Un paquete en mensajería

Sinopsis: En el departamento de mensajería de la empresa hay un paquete para dos empleadas que son muy buenas amigas.

Nerea sonrió al leer los buenos días que su compañera de oficina Ingrid le había dedicado junto al dibujo de un pene con alas. Rápidamente se dispuso a contestarle tuneando la picha voladora sobre el mismo papel que se había encontrado sobre su mesa de trabajo.

Cuando Ingrid vio la aureola sobre el glande de su pene con alas no pudo reprimir las risas que se hicieron notorias a lo largo de la oficina. Las dos amigas se miraron, intentando disimular una risa pegadiza que no pasó desapercibida para el resto de compañeros.

Me has enviado un pollángel” – bromeó Ingrid con Nerea a través de la herramienta de comunicación interna que usaba la empresa.

Sí jijiji ¿te ha gustado?” – le escribió como respuesta.

Me ha encantado. Ojalá pasara uno por aquí volando.

Nerea se meaba con las ocurrencias de su amiga. Ingrid era divertidísima. Un poco loca, pero se lo pasaba en grande con ella durante la jornada de trabajo. Las dos amigas se entendían bien y eran la envidia de toda la empresa. Guapas, inteligentes, con sentido del humor y encima eran uña y carne.

Nerea se encargaba de realizar los informes financieros de la empresa mientras que Ingrid se dedicaba a temas de logística. Aunque no compartían tareas se sentaban una al lado de la otra desde hacía pocos meses. Tiempo suficiente para conocerse y hacerse buenas amigas.

La experta financiera era un bellezón de 25 años. Larga cabellera negra, de piel ligeramente clara, ojos marrones, unos considerables pechos de la talla 95 y un cuerpo estilizado. Ingrid era un año menor, con el pelo castaño, ojos verdes y una belleza más exótica. Aunque el cuerpo no era tan espectacular como el de su compañera, no dejaba de tener unas buenas curvas.

-¡Nerea! – vociferó su jefa – Tienes un paquete en mensajería.

-Vaya… - gimió Ingrid dirigiéndose a su amiga – Un paquete – remarcó – en mensajería…

La morena volvió a reír. Las dos amigas siempre estaban bromeando sobre los mismos temas.

Nerea se dirigió a recoger el paquete que le habían enviado. Mensajería era una sala amplia con pequeños estantes que formaban pasillos. Rodeando la estantería central, había una gran mesa en la que se sentaban los trabajadores del departamento.

-Hola Nere – escuchó mientras se deshacía del envoltorio del paquete que ya le habían entregado.

Se trataba de Julito, el chico con una leve deficiencia mental que trabajaba en mensajería.

-Hola Julito – quiso ser amable, sonriendo.

-Estás muy guapa.

-Gracias.

Estaba acostumbrada a aquella franqueza. Julito la trataba demasiado bien.

-¿Qué te han traído? – se interesó el chico.

-Nada. Es un pedido que hice hace unos días por internet.

-¿Irás luego a la cafetería?

-Sí, iré a hacer un café – se esforzó en sonreír.

-¿Podré ir a saludarte?

-Claro. Somos amigos, ¿no? – recalcó a conciencia.

-Sí – Julito se puso rojo mientras Nerea se marchaba con el último detalle para conquistarla que le había enviado Fran.

La mañana estaba pasando rápido. La empresa tenía un servicio propio de cafetería/restaurante donde la mayoría de empleados iban a desayunar y/o comer. Era el caso de las dos amigas que aprovecharon la media mañana para hacer un café. Al mediodía alternaban los tuppers de comida casera con el menú que servían en el restaurante de la empresa. Aquel día les tocaba comprar la comida.

-¿Qué te ha enviado esta vez? – se interesó Ingrid por el paquete que su amiga había recibido.

-Un montón de papeles cada uno de los cuales con una cosa que le gustaría hacer conmigo.

-Vaya… suena interesante – sonrió maliciosamente provocando la sonrisa de su amiga.

-Mira, por ejemplo… - y sacó una de las hojas para leerla: - Besarte hasta que tu boca sepa lo mucho que te quiero.

-Joder… no sé por qué no le das una oportunidad… o un revolcón – rió.

-Chica, todo para ti. Ya lo sabes.

Fran era un apuesto comercial de la empresa. Un hombre maduro de 41 años, divorciado, que no cejaba en el empeño de conseguir su obsesión desde hacía tiempo, Nerea.

-Pues yo me daba un homenaje, gustosa.

-No, si el tío está bueno, pero sabes que no soporto su arrogancia y desfachatez. Me saca de quicio.

-Hola Nere – les interrumpió Julito.

El chico era joven, de 20 años, aunque corpulento. Su ligero retraso era evidente en su inexpresivo rostro. Aunque era bastante autónomo no dejaba de necesitar cierta supervisión en el trabajo. Precisamente era Rosa, su responsable, la que le acompañaba.

-Hoy no ha dejado de hablarme de ti – se dirigió Rosa a Nerea.

-¿En serio? – sonrió al chico, queriendo quitarle importancia.

-Sí, a ver si algún día le invitas a tomar un zumo o algo – le instó Rosa.

-Claro, ¿por qué no? – no quería dejar de ser amable con el joven.

-Si quieres podemos tomarnos algo hoy todos juntos – intervino Ingrid para ayudar a su amiga.

-Vale – se alegró Julito.

Los cuatro se sentaron en la misma mesa de la cafetería degustando el café, que no estaba demasiado bueno, y el zumo que Rosa había pedido para el chico.

-Ya sabéis que mañana Julito cumple un año en la empresa y vamos a hacerle una fiesta. Le gustaría que vinieras – Rosa volvió a dirigirse a Nerea.

-Pues claro que iremos – metió en el asunto a Ingrid.

Julito se alegró enormemente por aquella noticia. Estaba completamente enamorado de Nerea, la mujer más guapa de la empresa.

-Tengo móvil nuevo – el chico mostró un Smartphone de última generación, queriendo impresionar a la morena.

-¡Guau! – se hizo la sorprendida.

-Y tengo el line instalado. Me lo ha bajado Rosa. ¿Me das tu número de teléfono? – preguntó ingenuamente.

-Lo siento, Julito, pero no creo que sea buena idea que tengas mi número – le contestó intentando que no sonara demasiado duro.

Le supo mal darle aquella respuesta, pero era completamente consciente de sus sentimientos y pensó que darle falsas esperanzas al chico no era lo más conveniente.

-Claro – intervino Ingrid nuevamente – si os veis cada día en el trabajo. No hace falta que tengáis los teléfonos del otro.

-¡Claro, Julito! – intervino Rosa, dándose cuenta de lo que ocurría y dando por finalizada la conversación.

Ya estaban nuevamente en su puesto de trabajo cuando Fran vino a hacerle una visita a Nerea.

-¿Has recibido eso? – le preguntó con altanería.

-Sí.

-¿Y qué te ha parecido?

-Fran, ¿hace falta que te lea algunas de las frases que me has puesto?

-¿Qué pasa? ¿Hay alguna cosa que no te gustaría que te hiciera?

-Por favor… - hizo una pausa para buscar una de las frases y la leyó: - Abrazarte por sorpresa haciéndote sentir mi paquete entre las nalgas.

El gesto de la mujer lo decía todo mientras Fran no podía evitar una mueca de irrelevancia.

-Por lo menos hay una que me ha hecho gracia – prosiguió mientras buscaba la frase: - Darte por culo, literalmente – lo miró, risueña – Te aseguro que darme por culo ya lo haces constantemente.

El hombre rió con vehemencia.

-Bueno, ¿por qué no hacemos algo? Hay un montón de cosas que quisiera hacer contigo. Seguro que hay alguna que no te importaría. Búscala y la hacemos, ¿vale? Sea lo que sea – sonrió mostrando una dentadura blanca, perfecta.

Fran se marchó. Nerea lo siguió con la mirada. El hombre era alto, moreno y elegante. Le ayudaba el imponente traje que vestía. La mujer desvió la atención hacia el resto de la sala y no pudo evitar reír a carcajadas al ver cómo el resto de chicas de la oficina, incluida Ingrid, miraban con la misma expresión al macizo hombre que se alejaba.

