Aquí sí hay quien viva

Sinopsis: Una mujer se muda para ir a vivir a casa de su pareja. Allí conocerá al resto de vecinos con los que tendrá que convivir de la mejor forma que pueda.

Iban a dar el primer paso. Llevaban un par de años como pareja, pero por fin Pilar se marchaba a vivir con Jesús.

Ella hacía tiempo que ansiaba hacer ese importante movimiento. Había pasado por momentos malos en el pasado, pero aquello había quedado en el olvido gracias a Jesús y lo único que quería era empezar una nueva vida junto a él. Los últimos meses habían sido un infierno. Las dudas sobre hacia dónde se encaminaba su relación se habían disipado con aquella decisión conjunta. Estaba ansiosa a la vez que responsabilizada para que todo saliera bien.

Al igual que su novia, Jesús había tenido malas experiencias con anterioridad. No quería precipitarse, quería estar seguro de no cometer un error permitiendo que Pilar se mudara a vivir a su piso en las afueras. A pesar del tiempo que había tardado en acceder, estaba ilusionado con esa nueva etapa.

La primera noche compartiendo techo la celebraron por todo lo alto. Una cena con velitas y música de fondo. Ella engalanada elegantemente con un vestido que irradiaba todo su atractivo, que no era poco. Él, atento, cariñoso y gracioso como siempre se había comportado con ella. Hicieron el amor en el sofá como guinda a una inauguración por todo lo alto de una nueva vida juntos.

Los meses transcurrían y la convivencia no hacía más que fortalecer la unión de la pareja. Ambos, cercanos a la treintena de edad, tenían las cosas claras. Se repartían las tareas del hogar, los dos aportaban económicamente y los gustos e ideas eran mayoritariamente similares.

En la primera junta de vecinos, Pilar conoció al resto de integrantes del pequeño edificio. Pamela y Julián vivían en el relleno de arriba. Era la única pareja joven junto a Pilar y Jesús. Los cuatro se llevaban bien y habitualmente se unían para tomar algunas decisiones comunitarias frente a otros vecinos de mentalidad más anticuada. Como el edificio era relativamente nuevo, muchos pisos estaban aún a la venta o se alquilaban.

-Tenemos vecinos nuevos – le comentó Pamela a Pilar.

-¿Sí? – se interesó - ¿Han alquilado el piso de vuestro rellano?

-Sí. Esta mañana han estado con la mudanza.

-¿Y qué tal? ¿Has podido hablar con ellos?

-No, pero los he visto en la portería. Son una pareja joven.

-¡Bien! – bromeó Pilar, a la que le gustaba llevarse bien con la gente del edificio, y creía que una pareja de edad similar a ellos sería más afín.

-¿Qué estáis cuchicheando ya? – intervino Julián, que llegó junto a Jesús.

-Tu mujer me está informando de los nuevos vecinos.

-¿Ya han alquilado el piso de al lado vuestro? – preguntó Jesús.

-Espero que tengamos más suerte que vosotros – sonrió Pamela haciendo reír a los otros tres.

Junto a Pilar y Jesús vivía una familia un tanto rara. No hacían vida social y sólo se dejaban ver en las juntas para quejarse de la joven pareja con la que convivían pared con pared. Pilar se sonrojó al recordar las quejas de la primera noche. “Se oían los gemidos claramente a través de la pared” argumentó, en aquella surrealista primera junta de vecinos, el cabeza de familia.

Llegó el fin de semana. El buen tiempo comenzaba a hacerse notar y Pilar, Jesús, Pamela y Julián habían decidido bajar a la piscina comunitaria para tomar el fresco degustando unos mojitos que había preparado Jesús. De repente, los cuatros fueron sorprendidos por los nuevos inquilinos.

-Buenas noches – saludó un chico alto y corpulento, aunque no muy agraciado debido a su aspecto rudo.

Junto a él, saludó una chica menuda, del montón. Tenía media melena rizada, de color caoba.

-Buenas noches – soltaron casi al unísono los cuatro.

-¿Disfrutando de la brisa? Hace una noche cojonuda.

-Pues sí – habló Julián – y de unos buenos mojitos.

El nuevo inquilino sonrió.

-Si os queréis apuntar… - intervino Jesús.

El hombre miró a su pareja, que pareció dar el visto bueno con un simple gesto casi inapreciable.

-Pues ¿por qué no? Me llamo Darío. Y ella es Jacqueline.

El resto se presentó y las tres parejas comenzaron una amena conversación que se alargó hasta bien entrada la madrugada.

Los seis congeniaron. Al principio hacían pequeñas reuniones en casa de unos o de otros. Más adelante, de forma esporádica, empezaron a quedar para comer o cenar fuera del edificio. Incluso llegaron a organizar algún fin de semana conjunto. Se hicieron amigos, a pesar de las evidentes diferencias entre ellos.

Pilar y Jesús eran los guapos. Ninguno de los dos desentonaba con el otro. Él alto y fuerte, con el pelo claro y cortito y una barba desaliñada que le daba un aspecto morboso y varonil. Ella era morena, con una melena larga y cuidada. Le encantaba cuidarse y arreglarse, motivo por el que poseía un cuerpo de escándalo al que vestía con ropa moderna y un rostro bello al que solía maquillar para hacerlo aún más precioso. Pilar era una chica alegre que disfrutaba con las bromas de su ingeniosa pareja.

Pamela y Julián eran los listos. Él era licenciado y poseía una agradable conversación que podía amoldar a cualquier situación e interlocutor. Eso le permitía pasar mucho tiempo hablando con Pilar sobre temas banales como películas o series y temas más serios como política o economía. Aunque no era guapo, su inteligencia y una incipiente calvicie le daban un aspecto interesante. Pamela era más introvertida. Tenía una cultura enorme, pero no solía compartirla conversando con los demás. No obstante, se hacía evidente cuando jugaban a algún juego de mesa como el Trivial. Ella era rubia y hubiera sido más atractiva si su rostro no reflejara ese carácter tan áspero.

Jacqueline y Darío eran los extravagantes. Él era feo y garrulo, pero simpático. Siempre estaba bromeando cosa que le hacía llevarse bien con Pilar, aunque a ella no acababa de gustarle el resto de aspectos del hombre. Jacqueline era lo que se conoce vulgarmente como choni. Su aspecto y su forma de ser así lo denotaban. Tenía el pelo teñido y un aro en la nariz. Aunque no tenía mucha conversación, era más abierta que Pamela con lo que solía hablar bastante, pero siempre de los mismos temas: música garrula, cotilleos de prensa rosa o los típicos programas habitualmente considerados como telebasura.

Había pasado más de un año desde la llegada de Jacqueline y Darío a la comunidad. Estaban en pleno verano cuando a Julián se le ocurrió hacer una barbacoa y pasar el día en la piscina. A todos les pareció una gran idea.

Las mujeres se habían encargado de comprar la carne y ahora eran ellos los que se encargaban de hacerla en la barbacoa mientras ellas hablaban tomando el sol junto a la piscina. Los hombres conversaban sobre coches y ellas cuchicheaban sobre el resto de vecinos.

-Ya está esto listo – advirtió Jesús portando la primera bandeja de carne.

-Tiene una pinta estupenda – reconoció Jacqueline.

-Pues empezad a comer que se enfría – aconsejó Julián.

-¿Necesitáis que os eche una mano en algo? – preguntó Pilar.

-Pues mira – le contestó su pareja – aún quedan por hacer las patatas así que si quieres…

-¡Vale! – contestó risueña mientras se alzaba de la hamaca mostrando su esbelto cuerpo ataviado con un escueto bikini negro.

Mientras se hacían las patatas a la brasa, los seis empezaron a picotear para que la comida no se enfriara. Iban hablando los unos con los otros cuando Jesús bromeó sobre los gruesos dedos de Darío.

-Tío, menudos morcillotes tienes como dedos – el aludido comenzó a reír mientras Jacqueline asentía la afirmación de Jesús.

