Regalo de cumpleaños

Sinopsis: Un regalo de aniversario es el motivo para que una camarera y una gogó de discoteca conozcan al cumpleañero y a su grupo de amistades.

La música estaba demasiado alta como para tener una conversación decente. No era lo que más le apetecía, pero Roque tuvo que aceptarlo mientras hablaba a gritos en el oído con su mejor amigo, Gabriel.

-¿Te has fijado en las camareras? – vociferó Gabriel para que Roque le escuchara.

-Sí, la morena está tremenda.

-¿Cuál? – y se giró interesado en la bella mujer que Roque le indicaba.

Mientras los dos amigos hablaban, Cintia y Pablo esperaban expectantes a que Gabriel volviera con la información que pudiera sonsacarle al hombre que esa noche cumplía 25 años.

Roque no solía festejar los días señalados. Era de la extraña opinión de que no veía la diferencia entre el día que cumples años y, por ejemplo, el día anterior con lo que no encontraba motivo para celebrar uno y no otro. Un tío peculiar. Pero era parte de su encanto y así lo sabían sus amigos.

A pesar de todo, Gabriel había sido el promotor de la quedada que habían hecho con motivo del aniversario de su mejor amigo. Habían salido a cenar y ahora estaban en un local bebiendo y bailando bajo una música ensordecedora.

-Le gusta la morena – confesó Gabriel a Cintia y Pablo.

-No tiene mal gusto – bromeó Pablo fijándose en la preciosa camarera.

-¡Vale! – espetó Cintia dirigiéndose a la barra.

Entretanto, Martín y Elena, en mitad de la pista, se regalaban caricias, besos y miles de gestos cariñosos mientras movían sensualmente sus cuerpos al ritmo de la música. La pareja era el centro de atención gracias a su derroche de acompasado atractivo.

-Quiero hacerle un show a un amigo que cumple años – le hizo saber Cintia al camarero.

-¿Y qué chica quieres que lo haga?

-Esa – señaló a la morena que Roque había elegido.

-Lo siento, Carmen no hace ese tipo de espectáculos. Es camarera, estrictamente.

-Ah… - se sorprendió la mujer, algo decepcionada.

-Las chicas que hacen ese servicio son las gogós.

-¿Y…?

-Carla, por ejemplo – le señaló una pelirroja de piel morena, con el pelo recogido mediante una coleta.

-Espera, que pregunto.

Tanto Gabriel como Pablo estuvieron conformes considerando que Carla estaba tanto o más buena que la camarera escogida por Roque, así que decidieron contratar el servicio que el local ofrecía: un show sexy por parte de una de las gogós del disco-pub.

Pablo fue en busca de los novios que seguían bailando en mitad de la pista para que todos los amigos estuvieran presentes cuando Roque recibiera su regalo de cumpleaños.

-Nos va a matar – resopló Elena, batiendo con una mano su rubia y lisa melena.

-Sí, pero será divertidísimo verle la cara – sonrió Cintia con cierta malicia.

A Elena, conociendo a Roque, le sabía mal que fueran a ponerle en un brete. Sin embargo, el resto parecía estar más que conforme con la idea de Cintia, que era la que llevaba la voz cantante en el asunto.

Gabriel conocía perfectamente a su mejor amigo y sabía que iba a pasar un mal rato. Pero por otro lado le apetecía que el tímido cumpleañero disfrutara un poco de las virtudes de una espectacular mujer como la gogó que iba a hacerle el espectáculo.

Pablo y Martín no le dieron demasiadas vueltas. Para ellos, recibir ese regalo era más una alegría que otra cosa y no pensaron que tal vez Roque no creyera lo mismo.

-Acompáñame a la barra, que quiero un copazo – le lanzó Gabriel el ardid - ¿Tú quieres algo?

-Sí, un vodka con limón. Vamos – picó el anzuelo.

Roque se fijó en la camarera. Estaba muy buena. Tenía media melena, pelo largo por detrás y más corto a medida que se acercaba al flequillo que, si no lo ladeaba, le tapaba medio rostro. La mujer vestía una chaqueta marrón cuya cremallera estaba abrochada únicamente al principio dejando ver su vientre plano y la pieza dorada en forma de sostén que tapaba sus bonitos y considerables pechos. A juego con la chaqueta, un mini pantalón en forma de culotte era la escasa prenda que dejaba a la vista las estilizadas piernas de Carmen. Para redondear, a juego con el top, un ancho cinturón, que únicamente servía de adorno, rodeaba sus caderas sobre el short.

Junto a ella había un tío cachas descamisado, todo músculo. Y delante de ellos otra chica igualmente espectacular. Se fijó en las personas que se alejaban de la barra dejando un hueco libre. Cuando se dio cuenta de lo que pasaba ya era demasiado tarde.

-Hola, soy Carla – se presentó la hermosa mujer.

-Hola – balbuceó, acojonado mientras Gabriel le sonreía - ¿Esto no será por mí? – le preguntó deseando que no fuera cierto algo tan evidente.

-Hemos intentado que fuera la morena, pero no ha podido ser – soltó Cintia que se había acercado junto al resto de la cuadrilla.

-Seguro que esto ha sido idea tuya – se quejó Roque dirigiéndose a su amiga.

-¿Qué pasa? ¿Que yo no te gusto? – Carla se hizo la ofendida, con sensualidad.

-No, no – se excusó – Tú tampoco estás nada mal – soltó haciendo reír a la gogó.

-Súbete a la barra.

-No – se quejó, con cierta timidez.

-¡Vamos, Roque! – le animaron sus amigos – Disfruta de tu regalo de cumpleaños.

El hombre quería explicarles que aquello no era precisamente lo que más le podía apetecer, que le daba mucha vergüenza, que no quería que todo el local le viera hacer el ridículo… pero sabía que ya era demasiado tarde para todo eso.

-Pero encima de la barra no… - casi suplicó a Carla, que le hizo caso omiso.

El cachas descamisado se acercó a Roque y le instó a subir. El veinteañero finalmente no se pudo negar mientras miraba con melancolía a Elena.

-Lo pasarás bien – le quiso animar sonriéndole mostrando su bello rostro.

Martín se acercó a la barra y alzó su voz buscando llamar la atención de Carmen.

-¡Oye, perdona!

La mujer no tardó en darse por aludida. Le miró con incredulidad y se acercó al tío con aire chulesco que la llamaba. Sin decirle nada, se acercó girando su rostro para acercar el oído a la cara de Martín que gritó para hacerse oír.

-¿Por qué no le has hecho tú el show a mi amigo?

-Yo no hago esa clase de espectáculos – le contestó mientras giraba la cabeza para ponerse de frente al chico con el que hablaba.

-Será porque no quieres. Cualidades no te faltan.

Carmen sonrió. Acostumbrada a que la piropearan durante toda la noche, no se sorprendió por aquellas palabras. Se fijó en Martín y observó al típico guaperas. Moreno, con el pelo corto, alto y fuertecito. Con pantalones modernos y una camisa blanca desabrochada en la parte superior mostrando el inicio de lo que parecían unos pectorales bien puestos, depilados. Uno de tantos, pensó.

-De todos modos, podrías acercarte luego a charlar un rato con él. Es un buen tío y seguro que eso le anima.

-Se ve bastante paradito – se sinceró, sintiéndose extrañamente confortable hablando con Martín. El hombre no parecía dispuesto a entrarle como hacían el resto de babosos.

-Sí, es timidillo. No creo que ahora lo esté pasando demasiado bien.

-Pobre…

Carla vestía únicamente un bikini de color negro con estampados tribales de color blanco y tonos rojos. Como complemento, llevaba una especie de pareo negro en forma de rejilla alrededor de la cintura que le abarcaba todo el culo y el inicio de las piernas. Roque se fijó en el discreto piercing que la gogó tenía bajo una de las comisuras de los labios y en el dibujo de un duende que tenía tatuado al lado del ombligo.

Roque estaba sentado a horcajadas sobre la barra. En frente suyo, Carla comenzó el show que habían contratado. La gogó, arrodillada, acercó su cuerpo al asustadizo cliente. La cara de Roque era un poema. Su rostro reflejaba la incomodidad del momento e, instintivamente, se inclinó hacia atrás cuando la espectacular mujer que tenía en frente acercó sus pechos al muchacho que intentaba mirarla a la cara a toda costa, temeroso de desviar la mirada hacia las tetas.

Viendo la pasividad del hombre, la mujer se fue creciendo. Intentó deshacerse de la camiseta del chico, que se negó.

-No, desnudarme sí que no – se quejó.

-Tranquilo, es sólo la camiseta – lo convenció, sonriente, mientras se acercaba más a su presa, apoyando las rodillas sobre los muslos de Roque.

Carla agarró la prenda del chico y se la sacó mostrando un cuerpo no demasiado agraciado. La piel blanca de Roque contrastaba con sus peludos brazos. Pero lo que más acomplejaba al muchacho eran sus michelines que, aunque sin ser exagerados, sí desentonaban ante una chica tan guapa como la protagonista del show.

Roque, sabiendo que todo el puto local estaba presenciando aquella patética imagen, estaba pasando el peor rato de su vida. Por suerte, divisó a Elena y su sonrisa fue suficiente para reconfortarlo y hacerlo reír.

La gogó se lo tomó como una buena señal, levantándose al tiempo que se giraba dejando su culo a la altura del rostro del ahora sonriente cliente. La chica comenzó a bailar contorneándose para deleite de Roque y el resto de espectadores.

A pesar de lo mal que lo estaba pasando, Roque no era de piedra y supo apreciar el perfecto culo de la bailarina. Ostensiblemente de mejor humor que al inicio del show, de reojo, divisó a Cintia, divertida, observando la escena y la señaló como acusándola de haberle metido en aquella encerrona.

-¿Y tú por qué no estás viendo el show de tu amigo? – se extrañó Carmen mientras se alejaba de Martín, con el que aún hablaba, para atender a otros clientes.

Martín era un fiestero. Se movía a sus anchas durante la noche y, hasta que conoció a su actual novia, Elena, nunca se le había dado nada mal ligar en esos ambientes. La soltura casi le hacía comportarse de ese modo sin darse cuenta.

-Porque prefiero estar aquí hablando contigo – le soltó sin pensar demasiado.

-Ya… - sonrió la camarera sabiendo que tarde o temprano, el machito le soltaría alguna – ¿Qué te pongo? – preguntó a un joven ansioso por ser atendido.

-Palote – le soltó el muchacho.

Acostumbrada a ese tipo de comportamientos, Carmen lo ignoró, mirando de reojo a Martín, sonriendo ambos con complicidad a costa del comentario del joven.

-¿Y de beber quieres algo?

-Depende de lo mojadita que estés… - le soltó provocando las risas de los que estaban alrededor.

Martín se alejó de la barra aprovechando para echar una última mirada cómplice a la camarera. Carmen lo vio, dándose cuenta del gesto comprensivo del hombre, y se dispuso a lidiar con el mocoso.

-No tienes dinero suficiente para pagar ese cubata – le sonrió con malicia.

-¿Así que tienes precio? – soltó otro de los muchachos que se agolpaban en la barra.

-Sólo para los que yo decido – quiso jugar un rato con los chicos que parecían bastante salidos – Y vosotros no estáis entre ellos – les cortó el rollo completamente.

Carla se volvió a girar ahora empujando a Roque para que se estirara sobre la barra. Pidió a un compañero que le pasara un cubito de hielo que se lo llevó a la boca y con él recorrió el torso del plácido cliente, haciendo hincapié en los lisos pectorales y sus pezones.

Pablo, al igual que el resto de la sala, estaba extasiado contemplando el culo en pompa de la bailarina y la pequeña tela que escasamente ocultaba su entrepierna mientras se estiraba sobre el cuerpo de un estupefacto Roque.

Las caricias de los pechos de Carla contra el estómago del hombre, cada vez que se estiraba para deslizarle el hielo por los pectorales, le provocaba sublimes sensaciones. Por un momento, Roque dejó de pensar en el abarrotado local, en su amor platónico Elena o en la camarera buenorra. Simplemente estaba disfrutando de aquellos morbosos roces cuando Carla le hizo reaccionar.

-No – fue tajante – los pantalones no – imploró al tiempo que se llevaba las manos a la bragueta que Carla intentaba abrir.