El resto del día pasó sin nada destacable. Ingrid se interesó por lo que Fran había hablado con su amiga, mientras que Nerea sentía cierta preocupación por la fiesta de Julito. No estaba segura de cómo debía tratar al chico sin hacerle daño al tiempo que evitaba darle pie a pensar lo que no era.

Durante la mañana siguiente, mientras trabajaba con el Excel a todo trapo, Nerea pudo sentir la mirada de su amiga.

-¿¡Qué!? – se giró hacia ella, sonriendo, preguntándose con qué le saldría esta vez.

-Vayas tetas tienes… - soltó, seria, haciendo reír a la morena – No sé si es la camiseta o es que no me había fijado antes, pero… puedes ir dando tetazos sin darte cuenta.

Nerea se meaba de  la risa, intentando disimular para que el resto no la vieran.

-Puedes vérmelas si quieres… y tocar – añadió, bromeando.

-Pues no lo descarto – ahora sí sonrió.

-Al final voy a creer que las tengo grandes, que no es el caso - matizó – O que tengo que comprarme más sujetadores de este estilo – sonrió.

-Vaya… qué decepción – bromeó Ingrid – yo pensaba que tenías una tetazas.

-Lo siento – siguió la broma – Creo que aunque las tengo bonitas – sonrió – el tamaño es mérito del sujetador.

Llegó la hora de comer. Ese día tocaba tupper con lo que comieron junto con otras dos compañeras que también habían traído la comida de casa.

-¿Es actor?

-Sí.

-Van Damme.

-No – sonrió divertida Nerea – No lo vais a adivinar.

Para amenizar la comida habían decidido jugar a un juego. Ya llevaban 10 preguntas intentando adivinar el personaje que la morena había pensado, pero aquella última contestación las picó para seguir e intentar conseguirlo.

-No lo adivinaréis porque no tenéis mi mente – rió Nerea cuando ya estaban a punto de rendirse.

-¡Nacho Vidal! – espetó Ingrid.

-¡Correcto!

Las dos amigas reían mientras las otras dos compañeras las miraban, envidiosas de esa alegría y complicidad que poseían las dos guapas veinteañeras.

La fiesta para Julito era en el departamento de mensajería donde trabajaba. Únicamente habían asistido los compañeros del departamento y gente aislada de la empresa que, por unos u otros motivos, tenían más afinidad o relación con el muchacho. El caso de Nerea era un poco incómodo. Estaba allí única y exclusivamente porque Julito estaba enamorado de ella.

Habían adornado el lugar con carteles y guirnaldas. Había pica-pica y bebida. Parecía la fiesta de cumpleaños de un niño pequeño, pensó Ingrid.

-Le hemos encargado un pastel – se dirigió Rosa a Nerea – pero tenemos que prepararlo todo para traerlo y que sea una sorpresa.

La veinteañera ya se imaginaba lo que Rosa le iba a pedir. Mientras la escuchaba, intentaba pensar una excusa para no quedarse a solas con Julito.

-Necesitaría que te lo llevaras al almacén y lo entretuvieras hasta que te avisemos.

-Yo…

-Si no es conmigo – la interrumpió – no querrá irse con nadie más que no sea contigo.

Maldita sea. Aquella argumentación la había descolocado completamente. Tuvo que tirar de comodín. Ingrid los acompañaría.

-Bueno, Julito, ¿y estás contento trabajando aquí? – se interesó Ingrid cuando los tres se metieron en el almacén a solas.

-Sí – se dirigió a Nerea ignorando a la mujer que le había preguntado.

-Vaya… eres un chico de pocas palabras y… una sola mujer – sonrió con malicia mirando a su amiga.

-¡Ingrid! – se quejó – Julito, ¿te está gustando la fiesta?

-Sí. Y me gusta que hayas venido – volvió a ponerse rojo.

-Escucha, Julito, sabes que entre tú y yo…

-¡Mierda! – soltó Ingrid al ver cómo el vaso que el muchacho tenía en la mano se le escurría cayendo al suelo y manchándole el pantalón.

-Lo siento – casi sollozó el chico – Ha sido sin querer.

-Ya… no pasa nada – Nerea se sintió culpable pensado que tal vez lo había puesto nervioso.

Ingrid se fijó en la mancha que estaba calando el pantalón del chico. Tenían que secarlo, pero… era justo en la entrepierna.

-¿Qué hacemos? – preguntó Ingrid.

-Pues habrá que secárselos un poco o va a salir empapado. Parece que se haya meado.

-Está bien. Se los quito para secarlos mejor.

-Ok.

-Julito – Ingrid se dirigió al chico con parsimonia – voy a quitarte los pantalones para secártelos, ¿vale?

-Vale – contestó con total inocencia.

Ingrid se agachó ante Julito mientras Nerea les daba la espalda vigilando por si aparecía alguien para avisarles de que podían salir.

-¡Joder! – soltó Ingrid.

-¿Qué pasa? – se preocupó la otra mujer.

-¿No llevas calzoncillos? – preguntó retóricamente.

-¡¿Qué dices?! – se sorprendió Nerea.

-No – contestó Julito cándidamente, con total franqueza.

Instintivamente, Nerea se giró observando cómo Ingrid se apartaba a un lado. Vio una descomunal polla, completamente flácida, colgando entre las piernas del inocente muchacho. Rápidamente alzó la mirada para observar el rostro de un Julito que la estaba mirando fijamente. Cohibida, volvió a bajar la mirada. El chico ya estaba completamente empalmado.

Ingrid no había dejado de mirarle el pito. Aún le latía el corazón a mil por hora. Primero por la sorpresa de que Julito no llevara ropa interior y segundo al observar tan de cerca cómo aquella enorme verga había pasado del estado de reposo inicial a la candente rigidez que ahora desprendía en tan sólo unos segundos debido a la mirada de Nerea. Había podido observar cómo la piel se estiraba, dejando asomar un grueso glande que finalmente se mostró, orgulloso. La blanquecina piel se había visto invadida por colores verdosos que finalmente habían dibujado portentosas líneas venéreas que transportaban toda la sangre del pobre chaval.

-Mierda. ¿Qué hacemos? – soltó al fin la mujer que seguía agachada junto a Julito.

-No sé. Vuelve a subirle los pantalones – propuso, aturdida.

Ingrid lo intentó, pero era imposible disimular la erección.

-¡Me cago en la puta! – se quejó Nerea, perdiendo los papeles.

-Lo siento… - sollozó Julito que había empezado a soltar las primeras lágrimas.

-No, no, no… no pasa nada – Nerea intentó ser comprensiva con él para no empeorar las cosas.

-Se me está ocurriendo una cosa…

La cara de pilla de Ingrid asustó a Nerea.

-¡No! – se quejó con rotundidad.

-Tú encárgate de secar los pantalones – comenzó a quitárselos a Julito – mientras yo me encargo de esto – soltó después de lanzarle la prenda a Nerea y agarrarle la verga al inexperto muchacho – A no ser que quieras que lo hagamos al revés – añadió al ver cómo la morena no quitaba ojo de la mano que había empezado a masturbar al chico con leve deficiencia mental.

La pequeña mano de Ingrid no podía rodear completamente el grueso pollón de Julito. A la chica no le desagradó la enorme dureza de la excitante verga. Le gustaba sentir las palpitantes venas bombeando mientras observaba el liquidillo transparente que comenzaba a inundar el glande.

-Estás loca… pero si nos sacas de ésta te dejo que me toques las tetas, en serio – sonrió Nerea secando la mancha de los pantalones del chico sin dejar de observar la paja que Ingrid le estaba haciendo a Julito.

Ante aquellas palabras de la mujer que deseaba, Julito perdió el control. El gusto que la mano de Ingrid le estaba proporcionando era sublime, pero imaginarse los pechos de Nerea fue lo que provocó el estallido.

El semen salió disparado a borbotones. Alcanzó varios metros de distancia, cayendo justo al lado de la morena que dio un saltito para evitar el contacto. La mano de Ingrid no dejó de subir y bajar la piel del descomunal cipote, asegurándose de que el chico descargaba completamente. Y lo hizo, inundando el suelo del almacén del departamento de mensajería con el blanquecino líquido.

-Creo que vamos a tener que hacer limpieza – se rió Ingrid que no dejaba de acariciar la verga, ahora nuevamente flácida.