Hasta entonces Pilar no se había fijado en ese aspecto. Lo hizo y vio unos dedos gordos y aceitosos debido a la carne que estaba comiendo con las manos. Sin querer soltó un leve suspiro y se dirigió a la choni.

-Jacqueline, debes estar satisfecha…

La novia de Darío no se esperaba aquella insinuación y la cara de sorpresa que se le quedó fue más que evidente. Del mismo modo, el aludido se sintió orgulloso por aquella observación de la espectacular Pilar y no pudo evitar sonreír disimuladamente.

Al ver la reacción de la pareja, Pilar se dio cuenta de lo que acababa de insinuar erróneamente y no pudo evitar empezar a reír sin poder parar.

-No quería… - risas incontroladas - … decir eso… - más carcajadas.

-Ya… seguro… - bromeó Julián quitando hierro al asunto.

Como siempre, la reunión entre los vecinos estaba siendo más que amena.

-¿Quieres que le eche un vistazo a las patatas? – interrumpió Pamela la algarabía recordando que aún estaban haciéndose bajo las brasas.

-No, no… ya voy yo – Pilar al fin recompuso la compostura sin dejar de sonreír.

El vino no se estaba dejando de lado durante la comida. Darío parecía el más interesado en el tinto. Señal de ello era el tono rosado que se había acomodado en sus mejillas y esa permanente sonrisa que se dibujaba en sus labios. Sus habituales bromas se habían incrementado, en número y gracia, y Pilar, como siempre, no dudó en seguirle el rollo divirtiéndose con ello.

-Que buena pinta tiene eso – aseveró el novio de Jacqueline al ver la bandeja de papas asadas que portaba Pilar.

-¿Quieres patata? – le preguntó la mujer, sonriendo al ver el alegre rostro de Darío – Pero ten cuidado que la tengo al rojo vivo – bromeó con picardía.

Él la ignoró momentáneamente mientras el resto hablaban distendidamente sobre otros temas. Pero no tardó en caer en sus encantos.

-Te cambio tu patata por mi butifarra.

Pilar rió a carcajadas y aceptó con un gesto de cabeza. Mientras el hombre pinchaba la papa, ella insistió en la broma.

-Vigila, eh, que tengo la patata muy caliente – la sonrisa que iba unida a aquellas ladinas palabras, despertó la zozobra de Darío.

-¿Quieres probar mi salchicha? – le soltó intencionadamente, cuando ya había cogido la comida del plato de su vecina. Pero no obtuvo respuesta, sólo el excitante gesto de Pilar.

La morena pinchó el trozo de butifarra del plato de Darío y se lo llevó a la boca. La abrió sensualmente para darle un bocado a la carne. El hombre sintió el incipiente movimiento en su entrepierna. Le faltó un pelo para que la novia de Jesús le provocara una buena empalmada.

Había sido gracioso. Ver la boca entreabierta de Darío, embobado, observándola, había divertido a Pilar. Se sabía guapa y le gustaba comprobar la admiración que podía provocar en los hombres.

Habían terminado de comer y, después de un baño en la piscina, Julián propuso jugar a las películas. El resto estuvo de acuerdo. Jugarían hombres contra mujeres. Cada equipo elegiría las películas que deberían averiguar los contrarios.

Empezó el equipo de las chicas. La primera sería Pamela que debería interpretar mediante gestos una película elegida por los chicos para que las otras dos mujeres la acertaran.

-¡Joder! Ya os vale… - se quejó al leer el papel.

Los hombres comenzaron a reír y chocarse las manos seguros de su victoria.

-¡Una palabra! – casi gritó Pilar al ver el dedo índice que Pamela había levantado.

-Sí.

-¡No vale hablar! – se quejó Julián haciendo que su esposa gesticulara una afirmación con la cabeza.

Pamela se esforzó intentando hacer cosas marcha atrás.

-Regreso al pasado – probó Jacqueline.

-Se acaba el tiempo – las importunó Jesús.

-¡Calla! – se quejó alegremente Pilar – Un momento…

De repente, Pamela se volvió loca señalando a la guapa morena que la miró extrañada…

-¡Memento! – gritó entusiasmada al cabo de unos segundos.

-¡Sí! – chilló la que había hecho la mímica acercándose a sus dos compañeras para abrazarse y celebrar alegremente el primer punto conseguido.

Los hombres se miraban incrédulos dejando claro que había sido cuestión de suerte.

Era el turno de ellos. Jesús sería el encargado de hacer la película mientras los otros dos intentaban acertar.

-Vale… - dijo con confianza al ver la película que las chicas habían escrito en el papel.

-Tres palabras – casi tartamudeó Darío debido al alcohol ingerido.

-La primera es un número – supo Julián gracias al código que los hombres se habían inventado previamente.

-Eso es trampa – se quejó Jacqueline, aunque no consiguió convencer a nadie.

-Es de zombis – aseguró Julián al ver la imitación de Jesús.

-Los padres de ella – bromeó Darío señalando a su pareja y provocando las risas del resto del grupo.

-Sí… es la de no sé cuántos días después…

-Un día después, dos días después, tres días después… – empezó Darío que estaba especialmente gracioso. Pilar se meaba de la risa.

-Se os acaba el tiempo – advirtió Pamela mientras Jesús braceaba indicando que aumentaran la cifra.

-28 días después – recordó al fin Julián.

-¡Sí!

-No, no es cierto – se quejaron las chicas.

Antes de que Jesús, extrañado, fuera a mirar el papel, Julián tuvo una de sus habituales lucideces.

-28 semanas después.

-¡No vale! – se quejó Pilar queriendo meter cizaña.

-Espera un memento – bromeó Darío haciendo reír nuevamente a la morena.

Y así los seis se enzarzaron en una amistosa discusión sobre la legalidad del punto.

Los chicos ganaban 2 a 1 cuando llegó el turno de Pilar que rió con una mueca de desaprobación al leer la siguiente película.

-Esta no la he visto. No vale – se quejó risueña.

Los hombres comenzaron a reír a carcajadas.

-Es porno – aseguró Pamela recibiendo la confirmación de Pilar.

-Aunque no la hayas visto es fácil de interpretar el título – Jesús intentó aparentar seriedad.

-Yo te hago de actor porno si lo necesitas – bromeó Darío.

-Pues vale – aceptó el reto con seriedad.

Leyó por última vez el papel y se dispuso a interpretar el título: “Se fue en busca de trabajo y le comieron lo de abajo”

-¡Joder! 12 palabras ¿De dónde coño habéis sacado una porno con ese título? – se quejó Jacqueline.

Los hombres rieron al ver a Pilar dando saltitos imitando cómo corría alegremente con una especie de maleta en la mano.

-¡Tía buena! – la piropeó Jesús mientras Darío la silbaba.

Pilar se acercó al novio de Jacqueline e hizo ver que hablaba amablemente con él, como pidiéndole un favor. Hizo el gesto de dinero juntando los dedos índice y pulgar y moviéndolos rápidamente. Hizo que firmaba unos papeles.

-Está en el trabajo – observó Pamela.

Más o menos, le hizo ver Pilar gesticulando. De repente, la morena se arrodilló ante Darío e hizo ver que le suplicaba.

-Si me lo pides así, lo que quieras – bromeó Darío provocando las risas de los hombres.

Pilar, divertida, le soltó un cachete en uno de los muslos.

-Está pidiendo trabajo – continuó Pamela.

La morena gesticuló efusiva y afirmativamente. Entonces pensó en la mejor forma de interpretar la segunda parte del título. Señaló la boca de Darío y, alternativamente, su propia entrepierna. Los hombres se tronchaban.

-¿Me estás proponiendo algo? – bromeó el improvisado actor porno.

-¡Calla! – volvió a quejarse dándole otro manotazo en el muslo.

-No se puede hablar.

-Pues podrías colaborar un poco.

Darío no se lo pensó dos veces. Achispado por el vino, se levantó de golpe. Cogió a Pilar y la tumbó en el suelo abriéndole las piernas. Se agachó y acercó su rostro al pubis de la hermosa mujer. Se fijó en la negra tela que escondía el maravilloso tesoro. Estaba muy cerca y sintió el calor que la zona desprendía.