-Tranquilo – insistió, siempre sonriente – que es sólo para meterte el hielo.

Completamente sumiso, Roque le dejó hacer. Carla, que no tenía ninguna intención de ir más allá, en cuanto tuvo espacio suficiente para colar lo que quedaba del cubito, lo deslizó hacia dentro provocando los lamentos entre los amigos de la víctima.

-Incorpórate – le pidió la chica, dejándolo sentado como estaba antes.

Roque se fijó cómo hablaba con el cachas de la barra. Debido a la música fue incapaz de saber lo que le había dicho hasta que lo comprendió cuando el hombre le tapó la vista rodeándole con un rollo de papel. Roque sólo oía música, risas y las instrucciones de Carla.

-Abre la boca – le pidió.

No estaba seguro de lo que iba a suceder. ¿Le besaría? ¿Le haría alguna broma de mal gusto? Estaba muy tenso…

-Chupa.

¿¡Qué cojones!? Cerró la boca, temiéndose lo peor, cuando notó la pajita que salía del vaso que Carla se había fijado a la cintura gracias al pareo de rejilla.

Coca-cola. No sabía si sentía alivio o decepción. Supuso que más bien lo primero. Tampoco tenía ganas de hacer nada delante de todo aquel gentío por muy apetecible que fuera, así que le resultó mucho más satisfactorio que no le hubieran hecho alguna putada estando con los ojos cerrados.

Cintia pensó que el show estaba siendo demasiado light así que se acercó al camarero con el que había hablado antes y le pidió que Carla fuera un poco más permisiva con el pobre cumpleañero. La petición pareció llegar a buen puerto.

-Acércate un poquito más – le pidió mimosamente Carla al tímido hombre.

Roque seguía temeroso y más al tener los ojos cerrados. Al sentir el calor humano tan próximo y el contacto con una piel suave se preguntó si realmente era lo que parecía, el vientre de Carla. Sus temores por ser víctima de una burda broma se desollaron cuando escuchó a Gabriel pidiendo que le quitaran la venda para que disfrutara de lo que estaba haciendo. Roque comenzó a besar la fina piel, no atreviéndose a mucho más a pesar de tener tan cerca partes tan anheladas de una mujer de bandera como la gogó del local.

A pesar de tener claro que aquel corderito no sería capaz de intentar nada raro, Carla se quiso asegurar agarrando del pelo a Roque. Si intentaba cualquier movimiento sospechoso estiraría para detenerlo. Sus compañeros harían el resto. Por suerte, el show fue muy tranquilo y no tuvo que parar en ningún momento al chico que parecía bastante paradito.

-Serás cabrona… - soltó Roque, dirigiéndose a Cintia, en cuanto la gogó dio por finalizado el espectáculo quitándole por fin la venda de los ojos.

La amiga del cumpleañero no podía dejar de reír.

-Ya verás las fotos, Roque – intervino Pablo que había sido el encargado de la cámara durante el regalo.

-No, prefiero no verlas – concluyó avergonzado.

-Lo que tendrías que haberte aprovechado más de la situación – se quejó Gabriel.

-Sí, tío, has estado como un pasmarote – agregó Martín.

-¡Menuda chica guapa! No te quejarás… - desvió la atención Elena sabiendo lo que decía.

-Sabes que a mí no… - y dejó el asunto no queriendo dar demasiadas explicaciones. Elena le entendía sobradamente - ¡Ésta te la devuelvo! – volvió a dirigirse a Cintia cambiando de tema.

-Va… si te lo has pasado de puta madre – se defendió.

Y así siguieron un rato riendo y hablando sobre el regalo de cumpleaños que los amigos le habían hecho a Roque.

-¿Otra vez por aquí? – preguntó Carmen al ver a Martín entre el gentío que intentaba llamar su atención.

-¿Cómo te ha ido con el tonto aquel? – se interesó por el cliente al que atendía cuando se despidieron.

A Carmen le gustó que lo ninguneara de aquella forma.

-Tranquilo, estoy más que acostumbrada a lidiar con semejante chusma. ¿Qué quieres que te ponga?

-Palote – bromeó haciendo reír a Carmen.

Mientras, Roque y Elena se habían retirado a una zona más tranquila para charlar.

-Roque, no puedes ser así. Tienes que disfrutar de cosas como ésta…

-Ya, pero es que comparo a la gogó o cualquier otra contigo y todas salen perdiendo.

-¡Anda, exagerado! – seguido de unos segundos de silencio – Eres un encanto. El día que encuentres a la chica que sea para ti, será muy afortunada.

-No empecemos con eso. Sabes lo que me jode esa argumentación. Si fuera cierto lo que dices estarías conmigo y no con Martín.

-Roque… - se quejó por aquellas palabras.

-Lo cierto es que la camarera sí que podría estar a tu altura – quiso quitar hierro al asunto haciendo sonreír a Elena.

-¿Quieres que hable con ella?

-¡No! – se quejó – Una chica así jamás se fijaría en mí.

-No digas tonterías. Yo…

-¡No lo digas! – se indignó – Tú… nada – Y ambos se miraron, entendiéndose sin soltar una palabra más.

Ni siquiera Gabriel conocía lo que Roque sentía por Elena. Únicamente ella lo sabía y lo guardaba en secreto, temerosa de las implicaciones que aquellos sentimientos pudieran provocar. La mujer quería muchísimo a su mejor amigo, pero nada más allá de una muy buena amistad. No sabía si Martín era el hombre de su vida, pero tenía claro que Roque no lo podría ser jamás, a pesar de las muchas cualidades que ella era capaz de ver en él. No había nada que más anhelara que encontrara una mujer que lo quisiera y le quitara de la cabeza todos los pájaros que tenía y la alzaban a ella hasta un altar del cual quería bajar a toda costa.

-Oye, morenaza, ¿quieres atenderme de una vez? – un chico llamó la atención de Carmen que seguía hablando con Martín – O, si prefieres, me das tu teléfono y luego te llamo – se rio.

-Ahora estoy otra vez contigo – se excusó con Martín – Sálvame – vocalizó con claridad sin emitir sonido alguno mientras sonreía y se acercaba al chico que la reclamaba.

-Ron con Coca-Cola.

Carmen se giró para recoger la botella de ron mientras oía los piropos provenientes de la barra.

-¡Vaya culo!

-¡Tía buena!

No eran más que burdos alaridos de muchedumbre alcoholizada, pero al darse la vuelta y ver todo aquel enjambre de chicos jóvenes, sudorosos, algunos de ellos algo más que guapos, suspirando por ella se sintió deseada y eso le gustaba. Era agradable sentirse el centro de atención.

-Bueno, ¿me vas a dar tu número de teléfono o qué? – le insistió el chico al que estaba sirviendo el cubata.

-Ahora te lo apunto en una servilleta – mintió mientras le sonreía.

El chico, aunque demasiado joven, era bastante guapo. El rostro se le iluminó ante las palabras de la diosa tras la barra.

-Te voy a hacer cosas que nunca nadie te ha hecho.

-¿Sí? – le siguió el rollo sin demasiado interés - ¿qué me vas a hacer?

-Tengo más rabo del que puedas tragar – se envalentonó.

-Ya… aquí tienes – le dio el cubata, perdiendo el interés en el muchacho.

Carmen se fijó en Martín, que la miraba sonriente, perturbándola. No sabía si aquella mirada o las soeces palabras del engreído eran las que le estaban provocando esos repentinos calores. Supuso que la combinación de ambas cosas tenía la culpa. Le gustaba oír las descaradas insinuaciones de los clientes, pero nunca había sentido el ligero cosquilleo que ahora reinaba en su estómago.

-Los tienes a todos loquitos – le soltó Martín cuando la camarera pasó a su lado.

-A todos menos a ti – le guiñó un ojo.

-Eso es porque no te atreves a hacer espectáculos como el que le han hecho a mi amigo.

-¿Quieres que te haga uno a ti? – quiso jugar con Martín como solía hacer con el resto de niñatos que babeaban ante ella en la barra.

Pero Martín tenía más tablas que todos ellos juntos.

-No, gracias. Con la hembra que tengo en casa no necesito migajas de pan – sonrió para que la camarera no se molestara.

-Vaya… ¿y quién es la afortunada? – el hombre había conseguido llamar su atención completamente.

Martín le señaló a Elena que justo venía hacia la barra. Carmen se fijó en la estilizada rubia de larga melena que se acercaba. La mujer, llena de curvas, estaba realmente buena. No se sorprendió de que Martín estuviera con alguien tan sexy.

-Hola – saludó antes de besar los labios de su chico – Tienes impactado a mi amigo – le soltó a la camarera.

-¿A quién? – se hizo la tonta.

-Al chico del espectáculo.

-¿Sí? – no le interesaba mucho la conversación.

-Podrías charlar un rato con él. Es un chico súper majo.

-Ya se lo he dicho yo – intervino Martín.

Carmen estaba asqueada. Estaba trabajando y tenía ganas de plegar. Oír las guarradas de los clientes era divertido, incluso a veces estimulante, pero ¿darle palique a un pobre chaval que parecía de todo menos lanzado?

-Que se pase por aquí cuando quiera – contestó amablemente.

-Si yo no saliera con éste, estaría con Roque – mintió Elena provocando las exageradas quejas de Martín, que sabía que su novia bromeaba.

Carmen la ignoró, sabiendo que le estaba vendiendo la moto y siguió atendiendo a la algarabía que la esperaba.

La noche se alargaba. Pablo había ligado y se estaba enrollando con una chica mientras Elena y Roque habían vuelto a alejarse para seguir conversando.

-¿Por qué no te animas a hablar con ella un rato?

-No sé… no sabría qué decirle.

-¡Roque! Así nunca conseguirás ligarte a ninguna.

-Pero yo es a ti a quién quiero…

-Ya… pero como eso no puede ser, tienes que conocer a chicas nuevas y la camarera es muy maja.

-Sí, pero esto es forzar las cosas y así no va a salir bien. Yo necesito…

-Tú necesitas dos ostias bien dadas – sonrió.

-Eres preciosa.

-Roque… y tú eres incorregible – se dio por vencida.

Gabriel y Cintia estaban debatiendo sobre si era hora de volver a casa mientras Martín seguía en la barra conversando a la menor ocasión con Carmen.

-Muy guapa tu chica.

-Pues sí.

-¿Entonces ella sí que te hace shows como los de mi compañera?

Martín rio a carcajadas.

-¿Estás picada?

-¿Yo? – se hizo la ofendida – No vales tanto – sonrió.

-Estás muy buena, pero estoy seguro que eres muy mala moviendo el culo y por eso no haces espectáculos.

-Eso no te lo crees ni borracho.

-¿Eres buena bailando?

-Mejor que tú fo… - y se paró cuando se dio cuenta de la tontería que estaba a punto de soltar. Martín no paraba de reír. Aquel tío la estaba provocando como ningún otro conseguía – Si quieres te lo demuestro.

-Cuando quieras. Yo encantado.

-No creo que le haga mucha gracia a tu novia.

-¿Ya estás poniendo excusas?

-Eres un idiota.

-Me gustas.

-Pensé que no ibas a decírmelo nunca.

-Sabe mejor cuando se hace esperar – hizo sonreír a la camarera.

-Aquí tienes. Invita la casa – le soltó mientras le acercaba un cubata y se alejaba a atender al resto de clientes.

Martín sonrió al ver anotado el número de teléfono en la servilleta que había junto a la bebida que le había salido gratis.

Eran las 6 de la mañana cuando el grupo decidió dar por concluida la celebración del cumpleaños de Roque. Únicamente Pablo se quedó más tiempo, en buena compañía, mientras el resto se iba cada uno a su casa.

-¿Hoy puedo acompañarte al piso? – preguntó el fornido descamisado a su compañera Carmen mientras recogían instantes antes de plegar y marcharse.

Se habían liado alguna vez. A pesar de la constante insistencia del hombre, ella pasaba bastante de él. Sólo las noches en las que algún cliente conseguía calentarla lo suficiente, aquel cuerpazo le quitaba el calentón. Y esa era una de esas noches.

-Vente – fue la escueta contestación de Carmen. Suficiente para entenderse.