-Deja de tocarle si no quieres que tengamos que repetir el proceso – se quejó Nerea – Aunque igual no te importaría – bromeó.

Ingrid sonrió a su amiga y se separó de Julito.

-¿Cómo van esos pantalones?

-Listo.

-Dámelos. ¿Te encargas tú de la corrida?

-Hecho.

Mientras Ingrid volvía a vestir a Julito, Nerea se dedicó a recoger el semen del suelo. Hasta ese momento los nervios la habían dominado, pero ahora que la situación parecía controlada empezó a sentirse ligeramente excitada. La cantidad de esperma que había salido de ese extraordinario pollón y que ahora estaba recogiendo le recordó el tiempo que llevaba sin sexo. Le gustaba aquel acuoso líquido. Era casi transparente y poco pegajoso y, debido a la cantidad, pensó que Julito hacía mucho que no se corría. Como ella.

Cuando los llamaron para la sorpresa, ya estaban preparados. Por los pelos. Aunque habían hablado con Julito, temían que el chico explicara algo de lo ocurrido. Si así era, no tendrían más remedio que mentir. Nadie creería al pobre disminuido psíquico en vez de a las dos chicas más populares de la empresa.

La fiesta concluyó sin mayores sobresaltos y, con ella, la jornada laboral. Esa noche les costó conciliar el sueño a todos.

Fran estaba impaciente porque Nerea recibiera su nueva sorpresa. Normalmente conseguir una mujer no le suponía ningún esfuerzo, pero aquella veinteañera estaba suponiendo todo un reto para él.

Ingrid se lo había pasado de puta madre. Aunque lo ocurrido en el almacén había sido una locura, todo había acabado bien. La adrenalina generada por el momento aún le duraba y le estaba costando dormirse. Sonrió recordando el excitante proceso de empalmada de semejante verga.

Julito pensaba que si aquello que le había hecho la amiga de Nerea era tan placentero, si se lo hiciera la propia Nerea hubiera sido lo máximo. No podía quitarse esa idea de la cabeza.

Rosa estaba nerviosa. Aunque la fiesta había sido un éxito, al finalizar había notado a Julito algo distinto, como preocupado. No dejaba de darle vueltas a lo que le podía pasar y a cómo podía ayudarlo. Aquel chico era casi como un hijo para ella. Lo apreciaba un montón.

Nerea sentía un peligroso picor en la entrepierna. No quería masturbarse, pero necesitaba aliviarse la excitación. Había empezado a pensar en aceptar alguna de las propuestas de Fran y eso la martirizaba. Recordó una de las frases: Provocarte un orgasmo tan placentero que desees otro. Se mordió un labio y pensó en la enorme corrida que había recogido del suelo del almacén. No pudo evitar visualizar la imagen de la enorme polla tiesa que había escupido aquel líquido. Estaba muy cachonda.

-¡Nerea! Tienes un paquete en mensajería – anunció, un nuevo día en la oficina, su jefa.

Ingrid miró a su amiga sin poder evitar una sonrisa de oreja a oreja.

Ahora sí que tienes de verdad un pedazo de paquete en mensajería” – le escribió usando el programa interno de la empresa.

¡Ingrid! ¡No seas guarra! jiji Pobre Julito…

¿Pobre por qué? Ya te digo yo que lo disfrutó bien :)

Me imagino…

Bueno, ve a por tu paquete jajaja

Después de lo de ayer no me apetece nada pasar por allí… Y encima para recoger otra gilipollez de Fran grrr

Cuando abrió el nuevo paquete que le había enviado el comercial, se quería morir. Junto a la nota que decía “Imagínate el molde que han usado para hacerla” había una polla de plástico de color carne. Esta vez el hombre había ido demasiado lejos.

-Hola Nere – la sorprendió una vez más Julito.

-Hola – esta vez no le sonrió, estaba de demasiado mal humor.

-¿Otra compra por internet? – preguntó el chico, ya que siempre le respondía lo mismo.

-Sí.

-Nerea, menos mal que has venido – intervino Rosa – Tengo que salir un momento. Es urgente. ¿Podrías quedarte mientras con Julito?

-No, escucha, yo… - intentaba excusarse mientras seguía a la inhabitualmente acelerada mujer.

-Oye, si no fuera importante no te lo pediría, de verdad. Lo sabes. Gracias – y se marchó a toda prisa sin dejar opción a réplica.

-Mierda…

Cuando Nerea se giró, se quería morir. Julito había cogido el paquete que había recibido y estaba mirando el consolador con el mismo gesto inexpresivo que siempre tenía.

-Es igual que la mía – dijo el muchacho al fin.

“De eso nada” pensó Nerea maliciosamente.

-¿Por qué te compras una si puedes usar la mía? – preguntó inocentemente.

La mujer no podía creer que estuviera escuchando aquello, pero menos se creía lo que pasó a continuación. El chico se bajó los pantalones mostrando su enorme verga completamente flácida.

-¿Lo ves? – añadió.

Nerea observó cómo el enorme rabo iba elevándose con rapidez. La piel de la polla se estiró a medida que el rosado glande aumentaba de tamaño. Un bosque de venas apareció para rodear el pollón que quedó tieso colgando paralelo al suelo. Julito llevó la polla de plástico junto a su enorme miembro haciendo reír a la mujer. La réplica del pene de Fran se veía diminuta ante la esplendorosa verga del chico de mensajería.

-¿Y ahora qué? – preguntó Nerea sin esperar respuesta – Rosa no puede verte así.

-¿Por qué no me haces lo mismo que ayer?

Hubiera reído a carcajadas si no fuera por la tensión del momento. Ahora entendía que la decisión de Ingrid de hacerle una paja había sido un error. Ahora el minusválido creía que eso era algo normal que podía pedirlo cuando le viniera en gana.

De momento decidió llevarlo al almacén por si aparecía alguien. Intentó esperar por si se le pasaba la erección, pero parecía imposible. Empezó a plantearse la posibilidad de tomar la misma decisión que Ingrid. Al menos se corrió en seguida, recordó.

-Está bien, Julito. Voy a hacerte lo mismo que ayer te hizo Ingrid – el muchacho sonrió – Pero me has de prometer que es la última vez.

-Te lo prometo.

-No volverás a desnudarte nunca más delante nuestro. ¿Entendido?

-Sí… - acabó suspirando al notar el contacto de la mano de su amada Nerea.

La mujer se quedó impresionada por la enorme tubería del chico. La polla estaba dura, caliente y maléficamente excitante. Pudo sentir las pulsaciones del corazón de Julito gracias a las palpitaciones de las venas bajo su mano. Un lento movimiento arriba y abajo y el chico comenzó a gemir. Incrementó el ritmo de las sacudidas y, con él, los suspiros de Julito. Pero el maldito niño no se corría.

-Mierda, Julito. Córrete ya – le pidió, casi suplicando.

Entonces recordó el momento en el que tuvo el orgasmo el día anterior.

-¿Te gustaría verme las tetas?

Julito, que tenía los ojos cerrados disfrutando del placer de aquella masturbación, abrió ligeramente un ojo. Vio la sonrisa traviesa de Nerea y él también sonrió.

Pero no iba a ser tan fácil. Sólo la referencia a sus pechos no parecía ser suficiente esta vez. La mujer se armó de valor y agarró una mano del chico, llevándosela a uno de los esponjosos senos.

Julito amasó aquella enorme protuberancia sintiendo un tacto completamente nuevo para él, a la par que extraordinario. Era algo parecido a su juego de blandiblú, pero mucho más excitante. Se corrió en seguida.

Ya había conseguido su propósito, deshacerse de la empalmada de Julito. Pero a pesar de ello no le retiró la mano, le dejó que siguiera manoseándole el pecho mientras ella seguía masturbándole la enorme verga, asegurándose de dejarlo seco. Para ello le amasó los huevos. No podía decir que no le gustara hacer aquello. Se tuvo que convencer a sí misma para dejar de pajearlo y ponerse a limpiar nuevamente la corrida antes de que Rosa regresara.

-Gracias – le soltó un sonriente Julito que, a pesar de ello, seguía manteniendo un rostro inexpresivo.

-Gracias a ti – y le dio un beso en la mejilla sin saber muy bien por qué.

Rosa regresó con un par de bolsas. Había ido a comprar cosas para Julito. La mujer pensaba que aquello alegraría al chico, al que seguía viendo raro desde su fiesta del día anterior.