Pilar no se lo podía creer. El gesto de Darío la había pillado completamente por sorpresa y no supo cómo reaccionar. Estaba aturdida cuando sintió le lengua del hombre lamiéndole la parte interna de uno de los muslos.

-Comida de trabajo – soltó Jacqueline sin darle mayor importancia.

Julián estaba controlando el tiempo. Faltaba poco, pero no pensaba parar aquello. ¿Hasta dónde se atrevería Darío? ¿Hasta dónde le dejaría Pilar? Sonrió maliciosamente pensando en la inverosímil situación de ambos.

-Comida de trabajo dice… - le soltó por lo bajo, burlándose de su novia, Darío a Pilar haciéndola reír a pesar de la incómoda situación.

El hombre comenzó a olfatear un aroma inconfundible que estaba convencido no había experimentado segundos antes. La entrepierna de Pilar irradiaba más calor si cabe y estaba convencido de que se estaba excitando con aquel jueguecito. Volvió a sentir el incontrolable movimiento de su pene, pero esta vez la empalmada fue inevitable. En otra ocasión se habría avergonzado, pero en esa situación se alzó y mostró orgulloso su tremenda erección al resto.

-¡Madre mía! – soltó instintivamente Pilar al ver lo enormemente abultado que parecía aquel paquete en el bañador de Darío.

-Veo que no sólo tienes morcillotes en los dedos – bromeó Jesús provocando las estruendosas risas tanto de él como de Julián.

-Tremendo – concluyó Pamela por lo irreal de toda la situación.

-¡Anda! – se quejó Jacqueline – que ya te vale… - Y se dirigió a su novio para taparlo de las miradas indiscretas.

-Ha venido en busca de trabajo y le he comido lo de abajo – soltó Darío, completamente serio, provocando las risas ahora de Pilar.

-Ya hace rato que se había acabado el tiempo – aseveró Julián – Habéis perdido.

Nuevamente el grupo entró en una discusión amistosa obviando lo que acababa de suceder, quitándole importancia. Los chicos ganaron finalmente.

Estaba anocheciendo y refrescando con lo que las chicas se pusieron algo de ropa. Darío no había dejado de trincar y llevaba una buena borrachera. Los seis amigos estaban bebiendo y charlando en un improvisado círculo al lado de la piscina.

-Vamos al agua – tartamudeó Darío que llevaba un rato insistiendo en ello.

-No seas pesado, cariño – le recriminó su chica, sabedora de que empezaba a ser demasiado cargante.

-Que ya hace frío – le sonrió Pilar amablemente.

-¡Qué va! – se quejó con los ojillos entreabiertos.

-Claro, tú, con lo que has mamado, no me extraña que estés hasta descamisado – advirtió Julián.

-Venga, vamos al agua – insistió mientras se levantaba agarrando a Jacqueline.

-Ni se te ocurra… - se quejó esta.

Pero Darío estaba demasiado bebido como para atender a razones. Lanzó sin miramientos a su novia a la piscina provocando las risas de los otros dos hombres.

-La siguiente – se giró mirando a las otras dos chicas.

-No te atreverás – le amenazó Pamela, segura de sí misma.

Pero la esposa de Julián no había previsto que la actitud de Darío en ese estado era completamente inesperada. El respeto que el carácter de Pamela solía irradiar no hizo mella en un desinhibido Darío que agarró a la rubia y la tiró al agua.

Julián no se podía creer que aquello hubiera sucedido. Sabía perfectamente que la mala ostia que ahora debía sentir su mujer se iba a descargar contra él. Ya no podía hacer nada así que se rió de la situación a pesar de saber lo que luego le esperaba.

-Corre, corre – le aconsejó Jesús a su chica.

Pilar reaccionó antes de que Darío la alcanzara. No creía que tuviera las agallas para tirar al agua a Pamela, pero lo había hecho. Eso significaba que no tendría compasión con ella. Se levantó rauda y se alejó hacia su casa.

-¿Dón… ónde es… tá? – se trabó – Me falta una.

-Ha corrido para casa – se chivó Jesús, que se lo estaba pasando en grande, como el resto.

Mientras Darío se encaminaba, dando tumbos, en busca de Pilar, las otras dos mujeres salieron del agua. Tenían la ropa empapada. Se secaron con las toallas mientras maldecían al hombre que las había tirado a la piscina.

Pilar había aprovechado para ponerse cómoda. Se había quitado el bikini y se había cambiado de ropa, dejándose la indumentaria de estar por casa: un pantalón de deporte cortito sobre unas bragas limpias y una camiseta vieja sin nada debajo.

De repente, sonó el timbre. Pensó que su espantada había concluido con la reunión y era Jesús que volvía, ya que al día siguiente trabajaba. Se sorprendió al ver en la puerta el enorme corpachón de Darío.

-¡No! – gritó divertida mientras el hombre le sujetaba uno de los brazos – No, por favor… - le suplicó tirándose al suelo, intentando dificultar al máximo las intenciones de su vecino.

Pero el muchacho no estaba para tonterías. Agarró con fuerza a la preciosa mujer y la alzó con fiereza, sujetándola virilmente. Se encaminó hacia la piscina sin decir nada, sólo oyendo vagamente las quejas de la mujer a la que tenía presa.

Darío la tenía completamente maniatada. Pilar sintió la fuerza de esas grandes manos y esos abultados dedos. A pesar de la embriaguez, parecía transportarla sin ningún esfuerzo. No pensó que aquel indeseable tuviera semejante poderío. El hombre parecía no enterarse de nada y mejor así, porque la situación era bastante embarazosa. Mientras uno de los brazos la rodeaba justo por debajo de los pechos, la otra mano le agarraba uno de los muslos, dejando suelta la otra pierna.

La mano derecha de Darío estaba en descarado contacto con la parte baja de las tetas, dándoles una buena sobada. Mientras, la mano izquierda se había ido deslizando poco a poco hasta alcanzar el pantalón corto de Pilar y ya estaba muy próxima al sexo de la mujer. Ella, para no golpearse con el suelo y acabar haciendo tropezar al beodo, tuvo que recoger la pierna liberada, sin poder evitar entrar en contacto con el aparato de su vecino. Primero sintió los golpecitos del pene en el muslo, pero a medida que se deslizaba, comenzó a sentir cómo el considerable paquete se restregaba descaradamente por sus nalgas.

A pesar de la incómoda situación, no pudo evitar que tanto roce aparentemente inconsciente le proporcionara un acaloramiento inusitado. ¿Le vendría bien un chapuzón en la piscina? Debido al forcejeo previo y las sobadas y caricias durante aquel trayecto, sentía los pezones erectos. Recordó que no llevaba sostén y se maldijo por no haberse puesto uno.

-Darío, que no llevo el bikini… - intentó una última súplica, pero el golpe en la cabeza la calló al instante.

El muy bestia, que casi no se mantenía en pie, la había golpeado sin querer contra la esquina del giro previo a la piscina del edificio.

Los gritos de algarabía no se hicieron esperar cuando el borracho apareció con la dama. Darío se acercó al borde de la piscina y lanzó a Pilar que gritó durante los instantes previos a sumergirse en el frío líquido. Tras ella, un amuermado Darío cayó al agua empujado por Jesús.

-Ya me he vengado, cariño.

Pilar, aunque muerta de frío, agradeció el chapuzón que esfumó el pequeño calentón de golpe. Para entrar en calor, decidió hacer un par de largos antes de salirse. Cuando lo hizo, alzándose ágilmente con los brazos sin usar la escalera, sintió que alguien le agarraba por el tobillo.

-¿Dónde te cre… rees que vas?

La mujer se vio obligada a darse la vuelta y sentarse en el borde de la piscina, pues Darío tiraba de ella sin soltarle el pie. Tenía la camiseta de estar por casa completamente empapada, pegándose a su cuerpo, formando parte de su piel. El amplio contorno de los senos se dibujaba con total exactitud igual que los tiesos pezones que se habían endurecido al máximo debido al frío. Observó a su vecino mirándole los pechos descaradamente y se ruborizó al darse cuenta de que prácticamente se veía hasta el color oscuro de las aureolas. Se volvió a meter al agua para evitar aquellas miradas lascivas e indiscretas.