Aunque los días entre semana pasaban para todos, cada uno los vivió de forma diferente.

Pablo no había vuelto a saber nada de la chica con la que había terminado la noche. A pesar de las constantes llamadas, no recibía contestación alguna. La chica le gustaba realmente, pero a final de semana había perdido la esperanza de volver a verla.

Carla había estado toda la semana cachondeándose de su compañera de piso, Carmen. Sabía que cuando se traía a casa al cachas del pub era porque se había quedado con las ganas de traerse a algún cliente.

El polvo con su compañero de trabajo había hecho que Carmen se olvidara de las guarradas que le habían soltado y de aquel enigmático Martín. La semana para ella pasó lenta, aguantando las bromas de Carla. Por suerte, las clases en la universidad la evadían hasta que llegara el próximo fin de semana en el que seguiría trabajando tras la barra para costearse los estudios.

Gabriel estaba satisfecho de cómo había ido la celebración de cumpleaños. Había charlado con Roque y el cumpleañero no dejaba de hablarle de la camarera. Aunque sabía que aquel ambiente no le gustaba demasiado a su mejor amigo, se dedicó a organizar al grupo para volver al mismo local el siguiente fin de semana.

Elena no había parado de meterle en la cabeza a Roque que debía intentar conocer a la camarera de la otra noche. Hablaban todos los días desde hacía años y esa semana no había sido distinto. Estaban siendo días de locura, trabajando, preparando el viaje del fin de semana y haciendo de psicóloga con su mejor amigo.

A Roque le dolía la actitud de Elena. La comprendía, pero no podía evitar el dolor al escuchar de los labios de la persona amada que debía hacer lo posible por conocer a otra chica. A pesar de eso, poco a poco se fue convenciendo de que no era tan mala idea. La camarera estaba tremenda y si consiguiera conocerla, hacerse amigo de ella… tal vez podría enamorarse y olvidarse de Elena para siempre.

Cintia había estado dedicándose a consolar al desangelado Pablo. Primero le animó dándole esperanzas, convencida de que la chica de la otra noche le devolvería alguna de las llamadas. Luego intentó hacerle ver que, al menos, había estado una noche con ella que es mejor que nada. A finales de semana se acostó con Pablo, quitándole toda la tontería.

Aunque vivían juntos, Martín y Elena habían estado trabajando toda la semana y casi no se habían visto así que el chico no se acordó de que estaba solo el fin de semana hasta el mismo viernes. Su novia estaba fuera por trabajo así que declinó la oferta de volver a salir el sábado que Gabriel estaba organizando. Tras oír las razones de aquella nueva quedada, se le ocurrió una idea maliciosa.

-¿Sí? – contestó Carmen a la llamada de aquel número desconocido.

-Hola, Carmen.

-¿Te conozco?

-De la otra noche.

-No caigo – mintió recordando rápidamente al chico al que le dio el número de teléfono. No lo hacía con cualquiera.

-Soy Martín, el que cree que no sabes bailar y por eso no haces espectáculos.

Ahora Carmen reía.

-¡Vaya! ¿Así que tu chica te ha dejado llamarme? – intentó chincharlo.

-Bueno, en realidad te llamo para ponerte en sobre aviso.

-¿Y eso?

-Creo que mi amigo Roque se ha enchochado contigo y este fin de semana va a lanzarse a intentar algo.

Ahora Carmen se tronchaba.

-¿Y crees que necesito estar en sobre aviso? Pensé que me llamabas por otros motivos – sonrió para sus adentros.

-Es para advertirte de que no le des las contestaciones que te oí el otro día si no quieres que manche los calzoncillos.

-¡Bestia! Que es tu amigo…

-Por eso, porque lo conozco.

-Pobre… ¿y cómo quieres que me comporte con él entonces?

-Yo creo que podrías hacerle un show – se rió.

-¡Que yo no…! Y bailo de puta madre, que lo sepas.

-Hasta que no lo vea no lo creo.

-Bueno, nos vemos el finde, ¿no?

-No. Yo no voy.

-¿Y eso?

-Mi novia está fuera y no estaría bien que yo me fuera a ligar contigo…

Carmen volvió a reír.

-¿Es que lo que estás haciendo es ligar?

-Pásate por mi casa y demuéstrame lo bien que bailas.

-¿Eso no sería peor que vernos en el pub?

-¿Otra vez con excusas? Al final me voy a creer en serio que no sabes hacer shows.

-Eres un cabezón – gruñó – Pásame la dirección y el domingo, que lo tengo libre, te vas a enterar.

-¿Compro condones? – bromeó.

-¡Idiota! Compra mejor unas velitas, que soy más bien romántica.

Ahora reían los dos.

Roque estaba nervioso. Había llegado el momento de conocer a la camarera. Gabriel le animaba mientras Cintia no paraba de bromear al respecto. Intentaba quitarse de la cabeza a Elena, pero le costaba. ¿Qué estaría haciendo?

Estaba tan atareada debido al montón de papeles que tenía sobre la mesa que Elena no recordaba que esa noche su mejor amigo iba a intentar un acercamiento con la camarera de la semana pasada. Había estado todo el día reunida, sin un solo segundo para pensar en algo que no estuviera relacionado con trabajo cuando sonó su móvil. Era Martín.

-¿Qué tal, cariño?

-Hola, cielo. Estoy reventada. Me duelen los pies – se quejó.

-Sabes que si estuviera ahí contigo te haría un masaje de los que tanto te gustan.

-¡Mentiroso! Si siempre te lo pido y nunca quieres.

Martín se rió.

-Tienes razón.

-¿Qué tal todo por ahí?

-Bien. Roque debe estar a punto de conocer a su nuevo amor platónico.

¡Roque! De repente recordó que durante toda la semana le había animado a dar ese paso. Se apenó sabedora que aquello no llegaría a buen puerto. ¿A quién pretendía engañar? Roque no era ningún figurín. ¿Cómo iba a fijarse aquella atractiva camarera en un chico como su amigo y más teniendo a tanto hombre alrededor de ella? Se sintió culpable por animarlo, sólo por intentar disuadirlo de sus sentimientos hacia ella.

-Hola – se presentó Gabriel cuando Carmen lo atendió.

-Hola. Dime.

-Ponme un Red Bull y un vodka con naranja para mi amigo.

-Marchando – sonrió.

-Roque es el chico que la semana pasada te pidió para hacer el show en su cumpleaños – le presentó.

-Encantada. Yo soy Carmen – y, estando en sobre aviso, le ofreció dos besos.

-Os dejo solos – se escabulló Gabriel, con poco tacto, cuando la camarera le sirvió la bebida.

A pesar de los elevados decibelios de la música, el incómodo silencio que se produjo entre ambos pareció eterno.

-¿Y bien? Eres un chico tímido, ¡eh! – gritó Carmen.

-Sí, disculpa. Es que…

-Sé tú mismo. Que yo no me como a nadie – sonrió nuevamente, queriendo ser amable. “¿O es que quieres que te coma?”. Es lo que pensó decirle, pero recordó el consejo de Martín y se contuvo – Sería un placer hacerte el show que te hizo mi compañera, pero es que yo no me dedico a eso.

-Ya… supongo que serías una gran bailarina si te dedicaras.

Carmen rió forzadamente.

-Claro que sí. ¿Me pagas? – le pidió sin perder la sonrisa.

-Sí, claro – y le tendió el dinero.

-Oye, perdona, tengo un montón de clientela a la que atender. ¿Por qué no te pasas por aquí luego a pedirme otro cubata y seguimos charlando?

-Bien – sonrió nervioso.

-Si eres bueno, igual te invito – y le regaló una enorme sonrisa que provocó un ligero cosquilleo en la entrepierna del chico.

-¡Morenaza! No me diste el puto móvil – se quejó, entre risas, el mismo muchacho que la semana pasada ya se lo había pedido.

Carmen lo recordaba bien. Era el joven que no paraba de decirle guarradas. Mientras no se sobrepasara, le gustaba seguirle el rollo.

-Perdona, pero es que no sé quién coño eres.

-El día que me veas el cipote no te olvidarás de mí, nena.

Carmen le sonrió y se acercó a él.

-Creo que me las he comido más grandes que la tuya – le soltó al oído.

-No lo dudo, zorra – se quejó por la insolencia que acababa de recibir, dejándole sin respuesta.

Mientras Cintia y Pablo habían desaparecido misteriosamente, Gabriel se interesó por cómo le había ido a Roque. El veinteañero no sabía qué pensar. Estaba convencido de que había hecho el ridículo, pero las palabras de la camarera no dejaban de darle esperanzas de poder llegar a conocerla un poco más.

-¿Hoy también te lo llevarás a casa? – le preguntó Carla a Carmen mirando a su compañero cachas, como siempre, descamisado.

-No – sonrió - Y no por falta de ganas.

-¿Y eso? – se sorprendió - ¿Ya ha estado por aquí el salido de las guarradas?

Carmen rio a carcajadas.

-Sí. La verdad es que el guarrete me pone.

Ahora le tocaba reír a Carla.

-Seguro que presume de lo que adolece.

-Pero no estaría mal comprobarlo, ¿no?

-Pues nada, tráetelo a casa y le damos un buen repaso.

-¡Ah! ¿Que tú también te apuntas?

Aprovechando que ya era tarde y el local estaba más tranquilo, las dos compañeras aprovechaban para charlar y bromear.

-¡Carmen! – Roque llamó la atención de la camarera.

El chico la vio acercarse, sonriente, y sintió que aquello podía salir bien, que podía enamorarse y olvidarse de Elena.

-Dime, guapo – le piropeó.

-Me marcho ya. Ha sido un placer conocerte y… disculpa si he estado un poco tímido. Es que impones bastante.

Ahora sí se rió con ganas.

-Eres un cielo. No tienes por qué disculparte. Eres bastante más agradable que la mayoría de los que intentan hablar conmigo. Dejamos la invitación de la copa para otro día. ¿Te parece?

-Perfecto – sonrió – ¡Hasta otra, Carla! – gritó para despedirse de la gogó que le hizo el show.

-¡Adiós!

Roque se fue satisfecho. Por unos instantes había dejado de pensar en Elena… ¡Elena! De repente le entraron unas ganas tremendas de contárselo. ¿Le dolería saber que se sentía atraído por otra que no fuera ella? ¿Se pondría celosa? Deseó que así fuera.

Gabriel estaba exultante. Vio animadísimo a Roque y se preguntó si realmente tendría alguna oportunidad con aquel bellezón que se ocultaba tras la barra del bar. Además, había visto a Pablo y Cintia dándose el lote en un rincón del disco-pub. Se alegró un montón por ellos.

-Bueno, ¿me explicas entonces por qué hoy no hay polvo? – le preguntó Carla a Carmen mientras se marchaban juntas para casa.

-Mañana he quedado con un chico.

-¡Vaya! Eso es novedad.

-Sí, pero no va a pasar nada.

-Sí, claro.

-En serio. Tiene novia.

-Como si eso significara algo…

-Es que el muy idiota me ha picado diciéndome que no hago espectáculos de los tuyos porque no sé bailar. ¡Joder! No los hago porque no lo pone en mi contrato – alzó la voz como indignada, provocando las carcajadas de Carla – Y mañana voy a demostrarle cómo bailo.

-Lo vas a derretir – confesó cuando calmó la risa.

-Pero…

-¿Quieres que te acompañe?

-Sí. Voy a su casa y no lo conozco de nada.

-Ok.

-Gracias.

Martín se despertó temprano. Había dormido plácidamente. Aprovechó la mañana para salir a correr como siempre que podía. Le gustaba cuidarse y su fornido cuerpo era la prueba más evidente. Tras la ducha, preparó algo ligero para comer y se puso a ver la tele para hacer tiempo.

Carla aparcó el coche en la misma puerta de la dirección que Martín había enviado por whatsapp a Carmen.

-Si en 30 minutos no sabes nada de mí, pica.

-A ver si os voy a pillar con las manos en la masa – bromeó.

-¡Sabes que no! Que tiene novia. No quiero follones.

-Pues vas directa a la boca del lobo.

-Esta tarde la loba soy yo – sonrió haciendo reír a Carla.

Martín abrió la puerta vestido con una camiseta y un pantalón de chándal que usaba para estar por casa.