Nerea no pudo evitar reír al ver un bote de plastilina entre las compras. No creo que eso le guste más que mi teta, pensó para sus adentros, con cierta malicia.

-¿¡Que has hecho qué!? – se alteró Ingrid al escuchar la historia de Nerea, justo antes de ponerse a reír a carcajadas.

-No te rías – se quejó – ¡Joder! Me siento fatal.

-¿Fatal por qué?

-Es un pobre crío con una deficiencia. Si alguien se entera de lo que hemos hecho…

-A la mierda. Si alguien se entera lo único que hará será morirse de la envidia.

-¿Pero qué pensarán de nosotras? ¿Que nos hemos aprovechado del pobre chaval?

-¡Joder! ¿Y por qué nadie piensa en el supuesto pobre chaval? Yo creo que él repetiría experiencia si pudiera. Así que dejémonos de hipocresías. Julito se ha llevado las dos mejores pajas que jamás podía imaginar y por las que muchos tíos pagarían. Yo no sé dónde está el abuso.

-No, si no lo hay, pero…

-Evidentemente no vamos a ir contándolo por ahí, pero yo no me arrepiento de lo que hice.

-Pues yo…

-¿Tú qué? No me dirás que esa gorda polla no te ha puesto aunque sea un poco tontita…

-¡Ingrid!

-Va, reconócelo. Que el chico está bien dotado…

-Eso no se puede negar – empezó a sonreír.

-Entonces…

-¡Que no! Déjame ya en paz – ya no podía esconder la sonrisa.

-Eso es que sí. Te has puesto cachonda.

Nerea la hizo callar gesticulando y emitiendo el sonido típico para ello. Y miró a su amiga con una sonrisa delatora.

-Lo sabía – sonrió satisfecha.

Tras la confesión de Nerea durante la comida, volvieron al trabajo por la tarde. Todo transcurría con normalidad hasta que Nerea cayó en la cuenta de algo importante.

-¡Mierda! – gritó por lo bajo para que no la oyeran el resto de integrantes de la oficina.

-¿Qué ocurre?

-El regalo de Fran. Me lo he dejado en mensajería.

-No jodas – estalló en una explosión de risas.

Ingrid decidió acompañar a su amiga a la sala de mensajería. Estaban a punto de plegar.

-¿Qué hacéis aquí? – les interrogó Rosa – Nos vamos en 5 minutos.

-Es que esta mañana me he dejado una cosa…

-Pues más vale que lo encuentres rápido porque no voy a quedarme más tiempo por vuestra culpa.

-¿Estás bien, Rosa? – preguntó Ingrid extrañada por el áspero trato de la mujer.

-Es que no sé qué le pasa a Julito. Estoy preocupada.

Las dos amigas se miraron, entendiéndose con la mirada.

-¿Qué te parece si te vas y dejas que Nerea hable con él? Todos sabemos lo que ella puede influenciar en el chico… - sonrió amistosamente.

-No sé… - miró a la guapísima morena.

-No te preocupes, seguro que no es nada y a lo mejor a mí me lo cuenta.

-Está bien – la convencieron al fin – Suerte y decidme algo en cuanto sepáis qué le pasa.

La mujer se marchó dejando a las dos veinteañeras con Julito. Las dos jóvenes estuvieron buscando por todos lados sin éxito. El consolador había desaparecido.

-Julito, ¿has visto por algún sitio el juguete que me han traído esta mañana?

Pero el chico no contestó a Nerea.

-¡Qué cabrón! – soltó Ingrid – seguro que sabe dónde está.

-No creo… si no tiene maldad.

-Julito, si me dices dónde está, te haré una paja como ayer.

-Quiero que me la haga Nere.

-¡Será cabrón! – soltó la aludida.

Ingrid se reía.

-Ahí tienes al inocente mocoso. Aprende más rápido de lo que te imaginas.

-Entonces, ¿lo tienes tú?

-Sí.

-¿Y por qué no me lo das? – pero nuevamente se quedó mudo.

-Bueno, si lo tiene él nos desentendemos y aquí no ha pasado nada. Tú nunca lo has recibido y a saber de dónde lo ha sacado él.

-Pero yo quiero mi pollita de plástico para las noches solitarias – bromeó Nerea haciendo reír a su amiga.

-Pues entonces ya sabes lo que tienes que hacer para conseguirla – le guiñó un ojo.

-No estaría bien…

-No estaría bien que le dejaras con las ganas al pobre Julito…

-No seas mala.

-Vamos… además, tú me viste a mí masturbándolo, pero yo no te he visto a ti haciéndole la paja.

-Estás loca.

Julito las miraba expectante, con la misma cara impasible de siempre. Aunque le hubiera gustado expresarse, prefirió seguir escuchando la conversación de las dos mujeres. Le parecía divertido.

Nerea no tenía la más mínima intención de llevarse el consolador a casa para usarlo, pero sí que sentía la necesidad de recuperarlo para que nadie se enterara de que aquello se lo había enviado Fran. Se le ocurrió una idea.

-Ya sé lo que haremos – se dirigió a Ingrid – Te dejaré que me toques las tetas – propuso – si Julito me devuelve mi juguetito – ahora miró al chico.

-¡Guau! – bromeó Ingrid.

Las dos mujeres miraron al discapacitado, que asintió con la cabeza.

-A mí muy tonto no me lo parece – espetó la de pelo castaño – sabe lo que quiere.

-¿Y tú sabes lo que quieres? – preguntó Nerea con picardía provocando las estruendosas risas de Ingrid.

-Tetazas…

No se esperaba que el tacto de la mano de su amiga le diera tanto placer. Tenía los senos extremadamente sensibles e Ingrid se los acarició sabiamente.

-Tú dirás lo que quieras, pero tienes unas buenas berzas – concluyó Ingrid sin dejar de sobarle los pechos.

-Que no, que es cosa del sostén. En serio.

-A verlo…

-¿¡Qué dices!? – se extrañó, mirando de reojo a un concentrado Julito.

-Demuéstramelo.

-Joder… - se quejó mientras se retiraba la camiseta mostrando un sujetador discreto, de color azul claro.

Ingrid actuó rápidamente y, en un gesto hábil, se deshizo del cierre del sostén haciendo que la presión de los abultados pechos hiciera su trabajo, separando la prenda del cuerpo de Nerea.

-Tetazas… - repitió metiendo las manos por el hueco que el sujetador había dejado.

-Ingrid… - se sorprendió por los nuevos manoseos de su amiga.

Tuvo que apoyarse contra una de las estanterías para aparentar serenidad ante aquellas excitantes caricias. Las manos de Ingrid se estaban adhiriendo a sus pechos. Cerró los ojos y gimió levemente.

-No me vuelvas a decir que no las tienes grandes – se quejó retirando sus manos.

La morena intentó recomponer la compostura. Se había olvidado de cómo había empezado todo eso. Se esforzó en ignorar a su amiga y se giró para mirar a Julito. El enorme bulto que se marcaba en sus pantalones era la evidencia de lo mucho que le había gustado la escenita que acababa de presenciar.

-¡Nerea! Un paquete en mensajería – bromeó Ingrid.

-¡Calla! – chilló, sonriendo, mientras se deshacía del sostén desabrochado.

Efectivamente tenía unos pechos bonitos. Aún siendo de considerable tamaño no los tenía para nada caídos. Las tetas tenían forma redondeada, con unos pezones marrones, de tamaño proporcional al resto del seno, rodeados de unas aureolas pequeñas y rosadas. Se acercó al chico con los pechos al aire. Quería intimidarlo. Pegó su boca al oído del joven y le susurró:

-¿Ahora me dirás dónde guardas mi juguetito?

-En mis pantalones.

Nerea no pudo evitar empezar a reír a carcajadas. ¿De verdad Julito creía que el juguetito era su gran polla? No se lo podía creer, no era tan espabilado. ¿O sí? se preguntó al sentir la mano del chico acariciándole uno de los pechos desnudos que habían quedado a su alcance. Estuvo tentada de quedarse a disfrutar de más magreos, pero aún le quedaba algo de cordura y se retiró en seguida.

-Vamos, Julito, Ingrid me ha tocado las tetas. Ahora deberías cumplir tú con tu parte del trato – insistió intentando no perder los nervios.