-Así me gusta – confesó triunfal Darío – Ven… enga, vamos todos a… al agua – se dirigió al resto.

Pero los demás no estaban por la labor. Pamela y Jacqueline aún se estaban recuperando del forzado chapuzón anterior, mientras que Jesús y Julián preferían bromear sobre los dos inesperados bañistas.

Pilar intentaba zafarse de su captor, pero Darío no la dejaba ni un segundo. Para lo bebido que iba parecía estar bastante atento.

-¡Anda! Deja en paz a la pobre Pilar – le sugirió Jacqueline.

-Vamos a bañarnos desnudos – ignoró a su novia mientras hundía en el agua uno de los brazos.

-¡Darío! – se sorprendió Pilar al ver cómo a los pocos segundos el brazo del hombre había vuelto a aparecer, pero con el bañador en la mano.

-Madre mía… - se avergonzó Jacqueline mientras los dos hombres que estaban fuera del agua vitoreaban a su amigo.

Pilar, con una sonrisa de incredulidad, se giró, dándole la espalda a su vecino que estaba completamente desnudo, y se apoyó en el borde de la piscina, de cara al resto de la pandilla.

-Sácame de aquí – bromeó con su pareja en el momento en que sintió el calor del cuerpo que se acercaba por su espalda.

Darío se pegó a Pilar. La mujer, antes de que se arrimara demasiado, echó una mano hacia atrás para apartarlo sutilmente. Le tocó la barriga y se sorprendió al sentir unas abdominales duras. Aunque no estaba fibrado, tampoco estaba ni mucho menos fofo.

-¿No te quitas esto? – le preguntó él agarrando la camiseta mojada de la chica.

-¡Sí, hombre! – se quejó ella retirando la mano con la que lo retenía.

-¡Darío, no seas pesado! – se quejó nuevamente su novia – Salte y vamos para casa.

El hombre, al sentir que Pilar había apartado la mano, volvió a acercarse. Lo suficiente para cuchichearle:

-Estás muy buena…

Pilar se sorprendió por aquella declaración. Giró la cabeza y observó el deseo marcado en el rostro de Darío.

-Y tú muy borracho. No sabes lo que dices – le contestó en voz baja mientras los otros cuatro perdían interés en lo que ocurría en la piscina y comenzaban una nueva conversación.

-Jo… oder… y tanto que sé lo que digo – y se arrimó más.

Pilar sintió el cuerpo de su vecino pegándose a su espalda. Rápidamente volvió a echar la mano hacia atrás para detenerlo. Apoyó la mano sobre su duro vientre.

-Espero que mañana no te acuerdes de nada de esto… - y bajó la mano a medida que lo empujaba para separarlo hasta notar los primeros pelos del pubis de Darío.

Sonrió, divertida con la situación. Cuando notó una de las grandes manos del hombre rodeándole la cintura, acariciándole el estómago, la sonrisa desapareció de golpe. Darío jugaba manoseándole el vientre, subiendo peligrosamente hacia sus senos. La mujer se escabulló y nadó hacia lo hondo, alejándose de su vecino, que la siguió torpemente.

Jacqueline, Pamela, Julián y Jesús conversaban sobre la junta de vecinos de la siguiente semana en la que hablarían sobre el trastero. Algunos vecinos se habían quejado del desorden reinante en el mismo y habían decidido reunirse para tomar una decisión sobre ello. Estaban tan metidos en el tema que no se enteraron de lo que hacían los otros dos.

La morena alcanzó la pared de la zona que cubría. Miró hacia atrás y vio a Darío nadando con dificultad. Pensó que tenía tiempo de huir sobradamente, pero no tuvo en cuenta la longitud de su perseguidor que se alargó y alcanzó nuevamente el tobillo de la mujer.

-No te vayas… qu… e en lo hond… ondo me ahogo… - se quejó mientras se apoyaba en el cuerpo de Pilar para mantenerse a flote.

-¿No vas a dejar que me salga? Que tengo frío… - puso cara de niña buena.

-Se nota – y, ni corto ni perezoso, le pellizcó un pezón.

-¡Au! – gritó, dolorida, llamando la atención de los otros que se giraron hacia la piscina.

-¿Qué hacéis por ahí al fondo? – preguntó risueño Jesús, volviendo en seguida a la tertulia sobre el trastero.

-¿Estás loco? – se quejó Pilar, bajando la voz nuevamente.

Ahora los nadadores estaban cara a cara. Ella con la espalda contra el borde de la piscina y él sujetándose agarrado a la cintura de Pilar. Subió las manos alzándole la camiseta. La mujer, intentando evitar el nuevo acercamiento, reaccionó volviendo a darle la espalda, pero esta vez no tuvo tiempo de impedir el contacto. El cuerpo de Darío estaba tan pegado al de ella que sintió la enorme polla liberada restregándose nuevamente contra sus nalgas.

-Ostia puta, Darío…

-Déjame que te caliente un poco.

El hombre volvió a subir las manos que la rodeaban, retirando la empapada camiseta. Alcanzó los considerables senos y los rodeó con parsimonia, deleitándose en las caricias. Palpó la rugosidad de las aureolas hasta que contactó con los tiesos pezones, sintiendo que estaban increíblemente rígidos.

Pilar estaba en una encrucijada. Había disfrutado del tonteo con su vecino, pero había querido evitar a toda costa lo que ahora estaba sucediendo. No podía pararlo sin montar un espectáculo y además estaba disfrutando de las atenciones recibidas. Puso el culo ligeramente en pompa para captar mejor la enorme longitud de la entrepierna de Darío.

-Ya vale… - le cortó definitivamente, después de unos segundos dejándose meter mano.

Volvió a echar una mano hacia atrás, alejando a su asaltante. Fue bajando como antes, hasta notar el velloso pubis de Darío, pero no se paró ahí. Enredó sus dedos en aquella mata de pelos, adentrándose hasta alcanzar la base de una verga que le pareció extraordinariamente gruesa.

-Tú tran… anquila, que con la que llevo en… cima segu… uro que maña… ana no me acuerdo de nada – le sacó una sonrisa nerviosa.

Pilar movió la mano mientras daba media vuelta, quedándose nuevamente frente a su vecino. Poco a poco recorrió los 21 centímetros de polla morcillona. Darío aprovechó para agarrarla de la cintura, alzándola ligeramente. Los pechos surgieron a flote y, con ellos, una sonrisa maliciosa apareció en la boca del hombre.

-Te gustan, eh… - le soltó con picardía mientras le seguía sobando la polla.

-Son preciosas – y se agachó para intentar alcanzarlas con la boca.

Pilar aprovechó el gesto para darle un empujón y desembarazarse de él por un instante. Actuó todo lo rápido que pudo, bajándose la camiseta y saliendo por fin de la piscina. Miró hacia el agua y vio a Darío con un evidente gesto de rabia. La morena sonrió y le guiñó un ojo mientras le sacaba la lengua, picándolo. El hombre reaccionó salpicándola.

-¿Ya os habéis cansado de piscina? – preguntó Jesús a su chica, ofreciéndole una toalla cuando vio las pintas que tenía, transparentándose todo debido a la camiseta mojada.

-Ya te vale. Anda que has venido a ayudarme.

Jacqueline se acercó a la piscina para pedirle a su pareja que saliera del agua. Cuando lo hizo, desnudo, la choni se lo recriminó, pero el hombre la ignoró paseándose en pelotas hasta llegar junto al resto del grupo quienes le jalearon efusivamente.

-¡Tío bueno! – gritó Julián.

-Vaya tranca… - soltó Pilar con una sonrisa de oreja a oreja.

Aquellos vítores no hacían más que enorgullecer al dueño de la herramienta, nuevamente flácida, que sólo se tapó cuando Jacqueline le tendió la toalla.