-¡Vaya! Veo que no te has puesto guapo para recibirme – se sintió ligeramente dolida.

-Eres tú la que has venido a impresionarme, no al revés – la chuleó, haciéndola gruñir.

-¡Me sacas de quicio! – se alteró haciendo reír a Martín, lo cual aún le daba más rabia a Carmen.

-¿Te pongo algo? – le preguntó poniéndola a prueba.

-Cachonda – bromeó contestando lo que Martín quería oír.

-No sé si eres lista o simplemente tienes buena memoria…

-Espero que te lo hayas currado y me tengas preparada una música acorde a la situación – lo ignoró.

-Mi novia tiene un montón de música por ahí. Seguro que alguna nos sirve.

-¿Dónde está? – se interesó por Elena, no queriendo que apareciera en cualquier momento sin saber nada.

-Está fuera – contestó escuetamente mientras buscaba una canción – Ésta servirá.

Los altavoces del salón comenzaron a retumbar mientras Carmen comenzaba a moverse ligeramente, sonriendo, provocando al hombre que comenzó a fijarse en la preciosa morena.

Carmen, vestida con una camiseta rosa de punto y finos tirantes que mostraba un escote considerable y unos leggins ajustadísimos, se movía con total naturalidad, al ritmo de la música discotequera. Los gráciles movimientos estaban acompañados de sensuales gestos. Bailaba realmente bien. Poco a poco se fue acercando a Martín. Aunque la música estaba fuerte como para no oírse en una conversación normal, empezaban a estar lo suficientemente cerca como para escucharse sin gritar.

-Si sabes bailar, ¿por qué no le hiciste el show a Roque? – intentó volver a provocarla.

-¿Quieres que te haga uno a ti ahora? – le sonrió.

La sonrisa de Martín le sirvió de respuesta. Ella le indicó que colocara una silla en el centro del salón y se sentara.

Cintia se despertó antes que Pablo. Habían pasado la noche juntos. Siempre habían tenido una gran amistad, pero jamás habían traspasado esa línea. Lo miró mientras dormía y sonrió al escuchar los leves ronquidos de su amigo. ¿Estaba enamorada?

Roque no pudo aguantar más y llamó a Elena. Su amiga le había advirtido que estaría muy liada con lo que no podría hablar con él. Había aguantado todo el sábado sin llamarla y ya había sido duro.

-Hola – contestó con alegría.

-Primero de todo, perdona por llamarte.

Elena rió.

-Anda, tonto. No es para tanto.

-¿Estás muy liada o puedes hablar un rato?

-No, dime. Lo cierto es que el cliente se ha tenido que marchar con urgencia con lo que las reuniones de hoy se han anulado y estoy más liberada.

-¡Qué bien!

-¿Cómo te fue con la camarera? ¿la conociste? – le preguntó con entusiasmo. Un entusiasmo que dolió a Roque.

-¡Muy bien! – se esforzó por impresionarla – Lo cierto es que es muy baja y parece que hubo buen rollito.

-¿En serio? – preguntó incrédula – No sabes cómo me alegro.

-Ya… - “Pues no te alegres tanto, ¡joder!” estuvo tentado de decirle – A ver si por fin te dejo un poco en paz… - se hizo la víctima.

-No digas eso, Roque. Yo lo que quiero es que seas feliz y conmigo eso no es posible.

Habían pasado 25 minutos y Carmen no había dado señales de vida. Carla estuvo tentada de ir a picar, pero se esforzó por aguantar otros 5 minutos tal y como su amiga le había instruido.

-Estás cachas… - soltó Carmen cuando se deshizo de la camiseta de Martín.

La mujer, sin dejar de moverse al ritmo de la música, pasó sus manos por los marcados pectorales del hombre que seguía sentado en la silla.

-Tú sigues muy tapadita, ¿no? Pensé que el show consistía en otra cosa.

Carmen iba a contestar cuando el timbre la sobresaltó. ¡Mierda! Miró la hora y se dio cuenta de que había pasado el tiempo casi sin darse cuenta. Se sorprendió por la templanza de Martín.

-Es una amiga – se excusó.

-Vaya, ¿queréis montaros un trío o qué? – bromeó mientras se dirigía con parsimonia al telefonillo.

 -¿Está Carmen?

-Sí, sube.

-No, espera… - pero Martín la dejó con la palabra en la boca y no tuvo más remedio que subir.

Martín la recibió tal y como Carmen lo había dejado. Con los pantalones de deporte y sin nada en la parte de arriba.

-¡Joder! Menudo recibimiento – bromeó Carla al verlo.

-Pasa, tu amiga me estaba enseñando cómo sería capaz de hacer los espectáculos.

-No creo que mejor que yo.

-Bueno, el listón está alto.

-¿Qué cuchicheáis? – les interrumpió Carmen.

-No te pongas celosa – bromeó Carla provocando a su amiga.

-Tranquilas, que ya que estáis podéis seguir juntas.

-No, gracias. Yo sólo he venido a acompañarla.

-Como quieras.

Y el show de Carmen continuó mientras Carla, ataviada con un top negro ajustado y unos tejanos, lo observaba desde el sofá.

Cuando Pablo se despertó se extrañó de no ver a Cintia. El lado de la cama vacío aún estaba caliente. Se levantó y la sorprendió preparando algo para comer en la cocina. Vestía una de sus camisetas que le hacían las veces de vestido. No era una mujer espectacular, pero la quería con toda su alma. Se acercó a ella y la besó.

Gabriel estaba observando las fotos que hicieron el día del cumpleaños de Roque. Se fijó en las capturas que hizo Pablo durante el espectáculo de Carla. El hombre amplió la imagen y la centró en el culo en pompa de la bailarina. Se llevó la mano a la bragueta y se sacó la verga, completamente tiesa. Empezó a sobarse mientras observaba el culazo de Carla, fijándose detenidamente en la tela que ocultaba el ano y marcaba lo que se imaginaba unos labios vaginales húmedos. No tardó en correrse.

-¡Las manos quietas! – se quejó Carmen cuando Martín las introdujo bajo la holgada camiseta acariciándole el costado.

-¡Espera! – intervino Carla levantándose y dirigiéndose a la pareja.

-¿Qué coño haces? – preguntó Martín mientras Carla le agarraba las manos atándoselas detrás de la silla con su propia camiseta.

-Así estás más controlado.

-A ti te encanta esto de atar, vendar… en tus espectáculos, ¿verdad?

-¿Lo dices por tu amigo? – se rió recordando al pobre Roque.

-Basta de cháchara – les cortó Carmen – Ahora eres todo nuestro – bromeó acariciando los musculados brazos del indefenso hombre.

-Lo cierto es que está buenorro – soltó Carla observando las marcadas abdominales del hombre.

-¿Por qué no te animas tú también con el show y os puntúo? A quien lo haga mejor le doy un premio.

-El premio somos nosotras, nene – se picó Carmen que se giró, dándole la espalda al hombre, y comenzó a bajar su cuerpo hasta sentarse sobre Martín - ¡Joder!

-¿Qué pasa? – se extrañó Carla.

-¿Todo eso es tuyo? – preguntó ingenuamente Carmen.

Martín sonrió.

-No me digas que tenemos a un súper dotado – sonrió maliciosamente Carla acariciando las abdominales de Martín y bajando hasta contactar con la parte baja de la espalda de Carmen que aún estaba sentada sobre el hombre.

La morena comenzó a moverse sintiendo cómo el largo miembro del hombre se estrujaba contra sus nalgas y recordó las palabras groseras que los chicos le dedicaban en el pub. La lívido empezó a hacer mella y el calor se apoderó de ella. Se apartó de Martín y se fijó en la foto de Elena que, risueña, los observaba junto a la televisión.

-A ver lo que tenemos aquí, machote – soltó Carla mientras separaba la tela del pantalón y los calzoncillos de la cintura del Martín.

-¡Carla! – se quejó Carmen, que no quería cometer ninguna locura.

-¡Madre mía!

-¿Te gusta lo que ves? – preguntó un orgulloso Martín - ¿Y tú quieres perdértelo? – se dirigió a Carmen.

-Tío, que conozco a tu novia…

-Pues ven que te presento a ésta – bromeó.

-Es digna de conocerla – aportó Carla mientras soltaba la ropa golpeando en el vientre del hombre.

-Yo he venido a demostrar que bailo de puta madre y creo que ya he cumplido con mi cometido.

-Vamos… Carmen, si te pones cachonda cada vez que algún criajo del pub te dice que la tiene como un toro.

Martín comenzó a reír a carcajadas.

-¿Es eso cierto?

-¡Carla! Ya te vale… - se quejó Carmen.

-Acaba al menos el show, ¿no? – le instó el hombre – no me dejes a medias.

-Ya lo termina Carla por mí.

-Vale, pero no te vayas, espera ahí sentada por lo menos – le indicó el sofá.

Elena estaba esperando en el aeropuerto. Estaba intranquila, pero no sabía por qué. Lo del trabajo había ido bien, Roque había conocido a la camarera y, lejos de haber sido un desastre, parecía estar bastante entusiasmado con ella. Sin embargo, no podía evitar estar nerviosa.

Mientras, Roque había empezado a fantasear bajo la ducha como tanto le gustaba hacer. Se imaginó su próximo encuentro con Carmen. La conversación sería mucho más fluida. La camarera resultaba ser una chica inteligente, capaz de apreciar sus cualidades más que sus carencias de físico. Se imaginó saliendo con ella, alcanzando la confianza que tenía con Elena y, sobre todo, teniendo sexo con la camarera. No pudo evitar pensar que su mejor amiga quedaría en un segundo plano y, relegada, echaría en falta lo que ahora tenía, apenándose por no haberlo escogido cuando tuvo la oportunidad y siendo desdichada por ello para siempre.

-Te falta toda la timidez que le sobraba a tu amigo – le soltó Carla a Martín cuando volvió a separarle la ropa, esta vez introduciendo una mano para acariciarle el pubis y, seguidamente, recorrer el largo tronco del pene que allí descansaba en reposo.

-Eso no lo haces normalmente en los espectáculos, ¡eh, guarrilla! – bromeó Carmen con su amiga, que se giró sonriéndole y guiñándole un ojo.

Carla, sin dejar de manosearle el miembro, acercó el rostro al de Martín, robándole un beso que acabó convirtiéndose en un pasional morreo. Cuando dejaron de besarse, la gogó agarró los pantalones y los calzoncillos y los bajó deshaciéndose de ellos.

Carmen no quitaba ojo a la pareja. Estaba expectante por verle la tranca al hombre, pero era la propia Carla la que se interponía en su visión. Sentía cómo el picor de la entrepierna iba en aumento, se sentía ligeramente humedecida mientras no podía quitarse de la cabeza las depravadas insinuaciones de los chicos del pub.

-Tienes que ver esto – le dijo Carla que ya llevaba un rato moviendo la mano con un vaivén definitorio de lo que estaba haciendo.

Casi hipnotizada, Carmen se levantó haciendo caso de las palabras de su amiga. Lo hizo lentamente, observando el rostro de seguridad de Martín y, al fondo, la bella sonrisa de Elena.

-Hijo de puta… - fue todo lo que dijo al ver los más de veinte centímetros de tieso cipote.

-Acércate, que así le podrás explicar al niñato del otro día lo que es una buena polla.

Aquellas palabras de suficiencia le hicieron mojar las bragas definitivamente. Le encantaba oír a los hombres vacilando sobre sus supuestos dotes varoniles. Y si lo hacían con la muestra delante de ella y humillando a otro supuesto machito ya era el súmmum. Se arrodilló junto a Carla, al otro lado de las piernas de Martín. De momento no hizo nada. Se quedó quieta observando el enorme falo y escuchando el sonido que la mano de Carla provocaba al subir y bajar la piel del candente pollón.

-¿Por qué no me desatas? – le pidió Martín, poniendo cara de niño bueno.

Carmen lo miró, seria, pero en seguida no pudo evitar sonreírle diciéndole que no con la cabeza.

-Vamos… es para que hagas algo por mí ya que no te animas con mi polla.

-Eres un cerdo como todos – le reprendió.

-Ya, ¿pero a que lo he disimulado bastante bien hasta ahora? – y comenzó a hacer fuerza tensando todos los músculos de su cuerpo.