-En mis pantalones.

-¡Joder, Nerea! Que igual se ha guardado la polla de plástico en los pantalones – intervino Ingrid acercándose al muchacho.

Julito seguía empalmado. Los pantalones a duras penas soportaban la presión que semejante mástil ejercía. Fue Ingrid la que liberó a la bestia deshaciéndose de la prenda al tiempo que el consolador caía al suelo.

-¡Ahí está! – se alegró Nerea al ver el trozo de plástico – Tenías razón – sonrió.

Ingrid recogió la réplica del pene de Fran y, tras unos segundos, dio su opinión.

-¿Tú crees que realmente está hecho de un molde con la forma de la de Fran?

-No sé. De ese tío me creo cualquier cosa.

Ingrid la puso al lado de la de Julito y sonrió contagiando a Nerea que se agachó junto a su amiga.

-¿Tú una y yo otra?

-¿¡Qué dices, loca!?

-Va, me quedo con la de plástico, no me importa.

Nerea se tronchaba.

-Anda, vámonos, que ya tenemos lo que queríamos.

-Tú te lo pierdes. Ahora te quedas con la de plástico – y comenzó a masturbar nuevamente a Julito.

-¡Ingrid!

Pero la mujer no le hizo caso, sólo le ofreció el consolador que tenía en la mano, extendiéndoselo, sin mirarla ni dejar de masturbar al inexpresivo muchacho.

Nerea no se podía creer que aquello estuviera pasando otra vez. Lo peor es que ahora no estaban obligadas a hacerlo. Sin embargo, entendía a Ingrid. Era la primera vez que realmente les apetecía hacerlo. Agarró el pito de plástico y empezó a masturbarlo.

Aunque la réplica no era de gran tamaño, tampoco era pequeña. Una única vena no demasiado gruesa se marcaba a lo largo del consolador. La verga estaba circuncidada y era más bien finita. Pensar que aquel pito pudiera ser de Fran le daba más reparo que otra cosa, pero era la excitación la que la empujaba a hacer aquello. Recordó una de las frases que el guapísimo comercial le había escrito: Hacerme una mamada. Y entonces comenzó a chupar la polla de plástico.

Julito parecía aguantar más que el primer día. Ingrid pensó que con tanta paja seguida era normal. Miró hacia arriba y vio a Julito observando boquiabierto a Nerea. Ingrid hizo lo propio y sonrió al ver a su amiga haciéndole una mamada a la réplica de la polla de Fran. Estaba un poco harta de que el minusválido sólo tuviera ojos para Nerea. Quería llamar su atención y estaba dispuesta a conseguirlo.

El chico estaba embelesado observando a su amor chupando aquel pene y no se esperaba sentir algo húmedo restregándose por su pito. Primero se extrañó, pero cuando miró a Ingrid en seguida comprendió lo que pasaba. Le estaba haciendo lo mismo que hacía Nerea. Le gustó mucho esa sensación y, con el mismo rostro con la boca abierta, se quedó mirando a una sonriente Ingrid.

Estaba satisfecha. Había conseguido la atención del muchacho. Ahora no dejaba de mirarle a los ojos mientras relamía la sabrosa polla del chico. Sujetó el cipote con una mano, alzándolo, para recorrer toda su longitud con la lengua. Al llegar a la punta le besó el glande antes de aferrarse a él con los labios, saboreándolo. Estaba ensimismada en aquel deleite cuando sintió unas manos acariciándole los pechos.

-Las tuyas tampoco están nada mal – confesó Nerea, haciendo sonreír a Ingrid.

La morena introdujo las manos bajo la camiseta de su amiga, retirando el sostén hacia arriba y alcanzando los sugerentes senos. No eran tan grandes como los suyos, pero le gustó el tacto. Quería devolverle el placer que ella misma había recibido.

-¿Está buena? – preguntó con picardía.

-Deliciosa. ¿Quieres probarla?

-Esa no sabe a plástico, ¿verdad? – se rió.

-Te aseguro que no. Sabe a polla – rieron las dos.

Ingrid se echó a un lado para dejar que Nerea se acercara al pollón de Julito mientras ella se desprendía de la camiseta y el sostén mostrando unos pechos puntiagudos acabados en unos erectos y oscuros pezones.

Nerea se fijó en la tiesa verga que la apuntaba desafiante. Le dio un tierno besito en el capullo. Sus labios se humedecieron ligeramente debido al líquido preseminal. Sacó la lengua para relamerse. Sabía a polla. No se lo pensó más y abrió la boca introduciéndose aquel caliente glande. Forzó hasta sentir que la punta le llegaba al fondo de la garganta. Sin sacarla ni un ápice, alargó la mano para acariciarle los testículos. Poco a poco fue sacándose la verga al tiempo que la rodeaba con la lengua. Las convulsiones comenzaron en seguida.

Julito estaba anonadado. Creyó que no podía haber nada más placentero que lo ocurrido el día anterior y esa misma mañana. No sabía que chuparle el pene pudiera ser aún más gustoso. Estaba preparado para que se la tocaran con la mano, pero no para que su amada se la metiera en la boca. Mientras escupía la leche observó cómo Nerea no sólo no se apartaba como el primer día, sino que sonreía mientras le caía todo en la cara.

-¿Ya? – se quejó Ingrid cuando vio a su amiga con la cara llena de lefa – Te dejo un momento con él y haces que se corra.

-Es que soy su ojito derecho – sonrió, picándola.

-Ah, ¿sí?

Ingrid se acercó a Julito y lo besó. El chico tuvo un primer instinto de rechazo al sentir la lengua de la mujer introduciéndose en su boca, pero no tardó en aceptar la intrusión accediendo a jugar a lo que parecía proponerle la mujer.

-No te piques – dijo Nerea sin demasiado convencimiento, mientras se limpiaba la cara, observando cómo Ingrid comenzaba a acariciar la verga que estaba nuevamente flácida.

Julito jugaba a la lucha de lenguas mientras sentía la mano que le masturbaba. La mujer dejó de jugar y comenzó a besarlo en la barbilla y luego en el cuello. Ingrid detuvo la paja para deshacerse de la camiseta que le estorbaba.

Nerea observó el desdibujado cuerpo de Julito. Tenía unos brazos delgados y una abultada barriga. Si no lo conociera habría sospechado que era cervecera. Al menos, de cintura para abajo, el chico era espectacular. La tranca le llegaba casi hasta las rodillas. Observó el trozo de plástico que ella misma había dejado tirado en el suelo y fue a buscarlo.

Ingrid siguió su excursión de besos bajando hasta el pubis de Julito. Allí asió la polla morcillona y se la metió en la boca. No le desagradaba la sensación de tener la boca llena por la flaccidez del miembro y experimentar cómo la verga se iba endureciendo hasta la empalmada completa. No tardó ni 5 segundos en conseguirlo.

Julito había observado cómo Nerea se desabotonaba el pantalón introduciendo por la abertura la polla de plástico. No sabía lo que la mujer estaba haciendo, pero le gustó que lo hiciera.

Estirada en el suelo, deslizó el consolador sobre sus húmedas bragas sintiendo el placer que los roces le provocaban en su encharcado coño. Gimió, llamando la atención de su amiga que le estaba haciendo una mamada a Julito.

-Serás puta… - se quejó al darse cuenta de que el chico estaba nuevamente embobado observando a la hermosa morena.

Nerea abrió los ojos para ver quién estaba estirando de sus pantalones para sacárselos. Era Ingrid.

-Ya que te masturbas para calentarlo, al menos enséñale el coño al chaval.

-¡Ingrid! – volvió a quejarse.

Nerea se fijó en el rostro desencajado de Julito y en la enorme polla dando incontrolados saltos. Le gustó la fascinación que era capaz de provocarle. Se giró ligeramente hacia el chico y abrió las piernas mostrándole un tanga de color azul claro empapado. Julito aún abrió más la boca cuando la mujer retiró la tela a un lado, mostrando unos cristalinos labios vaginales. En la parte superior se adivinaban unos cuidados pelos, aún tapados por la ropa interior.

La punta de la polla de plástico se deslizó por los húmedos labios vaginales, separándolos, hasta alcanzar la abertura del coño. Allí se introdujo lentamente, con parsimonia, al mismo tiempo que Nerea suspiraba levemente de placer.

