Después de clase

Sinopsis: Tras las vacaciones estivales, despreocupado, me disponía a comenzar el último curso de la antigua EGB, que estaría repleto de novedades y me marcaría para siempre.

PRIMER DÍA DE CURSO
A pesar de los tres meses de vacaciones bien aprovechados, la vuelta al colegio siempre se me hacía demasiado temprana. Regresaba con las tareas de verano a medio hacer y un moreno que contrastaba con mi habitual tono de piel blanca. Ese septiembre empezaba el último curso de lo que por aquel entonces era la Educación General Básica en España.
Lo bueno de la vuelta era volver a coincidir con los amigos. Y con Lara, la chica por la que bebía los vientos, el pequeño ángel rubio que me tenía prendido. Mi timidez jamás me había permitido decirle nada más allá de las típicas bromas que eran una constante en clase. Aunque no éramos un curso conflictivo, no dejábamos de ser niños y, como tales, no siempre nos comportábamos demasiado bien.
La mayoría no pasábamos de ser unos chiquillos traviesos, yo el que más. Hablábamos, bromeábamos y reíamos, nos disparábamos unos a otros pequeños proyectiles con los clásicos bolígrafos BIC o tirábamos avioncitos de papel en mitad de clase. En ocasiones éramos algo crueles con algún que otro compañero, pero siempre sin malicia. Tal vez únicamente había un par de compañeros más conflictivos.
Abel era el malo por antonomasia. Era un chico rebelde, que desobedecía dentro del colegio y hacía lo que quería fuera de él. El típico gamberro que no querías encontrarte al salir de clase. Se podría decir que la maldad era parte inherente a su forma de ser.
Al contrario que Abel, Jonás parecía ser un buen chaval. Pero su vida fuera del colegio no era la más propicia para criarse correctamente. Su familia era gitana y vivía cercana a la pobreza. Las influencias de Jonás no eran las mejores y eso repercutía en él negativamente. Si te llevabas bien con el calé no solías tener problemas, pero si por el contrario tenías algún roce…Y eso incluía a compañeros y profesores.
Yo era considerado el graciosito. Me gustaba soltar comentarios ingeniosos en mitad de clase, provocando las carcajadas del resto de compañeros, y eso me suponía castigos constantes, pero no lo podía evitar. No me gustaba hacer los deberes ni estudiar, aunque era de los que sacaban más buenas notas y, supongo que por eso, los profesores me tenían cierta estima.
Algunos de los mejores momentos se producían ese primer día de curso. Ver las nuevas incorporaciones y la cara de los repetidores, elegir el compañero de pupitre y el lugar en que sentarte… aunque lo cierto es que el tutor siempre se encargaba de hacer los cambios oportunos para que la cosa no se fuera de madre.
Ese año hubo pocas caras nuevas. Tal vez lo más destacable fue la llegada de Vanessa, una chica morena, no demasiado guapa, pero con unos pechos considerablemente grandes para lo que estábamos acostumbrados en clase. La incorporación más exótica fue la de Alexei, un ruso que me hacía mucha gracia debido a su piel radiantemente blanca y su pelo rojizo, pero que resultó ser un chico repelente y maleducado. Y por último, un único repetidor, Teo, uno de los más malos del curso pasado y que nos sacaba a todos una cabeza con la excepción de Simón, el grandullón de clase, un muchacho bastante desarrollado para nuestra edad, pero que todo lo que tenía de físico le faltaba de inteligencia.
Mas la gran novedad del curso aún estaba por llegar. Antes de verano ya se despidió de nosotros la profesora de Lengua con una barriga considerable debido a su avanzado estado de gestación. En esos momentos debía estar de baja por maternidad así que llegaría un sustituto. El momento de conocerlo siempre era tenso. ¿Sería un hombre o una mujer? ¿Sería buen profesor? ¿Condescendiente o, por el contrario, sería duro con nosotros?
Las respuestas no tardaron en llegar. Primero fueron rumores sobre una nueva profesora, después confirmaciones de alguien que aseguraba haber visto a la sustituta. Pero la certeza no llegó hasta que comenzó su clase.