Las dos mujeres se quedaron viendo el cuerpazo del hombre, en tensión total, hasta que se deshizo de la camiseta que lo aprisionaba.

-¡Qué machote! – sonrió Carla mientras alargaba la mano libre para tocar la fuerte musculatura del torso que hacía unos segundos había estado dura como una roca. Suspiró bajando la mano por los músculos estomacales hasta llegar a la base de la verga, momento en el que agachó la cabeza y comenzó a lamer el vigoroso glande.

-Estás fuerte, cabrón – espetó Carmen comprobando la dureza del bíceps.

Martín agarró a la morena de la cabeza y la empujó hacia su polla. Ella, sin decir nada, lo mató con la mirada y frunció el ceño, pero no hizo ademán de zafarse. El hombre empleó más fuerza, tensando los músculos del brazo y Carmen gruñó antes de arañarle el bíceps y dejarse empujar.

Carla se retiró ligeramente para que Carmen lamiera la enorme polla. Estaba salada. La saliva de la gogó se había mezclado con el líquido preseminal y el sudor de Martín. A la camarera le encantó el sabor y no le importó que el hombre la agarrara del pelo acompasando el ritmo de los lametones que insuflaba a la verga. De repente sintió el tirón de pelo que la alejó de la comida y, en seguida, el empujón que la obligó a meterse un tercio de polla en la boca. Sintió que se ahogaba y, por suerte, un nuevo tirón la salvó de las inminentes arcadas.

Los hilos de babas quedaron colgando entre la polla de Martín y la desesperada boca de Carmen, que la abría todo lo que podía para intentar recuperar cuanto antes el resuello. Carla no se lo pensó dos veces y recogió con la mano los hilillos de saliva para, con ellos, rodear el miembro que acto seguido se introdujo nuevamente en la boca.

A Carmen le dolía el cuero cabelludo debido a los tirones de Martín. Jamás pensó que ese dolor pudiera llegar a ser tan placentero. Se sentía sometida por aquel macho y le encantaba esa sensación. Pidió permiso con la mirada y Martín se lo concedió soltándole el pelo.

Mientras Carla chupaba el rojizo glande, Carmen lamía la moteada piel del tronco de la polla. Tras un rato, Carla liberó la punta de la verga para chupar el resto igual que su amiga y compañera. El aliento de ambas mujeres se mezclaba cada vez que sus bocas se cruzaban. Era terriblemente excitante para ambas. Acompasadas, como si lo hubieran ensayado, lamían y chupaban alternativamente tronco y glande hasta que ambas se encontraron en la punta de la montaña.

Las dos lenguas rasgaban el suave y descapullado glande, chocándose entre sí y provocando las traviesas sonrisas de ambas mujeres. En una de esas, Carla usó sus labios para besar la lengua de Carmen que se separó de la verga. Las amigas se comieron la boca mientras el tieso falo daba respingos contemplando la escena lésbica.

-¡Serás cerdo! – gritó Elena.

Extasiados por el olor a sexo del salón, ninguno se percató del sonido, oculto por la música disco que aún sonaba en la estancia, de las llaves abriendo la puerta, ni del golpe que Elena hizo al cerrarla.

La novia de Martín no se podía creer lo que estaba viendo. Reconoció en seguida a las dos mujeres y la rabia la inundó. Tras pronunciar las dos únicas palabras que resonaron por encima de la música, se dio media vuelta y se alejó hacia la salida. Martín corrió tras ella.

-Elena, espera – la agarró del brazo cuando la mujer ya había abierto la puerta de salida - ¿Cómo que has vuelto tan pronto?

-¿Eso es lo único que tienes que decir? ¿Eso es lo que te interesa? ¿la mala suerte de haberte pillado?

-¡No, ostias! Sólo intento afrontar la situación con naturalidad. Y lo natural es que te pregunte por eso, porque me sorprende.

-Eres un imbécil. Me marcho.

-Alto ahí – gritó serio - ¿Dónde crees que vas? – le soltó con desprecio mientras le soltaba el brazo – ¿Acaso te crees capaz de marcharte? ¿Crees que eres capaz de vivir sin mí? ¿Crees que encontrarás a otro que te dé lo que yo te doy? ¡Mírame! – Elena seguía dándole la espalda, casi en el rellano de la escalera - ¡Mírame! – insistió hasta que su novia se giró, sumisa, pero con la rabia reflejada en el rostro – A mí no, ¡joder! Mírame la polla. ¡Que la mires! – Elena bajó la mirada y observó el tieso falo - ¿Acaso vas a renunciar a esto? Vamos… tú y yo sabemos lo que te gusta. ¿Cuántas veces hago que te corras? – Silencio - ¡Dilo!

-No lo sé – contestó con un hilillo de voz.

-No lo sabes porque pierdes la cuenta. Dime, ¿eres capaz de renunciar a mi cipote?

-No.

-Eso es. Eso es lo que quería escuchar. Y ahora ven…

Elena, vestida elegantemente como cualquier día en la oficina, con una blusa azul y una falda ceñida que le llegaba hasta las rodillas, se acercó, regresando nuevamente al recibidor, y acarició la verga de su hombre.

-No quiero que otras la disfruten. Es sólo mía, ¿lo entiendes? – le amenazó.

-Pues hoy vas a compartirla y a callar. ¿Estamos?

Elena lo besó. La había puesto cachonda y ya le daba igual todo. Quería polla, quería esa enorme verga que tenía entre manos. Y si tenía que compartirla lo haría.

La escena del salón era un poema. Carmen, con una mano dentro de sus propias mallas, se estaba haciendo un dedo mientras Carla la observaba esperando el regreso de la pareja.

-Me alegra ver que la llegada de Elena no os ha cortado el rollo.

-Bueno, lo cierto es que nos estábamos preparando para irnos cuando has empezado con el discursito y nos has empapado las bragas a las dos.

-A las tres – la rectificó Elena haciendo reír a las otras dos.

Martín se acercó a Carmen que estaba tumbada en el sofá con las piernas estiradas y ligeramente abiertas. El hombre le retiró los leggins, sobando las hermosas piernas, y acarició los chorreantes labios vaginales de la mujer, que gimió ante aquellas caricias.

-Coñazo – lo alabó antes de meterle un dedo de forma sorpresiva y haciendo que la hembra se retorciera de placer.

El hombre se alejó de ella y se volvió a sentar en la silla que aún estaba en el centro del salón.

-Venid aquí – las instó.

-¿Cuánto te mide? – preguntó Carla por curiosidad.

-24 – contestó Elena.

-8 para cada una – terció el dueño.

-Poca cosa, ¿no? – bromeó Carmen que se acercaba hacia Martín sintiendo los labios vaginales hinchados, rozándose a medida que caminaba.

-A saber cuántas te habrás comido tú de ese tamaño o menos.

Carmen sonrió. Por fin parecía haber conseguido un comentario perspicaz con el que chinchar a Martín.

-Pero no renuncio a mi parte, eh – concluyó sonriendo mientras se arrodillaba junto a las otras dos mujeres que ya esperaban para el picoteo.

Elena tomó el control de la situación, agarrando la verga de su chico y acariciando toda su extensión. Las dos invitadas estaban expectantes hasta que Martín las invitó a participar.

-Hay polla para todas – sonrió mientras agarraba la mano de su novia llevándola hasta la base de la verga.

Carla acercó su mano al manubrio, justo sobre la de Elena. Y Carmen agarró la parte restante, dejando aún unos centímetros visibles. De forma acompasada, las tres chicas comenzaron a mover las manos masturbando al hombre que se retorcía sobre la silla.

Nuevamente fue Elena la que se adelantó chupando el hinchado glande que sobresalía más allá de las manos que cubrían el sexo de Martín. Carla aprovechó para agacharse a lamer los testículos del hombre mientras Carmen le comía la boca al macho dominante.

Martín se alzó de la silla, forzando a las mujeres a dejar de pajearlo. Se quedó de pie, con la verga paralela al suelo, y las tres mujeres arrodilladas a su alrededor. Giró ligeramente el cuerpo, dirigiendo la verga hacia la boca de Carmen, que no le hizo ascos. El hombre fue acercando la polla a cada una de las chicas para que se la fueran chupando hasta que las tres se juntaron para comérsela al mismo tiempo.

Las femeninas lenguas recorrían los testículos, el largo tronco y el grueso glande del hombre. De vez en cuando se encontraban en el camino, regalándose leves besitos que terminaban en tórridos morreos.

Mientras Elena le comía la boca, Carmen abrió los ojos y observó nuevamente la foto de la hermosa rubia. Sintió que la situación la sobrexcitaba y llevó las manos a los pechos de la novia de Martín. Eran más pequeños que los suyos, pero estaban firmes. El tacto era agradable. Acercó una mano a su propia raja y se acarició impregnándose del pegajoso líquido que allí emanaba.

Elena no se esperaba aquellas caricias. La sorprendieron para bien. Para muy bien. Tenía los pezones a punto de estallar y aquellos magreos la aliviaron. Se deshizo de la fina blusa y el sostén y, con una pasión inusitada, siguió comiéndose la boca de la bailarina. El sabor a polla que allí predominaba era inconfundible.

Martín aprovechó el lío entre Carmen y su novia para coger a Carla y arrastrarla hasta el sofá. Allí la empujó y se abalanzó sobre ella para comenzar a desnudarla. Oyó el desgarro de la camiseta cuando estiró de ella hasta que apareció el morboso tatuaje. El botón del pantalón rodó por el salón hasta golpear los pies desnudos de Carmen tras el tirón que Martín le había pegado. El tanga de la gogó iba a juego con el sostén.

-Me lo vas a chupar un rato, ¿no? – preguntó mimosamente mientras se retorcía en el sofá como una gata con ganas de jugar.

-¿No quieres que te folle de primeras? – le agarró los muslos forzándola a abrirse de piernas.

-¿No te parece apetecible? – le preguntó retirando la tela del tanga a un lado y mostrando un coño blanquecino debido a la lubricación que se pegaba a la ropa interior femenina.

Martín se acercó al coño de Carla, olfateándolo antes de lamerlo. La música no fue capaz de tapar los gemidos de la mujer. La gruesa lengua del hombre se hundía entre los esponjosos y cristalinos labios vaginales, recibiendo el fuerte sabor de la excitación que la gogó emanaba en abundancia.

-¿A que están ricos los coños, cariño? – preguntó Martín a su novia al verla con la cabeza hundida entre las piernas de Carmen.

Elena alzó la vista, mirando con rabia a su pareja, pero sin dejar de besar la parte interna de los muslos de la morena que, tumbada en el suelo, se abría de piernas todo lo que podía. La rubia observó a su novio lamiendo aquel chocho sin dejar de sonreír. Se fijó en el rostro desencajado de Carla y de repente la oyó gritar y retorcerse de placer. La primera corrida.

Martín se estaba relamiendo las mieles de la pelirroja cuando notó la mano que le amasaba los huevos. Se giró y vio a su hermosa chica. Elena alargó la mano acariciándole el erecto rabo. Estaba con los pechos al aire, bamboleándose al ritmo de la masturbación. Sintió el peso de la hembra que se inclinaba sobre su espalda.

-Quiero que me folles a mí primero – le susurró al oído.

Martín se incorporó separándose de Carla y quitándose de encima a Elena. Observó a Carmen que se había desnudado por completo y mostraba unas tetas más que considerables.

-¿Has traído preservativos? – le preguntó a la camarera.

-Pensé que de eso te encargabas tú – le replicó con habilidad.

-Cariño, a pelo… - sugirió Elena, que no quería pensar si todo aquello había sido premeditado.

-Yo tengo – intervino Carla, levantándose a buscarlos.

Martín se colocó la goma y se dirigió a su pareja. La besó mientras ella comenzó a deshacerse de la falda y las bragas, ansiosa por ser penetrada por el enorme rabo de su chico. El hombre pasó el orondo glande por los incandescentes labios vaginales de Elena. Jugó con ella unos segundos, haciéndola desear el momento en el que, de un golpe de cadera, sintiera cómo el enorme trozo de carne le rasgaba el interior de la cueva.