-Pilar, lo siento mucho. Espero que no te haya molestado. Es que ha bebido demasiado… - se excusó la novia.

-Ya lo sé, mujer, tranquila. No te preocupes…

La noche no se alargó mucho más. Habían pasado un día estupendo. Tiempo agradable, una buena comida, se habían divertido… Cada pareja se fue a sus respectivas casas.

Mientras Pamela le echaba la bronca a Julián con cualquier excusa para quitarse la frustración de que Darío la tirara a la piscina y Jacqueline le cantaba las cuarenta a su chico por el espectáculo que había montado por culpa del alcohol, Pilar le hacía arrumacos a su pareja para intentar convencerlo de hacer el amor. Pero Jesús no estaba por la labor. Al día siguiente se iba fuera por trabajo y ya no iba a dormir demasiado.

El timbre la despertó. Pilar dio media vuelta en la cama buscando el cuerpo de su chico para que se levantara a abrir. Pero se encontró con el otro lado de la cama completamente vacío. El timbre volvió a sonar. De repente recordó que Jesús no tenía fiesta. ¿Se habría dejado las llaves? Una tercera llamada al timbre la hizo reaccionar. Se levantó de golpe y corrió a abrir la puerta tal y como había dormido, con las bragas y una camiseta ceñida.

El corpachón de Darío, plantado frente a la puerta, volvió a sorprenderla. Pilar notó cómo la mirada de su vecino, que intentaba apuntar al bello rostro femenino, se escapaba hacia los pechos, que nuevamente se dejaban intuir con facilidad gracias a la prieta camiseta.

-¿Otra vez tú? – sonrió mientras se tapaba los senos con las manos, indicándole que le había pillado las furtivas miradas – ¿No pensarás volver a tirarme a la piscina? – bromeó.

-No, no… me manda Jacqueline para disculparme por mi comportamiento de ayer.

-¿Qué dices? Pero si estuviste muy gracioso, me lo pasé genial – fue prudente ignorando lo sucedido en la piscina.

-¿En serio? Es que tengo algunas lagunas sobre lo que pasó anoche.

Pilar soltó una carcajada.

-No me extraña. Pillaste una buena. ¿Cómo va la resaca? Anda, pasa.

Darío aceptó la invitación de Pilar, más tranquila al saber que su vecino no recordaba lo sucedido en la noche anterior.

-Bueno, no me puedo quejar. ¿No está Jesús?

-No, hoy tenía que currar el pobre – alzó la voz mientras se dirigía hacia el dormitorio.

El hombre se fijó en el morboso culo de su vecina mientras se alejaba. Sólo llevaba las bragas y dejaba al aire prácticamente la mitad de las nalgas.

-Entonces, ¿disculpas aceptadas? – casi gritó desde el salón para hacerse oír.

-Anda, tonto, no tienes nada de lo que disculparte – le confesó mientras volvía al salón con un pantalón corto.

-Entonces no te importan las sobadas que te metí en la piscina.

Pilar se quedó a cuadros. Estaba completamente convencida de que, debido a la exagerada borrachera, no se acordaría de lo ocurrido a última hora.

-¿Perdón? – se hizo la tonta.

Darío dibujó una mueca de maldad, levantando ligeramente una de las comisuras de sus labios.

-Tenías los pezones como rocas.

No supo si fueron los nervios y la vergüenza del mal trago que le estaba haciendo pasar o la excitación de recordar los prohibidos magreos de la noche anterior, pero sintió cómo los pezones volvían a endurecérseles.

-Mira – rió él con sorna – aquí los tenemos otra vez – soltó el hombre observando cómo la ajustada camiseta marcaba con total precisión la punta de las femeninas montañas.

-Joder… Darío. ¿Y recuerdas algo más? – se preocupó mientras daba media vuelta para ponerse algo más discreto.

-¡Ey! – reaccionó agarrándola del brazo - ¿hay algo que no recuerde de lo que debas preocuparte? – volvió a encarnar la misma mueca perversa.

-No lo sé, dímelo tú – le contestó dándole la espalda.

-Anda, no te avergüences de esas pedazo tetas que dios te ha dado – y la volteó estirándola del brazo.

-No me avergüenzo, pero es que… - miró hacia abajo y sonrió al ver sus pezones casi agujereando la tela.

-¿Puedo volver a tocártelas? – la hizo sonreír.

-¡Claro que no! Aunque hoy al menos pides permiso – y le sacó la lengua.

-Tú si quieres puedes volver a sobarme la polla.

Los ojos de Pilar se abrieron como platos. El cabrón se acordaba de todo. Se maldijo por haberse dejado llevar por sus más bajos instintos cuando se la acarició bajo el agua de la piscina. Pero aún se le abrieron más los ojos cuando Darío se sentó en el sofá y se deshizo de los piratas y los calzoncillos, mostrándole un lustroso cipote en completo reposo.

-Tío… - se quejó sin saber muy bien cómo reaccionar, pero sin quitar ojo de semejante verga.

El hombre se la agarró con la mano, alzándola para mostrarle claramente su longitud.

-Vamos, ¿no te quedaste con las ganas de vérmela un poco más?

-¡Claro que no!

-Seguro… ¿pensabas lo mismo cuando pusiste este culito… - le agarró una de las nalgas - …en pompa para restregarlo bien por mi polla? – rió con estruendo.

-Hijo de puta… te acuerdas de todo al detalle, cabrón – asumió lo que ocurría mientras dejaba que la gruesa mano le palpara la nalga a conciencia.

La mano de Darío dejó de sobarle el culo para acariciarle el costado al tiempo que iba retirando la camiseta de Pilar. Ella reaccionó apartándole el brazo con suavidad.

-Hoy sí que se te ha puesto dura rápido… - puntualizó al observar que la enorme polla de su vecino se había puesto completamente tiesa.

-Si anoche no se me levantó fue por culpa del alcohol.

Aunque el hombre aún se la estaba agarrando, era evidente que ya no era en absoluto necesario para mantenerla altiva. Pilar estaba ensimismada observando la enorme verga cuando sintió la mano de su vecino acariciándole la parte interna de uno de los muslos. El hombre se detuvo a escasos centímetros de su sexo, amasándole con fuerza la zona, usando toda su enorme manaza. Muy a su pesar, Pilar notó cómo se le encharcaban las bragas.

-¿No quieres comprobar lo dura que se me ha puesto?

-No, gracias – sonrió sentándose junto a su vecino, alejándose de la peligrosa mano que la magreaba.

-Pero te gusta… no dejas de mirármela – se mostró orgulloso.

-Es bonita – sonrió con una timidez que no era tal.

Darío volvió a reír ante aquella afirmación. Recorrió la longitud de su cipote un par de veces antes de dejar su mano en la base y, recostándose hacia atrás, mostrársela en todo su esplendor a la dama.

-¿Cuánto te mide? – preguntó con ingenuidad mientras alargaba una mano para palparle la rígida tubería con el dedo índice – Está muy dura – sonrió.

-Si me la acaricias te lo digo.

-¡Menuda tontería! – se quejó – Anda, no seas crío… ¿25?

-Sólo unas caricias, como ayer…

Ella sonrió a su vecino con indignación por su comportamiento. Abrió la mano y agarró el enorme pollón de Darío. Movió la mano ligeramente arriba y abajo, sintiendo el considerable volumen de la verga.

-¿25? – insistió.

-Casi. 27 y en edad de crecimiento – hizo reír a la morena que tenía la entrepierna derretida.

-Creo que ya eres un poco mayorcito para seguir creciendo, ¿no crees?

-Pero mi espíritu es el de un chaval.

Pilar reía a carcajadas con las tonterías de Darío. Le encantaban los chicos graciosos. Y aquel, además, tenía una polla vigorosa.

-¿Qué te parece si le das un tiento?

Sin dejar de masturbarlo, Pilar miró a su vecino. Aunque su expresión era seria, una imborrable sonrisa se dibujaba en sus labios.

-No estaría bien.

-Vamos… ¿cuánto le mide a Jesús?

No hubo respuesta. Sólo una sonrisa más pronunciada.

