Cariño, ponte en forma

Sinopsis: Un aficionado al deporte convence a su novia para que se ponga en forma. Ella acabará apuntándose al gimnasio con un amigo.

Aburrido, Gerardo se fijó en el trasero que corría delante de él. El ceñido pantalón corto permitía hacerse una idea del perfecto culo. La pequeña prenda de color negro acababa donde empezaban los esbeltos muslos de Eva, dejando ver el sudor que se deslizaba por la radiante piel de sus piernas.

Lo cierto es que su novia estaba de muy buen ver. Y no debía ser el único que lo creía. Ensimismado en sus pensamientos, Gerardo tardó en darse cuenta de lo que ocurría. A medida que avanzaban corriendo por el paseo, todas las miradas se detenían observando a la espectacular morena que trotaba justo delante de él.

El rostro de los hombres denotaba la satisfacción por ver algo hermoso o el asombro por ver algo espectacular. Las mujeres, sin embargo, observaban con cierto recelo y envidia. Algunas miraban con fingida indiferencia, mientras los hombres que las acompañaban intentaban mirar disimuladamente.

-¡Eva!

-¿Sí? – contestó con la mirada clavada en el suelo, casi sin resuello.

-Me voy a avanzar un poco, ¿vale?

-Estupendo… - gesticuló con desgana, mostrando su indiferencia e invitándole a pasar.

Gerardo aumentó el cansino ritmo y adelantó a la morena sin dejar de fijarse en los rostros con los que se cruzaban. Tras un par de minutos, al llegar a los bancos donde siempre aprovechaba para estirar, se giró para observar a su chica.

La camiseta de deporte blanca y ajustada que Eva se había puesto para salir a correr no engañaba, insinuando claramente los voluminosos pechos de la mujer. Con el movimiento debido al trote de la tía buena, el bamboleo de las tetas provocaba una visión de ensueño. El propio Gerardo, que ahora entendía aquellas miradas, tuvo que retirar la vista para evitar empalmarse con la visión de su propia novia. “¡Joder! ¡Qué buena que estás!” caviló mientras pensaba la forma de impedir que volviera a acompañarle a correr.

El verano llegaba a su fin y Gerardo lo estaba aprovechando para ponerse a tono antes de la nueva temporada con el equipo de fútbol. Aunque no había dejado de cuidarse, la edad ya no perdonaba y quería hacer un esfuerzo extra para que en los primeros entrenos ningún jovencito se le subiera a las barbas.

A pesar de rondar la treintena y conservar el cuerpo de escándalo que siempre había tenido, Eva no se cuidaba nada. Al contrario que su novio, hacía años que no hacía deporte y le estaba costando coger la forma. Aunque al principio era reacia, finalmente había accedido a salir a correr con Gerardo. Por desgracia, cuando volvía a casa le dolía todo y las agujetas del día siguiente eran un infierno.

Durante las vacaciones, Gerardo le había insistido a Eva en que debía hacer algo de deporte para mejorar su estado físico y, aunque le había costado, finalmente la había convencido. Lamentablemente, no pensó que salir acompañado fuera a suponerle tirar por tierra sus entrenos. Ir al ritmo de su novia no le servía de nada y comprobar cómo el barrio la observaba fue lo que le convenció definitivamente de que aquello no podía continuar.

-He pensado que ahora que empiezan los cursos podrías apuntarte a un gimnasio – le soltó mientras estiraba los abductores.

-¡¿Qué dices?! – se extrañó.

-Así no – la corrigió – ¡Agáchate más! – la empujó de forma jocosa.

-¡Ay! Es que no llego – se quejó, risueña.

-Menuda flexibilidad…

-¡Tendrás tú queja! – bromeó con picardía, haciendo sonreír a su novio.

-Bueno, ¿qué me dices?

-¿A lo del gimnasio? No sé… me da pereza ir sola. ¿Te apuntarías conmigo?

Las alarmas se encendieron en Gerardo. Debía pensar algo rápido si no quería verse con el carné de socio del DIR más cercano. Aunque le encantaba el deporte y estar en forma, no quería acompañar a su chica al gimnasio para tener que estar todo el rato por ella.

-¿Por qué no te apuntas con Eloy?- se le ocurrió.

-¿Eloy? ¡Venga ya! Si ve un gimnasio y se cambia a la otra acera por si acaso.

-Por eso, falta le hace.

-¿Qué pasa, no quieres que salga a correr contigo? – le soltó tras descubrir sus intenciones.

-Yo prefiero que te corras conmigo en otro sitio – bromeó, sonriendo y haciendo arrumacos a su pareja para que no se enfadara.

-Pues me temo que esta noche te has quedado sin carrera, amigo – sonrió, dejando de estirar y dirigiéndose hacia casa por el mismo camino por el que habían venido.

-Pero no te has enfadado, ¿no?

-Llama a Eloy – alzó la voz mientras comenzaba a correr en dirección al domicilio de la pareja.

-¿Para ir al gimnasio? – preguntó inocentemente, pero no recibió contestación.

Eloy era uno de los amigos solteros de la pareja. Aunque no estaba excesivamente gordo, sí tenía una voluminosa barriga debido a su vida sedentaria. No le gustaba nada el deporte así que Gerardo pensó que convencerlo sería algo imposible.

-¿Yo, al gimnasio? – preguntó aturdido.

-Es para que acompañes a Eva, para que no vaya sola.

Si no hubieran mantenido esa conversación por teléfono, Gerardo podría haber visto cómo a Eloy se le salían los ojos de las cuencas debido a la sorpresa. Imaginarse a su amiga en mallas, sudorosa, abriéndose de piernas para estirar… era demasiado tentador, pero aún se hizo de rogar para no evidenciar su entusiasmo.

-Tío, sabes que yo paso de esas cosas…

-Lo sé, pero te lo pido como un favor. Por mí, por ella y… por ti también.

-¿Me estás llamando gordo? – se hizo el ofendido.

-No, pero no me negarás que necesitas ponerte un poco en forma. Luego haces cualquier esfuerzo y en seguida te quedas sin aliento.

-¿Y por qué no la acompañas tú?

Eloy se lo estaba pasando en grande escuchando a su amigo intentando convencerlo de algo de lo que ya estaba convencido en cuanto había oído el nombre de Eva.

Finalmente, pensando que había sido una negociación difícil, Gerardo había conseguido persuadir a su amigo para que acompañara a Eva al gimnasio. Se sentía pletórico. Ella se pondría en forma y él podría salir a entrenar sin que nadie le molestara. Además se había salvado de tener que apuntarse al gimnasio para tirar el dinero teniendo que hacer de niñera. Cuando colgó la llamada, una sonrisa de triunfo se dibujó en su rostro.

-¿Lo has convencido? – se sorprendió ella al ver la expresión de su pareja.

-La semana que viene os apuntáis.

-Vale – aceptó sin entusiasmo – pero sigue con el masaje.

Gerardo acarició los preciosos pies de su chica, subiendo por sus doloridas piernas para aliviar las molestias que Eva tenía debido al ejercicio.

-Ya verás como dentro de un mes no tienes agujetas.

-Prefiero no pensarlo – cerró los ojos, gimiendo levemente debido al placentero alivio que las manos de su novio le estaban regalando.

Gerardo aprovechó para, subiendo por los muslos de Eva, alcanzar la parte baja de las nalgas. Recordando la excitante visión de su novia corriendo por el paseo, le entraron ganas de sexo.

-De eso nada – se quejó ella retirando la mano de su chico – Esta noche estás castigado – sonrió.

Gerardo no tuvo más remedio que quedarse con las ganas. Pero debió seguir con su penitencia sobando las tentadoras piernas de Eva, hecho que provocaba que su excitación fuera en aumento, atormentándose sabiendo que no podría aliviarse haciendo el amor con ella.

A la semana siguiente, Eva y Eloy quedaron temprano para ir a apuntarse al gimnasio. Ninguno de los dos había ido nunca a ninguno y prefirieron ir con tiempo ya que no sabían lo que se iban a encontrar.

-¡Madre mía, lo que hay que hacer por los amigos! – se quejó Eloy, bromeando.

-Luego lo agradecerás cuando dejes impresionadas a todas las chicas con tu nuevo cuerpazo moldeado gracias a las máquinas de musculación.

-La mejor máquina para impresionar a una chica no está en el gimnasio.

-Ah, ¿no?

-La mejor máquina es el cajero automático.

Eva se moría de la risa con Eloy. Aunque seguía sin provocarle mucho entusiasmo el apuntarse al gimnasio, al menos tenía asegurada la diversión con su amigo. A ambos les encantaba bromear y eso hacía que se llevaran tan bien.

-Lo que no sé es cómo conseguiría Gerardo convencerte para que te apuntaras.

-Mujer, verte en mallas bien vale hacer un poco de ejercicio – ocultó la verdad en su sempiterno tono de broma.

-¡Qué tonto! – sonrió dándole un golpecito en la espalda.

Al llegar a la recepción del gimnasio, los dos amigos hicieron todos los trámites pertinentes según les iban explicando.

-… Ahora, si queréis, mi compañero os guiará a través de las diferentes salas que disponemos y las múltiples opciones que ofrecemos en cada una de ellas.

-¿Y con esta cuota nos entran todos los servicios? – preguntó Eva.

-Sí, claro – sonrió amablemente la chica del mostrador.

-Seguidme – les interrumpió un joven y fornido empleado del recinto.

-No nos harás la ruta haciendo footing, ¿no? Que es nuestro primer día – bromeó Eloy.

El musculado joven se rio.

-Es la primera vez que te apuntas a un gimnasio, ¿no?

-¿Cómo lo has sabido? – sacó barriga haciendo reír a Eva.

-¿Y tú? – el guía se dirigió a la mujer – No pareces estar en mala forma precisamente.

-¡Huy! Es solo apariencia.

-Pues tienes un cuerpazo – la piropeó mostrando su mejor sonrisa.

-Si queréis os dejo solos – bromeó el amigo de Eva, haciendo reír al chico y sacándole los colores.

-¡Eloy! – se quejó la mujer volviendo a golpearle en la espalda – No le hagas caso, está siempre de broma.

-Ya veo…

La primera sala que visitaron era la de musculación. A un lado había un montón de bancos de pesas de todos los tipos y tamaños. Aunque había cierta disparidad, Eva se sorprendió al ver el montón de yogurines haciendo pesas para fortalecer sus jóvenes, aunque desarrollados músculos.

-Pues igual hasta voy a divertirme y todo en el gimnasio… – bromeó con su amigo mientras el guía les explicaba los pormenores del recinto.

Al otro lado, una larga fila de máquinas de musculación ocupaba el resto de la enorme estancia.

-¡Menuda sala de tortura! – masculló Eloy haciendo reaccionar al guía que ponía todo su empeño en vender las instalaciones lo mejor posible.

Mientras Eva escuchaba las argumentaciones del hombre, su mirada se cruzó con la de uno de los jóvenes chicos que hacía uso de una de las máquinas. El veinteañero era moreno, de pelo corto, rapado por los lados, alto y fibrado. Haciendo alarde de toda su chulería, sonrió a la nueva belleza del gimnasio mientras se esforzaba por marcar la musculatura de sus fuertes bíceps. Eva, con educación, le devolvió la sonrisa para después apartar la mirada, no sin antes fijarse, por un instante, en los macizos músculos del chico.

La siguiente sala era la de cardio. Cintas, elípticas, bicicletas estáticas… eran instrumentos más acordes a lo que Eva quería. Tampoco le desagradó la opción que les explicó el guía a continuación, las clases en grupo con monitor. Las había de todo tipo: spinning, yoga, body combat

-Podéis elegir la que queráis – apuntilló el empleado mientras observaban el montón de bicicletas de spinning dispuestas a lo largo de 3 filas.

-Todas corren lo mismo, ¿no? – bromeó Eloy haciendo reír a su amiga.

Los dos amigos se quedaron impresionados con las instalaciones del gimnasio que también contaba con canchas de pádel, recinto para practicar artes marciales, piscina y sauna.

-Bueno, ya solo queda mostraros los vestuarios y las duchas – convino, una vez terminada la ruta, deteniéndose frente a una de las puertas – Tú si quieres puedes ver los del otro lado – se dirigió a Eva.

-¿Por qué? – preguntó la mujer con picardía, poniendo cara de incredulidad.

-Porque estos son los masculinos.

-Pues esos son los que yo quiero ver – bromeó irradiando la estancia con su sonrisa – Los otros ya sé cómo son.

Los dos hombres rieron ante el buen sentido del humor de la hermosa mujer.

Terminada la visita al gimnasio, la chica de recepción les indicó que, si querían, tenían a su disposición un monitor personalizado para ayudarles en lo que necesitaran o para hacerles un planning en función de una evaluación previa de su estado físico y los objetivos individuales de cada uno. Eloy dudó y miró a su amiga, quién tomó la decisión por ambos.

-De momento nos gustaría empezar poco a poco familiarizándonos con el recinto y los horarios. Si eso, más adelante sí que nos gustaría optar por esa opción.

-Perfecto. Ningún problema – sonrió la chica, tras el mostrador.

Y así comenzaron las andanzas de Eva y Eloy en el gimnasio.

-¿Y ahora qué hacemos? – preguntó ella, aturdida una vez que se quedaron solos.

-Ahora mismo somos como Paco Martínez Soria visitando la gran ciudad.

-¡Qué razón tienes! – Eva ya se estaba tronchando nuevamente.

Finalmente decidieron empezar haciendo un poco de natación. Cada uno se dirigió a su vestuario y quedaron en la puerta que daba acceso a la piscina.

Eloy fue el primero en llegar. Estaba esperando con sus piratas con estampados de flores cuando la vio venir. El corazón se le aceleró al verla envuelta únicamente por aquel fino biquini de color blanco. El contraste con su piel morena debido al bronceado veraniego era cautivador.

Mientras se acercaba a su amigo, con una amplia sonrisa, observó el desdibujado cuerpo de Eloy. Tenía el pelo rubio, muy cortito y con prominentes entradas. Además de no ser demasiado guapo, la voluminosa barriga contrastaba con sus piernas y brazos relativamente delgados, pero flácidos. No se le marcaba ni un solo músculo.

-Qué sexy… - bromeó con amabilidad.

-Tú sí que estás tremenda – la piropeó al tiempo que le daba, sin pensarlo, una leve palmada en el culo.

-¡Oye! – se quejó – Se mira pero no se toca – le sonrió mientras giraba su rostro para observarle justo cuando pasaba a su lado, adelantándole y entrando al recinto de la piscina.

Eloy la siguió como un autómata sin dejar de fijarse en las nalgas que subían y bajaban a medida que Eva caminaba hacia el agua. “Cómo me alegro de haberme apuntado” pensó.

Durante la sesión de piscina, mientras Eva nadaba a lo largo de la misma, Eloy no hacía más que juguetear zambulléndose en el agua con las intenciones de observar el perfecto cuerpo de su amiga bajo el líquido elemento. Le encantaba fijarse en la pequeña prenda que ocultaba el sexo de la mujer mientras Eva se impulsaba con las piernas, haciendo que la tela se moviera, en la imaginación del hombre, rozándose con los labios vaginales que escondía. Tampoco despreciaba la visión de los abultados pechos que presionaban la escueta tela de la parte superior del biquini. Los senos parecían moverse con la libertad con que lo haría cualquier objeto flotante a la deriva.

-¿Qué tal tu primer día en el gimnasio? – se interesó Gerardo, una vez en casa.

-Muy bien, muy divertido con Eloy.

-¿Pero habéis hecho algo o habéis estado de cháchara todo el rato?

-Eres idiota – se hizo la ofendida.

-No, en serio, ¿qué habéis hecho?

-Si tanto te interesa, haberte apuntado – ahora le sacó la lengua.

-¡Vamos, mujer! Si sabes que en dos días empiezo los entrenos y no podría compatibilizarlo.

-Pues que sepas que el gimnasio está lleno de niñatos que están tremendos… - le quiso picar.

-¿Y? Será que no tienes hombre en casa… – se acercó a ella por la espalda, rodeándola con un brazo a lo largo de la cintura y haciéndola sonreír.

-No me puedo quejar – le besó con pasión, girando el rostro.

Gerardo la alzó con vigor, demostrando su fuerza. Al voltearla, ella lo apresó con ambas piernas.

-Como algún niñato te ponga una mano encima, se las tendrá que ver conmigo – amenazó entre besos.

-Fóllame – le jadeó.

La pareja tuvo una memorable sesión de sexo que terminó bajo la ducha, con una Eva extenuada, con las piernas temblorosas, como si hubiera salido a correr con su novio igual que cualquier día de la anterior semana.

“No puedo más”. Ese era el continuo pensamiento que martilleaba la cabeza de Eva durante su sesión de elíptica. No se imaginaba que aquella máquina pudiera ser tan dura. Abatida por la desilusión y la fatiga, con los muslos a punto de reventar, escuchó el murmullo que comenzó a extenderse desde la entrada de la sala, a su izquierda.

El grupo de chicas que hacían bicicleta estática comenzó a cotillear al ver a Moisés entrando en la estancia. Cuando el hombre, dos años más joven que Eva, llegó a la altura de la hermosa mujer, la novia de Gerardo lo entendió todo. El chico desprendía un tremendo atractivo. El estilizado y moreno rostro del hombre estaba envuelto en una cabellera de cuidadas rastas. A tenor de la ceñida camiseta térmica, poseía todo un cuerpazo, fibrado, sin excesos. Por las pintas, Eva habría jurado que se trataba de un aficionado al surf o al montañismo.

El hombre pasó justo por delante de Eva sin inmutarse. Era el primero que no le dedicaba aunque fuera una leve mirada. La mujer se quedó observando al de las rastas a medida que se alejaba en dirección a las cintas de correr, en frente, a la derecha. Pensativa, con el dolor de piernas en un segundo plano y los continuos cuchicheos del grupo de chicas de fondo, unas manos se posaron sobre el estómago y la parte baja de la espalda de Eva, sorprendiéndola.

-Mantén la espalda recta, así no estás haciendo el ejercicio correctamente.

La mujer se quedó mirando al improvisado instructor. Se trataba de un hombre desproporcionado, no demasiado alto, con una musculatura excesivamente exagerada para los gustos de Eva. Además, el rostro del cachas de 32 años no era demasiado agraciado.

-Gracias – se limitó a decir, olvidando la visión del atractivo Moisés.

-Me llamo Silvio. Si necesitas cualquier cosa solo tienes que decírmelo. Yo y mis músculos – hizo una leve pausa para mostrar un increíble bíceps que daba la sensación de poder explotar en cualquier momento – estaremos encantados de ayudarte.

-Eres muy amable – le sonrió sin querer llevar la conversación mucho más allá.

-No me has dicho tu nombre – insistió.

-Eva.

-Encantado. Eres nueva por aquí ¿verdad?

“Como si no lo supieras”, se molestó por las claras intenciones de Silvio.

-Sí, ¿se nota? – bromeó indicando lo mucho que le estaba costando la sesión de elíptica.

-Si esto está chupado, mujer.

Eva no se podía creer que aquel desconocido la estuviera sacando de la máquina para ponerse él, subiendo la resistencia al máximo para demostrar la potencia de sus piernas. La mujer se fijó por primera vez en los portentosos muslos y los enormes gemelos de Silvio. “Parece el muñeco de Michelin”, sonrió para sus adentros.

-¿Lo ves? Y puedo aumentar más el ritmo si quiero mientras hablo contigo sin problemas.

-Toda una proeza – se burló con ironía.

-¡Eva! – Eloy, sin saberlo, estaba a punto de salvarla de las infructuosas intenciones de Silvio.

-Lo siento, me tengo que ir – se excusó.

-Supongo que volveremos a vernos.

-Sí, claro – le sonrió con su habitual amabilidad.

Antes de girarse en busca de su amigo, inconscientemente, echó un vistazo hacia el final de la sala. Sobre una de las cintas de correr divisó al chico de las rastas. “No está nada mal el chaval” pensó sin darle mayor importancia.

Mientras Eva se marchaba al encuentro de Eloy, Silvio se quedó embobado observando la perfecta redondez del culo de la tía buena. Dejó de hacer elíptica, incómodo por la empalmada que aquella diosa le había provocado desde que la había tocado, justo por encima de la cintura, para corregirla durante el ejercicio que la mujer estaba haciendo.

-¿Dónde estabas? – le preguntó a Eloy.

-Me he estado informado sobre las clases.

-¡Perfecto! Cuenta, cuenta…

Gerardo había llegado en plena forma a los primeros entrenos de la temporada. A pesar de ser uno de los más veteranos, solía ser de los primeros en terminar todos y cada uno de los ejercicios. Todo marchaba sobre ruedas si no fuera por uno de los nuevos fichajes. Claudio tenía 23 años y parecía querer comerse el mundo. Los dos compañeros no habían encajado demasiado bien.

-¡Vamos, que te pesa el culo, viejales! – molestó Claudio a Gerardo mientras le obstaculizaba durante uno de los ejercicios.

El nuevo era un tocapelotas que no paraba de fastidiar al resto de compañeros con continuas bromas de mal gusto. Gerardo no estaba dispuesto a pasar por ello y se le estaban hinchando las pelotas.

-Claudio, te lo digo en serio, como vuelvas a molestarme, te llevarás un guantazo.

-¡Huy, qué miedo! – se burló el aludido, sin creerse las amenazas del veterano.

-Yo ya te he avisado.

La actitud de Gerardo no hizo mella en su compañero que siguió como siempre. Cuando el veinteañero consideró oportuno volver a meterse con el novio de Eva, se lió irremediablemente.

Aunque no le dio de lleno, el puñetazo del treintañero golpeó a un descolocado Claudio que, habituado a que nadie respondiera a sus chulerías, no se esperaba aquella acción. Sin embargo, reaccionó rápido revolviéndose para encararse a su agresor.

La pelea no fue a mayores gracias a la intervención del resto de compañeros que, aunque les costó parar a aquellas dos bestias de la naturaleza, consiguieron separarlos.

-Hoy me he peleado con el nuevo – le explicó Gerardo a su novia mientras compartían sofá viendo la tele.

-¿¡No jodas!? – se sorprendió.

-Tarde o temprano iba a pasar – Eva, conociendo el temperamento de su pareja, se resignó – Espero que a partir de ahora me deje en paz y se meta las chulerías por donde le quepan – insistió Gerardo con serenidad.

-Seguro. ¿Quién iba a querer ganarse un enemigo tan fuertote como tú? – le aduló mientras le sobaba los fornidos brazos.

-Bueno, el niñato también está fuerte – se sinceró él.

-Pues la próxima vez ponéis un poco de barro y me llamáis para ver el espectáculo – bromeó Eva definitivamente.

-¿Y tú qué? ¿Te has apuntado a las clases al final?

-Sí, la semana que viene empiezo Pilates.

-¿Y Eloy también se apunta? – se extrañó.

-No ha podido por el horario. Iré a última hora. Pero estaba interesado…

-¡Claro! Seguro que el cabrón quería ver tías buenas haciendo posturitas – se burló.

-¡Oye! – se quejó entre risas – Y Pilates es más que hacer posturitas – se hizo la ofendida.

-No, si al final te vas a poner como un toro.

-Será como una vaca…

Los dos comenzaron a reír por la divertida tontería que la hermosa mujer acababa de soltar.

Mientras Eva se cambiaba en los vestuarios para comenzar una nueva sesión en el gimnasio, se entretenía escuchando al grupo de chicas con las que solía coincidir.

-Ay, nena, no sé… el de pelo castaño a mí no me dice nada.

-Pues yo creo que se ha apuntado para coincidir contigo.

Las mujeres comenzaron a reír de forma estridente. El grupo estaba formado por chicas jóvenes cuyo objetivo en el gimnasio era ligar o ver tíos. Eva no encajaba con ellas.

-Claro, a ti el que te interesa es Moisés – prosiguió una de ellas provocando las risas descontroladas del resto.

-Por cierto, ya han anunciado los monitores de las clases.

En ese momento de la conversación, Eva puso toda su atención. Mientras las amigas cotilleaban sobre cada una de las sesiones y el monitor asignado, por fin escuchó lo que le interesaba.

-¡Atención! La sesión de Pilates de las 22h. la hace… ¡el Paquete!

Nuevamente risas entre las descontroladas veinteañeras. Mientras, Eva, descolocada, esperó alguna aclaración al respecto del monitor que iba a darle clases.

-¿Alguna se ha apuntado?

-Yo – sonrió una integrante del grupito.

-Pues qué suerte, hija.

Hastiada de las infantiles risas y el comportamiento juvenil de las chicas, Eva decidió intervenir.

-Perdonad, pero no he podido evitar oíros…

El grupo de amigas se giró al unísono para observar a la bella mujer que se dirigía a ellas. De repente, todas pusieron su semblante más serio, recelosas de la hermosa mujer a la que veían como una rival, demasiado rival, de hecho.

-… Yo voy a esa sesión de Pilates y… ¿quién es el Paquete?

-¿No lo conoces? – sonrió con malicia una de ellas.

-No. ¿Lo llamáis así porque es malo dando clase? ¿Un paquete?

Las mujeres comenzaron a reír a carcajadas sacando de quicio a Eva.

-¿He dicho algo gracioso? – preguntó afablemente.

-Cuando lo veas sabrás porque le llaman así – la joven miró hacia abajo y se señaló la entrepierna.

-El tío va siempre con ropa ajustada marcando… ya sabes… paquete – nuevamente risas.