-Hazlo ya, por favor… - le suplicó justo en el momento en el que Martín se alejó de ella, sonriendo – Hijo de puta… - gimió con un imperceptible hilillo de voz.

-¿Yo? – preguntó Carmen incrédula cuando vio a Martín acercarse.

Si hubo contestación, no la oyó. El dolor al sentir cómo aquel pollón se hundía sin previo aviso en su coño duró sólo unos segundos. Al instante comenzó a sentir el placer desplazándose desde su vagina hasta la última terminación nerviosa de su cuerpo. Un placer que iba en aumento con cada embestida de aquel insaciable hombre.

-No creo que ninguno de los niñatos de tu puto local sean capaces de llenarte como yo te lleno – le susurraba al oído mientras la penetraba salvajemente – No creo que jamás vuelvas a sentir tanto rabo como ahora – continuó.

No pudo aguantar más. Empalada por tremendo pollón y embriagada por tales ordinarieces se corrió bañando el sexo de Martín que no dejaba de embestirla y susurrarle guarradas al oído. No había terminado el primer orgasmo cuando, sintiendo cómo el hombre se aferraba a los grandes senos, un segundo le sobrevino.

-Para… - le suplicó.

-No creo que hayas conocido otro semental en tu puta vida – y un fuerte golpe de cadera, inyectándole más de media polla de golpe, le provocó la tercera corrida seguida.

Elena se estaba masturbando introduciéndose dos dedos. Al ver a su hombre dejando tirada a una más que satisfecha Carmen y volviéndose hacia Carla, frunció el ceño poniendo cara de pocos amigos. Martín no pudo evitar reírse al verla.

-Primero las invitadas, cariño. Hay que ser buenos anfitriones.

-Quiero mi puto orgasmo, ¡joder! Es para lo único que vales y me dejas con las ganas.

El hombre se tronchaba.

-Tú tranquila, que con las ganas no te vas a quedar.

-¿De dónde has sacado a este espécimen? – resopló Carla cuando el hombre la alzó del sofá.

-Creo que viene del planeta Krypton – bromeó Elena, resignada al ver cómo Martín, de pie, se follaba a la gogó.

Los flujos de la mujer se deslizaban a lo largo del tronco venéreo, alcanzando los huevos del hombre desde donde goteaban las mieles de Carla. Carmen se acercó, metiéndose entre las piernas de Martín, para lamerle los testículos. La visión del abierto coño de su compañera de piso deslizándose arriba y abajo por tremendo pollón fue muy excitante y volvió a llevarse los dedos a la entrepierna.

Cuando el hombre le arrancó el orgasmo a la pelirroja se dirigió por fin a su chica que seguía en el sofá.

-Ponte en pompa, que quiero comerme ese culito – la rubia obedeció.

El ano de Elena recibió los fuertes lametones del hombre mientras la mano de la mujer seguía masturbándose. Carmen, arrodillándose en el sofá, se acercó a Elena para besarla nuevamente. Recompuesta, Carla se arrimó al cuadro, deslizándose entre las piernas de Martín y alzándose para volver a mamarle la polla.

-Estoy a punto… - gimió Elena al notar la lengua presionando su agujero trasero, dilatándolo y accediendo al interior del ano.

Carmen sentía compasión por la novia de Martín y se esforzó por ayudarla a correrse. Chupando los tiesos pezones que colgaban bajo las sensibles tetas, notó las convulsiones de la mujer, acompañadas de leves gemidos arrítmicos, señal de que acababa de tener el anhelado orgasmo.

Siempre siguiendo las instrucciones de Martín, las experimentadas mujeres se acomodaron en el sofá. En una esquina Carmen, en la otra Elena y en el centro Carla. Todas ellas abiertas de piernas, esperando ser penetradas. Martín comenzó por su novia, a la que aún no se había follado, y fue cambiando alternativamente de coño mientras las chicas no dejaban de enrollarse entre ellas y magrearse los pechos. La primera en correrse fue la pelirroja.

Penetrando a su novia, Martín se fijó en las tres hembras. ¿Cuál estaba más buena? No lo sabía. Los pechos de Carmen eran sin duda los más grandes. Elena era la que estaba menos dotada, pero no bajaba de una talla 90. Sumido en sus pensamientos, observó cómo Carla se incorporaba, pasando una pierna por encima de Carmen y agachándose para acercarle el chumino a la boca. La camarera no le hizo ascos y lamió con devoción la entrepierna de su amiga.

-Quítate el condón – le pidió entre jadeos Elena.

-Quieres sentirla bien, eh… – sonrió con suficiencia.

-Sí…

La pareja estaba acostumbrada a hacerlo a pelo. Ella tomaba precauciones y preferían hacerlo sin preservativo. Martín accedió a la petición y se deshizo de la goma. Volvió a penetrarla, ahora con suavidad. Se agachó para besarla sin dejar de insertar centímetros de rabo poco a poco hasta que se acercó a su oído.

-¿Cuánto desearía Roque follarte?

Los ojos de Elena se abrieron como platos. ¿Lo sabía? ¿Martín conocía los sentimientos de su amigo? Sintió el pollón deslizándose lentamente por su interior y siguió escuchando los susurros.

-¿Estará ahora pensando en ti? ¿Se estará masturbando?

Elena arañó la ancha espalda de su chico. No le gustaba que se riera de Roque. Pero al mismo tiempo…

-¿Qué sentiría si te viera disfrutar como una perra con mi polla metida hasta el fondo? – y se la insertó de golpe haciéndola gritar. De rabia, de placer… volvió a correrse mientras Martín bombeaba con frenesí.

Carmen observó el rostro del hombre que se estaba follando a la rubia. Sus miradas se cruzaron por un instante, lo suficiente para comprender que estaba terminando. Se quitó a Carla de encima y se acercó a la pareja. Martín sacó la hinchadísima polla del encharcado coño de Elena y la dirigió al rostro de Carmen que lo esperaba con la boca abierta para recibir el caliente semen. La corrida fue abundante. Carmen tenía la boca llena de lefa mientras Carla no dejaba de pajear al chico, lamiéndole el glande en busca de las últimas gotas de leche.

-¿Te lo has quedado todo para ti, guarra? – bromeó Elena incorporándose.

Carmen intentó contestar, pero tenía la boca a rebosar.

-Pásaselo – ordenó Martín provocando la extrañeza en el rostro de su novia - ¿Ahora te vas a hacer la recatada? – se rió.

Carmen no sabía lo que hacer. Tenía ganas de deshacerse de esa cantidad de lefa que tanto la estaba incomodando. Se habría ido gustosa a soltarlo al cuarto de baño cuando Martín convenció definitivamente a Elena que ya estaba con la boca abierta y la cabeza hacia atrás.

Los grumos de semen junto a la saliva de Carmen brotaron de su boca con destino a la de Elena que lo recibió con cara de asco. Carla se fijó cómo la polla flácida del hombre daba pequeños respingos ante la visión de aquel traspaso de fluidos.

-Ahora tú – le ordenó a Carla que no se negó a aquella guarrada.

Cuando los últimos hilos de semen pasaron de la boca de Elena a la de la gogó, Carla aprovechó para comerle la boca a la novia de Martín. Ambas juguetearon con sus lenguas y los grumos de semen hasta que Carla se quedó con el premio definitivamente.

Carmen se fijó que la verga de Martín volvía a estar morcillona. Le dio un par de besitos antes de volver a metérsela en la boca para hacerle una mamada. Cuando Carla se deshizo de la corrida de Martín, tragándoselo todo, el hombre ya estaba de nuevo totalmente empalmado.

-¡Vaya máquina! – le piropeó Carmen.

-Si no fuera por esto – Elena le acarició el cipote – que sepas que estaría con Roque – mintió una vez más.

-Eso no te lo crees ni tú.

-Pobrecillo – opinó Carmen – No os podéis comparar, jugáis en ligas diferentes.

-Dejad de hablar del crío ese – intervino Carla – Teniendo aquí un buen macho como éste…

Martín sonrió provocando la sonrisa orgullosa de su novia.

-Acercad las caras, que las tenéis muy limpias.

Carla le golpeó en las nalgas, como reprochándole el comentario, pero sonrió sumisa y le hizo caso. Igual que las otras dos.

-¿Te vas a correr otra vez en tan poco tiempo? – se extrañó Carmen al ver cómo el hombre se pajeaba ante las tres bellas féminas.

-Eso seguro que tampoco lo hacen los salidos que te ponen cachonda tras la barra del bar.

Ahora fue la camarera la que le golpeó en la otra nalga, también sonriendo debido al comentario.

El primer disparo de leche cayó en el rostro de Elena que estaba en el medio. Martín apuntó hacia Carla disparando el segundo proyectil y rápidamente pasó a Carmen manchándole la cara. Fue alternando hasta que terminó de correrse, nuevamente en abundancia sorprendiendo a las dos convidadas.

Martín se tiró al sofá y encendió la tele.

-Quita la música y prepara algo para cenar – le pidió a su novia.

-Déjame que me limpie la cara por lo menos, ¿no? – se quejó.

Las dos invitadas siguieron a la anfitriona hacia el cuarto de baño para arreglarse.

-¿Es que no piensas vestirte? – bromeó Carla al regresar y encontrarse a Martín tal y como lo habían dejado – Estás tremendo – soltó fijándose detenidamente en el cuerpazo del chico.

-¡Joder! 5 llamadas perdidas de Roque – se quejó Elena.

-Llámalo y cuéntale con pelos y señales cuántas veces te has corrido – se rio a carcajadas.

-No lo sé, idiota… - gesticuló como despreciándolo – he vuelto a perder la cuenta – sonrió definitivamente.

-Hablamos – vocalizó Carmen, sin emitir ningún sonido, hacia Martín – Elena – ahora se dirigía a ella – tienes un pedazo de hombre a tu lado. No lo dejes escapar.

-Eso haré. De hecho no creo que volvamos más por vuestro local – sonrió con maldad – No quiero que el pobre Roque se lleve un desengaño amoroso – mintió, queriendo alejar a Martín de aquellas dos mujeres.

-¿Otro más? – bromeó el hombre.

-Pobre… - soltaron al unísono la camarera y la gogó.

A Gabriel le escocía el pito. Se había hecho tres pajas en un día. Primero viendo la foto del show de Carla. La segunda fue recordando a la camarera con la que su mejor amigo se había enchochado. Y la última en honor a la tía más espectacular que conocía, Elena.

Cintia estaba viviendo un sueño del que no quería despertar. El fin de semana con Pablo había sido maravilloso y no quería que se acabara. Pero el lunes debía volver a casa de sus padres. No veía el momento para que un nuevo viernes llegara.

Pablo estaba pletórico. Primero el polvo con la chica que conoció la semana pasada y ahora estaba con Cintia, su amiga de toda la vida. Ninguna de las dos era nada del otro mundo, pero a él le daba igual. Tenía mucha imaginación y no le costaba nada fantasear que era con Elena con la que se acostaba. Sólo pensarlo y tenía una nueva erección. No le extrañaba que Cintia estuviera tan contenta.

Carla conducía en silencio, pensando en la maravillosa tarde que acababan de pasar. Era una chica abierta, pero ese día había hecho cosas que jamás se le hubieran pasado por la cabeza. Interiormente sonrió al recordar que Carmen le había comido el coño y se sorprendió recordando que se había tragado la lefa de un tío después de haber pasado por otras dos bocas.

Roque estaba nervioso. Sabía que Elena volvía antes de su viaje de trabajo, pero no sabía nada de ella desde que había cogido el vuelo. ¿Le habría pasado algo? Estaba ansioso por oírla, pero no le cogía las llamadas. Se esforzó en pensar en Carmen. Eso le reconfortaba.

La camarera se sentía confusa. Sin duda había tenido la mejor sesión de sexo de toda su vida. Pero temía que ese nivel no volviera a vivirlo nunca más. ¿Dejaría de excitarse ante las barbaridades de los clientes del pub? Aquellos niñatos ahora le parecían poca cosa.

-Para el próximo cumpleaños de Roque podrías ser tú el regalo – exclamó Martín provocando a su pareja.

-¿¡Qué dices!? Serás capaz de decirlo en serio…

El hombre rio con estridencia, aún en el sofá mientras ella preparaba la cena.