Ingrid se había deshecho de los pantalones y las bragas mostrando un pubis completamente rasurado. Totalmente desnuda se dirigió a Julito.

-¿Quieres meterme a mí la tuya? – preguntó sonriente al embobado deficiente mental.

-¿Vas a desvirgarlo? – preguntó Nerea entre gemidos – ¿En serio?

La sonrisa de Ingrid fue la respuesta.

-Cabrona… - soltó por lo bajo la morena que ya estaba metiéndose y sacándose con frenesí el regalo de Fran en la raja.

La mujer de pelo castaño tumbó al chico en el suelo. Pasó una pierna por encima suyo mostrándole una espléndida vista de su coño abierto. Flexionó las piernas ligeramente y se agachó para darle un pico. Luego agarró el enorme cipote y lo dirigió a su entrada. Flexionó aún más las piernas y entró en contacto con el pollón. Se lo introdujo poco a poco, acostumbrándose al descomunal tamaño.

Estaba alucinando. Una nueva sensación inundó al inexperto Julito. Se la habían tocado y chupado, pero jamás la había metido en ningún sitio. Y aquella cueva era húmeda y caliente. Era una sensación extraordinaria. Pero aún quedaba algo. La mujer comenzó a moverse arriba y abajo. Sintió cómo aquella abertura por la que se había colado su pene se adhería a su pito, limándolo.

Al ver cómo Ingrid se metía aquel enorme pollón no pudo aguantar más el orgasmo que llevaba tanto tiempo sin experimentar. Con el consolador metido hasta el fondo y los huevos de plástico chocando contra su pubis se corrió soltando un reguero de líquido vaginal. Cerró las piernas, temblorosas, aferrándose al plástico que empujaba hacia dentro intentado meterlo lo máximo posible. Ahogó un chillido de placer y se quedó mirando a Ingrid que botaba sobre la inmensa verga de Julito.

El erguido falo del joven discapacitado comenzaba a tener un tono blanquecino debido a los flujos del incandescente coño de Ingrid. La mujer se había corrido un par de veces antes de sentir las convulsiones del chico. Estuvo tentada de no moverse y recibir la descarga en su interior, no le habría desagradado en absoluto. Sin embargo, la poca cordura que conservaba la hizo reaccionar saliéndose de la estaca que la empalaba. Rápidamente agarró el mástil y lo masturbó hasta que una nueva corrida del joven hizo acto de presencia. Ingrid abrió la boca, acercándose al pollón. El semen salió disparado. Los chorros alcanzaron la boca y el rostro de la mujer. Los últimos, más débiles, mancharon al propio Julito deslizándose por su propia verga hacia su pubis. Ingrid succionó el glande antes de soltar la polla morcillona sobre el rechoncho estómago del chico.

-La que hemos liado… - se reprochó Nerea mientras Ingrid se limpiaba la corrida del chaval.

-Y lo que nos queda – respondió tras tragarse el semen que había recogido con la boca.

-¿Qué dices? Ya nos hemos divertido bastante los tres, ¿no crees?

-¿No te lo vas a follar? – puso cara de sorpresa.

-¡Claro que no!

-Mojigata… - se burló.

-Anda, límpialo mientras yo recojo un poco esto.

-De eso nada. Límpialo tú si quieres.

-¡Ingrid!

Pero la mujer sabía lo que estaba haciendo y no cambió de opinión. Nerea tuvo que acercase a Julito, que seguía tirado en el suelo, inmóvil. La morena tuvo que retirar la enorme verga, nuevamente flácida, a un lado para poder limpiarle los restos de semen al chico. Mientras con una mano sujetaba el pito, con la otra recogió el semen. Al contrario que el día anterior, la corrida de Julito tenía un aspecto blanquecino y viscoso, señal de las continuas corridas que había tenido. Sonrió mientras tenía esos pensamientos. De repente, sintió cómo se agitaba lo que tenía en la otra mano. La verga parecía alzarse, adquiriendo dureza y mayor tamaño. La miró y vio la tremenda empalmada de Julito.

-No me lo puedo creer…

-Va, fóllatelo. Si el crío lo está deseando – rió.

Estaba desnuda, a excepción del tanga, agarrando una enorme polla completamente tiesa. Y, aunque acababa de experimentar un placentero orgasmo, hacía demasiado que nadie la penetraba. ¿Por qué no? se preguntó. Miró a Julito y, por primera vez en la vida, su rostro reflejó una emoción. Deseo.

-Hazle el favor al chaval – concluyó Ingrid.

Nerea comenzó a mover lentamente la mano que asía el mástil. Con parsimonia fue recorriendo el tronco, sintiendo las vigorosas venas que lo recorrían. Iba a echarle la bronca a Ingrid cuando sintió el dedo que hurgaba dentro de su tanga, pero se dio cuenta de que el dueño del dedo era Julito. La mujer suspiró e instintivamente abrió más las piernas.

-Puto niño… - sonrió Ingrid sorprendiéndose por la acción del chico.

El inexperto dedo de Julito recorrió el mojado chocho, deslizándose por los húmedos labios hasta que, casi sin querer, se introdujo en el interior de Nerea, haciéndola gemir más intensamente. Instintivamente, el joven movió el dedo en el interior de la cueva y luego lo metió y sacó con torpeza.

-¿Te gusta? – preguntó Julito cándidamente.

Aquella pregunta la convenció definitivamente. Nerea se alzó, alejándose de aquel dedo usurpador y deshaciéndose del manchado tanga, mostrando un pubis arreglado, lleno de pelos negros y cortos. Igual que hiciera Ingrid, se puso a horcajadas sobre el chico, enseñándole el coño abierto. Bajó su cuerpo buscando el contacto con el erecto pene. Se mordió el labio y empujó ligeramente, introduciéndoselo con ternura. Por fin la penetraban. Se moría de gusto.

El rostro de placer de Nerea estaba poniendo nuevamente a tono a Ingrid. La avispada mujer pensó en darle una nueva lección al muchacho. Se dirigió a la pareja y, pasando una pierna sobre Julito, de frente a Nerea, se agachó para alcanzar el rostro de su amiga. La besó. La cara de sorpresa de la morena hizo sonreír a Ingrid que volvió a la carga. Esta vez le lamió los labios, justo cuando sintió la mano de Julito sobándole el culo.

Con media polla en su interior, se dejó llevar por aquellos tiernos besos de su amiga. Abrió la boca invitándola a entrar. Las dos lenguas se conocieron y se cayeron bien. Las manos de Ingrid volvieron a acariciarle los pechos y entonces pasó. La penetración, los besos y magreos se fundieron en un cóctel de placer que le provocó el nuevo estallido. Se separó de Ingrid para correrse entre desproporcionados gemidos.

La mujer de pelo castaño aprovechó el orgasmo de su amiga para ofrecerle nuevas sensaciones a Julito. Le apartó la mano que no dejaba de sobarle las nalgas y se agachó más, acercando su depilado coño a la cara del chaval.

El chico no sabía lo que la mujer pretendía. Sintió un olor intenso cuando el culo de Ingrid se acercó tanto. Olfateó y, por puro instinto animal, sacó la lengua para lamer el origen de aquel agradable aroma. La mujer sonrió, satisfecha, al sentir la lengua de Julito desplazándose por su mojado coño.

-Más rápido – le pidió en el momento que Nerea se recomponía dándose cuenta de lo que Ingrid estaba haciendo.

Julito le hizo caso, moviendo la cabeza y la lengua de forma descompensada, intentado chupar aquel delicioso manjar con el mayor brío posible.

-Mira quién es la puta ahora… - bromeó la morena que no dejaba de subir y bajar sobre el pollón del chico.

-Somos las dos muy putas – gimió Ingrid, entre suspiros – Para qué negarlo.

Las dos amigas sonrieron a duras penas, con la lujuria marcada en el rostro. Se inclinaron ligeramente hacia delante y se volvieron a besar con pasión. El tórrido morreo empujó a Ingrid al orgasmo al que tan cerca le había llevado la lengua de Julito. El chico recibió, asombrado, todos los fluidos que la mujer dejó escapar entre gemidos, ahogados en la boca de su amiga.