-No me lo puedo creer – sonrió la novia de Gerardo, ahora divertida.

Mientras esperaba que comenzara la sesión de Pilates, Eva observó al resto de integrantes de la clase. Para su tranquilidad, no divisó a nadie que pareciera demasiado preparado. Se notaba que eran sesiones para principiantes y la mayoría de sus compañeros parecían novatos. Cuando el monitor que iba a darles las clases llegó, ya no se acordaba del comentario de las chicas del vestuario.

-¡Buenas tardes! Soy Rodolfo y me encargaré de… - el hombre se presentaba a medida que avanzaba por la sala, entre los asistentes a la sesión, para alcanzar el fondo donde se giró de cara a sus alumnos.

El monitor de 25 años tenía media melena con mechas que, unido a su cuidado rostro, le daban un aspecto de pijo. Llevaba una camiseta ceñida que mostraba su fornido torso, similar al del resto de monitores del gimnasio. Al bajar más la mirada, Eva no se pudo creer lo que vieron sus ojos.

Cuando las chicas del vestuario dijeron que iba marcando paquete, Eva no se imaginó que tuviera un tamaño tan evidente. Las ajustadas mallas del monitor dibujaban el contorno de una magnífica polla. La novia de Gerardo no pudo evitar una leve sonrisa al ver aquella imagen.

Una vez concluida la presentación del profesor, la sesión comenzó. Primero el monitor daba las explicaciones del ejercicio en cuestión y luego el resto de la clase, sobre sus colchonetas, lo realizaba de la mejor manera que podía mientras Rodolfo se paseaba entre ellos dando las indicaciones oportunas.

Cuando el profesor de Pilates se dio cuenta de la alumna que tenía, no pudo evitar fijarse en Eva más de la cuenta, restándole atención al resto. Era un auténtico espectáculo digno de admirar ver los ejercicios de la hermosa treintañera. Las ajustadas mallas de la morena permitían deleitarse observando las posturas que requerían movimientos de piernas, hasta abrirlas casi completamente. Aunque el monitor estaba acostumbrado a aquel tipo de visión, tuvo que esforzarse para no tener una erección, que habría sido claramente notoria, ante aquella excitante mujer y sus morbosos movimientos.

Al finalizar la sesión de Pilates Eva se sentía extenuada. Sentada en el suelo, recuperando el aliento, no estaba alerta cuando Rodolfo la sorprendió.

-Hola.

-Hola – le devolvió el saludo alzando la cabeza para observar al hombre.

-¿Qué tal la primera clase?

-¡Buf! – resopló antes de sonreír evidenciando que estaba hecha polvo.

-Eres nueva por aquí, ¿verdad?

-Sí – sin querer, bajó ligeramente la mirada y se topó de lleno con el abultado paquete de Rodolfo a escasos centímetros de su rostro. Aguantándose una risa traicionera, alzó la mirada nuevamente.

-¿Y llevas alguna rutina de entrenamientos?

-No, lo cierto es que me apunté con un amigo y vamos un poco por libre.

-Pues deberías planificarte un poco los entrenos si quieres que sean efectivos. ¿No has hecho entrevista con ningún compañero?

-No – hizo el gesto de levantarse para ponerse a la misma altura que su interlocutor.

-Espera – Rodolfo se ofreció a ayudarla extendiendo los brazos.

Eva agradeció el ofrecimiento y se ayudó de las fuertes extremidades del monitor. Sin darse cuenta, tenía nuevamente la mirada fija en aquel considerable bulto. La gesticulación de Rodolfo hizo que aquella vigorosa polla se removiera bajo las prietas mallas. Aunque fueron tan solo unos segundos, los que tardó en levantarse, Eva tuvo un excitante primer plano de aquel movimiento.

-Gracias – le soltó, ligeramente ruborizada.

-Si quieres, me ofrezco a llevarte la planificación de los entrenos.

No sabía lo que quería. Ciertamente, Eloy y ella ya llevaban unos días en el gimnasio y ya se conocían algunas de las rutinas, pero aún se sentían perdidos en muchos aspectos y la ayuda de un asesor les vendría bien. Sin embargo, apenas conocía a aquel monitor apodado el Paquete. Aunque no le acababa de parecer normal esa vena claramente exhibicionista, y más con semejante pito, al menos parecía simpático. Definitivamente estaba demasiado cansada como para tomar una decisión.

-Está bien – aceptó al fin sin querer darle más vueltas.

Cuando Eva llegó al vestuario, no esperaba encontrarse con aquel follón.

-¿Qué? ¿Te ha gustado lo que has visto y vas a por el Paquete? – le recriminó la única chica del grupito que había ido a la sesión de Pilates.

-¿Perdón? – se sorprendió ante aquella acusación.

-Sí, que nuestra amiga te ha visto tonteando con él. ¿Te lo quieres ligar?

-¡Por favor…! - soltó una descolocada Eva – No sé lo que vosotras venís a hacer al gimnasio, pero yo tengo mi pareja fuera de aquí y ni busco ni necesito nada más.

-Seguro…

-Ya sabemos tus intenciones – insistieron desde el grupo de amigas mientras se marchaban – Te hemos calado.

Eva se quedó a cuadros, no se podía creer que realmente aquello estuviera pasando. Cuando se quedó a solas, sentada sobre el banco del vestuario, no pudo evitar sonreír pensando en lo absurdo de todo ello.

Desde que Rodolfo le planificaba los ejercicios, Eva notó una tremenda mejoría. Lastimosamente, el contacto con Eloy se había visto mermado, pues su amigo también había cogido un monitor personalizado y se dedicaba mayoritariamente a hacer musculación, justo lo que menos hacía Eva. Por suerte, aún coincidían en las máquinas de cardio, pero tampoco podían dedicarse a hablar para bromear como hacían siempre.

Eva estaba contenta con Rodolfo. Aunque el monitor no se cortaba un pelo tirándole la caña, incluso a veces metiéndole un poco de mano, se dio cuenta de que lo hacía con todas así que no le daba mayor importancia.

La fauna del gimnasio era muy variopinta. Aunque la gran mayoría eran niñatos obsesionados con la musculación, Eva se había fijado en un jovencito que siempre iba con su raqueta de pádel a todos lados y que se ruborizaba cada vez que sus miradas se cruzaban. El chico, que no debía tener ni 20 años, era rubio, muy delgado y aún conservaba cierto acné juvenil. A Eva le parecía adorable.

Todo lo contrario era el cuarentón sudamericano que rondaba por el gimnasio haciendo artes marciales. Aunque jamás se habían dirigido la palabra, Eva sentía que el hombre no dejaba de mirarla a la mínima oportunidad que se le presentaba. A pesar de sentirse ligeramente halagada, no podía evitar cierta repulsión por las malas pintas del hombre, de piel morena, con barba y lleno de tatuajes.

Pero el que se llevaba toda su atención era Moisés. No podía evitar sentir cierta curiosidad por aquel atractivo hombre que la ignoraba. Solía coincidir su sesión de elíptica con la sesión de cinta del chico de las rastas. Con disimulo lo observaba correr y no podía evitar que la imaginación se le disparara. Lógicamente no tenía ningún tipo de pretensión, pero era agradable fantasear un poco mientras sufría la crueldad de la elíptica. Así la sesión se le hacía más placentera.

Sin embargo, el que no estaba contento era Eloy. Desde que ambos habían cogido monitor para que les planificara los ejercicios, casi no veía a Eva, el único motivo por el que se había apuntado al gimnasio. Estuvo tentado de dejarlo, pero no sabía qué excusa poner para no evidenciar los motivos por los que se había apuntado y ahora lo dejaba. Así que, de mala gana, continuó yendo al gimnasio.

Desde el anterior incidente de Eva con el grupo de amigas por elegir al Paquete como monitor, no se habían vuelto a dirigir la palabra. Como siempre, cuando coincidían en el vestuario, la novia de Gerardo se entretenía escuchando las absurdas conversaciones que mantenían.

-¿Habéis oído lo que dicen sobre Moisés?

-Sí, tía, qué fuerte.

Eva, instintivamente, no pudo evitar cierto interés por el tema de conversación.

-Yo ya me lo imaginaba.

-¿Qué dices, guarra? – rieron con estridencia.

-¿El qué? ¿El qué? Yo no me entero de nada.

-Pues… que dicen… ¡que la tiene enorme!

Las risas de las niñas inundaron los vestuarios femeninos y Eva no pudo evitar un ligero cosquilleo en la boca del estómago. ¿Sería verdad? Sintió curiosidad.

-Pero ¿tú te lo crees? – prosiguieron con los cotilleos.

-¿Tú lo has visto? Está tremendo. Semejante hombre no la puede tener pequeña – bromearon.

Más risas. Y un inesperado “estoy de acuerdo” se incrustó en la mente de Eva. De repente, mientras el grupo de jóvenes mujeres se alejaba cuchicheando sobre el rumor de Moisés, la treintañera tuvo una idea.

Siempre que coincidían en horarios, Eva y Eloy salían juntos del gimnasio para ir a sus respectivas casas.

-A ver si nos coordinamos un poco más para hacer los ejercicios, que apenas nos vemos – se quejó ella mientras salían.

-El puto monitor que me hace hacer todo el día pesas. Y yo le digo que quiero estar contigo, pero me dice que eres mucha mujer para mí.

Eva se meaba de la risa.

-¿Sabes qué? – tenía que engatusarlo y sabía cómo hacerlo – El próximo día me voy a hacer pesas contigo y me da igual lo que diga Rodolfo.

Eloy no podía evitarlo, aquella mujer le tenía atolondrado y cualquier gesto cariñoso por su parte le colmaba de satisfacción. Sonrió, sin más, como un tonto.

-Por cierto… – ahora encauzó la conversación hacia sus intereses.

-Dime – contestó él.

-Por el vestuario de las chicas corre un rumor… - sonrió, haciéndose la interesante para hacerle picar.

-¿Qué rumor?

-Dicen que hay uno del gimnasio que la tiene enorme – puso cara de incredulidad – ¿No serás tú, pillín? – bromeó para camelarlo.

Eloy se rio, adulado solo por el hecho de que su preciosa amiga pudiera pensar que él la tenía grande.

-Podría ser… - se hizo el interesante, entrando en su juego.

Ella rio. Tenía a su amigo justo donde quería.

-Bueno, las chicas dicen que se trata de un tío con rastas…

-Sí, Moisés. Tus amigas no mienten – sonrió, ligeramente decepcionado.

Eva volvió a reír, pero esta vez para disimular las nuevas cosquillas que se apoderaron de su estómago.

-Pero, ¿tanto como dicen?

-No sé cuál es el rumor, pero seguramente es merecido. Esta información es privilegiada, eh… - recuperó el tono jocoso.

-¡Guau! Y tan privilegiada… - sonrió.

Lo cierto es que, aunque no consideraba relevante o estrictamente necesario que un pene fuera grande, realmente sí le gustaba. Gerardo no estaba demasiado bien dotado y no le importaba, pero le gustaba imaginar que el guapísimo y enigmático Moisés la tuviera grande.

Tal y como le había prometido a su amigo, el siguiente día en el gimnasio Eva lo dedicó a hacer un poco de musculación. Aunque Rodolfo, con el que ya tenía bastante confianza, se había enfadado por no seguir el planning, sabía que el mosqueo se le pasaría en seguida.

-¡Joder! Cómo pesa esto – se quejó la mujer a su amigo, exagerando la cara de esfuerzo y sacándole una sonrisa.

-Igual necesitas un poco de asesoramiento.

Eva se giró para observar al hombre que hablaba. Un cuerpazo enorme la eclipsó, tapándole la visión del resto de la sala. El negro tenía una musculatura portentosa, fruto de horas machacándose en el gimnasio. Aunque estaba aún más fuerte que Silvio, no parecía estar desproporcionado. Supuso que la altura del hombre ayudaba. El negro estaba tremendo.

-Pues igual sí – Eva sonrió con simpatía.

-No te he visto nunca por aquí así que… déjame ver… con tu experiencia… y con la fisonomía de… - mientras hablaba para sí, el hombre buscaba las pesas adecuadas – Prueba con esto – concluyó al fin.

-Mucho mejor. Creo que antes me estaba pasando de lista – dibujó una sonrisa cautivadora.

-No te preocupes. Estoy más que acostumbrado a ver novatos haciendo las series equivocadas (…)

“¿Series? ¿Qué coño son unas series? No demuestres lo tonta que eres y no digas nada”, sonrió para sus adentros mientras el afroamericano no paraba de hablar.

-(…) y se apuntan cuando quedan unos meses para el verano. Preplaya los llamamos (…)

“¿Preplaya? ¡Madre mía! ¿Es que este tiarrón no tiene un tema de conversación más interesante?”, pensó justo cuando empezó a desconectar.

Leon estaba a mitad de camino entre los 30 y los 40 años. Llevaba toda la vida en el gimnasio practicando su gran obsesión, el culto al cuerpo. Muestra de ello es que parecía no saber hablar de otra cosa.

-Leon, deja a la pobre, que vas a matarla de aburrimiento – intervino el joven veinteañero con el que Eva se cruzó la mirada el primer día de gimnasio.

-Tío, solo le estoy dando un poco de conversación.

-Gracias, Leon, ha sido muy interesante – mintió la bella mujer.

-¿Por qué no te vienes a hacer un poco de máquinas? – le preguntó el joven a la tía buena, seguro de sí mismo.

-Sí – soltó sin pensar, queriendo alejarse del hombre que le había puesto la cabeza como un bombo – Eloy, me voy, a ponerme cachas – sonrió mientras se alejaba siguiendo el macizo cuerpo del yogurín.

-Ok, yo aún tengo para un rato – maldijo el amigo, que debía terminar la sesión de pesas tal y como le había indicado su instructor – Luego nos vemos.

-Deberías darme las gracias por haberte salvado de las garras de Leon – bromeó el veinteañero sin dejar de ser sincero.

“Gracias”, pero no pensaba dárselas.

-Es simpático… - dijo finalmente.

-Es un pesado de cojones.

Eva no pudo evitar sonreír ligeramente pues el joven tenía un poco de razón.

-No tienes ni puta idea de cómo van, ¿no? – preguntó el chico al ver la cara de desconcierto de la mujer frente a las máquinas de musculación.

-¿Tanto se me nota? – preguntó con picardía, sonriendo.

Tras el asesoramiento del veinteañero, mientras ambos se ejercitaban en las máquinas, comenzaron una conversación.

-Deberíamos habernos conocido en Ibiza – empezó él.

-¿Y eso? – preguntó descolocada.

-Porque seguro que de fiesta te mueves más en tu ambiente que en un gimnasio.

Eva no pudo evitar reír ante aquella afirmación.

-No te creas, yo ya tengo una edad y no suelo salir mucho de fiesta.

-Una lástima.

No quería preguntar, sabía lo que el chico estaba haciendo, pero… al menos lo estaba haciendo bien.

-¿Por?

-Las posibilidades de que acabáramos acostándonos se multiplicarían por infinito – sonrió con todo el aire chulesco que desprendía.

Eva lo miró y, amablemente, sonrió. El niñato estaba de muy buen ver, pero alguien tan chulesco jamás tendría posibilidades con ella.

-Creo que esto de las máquinas de musculación no es lo mío.

-Ya te lo he dicho, lo tuyo es salir de fiesta. Sabes que serías el puto centro de atención. Mi puto centro de atención.

-Bueno, será mejor que lo dejemos.

-Pero si aún no hemos empezado – bromeó.

Lo cierto es que el chaval parecía manejarse bien con las mujeres. Eva no quería darle más pie y dejó la máquina para despedirse definitivamente y evitar que el chico siguiera ligando con ella.

-Nos vemos – se despidió educadamente, con una sonrisa.

-Esta noche. He quedado con unos amigos, pero si te apuntas, paso de ellos.

-No, gracias – no perdió la sonrisa.

-¿Tienes miedo? Sabes que caerías. Mi porcentaje en el gimnasio es elevado, pero de fiesta no se me resiste ninguna.

Justo antes de darse la vuelta para alejarse en busca de Eloy, como la primera vez que se vieron, Eva se fijó en los fuertes bíceps del chico que ahora la sonreía con chulería. “Lástima que seas tan gilipollas, porque estás muy bien, capullo”.

El niñato se quedó observando el cuerpazo de Eva mientras se alejaba. Estaba acostumbrado a tirarse a todas las tías que se proponía. Las que estaban más buenas caían rendidas a sus vanidosos encantos tarde a temprano. Sin embargo, la mujer a la que ahora observaba parecía poseer un atractivo superior a todas ellas. Como ya tenía decidido, en ese instante supo que se la iba a follar.

-Hola Eva.

No se lo podía creer. Acababa de evitar a uno para toparse con otro. Silvio la importunó justo cuando había despachado a… no sabía cómo se llamaba el veinteañero.

-Hola… - pareció dudar.

-…Silvio – la ayudó él.

-Eso – forzó la sonrisa.

-¿Estás haciendo musculación? Si quieres puedes verme levantando pesas. Elige los kilos y verás cómo los levanto.

Si aquella era la forma de ligar del cachas, Eva entendería que estuviera soltero. El joven chulito por lo menos lo hacía bastante bien.

-No, gracias, voy a buscar a mi amigo Eloy.

-Vamos, mujer, soy el tío de este gimnasio que puede levantar más peso. ¿No te parece espectacular?

-¿Seguro? – Eva se estaba empezando a mosquear - ¿Has visto a Leon? Yo diría que está más fuerte que tú.

El hombre bajó la cabeza. Siempre había tenido envidia del cuerpazo y la fuerza de esa bestia negra de la naturaleza. Aunque Silvio estaba muy fuerte, jamás podría alcanzar a Leon debido a su fisonomía.

Eva no se esperaba aquella reacción. Aunque quiso picarle por lo pesado que se estaba poniendo, tampoco tenía intención de hacerle daño.

-Perdona, Silvio, no pretendía…

-No, déjalo, tienes razón. Necesito ponerme más fuerte para que me hagas caso.

-¡Que no! – soltó exasperada – ¡Que tengo novio y no quiero nada contigo ni con nadie! A ver si os enteráis…

“¿Pero qué le pasa a la gente en este maldito gimnasio?” masculló entre dientes mientras se alejaba dejando atrás a Silvio.

El cachas se quedó observando cómo se alejaba la mujer por la que se sentía obsesionado. No podía dejar de pensar en ella, en sus gráciles movimientos durante los ejercicios y en sus simpáticos gestos cotidianos. ¿Estaba enamorado? No, solo quería conseguirla, que fuera para él. Un premio.

Aunque Eva acostumbraba a contarle todo a su pareja, no solía explicarle todas las veces que intentaban ligar con ella. Supuso que a Gerardo no le haría mucha gracia, así que se guardó lo que le había pasado ese día con el joven engreído y el cachas treintañero.

-A que no sabes quién va a tu gimnasio… – le soltó Gerardo.

-¿Eloy? – se hizo la tonta, poniendo una divertida mueca.

-El gilipollas de Claudio.

-¡No jodas! – se sorprendió - ¿Y cómo lo sabes? Si no os dirigís la palabra…

-Pues hablando con los compañeros ha surgido el tema y me he enterado. Además, seguro que alguna vez habéis coincidido y todo.

-¿Sí? – Eva se rió con estruendo – Igual hasta me cae bien y todo y no lo sabemos.

-¡Eso nunca! – Gerardo se abalanzó sobre ella, agarrándola de la cintura.

La pareja empezó a juguetear, metiéndose mano, hasta que empezaron a besarse. La pasión fue creciendo hasta que terminaron haciendo el amor en una nueva sesión de sexo memorable. Ahora Eva las aguantaba mucho mejor y no se resentía del esfuerzo tanto como antes cuando estaba peor físicamente y acababa hecha polvo.

“¡Vamos! ¡Vamos!” se motivaba a sí misma mientras se ejercitaba en la elíptica. Llevaba unos minutos esperándole cuando comenzó a oír los auguradores cuchicheos. Solo aquel murmullo ya le empezaba a erizar la piel. Pero cuando lo veía pasar con aquel atractivo porte, no podía evitar cierta excitación. Moisés se estaba convirtiendo en un oculto deseo.

Como siempre, cuando el de las rastas comenzó a correr en la cinta que quedaba en frente, un poco a la derecha, Eva comenzó a fijarse en el guapo hombre. Era la primera vez que lo veía tras conocer el rumor sobre la longitud de su miembro y no pudo evitar imaginarse la entrepierna del chico bamboleándose mientras corría sobre la cinta. Una ligera sonrisa se instauró en el rostro de la mujer, que se fue convirtiendo en una mueca de placer a medida que su imaginación entraba más en detalle.

Los muslos de Eva se rozaban mientras se ejercitaba en la elíptica y un cosquilleo se instauró en su entrepierna. No podía evitarlo, se estaba excitando viendo a aquel hombre e imaginándose cómo debía ser aquello que era digno de ser rumoreado. A punto de soltar un leve gemido de placer debido al roce que el ejercicio le estaba provocando con la tela de sus propias prendas, se detuvo. Avergonzada, se esforzó en dejar la elíptica y marcharse a los vestuarios. Pensaba darse una ducha de agua fría, irse a casa y olvidar lo sucedido.

Antes de alcanzar los vestuarios femeninos, Rodolfo llamó su atención.

-Dime – le contestó ella con desgana.

-Búscate una pareja. Te he organizado un partido de pádel para mañana.

-¿Qué dices? Yo no tengo ni idea de jugar a eso – se quejó Eva.

-Pues ya puedes buscarte a alguien bueno, porque los contrincantes no son principiantes.

-No me jodas, Rodolfo. Juega tú conmigo.

-Ya me gustaría, pero estaré liado. No solo puedo estar por ti, muñeca – le mostró la habitual sonrisa que usaba con todas las chicas guapas – aunque sabes que me encantaría – la piropeó.

-Ya…

-No me falles – y se alejó con prisas.

¿Y ahora qué podía hacer? Necesitaba buscar rápidamente a alguien que quisiera jugar con ella a pádel. Pensó que no debería ser complicado, pero le gustaría encontrar una pareja que estuviera por el partido más que intentando ligársela. Sopesó la posibilidad de decírselo a Eloy, pero también quería tener posibilidades de ganar. De repente, la solución se topó de frente con ella.

Raqueta en mano, Lucas se dirigía, como siempre, hacia las pistas de pádel. Al encontrarse con la mujer más hermosa que conocía, se ruborizó. Solo pudo aguantar unos instantes la mirada con su amor platónico y, en seguida, la bajó.

-Hola – Eva lo saludó.

-Hola – balbuceó levantando la mirada tímidamente.

-Siento molestarte, pero como siempre te veo con la raqueta de pádel, me preguntaba si te gustaría jugar conmigo mañana. Es que mi monitor me ha organizado un partido y no tengo pareja con quién jugar…

El adolescente de 17 años estuvo a punto de decirle que habría mucha gente dispuesta a jugar con ella, pero la vergüenza le paralizó y solo pudo aceptar.

-Claro…

-¡Perfecto! – sonrió ella, entusiasmada – Me llamo Eva.

-Encantado – se quedó inmóvil.

-¿No me vas a decir tu nombre? – sonrió aún más, sabedora de que el chico estaba como un flan.

-Lucas.

-Pues hasta luego, Lucas – bromeó mientras le daba dos besos.

El menor de edad se rio como un tonto. Aún no había despertado de lo que parecía un sueño cuando la vio alejarse. El corazón le iba a mil por hora.

Esa noche Lucas se masturbó, como casi cada día, pensando en la preciosa Eva. Pero esta vez la sesión onanista fue más placentera que nunca. Iba a jugar a pádel con ella y el nerviosismo había ayudado a que la excitación aún fuera mayor que de costumbre.

Al día siguiente, cuando Eva vio aparecer al jovencísimo Lucas con sus pantalones cortos y la camiseta blanca holgada a juego, le despertó una ternura inconmensurable. El chico le transmitía mucha inocencia y, sin conocerlo, le caía muy bien.

Tras las presentaciones con la pareja rival, el partido comenzó. Eva estaba confusa. Lucas no parecía jugar demasiado bien y les estaban pegando una pequeña paliza. Aunque ella era realmente mala, pensó que un chico joven que siempre iba con una raqueta de pádel en la mano jugaría algo mejor.

Lucas no estaba nada concentrado. La vista se le iba una y otra vez tras su hermosa compañera de equipo. La ajustada camiseta de Eva tenía la culpa. Era imposible no fijarse en esas grandes tetas saltando de un lado a otro. ¿Y qué podía decir de cuando se agachaba a recoger la pelota? El prieto trasero de la mujer lo volvía loco.

-Luquitas, o te pones las pilas o nos van a dar una paliza – le sonrió, no queriendo ofenderlo.

Pero el chico no contestó y solo reaccionó avergonzándose y apartando rápidamente la vista de los prominentes senos de su compañera. Eva lo entendió todo y no pudo evitar sonreír, halagada, mientras el chico disimulaba sofocado.

-¿Puedo hacer algo para que te concentres en el partido? – sonrió aún más, con ternura.

-No… yo…

-Bueno, espero que al menos estés disfrutando de las vistas – se giró para agacharse a recoger la pelota.

Lucas pudo observar cómo Eva ponía el culo completamente en pompa. No podía más, como se empalmara iba a pasar un muy mal rato. Intentó concentrarse y obviar a la mujer que le estaba mostrando el trasero.