-Buenos días. Mi nombre es Maya y seré vuestra nueva profesora de Lengua en sustitución de…
Dejé de escucharla, quedándome prendado de su tremendo atractivo. Hasta ese momento jamás había asociado la belleza con el profesorado, ni siquiera con los adultos. Pero Maya despertó en mí algo a lo que siempre le estaré agradecido, mi predilección por las mujeres mayores que yo. Y, desde ese primer momento, la profesora sustituta se convirtió en mi amor platónico, sabedor de que era una mujer inalcanzable.
A día de hoy aún recuerdo con total nitidez su pegadiza sonrisa, con la que nos premiaba habitualmente, su esbelto pelo moreno, sus típicos tejanos ajustados y sus blusas modernas. Un estilo que se diferenciaba sobremanera al del resto del profesorado. Pero Maya no solo era una atractiva treintañera. Resultó ser una buena educadora. Explicaba bien y había conseguido un feeling especial con los alumnos. Se había convertido en nuestra amiga y, aunque eso le conllevara algún que otro problema, normalmente le facilitaba las cosas.
OTOÑO
-Continúa, Lara – solicitó Maya.
-Cuantas blancas ofrecían tenía por cuenta, y acabado el ofrecer, luego me quitaba la concheta y la ponía sobre el altar.
Estábamos en mitad de una de las clases de Lengua leyendo uno de los libros obligatorios del curso, el Lazarillo de Tormes. En voz alta, uno de los compañeros leía mientras el resto debíamos seguir la lectura para estar atentos al momento en que nos tocara continuar.
Lara leía como los ángeles. Normalmente me habría quedado ensimismado escuchándola y observándola, perdiendo el punto de lectura, pero ese día quería sorprender a la nueva profesora.
-A ver, que siga…
-Yo, yo, yo – la corté.
Era habitual que Maya me solicitara leer y me pillara despistado, así que, para una vez que estaba atento, quería hacérselo saber.
-… Simón.
Solté un exagerado alarido de decepción, haciendo sonreír ligeramente a la profesora, que parecía divertirse ignorándome.
-Después que… e… estuve… estuvo un gran rato e… chando… echando la puerta… la cuenta, por… días… días y… de… dos… uf… con… tando, di… dijo…
-¡Simongolo! – alguno de mis compañeros vociferó el tradicional mote, provocando risas generalizadas y el disgusto de la docente.
A Simón le costaba demasiado leer y Maya no tardó en evitarle el suplicio, suyo y del resto. Yo aproveché para volver a insistir, aunque ella decidió que aún no era mi turno. Tras varios intentos fallidos, cuando dejé de solicitar continuar con la lectura, la profesora por fin me concedió la petición. Guardé silencio durante unos segundos.
-Es que me he perdido – dije finalmente, con total sinceridad, estimulando las risas de mis compañeros.
Maya no pudo evitar sonreír, uniéndose al resto de la clase. Su reacción me hizo sentir como en una nube, observando esa dulce sonrisa que yo mismo había provocado. En ese momento fui consciente de que era capaz de hacerla reír, de que se divirtiera conmigo, y no pude evitar pensar si sería capaz de hacerle sentir otras cosas. Era consciente de que no, pero me gustaba fantasear con lo contrario.
Aquellos tiempos supusieron un punto de inflexión en mi carente vida sexual. Dediqué mis primeras pajas a alguien que no fuera Lara, que había tenido ese honor desde mi primera masturbación. Mi compañera de clase estaba siendo sustituida en mi imaginación por mi profesora Maya.
En casa no era fácil tener cierta intimidad. Mis padres, mi hermana… siempre había alguien que me impedía disfrutar de una relajada sesión onanista. El baño solía ser mi momento, pero la falta de pestillo hacía que el temor a la posibilidad real de que alguien accediera no me permitiera hacerlo con tranquilidad.
Sin embargo, llegó el día que todo estuvo a mi favor. Al salir de clase y llegar a casa, como siempre, me encontré a mi madre. Apresurada, me dijo que tenía que salir en busca de mi hermana. Al parecer había sufrido un golpe en el colegio y, aunque no parecía ser nada grave, iba a llevarla al hospital. Tras las innecesarias instrucciones de mi madre, me quedé solo en casa, pues mi padre no llegaba de trabajar hasta la noche.