Empezaban a dolerle las piernas debido a la postura. ¿Cuánto tiempo llevaba cabalgando sobre aquel discapacitado? Julito se había corrido cuatro veces en muy poco tiempo y eso explicaba que ahora aguantara tanto. Ingrid se había separado de la escena, así que Nerea pudo inclinarse hacia delante, apoyando las manos en el suelo y descansando las piernas. El chico aprovechó para sobarle las grandes tetas. La mujer le regaló primero una sonrisa y luego un morreo. De repente, se sobresaltó.

La chica de pelo castaño dirigió la réplica del pito de Fran a la puerta trasera de Nerea. Vio cómo la morena se giraba para mirarla, pero antes de que rechistara, ejerció una leve presión con el glande de plástico sobre el ano.

-¡Ingrid!

-¡Calla!

Y ejerció mayor presión introduciendo completamente el capullo del consolador en el forzadamente dilatado ano de Nerea, que gritó.

-Relájate – le aconsejó.

Y volvió a la carga introduciendo más parte de aquella polla de plástico en el culo de su amiga que comenzaba a asimilar aquella intrusión. Lo que en un principio había sido doloroso ahora comenzaba a convertirse en placentero. Nerea reanudó su sube y baja sobre el pollón de Julito mientras Ingrid acompasaba su mete y saca en el ano de la espectacular morena. No tardó en experimentar un nuevo orgasmo.

Se estaba haciendo demasiado tarde. Las dos mujeres ya estaban más que satisfechas con la sesión de sexo. Pero aquella impertérrita erección no se esfumaba. Tras su último orgasmo, Nerea se había retirado de encima de Julito y las dos mujeres lo miraban, desnudas, alucinando.

-¿Qué hacemos? – preguntó Nerea.

-No puede ser que dos tías buenas como nosotras no seamos capaces de hacer que se corra.

-¿Se la chupamos?

-¿A la vez?

-Sí – sonrió con falsa timidez.

-¡Guarra! – bromeó.

Alzaron a Julito para arrodillarse ante él. Sonrientes, las dos mujeres acercaron la boca con cuidado a la verga. Los primeros lengüetazos fueron discretos, evitando rozarse entre ellas, pero poco a poco perdieron la vergüenza. Sin orden ni concierto, las dos amigas le mamaron la inmensa polla al joven minusválido. Entre tanto, se besaban cuando sus lenguas se encontraban.

El chico, con la boca abierta, las miraba alucinado. Para ser su primera sesión de sexo había aprendido muchísimo. Había hecho y visto cosas que jamás había imaginado. Aunque sentía cierto escozor en el pene, no dejaba de sentir el placer que aquellas dos hermosas mujeres le proporcionaban.

-Esto no puede estar pasando – Nerea se reía, ya desesperada.

-Ya sé lo que vamos a hacer – se rió con picardía Ingrid.

-Miedo me das…

-Tú abre la boca.

Nerea le hizo caso, sonriendo, no teniendo muy claro que Ingrid consiguiera algo. Sin embargo, de repente, la polla que aún estaba pajeando comenzó a escupir espesos grumos de lefa. La mujer los recibió en la boca mientras aumentaba el ritmo de sus sacudidas para que el chico soltara todo lo que tenía en los huevos.

El dedo que Ingrid metió en el ano de Julito pilló por sorpresa al chico. Aquella nueva sensación era la que le faltaba por experimentar y la que le impulsó a correrse por quinta vez en dos días. Aquel gusto fue diferente a todo lo que había sentido antes. Ni mejor ni peor, diferente. Pero igualmente placentero.

El viscoso semen que no había caído en la boca de Nerea se había quedado adherido a la punta de la inmensa verga y a los labios y barbilla de la chica. Mientras la morena se tragaba con dificultad el denso líquido, Ingrid absorbió los restos chupando el mentón y los labios de su amiga y, por último, el capullo del cipote.

-Ves con cuidado que como se vuelva a empalmar la liamos – se quejó Nerea con humor.

Ingrid sonrió antes de engullir los grumosos restos de la corrida.

Tras vestirse, las mujeres arreglaron la sala de modo que nadie pudiera sospechar lo que allí había ocurrido. Lo tenían todo listo cuando Nerea recordó la conversación con Rosa. Debían hacer algo al respecto así que las chicas tomaron una decisión. Julito parecía estar de acuerdo. Se marcharon, hasta la llegada de un nuevo día.

-¿Recibiste mi último paquete? – le preguntó Fran a Nerea en su puesto de trabajo.

La morena alzó la vista, mirándolo con cara de pocos amigos, sin decir nada.

-Se podría decir que esta vez sí has recibido un paquete de verdad – sonrió y, con disimulo, se agarró la entrepierna mostrándole a Nerea el paquete.

-Siento decirte que a mí me gustan más grandes – le picó.

-Si te acostaras conmigo sabrías que el tamaño realmente no importa.

-Por cierto, ya he elegido frase – le dijo desviando el tema.

-¿Sí? – se entusiasmó – Dime.

-Cumplir tus fantasías – leyó.

-Bien. ¿Y qué fantasía tienes? ¿Quieres hacer un trío con tu amiga Ingrid? – sonrió con chulería.

Nerea no pudo evitar reír a carcajadas.

-No, gracias. Eso es imposible – sonrió para sus adentros – Mi fantasía es que dejes de enviarme cosas y de insinuarte. Déjame tranquila y no vuelvas a molestarme.

La cara del hombre estaba pálida. Aunque Nerea le había rechazado siempre, jamás lo había hecho con esa contundencia. Además, pensó que, después de tanto insistir, su último regalo la habría puesto cachonda y dejaría de hacerse la estrecha, pero la realidad era bien distinta.

-Espero – continuó – que cumplas y seas capaz de hacer realidad mi mayor fantasía – concluyó mimosamente.

Por primera vez, Fran se había quedado sin palabras.

Durante el café, Nerea le explicó a Ingrid lo ocurrido con Fran. Aunque la más joven bromeó sobre la posibilidad de repetir trío, pero esta vez con el comercial cuarentón, se alegró porque parecía que su amiga por fin se había quitado aquel problema de encima.

-Hola chicas – las sorprendió Rosa – Veo que ayer fue todo bien con Julito… - sonrió.

Por un momento Nerea temió que el chico se hubiera ido de la lengua. Pero se recompuso mientras Ingrid tomaba las riendas de la conversación.

-A que hoy está de mejor humor…

-Pues sí.

-Hablamos con él y… bueno, ya sabes que está loquito por Nerea.

La morena sonrió forzadamente.

-¡No me digáis que era eso! Y yo comprándole juguetes como si fuera un niño pequeño. Es que soy idiota… si resulta que es todo lo contrarío – se rió.

-Sí – intervino Nerea – hablamos con él y llegamos a un acuerdo.

-A cambio de que no esté triste, de vez en cuando nosotras pasaremos una tarde con él.

-¿En serio? Pobre…

-Bueno, y si hoy lo ves de mejor humor es que la cosa funciona – Nerea sonrió, nerviosa.

-¿Y a ti no te importa? – se sorprendió la responsable de Julito.

-No – intervino Ingrid – además, yo les haré compañía siempre que pueda para no dejarlos solos. Ya sabes…

-Claro, ¡qué buenas chicas que sois!

-Todo por hacer feliz a Julito – sonrió Nerea.

-Bueno, y por nosotras – añadió Ingrid – que nos lo pasamos pipa con el chico.

-Qué inmerecida es la fama que tenéis…

-¿Qué fama? – se indignó Nerea.

-Nada, que las chicas guapas como vosotras levantáis muchas envidias.

-Y lo que no son envidias – bromeó Ingrid.

Rosa se rió con ganas. Estaba contenta. Se alegró del enorme corazón de aquellas dos jóvenes que iban a esforzarse tanto por hacer feliz a Julito.

11 Response to "Un paquete en mensajería"

  1. Straccia Tella 6 de mayo de 2013, 15:50
    Muchas gracias por este nuevo relato!

    Creo que eres muy valiente al incluir una persona con discapacidad en un relato de este tipo. Habrá gente que te pondrá el grito en el cielo, pero fijo que serán los mismos que ya te lo han puesto antes por otros relatos, así que no debería preocuparte. Además que a ese personaje lo has tratado con mucho cariño en todo momento.