Extrañamente, a Eva le gustaba sentirse deseada por aquel jovenzuelo. Estaba habituada a que la mayoría de hombres se insinuaran o la miraran con lascivia, pero aquel tierno muchacho era diferente. Tímido, introvertido, parecía sentirse culpable de sus sentimientos hacia ella. Era algo nuevo y reconfortante para Eva, que decidió insinuarse un poco. Ya que no iban a ganar el partido, al menos que el chico se llevara un buen recuerdo del encuentro. La paliza fue tremenda.

Eva había decidido ir a la sauna para relajarse después del partido. De camino a los vestuarios se cruzó con Cuauhtémoc, el sudamericano que hacía artes marciales y siempre la miraba con deseo. Y esta vez no fue menos. El hombre se quedó observando con total descaro el sudoroso cuerpo de Eva. Al contrario que con las miradas de Lucas, con las de Cuauhtémoc se sentía sucia. Aligeró el paso para llegar a su destino, pero antes se fijó en el impresionante tatuaje que recorría el torso del latino. Un colorido dragón parecía nacer de los calzones del hombre y se alzaba arremolinándose por las marcadas abdominales, alcanzando la espalda donde se desplegaba completamente. Justo encima del dragón, en la parte superior de la espalda, se podía leer, en unas llamativas letras de color negro: “El fuego nace en mi interior”. El resto de frases que tenía grabadas, menos perceptibles, no alcanzaba a leerlas.

En la sauna se encontró con un par de mujeres y Agustín, un hombre mayor con el que jamás había coincidido. El señor de 60 años resultó ser muy agradable. Aunque canoso, aún conservaba algo de pelo más allá de la calvicie que ocupaba la mayor parte de su cráneo. El abuelo no era excesivamente mayor, pero las arrugas le daban un aspecto de tierno anciano. Aunque se mantenía en forma, se le notaba la edad en las carnes caídas y la inevitable barriga que conservaba desde que había cumplido la treintena.

Eva no se dio cuenta del tiempo que llevaba charlando con el hombre hasta que las otras dos mujeres se marcharon. Era agradable poder mantener una conversación decente sin que intentaran ligar con ella a cada rato.

-¿Qué hora es? ¿Cuánto tiempo llevamos en la sauna? Agustín, que se me pasa el tiempo volando con usted – sonrió amablemente.

-Hija, ya te he dicho que no me llames de usted.

-Cierto, es que me sale solo.

-Eso es que estás bien educada – la hizo reír.

-Gracias. No me puedo quejar de mis padres.

-A ver si me los presentas algún día, que igual son de mi quinta.

-¿Nos acabamos de conocer y ya quiere usted conocer a mis padres? – bromeó.

-¡Que no me llames de usted! – le recriminó mientras se reía – O al final tendré que darte una reprimenda.

-¿Qué hará…? Quiero decir… ¿Qué harás? Como hacía mi padre, ¿unos cachetes en el culo?

Agustín no era de piedra. Con total disimulo, no había dejado de fijarse en las largas y esbeltas piernas que nacían bajo la toalla que tapaba las partes íntimas de Eva. ¿Darle un cachete en el culo? Le encantaría. Pero se limitó a reírle la gracia y continuar la conversación como si tal cosa.

-Creo que debería marcharme ya – comentó Eva, completamente empapada debido al vapor de la sauna – ¿Usted… tú no llevas mucho tiempo?

-Estoy acostumbrado, mira lo arrugado que estoy – bromeó haciéndola reír.

-Bueno, ha sido un verdadero placer conversar contigo – se esforzó por tutearle.

-Normal. Debe ser agradable hablar con alguien que no te tenga envidia o quiera llevarte a la cama.

-¡Joder, Agustín! ¡Es justo eso! – se sorprendió.

-Mujer, que ya tengo una edad, pero aún sé cuándo una mujer es guapa y levanta envidias y pasiones.

Eva rió agradecida.

-No es para tanto.

-Lo que usted diga – bromeó el anciano – Pero cuando quieras charlar un poco y evitar malos rollos y moscones, aquí me tienes.

-Eres un sol – y se acercó para besarlo en la frente.

El generoso escote que formaba la toalla atada alrededor del cuerpo de Eva se acercó rápidamente al rostro de Agustín que no perdió detalle. Aquellas magníficas tetas se pararon muy cerca de su nariz. El hombre husmeó ligeramente y se deleitó con la visión de aquel morboso canalillo. Tras el cariñoso gesto, Eva dio por concluida la sesión en la sauna.

Desde su desafortunado calentón en la elíptica observando a Moisés, no había vuelto a ver al chico de las rastas. Tal vez inconscientemente lo había evitado. Le había dado varias vueltas a la cabeza, pues nunca antes se había sentido excitada por la mera visión de un hombre, como era el caso. Finalmente concluyó que debía romper el mito de hombre misterioso, el único de todo el gimnasio que no caía rendido a sus pies, que tenía Moisés. Así que se dispuso a conocerlo.

-Hola, perdona – llamó su atención.

El apuesto chico se giró, intrigado por saber quién le reclamaba. Ella, dispuesta a no dejarse llevar por sus instintos más primarios, continuó:

-Llevamos un tiempo coincidiendo por las instalaciones y nunca hemos hablado, ¿verdad? – se hizo la tonta.

-¡Oh! – se hizo el sorprendido – lo cierto es que nunca me había fijado.

Esa respuesta picó a Eva. “¿De verdad nunca te has fijado en mí? ¿Lo dices en serio?”.

-Bueno, me llamo Eva – y se lanzó a darle dos besos.

-Moisés. Encantado.

El hombre no se limitó a poner la mejilla. La rodeó con su fuerte brazo y la atrajo ligeramente hacia sí. Eva se moría de ganas porque la abrazara y arrimara un poco más el cuerpo, pero no fue el caso. La mujer tenía las pulsaciones a mil.

Aunque le había conocido como tenía previsto, a Eva le pareció poco, que había ido todo demasiado rápido. Iban a despedirse cuando él la sorprendió.

-Por cierto, si te soy sincero, debo confesar que sí me había fijado en ti – soltó el chico junto a una sonrisa traviesa antes de alejarse de ella, pasando por su lado.

Eva dibujó una sonrisa de oreja a oreja en su rostro. Aquella confesión le hacía sentirse guapa, más si cabe. “Bueno, ya está hecho. Ya no es un enigmático desconocido que me ignora”. Aún le duraba la sonrisa cuando Silvio la atacó de nuevo.

-Eva, no he podido evitar fijarme que estabas charlando con Moisés.

“¿No has podido evitarlo? ¿De verdad?”

-Supongo que habrás oído rumores… - prosiguió.

Eva estaba descolocada. ¿Silvio le iba a hablar sobre el pito de Moisés? No pudo evitar sonreír debido a lo disparatado que parecía.

-Sí, algo he oído… - sonrió morbosamente.

-No te los creas. Yo lo he visto en los vestuarios y no es lo que se dice.

Ahora lo entendía. Silvio simplemente quería desmentirle las habladurías de que Moisés la tenía grande, lo cual aún le daba mayor credibilidad al rumor.

-¿Y qué haces tú fijándote en las cositas de tus compañeros? – se rio.

-Son cosas inevitables – sonrió, nervioso.

-Ya, bueno, lo cierto es que tengo un topo en los vestuarios masculinos – dibujó una sonrisa, recordando a Eloy – y a mí me han dicho todo lo contrario. ¿No será que estás envidioso? – se burló de él.

-¿Tu amigo el gordito? – A Eva no le sentó demasiado bien que llamara a Eloy de esa forma despectiva - Seguro que también te ha dicho que él la tiene grande. Pues que sepas que la tiene bastante pequeña.

-¡Me da absolutamente igual cómo la tengáis todos! – Silvio le sacaba de sus casillas – A mí solo me interesa una y no viene a este gimnasio – y se marchó, molesta.

Ya que apenas coincidían en el gimnasio, Eva y Eloy quedaron para tomar algo al salir, antes de irse a casa. Fueron a un bar. Mientras ella se tomaba un café y él una cerveza, iban comentando los avances en el gimnasio, bromeando sobre rumores y charlando de amistades comunes, entre ellas, Gerardo.

-Pues ahora he empezado un novedoso sistema de adelgazamiento – le contaba Eloy a su amiga.

-¿Desde cuándo? – se extrañó.

-El otro día. El monitor me llevó a un recinto enorme. En medio había una tía despampanante, en bragas y chanclas, que me dijo que si la pillaba, me la follaba.

Eva ya se estaba tronchando de la risa viendo que su amigo estaba bromeando.

-¿Pero cómo de despampanante? – quiso entrar en el juego.

-Estaba casi tan buena como tú, o sea, increíble.

-¡Tonto! – le golpeó en el muslo – Bueno, ¿y qué tal fue, cazaste a la tía? – le guiñó un ojo.

-¡Y tanto! Incluso le dije al monitor que necesitaba algo más intensivo esperando que me llevara a otra sala y aparecieras tú.

-¡Oye! Que al final me lo voy a creer…

“Pues créetelo”, estuvo tentado de contestar.

-El caso es que el muy cabrón me lleva a otro sitio y no sabes quién aparece…

-¿Quién?

-Aparece Leon y me suelta que si me coge, me folla – Eva se moría de la risa – ¡No veas si corrí!


Tras unos minutos, cuando se le pasó el ataque de risa, la mujer continuó la conversación:

-Por cierto, el otro día me dijo Gerardo que su compañero del fútbol, aquel con el que se peleó, va al gimnasio con nosotros.

-Estás de coña.

-No, en serio, pero no sé quién es.

-Pues cualquiera de los niñatos.

-Claudio – contestó una voz familiar para Eva.

-¡Hola, Agustín! – la mujer saludó efusivamente al hombre mayor, que acababa de entrar al bar.

-Hola, guapa. El chico del que habláis es Claudio.

-Ya, pero ¿y quién es? – preguntó Eva.

-Sí, el chulito de las máquinas de musculación – desveló Eloy.

-¡No me digas! ¿Y cómo lo sabe ust…? ¿Cómo lo sabes? – se dirigió al sexagenario.

-Tu novio juega en el equipo del barrio, ¿no? El veterano.

-Sí.

-Pues yo los estaba viendo entrenar cuando se pelearon.

-¡Ostras! Así que es ese…

Tras descubrir la personalidad de la enemistad de su pareja, Eva estaba deseosa de contárselo a Gerardo. Y, ¿por qué no?, chincharle un poco.

-Hoy me he enterado de quién es tu compañero del fútbol – comenzó la conversación.

-¡Ah! ¿sí? ¿Has estado investigando?

-No, tonto. Agustín, un hombre mayor que va al gimnasio y, al parecer,  es seguidor de vuestro equipo, me lo ha contado.

-¿Y qué? A que es gilipollas…

-¿El pobre Agustín? – bromeó.

-¡Qué no, idiota!

La exasperación de Gerardo la hizo reír.

-Sí, la verdad es que es un poco chulito.

-¿Un poco solo?

-¿Sabes que el tío intentó ligar conmigo?

-¿Lo dices en serio? – a Gerardo no le hizo ninguna gracia.

-Sí. Y… pues no está nada mal el chaval.

-Eva, no me toques los cojones.

-Lo digo en serio – quería picarle un poco más – Mantengo mi idea de que pongáis un poco de barro la próxima vez que os peleéis y me aviséis para el espectáculo.

El gesto de Gerardo lo dijo todo, la mató con la mirada.

-No te enfades, que estoy de cachondeo.

-Más te vale.

-Pero… el tío está bueno – insistió en chincharle.

-Vete a la mierda – se enfadó definitivamente.

Habían pasado unas cuantas semanas desde que Eva comenzara su andadura en el gimnasio junto a su amigo Eloy. Ahora, gracias al trabajo de Rodolfo, la mujer sentía los frutos de su esfuerzo. Aunque aún no podía decir que estuviera en plena forma, sí es cierto que empezaba a alcanzar un buen estado físico.

Como Gerardo le había enseñado y siempre hacía antes de comenzar los ejercicios, Eva se dispuso a estirar. Ese día llevaba las mallas azul marino, una de tantas que se había comprado para el gimnasio. La tela de la prenda se ceñía a sus piernas actuando como si fuera su propia piel. A juego, tenía una chaqueta del mismo color que se había dejado en los vestuarios y, por tanto, únicamente llevaba el top de color negro. Al igual que las mallas, la prenda de la parte de arriba se adhería al considerable volumen de sus pechos, dejando al descubierto el vientre que siempre había tenido completamente liso sin necesidad de ejercitarlo.

-Ven, que te ayudo a estirar – se ofreció Rodolfo, como siempre que tenía ocasión.

Eva sabía lo que tocaba, aguantar las disimuladas metidas de mano del monitor. Por suerte, jamás se había propasado y no se había visto obligada a pararle los pies. Ya estaba acostumbrada a su forma de actuar y a tener que verle el enorme paquete que siempre lucía.

A Rodolfo le gustaba tontear con ella, disfrutaba sobremanera de aquella mujer. Simplemente acariciarla era un placer y pensaba hacerlo tantas veces como tuviera ocasión. Siempre había actuado igual con el resto de chicas, pero ahora todas le parecían poca cosa comparadas con Eva.

-¿Por dónde empezamos? – preguntó ella ingenuamente.

-Túmbate – le señaló una de las colchonetas.

Eva le hizo caso y, tal y como le indicó Rodolfo, alzó la pierna derecha mientras dejaba estirada la izquierda en el suelo.

Tocarle la pierna con la excusa de ayudarla a estirar ya era suficientemente excitante, pero si a eso se le unía la visión de la entrepierna tras la prieta tela de la malla, el placer del monitor era inconmensurable. Rodolfo, disimuladamente, deslizó las manos por el gemelo de Eva, acercándose a los muslos como había hecho tantas otras veces.

La mujer se puso alerta, como siempre. Normalmente sobrepasaba la rodilla, le tocaba un poco el muslo y cambiaba de pierna. Pero esta vez fue diferente. Las manos del monitor se recrearon más tiempo que de costumbre en sobarle los carnosos muslos. No parecía dispuesto a ir más allá, pero ella tampoco estaba dispuesta a dejarse sobar más de la cuenta. Sin embargo, cuando estuvo a punto de recriminárselo, Rodolfo se detuvo.

-Cambio de pierna.

Dibujando una clara muestra de desaprobación en el rostro, Eva le hizo caso. Bajó la pierna derecha y alzó la izquierda. Rodolfo copió los pasos que había realizado anteriormente.

El monitor sabía que se la estaba jugando. Durante los años que llevaba en el gimnasio siempre había sido muy sutil con todas las alumnas, pero aquella mujer le hacía actuar de forma menos racional y más impetuosa. En vez de deslizar las manos a través del gemelo como siempre hacía, hasta alcanzar la rodilla, comenzó casi a masajear el músculo de Eva. Absorto en el bulto que se formaba en la entrepierna de la mujer debido a la postura, no se fijó en la mueca de la morena, que cada vez se tornaba más irritada. Al alcanzar el muslo, el hombre siguió apretando la apetitosa carne.

Aquello era demasiado, si Rodolfo no paraba de sobarla de inmediato, lo pararía ella. Aunque los inesperados masajes eran placenteros, no podía permitir que aquello continuara. De repente, la mano del monitor traspasó la línea que jamás había rebasado. Eva sintió cómo se acercaba hacia su sexo, por la parte interna del muslo. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Cuando la mano le palpó la parte superior de la pierna, a escasos centímetros del pubis, haciendo que la parte interior de las mallas se deslizara por su sexo, sonaron las alarmas definitivamente.

-Rodolfo… - le recriminó débilmente, con un hilillo de voz.

-Cambiemos de estiramiento – se separó de ella, dejándola tumbada en el suelo con la expresión turbada – Coge la barra esa y, de pie, colócala en el suelo delante de ti.

Aún en shock por la clara metida de mano de Rodolfo, Eva hizo caso a su monitor.

-Abre ligeramente las piernas – prosiguió con las instrucciones – y agáchate a recoger la barra. Piernas y espalda rectas.

Mientras la mujer se inclinaba siguiendo las indicaciones, el hombre se puso delante, hacia un lado, de modo que Eva tenía una clara visión de aquel enorme paquete cada vez que se agachaba. El bulto parecía más grande que de costumbre. ¿Se habría empalmado metiéndole mano? Eva se recriminó a sí misma por esos pensamientos. Intentó concentrarse en la barra, pero no pudo. Al instante ya estaba otra vez observando disimuladamente la otra barra, la que se escondía tras aquellas prietas mallas de Rodolfo.

-La espalda recta – le recriminó mientras se posicionaba detrás de Eva, para corregirla.

Aún se estaba alegrando de que le hubieran quitado la visión de aquel paquete que tanto le tentaba, cuando el monitor la sorprendió nuevamente. Mientras el hombre le acariciaba el abdomen y la espalda con la excusa de obligarla a mantenerla recta, sintió cómo entre sus nalgas se deslizaba un barrote semirrígido. Rodolfo le estaba restregando la polla por el culo. Eva pensó que había sido casual hasta que notó la rigidez que aquello comenzaba a evidenciar.

-Vamos a hacer un poco de press de banca – soltó el monitor, justo antes de que ella pudiera recriminarle lo que estaba haciendo.

Eva no sabía cómo reaccionar. Rodolfo estaba siendo tan descarado como sutil. Y ella despreciaba todo aquello como placentero le estaba resultando. Sentir semejante verga restregándose entre las nalgas no era desagradable precisamente, aunque sí reprobable. Al girarse para observar el abultado paquete, no pudo evitar una sonrisa. Era más que evidente que el monitor tenía una erección, pero no parecía avergonzarse. Decidió no montarle un pollo y seguir con el juego. Al fin y al cabo, no iba a ir más allá.

Rodolfo estaba desatado, disfrutando como nunca. Incluso no le importaba haberse empalmado y que alguien pudiera verle. Pensaba seguir arriesgando. El morboso momento y Eva bien lo merecían.

Tumbada sobre el banco de pesas, el Paquete le acercó la barra que debía levantar. Sin mirar, Eva echó las manos hacia atrás para agarrar el peso. El hombre había colocado su miembro justo por debajo de la barra y pasó lo inevitable, la morena agarró la durísima polla del monitor.

-¡Ay! – reaccionó rápidamente, sin darle mayor importancia pues no sabía que había sido una treta de Rodolfo, soltando la verga y agarrando ahora sí la pesa.

-No te preocupes – concilió, como si no hubiera roto ningún plato.

Eva giró ligeramente el rostro, alzando la vista para observar el paquete que acababa de sobar. Tan próximo y empalmado, parecía extraordinariamente enorme. Puso una mueca de deleite por la morbosa visión y se dispuso a realizar el ejercicio.

-Pesa mucho – se quejó Eva.

-Yo te ayudo – se ofreció Rodolfo, que le había puesto más peso del que podía levantar a caso hecho.

El hombre agarró la barra, subiéndola y bajándola acompasado con su alumna. Mientras lo hacía, manteniendo la espalda recta, flexionaba las rodillas agachándose y alzándose según el caso. Con el movimiento, pretendía acercar el paquete al hermoso rostro de la morena que estaba debajo.

La mujer sintió que algo le rozaba el pelo. Las manos de Rodolfo no podían ser pues las tenía ocupadas agarrando la barra. De repente, algo le acarició levemente la cabeza. No tardó en darse cuenta de que se trataba el paquete del monitor. Echó la mirada atrás nuevamente y observó el enorme fardo acercándose peligrosamente. El paquete se restregó por la frente de Eva.

-¡Ya vale! – se reveló finalmente alzándose de la banca de pesas.

-¿Qué pasa? – se hizo el tonto.

-¡Joder, Rodolfo! No me hagas decirte lo que pasa.

Debido a la cara de extrañeza del monitor, Eva le señaló la erección. El hombre sonrió pícaramente, sin darle importancia.

-¿Se puede saber por qué vas siempre mostrando paquete?

-A las chicas les gusta – siguió sonriendo, orgulloso - ¿A ti no te gusta?

-Si te digo la verdad, me es indiferente. De hecho, diría más bien que me desagradada.

-¿Seguro? Si quieres te la enseño.

Eva rio a carcajadas. No se esperaba aquel ofrecimiento.

-No, gracias.

-Hagamos una cosa. Apostamos algo y si yo gano te la enseño.

-Eres un cerdo exhibicionista – le recriminó.

-Lo admito – se sinceró haciéndola reír nuevamente.

-Está bien. Acepto. Y si yo gano, me enseñas los vestuarios masculinos.

Ahora reía él.

De repente, Eloy hizo acto de presencia, cortando la conversación entre monitor y alumna.

-Eva, te estaba buscando.

-¿Sí? Dime. ¿Qué pasa? – se preocupó al ver el semblante serio de su amigo.

-Me voy a borrar del gimnasio.

-¿Y eso? – en el rostro de la mujer se marcó la preocupación.

-Yo me apunté para acompañarte y ahora casi no coincidimos…

-Ya, pero al menos nos vemos más que antes de ir al gimnasio. Y yo me lo paso muy bien cuando estamos juntos, ya lo sabes.

A Eloy se le partía el alma escuchando aquellas palabras que intentaban disuadirle de la decisión que tanto le había costado tomar.

-Ya, pero es que…

-¿Qué pasa? Hay algo más, ¿no?

El silencio de Eloy denotaba su inquietud e incomodidad.

-Dímelo – insistió ella.

-Es ese pesado de Claudio – confesó – No deja de meterse conmigo y bromear mientras hago los ejercicios de pesas porque estoy fofo.

-¡Vamos, no me jodas! ¿¡Pero qué le pasa al niñato ese con toda la gente que me importa!? ¿Quién se ha creído que es?

-Por eso no te lo quería decir… Primero Gerardo, ahora yo. Ese chaval es un gilipollas, pero tampoco quiero que tengas un pollo con él por mi culpa.

-No lo tendré si me prometes que no lo dejas – forzó la sonrisa, intentando convencerlo.

-No insistas, de verdad. Es una tortura tener que oírle según qué cosas. Es humillante.

Eva sentía cómo el odio hacia Claudio se acrecentaba en su interior.

-Mejor no me las cuentes porque entonces sí voy a ir para él a decirle cuatro cosas… ¡Y de fofo nada! Que te estás poniendo bien guapo – mintió.

-Pues nada, era solo para decirte eso. Yo me marcho ya. Ya hablaremos, ¿vale?

-Bueno, pero prométeme que al menos te lo pensarás. Quedamos un día y yo te convenzo rápido – ahora sí sonrió sinceramente.

Eloy le devolvió la sonrisa, sabedor de que si Eva se lo proponía, podía convencerle fácilmente. La observó por última vez envuelta en aquella ropa ajustada que tan bien le quedaba, dibujando todas y cada una de las peligrosas curvas de su cuerpo, y se sintió triste.

En cuanto su amigo se marchó hacia los vestuarios, ni corta ni perezosa, Eva se fue en busca de Claudio.

-Oye, chaval, ¿se puede saber qué le has dicho a Eloy? ¿Quién te crees tú para intentar humillar a nadie?

-¿Quién coño es Eloy? – se hizo el tonto.

-Mi amigo.

-¡Ah! El gordito – se rio sonoramente, exasperando a la mujer.

-Vale, chicos – intentó poner paz Rodolfo, que había seguido a Eva.

-Pues que sepas que el gordito, como tú lo llamas, estaba esforzándose por mejorar su estado físico y por tu culpa lo ha dejado.

-Así que encima de gordo, es un cobarde.

-Mira chaval, tú lo que necesitas es que alguien te de dos ostias bien dadas y te ponga en tu sitio.

-¿Y quién me las va a dar? – sonrió con prepotencia, mostrando todo su atractivo.

“Gilipollas”, pensó Eva. Le daba tanta rabia que alguien tan irritantemente chulesco e irrespetuoso lo tuviera todo tan fácil… Era alto, guapo y fuerte, un tío bueno. Debía estar acostumbrado a obtener siempre todo lo que quisiera y eso le daba muchísimo coraje a la amiga de Eloy.

De repente, tras Claudio, la mujer vio aparecer la respuesta a la pregunta.

-Leon.

-¿Qué? – se extrañó el chulesco veinteañero.

-¿Qué te parece si haces un pulso con Leon? A ver quién gana… - sonrió, orgullosa de la idea que acababa de tener, convencida de que era imposible que ganara al tío más cachas que conocía.

-No digas tonterías…

-¿Quién es el cobarde ahora?

Claudio rio ante aquella reacción de Eva.

-Está bien. Si eso es lo que quieres… - aceptó mostrando total indiferencia.

-Ya tenemos apuesta – se giró Eva, con disimulo, hacia Rodolfo, haciéndolo sonreír.

Aunque costó convencerlo, Leon finalmente accedió a las peticiones de Eva y Claudio. Los dos hombres se batieron en un duelo a pulsos. Ganaría el mejor de 3. Los preparativos fueron sencillos: los dos contrincantes descamisados y Rodolfo como árbitro.

Eva no se esperaba que aquello acabara convirtiéndose en un espectáculo. El enormemente musculado torso de Leon ya era increíble por sí solo, pero ver los dos fornidos cuerpos en tensión, durante el pulso, le alegró la vista sobremanera. Para su sorpresa, Claudio aguantó muchísimo a su contrincante, poniéndolo contra las cuerdas, pero finalmente la lógica se impuso y el negro ganó la primera manga.

Durante el segundo pulso llegó la sorpresa. En un alarde de estoicismo bárbaro, Claudio consiguió doblegar a un confiado Leon. Eva estaba alucinada con la fuerza del joven compañero de su novio. Realmente estaba muy fuerte a pesar de no tener tanta musculatura como el afroamericano.

