico relato, muy excitante sobre todo el desenlace.
  13. Steamer 1 de junio de 2013, 4:55
    Gran historia, inesperado desenlace.
    ¡Que morbo la verdad!

    Estoy contigo en el hecho de que no es necesario describir de más a los personajes. Era morena, muy atractiva y las tetas era su cualidad más sobresaliente...

    No hay mucho más que necesite.
    Yo siempre cuando el autor comienza a describir a sus protagonistas(o sus lugares o vehículos o estructuras), me hago una imagen mental propia que comúnmente ignora cosas básicas que describía el autor.
    Ejemplo; Cuando Leía los libros de Juego de Tronos me imaginaba a Cercei con el Cabello negro.

    No sabía que Sin Tetas no hay trabajo había despertado tanto desagrado.
  14. Moonlight 29 de junio de 2013, 4:40
    Yo conozco a una pelirroja, pálida y con pequitas que se llama Beyonce. Tiene la piel más suave que he tocado en mi vida, al menos de las partes que le he tocado: brazos y piernas. Yuri se derretiría, jaja.

    Te voy a decir lo de siempre: que lo he leído, que es un relato magnífico, que es muy bueno, que a las 4:00 es de noche... Así que te voy a poner pegas, porque he visto alguna y lo tengo fresco porque lo acabo de terminar.

    No me gusta leer en estos blogs, así que copio el relato en un documento Word para leer con más comodiad. El nombre de la chica no me gusta nada, así que se lo he cambiado. En el relato que yo he leído, la prota se llama Sandra. Esto no es un error y tampoco es coña, pero es paar dejar constancia de algo que no me ha gustado.

    Cuando el suegro se restriega el braguita del bikini por la polla para impregnarlo con su olor en la playa, después de haber estado en el agua, no creo que siga llevando el olor, sobre todo si se supone que la polla esta limpia. Si huele a cerdo putrefacto, quizás sí, pero así no lo creo.

    Y el error más importante que he visto... Mira que no aprendéis, ¿eh? Los orgasmos multiples no son tres, ni cuatro ni veinte orgasmos seguidos ni simultáneos. Ser multiorgásmica es, simplemente, tener la capacidad de tener varios orgasmos en un mismo coito, y, desde luego, no no son seguidos. Vosotros también podéis serlo, pero cuando os correis, eyaculáis (que no es lo mismo que tener un orgasmo), y la eyucalación provoca que se desinfle la polla. Ya te contaré como ser tú también multiorgásmico y pasártelo de puta madre cuando pierdas la virginidad.

    Ah, dos cositas más. ¿Te llamas Toni? ¿Dónde ha despertado tanto desagrado el relato "Sin tetas no hay trabajo"?

    Así que tus personajes femeninos se parecen a mí...
  15. doctorbp 29 de junio de 2013, 14:23
    Moon, qué alegría seguir leyéndote por aquí. Con tu último comentario pensé que no volverías.

    Jo! Mira que procuré escoger una plantilla para el blog que fuera lo más amena posible para leer. Fondo claro, letra no demasiado pequeña... tal vez la parte principal sea demasiado estrecha en pos de la barra de la derecha :( Bueno, sé que el blog no es perfecto.

    jajaja Sandra jamás se comportaría como Nieves xD Ni está tan buena :P

    Pollas grandes y mujeres con orgasmos seguidos son "exageraciones" clásicas de mis relatos. No obstante, te doy la razón en la mala utilización del término "multiorgasmo". Procuraré no volver a cometer el mismo error en próximos relatos.

    De igual forma, lo del olor de la prenda estando en el agua... pues sí, igual está un poco cogido con pinzas, pero ¿le da morbo al relato o no? jeje En serio, en su momento no caí y, por lo tanto, no le di ninguna importancia. Si lo hubiera pensado de ese modo tal vez le hubiera dado una vuelta de tuerca para describir la misma situación, pero de una forma más fidedigna.

    Moon, si te pareces a los personajes femeninos de mis relatos... estaría encantado de perder la virginidad con alguien como tú :D

    Cuervo Ingenuo, me alegro que te haya gustado. Te animo a que sigas leyendo y opinando sobre el resto de relatos :)

    Steamer, a mí me pasa algo parecido con las descripciones. Es la parte que menos me gusta cuando leo y supongo que por eso no la aplico en demasía a mis propios escritos.
    Me gusta hacerme una imagen mental de los personajes y lugares con la ayuda del escritor, pero siempre aportando mis pinceladas como lector.