-¿La tiene pequeña?

Pilar le mandó callar llevándose el dedo índice a los labios que seguían sonriendo.

-La tiene pequeña – confirmó Darío. Ahora era él quien reía – Pues no te cortes y aprovecha la ocasión.

El hombre retiró la mano que le masturbaba al tiempo que agarraba la cabeza de Pilar empujándola hacia el objetivo. Ella refunfuñó ligeramente con la mirada, pero no se cortó, abriendo la boca, en cuanto el cipote de su vecino se puso a tiro. Primero lamió el glande, saboreándolo, y en seguida se metió lo que pudo de verga en la boca.

Mientras Pilar le chupaba la polla, Darío alargó el brazo para sobarle el culo a su inesperada amante. Aunque siempre estuvieran bromeando, muchas veces sobre temas sexuales, nunca había habido demasiado feeling entre ellos. Por eso nunca imaginó que pudiera acabar tirándose a aquella diosa que tenía de vecina.

Al tiempo que le hacía la mamada, Pilar no dejada de pensar. ¿De verdad quería hacer aquello? ¿Estaba dispuesta a ponerle los cuernos a Jesús por un calentón? Su cabeza le decía que parara, pero su coño le instaba a seguir e ir más allá. Cuando Darío la apartó para empezar a desnudarla, se lo hizo saber:

-No estoy segura de querer hacerlo – un hilillo de voz salió de su boca.

El hombre no contestó, sólo tiró de los pantalones dejando a la vista las bragas con las que le había recibido esa misma mañana. La observó. Estaba tremenda, con los pezones tiesos marcándose en la camiseta que dibujaba la silueta de unas tetas grandes, un rostro sonrojado debido a la excitación y las piernas cruzadas intentando encubrir a un coño ardiente de deseo.

Pilar maldijo a Jesús por no querer hacerle el amor esa misma noche, por no haberle quitado el calentón que el garrulo que tenía ahora en frente le había provocado la noche anterior. Le dio tanta rabia que culpó a su novio de lo que estaba sucediendo y pensó que si era infiel sería por su culpa. Se lo merecía, por rechazarla.

-Está bien – sonrió con picardía – si me haces reír, te dejo que me folles – se puso todo lo digna que el momento le permitía.

Darío tiró con brusquedad de las bragas de la mujer, obligándola a separar las piernas descubriendo su húmedo sexo. Ante él apareció una bocanada de aire caliente proveniente del coño de Pilar. Tenía el chocho blanquecino, lleno de flujos que se adherían a la tela de las bragas.

-Me encanta que tengas la patata con salsita – bromeó.

Pilar no pudo evitar reír, como siempre hacía con las tonterías de su vecino. Y supo que iba a ser infiel, que se iba a dejar follar por aquel rabo. Y le gustó la idea, mucho.

El hombre se agachó para intentar besarla, pero ella retiró el rostro, indignada.

-Nada de besos – se quejó.

-Sólo polla, ¿no? – Pilar le comió la boca con rabia.

Mientras se besaban, el hombre encaró el enorme cipote hacia la entrada de Pilar. Cuando el glande entró en contacto con la abertura, se deslizó, casi abducido, hacia dentro. Un leve movimiento de cadera permitió que centímetros de rabo se fueran adentrando en el interior de la hermosa mujer que dejó de comerle la boca a su indeseable amante para gemir debido al placer que la penetración le estaba proporcionando.

Nunca había recibido semejante cantidad de polla. Sentirse tan llena, unido a los inteligentes movimientos de Darío, la estaban sobrecalentando. No podía evitar los gemidos, cada vez más pronunciados. El sexo con Jesús era completamente diferente. Aunque se amaban, la pasión no era una virtud durante sus encuentros sexuales. Y el pequeño pene de su novio, de 10 centímetros, no era un aliciente. Ahora, los 27 gordos centímetros de Darío la estaban transportando a un placer inconmensurable. La corrida, entre gritos de éxtasis, no se hizo esperar.

Verla gemir entre sus piernas, con el precioso rostro desencajado debido al placer, observando los voluminosos pechos balanceándose al ritmo de las embestidas mientras los erectos pezones seguían marcándose en la ceñida tela, era una visión demasiado excitante. Darío sacó el pollón del acuoso coño y apuntó hacia el cuerpo de Pilar. El semen comenzó a salir disparado.

El primer lechazo le alcanzó el rostro. Instintivamente se giró, sintiendo cómo el caliente líquido le alcanzaba la mejilla y se deslizaba por la misma mientras el resto de la corrida seguía cayendo sobre su cuerpo. La camiseta absorbió los tres lechazos que había recibido. Uno de ellos le manchó justo la zona en la que se dibujaba uno de los tiesos pezones, transparentándose y dejando ver aún más claramente el oscuro botón y la aureola que lo rodeaba.

Los últimos escupitajos de semen cayeron con menos ímpetu sobre el pubis de la mujer, mezclándose con sus cortos y cuidados pelos oscuros. Darío dirigió la punta de la verga restregándola contra el coño de la mujer, depositando ahí el resto de lefa que se había quedado adherida al glande.

Pilar reaccionó incorporándose, quedándose sentada y agarrando el enorme cipote, ahora en estado morcillón. Le dio un par de sacudidas antes de restregarlo por su pubis, manchando la verga con el semen que allí descansaba.

-Estamos locos – dijo al fin, soltando el pollón de su vecino y separándose de él.

-No se puede negar que has disfrutado como una loca.

Aunque nerviosa por lo que acababa de hacer, no pudo evitar reír con aquella nueva broma. Darío la había tranquilizado ligeramente, quitándole importancia a los cuernos que acababan de fabricar.

-Ha estado bien – respondió con seriedad.

-¿Sólo bien?

-Ha estado muy bien – confesó justo antes de darle un pico y alejarse para acicalarse – Haz lo que tengas que hacer, ahí tienes el lavabo – le indicó el cuarto de baño del pasillo – Y márchate lo antes posible.

-No estabais buscando al peque, ¿no? – se interesó por si debía preocuparse, pero no obtuvo respuesta.

Darío le hizo caso. Se arregló mientras oía el agua de la ducha del baño de la habitación de matrimonio y se marchó a casa, dispuesto a explicarle a Jacqueline que ya se había disculpado con la vecina.

El día fue demasiado largo para Pilar. El polvo la había dejado completamente satisfecha, pero los remordimientos no la dejaban tranquila. Tuvo todo el día, hasta la llegada de Jesús por la noche, para recapacitar y hacerse a la idea de que aquello no había sido más que un bache que no se volvería a repetir.

Los siguientes días transcurrieron con normalidad. Jesús no sospechaba nada y Darío no parecía estar dispuesto a aprovecharse de la situación. Pilar empezaba a asumir lo ocurrido y a hacerse a la idea de que lo mejor era olvidarlo para siempre.

Cuando llegó la siguiente junta de vecinos, para hablar sobre el trastero, el desliz entre los dispares vecinos ya estaba más que asumido y olvidado.

-Está bien – concluía el presidente de la comunidad – me pondré en contacto con el administrador para que nos consiga un presupuesto. Ruegos y preguntas. ¿Alguien tiene algo que reseñar?

Entre el silencio, una voz se hizo notar. Era el vecino de al lado de Pilar y Jesús.

-Desgraciadamente debo volver a insistir en los penosos sonidos obscenos que hace 5 días se oían en el otro piso de mi rellano durante la mañana del domingo.

Pilar se quería morir. No había pensado en sus malditos vecinos. Desde aquel día inaugural en el que había hecho el amor con su pareja en el salón, provocando las quejas de su vecino, no habían vuelto a hacerlo en ese lugar de la casa. Sin embargo, el polvo con Darío en aquel mismo sofá… se había dejado llevar. Recordó sus efusivos alaridos provocados por el deseo y la pasión de aquella follada prohibida. Notó cómo se ruborizaba, intentó disimular, pero no pudo evitar buscar con la mirada a su furtivo amante.