La dedicatoria de la victoria del chulito, la descolocó. Sudoroso, con la musculatura aún en tensión debido al enorme esfuerzo y las verdes y gruesas venas del brazo aún palpitando, le pareció que Claudio estaba más bueno si cabe de lo que siempre había pensado. Sonrió amablemente, agradecida por la dedicatoria, y borró esos penosos pensamientos de su mente.

Completamente igualados en el tercer pulso, con los dos forzudos en pleno esfuerzo, Eva estaba intranquila. “Que no gane, que no gane” es lo único que podía pensar. Imaginarse la reacción airada de Claudio si se alzaba con la victoria la ponía de los nervios. Aunque inconscientemente temía estar deseando que se la dedicara. Por suerte, Leon parecía tomar la iniciativa, cuando de repente:

-¡Mierda! – masculló el hombretón negro.

Claudio aprovechó para hacer un último esfuerzo y doblegar a su rival, que se quejaba de un dolor en el antebrazo.

“¡Mierda!” ¿Claudio había ganado a Leon? ¿Cómo podía ser? Parecía un plan perfecto para bajarle los humos al niñato y había resultado todo lo contrario, le había engrandecido más la autoestima, si es que eso era posible. Encima, la mirada risueña de Rodolfo le recordaba que había perdido la apuesta y tendría que verle el pito al monitor. “Tampoco parecía algo tan malo, ¿no?”. Pero lo que más le molestaba, muy a su pesar, es que aquel guapo veinteañero descamisado que celebraba la épica victoria, no se la había dedicado.

Aunque la mujer no llegó a enterarse, la derrota de Leon tenía una explicación. Al no calentar, el hombre se había hecho daño y su contrincante había aprovechado el momento de dolor para batirle.

-Bueno, creo que he ganado la apuesta – el Paquete se dirigió a Eva cuando la situación se calmó y volvieron a quedarse a solas - ¿Vamos a un sitio más discreto? – sonrió pícaramente.

-Supongo que no puedo echarme atrás, ¿no? - se resignó, poniendo una graciosa mueca de súplica.

Eva y Rodolfo fueron a una de las salas en las que los monitores hacían las entrevistas individualizadas. Allí nadie los molestaría.

Aunque la mujer había perdido y debía pagar, lo cierto es que empezaba a sentir cierta curiosidad por ver aquello tan grande que se escondía bajo las mallas del monitor. Aunque no era consciente de ello, todo lo ocurrido le había subido la libido y estaba algo más desatada de lo que le gustaría. Sentada en una de las sillas del despacho, con las piernas cruzadas, se quedó expectante esperando a que empezara el espectáculo.

Rodolfo observó que la preciosa Eva tenía la vista fija en su paquete. El monitor sonrió pensando que la mujer debía tener más ganas de vérsela de lo que evidenciaba. Antes de empezar, se sobó la entrepierna, provocando una risa nerviosa en la improvisada voyeur.

El hombre se agarró la tela de las mallas y, poco a poco, la fue deslizando hacia abajo. A medida que lo hacía, la flácida verga se iba recolocando, apuntando hacia el suelo, de modo que Eva tuvo una visión paulatina de toda la polla. Primero el pubis, completamente rasurado, después el grueso tronco y, detrás de este, las bolsas testiculares que no eran precisamente pequeñas. Por último, tras centímetros y centímetros de polla, apareció un abultado glande blanquecino.

“¡Guau!” fue todo lo que pasó por la cabeza de Eva. Ya se intuía bajo las mallas, pero verla directamente sin ropa de por medio, era altamente espectacular.

-¿No dices nada? ¿Qué te parece?

-Muy bonita, pero nada del otro mundo – mintió, ocultando sus pensamientos.

-Si me la acaricias, te muestro los vestuarios – sonrió, intranquilo, sabiendo que se estaba jugando una baza importante.

Eva rio divertida ante la alocada propuesta. No pensaba sobársela por mucha curiosidad que tuviera por verla empalmada. Sin embargo, una traviesa idea le vino a la mente. Si Rodolfo tenía un buen pollón, ¿cómo sería la que era merecedora de ser rumoreada? ¿Estaría Moisés en los vestuarios? Una repentina ola de placer se instauró en su vagina, haciéndola desear tocarse. Incómoda, separó las piernas, abriéndolas ligeramente, y se reclinó hacia delante. Alargando el brazo, agarró la enorme verga que colgada delante de ella.

-Está bien, pero asegúrate de que el rastafari esté dentro – sonrió intranquila, sabedora de que comenzaba a perder los papeles. Quería averiguar si el rumor era cierto.

Tras unos segundos, suficientes para observar los tiesos 21 centímetros que estaba masturbando, dejó de manosearle la verga a Rodolfo y, con toda la dignidad que le quedaba, se alzó para salir del despacho en dirección a los vestuarios masculinos. El monitor se subió rápidamente las mallas y corrió tras ella.

De camino, Eva le iba dando demasiadas vueltas a la cabeza. Era una locura entrar ahí. A saber lo que se podía encontrar… Decidió tomar una serie de precauciones.

-Entras tú primero – le explicó a Rodolfo – y te aseguras de que no haya nadie… ya sabes… que no se pueda ver.

Aquello le dificultaría cumplir su deseo de comprobar si el rumor sobre los dotes de Moisés eran ciertos, pero pensó que sería mucho peor encontrarse con los dotes de cualquier otro.

-Y asegúrate de que Moisés está dentro… - continuó – En las duchas si puede ser – le guiñó un ojo.

-Tú tranquila, que te lo has ganado.

-¡Y tanto! – bromeó, orgullosa.

Rodolfo entró a los vestuarios y, tras echar un rápido vistazo, salió en busca de Eva.

-Puedes pasar – le instó.

-¿Está dentro?

-Se está duchando – le afirmó provocándole una sonrisa de satisfacción.

Con el pulso acelerado, la mujer entró a los vestuarios masculinos. Aunque esperaba no ver nada raro debido a las instrucciones que le había dado a Rodolfo, no podía evitar el típico nerviosismo del niño que sabe que está haciendo algo malo. Cuando por fin entró, se llevó una tremenda sorpresa.

Silvio, que estaba completamente desnudo, fue el primero en verla. Asustado, rápidamente se tapó con la toalla. Eloy, que tras la ducha estaba ya vestido de calle a punto de marcharse definitivamente, alucinó al ver entrar a su amiga. Leon, que había anulado su sesión de entreno por el dolor en el antebrazo, estaba completamente desnudo e impasible ante la presencia femenina. Por último, un cuarentón desconocido que Eva nunca había visto, estaba ataviado con la ropa de deporte a punto de empezar su primer día en el gimnasio.

-No te dije que… - se dirigió a Rodolfo para darse cuenta de que el monitor se estaba tronchando de la risa.

-Eva, ¿qué haces aquí? – se extrañó Eloy.

-Ya sabes que me quedé con las ganas de ver los vestuarios masculinos desde el primer día – bromeó mientras observaba, más allá de su amigo, a Leon.

El negro estaba de espaldas, mostrando su portentosa anatomía que definía a la perfección cada uno de los músculos de la espalda y las piernas. Parecía tener un culo prieto, acorde con el resto del cuerpazo. De repente, se giró, mostrando los fornidos pectorales que ya luciera durante los pulsos. La novedad era la enorme tranca de color negro oscuro que Leon tenía entre las dos musculosas piernas. Parecía más grande que la de Rodolfo. Un nudo se hizo en la garganta de Eva. ¿La de Moisés sería aún mayor? Se empezaba a morir de ganas por descubrirlo. Y una maligna idea se depositó en su mente. Nunca había estado con un negro.

-¿Y es lo que te esperabas? – rio divertido Eloy – Casi me pillas en bolas. Si entras un poco antes…

-Bueno, aún me falta ver las duchas – sonrió ignorando el comentario de su amigo.

-Por aquí – la invitó Rodolfo.

Antes de seguirle, la mirada de Eva se cruzó unos instantes con la de Silvio, que parecía avergonzado. La mujer se extrañó. Con lo pesado que estaba siempre y ahora no era capaz ni de mantenerle la mirada.

El vaho inundaba la zona de las duchas. No se veía prácticamente nada aunque se oía claramente el agua de uno de los grifos golpeando un cuerpo masculino. Eva miró hacia la zona de la que provenía el sonido y, poco a poco, se fue aclarando una imagen. Entre el vapor, surgió el contorno de un cuerpo desdibujado por la neblina. Lentamente, el trazo discontinuo se fue alineando mostrando el rostro y las rastas del adonis por el que estaba allí. El guapo hombre la miró, acelerándole el pulso, mientras la bruma seguía deshaciéndose. El torso de Moisés era tal y como sus ceñidas camisetas auguraban, completamente fibrado, sin excesivos músculos. De repente, el agua dejó de caer, aunque el sonido seguía oyéndose, más tenue y alejado. El vapor bailaba alrededor de la cintura del chico, que se acercó a Eva, alzando la bruma a medida que se aproximaba.

De entre la niebla, salió la bestia. A unos escasos metros de distancia, Eva pudo observar el enorme pollón del de las rastas. A pesar de estar completamente flácida, era más grande que la de Gerardo empalmada. Entusiasmada, no se creía lo que veían sus ojos. Pensó que la ducha de agua caliente debía ayudar a que la verga pareciera estar tan hinchada. Tuvo que hacer un esfuerzo para dejar de mirarle la polla y alzar la vista.

Silvio estaba intranquilo. Sabía que Moisés estaba en las duchas y temía que a Eva le gustara lo que viera. De hecho, estaba seguro de que le gustaría. Desde que la había visto entrar se había quedado inmóvil, sentado en el banco del vestuario, tapando sus vergüenzas con la toalla. Aunque debía entrar a ducharse, no se atrevía a hacerlo.

Eloy quería esperar a su amiga antes de marcharse. Ahora estaba descolocado, escuchando las risas que provenían de las duchas. ¿Qué estaban haciendo? La visita de Eva parecía estar alargándose más de lo debido. Y las risas continuaban.

-Es que es mucho más divertido este vestuario – bromeaba Eva con Moisés y Rodolfo – En el de las chicas solo oigo cotilleos sobre chicos. Aquí los compruebo – rio conjuntamente con los dos hombres.

Leon seguía indiferente a lo que estaba sucediendo. Preocupado por su posible lesión, se estaba haciendo un vendaje preventivo. Como perdiera horas de entreno por un maldito juego de pulsos…

El desconocido estaba alucinado. Era su primer día y no sabía si lo que estaba viendo era habitual. Aunque ya estaba listo para salir y empezar el entreno, decidió esperar un poco para cotillear, a ver qué pasaba.

-¿Por qué no te duchas con nosotros? – le sugirió Moisés a Eva, haciéndola reír nuevamente.

-Es que no me he traído nada. Vengo con lo puesto – gesticuló dejando ver a los dos hombres su hermosa silueta envuelta en las mallas azules y el top negro.

Ambos se quedaron embelesados con el estilizado cuerpo de la mujer y sus sensuales movimientos mientras se giraba para mostrarles todas las partes de su figura.

-Eso son excusas – sonrió sensualmente Moisés.

-Tal vez – le devolvió la sonrisa en lo que parecía un coqueteo en toda regla.

-¡Pues nada de excusas! – Rodolfo agarró a la mujer de la cintura y la llevó hasta las duchas.

Allí, apretó uno de los botones y ambos quedaron empapados bajo el grifo que emanaba agua caliente y provocaba que el vaho volviera a envolver los cuerpos en la niebla. Con parsimonia, Moisés se dirigió nuevamente hacia la ducha que ahora mojaba a Eva y el monitor.

-¿Dónde se ha visto a alguien duchándose con la ropa puesta? – se quejó Rodolfo - ¿Por qué no te quitas esto? – le estiró del top.

El monitor ya se había desnudado completamente y, junto a Moisés, estaban cada uno a un lado de la dama que no se había desprendido de la ropa del gimnasio a pesar de tenerla empapada. Si la elástica tela del top y las mallas ya se adherían a su piel en circunstancias normales, ahora prácticamente no se podían distinguir. Los pezones se marcaban claramente en el mojado top y los labios vaginales se adherían a las húmedas mallas.

-Es que tampoco tengo jabón.

-¿Otra excusa? – se quejó nuevamente Rodolfo.

De repente oyeron un golpe al otro lado, en la contigua hilera de duchas.

-No estamos solos – se preocupó Eva.

El trío se dirigió al lugar del que había provenido el sonoro golpe que habían escuchado. Agazapado, intentando guardar silencio para no ser descubierto, entre el vapor, se escondía un excitado Lucas.

-Mira a quién tenemos aquí. Un mirón – sonrió el monitor.

-¿Pero qué haces ahí, Lucas? – le sonrió Eva amablemente.

-Tengo jabón – lo alzó ofreciéndoselo a la mujer, a la que le hizo reír irremediablemente.

-Anda, levanta – le instó.

Lucas le hizo caso. El delgado cuerpo del chico se alzó del ovillo que se había hecho mostrando unas marcadas abdominales y un pubis imberbe. Para sorpresa de Eva, el adolescente mostraba una tremenda erección de 18 centímetros.

-¡Joder! – se le escapó al ver semejante cipote.

Aunque comprendía que se hubiera empalmado por la situación, jamás se hubiera imaginado que el crío pudiera estar tan bien dotado.

-¿Puedo ducharme con vosotros? – preguntó inocentemente, deseoso de compartir ese glorioso momento con la diosa de sus sueños más calenturientos.

-No es tonto el niño – masculló Rodolfo.

-¡Claro que sí, chaval! – le invitó Moisés – Tú trae el jabón que así Eva ya no tiene excusa.

La mujer quiso matarle con la mirada, pero no pudo evitar la sonrisa por mucho que intentó fruncir el ceño.

Mientras Eva se deshacía de las pegajosas mallas, los tres hombres la observaban con deleite. El más joven no pudo evitar llevarse una mano a la polla, masajeándosela ligeramente. A Rodolfo, que ya tenía la polla morcillona, se le salían los ojos de las órbitas intentando contemplar toda la belleza que se desbordaba ante su vista. Más sereno, Moisés sonreía sin dejar de cruzarse miradas cómplices con Eva, objeto de deseo de todo el gimnasio.

-Deja de hacer eso si quieres ducharte conmigo – le recriminó Eva a Lucas, al verlo masturbándose.

El chico paró en seguida para deleitarse con el siguiente gesto de la mujer. De frente al trío de machos, mostrando un pubis arreglado, con una línea de vello central que se difuminaba hacia los lados y de la que colgaban las gotas del agua que seguía mojándola, Eva empezó a deshacerse del top. Fue un gesto rápido. De repente, ante los improvisados voyeurs aparecieron, saltarines, los magníficos senos de la tía buena. La polla de Lucas dio un respingo.

Los gritos y risas provenientes de las duchas ya eran claramente notorios. Eloy ya estaba de los nervios, al igual que Silvio, cuando Claudio entró en los vestuarios.

-¿Qué pasa aquí? – preguntó de malas formas, al ver el enrarecido ambiente de la estancia.

-Que me has lesionado, tío – le contestó Leon, malhumorado.

-¿Y tú qué haces aún aquí, gordito? – se dirigió a Eloy ignorando la respuesta de Leon - ¿No te ibas ya? Eso al menos me ha dicho tu amiguita.

-Claudio, no te pases – disimuló Eloy alejándose de las duchas para que el veinteañero no se enterara de lo que estaba pasando.

Al ver a Silvio paralizado, el compañero de equipo de Gerardo supo que ocurría algo. De repente, escuchó una risa femenina que provenía de la zona de las duchas.

-Bueno, ¿me vais a contar lo que pasa o qué?

-Pues… yo no sé quién es – contestó el desconocido – pero una chica ha entrado y…

-¿Y tú quién coño eres? – le interrumpió Claudio.

Mientras, en las duchas, los cuerpos que estaban duchándose habían empezado a enjabonarse.

-¿Podrías ayudarme con la espalda? – le propuso Rodolfo a la mujer – Que no llego.

-Sí, claro. ¿Y normalmente quién te enjabona?

-A veces se lo pide a Leon – bromeó Moisés haciendo reír a Eva.

-Y es muy brusco – siguió la broma el monitor.

Lo cierto es que se lo estaba pasando muy bien. Dejando de lado todo lo reprochable que pudiera ser que se estuviera duchando con tres hombres casi desconocidos, uno de ellos empalmado, el otro con una semierección y el tercero con la polla más grande que jamás hubiera visto, lo cierto es que, como ya les había dicho, el vestuario masculino estaba resultando mucho más divertido que aguantar al grupo de petardas con las que solía coincidir en el femenino.

Intentando quitarle toda la connotación sexual que tenía y obviando los claros síntomas de excitación que la situación le provocaba, aceptó la propuesta.

-Vale, me has convencido – soltó entre risas.

Rodolfo se dio la vuelta y Eva comenzó a frotarle la amplia espalda esparciéndole el jabón por la misma. Era agradable masajear los duros músculos del monitor. Disfrutando de la situación, se extralimitó accediendo a los fornidos hombros. Desde ahí se deslizó por los brazos, sintiendo cada uno de los numerosos músculos del hombre. La morena se fue agachando a medida que bajaba hasta alcanzar las manos, desde las que pasó a las caderas de Rodolfo. Una vez ahí, comenzó a alzarse de nuevo ahora subiendo por el vientre del monitor hasta los marcados pectorales, donde se entretuvo, disfrutando de los mismos.

Moisés se acercó por la espalda a la mujer que estaba magreando a Rodolfo. Sin pedir permiso comenzó a acariciarle el costado. Eva se sobresaltó, pero se tranquilizó al ver quién era el autor de las caricias.

-Es solo para enjabonarte un poco – se excusó.

Eva le dio permiso con una leve sonrisa. Así que el de las rastas comenzó a deslizar las varoniles manos por la espalda de la mujer, que se deshacía con cada roce de sus dedos.

Observando el cuadro, Lucas no pudo evitar volver a llevarse la mano al cipote. Comenzó a subir y bajar la piel de la polla, masturbándose contemplando cómo sus compañeros de ducha se enjabonaban unos a otros.

Al ver al adolescente haciéndose una paja nuevamente, Eva supo que aquello se le había ido de las manos definitivamente. El placer de las caricias de Moisés unido al de sus magreos a Rodolfo hizo que perdiera el control y que sus instintos actuaran por encima de su raciocinio. Volvió a inclinarse ligeramente, invitando a Moisés a explorar nuevas zonas de su cuerpo mientras se arrimaba a Rodolfo, aplastándole las tetas contra la espalda, buscando enjabonarle el cipote que estaba nuevamente tieso, como cuando se la acarició en el despacho.

Moisés no declinó la invitación. Con las manos ocultas bajo la espesa bruma de jabón, alcanzó las nalgas de Eva, amasándoselas con maestría. Una mano se deslizó entre ellas, rozando el ano de la mujer y llegando a su sexo, por el que paseó el dedo corazón, esparciendo la espuma y provocando el primer suspiro de la novia de Gerardo.

Cuando Claudio se adentró con prisa hacia las duchas, lo que antes eran risas procedentes de las mismas, ya se habían convertido en escuetos aunque sonoros jadeos.

Lucas no podía creer que aquello estuviera sucediendo. Eva estaba abierta de piernas para que Moisés pudiera acceder a su coño fácilmente mientras ella se recostaba sobre la espalda de Rodolfo, a quien se la estaba meneando. De repente, el monitor se giró, encarando su tieso falo hacia el rostro de la mujer. Ella agarró el grueso miembro acercándolo al agua de la ducha para deshacerse de la espuma del jabón. Estaba a punto de llevársela a la boca cuando la interrumpieron.

-¿Desde cuándo hay una fiesta sin haber sido invitado? – preguntó Claudio con prepotencia.

La presencia del joven chulito que se había peleado con su novio y había humillado a su amigo, la hizo reaccionar, dándose cuenta de la locura que estaba cometiendo.

-La fiesta se ha acabado – dijo al fin, separándose de los hombres y agachándose a recoger la ropa que tenía desperdigada por el suelo.

-De eso nada – aseveró Claudio.

-¿Ahora me vas a decir tú cuando hay fiesta y cuando deja de haberla? – se enfadó sin levantar la vista del suelo de donde estaba recuperando el top.

-Por supuesto.

Claudio se dirigió con paso firme hacia la mujer, pero Moisés se interpuso en su camino.

-Te ha dicho claramente que la fiesta se ha acabado.

-¿Qué pasa? ¿Qué tú sí tienes potestad para clausurar espectáculos? – sonrió con chulería – Quítate de en medio si no quieres que te haga daño.

-Vale, chicos, no es para ponerse así – intervino Rodolfo, nuevamente conciliador.

-No quiero problemas, vale – razonó Moisés, alzando los brazos en señal de paz.

-¡Vístete, perroflauta!

-Oye, ya vale, tío – sollozó Eva, que ya se había colocado la prenda de la parte de arriba - ¿Por qué siempre tienes que estar igual? Eres un gilipol…

Claudio no dejó que terminara la frase. Le plantó un morreo, descolocándola completamente. Poco a poco, con maestría, fue jugando con los labios de la mujer esperando el momento para introducir la lengua. Tras unos breves segundos, estaba saboreando el interior de la melosa boca de Eva.

“¡Qué bien besa!”. Se deshacía con la juguetona y gruesa lengua que se había colado entre sus labios. Tras unos cuantos segundos, cuando se separó de ella, Eva le soltó un guantazo. No sabía si lo hacía por besarla sin permiso o por haberle erizado hasta el último poro de la piel con aquel excitante morreo.

-¿Qué me dices? ¿Hay fiesta o no hay fiesta?

Moisés, Rodolfo y Lucas estaban a la expectativa, ansiosos por saber la respuesta de la hermosa mujer.

-No puede saber… - maldijo.

Se moría de ganas de sucumbir, pero no debía. Tenía un maravilloso novio y si se llegara a enterar de que se había excitado con un simple beso de aquel indeseable con el que se llevaba tan mal…

-Está bien – resolvió Claudio al fin, descolocando aún más a la indecisa mujer – Yo no participo, pero no dejes a estos capullos con las ganas.

Eva se fijó en los tres hombres con los que había comenzado la ducha. Lucas había perdido la erección debido a la tensión del momento, pero seguía luciendo una buena herramienta bajo ese aire de juvenil ternura. Rodolfo volvía a tener el miembro morcillón. Le había encantado sobársela y no le importaría seguir haciéndolo. Y el precioso Moisés seguía impasible, con el pollón flácido. ¿Cómo la tendría en erección? Debía ser algo digno de ver. Solo con pensarlo, la temperatura le subió un par de grados.

-¿Te estarás quieto seguro? – le preguntó al chulito, aún sin confiar en su palabra.

-Solo miro.

La idea de que se quedara haciendo de mirón la inquietaba. Por un lado le parecía inmoral hacer todo aquello y que encima fuera testigo un compañero del fútbol de Gerardo. Pero por otro lado, le parecía excitantemente morboso que la observaran portándose mal y más alguien a quién su novio no soportaba.

-A ti creo que aún no te he enjabonado – se dirigió a Lucas.

El joven se puso tremendamente nervioso cuando Eva se acercó a él. El cuerpo se le puso completamente rígido, esperando el primer contacto. Notó las manos de la mujer acariciándole los hombros y los delgados brazos. Sintió el frío líquido del jabón deslizándose por sus lisos pectorales y, acto seguido, las manos femeninas esparciéndolo.

Aunque no era un cuerpo demasiado desarrollado, Eva disfrutaba sobremanera con la timidez del muchacho. Bajó hasta las abdominales, que las tenía completamente marcadas y duras. Un poco más abajo comenzó a sentir los pocos pelos rubios del pubis de Lucas. Aún bajó más y esparció el jabón a lo largo de la flácida polla. La asió y sintió como se endurecía al instante, alcanzando toda su rigidez y longitud. Mientras lo masturbaba con una mano, con la otra masajeó los testículos del chaval que empezaba a convulsionarse. Eva, que no quería llegar tan lejos, se apartó del muchacho y se fue en busca del adonis.

-¿Me sigues enjabonando? – le preguntó maliciosamente mientras le apretaba, sobándolo por primera vez, los fibrados pectorales.

Moisés le hizo caso. Alzándole el top, descubriendo nuevamente sus magnos senos, la rodeó con los brazos para alcanzar la espalda de la diosa. Ella hizo lo propio, juntándose ambos cuerpos. La distancia era corta y la punta de los tetas se rozaba con el modélico cuerpo del de las ratas. El hombre aplicó una fuerza mayor, haciendo que Eva se arrimara aún más, restregándole con descaro los prominentes pechos. Acabaron fundiéndose en un abrazo lleno de caricias que terminó en un tórrido beso.

Aunque no besaba mejor que el niñato, el morreo fue extremadamente placentero para ella debido al halo de misterio y atractivo que envolvía a Moisés. Las manos de la mujer se deslizaron hasta el duro culo del hombre. La morena lo manoseó a conciencia mientras sentía cómo la enorme verga se restregaba contra su bajo vientre. Se moría de placer.

-¿Te la vas a follar o solo os vais a dar mimitos? – se burló Claudio, exasperando a la mujer, que se separó de Moisés para recriminar al niñato.