Desde el primer momento fui consciente de la situación y un ligero cosquilleo se había instaurado en la boca de mi estómago. Pero no fue hasta que mi madre salió por la puerta cuando realmente decidí lo que iba a hacer. La erección no tardó en aparecer. Frente al espejo del cuarto de baño, me bajé los pantalones y los calzoncillos y observé la empalmada, símbolo de la excitación que me desbordaba. Al acariciármela comprobé la excesiva dureza, una rigidez que nunca antes había alcanzado y que era provocada por Maya y la tranquilidad de saber que estaba solo.
No necesité la revista, con páginas pegadas unas a otras, que me había dejado un amigo, ni la baraja de cartas con fotos de chicas semidesnudas. Únicamente cerré los ojos y vi con claridad a mi profesora acercándose a mí lentamente mientras se despojaba de sus ropas. Primero desabotonándose la blusa, mostrando un sostén, que cubría unos considerables pechos, y un vientre plano. Una vez a mi altura, desabrochó el sujetador, dejándolo caer y enseñándome sus preciosos senos. Me los imaginé tal y como los de las fotos de las cartas que tantas veces había visto.
El líquido preseminal que había salido de mi verga se había mezclado con mis dedos, que se deslizaban con frenesí a lo largo del durísimo tronco, desplazando el prepucio que cubría el sensible glande. Movía la mano tan rápido como podía, sintiendo que estaba a punto de perder el control. Sin embargo, quería que Maya llegara más lejos y aminoré el ritmo de la masturbación.
-Déjame ver lo que tienes ahí… - me soltó melosamente.
Yo, aún con los ojos cerrados, le contesté en voz alta, aprovechando que nadie podía oírme.
-¿Quieres verme la polla, seño?
Maya rio lascivamente en mi imaginación y asintió con la cabeza.
-Lo estoy deseando…
El estropicio fue monumental. Completamente descontrolado, con el corazón desbocado, comencé a soltar chorros de semen que mancharon más de lo que hubiera deseado. El cristal, el pequeño mueble donde guardábamos las cosas del baño, el suelo y, lo que era peor, una de las toallas que estaba colgada.
Tras la corrida, volví a mirarme en el espejo. Observé mi miembro enrojecido y sentí cómo palpitaba. Me habría vuelto a masturbar para continuar lo que había dejado a medias en mi imaginación, pero me obligué a limpiar las manchas de esperma que había desparramado por todo el cuarto. Aunque no era mi toalla, decidí usarla para secarme tras la ducha. No se me ocurrió nada mejor para que no me pillaran, así que fingiría haberme equivocado, suponiendo que mi madre la pondría a lavar sin demasiadas preguntas.
Una vez bajo el agua, me dispuse a darme un baño. Puse el tapón y dejé llenar la bañera hasta que, una vez tumbado, el caliente líquido me cubriera hasta el cuello. En esos momentos tenía una nueva erección. Me agarré la sumergida verga y volví a cerrar los ojos.
Maya ya estaba completamente desnuda. Su pubis estaba poblado por una abundante mata de pelo negro. La treintañera, llena de curvas, me asía la polla, masturbándome al ritmo que yo mismo me estaba pajeando. En mi cabeza, le acaricié un seno, imaginando un tacto blando y excitante. Mi profesora se acercó a mí, poniéndose a horcajadas sobre mi cuerpo y abriéndose de piernas encarando mi tiesa verga hacia su sexo. Tenía el coño exactamente igual a una de las mujeres que salían en la revista porno de mi amigo.
Debido a mi reciente corrida, la masturbación bajo el agua fue mucho más duradera y controlada. Llevaba un buen rato dándole placer a mi profesora cuando oí cómo alguien entraba en casa. Maldiciendo, me apresuré a terminar. Un pensamiento genérico me ayudó a eyacular. En mi mente, el semen corría por el interior de Maya mientras que en la vida real mis espermatozoides nadaban en la bañera de casa. Rápidamente abrí los ojos y quité el tapón en el momento que mi madre entró al cuarto de baño.
-¿Aún estás así? ¿Cuánto tiempo llevas en el agua? – se quejó.
No contesté. Simplemente me limité a darle la espalda por si era apreciable la hinchazón de mi pene a través de la cortinilla de la bañera.
-¿Qué haces con esta toalla? – mi madre la asió al darse cuenta de que la había dejado preparada para secarme.