    Gracias a todos por los comentarios!
  16. Moonlight 30 de junio de 2013, 1:28
    Pues sí, he vuelto. ¿Por qué no iba a volver a hacerlo? Esta vez ha sido porque ayer, después de apagar el ordenata, me acordé de una cosa sobre la que no te eché la bronca, pero tampoco te la voy a echar ahora; eso sí, te haré una pregunta. ¿Cuándo te has corrido tú y has disparado, nada más y nada menos, que 21 chorrtios de lefa?

    Te aseguro que Sandra está mucho más buena; tendrías que ver a mi prima. Y yo, lo siento, pero ya estoy pillada y tengo la mala costumbre de ser fiel. Yo no soy para ti, ya aparecerá la chica adecuada y tendrás el valor para confesarle... que ya estás comprometido.

    Un beso del anterior comentario.

    Otro beso de este comentario.

    Otro beso más de propina.

    Y otro porque tú lo vales.
  17. Anónimo 26 de diciembre de 2013, 23:30
    Te leo hace como dos años y no parás de sorprenderme... realmente, los mejores relatos eróticos de todo internet, ya que sabés cómo hacerlo! quizá estaría bueno que para atraer a más público femenino, indagues un poco más en lo que le exita a una mujer ya que, obviamente por ser hombre, las imágenes sensoriales que utilizás son siempre exitantes pero más que nada para un público masculino. Un pequeño comentario nada más. Soy estudiante de Letras, te digo que realmente hacés un muy buen trabajo aquí. Saludos desde Argentina!
  18. doctorbp 27 de diciembre de 2013, 23:30
    ¡Menudo halago! :D

    ¡Ostras! pues me dejas descolocado sobre las imágenes sensoriales que utilizo. Supongo que tendrás parte de razón, pues lo que escribo es porque me excita a mí, que soy hombre, pero siempre había pensado que mis relatos podía excitar o no a toda clase de público. Simple cuestión de gustos.
    Sinceramente, no sé cómo tomarme ese consejo :P

    En fin, muchísimas gracias por comentar. Espero que sigas haciéndolo.
  19. Anónimo 3 de febrero de 2015, 1:22
    Buenas Doc. Aprovecho para escribirte aquí a raíz de tu comentario en twitter. Este para mí es uno de los mejores relatos eroticos y las escenas del agua me parecen de las mejores que he leído en mi vida en un relato erótico. Echo de menos sensaciones así en tus últimos relatos, aunque se que es difícil seguir manteniendo este nivelazo. Echo de menos mas dilema moral en los pensamientos de la mujer y ver como poco a poco acaba sucumbiendo. En tus nuevos relatos me cuesta más creerme esa batalla en la cabeza de la protagonista.


    Un saludo
  20. doctorbp 5 de febrero de 2015, 22:03
    No sé qué decir. Supongo que es difícil conseguir plasmar esas mismas sensaciones a la vez que se intenta escribir una historia diferente.

    Lo que describes me recuerda a lo que sentía yo cuando leía las nuevas historias de los autores que habían escrito algunos de los relatos que más me habían gustado. Seguían escribiendo bien, pero las sensaciones casi nunca eran las mismas.

    ¿Dónde está el problema? Pues no lo sé. Sinceramente, espero que algún día vuelva a escribir unas escenas que te lleguen tanto como estas. He de reconocer que cuando lo releí hace poco, me gustaron tanto como el primer día.

    Seguramente sea yo el culpable y tal vez el problema sean los personajes. Pero si hay que echarle la culpa de algo a alguien, sin duda debería ser a la musa que se fue para no volver.
  21. Anónimo 11 de febrero de 2015, 1:14
    Hola Doc, gracias por responderme (Anónimo
    3 DE FEBRERO DE 2015, 1:22)

    Seguro que volverá, es dificil buscar el equilibro entre la idea original y el no repetirse demasiado. No quería desanimarte con mi comentarion.

    Un saludo
  22. doctorbp 14 de febrero de 2015, 1:02
    Hola, no me has desanimado para nada. Al contrario, me has confirmado que este relato puede gustar tanto como me gusta a mí :)

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