El veinteañero se estaba deshaciendo de la camiseta, mostrando el fuerte torso que ya luciera durante los pulsos. A Eva le vino aquella imagen a la mente y una ola de excitación le recorrió el cuerpo. Aunque luchaba contra esa incipiente y sucia atracción, comenzaba a no poder evitarla. Solo una cosa podía distraerla. Acariciando las abdominales de Moisés, introdujo las manos en la cuidada mata de pelos que encumbraban el enorme cipote. Sin decirle nada finalmente a Claudio, se volvió hacia el de las rastas, agachándose para verle la tranca más de cerca, al tiempo que se la agarraba para alzarla.

El pollón pesaba muchísimo. Era grueso, alargado y ligeramente esponjoso. Le encantaba el tacto. Usó una segunda mano para sujetar la herramienta, calibrando cuánto debía medirle. Mientras la izquierda agarraba el tronco, con la mano derecha masajeó los enormes testículos de Moisés. Eva se estaba excitando muchísimo. Sin dejar de sobarlo, se desplazó desde los huevos hasta la base de la polla y con la mano izquierda comenzó a masturbarlo. Aún la tenía completamente flácida.

Nunca había hecho una paja a ningún hombre a dos manos. Era el primero con el que le sobraba polla. Con ese pensamiento instalado en su mente, no pudo evitar sonreír observando el abultado y rosado glande que apuntaba directamente hacia su cara. Sin pensar en lo que hacía, sacó la lengua y, en un gesto rápido, le dio un lengüetazo. Moisés gimió y ella alzó la mirada para encontrarse con la del adonis. Al ver su atractivo semblante, supo que no se podría resistir. Volvió a bajar el rostro y abrió la boca, introduciéndose, poco a poco, el orondo glande. La verga del tío bueno estaba en estado morcillón.

Debido al enorme grosor del pollón que la llenaba por completo, regueros de saliva se iban acumulando entre la boca de Eva y el miembro de Moisés. Las babas se iban desplazando a través del tronco gracias a las acometidas, en forma de paja y mamada, de la mujer, hasta llegar a los huevos del hombre, desde donde colgaban formando hilos espesos y blanquecinos. El enorme cipote alcanzó los majestuosos 27 centímetros que medía en su máxima expresión, satisfaciendo la curiosidad de Eva, que por fin pudo corroborar el certero rumor.

-Pensé que nunca te ibas a poner a comer pollas – la increpó Claudio mientras comenzaba a deshacerse de la única prenda que le quedaba.

Aquellas palabras sacaron a Eva de la ensoñación en la que se había visto envuelta chupándole el enorme rabo al guapísimo Moisés. Se giró justo a tiempo de contemplar la siguiente maravilla.

A raíz de un pubis completamente rasurado, nacía un gordísimo tronco que caía entre las piernas del niñato. La gruesa polla no era ni mucho menos tan larga como la que se acababa de comer, pero casi le llegaba a la mitad del muslo. El glande quedaba oculto tras el pellejo de colgante piel que parecía sobrarle. No era una polla bonita, pero sí excitantemente tentadora debido a lo prohibido que resultaba su dueño y a lo asquerosamente sucio que sería chupársela.

-Parece que te gusta – soltó con chulería al ver a la mujer observando su flácido rabo.

-Ni en sueños – le reprochó.

Claudio hizo ademán de acercarse.

-Y ni lo sueñes – ahora Eva le sonrió con malicia.

-Te la acabarás comiendo.

-Antes me trago la de cualquier otro – le retó.

-Adelante. Ahí tienes dos – sonrió con donaire.

En ese instante entró a la estancia Leon. El negro pasó completamente del grupo y se dirigió a la otra hilera de duchas, a su aire. El resto pareció devolverle la indiferencia.

Los suspiros y gemidos parecían haberse detenido. El corazón de Eloy estaba a punto de estallar. Fuera lo que fuera lo que estuviera pasando ahí dentro, sabía que Eva era la protagonista. ¿Claudio también estaría participando? Solo con pensarlo, el corazón se le aceleraba aún más, mezcla de rabia y excitación.

Silvio seguía en shock. Pero ahora le temblaban las manos. Sabía lo que estaba ocurriendo, con lo que estaba tan cerca y a la vez tan lejos de conseguir a la mujer que le tenía obsesionado, que únicamente sentía miedo. El temor por cagarla le tenía atenazado.

-Oye, ¿sabéis lo que pasa ahí dentro? – preguntó el desconocido - ¿Conocéis a la tía buena esa? Yo estoy por entrar – sonrió, decidido a ponerle los cuernos a su mujer si tenía cualquier posibilidad de catar a Eva.

La novia de Gerardo reflexionó sobre lo que había ocurrido, lo que estaba haciendo y lo que quería que pasara. Hasta ahora la había cagado pero bien. Jamás había sido infiel ni había tenido necesidad de serlo. ¿Qué le estaba pasando? Observó el desfiladero de pollas que se alzaban tiesas ante ella y comprendió que estaba cachonda, muy cachonda y que todo lo que había hecho lo había disfrutado demasiado. No quería seguir con aquello, pero tampoco renunciar al placer que se exhibía ante ella. Concluyó, muy a su pesar, que debía tomar una decisión intermedia. No iba a renunciar a aquellos tres machos, el calentón se lo impedía. Pero jamás dejaría participar a Claudio, no podía hacerle eso a Gerardo.

Desinhibida, tras recapacitar sobre la situación, decidió disfrutar de los límites que se había marcado. Se arrodilló de nuevo, acercándose al trío que la esperaba. Los tres hombres la rodearon y Eva no pudo evitar sonreír antes de agarrar la verga de Lucas con la mano derecha y el pollón de Moisés con la izquierda. Empezó a masturbarlos al tiempo que se inclinó hacia delante, abriendo la boca para saborear la picha del Paquete.

Durante unos minutos en los que las duchas se llenaron de continuos gemidos, Eva estuvo alternando pajas y chupadas entre las tres grandes vergas. De repente, para sorpresa de la mujer, una cuarta polla hizo acto de presencia.

-¿Tú también quieres? – preguntó risueña, sin alzar la mirada.

No recibió contestación, pero no hacía falta. Las intenciones del dueño de aquella enorme cuarta polla, en estado morcillón, eran claras. Mientras pajeaba a Moisés y masajeaba los colgantes testículos del monitor, Eva le dio un tierno beso al pene de oscuro color negro mientras no dejaba de pensar que nunca había probado una de esa raza.

La mujer dejó de atender a los otros hombres para dedicarse a Leon. Quería concentrarse en saborear esa piel oscura en la que se reflejaban claramente los restos de babas que su propia boca emanaba. El pollón del negro no tardó en endurecerse completamente, marcando unas oscuras y gruesas venas a lo largo del tronco que a Eva le recordaron la vigorosidad del propio cuerpo del dueño de aquellos 24 centímetros.

Cuatro enormes pollas para ella sola. Se deshacía de gusto. Comenzaba a sentir la necesidad de que alguna de esas bichas la penetrara, pero no quería parecer ansiosa y se conformó con darse placer ella misma llevándose una mano a la entrepierna. Sintió el coño palpitante, con los labios vaginales hinchados y el clítoris tremendamente sensible. Un solo roce la hizo gemir, apoyándose sobre el enclenque cuerpo de Lucas. Al recuperarse, aprovechó la ocasión para lamer el juvenil falo que se extendía ante su vista.

-¿Quieres que vaya yo a follarte? Debes estar ansiosa – intervino Claudio nuevamente.

“¡Ven y méteme tu sucia polla hasta las entrañas, cerdo!”.

-¿Crees que eres necesario ante tanto hombre? – no se amilanó, empezando a gustarle el pique dialéctico con el joven engreído.

-Te acabaré follando, lo sabes – vaciló con una media sonrisa chulesca.

-No si otro lo hace antes – intervino Moisés, cansado de que le robaran el protagonismo.

“Ese es mi macho. Fóllame. Méteme esa enorme cosa que tienes entre las piernas”, caviló a la espera de que el de las rastas cumpliera la amenaza. No la defraudó.

Eloy no lo soportaba más. La congoja de no saber con exactitud lo que estaba pasando le estaba matando. Se armó de valor y, temeroso por lo que se pudiera encontrar, decidió acceder al recinto de las duchas, imitando al cuarentón que nadie conocía.

-Si te duele, házmelo saber – le susurró al oído, erizando toda la piel de la excitadísima Eva, antes de comenzar a introducir la enorme polla que ya había encarado a la entrada de la morena.

Moisés estaba de pie detrás de la novia de Gerardo. La mujer estaba ligeramente inclinada y apoyada en el suelo con una única pierna. La otra la tenía alzada, sujeta por su fornido amante justo por detrás de la rodilla. El desproporcionado cipote comenzó a rasgar el húmedo coño de la fémina, sacándole un escandaloso gemido, mezcla de goce, miedo y desenfreno. Poco a poco, a medida que la vagina se dilataba, los centímetros de polla fueron desapareciendo en el interior de Eva, que se moría de placer. Antes de que la descomunal verga tocara fondo, la novia de Gerardo se corrió de gusto. La única pierna con la que se apoyaba tembló y se reclinó hacia atrás, buscando la seguridad del cuerpo de Moisés, haciendo que el pollón se introdujera un par de centímetros más. Creyó morir de éxtasis.

Al verla precipitarse hacia el suelo sin fuerzas para mantenerse en pie, Moisés la sujetó con firmeza. La atrajo nuevamente hacia sí, juntando ambos cuerpo y sintiendo la respiración acelerada de Eva. El enorme pecho de la mujer bailaba al ritmo de sus latidos. Ella giró el rostro, buscando la boca de su adonis. Mientras se besaban, él alcanzó la otra pierna de la mujer, alzándoselas ambas. En una demostración portentosa de su fuerza, el de las rastas se mantuvo de pie mientras Eva comenzaba a subir y bajar su cuerpo entrando y saliendo de la hercúlea polla que la empalaba, en un gesto que hace unas semanas hubiera sido impensable y que ahora era posible gracias a su mejorado estado físico.

Eloy estaba alucinando observando la escena. Su inalcanzable amiga Eva estaba siendo follada en una postura digna de cualquier película porno de las que gustaba ver mientras otros tres tíos, con las enormes pollas en alto, los rodeaban. Miró hacia el costado y divisó a Claudio. Estaba desnudo, pero al menos no parecía participar del festín que aparentemente se estaban dando Moisés, Rodolfo, Lucas y Leon.

Cuando el de las rastas dejó a la mujer pisar nuevamente el suelo, Eva lo vio. En un primer momento se ruborizó al ver a su amigo. Acto seguido una oleada de miedo la inundó. ¿Estaba siendo descubierta? ¿Se enteraría Gerardo de todo lo ocurrido por culpa de Eloy? Pero pronto se calmó y sus temores se disiparon al darse cuenta de que su amigo no podía dejar de fijarse en los preciosos pechos que tenía al descubierto, sin darse cuenta de que ella ya le había divisado. Eva llamó su atención y el treintañero se sobresaltó, sabiéndose descubierto.

-Si se mira, se toca – se dirigió pícaramente a su amigo justo antes de bajarse el top ocultando los senos tras la húmeda prenda.

Eloy no sabía dónde meterse. ¿Le estaba invitando a participar? ¿Le estaba diciendo claramente que no le gustaba su presencia? Estaba acongojado observando cómo, detrás de Eva, Rodolfo comenzaba a meterle mano sobándole primero el vientre y luego los cuidados pelos del pubis para acabar manoseándole descaradamente la entrepierna.

La morena observaba con gracia la cara de cordero degollado de su amigo, que reflejaba su desesperación por participar de todo aquello. No quiso hacerle sufrir más y, mirándole directamente a los ojos, sin dejar de sonreírle, le descubrió un seno, bajándose parte del top, invitándole a tocar.

“Si se mira, se toca” recordó Eloy. “¡Me está invitando a participar!”. No pudo evitar una sonrisa nerviosa que mostraba su entusiasmo. Se acercó a su amiga, con paso lento e inseguro. Al alcanzarla, levantó un brazo mientras no podía quitar la vista del oscuro pezón que se erigía en el centro de una aureola del mismo color y de tamaño idóneo para el voluminoso pecho que estaba a punto de sobar. El tacto fue glorioso, esponjoso debido a la naturalidad del seno, especial debido a lo que sentía por la dueña de aquello y tremendamente excitante debido a lo buena que estaba Eva.

Introduciendo un dedo en su propio canalillo y desplazando ligeramente la tela hacia abajo y un costado, la mujer descubrió su otro seno, invitando a Eloy a que se recreara a dos manos. Divertida con la evidente excitación de su amigo, que quedaba demostrada debido al sospechoso bulto que hacía acto de presencia en su entrepierna, decidió comprobar los encantos del barrigudo.

Agachándose y quitándole el entretenimiento de las manos, se dispuso a desabrochar los botones del ancho pantalón de Eloy. Al tirar del tejano hacia abajo, aparecieron unos calzoncillos blancos con una oscura mancha justo donde la tiesa polla del orondo hombre se clavaba.

-Te lo estás pasado teta, eh… - bromeó, risueña y halagada por haber provocado eso en su amigo.

Ahora tiró de la ropa interior, que se quedó enganchada en el erecto miembro. Traviesa y divertida, introdujo la mano para liberar la prenda. Al agarrarle el pito, Eloy se convulsionó.

-¿Estás bien?

-Demasiado… - balbuceó con una medio sonrisa, haciéndola reír.

Aunque no era gran cosa, no le desagradó la polla de 13 centímetros de su amigo. Si no fuera Eloy, seguramente se habría decepcionado después de haber visto semejantes pollones, pero el cariño que le tenía contaba, y mucho. Y tampoco era mucho más pequeña que la de Gerardo.

Cuando su preciosa, querida y amada amiga le meneó el rabo, Eloy creyó derretirse de placer. Jamás podría haberse imaginado conseguir estar con una chica guapa, ni mucho menos una tía buena. Pero que la inaccesible Eva le hiciera una paja era algo que ni en sus mejores y más húmedos sueños se podía imaginar. Así que cuando sintió el calor de la boca de su amiga aferrándose a su pequeña polla, ni pudo ni quiso aguantar más.

Tras unos segundos chupándosela, mientras saboreaba el aceitoso pene de Eloy, sintió cómo la polla latía entre sus labios. El cálido semen gorgoteó depositándose en su lengua. El lechoso líquido era espeso y grumoso. Eva pensó que su amigo se habría masturbado no hace mucho. Tras recoger toda la lefa con la boca, se separó de su barrigudo amigo y escupió el cargamento en una de las duchas.

Al volverse, observó con detenimiento el cuadro. En primer plano, su amigo Eloy completamente satisfecho tras correrse en su boca, con la felicidad marcada en su rostro. Tras él, Lucas seguía masturbándose observando todo lo que excitantemente ocurría a su alrededor. A su lado estaba el único hombre que se la había follado, arrancándole más de un orgasmo, con su enorme y cautivador pollón completamente tieso. Justo detrás, el cuerpazo de Leon, la tentación de tener sexo con alguien de raza negra. Y, a su lado, Rodolfo, el monitor que la había engatusado y la había empujado a realizar la mayor locura que jamás se habría imaginado pudiera cometer. Al fondo, Claudio, el compañero del fútbol de su novio, seguía a la expectativa y, por suerte para ella, no se lo estaba poniendo muy difícil para cumplir el requisito de no hacer nada con él. ¿Y quién era el tipo aquel que la miraba con deseo desde la entrada a las duchas?

-Parece que el gordito ha ido por faena – se burló Claudio sacando a Eva de sus pensamientos y chinchando a su amigo Eloy.

La mujer lo mató con la mirada.

-Al menos él ha conseguido algo que tú no obtendrás ni en sueños – se enfadó.

-Acabo de decidir que será en tu boca donde me corra – rio con estruendo.

La ira y el desprecio que sentía por aquel indeseable se iban acumulando en el interior de Eva. Para olvidarse de él, decidió que era turno de cumplir una oscura fantasía, acostarse con un negro. Y creía que no había mejor espécimen que el hombretón que la miraba por encima del resto, debido a su altura.

Llamó la atención de Leon, que se acercó a la mujer. Ambos comenzaron a sobarse. Eva no abarcaba toda la musculatura del hercúleo afroamericano, pero lo que conseguía arañar, la excitaba más si cabe. Todos y cada uno de los músculos de la anatomía humana se dibujaban con exactitud sobre el cuerpo del hombre.

Leon la alzó como si fuera una pluma. Acostumbrado a levantar muchísimo peso durante sus entrenos, la mujer no era ningún esfuerzo ni siquiera con el antebrazo dolorido. Eva abrió las piernas, pasándolas cada una a un costado del fornido hombre y él fue bajándola lentamente hasta que el abierto coño se topó con la punta de la inhiesta polla. Eva bajó un brazo para acariciar la verga negra que estaba a punto de empalarla. Cuando sintió el glande abriéndose paso, gritó nuevamente de placer, recostándose sobre el cuerpazo del negro, que se deleitó con el tacto de las grandes tetas sobre su pecho.

Apoyada en los musculosos brazos de Leon, Eva subía y bajaba sobre el enorme cipote, dejando un rastro blanquecino de flujos vaginales sobre la negra polla del hombre. El enorme tamaño de la verga, el cuerpazo de Leon y el saber que era un negro quién se la estaba follando fue más que suficiente para que Eva llegara a un nuevo, placentero y duradero orgasmo.

-Anda, deja de pelártela como un mono, que te la vas a desgastar y es muy bonita – se dirigió, sugerente, a Lucas, una vez que Leon la había liberado.

El joven seguía paralizado ante la mujer de sus sueños, incapaz de tomar la iniciativa. Eva le indicó que se tumbara en el suelo y Lucas le hizo caso sin rechistar, a pesar de lo incómodo y desagradable que era el suelo de las duchas.

Eva pasó una pierna sobre el chico, enseñándole el culo y el cristalino coño. La mujer se agachó, inclinándose hacia la erecta polla de Lucas, mientras acercaba el trasero a la cara con acné del chico. Como una sensual gata, reclinada sobre el joven cuerpo, dio un lengüetazo a la verga que se alzaba con soberbia ante ella. Invitó al inexperto muchacho abriendo más las piernas, pero no parecía captar las indirectas.

-¡Cómeselo todo de una puta vez! – se indignó Claudio.

Eva se separó del cipote que estaba mamando un instante, para vocalizar, con el semblante serio, un “Gracias”, sin emitir sonido alguno, dirigido a Claudio.

-Ya sabes cómo puedes agradecérmelo – se sobó la gorda polla retirando la sobrante piel y dejando ver un rollizo y carnoso glande.

Eva gimió ante aquella visión que le resultaba tan grotesca y desagradable como excitante y prohibida. Se metió toda la polla del niño en la boca y la saboreó mientras sentía una tímida lengua recorriendo su coño. Empapó la cara del chaval al instante, eyaculando sobre su rostro. Fue un placentero orgasmo.

Pasando nuevamente la pierna al otro lado y rotando para encararse con el crío, Eva se puso a horcajadas sobre Lucas. Observando el asustado a la par que entusiasmado rostro juvenil, se abrió ligeramente de piernas mientras doblaba las rodillas, llevándose una mano a la entrepierna. Estaba chorreando. Se dobló aún más hasta que el coño alcanzó el joven cipote, provocando un estremecimiento en el adolescente que hizo que el incandescente glande se restregara a través de los lubricados labios vaginales. Eva gimió. Con la mano asió el largo rabo, encarándolo fijamente. Se dejó caer lentamente, haciendo que el pequeño Lucas se abriera paso por el caliente coño de la tía más deseada del gimnasio. 

Tras medio minuto en su interior, observando el desencajado rostro de Eva, más allá de sus prominentes y saltarinas tetas, comenzó a balbucear extraños sonidos.

-¡Que el niño se nos va! – advirtió Claudio, divertido, haciendo reaccionar a la mujer que cabalgaba sobre el potrillo.

Eva se separó con premura del joven falo para en seguida acercar la cara. Lucas comenzó a escupir impetuosos chorros de semen directos al precioso rostro de la morena. Aunque el muchacho se masturbaba prácticamente a diario pensando en la mujer que se acababa de follar, sus jóvenes gónadas parecían trabajar a pleno rendimiento, expulsando una abundante, lustrosa y cristalina lechada.

Mientras se limpiaba los restos de la copiosa corrida de la cara, Rodolfo la sorprendió agarrándola de la cintura e introduciéndola en un revuelo de pollas que salían y entraban de su coño, pasaban por sus expertas manos y visitaban su caliente aliento. ¿Cuántos tíos estaban participando? Eloy observaba en la distancia, recuperándose de la corrida, junto Lucas. La vigorosa verga que la penetraba pertenecía a Rodolfo. Con las manos estaba masturbando los inconfundibles pollones de Moisés y Leon, a izquierda y derecha, respectivamente. ¿De quién era el tieso pito que estaba a punto de llevarse a la boca?

Aprovechado el desconcierto, el hombre que había ido por primera vez al gimnasio se había desnudado y unido al grupo, pasando desapercibido. Sus erectos 15 centímetros habían sido pajeados durante un rato y ahora esperaba ansioso a que aquella treintañera que estaba como un tren se la chupara. Por un instante se asustó pensando que sería rechazado al ver la cara de la tía buena cuando le descubrió, pero para su fortuna, solo fue un amago. En seguida, tras fruncir el ceño en señal de desagrado, la preciosa mujer se había lanzado a mamársela.

Eva había perdido la cuenta de orgasmos y había conseguido que se corrieran Rodolfo, mientras se la chupaba, Leon, sobre las nalgas justo tras sacarle la polla del coño, y el desconocido, en las tetas mientras él mismo se masturbaba. El único que resistía era Moisés, el más macho de todos.

-¿Qué te parece si terminamos esto fuera? – le propuso el adonis.

-¿En tu casa quieres decir? – se preocupó Eva.

-No, mujer, en el vestuario – se rio, tranquilizando a la mujer – Estaremos más cómodos.

-No será en la casa de este donde acabes – les interrumpió el chulito.

-Sí, claro. Ahora también dirás que acabaré en tu casa haciéndote una mamada, follando y con la boca llena de tu semen.

-Yo no lo habría descrito mejor – sonrió.

Eva lo ignoró alejándose de las duchas. En tropel, el resto salió tras la hermosa mujer para acceder a la zona donde aún permanecía, inmóvil, Silvio. Pero no estaba solo. Cuauhtémoc, que había ignorado los evidentes alaridos que provenían de la otra estancia, se estaba cambiando para darse una ducha y marcharse a hacer sus ilegales trapicheos tras el entreno de kick boxing. El otro era Agustín, que acababa de llegar para cambiarse e ir a su sesión de sauna y no se había enterado de nada.

-¡¿Qué está pasando aquí?! – se alteró el anciano al ver a Eva desnuda saliendo de las duchas seguida de un montón de tíos en pelotas - ¿Te han hecho algo, Eva?

-No se preocupe, Agustín – no le tuteó – Es que… verá…

-No tienes que darme explicaciones, hija – se tranquilizó al comprobar que no la habían violado, sin poder evitar que se le fueran los ojos hacia el arreglado felpudo de la mujer.

Eva sonrió al darse cuenta de que Agustín era como todos y no podía evitar sus instintos. Separó ligeramente los muslos, dejando que el aire le besara los inflamados labios vaginales que se intuían en su entrepierna. El viejo verde, vestido con un chándal de color azul pasado de moda, sonrió ensimismado.

-¿Qué es lo que está mirando? – se hizo la tonta, sonriendo inocentemente como una colegiala, al tiempo que se tapaba el pubis con las manos.

Agustín reaccionó alzando el rostro y mirando a los ojos de Eva, pero no podía evitar que la vista se le fuera a los enormes senos de la treintañera.

-Es que hija… ya te dije que estás de muy buen ver y si apareces así de la nada… - el sexagenario no podía evitar una sonrisa de pillo, como la que tenía cuando no era más que un chaval.

-Lo sé, es culpa mía – le sonrió, ahora desplegando todo su atractivo.

-Al final tendré que darte esos azotes – soltó en tono jocoso sin dejar de ser sincero, provocando las carcajadas de Eva.

-¿Pero dónde vas tú? – ahora sí le tuteó – Que ya tienes una edad, abuelo…

Agustín sonrió, sabiendo que aquella tremenda mujer estaba jugando con él. Se llevó la mano al paquete y se sobó la polla sobre el pantalón del chándal.

-La experiencia es un grado.

Eva refunfuñó, como sopesando el argumento del anciano.

-No me convences…

-No seas mala, anda. ¿O es que quieres una reprimenda?

-¿Quieres que me porte mal? – le preguntó retóricamente mientras se acercaba al hombre mayor - Es eso, ¿verdad?

Cuando estuvo lo suficientemente cerca, Agustín le cascó una sonara palmada en una de las nalgas, aprovechando para manosearle el trasero respingón.

-¡Au! – se quejó la mujer, dolorida, mientras se arrodillaba ante él.

Eva aferró el viejo chándal e intentó tirar de él, pero estaba bien aferrado mediante la cinta que rodeaba la cintura. Agarró el lazo simple y tiró de él, deshaciéndolo. El pantalón se deslizó hacia abajo por su propio peso mostrando unos bóxers holgados de color caqui. La ropa interior tenía una abertura para poder sacar el pene y la mujer lo aprovechó para introducir la mano, asiendo el flácido y arrugado pito del abuelo.

Mientras se la meneaba, Agustín comenzó a bufar. La mujer notó cómo, poco a poco, el viejo aparato se iba endureciendo y aumentando de tamaño, sorprendiéndola gratamente. Tras aproximadamente un minuto, la verga estaba completamente rígida y la mano de Eva humedecida debido al líquido preseminal del anciano.