-Yo creo que sería un regalazo. A mí no me importa. Y si tú lo aprecias tanto…

Elena se asomó por la puerta de la cocina para mirar a Martín.

-Yo creo que se corre sólo con proponérselo – se rio traviesa.

Martín se tronchaba.

50 Response to "Regalo de cumpleaños"

  1. Yuri 1 de abril de 2013, 18:47
    Tan puntual como siempre! Gracias por otro gran relato!!

    De verdad, me ha encantado. Partiendo de la base de que es una fantasía, a practicamente todos los tíos nos gustaría tener un "poder" como el de Martin. Ese momento sumisión de Elena cabreada me ha encantado. Desde el punto de vista femenino igual no gusta tanto...

    Por otro lado, me ha encantado la orgía con las chicas variadas (morena, rubia y pelirroja), y yo que pensaba que no ibas a meter pelirrojas XD. Además has vuelto ha las descripciones de las chicas jeje.
    Los movimientos en la orgía también los llevas muy bien. Con todo lo caótico que puede ser, es fácil imaginarlo según lo escribes.
    Además, el poner lo que estaban haciendo el resto de la pandilla a mi me ha gustado. Rebajaba un poco el tono para luego seguir. Buen recurso.

    Un gran relato. Sin duda de los que más me han gustado. Si hubiera estrellitas le daría 5 XDD
  2. Straccia Tella 2 de abril de 2013, 15:15
    Muchas gracias por otro relato!!

    La introducción de todos los personajes genial, esta vez se veía venir quienes serían los participantes en la orgía hasta que Elena ha aparecido. Que luego se quedara ha sido aún más sorprendente y bastante morboso lo sumisa que es con Martín.

    Normal que digas que te ha dado algún quebradero de cabeza el relato, porque tiene muchas cosas. Sobretodo la escena de sexo, podría haber sido un lío pero esta muy bien narrada.

    Espero ver a esta pandilla de amigos en algún otro relato! Siendo mala, verlos haciendo sufrir un poquito al pobre Roque, a ver si espabila.

    Un beso!!!


  3. doctorbp 4 de abril de 2013, 0:59
    Veo que la escena Elena-Martín del portal parece haber gustado :)

    Bueno, cierto que hay una pelirroja, pero no es blanca de piel y con pequitas. Lo siento jeje Por cierto, me falta una de pelo castaño... tal vez pronto... :P

    Se agradece el comentario de las estrellitas Yuri. Ciertamente, las puse en un principio y si no hubieran dejado de funcionar supongo que ahí seguirían, pero tras tanto tiempo sin ellas no las echo en falta. Prefiero mil veces un comentario a una valoración.

    Realmente el motivo por el que el relato me ha dado quebraderos de cabeza ha sido porque es de los pocos en los que no sabía qué iba a pasar al empezar a escribir. Lo único que sabía de este relato era el show erótico que una camarera o gogó de discoteca le haría a un cliente por su cumpleaños. A partir de ahí no sabía si el cumpleañero conseguiría follarse a la chica del show, lo que finalmente he narrado o cualquier otra posibilidad. No ha sido fácil.

    Straccia, no he pensado en absoluto en una continuación. Aunque realmente los personajes dan para algo más. Podría haber juego, sobre todo, entre Roque, Elena, Martín y Carmen. Bueno, lo que siempre digo: si encuentro una historia/idea que se adapte pues yo encantado.

    Un saludo y muchísimas gracias por vuestros inestimables comentarios.
  4. Roger Heredia Paredes 7 de abril de 2013, 5:47
    ME HE LEEIDO TODOS TUS RELATOS Y SALVO EL DE LAS VACACIONES A CUALQUIER COSTO EN LOS DEMAS SIENTO QUE NOSE TERMINA COMO QUE FALTA VER QUE PASA CON LAS PAREJAS DE LAS CHICAS.
  5. doctorbp 7 de abril de 2013, 22:31
    Hola Roger,

    precisamente en este relato no pasa nada con las parejas de las chicas porque Carmen y Carla no tienen y la de Elena participa en la orgia. Es cierto que en otros relatos he sido más ambiguo, pero no creo que este sea el caso.

    Por cierto "Vacaciones a toda costa" es un juego de palabras. Evidentemente hace referencia a la necesidad de vacaciones por parte de la pareja, pero también a que el destino de las mismas sea la playa, la costa.

    Un saludo!
  6. ChristianTR 28 de abril de 2013, 9:36
    Estoy aprovechando mi tiempo para leer a los foreros. Y me acordé de tu blog, en donde todavía no he dejado comentario.

    El relato me ha gustado mucho. Eres un maestro a la hora de narrar una escena a priori tan complicada como una orgía entre cuatro personas. No lo digo por decir, en serio me ha encantado. Me dan ganas de practicarlo en mis escritos, que carecen de erotismo.

    Me encantó los cambios bruscos de escena. Hubo ganchos muy buenos (Pablo y la paja, con posterior "arriba las manos", por ej.).

    Yo he congeniado un poco con Roque. Más bien, he sentido un poquito de pena y me puse de su lado. Por lo que la escena de las escaleras... buff, qué poco amor propio tiene Elena, no se merece estar con Roque.

    No obstante, Martín se ha ganado mi lado sádico/humorístico con este pedazo de diálogo (nada más su novia le pilla poniéndole los cuernos):

    "-Elena, espera – la agarró del brazo cuando la mujer ya había abierto la puerta de salida - ¿Cómo que has vuelto tan pronto?"

    XDDDD


    Hubo muchos nombres al inicio. Demasiados para mí. Así que, créelo o no, les he puesto caras de futbolistas a los hombres. Con las mujeres no tuve problemas. Fue fenomenal, el relato voló:

    Roque (Santacruz)
    Pablo (Juan Pablo Ángel)
    Martín (Palermo)
    Gabriel (Batistuta)

    OK. Soy un payaso. Pero oye, hablando sinceramente, yo hubiera quitado a Gabriel, Cintia y Pablo.

    Vayamos a un análisis pormenorizado de mi parte.

    El relato me parece perfectamente escrito, pero he notado un par de cositas que detallaré a continuación (coño, me parezco a cierta comentarista). Aprovechando, claro, que esto es un blog y tienes la ventaja de corregir (o no) para que el relato pueda quedarte más redondo.

    * Error de tipeo:
    ...lo deslizó hacia dentro provocando los lamentos entro los amigos de la víctima.

    * Construcción extraña:
    -Lo que tendrías que haberte aprovechado más de la situación – se quejó Gabriel.

    *A veces me parece que faltan comas. Por ejemplo, aquí:
    Estaba tan atareada debido al montón de papeles que tenía sobre la mesa que Elena no recordaba que esa noche su mejor amigo iba a intentar un acercamiento con la camarera de la semana pasada.

    *No entendí esto:
    "Los flujos de la mujer se deslizaban a lo largo del tronco venéreo, alcanzando los huevos del hombre desde donde goteaban las mieles de Carla. Carmen se acercó, metiéndose entre las piernas de Martín, para lamerle los testículos. La visión del abierto coño de su compañera de piso deslizándose arriba y abajo por tremendo pollón fue muy excitante y volvió a llevarse los dedos a la entrepierna.

    Cuando el hombre le arrancó el orgasmo a la pelirroja se dirigió por fin a su chica que seguía en el sofá."

    OK, ¿Carmen no era la pelirroja? Entonces... Martín le arrancó un orgasmo a la pelirroja, que solo estaba chupándole los huevos... vamos, yo creo que has querido decir que le arrancó el orgasmo a la gogó (Carla).


    Y eso es todo lo que pude sacar. Tu relato en TR sería un éxito. Insisto que es una pena que hayas abandonado el barco. Al menos tendremos tu blog (aunque para mí no es lo mismo, y seguro que tus lectores pensarán igual).

    Un saludo, compi!
    Vieri!


    PD: Lástima tu pelirroja era morena, carambas. ¿Dónde está el botón de "Terrible"? ¿Eh? ¿EH?
  7. doctorbp 28 de abril de 2013, 23:28
    Bienvenido Vieri y muchas gracias por leerme y comentar. ¡Pedazo comentario! :D

    Te doy toda la razón en que Gabriel, Cintia y Pablo están un poco de relleno, pero quería montar un grupo de amigos para el relato y tomé la decisión de darle al menos un poco de peso a cada uno de ellos.

    Cierto que lo de corregir errores es una ventaja del blog. No será el primero que arreglo tras el aviso de un lector.

    Me arriesgo a equivocarme, pero la pelirroja es la gogó, Carla. Así que en esa escena (que no niego que está redactada de forma un poco enrevesada), la que tiene el orgasmo es la que está siendo penetrada por Martín.

    No eres el primero que me ha trasmitido la incomodidad de leerme en el blog en vez de en TR, pero acepto lo que eso pueda suponer en pos de mantener mi idea firme de no volver a esa página :) Espero, no obstante, que aunque sea de vez en cuando te sigas pasando por aquí si algún día te apetece volver a leerme. De verdad que me ha alegrado tu comentario.
  8. Longino 23 de mayo de 2013, 14:14
    El relato me pareció excelente. A destacar lo sencillo de la trama sin resultar simplista. Igualmente los personajes resultan sencillos sin grandes pretensiones y al mismo tiempo no resultan planos en absoluto.

    Momentazo rellano que ya te lo han comentado por aquí.

    Tal vez la parte del Pub se alarga un poco en mi opinión. La intervención de los amigos aligera mucho la trama dotándola de matices: sentimentales, onanistas, etc. Que nos hablan de los personajes sin entrar en pesadas descripciones.

    Enhorabuena.
  9. doctorbp 23 de mayo de 2013, 20:26
    Cada vez que leo por aquí a un integrante del foro me alegro un montón. Gracias por pasarte Longino!

    Creo que lo has definido bastante bien: sencillo sin resultar simplista. Si bien es cierto que podría escribir historias mucho más elaboradas, con una trama apasionante que intente hacer reír y/o llorar... la verdad es que el objetivo principal de estos relatos es provocar morbo. Y para ello creo que es más apropiado este tipo de tramas. Contar algo creíble, aunque sea difícil de suceder, de forma simple. Esos son los relatos eróticos que siempre me han gustado y los que intento poner en práctica. Otra cosa sería si quisiera narrar otro tipo de historias :)

    Lo dicho, un placer verte por aquí y espero que sigas visitando y participando por el blog. Un saludo!
  10. Mr18 28 de noviembre de 2013, 23:15
    Una pequeña corrección. En esta frase "La bailarina no le hizo ascos y lamió con devoción la entrepierna de su amiga." creo que te equivocas al usar "bailarina", pues estás hablando de Carmen y no de Carla.

    Por cierto, yo agradezco el "relleno" de Gabriel, Pablo y Cintia, ya que le dan un toque un poco optimista a la historia, sobre todo los dos últimos.

    Y quiero decirte que de todos tus relatos éste es el que más dudas me iba dejando sobre qué iba a suceder al final, y por lo que veo eso tiene que ver con que ni tú mismo lo tenías claro.
  11. doctorbp 1 de diciembre de 2013, 1:52
    Pues tienes toda la razón. Lo corrijo. Muchas gracias.