Mi intranquilidad se disparó. No sabía qué decir, ni cómo reaccionar. Me habría gustado ser borde con ella por inmiscuirse en mis cosas, por cortarme la magnífica paja que me estaba haciendo y…
-Bueno, no tardes – concluyó, volviendo a dejar la toalla donde yo la había colocado y alejándose del cuarto de baño – Por cierto, tu hermana está bien.
Un ligero alivio me sobrevino, acompañado de una sensación de vergüenza. Supuse que mi madre se había dado cuenta de la evidente mancha pringosa de la toalla y, entendiendo la situación, se había marchado.
Mi obsesión por Maya iba poco a poco en aumento. Con el tiempo me di cuenta de que no era el único que la veía con otros ojos. La mayoría de compañeros de clase la considerábamos una mujer imponente, pero ninguno parecía sentir lo mismo que yo, que profesaba algo más por ella. Tras confesar mis sentimientos a algunos de mis mejores amigos, me animaron, de forma alocada, a que le dijera algo a la profesora, pero mi timidez, al igual que con Lara, me impedía hacerlo.
INVIERNO
En los primeros meses del curso, gracias a mi forma de ser, había conseguido cierta complicidad con Maya durante sus clases de Lengua. Eso me reconfortaba. Sin embargo, no podía evitar unos incipientes celos al comprobar que realmente la treintañera se llevaba bien con todo el mundo, profesores y alumnos, chicos o chicas, gamberros, pelotas o buenos estudiantes.
-Vanessa me la pone tiesa – durante el recreo, Alexei, con su peculiar acento, soltó la frase que repetía una y otra vez, haciendo rabiar a la aludida.
-¡Vete a la mierda! – se quejó ella, antes de ir a chivarse a alguno de los profesores.
Como era habitual, el niño ruso se ganó el castigo típico: quedarse en el colegio después de clase. La reclusión solía durar una hora, lo suficiente para que los alumnos maldijéramos la condena mientras oíamos a algunos de nuestros propios compañeros jugando en la calle.
Maya, al ser la nueva, había sido la elegida para encargarse de vigilar a los castigados después de clase. Durante ese periodo aprovechaba para repasar, poner deberes o, de vez en cuando, simplemente charlar con los alumnos. Los más asiduos solíamos ser Abel, Jonás, Alexei, Teo y yo. Del resto, algunos acababan castigados de vez en cuando, pero no era algo demasiado frecuente.
Por aquellos tiempos no era usual que hubiera ordenadores en casa y, para la mayoría, la programación nos sonaba a chino. La asignatura de Informática, todo un esperpento, se impartía en un aula especial en la que, por grupos, debíamos compartir los escasos recursos informáticos.
Ese día me tocó con Abel y a nuestro lado estaban Vanessa y Lara. La actitud del macarra de clase me ponía de los nervios. Lo único que hacía era molestar a las chicas ignorándome a mí y al profesor que explicaba lo que debíamos hacer.
-Están buenas las dos… - me decía, como buscando mi complicidad.
Yo procuraba ignorarlo, pero me costaba. Aunque la existencia de Maya había aplacado mis sentimientos hacia Lara, mi compañera aún estaba muy presente en mi cabeza.
-Mira que carita tiene Lara… y ¿has visto las tetazas de Vanessa? – insistía.
Abel era capaz de todo, pero jamás pensé que pudiera ocurrir lo que hizo a continuación. Un ligero olor desagradable y ciertamente reconocible llegó hasta mis fosas nasales. Cuando miré a mi compañero vi que se había sacado la polla en mitad de clase y se la acariciaba observando a las dos compañeras que teníamos al lado.
Aunque se estaba masturbando, no lo hacía de forma descontrolada como me ocurría a mí en mis sesiones onanistas. Parecía tocarse por simple diversión, controlando su excitación sin mayor problema.
Cuando Lara, de reojo, observó lo que ocurría, se armó una buena. Las chicas se alarmaron, alertando al profesor que no tuvo más remedio que castigar a Abel. Por desgracia, el temor que la mayoría de docentes sufría cuando reñían al más gamberro del curso me convirtió en víctima colateral y yo también fui condenado, de forma completamente injusta, a quedarme después de clase.
Así, ese día, cuando llegó la hora de salir, nos quedamos castigados Alexei, Abel y yo. Los tres estábamos en el aula de siempre, sentados en mesas separadas, cuando Maya hizo acto de presencia.