-A ver qué tenemos aquí… - soltó antes de coger los calzoncillos y bajarlos dejándolos junto al pantalón del chándal.

De entre la descuidada y frondosa mata de pelo canoso que poblaba el pubis de Agustín, se alzaban 16 buenos centímetros de tiesa polla. Eva sonrió complacida, antes de seguir masturbándole.

-Por mucho que te esfuerces, no harás que me corra solo con eso – vaciló el sesentón.

Eva lo miró sonriendo con picardía.

-¿Y qué es lo que quieres? ¿Qué te la chupe?

No hacía falta contestación. La novia de Gerardo se agachó y probó el sabor de la vieja tranca. Tenía un gustillo raro, pero prefirió no pensar a qué podía ser debido. A lo largo del descuidado tronco, había incómodos pelos que entorpecían la labor de Eva. Finalmente se introdujo la polla hasta el fondo, casi golpeándole la garganta, y sacó la lengua lamiendo toda la longitud del miembro, hasta casi rozarle los arrugadísimos testículos.

El anciano no aguantó más. Tras casi 10 minutos de paja y mamada, empezó a escupir semen directo a la garganta de Eva, que se atragantó con el primer lechazo, separándose de Agustín. El hombre se llevó la mano a la polla para sacudírsela mientras apuntaba hacia la hermosa mujer, que no paraba de toser. El empobrecido semen le manchó el precioso pelo negro.

Una vez recompuesta del ataque de tos, Eva sintió que alguien la observaba fijamente, con un deseo irrefrenable. Sin verlo, reconoció aquella mirada desmedida, llena de lujuria. Se trataba del hombre sudamericano. Intentando mantener la dignidad, se alzó en busca de aquella mirada maliciosa. Cuando se cruzó con los ojos de Cuauhtémoc, el deseo y pavor se unieron provocándole un ligero temblor de piernas.

-Dile algo a Silvio, que el pobre no sabe dónde meterse – se rio Claudio, sabedor del problema del hombre.

-Es cierto, ¿cómo que estás tan callado? – se había olvidado completamente del pesado del cachas – Si siempre que me ves intentas ligar conmigo…

El hombre no decía nada. Parecía asustado.

-¿Qué te pasa? ¿Te vas a cortar ahora? – se rio con desgana, sin ningún interés en que el treintañero se sumara a la orgía - ¿No me vas a vacilar de pito enorme?

Claudio rio salvajemente.

-¿¡Pito enorme!? – aún rio más – Muéstrasela Silvio, a ver si te la encuentra.

Aunque le jodía que el vacilón le tratara tan mal, no pudo evitar sonreír al imaginar que Silvio la tenía pequeña cuando había acusado de eso mismo a Moisés.

-No será para tanto – intentó contener la risa – A ver, enséñamela – le entró curiosidad por comprobar si las acusaciones de Claudio eran ciertas.

Era su momento, ahora nunca. Si quería algo con ella no podía avergonzarse. Intentó echarle valor y, dubitativo, se alzo del banco, sintiendo cómo le titubeaban las piernas. La toalla de color blanco que había usado para taparse al ver a Eva entrando en los vestuarios, se deslizó, cayendo al suelo.

Claudio rio estrepitosamente y Eva no podía contener la risa al ver la pollita de aquel hombre desproporcionado, lleno de exagerados músculos. Aunque reprochaba la actitud burlesca del veinteañero, no pudo evitar reír junto a él, con complicidad. Giró el rostro intentando disimular y se topó con el desnudo cuerpazo de Claudio. Observó la enorme y fea verga tintineando debido a las risotadas del niñato y no pudo evitar comparar, rompiendo a reír.

Humillado, Silvio se volvió a sentar en el banco, recuperando la toalla para taparse nuevamente. Claudio corrió veloz a sentarse a su lado, en frente de Eva, y retiró la toalla que cubría las vergüenzas de su compañero.

-¿Por qué no comparas, Evita?

-No seas cruel, Claudio.

-Soy realista. ¿Cuál te apetece más? – se agarró la verga flácida, encarándola hacia la mujer.

“La tuya, puto niñato”. Era tan rechoncha que le apetecía estrujarla y comprobar el grosor que podía alcanzar estando empalmada.

-La de Silvio – mintió descaradamente.

El aludido sonrió estúpidamente, creyendo que la mujer era sincera, mientras que el despreciable Claudio volvió a reír.

-Demuéstramelo – insistió el compañero de equipo de Gerardo – Aquí tienes las dos. Elige la que quieras – sonrió nuevamente con chulería.

¡Qué difícil elección! En absoluto le apetecía hacer nada con Silvio mientras que empezaba a desear que los augurios de Claudio se cumplieran. ¿Cómo sería lamer ese grueso falo? ¿Y que se la follara el indeseable que había humillado al gordito de Eloy? ¿A qué sabría la tibia leche que guardaban esos vigorosos testículos? Pero debía esforzarse por no sucumbir a los sucios encantos del joven engreído con el que su novio estaba enemistado.

Con una fuerza de voluntad desmesurada, Eva se acercó a Claudio. Inclinó el rostro hacia su enorme verga, llena de pellejo, y se paró a escasos centímetros. Instintivamente, olfateó el nauseabundo olor a polla, encendiendo su desmesurada calentura.

-Ni en sueños – repitió entre susurros, sonriendo, orgullosa de sí misma, y alejándose hacia el otro hombre.

Eloy sintió una punzada. Por un momento, pensó que Eva caería en las artimañas de Claudio. Aunque no le habría sorprendido debido a todo lo que su amiga había hecho con anterioridad, no dejaba de parecerle increíble que se liara con el tío al que Gerardo odiaba. Tan increíble que le ponía enormemente cachondo pensar que eso pudiera suceder.

Silvio tuvo que abrir las piernas para que Eva pudiera acceder a su mini pito. Con dos dedos, la mujer comenzó a masturbarlo. En seguida, el hombre alcanzó una pequeña erección de 8 centímetros.

Aunque el satisfecho hombre había sido humillado debido a su complejo de polla pequeña, ahora únicamente podía disfrutar de un sueño hecho realidad. Observar a la hermosa mujer que le estaba pajeando era casi mayor deleite que la masturbación en sí misma.

Mientras se la meneaba a Silvio, Eva no dejaba de fijarse en las chulescas muecas que Claudio le dedicaba. Alternativamente, se fijaba en su gruesa verga y se contenía las ganas de cambiar de pollita a pollón.

-¿Quieres que me la descapulle? – la sorprendió contemplándole el rabo.

-Por favor… - contestó con parsimonia, sin dejarse amilanar.

Sin dejar de masturbar el pequeño pene de Silvio, observó cómo el largo pellejo de la verga de Claudio se desplazaba dejando asomar el grandioso glande de su espléndido pollón. Eva soltó una mueca de placer y alargó la mano, apoyándola sobre el banco, entre las piernas del chulito, que sonrió satisfecho, sabedor de que tenía a Eva a su merced.

Cuando el veinteañero soltó su pesada herramienta, dejándola caer sobre la mano que descansaba entre sus piernas, Eva reaccionó rápido, apartándola, no sin antes acariciar brevemente y con disimulo, la bolsa testicular de aquel indeseable. Para evitar abalanzarse sobre aquella grotesca polla, se inclinó sobre la entrepierna de Silvio.

A duras penas alcanzaba a lamer la punta del pequeño pene debido a la desproporcionada musculatura del treintañero. Para facilitar el asunto, le indicó que se alzara. De ese modo, Eva pudo mamar la diminuta polla sin mayores problemas. Silvio no tardó en correrse.

Sin atreverse a mirarlo a la cara, la morena se dirigió hacia el cuarentón sudamericano. Le acarició el pecho, descubriendo la extraordinaria dureza de su cuerpo. Sin dejar de sobarle, se acercó a su espalda donde leyó el visible tatuaje de la parte superior.

-¿El fuego nace en tu interior? – preguntó - ¿Puedo descubrirlo? – le susurró, intranquila debido al respeto que las malas pintas del hombre le inculcaban, mientras deslizaba la mano a través del enorme dragón que recorría la espalda y el torso del hombre, alcanzando el holgado calzón.

Sin recibir contestación de Cuauhtémoc, Eva introdujo la mano dentro el pantalón. Se topó con una espesa mata de pelos que atravesó hasta alcanzar lo que parecía un grueso tronco de polla. La mujer se agachó más, paseando su palma a través de toda su extensión, llegando al fin a un áspero prepucio, que apretó ligeramente.

Rodeando al sudamericano, sin dejar de sobarle la verga, comenzó a tirar del calzón con la otra mano, pudiendo observar a medida que se descubría, lo que hace un segundo había acariciado. Eva se mordió el labio en un claro gesto de que le gustaba lo que estaba viendo.

Aunque la pelambrera lo tapaba en parte, el fuego tatuado en el pubis era la cuna de la que nacía el enorme dragón que se alzaba hasta la parte alta de la espalda, rodeando el endurecido tronco corporal de Cuauhtémoc. Pequeñas llamas se extendían a lo largo del pene que empezaba a engordarse a medida que Eva lo acariciaba.

-Quema – bromeó, al pasar la lengua por aquella malhechora polla.

-Aún no sabes lo que es fuego – soltó con una voz ruda, que puso la piel de gallina a la mujer que empezaba a hacerle la mamada.

El villano de las malas pintas tenía un cipote considerable. A lo largo de sus erectos 19 centímetros, las llamas tatuadas se intercalaban con las venosas protuberancias que palpitaban cada vez que los labios y la lengua de Eva las relamían.

Mientras chupaba la vigorosa polla, sus manos se aventuraban acariciando el rocoso cuerpo de aquel misterioso personaje. Tras unos minutos, se alzó, dejando atrás la mojada verga, y continuó la excursión por el mapeado cuerpo.

En uno de los costados, mientras Eva pasada su dedo justo por encima de una de las frases tatuadas, pudo leer:

-Si me tocas, te mato – haciéndola retirarse instintivamente, asustada.

Cuauhtémoc no rio, nunca lo hacía. Simplemente la miró con suficiencia mientras le agarraba la mano y la colocaba justo donde rezaba la frase. Ella agradeció el gesto, excitada debido al pavor que aquel hombre le transmitía.

-Ven a conocer el fuego de mi interior – ordenó a Eva, una vez que la mujer había recorrido todos los rincones de la tatuada piel del latino.

El hombre la estiró en el suelo, sobre la toalla blanca que Silvio había dejado caer definitivamente. Se colocó tras ella, alzándole una pierna y haciendo que el lagrimoso coño de Eva se abriera, dejando entrever pequeños hilillos blanquecinos que se adherían a los labios vaginales. Encaró la polla hacia el chocho y la restregó por el sexo de ella, haciendo que la tranca se impregnara de los propios flujos de la morena.

La penetración fue brusca. Eva gimió de placer y continuó jadeando a medida que el delincuente embestía con fiereza. Cuando Cuauhtémoc le apresó los pechos, masajeándoselos con una experta brutalidad, se corrió nuevamente. No tuvo tiempo de separarse del hombre, que la tenía presa, cuando comenzó a sentir el fuego del dragón. El caliente semen se abrió paso a través de las entrañas de Eva que, asustada, no rechistó, dejándose llevar por el morbo de lo prohibido. Con una inesperada pasión, echó el pompis hacia atrás, pegando su coño contra los palpitantes huevos del hombre, sintiendo cómo la inflamada verga llegaba hasta lo más hondo y el fuego blanco alcanzaba lo más profundo de su ser.

Separándose del grupo, Eva observó a los 10 tíos desnudos que la acompañaban en esos libidinosos vestuarios masculinos.

Silvio seguía sentado en el mismo banco desde el que prácticamente no se había movido. No alcanzaba a ver si tenía el pequeño pene empalmado o no. Pero su cara de satisfacción era evidente. “Pobre”, pensó Eva maliciosamente.

Eloy estaba de pie, recostado contra la pared. Aunque su abultada barriga no le dejaba verlo con claridad, bajo la grasa asomaba la punta de su erecto pito. Parecía gustarle todo lo que estaba presenciando. Eva se alegró por él.

El hombre desconocido seguía allí, desnudo y con la polla morcillona. Eva consideró que era un hombre afortunado. Recordaba haberle oído decir que era su primer día en el gimnasio. Pues menudo recibimiento.

El abuelo Agustín, sentado en uno de los largos bancos, observaba la situación con un gesto risueño. Parecía satisfecho. ¿Cuánto haría que nadie le hacía un trabajito como el que ella le había regalado? Eva sonrió para sus adentros.

Nuevamente empalmado y, como siempre, acariciándose el bonito manubrio, Lucas la miraba con su angelical rostro. Cuando Eva lo pilló, el jovenzuelo retiró la mirada, como siempre avergonzado. Una nueva oleada de ternura se apoderó de ella, que se convirtió en lujuria al fijarse detenidamente en el largo rabo del muchacho.

Cuauhtémoc parecía indiferente a la situación. Acababa de follársela, rellenándola de esperma, y ahora se estaba preparando para irse a la ducha, dándole la espalda. Eva observó una vez más el glorioso tatuaje del dragón y un escalofrío de recelo y placer le sobrevino.

Tras colocarse las mallas, mostrando paquete como siempre, un risueño Rodolfo la miraba satisfecho, sabedor de haber sido el precursor de todo aquello. Sus despreciables metidas de mano y su maldita apuesta… Era el hombre que le había regalado la experiencia más placentera de toda su vida. Sus excitantes metidas de mano y su morbosa apuesta…

En el siguiente que se fijó fue en el indeseable Claudio. Envuelto en su halo chulesco, la miraba y sonreía con suficiencia. Parecía saber que la podía poseer en cuanto quisiera. “No lo lograrás” pensó. Se fijó en su fornido torso y bajó la mirada hasta el feo y grueso tronco que se acomodaba entre sus piernas. No se había empalmado en ningún momento. “Pero no me lo pongas muy difícil, por favor…”.

Leon, al igual que el sudamericano, parecía evadirse de la situación. El imponente afroamericano se estaba arreglando el vendaje que había quedado empapado tras la sesión de sexo bajo la ducha. Su lustrosa verga brillaba reflejando la luz que iluminaba la estancia. Interiormente, Eva sonrió al recordar que un negro se la había follado.

Por último, el guapísimo chico de las rastas. El adonis que la volvía loca. El macho que tenía el pollón más grande que había visto jamás. Al cruzarse con su cómplice mirada, una creciente oleada de placer recorrió su cuerpo, desde los pies hasta la cabeza. Entonces recordó que no se había corrido. Iba a poner remedio a eso.

Mientras volvía a chupar el enorme rabo flácido de Moisés, el resto de hombres se fue aproximando poco a poco. En un momento, Eva estaba rodeada de machos con los rabos dispuestos a ser atendidos. Ver tanta polla altiva le subió la libido, que no decaía en ningún momento debido a la profusión de acontecimientos. Arrodillada, fue girando para ir alternando entre las nueve vergas. No le hizo ascos a nadie. Claudio seguía al margen.

Cuando se la volvió a chupar a Silvio, una maléfica imagen le vino a la mente. “¿Cómo sería compararlas?”. Con malicia, buscó a Moisés, colocándolo junto al acomplejado cachas. Eva cotejó ambas vergas. Le parecía increíble el enorme contraste entre el kilométrico y voluminoso pollón de uno y la triste y diminuta pistolita de otro. 19 centímetros de diferencia. No pudo evitar una ladina sonrisa.

-¡Madre mía! Es que no hay color… - y se lanzó a degustar la verga más grande que había conocido, ignorando el pito más pequeño que había presenciado.

El que se coló entre las piernas de Eva, estirándose en el suelo boca arriba para comerle el coño, fue Rodolfo. Mientras, la tímida y delgada mano de Lucas le agarraba uno de los pechos sin demasiada soltura. Al otro se estaba dedicando Agustín, con una maestría fuera de toda duda. La boca que le comía la raja y las manos que la sobaban se iban alternando del mismo modo que ella cambiaba de pollas que masturbar y chupar. Aquello se había convertido en una auténtica orgía.

Saliva, fluidos y sudor se mezclaban y transferían entre los nueve cuerpos masculinos y el femenino. Habían comenzado a penetrarla. Todos y cada uno de los hombres había pasado por su coño sin dejar de manosear sus turgentes senos. El número de orgasmos alcanzados por Eva era incontable. Deseosa de que aquello no acabara nunca, había empezado a recibir las nuevas lechadas de sus amantes.

El primero en correrse en su boca había sido Silvio. Eva dejó caer al suelo su amarga leche con cara de asco. Pero el hombre, indiferente a esa reacción, estaba satisfecho. Había conseguido poseerla, había obtenido su trofeo.

Eloy había cumplido un sueño corriéndose en el interior de su preciosa amiga. Ansioso, no había aguantado mucho follándosela. Aunque había sido breve, había disfrutado tanto de ese momento que no había podido retrasar más el éxtasis eyaculando en el esponjoso coño de Eva.

El desconocido se había corrido mientras la mujer le masturbaba. Estaba más que satisfecho con su primer día de gimnasio. Orgulloso de haberle puesto los cuernos a su esposa con una mujer de bandera, se precipitó al orgasmo recordando lo placentero que había sido zumbársela.

El viejo Agustín se había corrido, al igual que Eloy, en el interior de Eva. Maravillado al recordar tiempos pasados, cuando aún tenía opciones de follar sin pagar, se había dejado llevar por las excelsas cualidades de la mujer que le estaba regalando ese recuerdo.

Lucas le pintó la cara por segunda vez. El muchacho le había quitado la verga de la boca justo antes de empezar a eyacular para masturbarse ante sus ojos. El joven grabó mentalmente esa imagen del rostro de Eva deseosa de recibir su lefa, para futuras pajas, y empezó a escupir nuevamente cuantiosos chorros de esperma blanquecino.

Cuauhtémoc ya se había corrido en lo más profundo de Eva. Ahora quería llenarle la boca de fuego. Cuando la treintañera se la metió hasta la garganta, el sudamericano decidió que era el momento. El ardiente semen golpeó el paladar de la mujer, que se aferró a la vigorosa polla para no dejar escapar ni una gota de semen. Tras los espasmos, apartándose de ella ligeramente, pudo observar con satisfacción, como la morena se lo tragaba todo con extrema devoción.

El Paquete se había follado a unas cuantas alumnas del gimnasio, pero ninguna tan especial, hermosa y caliente como Eva. Se lo había pasado en grande con ella, pero sabía que no la volvería a ver. Envuelto en esos pensamientos, mientras bombeaba en el interior de la hermosa mujer, sacó el pollón para rematar la faena masturbándose en dirección al culo de Eva. El denso semen golpeó contra el virgen ano de la mujer, salpicando la espalda y acumulándose entre las nalgas. El pegote de lefa se fue desplazando lentamente hasta alcanzar el acuoso coño donde se deslizó entre los labios vaginales.

A Leon le gustaba esa mujer. Era la única cosa que había conseguido distraerle de su máxima preocupación, la lesión que le impediría trabajar la parte superior de su cuerpo. Absorto en esa idea, había retrasado el orgasmo con facilidad. Pero no pudo resistir mucho tiempo cuando Eva puso todo su empeño en hacerle eyacular, masturbándole con una mano, apretándole los huevos con la otra y succionando el sensible glande con la boca. El primer chorro de leche cayó en la boca de Eva, que se apartó, sorprendida por la violencia del mismo. El resto alcanzaron el pelo y el rostro de la tía buena.

Ya solo quedaba él. Moisés seguía retrasando el final, disfrutando sobremanera de la mujer más morbosa que conocía. Aunque la había ignorado desde el primer día, sabía el efecto que eso provocaba en las mujeres. Satisfecho, disfrutando de la mamada que Eva le estaba regalando, la mujer le sorprendió, acercando sus voluminosos senos a la enorme verga. La morena acomodó el pollón entre ambas tetas y comenzó a restregarse, haciéndole una cubana. El placer que aquellos roces le provocaban era tan grande que empezó a perder el control. Cuando la novia de Gerardo abrió la boca para lamer la punta del cipote sin dejar de refregarle los pechos, se corrió.

Por fin lo conseguía. La semilla de aquel majestuoso semental comenzaba a brotar salpicándole el rostro tras golpearle en la mejilla. El ímpetu con el que salían despedidos los chorros de semen la alucinaron. La leche le manchó aún más el pelo y la cara donde se acumulaban los restos de anteriores lechadas. Tuvo tiempo de abrir la boca para recibir parte de aquella espectacular corrida y el resto se depositó sobre sus majestuosas tetas. Moisés le golpeó los tiesos pezones con la punta de su polla semirígida. Ella sonrió, satisfecha, y le dio los últimos chupetones y lametazos a aquel inconmensurable pollón.

La fiesta se había acabado. Los hombres habían comenzado a recoger y se marchaban, dejando atrás la mejor sesión de sexo que jamás volverían a repetir. El único que se acercó a Eva fue Eloy.

-¿Estás bien? ¿Quieres que te espere para que regresemos juntos?

-No, gracias – le sonrió con amabilidad – Creo que prefiero estar un rato sola.

Eloy lo comprendió. Sin saber muy bien cómo reaccionar, temeroso de perder su amistad, pero sobre todo, acongojado por perder la oportunidad, si existía, de volver a tener sexo con ella, no dijo nada.

Ya se habían marchado todos cuando Eva sintió el vacío de su corazón tras quedarse sola. Aún no había empezado a pensar en las consecuencias de todo aquello y en Gerardo… cuando de repente, un súbito temor la asaltó. Cómo Claudio se llegara a enterar de quién era ella…

-Jamás habría pensado que mi momento llegaría justo después de terminada la fiesta – las palabras del niñato resonaron en la despoblaba estancia.

-¿El momento de qué?

-De mostrarte mis encantos – sonrió, como siempre, con aire chulesco.

-No me conseguirás jamás – seguía en sus treces.

-¿Por qué me tratas de forma diferente? Debo ser alguien especial para ti… - nuevamente le dedicó una mueca llena de soberbia.

Eva se asustó. Aquel indeseable niñato no debía enterarse jamás de que era la novia de Gerardo.

Claudio se agarró el cipote, retirando el enorme pellejo hacia atrás y mostrando nuevamente su gordo glande.

-Para – le advirtió ella.

-¿Por qué? ¿Te gusta?

“¡Claro que me gusta, idiota!”.

-No – puso cara de ofendida.

-¿Quieres que me masturbe para ti?

-Haz lo que quieras – no le quitaba ojo a la hermosa y gruesa verga.

El veinteañero comenzó a menearse el pollón.

-¿Me la chuparás?

-¡No! Solo quiero ver cuánto te crece – sonrió con picardía.

Claudio rio con estruendo, haciendo resonar sus carcajadas gracias al eco que producía el recinto.

La oronda polla del niñato estaba adquiriendo volumen. Solo estaba morcillona y a Eva le parecía de un grosor sobrehumano, sin desmerecer la longitud que parecía estar alcanzando.

-¿Quieres que me la siga tocando?

-Sí, por favor… - balbuceo mientras se llevaba una mano a la entrepierna.

Eva se acarició el coño sin dejar de fijarse en la descomunal polla del chico al que odiaba su novio. Ese macabro pensamiento la hizo estallar en un alarido de placer al tiempo que se rozaba el delicado clítoris.

Entre los dedos de Claudio se intuía una polla irreal. Estaba completamente empalmado mientras Eva se masturbaba introduciéndose un par de dedos en el coño.

-Déjame verla – le pidió.

El chaval retiró la mano mostrando sus 23 gordísimos centímetros. Eva comprendió el motivo por el que le sobraba tanto pellejo: para cubrir toda esa extraordinaria longitud. Pero lo que le hacía parecer de otro mundo era el descomunal grosor. ¿Le cabría eso en el coño?, pensó mientras se le derretía con los dos dedos incrustados.

-¿Puedo verla más de cerca? – pidió permiso ingenuamente.

-Por supuesto.

Eva se acercó, gateando con sensualidad. Observarla tan próxima era aún más increíble. Pensó que le costaría metérsela en la boca. Con una mano comenzó a acariciar las fuertes piernas del futbolista. Subió por sus portentosos gemelos y la parte interna de sus fuertes muslos, sintiendo el calor que emanaba el sexo del veinteañero. Se acercó a la ingle, masajeando la zona sin llegar a tocar sus partes íntimas, solo algún leve roce con las inconmensurables bolsas testiculares que colgaban como alforjas.

Disimuladamente, Eva comenzó a masajearle los huevos. Iba a romper el pacto con ella misma. Iba a sucumbir ante aquel niñato, ante el despreciable chaval que se metía maleducadamente con todo el mundo, que había humillado a su amigo Eloy y se había peleado con su novio Gerardo. Pero ya no podía más. Seguía cachonda y ya no había nadie con quien entretenerse para poder olvidarse de aquel engreído yogurín. Le asió la inmensa polla, no pudiendo rodearla por completo.

-De eso nada – Claudio se retiró de ella, descolocándola completamente y dejándola con las ganas.

-¿¡Qué dices!?

-Si no hay mamada, no hay magreos.

“¡Claro que te la voy a chupar, gilipollas!”

-No lo dices en serio – le retó.

-Si quieres tocármela, vamos a mi casa.

-No.

-Está bien – el chico hizo ademán de marcharse.

Eva observó como Claudio recogía sus cosas. Intentó aguantar lo máximo que pudo, pero finalmente se derrumbó.