    Supongo que el hecho de usar tantos personajes y entrelazar la historia principal con las secundarias ayuda a crear la sensación de incertidumbre sobre lo que va a pasar.
  12. Anónimo 28 de junio de 2014, 1:09
    muy buen relato...aunque yo se que no acostumbras secuelas esta historia da para varias historias mas por la incertidumbre y la relación de los personajes, creo que maa adelante un segundo y un 3relato no vendria nada mal.
  13. Anónimo 1 de julio de 2014, 2:56
    la verdad que una secuela seria un boom ya que tienes bastante posibles escenarios y combinaciónes, estaria de lujo que continuaras con una pocible humillacion a chico que quiere el mobil de carmen y que presume tenerla grande, que martín, carmen y carla lo humillen y elena le de un regalito a roque aunque queda insatisfecha por lo cual se les une a martin,carmen y carla a la humillacion del chulesco y culmina en una nueva gran orgia.
  14. doctorbp 2 de julio de 2014, 20:15
    Al final me vais a convencer con lo de escribir una continuación xD
    Lo cierto es que lo de que Elena le haga un regalito a Roque y quede insatisfecha es algo que nunca he descartado, pero lo de humillar al chulito de la barra ni se me había pasado por la cabeza.
    Bueno, algún día me quedaré sin ideas y, sin duda, todas estas propuestas pueden ser interesantes :)
  15. Anónimo 2 de julio de 2014, 21:44
    Bueno es que tan buen relato con tantos personajes imposible que no hagas una continuacion, mas cuando brotan posibles escenarios a simple vista, enserio que espero con ansias tu próximo relato pero sobre todo una secuela de este.
  16. Anónimo 16 de julio de 2014, 12:33
    Tío tremendo relato te has sacado con este, por favor te lo ruego escribe una segunda parte
  17. Anónimo 22 de agosto de 2014, 22:25
    Secuela secuela secuela secuela secuela secuela secuela... Secuela secuela secuela secuela;
  18. Anónimo 10 de noviembre de 2014, 4:40
    Sin duda alguna un gran relato y la verdad es inevitable el quere saber que paso con los personajes de este relato después de este día.
  19. doctorbp 10 de noviembre de 2014, 22:25
    La verdad es que cuando escribí este relato jamás pensé que una secuela fuera tan demandada.

    Pido perdón a todos aquellos que la esperáis. Insisto en que no lo descarto, pero de momento no está en mi mente. Lo siento :(
  20. Anónimo 18 de noviembre de 2014, 3:47
    Adoro este relato y es una lástima enterarnos directamente de ti que la continuación no esta próxima, aunque todos tus relatos son buenos espero que en el 2015 nos regales a toda tu hinchada la continuación de estevrelsto. Saludos doctor.
  21. Anónimo 26 de diciembre de 2014, 1:01
    Increíble por mucho tu mejor relato y eso que la mayoría de tus relatos son buenisimos sin duda este es tu santo grial, concuerdo con varios comentarios tienes mucha materia para sacar varias secuelas de esta historia, espero en algún futuro cercano concideres sacar la continuación de esta tu obra maestra!
  22. doctorbp 26 de diciembre de 2014, 13:26
    jajaja es curioso, pues tengo la sensación de que la mayoría considera que mi mejor relato es "Noche descontrolada", pero sin duda me gusta que esa elección sea variada y es cierto que este relato ha tenido mejor recibimiento del que me esperaba.

    Muchas gracias por tus elogiosas palabras!
  23. Anónimo 29 de diciembre de 2014, 2:23
    Para mi el mejor relato es trabajo de biología pero yo mr identifique con este relato y me uno a la petición de todos de pedirle una segunda parte.
    Atte. Joaquín
  24. Anónimo 14 de enero de 2015, 11:26
    Doctor me encanto este relato aunque creo roque debió participar en la orgía aunque hubiera quedado humillado pero el tenia que participar, con eso hubiera sido su toque un relato con un personaje masculino humillado de igual modo creo que en la previa pudo haber sido un poco mas extensa se me ocurre que Carla y Carmen hubieran comprobado o desmentido la dotación del niñato de la barra, como sea este es un muy buen relato pero pudo haber sido excelso
  25. doctorbp 18 de enero de 2015, 20:48
    Hola! Gracias a ambos por los comentarios.

    Sobre la continuación de este relato ya se ha hablado largo y tendido. Y sobre la humillación de Roque... para gustos los colores. Hay lectores a los que no les gusta que humille a uno de los personajes, otros todo lo contrario. Es imposible contentaros a todos :P
  26. Anónimo 19 de enero de 2015, 12:30
    De acuerdo con usted doctor no puede darnos gusto a todos, solo a mi hahaha no se crea... Pero es que manejar tanto personaje y no involucrarlos deja muchas puertas abiertas, yo pedía en especial a roque porque se le da mucha atención pero no se le involucra en el acto sexual del relato, al niñato solo lo propuse por morbo pero aun así quedan los otros personajes que se les da muy poco énfasis te hace pensar que están de sobra en el relato o quedan las ganas de que se lesvde su parte en la historia.
  27. doctorbp 19 de enero de 2015, 22:13
    Bueno, no todos los personajes que salen en un relato deben acabar practicando sexo, de lo contrario los relatos serían muy previsibles y aburridos. Y que conste que tengo algunos textos en los que prácticamente todos follan y no son pocos personajes jeje

    No obstante, ambas apreciaciones, la de Roque y la del niñato, son bastante factibles y podrían haber ocurrido perfectamente. De hecho no habría estado mal que humillaran un poquito más al niñato :P
  28. Anónimo 20 de enero de 2015, 1:10
    Si claro comprendo que no todo el que se menciona debe participar teniendo sexo pero al menos los principales y de mayor énfasis asi como en este caso roque debió participar digo fue bastante mencionado, entendiendo que Gabriel Cintia incluso el cachas solo pasen como los extras del relato pero roque merecía incluirse en el acto sexual. Lo otro ya es un gusto personal lo de el niñato, aunque veo ya le canso lo de una segunda parte tiene que admitir que deja muchas incógnitas doctor al respecto de que paso después, esto devido a la cantidad de personajes relevantes a los cuales no se incluyo en el sexo.
  29. doctorbp 24 de enero de 2015, 1:17
    Lo cierto es que no es la primera vez que me reclaman que un personaje, por el hecho de parecer principal, no acabe teniendo sexo. Concretamente, la primera vez que me lo dijeron fue con el personaje de Abel en "Las pozas".

    Por otro lado, en "Los feos también follan" me reclaman que es todo muy predecible. Tal vez si en el relato que nos ocupa hubiera narrado que Roque participa en la orgía, me habrían dicho que es inverosímil o forzado.

    Creo que la conclusión es que nunca llueve a gusto de todos. Haga lo que haga siempre habrá alguien a quién le hubiera gustado que lo hiciera diferente. Y, de hecho, es algo inevitable y que por supuesto asumo como lo más normal del mundo.

    No obstante, que Elena le regale un calentón a Roque para su cumpleaños no estaría nada mal :P
  30. Anónimo 27 de enero de 2015, 12:15
    No pude evitar leer tu ultimo comentario doctor y la última parte de este me esperanza con la idea de que pronto tendremos la continuacion de este relato.
  31. Anónimo 1 de junio de 2015, 7:18
    Me llamo yamilka y tus relatos son increíbles sobre todo este relato, ya que es tan bueno y te deja con ganas de mas fantaseó tanto con esta historia y sus variables, ojalá un día te animes a darle continuidad a a esta historia
  32. doctorbp 1 de junio de 2015, 12:04
    ¡Yamilka! Primero de todo, muchas gracias por tu interacción en twitter.

    Y sobre la continuación de este relato... creo que ya está todo dicho al respecto. No está en mis planes, pero tampoco está completamente descartado.
  33. Anónimo 3 de junio de 2015, 10:45
    Yamilka: Bueno pero entonces cuando viene tu siguiente relato y espero me puedas incluir como uno de tus personajes.
  34. Anónimo 13 de julio de 2015, 7:15
    Yamilka: Ya se que dijiste no habra parte 2 pero e leído este relato ya 4 veces con la lectura de hoy enserio me encanta sólo esperó si haces una segunda parte me incluyas como personaje
  35. Anónimo 18 de julio de 2015, 14:49
    Enormeeeeee enormeeeeee enormeeeeee Doctor que pedaso de relato no tiene idea de la paja que me hise al leer este relato, aquí sólo falta que probaran que el pibe o chulito como vos lo llamas la tuviera muy pequeña y hubiera sido la bomba aunque no importa che, este estuvo buenisimo sin duda la rompiste doc.
  36. doctorbp 26 de julio de 2015, 20:43
    Muchas gracias a Yamilka y al autor del último comentario por hacerme saber lo mucho que os ha gustado el relato.
  37. Anónimo 22 de agosto de 2015, 0:42
    Doctor buen día este relato sin duda es muy bueno no se si el mejor pero si es muy bueno, no tiene que sacar una segunda parte pero Por que no usar algunos de estos personajes para otro relato.
  38. doctorbp 25 de agosto de 2015, 0:35
    ¡Pero si todos mis personajes se parecen un montón! xD

    Y ahora más en serio, ¿te refieres a una especie de spin-off? Es algo que alguna vez me he planteado y no descarto.
    Por ejemplo, una nueva historia con algún personaje ya conocido o una historia que junte personajes de diferentes relatos... Podría ser interesante.
  39. Anónimo 28 de agosto de 2015, 11:13
    Si a eso me referia una nueva historia con alguno de estos personajes ya sea con nuevos o com clásicos de otro u otros relatos
  40. Anónimo 22 de noviembre de 2015, 12:56
    No jodas ome este relato es un chimbomba definitivamente tienes que darle continuidad hasta volverlo serie pero continualo firmita que definitivamente este relato es el mejor a lo bien
  41. Unknown 4 de enero de 2016, 7:37
    Pero que pedazo de relato,no había encontrado algún relato que me atrapara tanto y me hiciese querer más,cada personaje creó merecemos conocer su conclusión ya que el relato deja muchas puertas abiertas e inconclusa a pesar de ser un relato bomba, doctor debe hacer una segunda parte porque enserio esta buena saga esta inconclusa., Le doy el ejemplo a nadie le hubiera gustado que el señor de los anillo o Harry Potter quedase en sólo 1 película, es lo mismo con este abismal buen relato.
  42. doctorbp 4 de enero de 2016, 15:53
    jajaja me ha hecho gracia la comparación con sagas de tanto renombre.

    Lo cierto es que esta historia no se escribió pensando en una continuación, pero sí que hay alguna posibilidad, porque hay margen para humillar un poco más a Roque :P
  43. Joaquin Castellanos 5 de enero de 2016, 14:55
    Debe bde haber una enorme posibilidad enserio que si, tienes múltiples posibles escenarios con tantos personajes, puedes ir desde la humillación de roque o el chulesco del bar o de ambos o roque y las chicas en otra situación no lo se tienes un munfo de opciones con este relato y eso que no hablamos de los demás personajes, por favor animate a continuarlo Doctor sin duda es un mega relato cualquier continuación será buenisima creelo.
  44. doctorbp 1 de febrero de 2016, 20:01
    Sin duda las múltiples posibilidades de este relato se deben a los muchos personajes con peso que no participan en la escena sexual. Además, diría que es el único relato que he escrito en el que hay 3 mujeres en la orgía (por un solo hombre).

    En fin, que sí, que te doy la razón. Además, como ya he dicho anteriormente, no descarto que pueda escribir esa continuación. Sin embargo, con el poco tiempo que tengo para escribir ahora mismo, se hace mucho más difícil que la elección sea continuar esta historia.

    Un saludo Joaquin y muchas gracias por el comentario.
  45. Joaquin Castellanos 19 de febrero de 2016, 23:02
    Pues ojalá te decidas mi Doc y porfa ya pública algo.
  46. Joaquin Castellanos 19 de febrero de 2016, 23:02
    Este comentario ha sido eliminado por el autor.
  47. Anónimo 29 de junio de 2016, 3:30
    Aunque no es el mejor relato, debo decir, si es el que mejores personajes maneja, creó yo eso es lo que al parecer hace se quiera una 2da parte. Yo de mi parte sólo espero ti siguiente relato sin importar sea uno nuevo o continuación.
    Cuando sale el siguiente relato?
  48. doctorbp 29 de junio de 2016, 21:01
    Gracias por quitarme presión de encima con las continuaciones jeje Lo cierto es que con el poco tiempo que tengo para escribir creo que no escribiré muchas más historias que formen parte de series.

    No puedo poner fecha para la próxima publicación, pero sí decir que el relato va avanzando. Tal vez no llegue al 50% pero se acerca.
  49. Anónimo 29 de junio de 2016, 21:55
    Si no es mucha indiscreción Doc en que trabajas? Que labor es la culpable de que te frenes tanto en tus relatos?
  50. doctorbp 30 de junio de 2016, 20:35
    Bueno, preferiría no hablar mucho de mi vida privada :)

    A grandes rasgos diré que hace mucho que estoy en un nuevo proyecto y que en los últimos tiempos he adquirido mayores responsabilidades en el trabajo. También ha habido una serie de cambios en mi vida que han afectado a mi tiempo libre, aunque eso ahora ya no es tanto problema.

    Un saludo y gracias por el interés.

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