-¿Otra vez vosotros? – sonrió, como dándonos por perdidos.
-Yo no he hecho nada – me quejé.
-Claro, como siempre – siguió sonriendo.
-Hoy no nos pondrás otra vez el coñazo de los deberes del otro día… – soltó Abel.
-No, tranquilo. Hoy prefiero tener una charla con vosotros… A ver… - miró una de las hojas que llevaba en su carpeta – Alexei… ¿por qué le dices esas cosas a Vanessa?
-¡Joder! ¿Tú qué crees? Porque está buenísima – el ruso hizo que Abel riera a carcajadas, pero a Maya no le hizo mucha gracia la contestación.
-Ya, pero ella se siente incómoda.
-¿Qué culpa tenemos nosotros de que tenga esas berzas? – intervino el macarra.
Yo empezaba a sentirme ligeramente incómodo con la conversación.
-Claro – insistió el pelirrojo – a mí me han enseñado a ser sincero y, por lo tanto, digo la verdad – sonrió maliciosamente.
-Vale, pero no es lo mismo decir “Vanessa me la pone tiesa” que “Vanessa es una chica muy atractiva”.
Mis dos compañeros rompieron a reír estruendosamente. No parecían compartir el punto de vista algo más cursi de la profesora.
-Vamos a ver, seño, es como si yo ahora te digo que estás muy buena – soltó el niño soviético – Pues estaría diciendo la verdad, pero yo preferiría decir que se me levanta solo con imaginarme tus tetitas.
-Bueno, ya vale – le cortó, visiblemente molesta por la actitud de Alexei – Es evidente que tienes un serio problema de educación. Las cosas se pueden decir de muchas formas y la tuya es soez. Ahora te divierte, haces reír a tu amigo – miró con desdén a Abel – y te crees más chulo que nadie. Sin embargo, con tu forma de tratar a las mujeres lo único que haces es que sintamos cierto desprecio que irá en aumento si no cambias tu actitud. Pero supongo que te darás cuenta cuando madures un poquito. Espero que no tardes demasiado en hacerlo.
Me quedé atónito. Primero por la desmesurada valentía de Alexei, que se había insinuado con total descaro a la que consideraba la mujer más inalcanzable que conocía. Aunque bien es cierto que el resultado no había sido nada satisfactorio. Sin el menor atisbo de duda, Maya lo había puesto en su sitio con total tranquilidad. Sin embargo, tampoco creo que aquello afectara demasiado al maleducado pelirrojo.
-A ver… - Maya apartó la mirada de nosotros para volver a fijarse en el mismo folio que ya ojeara antes – Abel… ¡¿qué?! – se sorprendió.
-Sí, he sacado la polla a pasear en Informática – ahora fue el gamberro de clase quien provocó las risas del ruso.
-¿Y se puede saber qué pretendías con eso? Esto es un colegio y aquí se viene a aprender. Sin duda es algo que necesitáis urgentemente, – ahora nos miró a los tres – aprender a comportaros.
-No sé. Tenía a las chicas al lado y me apetecía tocarme.
La profesora recuperó su habitual sonrisa, rebajando la tensión que se había generado, y contestó con total naturalidad:
-Lo que os pasa a vosotros es que vais demasiado salidos.
-Tal vez tengas razón… ahora te tengo a ti al lado y también me apetece tocarme.
-¿Y qué vas a hacer? – Maya parecía querer desafiar a Abel, tal vez fuera la única que se atrevía a hacerlo.
-¿Quieres ver lo que realmente ha pasado en clase de Informática para que compruebes si es para tanto?
Mientras mi compañero soviético se lo pasaba en grande con la situación, yo no me podía creer lo que ocurría. Viendo la actitud de Alexei primero y ahora de Abel, sentía una mezcla de vergüenza, celos y envidia combinados con el temor a la respuesta de la profesora.
-A ver… - soltó ella, risueña.
Aunque inicialmente me sorprendió la actitud tan condescendiente de Maya, luego comprendí, al ver su cara de sorpresa, que no se esperaba que Abel hablara en serio. El sinvergüenza, tal y como hiciera estando a mi lado en la clase de Informática, se separó la tela del pantalón y se sacó el lustroso cipote, mostrándolo ante los ojos incrédulos de nuestra profesora.