-Espera – le paró, provocando una mueca de triunfo en el rostro del vanidoso crío, que pasó desapercibida para la mujer puesto que el chico estaba de espaldas.

-¿Me acompañas?

-Pero solo una paja – intentó engañarse a sí misma.

-Mujer, si se te escapa algún lengüetazo tampoco pasa nada – hizo reír a la excitada mujer.

Eva se arregló con premura, temerosa de recapacitar y arrepentirse de lo que iba a suceder. Por desgracia para ella, el trayecto fue corto y no tuvo tiempo suficiente para reflexionar sobre lo que estaba haciendo, dirigiéndose directamente a la cueva del lobo. El piso de soltero de Claudio sorprendió gratamente a la novia de Gerardo. Era pequeño, pero agradable.

-Este es mi picadero – bromeó Claudio, aunque no estaba mintiendo.

-Imbécil – se hizo la ofendida.

-Si quieres tomar algo, sírvete tu misma.

-Ya sabes lo que quiero. No he venido aquí a ligar contigo.

El chico rio, divertido.

-Vamos al grano entonces.

Claudio se abalanzó sobre la mujer y le plantó un morreo como ya hiciera en las duchas. Esta vez la resistencia de Eva fue nula, dejándose asaltar por la viperina lengua invasora. Con maestría, demostrando que no eran pocas las veces que lo había hecho, el hombre comenzó a desvestir a la dama sin dejar de comerle la boca. Se deshizo sin problemas de la camisa, dejándola en sujetador y llevó las manos al cierre del pantalón. Cuando le bajó la cremallera, llevó las manos a la parte de atrás de la cintura y comenzó a deslizarlas por la suave piel de la hermosa morena, acariciándole las nalgas a medida que le bajada el pantalón, descubriendo el precioso tanga que escasamente le tapaba las partes íntimas.

Mientras la desnudaban, Eva hizo lo propio, deshaciéndose de la camiseta del chico. Introduciendo las manos bajo la misma, se recreó amasando sus fuertes músculos mientras la alzaba para finalmente sacársela por encima de la cabeza. Ansiosa, comenzó a desabotonar los jeans del niñato. Antes de deshacerse de ellos, coló una mano por la abertura y sobó el blando, pero abultado paquete sobre el moderno slip ajustado de Claudio.

El hombre se separó de ella, que estaba en ropa interior, haciéndola sufrir. Antes de bajarse los tejanos, se deshizo de las bambas, lanzándolas lejos. Ante los ojos de Eva aparecieron los prietos calzoncillos y el enorme bulto que escondía la tentadora verga del muchacho. Con parsimonia, Claudio deslizó la única prenda que le quedaba hacia abajo, mostrando su laxo cipote.

-Me gusta más cuando se te empina – advirtió, melosa y juguetona.

-Lo sé.

Sin dejarla reaccionar, se arrojó sobre Eva, tumbándola en la cama y colmándola de besos mientras, con la vigorosa mano derecha, comenzaba a jugar con la tela del tanga de la mujer.

Aquello no es lo que la novia de Gerardo esperaba ni quería, pero instintivamente abrió las piernas ligeramente, permitiendo que la juguetona mano de Claudio desplazara la tela de la braga a un costado, liberando su nuevamente chorreante sexo, mientras no dejaba de recibir los besos que ya se desplazaban desde su cuello hasta el inicio de sus montañosas berzas.

Con la mano libre, Claudio retiró una de las copas del sostén. Mientras ascendía la colina a base de pequeños mordiscos, con la barbilla golpeaba el tieso pezón de Eva. Al alcanzar la aureola volvió a besarla con suavidad, hasta que la boca hizo cumbre y mordisqueó el sensible pezón al tiempo que el grueso y largo dedo índice de la mano que hurgaba por abajo, se introdujo sin previo aviso en el coño de la treintañera.

Mientras Eva se convulsionaba debido al placer, el hombre lamió el camino que unía los senos con el pequeño ombligo de la mujer. Con la lengua en el interior del sensible agujero, el sonido del chapoteo que el dedo de Claudio producía, entrando y saliendo del acuoso coño de la morena, invadió la habitación, fundiéndose con los sinceros jadeos de la dama.

A medida que la experta boca del niñato avanzaba por el pubis femenino, el chico agarró el tanga, estirando de los costados para retirarlo. Ella alzó el pompis, facilitando la faena. La íntima prenda quedó a la altura de las rodillas y Eva abrió las piernas, estirando las bragas, hasta que no dieron más de sí. Mordisqueando la parte interna de los muslos y lamiendo las ingles de la tía buena, el muchacho estaba consiguiendo que la novia de Gerardo ansiara que le comiera el coño.

Cuando sintió que la desesperación colmaba a la mujer, el experto yogurín besó el erecto clítoris, sacando la esponjosa lengua para lamerlo. Bajando lentamente, fue recorriendo los sabrosos labios vaginales con la gruesa lengua para acabar succionándolos con toda la boca. Mientras se comía el blanquecino coño, Claudio volvió a introducir el imponente dedo en la lubricada vagina, haciéndola tocar el cielo.

El cuerpo de Eva se convulsionó rompiendo en un placentero orgasmo que le duró más de lo debido. Aquel indeseable sabía lo que hacía, demasiado bien. Era un joven amante excepcional. Ruborizada alzó la cabeza, intentando divisar el cuerpo desnudo del niñato. Aún la tenía flácida.

-Creo que tendré que encargarme personalmente de esto – bromeó, compartiendo risas con el despreciable Claudio.

El chico se tumbó en la cama y ella, subiéndose las bragas, se alzó, cambiando las posturas. La joven verga descansaba sobre el impoluto pubis. Eva la masajeó, sintiendo la flacidez del rechoncho miembro. Alzándolo, lo descapulló, descorriendo el enorme pellejo que cubría la cabeza.

-Así está mucho mejor – sonrió, comenzando a masturbar al niñato.

A medida que aquello iba ganando volumen, sentía que se le escapaba de las manos. Empezaba a no poder abarcar toda la circunferencia. La piel sobrante que tan fea le quedaba en estado de reposo, empezaba a estirarse a lo largo de los centímetros que el desproporcionado pollón crecía. Estaba cada vez más cachonda viendo cómo aquello aumentaba de tamaño entre sus manos. Completamente tiesa, Eva no podía evitar gemir levemente cada vez que subía y bajaba a lo largo del grueso tronco de la verga.

Orgulloso de su polla, Claudio se deleitaba, enardecido, viendo cómo la preciosa mujer disfrutaba de su extraordinaria masculinidad. Con la vanidad desbordada, observó a Eva acercando el rostro hacia su cipote. Había llegado el momento de hacer realidad su primer augurio. La novia de Gerardo sacó la lengua y la paseó por el enorme glande.

-Se me ha escapado un lengüetazo – bromeó, antes de dejarse de tonterías y comenzar a chupársela completamente.

Debido al grosor, le costaba metérsela en la boca, así que se dedicó a lamer el orondo tronco, sin dejar de masturbarle ni besarle cada centímetro. Sin descuidar los desarrollados huevos del joven, paseaba la insaciable lengua desde las bolsas testiculares hasta la punta de la inmensa polla, sin separarse ni un segundo de la pegajosa piel del aparato.

Deshaciéndose del sostén, Eva subió poco a poco por el cuerpo de Claudio, besando sus portentosos músculos abdominales y restregando los pechos contra testículos y polla del niñato. Llevando una mano hacia atrás para acariciar la inmensa verga que la volvía loca, se alzó para besar al muchacho.

Claudio reaccionó agarrándola de la cintura y tumbándola nuevamente sobre la cama, colocándose él encima. Agarró la tela del pequeño tanga y tiró de él con fuerza, rasgando las carnes de Eva, que sollozó por el imprevisto ímpetu. La mujer alzó las piernas, separándolas y doblegándolas sobre sus rodillas, invitando al lobo a adentrarse en la cueva.

-Aún no le he pegado una paliza a tu novio porque sabía que había una forma más placentera de vengarme – le susurró justo antes de detenerse, con la palpitante polla rozando levemente los derretidos labios vaginales de Eva.

-No te pares ahora. Fóllame…

Aunque la sorpresa de saber que Claudio la reconocía como la novia de su compañero era enorme, le podía más la acumulación de deseo que el niñato le había estado regalando. Necesitaba sentir dentro ese enorme pollón del engreído chaval.

-¿Quieres que me vengue?

-Sí, por favor…

-¿Quieres que lo humille?

-Ya lo estás haciendo…

Satisfecho con esa respuesta, Claudio hundió su miembro en el acolchado coño de Eva, haciéndola gritar de placer y dolor, cumpliendo el segundo augurio. Apoyado sobre sus hercúleos brazos, comenzó a mover la cadera penetrando a la mujer que se deshacía de gusto bajo su masculino y joven cuerpo.

Con aquel grosor en su interior y el continuo pensamiento de estar humillando a su novio, alcanzó un nuevo orgasmo. Aferrándose a su lozano amante, buscando su lengua con deseo, y retozándose contra su inmaculado pubis, haciendo que los huevos de Claudio se aplastaran contra sus nalgas, tuvo la sensación de estar concluyendo aquella magnífica aventura de la mejor manera posible.

Saliéndose del interior de la novia de Gerardo, mientras no dejaba de masturbarse, la mujer lo miró con admiración. Era un hombre insaciable y poderoso capaz de alcanzar las metas que se propusiera. ¿Quién era ella para negarle nada?

-Tu amigo el gordito se ha corrido en tu boca. Espero que a mí me regales algo más – sonrió con malicia.

No sabía a qué podía referirse, pero Eva se moría de ganas de sentir la lefa del vanidoso muchacho esparciéndose por su lengua. No necesitó gesticular para invitarle. Él se acercó a la tía buena apuntando el mastodóntico cipote hacia su cara, a punto de alcanzar todos los augurios que se había propuesto.

Claudio soltó toda la leche mientras Eva se esforzaba abriendo la boca todo lo que podía para introducirse la gruesa polla. El chico roció de copioso semen la lengua de la novia de su compañero de equipo. Al contrario que el de Eloy, el esperma del veinteañero era abundante, cristalino y acuoso. A Eva le gustó la textura y sabor y se entretuvo moldeándolo con la lengua. De repente, se le ocurrió cómo regalarle algo más que a su amigo. Mirándolo a los ojos pícaramente, con una expresión morbosa, Eva se tragó la lefa del indeseable.

El hombre sonrió, satisfecho. Tal y como había previsto, se había calzado a la novia del gilipollas que había osado pegarle un puñetazo durante uno de los entrenos de pretemporada. Nadie debía atreverse a pelearse con él. Y ahora ya estaba dispuesto a devolvérsela. Le encantaba pensar en la idea de confesarle al oído lo que había hecho con su novia justo después de pegarle una paliza.

-Vístete, putita, que he quedado.

-Eres un gilipollas, Claudio – se exasperó al comprobar que aquel niñato que tan bien la había follado seguía siendo un completo imbécil.

De camino a casa, Eva por fin tuvo tiempo de reflexionar. Lo primero que haría sería borrarse del gimnasio. Maldijo no haberse asegurado de que Claudio no le contaría nada a Gerardo. Eso la intranquilizaba sobremanera. Por Eloy no debía preocuparse. Esperaba que lo ocurrido no cambiara nada entre ellos. Solo era un amigo que había tenido la suerte de estar en el momento y lugar adecuado. Esperaba que con Agustín ocurriera algo parecido. Sin embargo, el remordimiento por haber sido infiel a la persona que quería era tan grande que no se veía capaz de afrontarlo. ¿Cómo iba a mirarle a los ojos a Gerardo? Un vergonzoso escalofrío le recorrió el cuerpo y se sintió penosamente culpable.

Unos meses después de lo ocurrido, la pareja lo dejó. Él se había enterado de lo sucedido tras la confesión de Claudio mientras discutían durante una nueva pelea en el seno del equipo. Aunque el veinteañero no había llegado a darle una paliza, sí le había dado unas cuantas ostias que no había podido evitar ni devolver. Aún recordaba las odiosas palabras del niñato mientras él sucumbía en el suelo, medio aturdido, y el resto de compañeros agarraban a un descontrolado Claudio. Las lágrimas le afloraban cada vez que lo recordaba.

Con toda su buena fe, Gerardo la había perdonado. Primero dejó el fútbol, queriendo alejarse de Claudio para evitar mayores problemas. Se centró en ella, intentando obviar lo sucedido y arreglar la quebrantada situación. Sin embargo, las cosas no funcionaban. Eva estaba enormemente agradecida a Gerardo por el inmenso esfuerzo, pero el rencor estaba ahí. Y las cosas en la cama ya no funcionaban. La mujer no podía evitar pensar en otros hombres siempre que veía los escasos 14 centímetros en erección de su novio.

Tras la ruptura de la pareja, al poco tiempo, Eva volvió a darse de alta en el gimnasio.

31 Response to "Cariño, ponte en forma"

  1. doctorbp 30 de diciembre de 2013, 16:40
    Primero de todo quisiera pedir perdón por las posibles erratas que contenga el texto, pero quería subir el relato antes de fin de año para alcanzar el reto de publicar uno cada mes de 2013. Ya sabéis que durante 2014, muy a mi pesar, no podré mantener el ritmo de publicación.

    El relato nace a raíz de la sugerencia de un lector. Aunque la propuesta me llegó hace bastante, si me gusta, es posible que la acabe utilizando como ha sido el caso. Así que, si os apetece, os animo a que os pongáis en contacto conmigo para cualquier cosa. Ya lo sabéis.

    Espero que disfrutéis del relato leyéndolo tanto como yo he disfrutado escribiéndolo.
  2. Anónimo 30 de diciembre de 2013, 18:02
    Hola Doctor, me he leido las 30 ó 40 primerlas lineas y percibo relatazo a la vista, pero antes me gustaría hacer una crítica y que quizá mas gente la comparte.

    Al ver las etiquetas del relato prácticamente ya le tengo destripado entero, vamos que ya sé que es infiel, que se la tiran varios a la vez y entre ellos por lo menos un señor mayor y alguna cosa mas.

    No sé podrían esconder esas etiquetas ya que lo bonito es la emoción por saber que va a a pasar?

    Un saludo y muchas gracias por un nuevo relato de un genio del género como sin duda eres.

    Tambien desearos feliz año a ti y a todos tus seguidores.

    P.D. No sé porque pero esperaba un relato de una infidelidad durante alguna cena navideña con un familiar del novio/marido jejeje
  3. doctorbp 31 de diciembre de 2013, 0:18
    Lo cierto es que tienes toda la razón del mundo. Es un problema que ya me había planteado con anterioridad (y más teniendo en cuenta lo que me gusta jugar con los personajes para que no se sepa con exactitud lo que va a pasar). Es más, lo llegué a plantear en los comentarios de uno de los relatos, pero no recibí demasiado feedback.
    Es por eso que acabo de crear una página nueva, "Opinion", en la que intentaré ir recalando la opinión de vosotros, los lectores, para intentar mejorar en lo que pueda. Espero que la vayáis visitando. Anunciaré las novedades vía Twitter. De momento he publicado una encuesta en la que os pregunto qué preferís respecto a las etiquetas con las categorías de los relatos.
    Es algo que tenía en mente hace tiempo y tu comentario ha sido la excusa perfecta para ponerme a ello.

    Por lo demás solo queda disculparme por haberte destripado medio relato y decirte que igual me he equivocado con alguna categoría xD

    En fin, muchísimas gracias por tu magnífico aporte y por considerarme un genio de algo a lo que simplemente soy aficionado. Espero que termines de leerlo y vuelvas para comentarlo :)

    Igualmente, feliz año a todos.

    jejeje esa historia me la guardo para el año que viene :P Te juro que fue una opción para ahora, pero ya había empezado la historia del gimnasio, que se me ha alargado más de la cuenta y he tenido que desechar la opción navideña.
  4. Straccia Tella 31 de diciembre de 2013, 15:14
    Primero que todo: Felices fiestas y feliz año nuevo!!

    Muchisimas gracias por otro relato. Me ha gustado mucho el, ya que en parte me ha recordado muchísimo a mi favorito ("Despedida de soltera"). Temática muy apropiada en esta parte del año en la que todo el mundo hace propósito de ir al gimnasio (y acaban la mayoría únicamente apadrinandolo)

    Como ibicenca te voy a dar un mini tirón de orejas, porque mi islita ha sido mencionada en dos relatos tuyos, y una con connotaciones de drogas y otra con connotaciones de únicamente fiesta. Exijo una mención a una playa bonita en el futuro! ;P

    Pero bueno, me ha gustado muchísimo el relato, y la espera como siempre ha merecido la pena.

    Espero que pases un 2014 genial!!
  5. SALVADOR ZULOAGA 31 de diciembre de 2013, 16:49
    No tengo palabras para poder comentar el pedazo de relato que nos has regalado. Simplemente bravo, bravo y bravo. Espectacular, Lo he leído de un tirón y cuanto más avanzaba necesitaba leer más.
    Lo tiene todo. Mezcla de "Noche descontrolada" con "Despedida de soltera" más "Las pozas". A mi me parece el mejor relato que has escrito. No te preocupes por alguna falta de ortografía, es normal, seguro que Camilo José Cela también las cometía pero tenía a 1000 editores. Tú estás solo así que no te preocupes. Tiene mérito el escribir tanto volumen y con tanta calidad.

    Por otro lado, me ha encantado los personaje de Eva y Claudio. Personajes tan antagonistas que unidos hacen que el relato sea una bomba. Hace tremendamente excitante el relato esa contraposición de personalidades. El chico supermalote, hijoputa, chulesco y violento. Por otro lado, Eva ingenua, educada, risueña e inexperta.

    Me ha parecido un poco irreal que se meta en el vestuario de chicos y alli se pusieran a follar...Ahí te ha faltado para que fuese más creíble decir que era al mediodía o últimas horas o un día el que había poca gente...vamos un día y una hora con poca gente en el gym.
    Tampoco veo claro que se líe con todos...con Moisés, Claudio y Rodolfo era suficiente. Eres bastante solidario...jejeejeje

    Lo que me ha dado pena es que no le hayas dado mucha cancha al sudamericano Cuauhtémoc.Me parecía un perfil idóneo para hacer un trío con Claudio y darle caña a Eva.

    Yo hubiera elegido para el personaje de Eloy una amiga. Una amiga de Eva o Gerardo. De la misma edad, casada...que le tiraran los trastos y finamente se tirara a alguien del gym. Un doble secreto lo hubiera hecho mas morboso.

    Impresionante este diálogo:


    "-¿Quieres que me vengue?

    -Sí, por favor…

    -¿Quieres que lo humille?

    -Ya lo estás haciendo…"

    Un 10 con mayúsculas. No solo se la va a tirar poniendo los cuernos a su enemigo si no que además hace que la tía lo apruebe. Es impresionante.

    Por cierto yo pensaba que el regalo que le iba a hacer Eva a Claudio (a difernecia de Eloy) es la puerta trasera...se te ha olvidado???

    Bueno, felicitarte por el relato. Te animo a que escribas otro. Enhorabuena!!!
  6. Anónimo 31 de diciembre de 2013, 21:13
    Docto canta conmigo: LET IT BE, LET IT BE....

    Parece mentira que el autor de este relato sea el mismo de “Hermana mayor”.

    Decir que me ha encantado es poco, me parece muy buen relato para terminar el año. (Estaba esperando a la familia y mejor que ver la tele, decidí leer tu última creación)

    La cotidianidad en los relatos eróticos me encanta y aunque el principio se me ha hecho un poco tedioso por todos los preámbulos ( que una vez te metes en la historia todos tienen su porque)

    Has ido lanzando los personajes poco a poco, como si fueran piezas en un tablero de ajedrez hasta que ha llegado el movimiento final que me ha parecido sublime.
    Manejas muy bien el erotismo per se. Este párrafo me ha encantado.

    “El generoso escote que formaba la toalla atada alrededor del cuerpo de Eva se acercó rápidamente al rostro de Agustín que no perdió detalle. Aquellas magníficas tetas se pararon muy cerca de su nariz. El hombre husmeó ligeramente y se deleitó con la visión de aquel morboso canalillo. Tras el cariñoso gesto, Eva dio por concluida la sesión en la sauna.”

    Todos los personajes me han parecido creíbles, sin ser minucioso en su carácter has sabido transmitirlo muy bien. Has ido creando el ambiente poco a poco, hasta llegar al crescendo.

    Genial este otro párrafo:
    “Aquello era demasiado, si Rodolfo no paraba de sobarla de inmediato, lo pararía ella. Aunque los inesperados masajes eran placenteros, no podía permitir que aquello continuara. De repente, la mano del monitor traspasó la línea que jamás había rebasado. Eva sintió cómo se acercaba hacia su sexo, por la parte interna del muslo. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Cuando la mano le palpó la parte superior de la pierna, a escasos centímetros del pubis, haciendo que la parte interior de las mallas se deslizara por su sexo, sonaron las alarmas definitivamente.”

    Y un trozo de texto que hasta ha logrado excitarme:

    “El hombre se agarró la tela de las mallas y, poco a poco, la fue deslizando hacia abajo. A medida que lo hacía, la flácida verga se iba recolocando, apuntando hacia el suelo, de modo que Eva tuvo una visión paulatina de toda la polla. Primero el pubis, completamente rasurado, después el grueso tronco y, detrás de este, las bolsas testiculares que no eran precisamente pequeñas. Por último, tras centímetros y centímetros de polla, apareció un abultado glande blanquecino”

    El duelo interior de Eva con ella misma por no caer bajos los encantos de Claudio me ha parecido estupendo. Por cierto, muy bien dimensionado el personaje del chulito veinteañero.
    Otra cosa a destacar es el variado grupo de edades y etnias que has incluido en la orgia. Muy logrado también.

    Lo único que no me ha gustado es tu manía con ir con la regla midiendo los instrumentos de los protagonistas (para mi gusto le quita autenticidad al texto).

    Bueno, feliz año 2014 y nos leemos

    Post data: En el comentario a mi relato del ejercicio, dijiste que no entendías como el cura se excitaba ante las historias de Eulalia, querido doctor una polla es una polla y da igual donde se meta. Los homosexuales nos calentamos con las historias heterosexuales siempre que el sexo masculino tenga cierto protagonismo como pasa en tu historia, del mismo modo que un hombre heterosexual se excita ante un dúo lésbico. Tú a mí me has puesto cachondo con tanta polla suelta )))



    MACHIRULO
  7. Mr18 1 de enero de 2014, 8:22
    Bueno, este relato me ha dejado muchísimas cosas que comentar, y eso de entrada ya es bueno.

    Primero, ayudarte a corregir algunos errores. No me fijo para señalar en todos los errores ortográficos/mecanográficos porque sé que no son por desconocimiento tuyo sino por las prisas. Sin embargo, ha habido dos pequeños fallos que me han llamado la atención especialmente. El primero, porque no sé si es un error ortográfico o mecanográfico ni si seráis consciente de él al verlo: pones "lívido" (que es un adjetivo que viene a significar pálido, más o menos) en lugar de "líbido" (sustantivo al que te refieres realmente). El segundo no es ni ortográfico ni mecanográfico, sino de contexto: hay un momento en que dices que Rodolfo se tumba boca abajo para hacerle sexo oral a Eva... Sería boca arriba, ¿no? xD Hay un tercer caso que me había parecido un error en principio, pero luego me he dado cuenta de que no tiene por qué serlo. Siempre describes la verga de Claudio como fea y de pronto en una ocasión la describes como hermosa. Primero pensé que era un error, luego que sencillamente la percepción de Eva había cambiado, y finalmente me he dado cuenta de que posiblemente la verga es fea en estado de flacidez y hermosa en erección.

    En segundo lugar quiero preguntarte por un personaje que me ha dejado algunas dudas. Me refiero a Leon. Te refieres a él varias veces como "afroamericano", pero en ningún momento mencionas que sea extranjero o que tenga ningún acento. Quiero decir, para aplicar el término "afroamericano" el personaje tendría que ser, de hecho, americano (estadounidense), y no mencionas ese hecho en ningún momento. Otra cosa que me deja dudas es su nombre. Y es que "Leon" suena a nombre hispano, pero no he podido evitar fijarme en la ausencia de la tilde siempre que lo escribes... En resumidas cuentas, que no me he enterado bien de los orígenes de Leon. Sé que no tiene importancia para la historia en sí, pero me gusta saber estos detalles de los personajes. xD

    Finalmente, sobre la trama en sí, comentar algunos detalles. El primero es que me parece que Gerardo es el personaje más cruelmente tratado de todos tus relatos, incluso superando a Toni de "Sin tetas no hay trabajo". Aunque Gerardo quizá da algo menos de pena porque cae un poco peor, al menos a mí, ya que se muestra como alguien algo egoísta y violento. El segundo detalle es que hubo un momento en el que pensé "Sería una genialidad que finalmente Claudio no consiguiera nada con Eva. Nadie se lo esperaría. Sería una vuelta de tuerca tremenda y el giro más sorprendente que habría tomado doctorbp en todos sus relatos." Nunca pensé que realmente fuera a pasar eso, y aunque el desenlace real está muy logrado (además de ser más coherente tanto con la misma historia como con tu proceder habitual como escritor) lo cierto es que me hubiera gustado ese cambio. Más que nada por el efecto sorpresa.

    Por último, una pequeña crítica. No me gusta excesivamente la parte del pulso entre Claudio y Leon y la apuesta de Eva con Rodolfo. Me parece demasiado forzado, no resulta creíble el desarrollo de los acontecimientos (partiendo de la base de que en este tipo de relatos todo es y debe ser demasiado fantasioso).