-Lo siento – intervino Jesús – pero esta vez no pienso admitir que vuelvas a quejarte de este tema cuando hemos sido muy cuidadosos desde aquella vez. Además el domingo yo no estuve en casa así que…

Jacqueline se moría de la vergüenza. De un plumazo supo que su pareja y su vecina habían follado esa mañana. Las quejas por los gemidos durante la visita de Darío para disculparse ante Pilar así lo acreditaban.

Pamela y Julián se miraban y se entendían sin hablar. Ambos sentían compasión por Jesús que se estaba justificando sin darse cuenta de que estaba evidenciando sus propios cuernos.

-Déjalo, Jesús – intervino Darío, intentando evitar que la conversación fuera a más y el novio de Pilar acabara por darse cuenta de lo que ocurría.

-Bueno, seguro que Jesús y Pilar procurarán ser más cuidadosos con ese tema en el futuro – intervino el presidente intentando poner paz en una discusión que para él era intrascendente.

Pilar no se atrevió a abrir la boca. Le hubiera gustado que la tierra se la hubiera tragado en ese mismo instante. Deseó que la junta se diera por concluida y que Jesús no se preguntara qué había pasado. Por suerte, su pareja la quería y confiaba demasiado en ella.

Esa noche Jacqueline y Darío discutieron por lo sucedido. No era la primera vez que la choni debía sufrir deslices sexuales de su novio. Pero siempre le perdonaba temerosa de perderlo definitivamente.

Pamela estuvo inusitadamente cariñosa con su marido. Imaginarse lo ocurrido entre la guapa Pilar y el garrulo de Darío la había estimulado lo suficiente como para ofrecerle una excitante sesión de sexo a Julián, que no renunció a ese comportamiento inesperado de su pareja. Esa noche la rubia quedó embarazada.

“Menuda bronca me ha echado Jacque. Cuando quieras repetimos sesión de sexo y magreos varios”. Tras leer el mensaje de Darío, Pilar se fue a la cama. Sentía una mezcla de excitación por la propuesta de su vecino y de pena y remordimiento por su novio. Quiso recompensarle con un buen polvo, pero cuando se deshizo de los pantalones y calzoncillos de Jesús y observó el pito de 10 centímetros a punto de estallar, inconscientemente deseó que fuera Darío el que estuviera tumbado, completamente desnudo, en la cama de matrimonio.

“Vale. Pero sólo de vez en cuando. Te deseo, graciosillo”. Pilar puso una excusa a Jesús para ausentarse un momento y contestar a Darío desde el baño. Cuando volvió a la habitación, hizo de tripas corazón y se acostó con su novio sin dejar de pensar en el momento de volver a reunirse en un nuevo encuentro sexual con su tosco vecino.

25 Response to "Aquí sí hay quien viva"

  1. javi 1 de julio de 2013, 2:47
    Hola doctor!! No he terminado de leer el relato porque me vence el sueño, pero no me queria ir a dormir sin decirte primero que vaya puntazo te has marcado con la referencia a Memento.. PELICULON!!

    Te lo he dicho alguna vez, escribes muy bien, ojalá alguna vez lo intentaras con otra temática... Casi nunca termino de leer tus relatos porque siempre terminan en lo que terminan, y eso al fina me terminó cansando... Ya se que esto esto es un blog de relatos X, pero si te animas en algu momento con otros proyectos espero que avises!


    Un saludo y a seguir escribiendo crak!
  2. Shiroi kage 1 de julio de 2013, 21:52
    Muy interesante Doc, un muy buen inicio... tengo ganas de ver como se va desarrollando la historia...
  3. Steamer 3 de julio de 2013, 6:30
    Me Agradó, pero deja a desear.

    Siento que dejaste a varios personajes y se pudieron haber dado, sin problemas más escenas entre otros personajes.

    Incluso algún Trío.
  4. doctorbp 3 de julio de 2013, 15:54
    Steamer, no te miento si te digo que dudé si hacer intervenir a más personajes. De hecho la trama daba para ello. Pero inicialmente el relato estaba concebido para Pilar y Darío y así lo desarrollé finalmente.
    Así que no te falta razón.

    Javi y Shiroi kage, me alegro que os haya gustado el inicio del relato. Espero que os animéis a acabarlo y, sobre todo, que no os decepcione. En cualquier caso, si os animáis a comentarme qué os ha parecido finalmente, yo encantado :)

    Ah! y estoy de acuerdo en que Memento es un peliculón.
    Por cierto, Javi, no me queda claro el motivo por el que no terminas mis relatos. Como dices, está claro de qué van y más o menos cómo van a acabar por la temática del blog. Entonces ¿no los terminas porque te has cansado de la temática o porque sólo te interesan los inicios y el supuesto morbo?
    Si te has cansado de la temática sólo puedo agradecerte que, aún así, sigas leyéndome. No sé si algún día volveré a escribir algo que no sea erótico, pero de momento no está en mis planes.
    Mientras que si sólo lees los inicios porque el desenlace sexual no te atrae, pues no lo veo nada raro. De hecho a mí me solía pasar cuando leía relatos. Me gustaba leer esa parte en la que los personajes interactúan, se relacionan aumentando poco a poco el morbo hasta llegar al punto en el que no pueden reprimirse y acaban teniendo sexo. Pero una vez llegado a ese punto, muchas veces dejaba el relato o lo leía en diagonal.
    Bueno, era simple curiosidad por saber si tu caso es parecido :P
  5. Anónimo 5 de julio de 2013, 23:32
    Muy buen relato, Doctor! Quedo esperando ansioso el próximo y por qué no una secuela, uno nunca sabe lo que tenga que decir ese viejo que tanto molesta por los ruidos haha. Saludos!
  6. Anónimo 5 de julio de 2013, 23:33
    Sigo con las ganas de ver a una pelirroja en acción :P
  7. ChristianTR 7 de julio de 2013, 3:17
    Yo lo veo como un buen relato. Su fuerte es la cotidianidad con la que se desarrolla la historia y hace que su lectura sea amena, apoyado por los díalogos ágiles y muy graciosos.


    Yo realmente no quiero meterme con tu estilo, pero considero que cuando escribes en primera persona deberías dejar de lado algunas consideraciones tuyas, por ejemplo "telebasura".

    "Aunque no tenía mucha conversación, era más abierta que Pamela con lo que solía hablar bastante, pero siempre de los mismos temas: música garrula, cotilleos de prensa rosa o programas típicos de la telebasura."

    Me sabe raro que el narrador se meta de por medio así. Yo lo dejaría en "... cotilleos de prensa rosa o programas que las otras consideraban típicos de la telebasura" (o algo a tu gusto). De esa manera el narrador evita hacer juicios de valor, porque recuerda que entre tus lectores puede haber alguien a quien le guste ese tipo de programación. Ojo, es mi opinión y nada más, no quiero decir cómo escribir ni nada similar.

    Me hizo reir mucho en la escena de los juegos y las picadas, así como la del asado (barbacoa).Y cómo no, puntazo el relacionar la salsa y las papas con el acto que estaban comenzando en el departamento de Pilar. Me hubiera dado un poquito más de ese jueguito de palabras y situaciones.

    El momento en que Jesús está revelando que es corneado, sin él darse cuenta, es BRUTAL. Genio. Joder, hasta el viejito se estaba dando cuenta jajaja.

    Un desliz pequeñito para pasarle corrector:

    "Se hicieron amigos, a pesar de las evidentes diferentes entre ellos."

    Un abrazo. Es el relato más agradable de los que te he leído, pero no sé si el mejor, creo que la historia y personajes de "Un último deseo" no los voy a olvidar fácil :-) Se lee fácil, se sonríe con las situaciones porque uno lo aplica a su ambiente y amigos particulares.

    Enhorabuena y un abrazo.
  8. ChristianTR 7 de julio de 2013, 3:19
    Perdón, quise decir que cuando narras en "tercera persona"... en primera persona, esas consideraciones están bien hechas porque contribuyen a darle forma a la personalidad del personaje.