    En el relato, esta vez nadie se podrá quejar de que no hay descripción de las chicas. Mucho mejor así :)

    Lo que la sensación que da es que esta vez has ido más a saco que otras veces. En seguida ya hay alguna escenita de sexo, cuando otras veces ha tardado todo más en desarrollarse. Será que las dos protagonistas ya iban predispuestas mientras que en tus anteriores relatos la protagonista se iba convenciendo a lo largo del relato.

    Supongo que para este, la forma en alarga rlo de ese modo sería comenzarlo atrás en el tiempo, desde que Ingrid y Nerea son amigas, hasta que Ingrid fantasea poco a poco con su compañera (ya que parece que es la que le tiene ganas desde el principio)

    Pero bueno que el relato me ha gustado mucho, y me encanta que sigas escribiendo siempre tan bien :)
  2. doctorbp 8 de mayo de 2013, 0:37
    De hecho, pensaba que igual nadie comentaría por lo polémico de incluir a un discapacitado :P Puedo entender que a alguien no le guste porque no le de morbo, igual que a alguien puede no gustarle un relato con transexuales o con una protagonista que sea una buscona, por poner dos ejemplos. Pero lo que jamás entenderé es que sea tildado de ofensivo si es que alguien así lo considera.
    Los propios personajes femeninos del relato ya hablan sobre ello. Entiendo que a la mayoría de los hombres les encantaría follarse a Ingrid y Nerea. ¿Por qué no puede disfrutar de ello exactamente del mismo modo Julito, un chico con un leve retraso? Si lo consigue, ¡olé sus cojones!

    Y dejando ese tema de lado. Ya he comentado alguna vez que en mis relatos intento narrar algo difícil de suceder de la forma más realista posible. Si lo consigo es posible que esté cerca de provocar morbo. En este caso era difícil, muy difícil narrar una historia verosímil en la que dos guapas veinteañeras se tiren a un chico con deficiencia mental. Por ello esta vez no he podido jugar tanto al convencimiento paulatino de las chicas y me he apoyado más en situaciones casuales en las que se ven obligadas a hacer lo que hacen. Seguro que lo podría haber hecho mucho mejor, pero esa es la razón por la que en ese sentido el relato es algo diferente, más directo, tal vez.

    Jo! Straccia, ¿de verdad te gustan "todos" o es que eres demasiado amable? :P Muchísimas gracias por tus aportaciones.
  3. Yuri 8 de mayo de 2013, 13:30
    Yo estoy con Straccia, según iba leyendo el relato estaba pensando: "Me parece muy valiente que toque un tema "polémico" como este."
    Al margen de la forma de escribirlo, que siempre me gusta en tus relatos, incluso en los que el contenido no me agrada demasiado (ej: Sin tetas no hay trabajo), la forma en la que escribes siempre se hace amena de leer.
    Y el tema tratado, pues está muy bien expuesto, y al personaje de Julito lo tratas muy bien. Así que olé tus narices!

    Si que es verdad que el desarrollo es más rápido que en otros de tus relatos, pero no me ha parecido forzada esa velocidad. Te ha quedado muy bien!
  4. María Martínez Santos 9 de mayo de 2013, 0:09
    Hola

    Me llamo María Martínez y tengo un directorio web. Me ha encantado tu sitio! Tienes unos relatos muy interesantes y algunos son muy excitantente, este me ha gustado mucho. Haces una labor encomendable con tu blog. Por ello, me gustaría incluir un enlace de tu blog en mi directorio. Así mis usuarios podrán visitarte.

    Por favor, avísame si estás interesada(o)a maria.martinezsantos87@gmail

    Besos y Suerte con tu blog! :)
    María.
  5. javi 10 de mayo de 2013, 10:27
    Hola Doctor :) Cómo siempre te digo, escribes genial, qué alegría leer un texto tan bien planteado.
    El relato en sí... Muy arriesgado sí, desde mi humilde punto de vista, la condición psíquica del personaje masculino le quitaba mucho morbol. No obstante, tiene mucho mérito la credibilidad que le has dado.
    Por último, preguntarte acerca de tu relato en la última edición del Ejercicio de TR. ¿Anunciarás por aquí cuál es el tuyo cuando se publique? O vas a esperar a que se publiquen todos para anunciarlo? Un saludo Doctor.
  6. doctorbp 10 de mayo de 2013, 16:32
    Bueno, muchas gracias por valorar lo arriesgado de incluir un personaje discapacitado. Como bien dice javi, el riesgo es que no produzca morbo, pero si al menos los acontecimientos son creíbles, entonces objetivo cumplido :)

    María, acabo de ponerme en contacto contigo. Supongo que a tu dirección de correo le falta un .com

    Respecto a mi relato en el Ejercicio... la idea es respectar la base del anonimato con lo que en principio no publicaré ni haré mención a mi texto hasta que finalice el certamen. Por este motivo, el próximo relato, que será con el que estoy participando, se demorará un poco en su publicación.

    Muchas gracias a todos por los comentarios!!!!
  7. ChristianTR 13 de junio de 2013, 0:48
    Bufff... tú sabes bien lo que yo opiné cuando me di cuenta que incluiste un minusválido en el relato. Que tienes pelotas de acero, en serio.

    Pero, a diferencia de los demás, creo que con ese personaje has sido tan tópico, ha quedado como simple muñeco de trapo racano y simplón que no me ha parecido especial. Perdón, pero tenía que soltarlo. Las chicas: perfectas, deshinibidas, coquetas, ingeniosas, muy bien recreadas y te merecen mi admiración porque demuestras a lo largo de tus relatos que tienes una habilidad para crear con tanta facilidad a mujeres "creíbles" -OK, tal vez pecaron con un poco de "personalidad porno", pero poco más-.

    Perdón. El relato me ha gustado en líneas generales, de hecho me dan fuerzas para retomar la idea de crear un relato con un personaje con discapacidad. Porque ansío tener algo similar a tu valor.

    Un abrazo.
  8. doctorbp 13 de junio de 2013, 23:57
    No pidas perdón Vieri o, al menos, no dejes de decirme lo que opinas realmente. Eso le da más valor a tus comentarios, en serio.

    A ver cómo me explico... efectivamente Julito es simplón, parado, poco ingenioso, etc. Pero es que esa es la forma que decidí usar para representar su minusvalía. ¿Que lo podría haber hecho de otra forma? Seguro. ¿Que habría sido más difícil? Supongo. No sé, me da la impresión de que el ser tan poco especial es precisamente lo que le hace especial. No sé si me explico. De todas formas, creo que te entiendo. Si algún día te atreves con ese relato, házmelo saber. Me encantará ver cómo lo afrontas, cómo representas a ese personaje tan complejo sin caer en tópicos. Si te estoy presionando, te jodes xD

    "Personalidad porno" jajaja ¡muy bueno! Sólo son divertidas. Yo me lo pasaría muy bien con ellas (en todos los sentidos jaja).

    Insisto, no me pidas perdón. Y menos después de decirme que tengo pelotas de acero :P

    Por cierto, vosotros sí que tenéis valor para comentarme este relato. Gracias más que nunca pues pensé que nadie se atrevería. Me alegra tener unos lectores tan buenos.
  9. Steamer 16 de junio de 2013, 9:30
    Me Gusto mucho.
    Las interacciones que tienen las 2 amigas son extraordinarias.
    No es super realista, pero sí muy divertido.

    Yo no veo 'especial' que hayas puesto un personaje con discapacidad. Efectivamente, no es un personaje cuya personalidad pese, pero el como es, es lo que permite que las chicas tengan una relación puramente sexual con él.
  10. Moonlight 8 de enero de 2014, 1:14
    Como se entere Luz Esmirriada prepárate, jajaja.

    El sábado leí "Un paquete en mensajería" y "Aquí sí hay quien viva", uno por la mañana y otro por la tarde. Los dos me gustaron, pero ahora mismo no puedo extenderme más. Luego te cuento por privado por qué.

    Un beso. Sonia.

  11. doctorbp 15 de enero de 2014, 19:10
    Aprovecho para agradecer el comentario a Steamer, que escribió hace mucho y no le dije nada. Lo especial del personaje es precisamente que no es habitual en este tipo de historias.

    Y Sonia, espero que vuelvas pronto por estos lares y con el ánimo suficiente como para explicarme un poco más lo que te gustó o no de ambos relatos :P

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