    Y ya está, perdona por el tocho y no te tomes a mal ninguna de las críticas que lo haces genial. En general este relato es de los mejores que has escrito, sobre todo por la variedad de personajes y lo bien narrado que está. Tiene sus fallos y sus cosas mejorables como todos, pero supera por mucho al último ("¿Y tú de quién eres?") sin ir más lejos, y eso que como ya comenté ése también me gustó.
  8. Mr18 1 de enero de 2014, 8:29
    Vuelvo a comentar en este caso para corregirme a mí mismo. He dicho que el último relato es "¿Y tú de quién eres?" cuando realmente es "Hermana mayor". Me refería al primero, el segundo no lo contaba porque pertenece al Ejercicio y se alejaba un poco de la dinámica habitual del blog.
  9. Mr18 1 de enero de 2014, 20:26
    Otra cuestión que me ha venido a la mente (perdona si soy muy pesado xD). ¡Me falta una explicación de cómo se entera Claudio de que Eva es la novia de Gerardo!
  10. doctorbp 1 de enero de 2014, 23:36
    Gracias, gracias, gracias por los numerosos y extensos comentarios. Con este relato mi intención era volver a mis orígenes y parece que ha gustado. Creo que este va a ser un comentario largo jeje

    LET IT BE, LET IT BE... gracias Machi :D

    Straccia, tienes toda la razón y muy buena memoria. Queda pendiente una mención ibicenca por sus playas :)

    Salvador, tú tienes parte de culpa de este relato, así que debo agradecerte aquel correo de hace casi un año jeje

    Debo confesar que, al igual que Eva y Eloy, jamás he pisado un gimnasio y me he tenido que documentar mínimamente para poder escribir el relato. Espero que no la haya cagado mucho.
    Respecto a la cantidad de gente en el gimnasio a la hora en la que suceden los acontecimientos en el vestuario y el hecho de que Eva se acabe tirando a todos, está relacionado. Me explico: Eva entra en los vestuarios acompañada de Rodolfo y con intenciones de encontrarse con Moisés, el resto de personajes están incluidos en la acción precisamente para escenificar el hecho de que a esa hora hay más gente que entra y sale de los vestuarios. Es decir, Eva se acaba tirando a Agustín porque da la casualidad de que el hombre llega a esa hora al gimnasio para su sesión de sauna. Y es por eso por lo que antes relato la relación entre ambos personajes, para que su encuentro en los vestuarios tenga un trasfondo. Evidentemente Eva tiene relación con más gente en el gimnasio, pero no la narro porque precisamente esos personajes (inexistentes en el relato) no tienen la suerte de acceder a los vestuarios en el momento que ocurre todo. No sé si me explico. El único que se sale de la norma es el desconocido, que como es su primer día en el gimnasio, no he podido contar nada de él antes.

    El personaje de Cuauhtémoc ganó fuerza en cuanto le tatué el dragón y la frase "El fuego nace en mi interior". En un principio solo sabía que iba a estar tatuado. Es el único personaje que podría poner en su sitio a Claudio, con eso lo digo todo :P

    Ya sé que te hubiera gustado que Eva hubiera estado acompañada por una amiga en el gimnasio jeje Pero si llego a añadirle un segundo personaje femenino al relato, creo que no lo termino antes de fin de año seguro xD Además, me gustaba la idea del amigo regordete que acabara consiguiéndola de forma casual. Como anécdota, decir que estuve a punto de hacer participar en la orgía a una de las chicas del grupito de amigas.

    No sé por qué, pero quise mantener el culo de Eva virgen hasta el final y no se me pasó por la cabeza que Claudio pudiera practicar sexo anal con ella en la escena final. De todos modos, me habría parecido un poco irreal que, de buenas a primeras, sin haber tenido nunca sexo por detrás, la desvirgue un tío con una polla tan gruesa que no le cabe en la boca ni es capaz de rodearla completamente con la mano jeje No sé si queda claro (o si se antoja poca cosa), pero el regalo (a diferencia de Eloy) es tragarse el semen.

    Machi, uno de mis temores era que el relato resultara pesado en sus inicios. Pero como bien dices, todas esas relaciones que parecen vacuas al inicio, luego cobran sentido a medida que se desarrollan los acontecimientos.

    Como le dije a Vieri y comento siempre que tengo ocasión, que te digan que un relato erótico ha excitado es el mayor halago que te pueden hacer. Por encima de todo (trama, ortografía, personajes...) lo primordial de este hobby debería ser conseguir excitar aunque para eso ayuda todo lo demás (trama, ortografía, personajes...).

    (continua)
  11. doctorbp 1 de enero de 2014, 23:38
    (...)

    Sobre la medición de los instrumentos, es algo que ya he corregido en algún relato. Sin embargo, en esta ocasión, con tantos personajes, quería que quedara bien claro quién la tenía más grande y quién más pequeña. Y para eso nada mejor que la exactitud de un número. Si cuarto leyera el relato seguro que me comentaría la exagerada reiteración a la hora de usar adjetivos. Reconozco que a veces me paso (mini, pequeña, grande, enorme, vigorosa, hercúlea...), pero creo que le dan ese toque para expresar lo que siente el personaje de Eva. Sin embargo, todos esos adjetivos se me quedan cortos para determinar que la diferencia entre Moisés y Silvio son de 19 centímetros.

    Por último, Machirulo, muchas gracias por la aclaración sobre mi comentario a tu relato del Ejercicio. Aunque no soy aficionado a los relatos lésbicos, sí podría llegar a calentarme leyendo las descripciones de las féminas o sus peripecias sexuales.
    Aunque un lector me comentó hace poco que mis relatos se centraban más en lo que excita a un hombre que en lo que excita a una mujer, yo creo que mis textos se centran mucho en el personaje femenino y lo que siente respecto a los masculinos para acabar haciendo lo que hace. Así que igual hasta te gustan mis relatos jaja

    Mr18, muchísimas gracias por las correcciones. En cuanto termine este comentario me pongo a arreglarlas. Tienes toda la razón en cada una de ellas.
    La maldita v/b ya me dio quebraderos de cabeza cuando una vez describí algo bello como vello :(
    jajaja me ha hecho mucha gracia imaginarme a Rodolfo boca abajo pasando el cuero cabelludo por la entrepierna de Eva.
    El tercer caso que comentas tendré que mirarlo con más detalle, pero como bien dices, la polla de Claudio es fea en reposo debido al pellejo de piel que le cuelga. Sin embargo, cuando se empalma y toda esa piel se estira, le queda un pollón muy bonito jajaja

    Hay un personaje americano de una serie de videojuegos japoneses (Resident Evil) que se llama Leon (la pronunciación sería algo así como 'Lion'). Pues es exactamente el mismo nombre. Lo único que quería destacar de este personaje es que era un negro enorme muy cachas, y me parecía más fácilmente identificable con esa idea hacer que fuera afroamericano. Pero como tampoco quería destacar este aspecto (que utilizaba únicamente para enfatizar que era el típico negro musculado como los que nos muestran en películas americanas), no quise dotarle de acento ni nada (tal vez lo tenga, pero yo lo obvié aposta por este motivo). Espero haberte aclarado la duda. Aunque reconozco que igual mi decisión no fue la correcta. ¿Es americano? sí. ¿Tiene acento? tal vez sí, o tal vez llegó muy joven a España y no lo tenga.

    Creo que si Claudio finalmente no consigue a Eva, algún lector me mata xD
    Ahora en serio, los que me seguís desde hace tiempo ya me conocéis más o menos (como bien demuestras). Chica preciosa, simpática, inteligente... y chico malote, chulo, dotado... Es una combinación que me gusta, porque implica dificultades que, a través del morbo, se acaban convirtiendo en una relación que al principio parecía imposible. En definitiva, que a mí me gusta que Claudio acabe consiguiendo a Eva, disfruté relatando el final.
    Esto tal vez implique ausencia de sorpresa y final predecible. Estoy de acuerdo. La sorpresa tal vez debería venir de Agustín, Silvio, Eloy... personajes que difícilmente habrían conseguido a Eva si no fuera por estar en el lugar adecuado en el momento adecuado, tal y como se narra en el propio relato.

    (continua)
  12. doctorbp 1 de enero de 2014, 23:39
    (...)

    De todos modos, para ayudar a las sorpresas, estaría bien comentar lo que indica el lector anónimo en el segundo comentario del relato.
    Os recuerdo que he creado una nueva sección en el blog (la pestaña "opinion") en la que me gustaría tener en cuenta vuestra opiniones. De momento he creado una encuesta para saber lo que os gustaría hacer con las categorías de los relatos que ahora aparecen al inicio de los mismos. Por desgracia, de momento la participación es nula :(
    Por ejemplo, en este relato habría estado bien que no se supiera que es un gang bang para que los acontecimientos de los vestuarios pillen más de sorpresa. Pero tampoco quiero privar la posibilidad de encontrar el relato a aquel que acceda buscando precisamente un gang bang (por eso, aunque no se muestren, las categorías son necesarias).

    El improvisado concurso de pulsos sirve para muchas cosas. Es la excusa para que Eva acepte (y pierda) la apuesta con Rodolfo. Sirve para que la rabia que Eva siente contra Claudio por haber humillado a Eloy se canalice sin que llegue a mayores (piensa que Eva cree que Leon pondrá en su sitio al niñato). Además, sirve para que Eva se caliente aún más (después de los manoseos de Rodolfo) viendo dos musculados torsos desnudos a pleno rendimiento.
    Tal vez sea forzado, pero me pareció una buena solución para conseguir todo eso :P

    Mr18, ni eres pesado ni debo perdonarte los tochos, más bien al contrario. En ningún caso me puedo tomar a mal ninguna crítica. Más bien me halaga que me preguntes cosas sobre la trama, los personajes... me encanta, señal de que te has metido en el relato :)

    Por último, ¿cómo sabe Claudio que Eva es la novia de Gerardo? Eso solo lo sabe él (y lo digo en serio). Tal vez se lo dijera Agustín o Eloy. O se enterara a través de los compañeros de equipo... Como autor, me podría inventar unas cuantas formas de que se enterara, pero es algo que queda en el aire.
    Supongo que esta es una demostración más de lo mucho que me centro en el personaje femenino. Aunque escribo en tercera persona, mi foco está casi permanentemente en Eva. De vez en cuando narro los pensamientos o sensaciones de otro personaje, pero lo estrictamente necesario. A riesgo de equivocarme, diría que cuando el lector acaba la historia sabe lo mismo que sabe Eva (más lo que a mí me interesa que sepa, como que Leon se lesiona en el tercer pulso, por ejemplo). Es decir, si hay algo que el lector no sabe al concluir el relato, normalmente es porque tampoco lo sabe, en este caso, Eva.

    Y yo sí que pido perdón por este comentario tan extenso. Espero que si alguien se lo lee, no le parezca demasiado aburrido :P

    ¡Gracias a todos de nuevo!
  13. Mr18 2 de enero de 2014, 1:04
    Gracias por tus aclaraciones, doctor. :)

    En cuanto al tema de las etiquetas, yo es que nunca me fijo en ellas antes de leer el relato. No me parece difícil obviarlas, no sé. xD
  14. SALVADOR ZULOAGA 3 de enero de 2014, 17:20
    Hola Doctorbp. Aunque como sigas con este nivel de calidad de los relatos te llamaré Doctorhonoriscausa.
    Para no haber pisado un gimnasio en tu vida el relato está muy bien ambientado. A lo mejor te ha faltado describir un poco más el gimnasio y las duchas pero no te preocupes está muy bien.
    Sigo sin entender la razón de situación por las que se tira a todos. Sigo creyendo que has sido demasiado solidario. Yo lo hubiera dejado en que entra en el vestuario sin casi gente (de ahí que fuese una hora light) y no haber forzado que se enrollase con todos los personajes que das bola en el relato, pero claro, puede ser que los gang bang no sea mi estilo. Yo hubiera hecho algo más sutil. Por ejemplo: que entre en el vestuario sin casi gente más que únicamente Leon y que Rodolfo le llevase a las duchas a donde Moisés. Ahí después de una conversación caliente y sin desnudarse Eva le hiciese una paja ahí mismo al rastafari y luego a Rodolfo en un intervalo de 5-7 minutos. Después de pajear a los dos,Claudio entre en las duchas de sopetón y les sorprenda. Como es un cabrón y sabe quién es Eva podría haberla cogido y obligado a entrar a Eva en una ducha individual para follársela corriéndose dentro. Moisés y Rodolfo como no quieren líos no le dicen nada a Claudio. Y después de haber sido follada pasionalmente se la follase Cuauhtémoc de forma brutal.

    De esta forma el relato no se alargaba tanto y consegúias una situación más real. Después podías a ver contado que Eva se engancha de Claudio por su pollón o por lo malote que es. Lo que hubieras preferido. Y que en un partido de futbol viendo a su novio, a Claudio lo sustituyen en el partido por Gerardo y mientras éste juega, Claudio para joder un poco más a Gerardo se la folla en los vestuarios todo sudoroso.

    Ya ves que ideas no faltan...
  15. doctorbp 5 de enero de 2014, 20:55
    Hola de nuevo Salvador,

    lo cierto es que no soy mucho de descripciones. Supongo que como no me entusiasman cuando leo, pues tampoco las uso cuando escribo. Prefiero hacerme una idea mental de las cosas con los pocos datos que me dé el escritor. Yo suelo describir los detalles que me parecen indispensables y el resto lo dejo a costa del lector :)

    No sé, igual sí soy un poco solidario jeje Lo cierto es que desde un principio el relato estaba pensado para que Eva se tirara a todos los personajes masculinos y que cada uno de ellos fuera muy diferente al resto. Por eso, como bien dice Machirulo, los personajes son de diferentes edades, etnias, fisonomías, caracteres, etc.
    Lo bueno que tienen los personajes que para ti sobran es que cada uno de ellos tiene su momento previo al sexo que intenta ser morboso. Eloy tiene el juego de ocultar y mostrar la teta, Agustín la conversación y el cachete en el culo y Silvio su complejo de polla pequeña y la humillación de Eva y Claudio.

    Sin duda, tienes una gran imaginación que espero se traduzca en la publicación de ese relato que sé que tienes entre manos :) Si alguna vez me quedo sin ideas, te contrato como "muso" xD
  16. Anónimo 13 de enero de 2014, 7:04
    Buenisimo este relato cada vez me sorprende mas, tus relatos son lo maximo sabes como expresar cosas sin salirte del relato como cuando mencionas el tamaño de los penes tienes esa manera de mencionarlo que lo hace mas real y no sales de contexto. Me encantan eso en tus relatos
  17. Anónimo 15 de enero de 2014, 2:36
    Hombre no sabia que tenias tu propia pagina y me alegro mucho de haberla encontrado, con tu relato de Noche descontrolada me quede con ganas de leer mucho de ti asi que es una bomba para mi saber de esta pagina. Ahora dejame comenzar a disfrutar de todos estos relatos, graciaaaaaaasssss!!!!!!!!!
    Victor
  18. doctorbp 15 de enero de 2014, 19:22
    Muchas gracias por los últimos comentarios :)

    Victor, me alegra que me hayas encontrado. Espero que disfrutes leyendo el resto de relatos y, si te apetece, te agradecería que comentaras tu parecer sobre los mismos.
    De momento, yo ya te agradezco el entusiasmo inicial jaja
  19. Anónimo 27 de enero de 2014, 3:06
    Impresionaqnte relatazo.

    Gracias por el relato.

    Eres un maestro.

    Te animo a que contiunues por esete camino.

    Este humilde lector, Ermendasxxx79
  20. doctorbp 28 de enero de 2014, 20:40
    Ermendasxxx79, me alegra que hayas vuelto a comentar en el blog. Se nota que este relato es más de tu gusto :)
  21. sonia06 14 de febrero de 2014, 22:33
    una locura de relato la verdad, pero me ha encantado
  22. doctorbp 15 de febrero de 2014, 1:46
    xD ¿A qué te refieres con lo de locura de relato? Me alegra que te haya gustado, sonia06.
  23. Anónimo 20 de febrero de 2014, 6:10
    Hola! Bueno, te sigo desde relatos eróticos, me fasciné con "Noche descontrolada" y te seguí con todo lo demás. Con este relato volviste mucho a tus origines, por así decirlo. De más está agregar que este es uno de los relatos que más me exitaron, a pesar de ser uno de los más "irreales", ya que lo relatás de tal manera (transmitiendo cada sensación) que no lo percibis.
    Quisiera hacerte unos comentarios generales sobre tu obra en sí.
    Primero, como mujer, creo que es una constante en tus relatos el relatar lo que siente (en lo sexual) el hombre; por ejemplo, tenés una fijación con la felación, con una mujer sometiendose, etc. Creo que podrías explorar (especialmente para tu público femenino, que suele ser muy grande en el ámbito de los relatos eróticos) con ponerte más en el lugar de la mujer, en qué la exitaría a ella, qué le gusta que le hagan, etc., y no dedicarse casi exclusivamente al placer de las formas masculinas.
    Luego, creo que sería super interesante que lo planteés desde la perspectiva del hombre. Por ejemplo, un hombre casado que es constantemente seducido por una compañera de trabajo, una amiga de su hija, etc, o inclusive al revés!.
    También estaría bueno que incorpores a alguno de tus relatos alguna pequeña historia lésbica, lo cual pone tanto a hombres como mujeres.

    Que quede claro: para mí, sos de los mejores relatistas eróticos que conozco, tenés realmente un talento. Te dejo algunos comentarios ya que, como hacés muy bien esto, capáz sería hora de que explores por otros límites para enriquecer tu experiencia y, por seguro, tu obra. Te lo digo como casi licenciada en Letras, jajaja.

    Desde Argentina, te mando un gran abrazo virtual y te pido que no dejes de escribir!! Jajaja

    Mucha suerte y buena tinta!
    Saludos

    Belén.
  24. doctorbp 21 de febrero de 2014, 23:45
    Hola Belén.

    No es la primera vez que me comentan que me centro demasiado en los deseos masculinos y menos en los femeninos. De verdad que no tengo esa sensación, pero al no ser la primera vez que me lo dicen tendré que tenerlo en cuenta.
    Es posible que me centre más en lo que siente la mujer antes del acto sexual, pero que me centre más en las sensaciones masculinas una vez que describo la parte meramente sexual. No sé, tal vez sea eso...

    Sobre la posibilidad de centrarme más en la figura masculina, por ejemplo, un hombre acosado por una mujer... buf! eso sí que no me inspira nada. La idea que casi se mantiene en todos mis relatos es la negación femenina que poco a poco se va transformando para acabar sucumbiendo. Lo que me pides es prácticamente lo contrario. Podría escribir algo así, pero seguramente no saldría nada bueno :P

    Tengo un relato lésbico. No sé si lo habrás leído. Se trata de "Amistades peligrosas". Luego tengo otros con escarceos entre mujeres, pero el que te comento es totalmente lésbico.

    Muchísimas gracias por todos los elogios y por el extenso comentario :) Te animo a que sigas dando tu opinión sobre el resto de relatos.

    Para acabar, sobre lo que comentas de enriquecer mi experiencia... Sé que todos mis relatos tienen un patrón más o menos similar y que podría experimentar con otro tipo de situaciones. El impedimento que le veo es que narro relatos eróticos en los que pretendo crear morbo y me veo incapaz de hacerlo con situaciones que se alejen de lo que a mí me gusta. No sé si me explico...
  25. sonia06 25 de febrero de 2014, 18:40
    pues la parte de la ducha es una completa locura ¿con cuantos esta? hay que estar loca jejejejeje
  26. doctorbp 25 de febrero de 2014, 23:20
    Sí, en eso tienes razón :D Creo que son 10 tíos si mal no recuerdo.
  27. Anónimo 8 de junio de 2014, 4:34
    Acabo de darme cuenta que no había comentado el relato, con eso de que unos están en TR y otros no, al final me lío. Y eso que, si no me equivoco, es la tercera vez que lo leo desde que se publicó.

    Pero bueno, a lo que importa. Esta historia del gimnasio tiene, para mi, dos caras super-importantes que no acaban de casar del todo. Por un lado, demuestra la madurez que has alcanzado en tu forma de narrar, que consigue describir los personajes y hacer las situaciones vívidas, casi como ver una película del nivel de detalle que alcanzan; pero sin llegar a cansar con descripciones demasiado extensas. A nivel de narración resulta super-excitante, consiguiendo mantener el nivel a lo largo de todo el relato, lo cual no es sencillo teniendo en cuenta que el sexo viene después de mucho leer. Pero es que, como siempre, el juego de seducción de la casada está fantásticamente llevado a lo largo de todo el desarrollo de la historia.

    Sin embargo, la otra cara de la moneda, es el resultado. Calentarse y masturbar al monitos va bien, meterse en la ducha con él y el rastas ya fuerza algo, que Claudio se meta y cree el juego y tensión durante el sexo (fantástico) fuerza mucho pero compensa... ¿el resto? Sinceramente, no me aportan nada a la historia, sólo un descenso a una orgía que acaba siendo muy poco creíble como desarrollo de la historia, pese al morbo que destila. ¿Realmente hay una colección tan enorme de pollones en el gimnasio? Se que es tu estilo, pero sumado a todo lo demás acaba haciendo el sexo enormemente morboso pero muy poco creíble, lo cual juega a su contra.

    Sin embargo, creo que hay una nota que me aporta mucho y que no suelen tener tus relatos: el epílogo. Me gustó mucho ver el rápido recorrido hacia el futuro, atando los cabos y dejando la historia bien cerrada. No sueles hacerlo y, sin embargo, creo que le aporta muchísimo al relato.

    En resumen, es un relato excelente, pero su exceso final (en todos los sentidos) acaba por dejarlo por debajo de otros de tus relatos.

    Requiem
  28. doctorbp 9 de junio de 2014, 12:28
    Va, Requiem, que es fácil :P Todo lo anterior a "El trabajo de Biología" está en ambos sitios. A partir de ese relato, solo aquí (excepto las participaciones en el Ejercicio).

    Es un aspecto importante el que tocas en este comentario.
    Si bien es verdad que yo también siento que he ido mejorando ciertos aspectos, creo que hay algunos que, sin ser demasiado bien vistos para lo que sería una madurez narrativa, no los quiero abandonar.
    Al fin y al cabo estamos hablando de relatos eróticos, de intentar narrar fantasías, cosas inalcanzables que, por el solo hecho de ser imposibles, producen morbo.
    ¿Sería este relato más creíble si las pollas fueran más pequeñas? Sí ¿Y si no hubieran participado tantos tíos? Por supuesto ¿Y si Eva no se hubiera metido en las duchas? También.
    De hecho, lo más creíble hubiera sido que no pasara nada.
    Soy el primero que necesito de verosimilitud para que me guste un relato. Pero también necesito fantasía: pollas grandes, mujeres perfectas, situaciones complejas (por ejemplo muchos tíos), etc. Y no quiero renunciar a esa fantasía mientras escriba relatos eróticos. En el Ejercicio mismamente se pueden leer grandes historias pero que se alejan demasiado de lo que considero debe ser un relato erótico: chispa sexual, morbo, excitación... Mientras pueda, intentaré que mi mejora como autor no me aleje demasiado de lo que considero debe tener una narración erótica.
    No sé si consigo explicarme :)

    El pequeño epílogo de este relato va muy acorde a lo descrito anteriormente. En muchos de mis relatos, tras el sexo, se acabó, como si lo demás no tuviera importancia. Creo que eso es algo que debo mejorar. Después de la escena sexual ¿qué? Es una aspecto muy mejorable que espero ir puliendo como tantas otras cosas. Y con ello espero conseguir que no me pidan tantas continuaciones que no tengo en mente jajaja

    Gracias Requiem. A pesar de mi comentario, estoy muy de acuerdo con tu apreciación. Es más, sé que este relato es un exceso, pero era algo más o menos planificado.
    Creo que ya lo comenté, pero este relato surgió como sugerencia de un lector. En un principio pensé en usar a un grupo de latinos con su topicazos (más que nada para hacer rabiar a Vieri jajaja algún día lo haré), pero luego se convirtió en un grupo heterogéneo de personajes, cada uno con sus dispares características. Empecé a crear personajes y de ahí salió el resultado. No quise que faltara ningún estereotipo (cachas, feos, mayores, gordos, jovencitos, vacilones...).

    En fin, realidad versus morbo/erotismo/ficción... Creo que en el equilibro está la clave. Y, por supuesto, no siempre lo consigo. Tal vez este sea uno de los casos.
  29. Anónimo 21 de septiembre de 2014, 7:01
    Soy zorrete jejeje

    Imaginate mi sorpresa al encontrar un blogspot tuyo repleto de relatos, este de ''cariño, ponte en forma me a encantado. Tengo mucho que aprender de tus relatos! Ahora mismo lo meto en mi tablet y lo leo comodamente!

    Gracias!
  30. doctorbp 22 de septiembre de 2014, 22:42
    Gracias a ti por todos los comentarios :)

    Pensé que conocías el blog. Por curiosidad, ¿cómo has dado con él?
  31. zorrete 23 de septiembre de 2014, 7:05
    San google. Pero me a costado bastante, puse algo de ''relatos eroticos blogspot y algo mas...''

    Tal vez hermana, me apetecia variar un poco, y entonces en unas de las busquedas me sale ''doctorbp blogspot''

    Esto es lo que creo recordar que paso jajaja

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