  9. doctorbp 8 de julio de 2013, 19:16
    Gracias Vieri por tu enriquecedor comentario. Ya he subsanado los dos errores que me indicas.
    Sin duda, el más grave es del juicio de valor del narrador. Completamente de acuerdo: el hecho de narrar en tercera persona debería implicar la neutralidad total en ese aspecto y limitarse a mostrar únicamente los hechos y pensamientos/sensaciones de los personajes.
    Evidentemente lo de la "telebasura" se me escapó sin darme cuenta. Lo he dejado así: "cotilleos de prensa rosa o los típicos programas habitualmente considerados como telebasura".

    A veces peco de cortar el relato demasiado rápido tras la escena sexual. En este caso me parecía que era un buen aporte narrar la junta de vecinos del final y lo que ocurre en ella. Me alegra que te haya gustado :)

    Evidentemente este es un texto más sencillo que otros como el que mencionas. Pero esa es parte de la gracia, sentirse identificado por lo cotidiano que podría llegar a ser, como bien apuntas. Aunque espero que se pueda decir lo mismo de otros relatos del blog jeje

    Y respecto al que comenta lo de la pelirroja... diría que "Regalo de cumpleaños" es el único relato en el que hay una en acción. Lo siento por mi debilidad por las morenas :P
  10. Anónimo 16 de julio de 2013, 6:18
    Grandisimo relato, Doctor! Me encantaría leer un relato del corte de "Juego de Tronos". Estoy segurisimo de que sería todo un éxito y que tendrías mucho con lo que jugar. Saludos!
  11. doctorbp 16 de julio de 2013, 15:36
    Muchas gracias :) Me alegro que te haya gustado.

    Creo que debo ser de los pocos que no ve ni ha leído nada sobre "Juego de Tronos" así que lo veo difícil. Lo siento.
  12. Anónimo 17 de julio de 2013, 18:05
    Oh bueno, me refería a algo así como una novela medieval. Saludos :)
  13. Lector 17 de julio de 2013, 21:58
    Buen relato doctor. Me quedé fascinó la parte de la piscina, pero me quedé con gusto a poco con la parte del sexo. Creo que el relato da para una segunda parte ya que hay más vecinos que podrían entrar al juego.

    Con respecto al último comentario, me parece buena idea, al menos a mi me encantaría leer sobre el medioevo o incluso sobre vikingos jeje.

    Saludos y sigue así! :)
  14. doctorbp 17 de julio de 2013, 22:01
    Pues uno de los posibles temas para el próximo Ejercicio es Fantasía Medieval, pero claro, la diferencia entre novela y fantasía es que en este caso habría orcos, elfos, enanos y/o razas similares. Es una opción que no me desagrada.

    Aprovecho para decir que entre mis futuribles relatos hay uno Fantástico, aunque posiblemente el tipo de bicho o criatura sea diferente.

    Ah! y algún día escribiré algo zoo. Os voy avisando para que luego no os alarméis mucho jeje
  15. Straccia Tella 18 de julio de 2013, 11:39
    Gracias por otro relato!!

    Este es más normalito que tus últimos relatos, otra historia de infidelidades. Pero con todo el elenco que has puesto de personajes tienes para poder ampliar la historia el día que quieras.

    También soy de las que me gusta más leer el "tonteo" de los personajes que la escena de sexo en si misma. En este relato la escena de la piscina me ha gustado mucho. Será por lo de tontear practicamente en la cara de todos los demás en lugar de los dos personajes solos.

    Le veo un pequeño inconveniente a que las categorías aparezcan justo debajo del título del relato. Estas hacen que en este caso, pese a que aparezcan muchos personajes, muchas opciones ya las hayas descartado de antemano (en este caso, intercambios por ejemplo) y los acontecimientos de la historia no sean tan inesperados como me gustaría.

    Pero de cara a que tengas tu archivo de relatos ordenado, es mucho mejor añadirles categorías. Pero me gusta quejarme ;P

    Un beso!
  16. doctorbp 19 de julio de 2013, 15:51
    Es que la queja sobre las categorías tiene toda la razón de ser. De hecho, ya me he planteado alguna vez la posibilidad de quitarlas y es algo que no descarto.

    Las ventajas de las mismas son más que evidentes. Y aunque hay una sola desventaja, es bastante notoria. En muchos de mis relatos me gusta jugar con varios personajes para que no siempre esté claro quién se va a liar con quién (menos en el caso de la chica que siempre es la que está más buena jaja) y, a veces, la categoría descarta opciones o deja demasiado claro lo que va a pasar :(

    Si encuentro alguna solución satisfactoria para poner remedio no dudéis que la llevaré a cabo. Y si a alguien se le ocurre alguna posible idea que me la haga llegar y la estudiaré convenientemente.

    Gracias!
  17. seguidor 22 de julio de 2013, 4:34
    Pues me apunto a la lista para el relato fantástico el por sobre todo el zoo! jaja
  18. Aceites Calientes 27 de julio de 2013, 14:29
    Pues un relato como estos lo pone a uno a pensar a la hora de decirle a nuestra pareja vete a vivir conmigo... que calor!!
  19. Anónimo 25 de septiembre de 2013, 1:03
    Muy bueno doctorbp
  20. Moonlight 8 de enero de 2014, 1:16
    Vaya, cuantísimos comentariso tiene este relato.

    El sábado leí "Un paquete en mensajería" y "Aquí sí hay quien viva", uno por la mañana y otro por la tarde. Los dos me gustaron, pero ahora mismo no puedo extenderme más. Luego te cuento por privado por qué (copia y pega, jeje).

    Un besito. Sonia.
  21. doctorbp 15 de enero de 2014, 19:12
    ¡Gracias a todos por vuestros comentarios!

    Pues, seguidor, espero que no seas el único que quiere un zoo y los lectores no se asusten mucho cuando lo publique...
  22. Anónimo 24 de enero de 2014, 5:07
    Me gustó mucho el post. Lo único que corregiría es la primera parte, el primer encuentro con todos los vecinos. Me pareció demasiado larga, así como las descripciones de los personajes que no juegan un papel tan importante.
    Excelente página.
  23. doctorbp 25 de enero de 2014, 19:24
    Gracias por los elogios.

    Este es uno de los relatos en los que intento jugar con la incógnita de lo que va a pasar, de quién será el que acabe teniendo sexo. De ahí que trate a todos los personajes por igual, describiéndolos convenientemente. Puede que sea extenso, pero al menos ese es el motivo por el que esa parte no es más corta.

    Me alegro que te guste la página. Espero que siga visitándola y comentando los relatos :)
  24. tSeven 11 de junio de 2014, 2:49
    ¡Yo también reivindico el desarrollo! Me pasa bastante en TR que acabo leyendo la escena de sexo en diagonal, si es larga. Prefiero la emoción de la caza… Los relatos que son casi todo escena me atraen menos, la verdad. Prefiero que sea la explosión final, como dices. El detalle de que le deje la camiseta, no sé porque, pero me gusta.

    A este relato también lo tengo entre mi ‘best of’ particular.

    La cotidianeidad. Coincido en que es su fuerte. Es más fácil meterse si el contexto es familiar. Luego hay relatos para experimentar, o relatos fantásticos que están muy bien, pero no puedo evitar sentirme más ‘espectador’ en esos. Probablemente ahí está el secreto de ‘Noche descontrolada’. Todo el mundo conoce un Yerai, una Merche, el bareto… ¡Hasta en el título la clavaste!

    Que me descentro.

    La escena de la Junta, el broche final. Obligatoria. En general, soy bastante escéptico con las secuelas, pero creo que éste da para alguna. Gran relato.
  25. doctorbp 12 de junio de 2014, 0:10
    Este relato fue una grata sorpresa. La historia es sencilla, cotidiana, y creo que precisamente por eso ha gustado mucho. Es un detalle a tener en cuenta.

    Sé que suelo acabar los relatos demasiado rápido después de la escena sexual y es algo que quisiera corregir. Es el caso este (al igual que en otros como por ejemplo "Las pozas" o "Cariño, ponte en forma"), donde hay una escena final para aclarar cosas, y creo que aporta un cierre de mayor calidad.

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