Tras el asombro inicial, Maya guardó silencio unos instantes. Parecía divertida, sonriendo disimuladamente mientras observaba la herramienta de Abel. Instintivamente hice lo propio y me di cuenta de algo que no me había percatado anteriormente. La polla de mi compañero de clase era bastante más grande que la mía, tanto en grosor como en longitud, y tenía el glande descapullado, lo cual le otorgaba aún de mayor presencia.
-Supongo que las chicas se habrán asustado – dijo Maya al fin – Anda, guárdate eso – le ordenó imperativamente.
Aunque habría pasado únicamente una media hora, la profesora nos dio permiso para marchar. Supuse que se había sentido incómoda por lo ocurrido y no quería alargar más el castigo. Salí del colegio con una sensación extraña. ¿Le había gustado a Maya ver la desnudez de Abel? ¿Sería yo capaz de hacer lo mismo que había hecho mi compañero? Y, lo más importante, ¿Maya quedaría satisfecha de mi pene aunque fuera más pequeño? No dejé de darle vueltas a esos pensamientos.
PRIMAVERA
El buen tiempo empezaba a asomar. Los días se alargaban y la algarabía en el colegio era aún mayor que de costumbre. Si los chicos solíamos ir exaltados todo el año, en esa época en la que las chicas vestían de forma más ligera, íbamos todos como motos.
Aunque no se podía comparar con Vanessa, Lara había desarrollado unos considerables senos que, a través de sus finas prendas, se adivinaban firmes y puntiagudos. No había compañero de clase que no se parara a mirarla cuando pasaba por delante de alguno de nosotros.
Por las tardes era habitual que los padres nos dejaran más tiempo jugando en la calle. A los típicos partidos de fútbol se unían las guerras de globos de agua, tan apetecibles en esa época del año. Conseguir mojar la camiseta de Vanessa no tenía precio.
Algunos de los más avispados, entre los que yo no me encontraba, aprovechaban ese tiempo para empezar a experimentar sus primeros escarceos amorosos. Era habitual que alguna pareja desapareciera y todos sabíamos lo que estaban haciendo. Abel y Teo solían ser los que más triunfaban. Lo jodido era aceptar su ausencia cuando Lara también estaba desaparecida.
En el barrio, a según qué horas, el regreso a casa se convertía en una pequeña aventura debido al riesgo de encontrarte con algún indeseable. Uno de los días en los que ya empezaba a oscurecer, iba alerta, como siempre, cuando oí unos pasos acelerados que se acercaban por mi espalda. Decidí no girarme, esperando que, si había algún peligro, pasara de largo. Pero no fue el caso.
-Me gustan tus zapatillas – soltó un chico con evidente entonación gitana.
Lo ignoré.
-¿No has oído a mi primo? – reconocí en seguida la voz de Jonás, lo cual no me dio mayor tranquilidad.
Los tres gitanos se pusieron a mi altura y pude comprobar que se trataba de mi compañero de clase acompañado de otros dos que sin duda eran mayores que nosotros.
-¿Cuánto te han costado? – preguntó el que aún no había hablado.
-No lo sé – contesté, no queriendo enfadarlos.
-Creo que me las voy a quedar.
A esas alturas mi corazón latía tanto o más rápido que cuando me masturbaba pensando en Maya. Aunque no era la primera vez que me veía en una situación del estilo, siempre era igual de desagradable. Hasta ese momento nunca me había pasado nada, pero alguna vez sería la primera.
Lo habitual en esas circunstancias era darles lo que te pedían o salir corriendo. Algunos plantaban cara y lo que yo solía hacer era agotar la vía diplomática. Siempre me había funcionado bastante bien. Al final se cansaban y me dejaban en paz, hartos de mantener una conversación que no les llevaba a nada.
-No creo que sean de vuestro número – advertí.
-¿Crees que me importa? – se enfadó uno de ellos, plantándose delante de mí.
-Lo siento, tengo prisa – dije, haciéndome a un lado y prosiguiendo mi camino.
Al gitano no le gustó mi actitud y Jonás tuvo que pararlo.
-Va, déjalo, que lo conozco. Quítale lo que tenga y ya está.
No me sentí más aliviado. Ese día llevaba 200 pesetas. En aquellos tiempos era bastante dinero para alguien de mi edad y no quería que me las arrebataran injustamente.
-¿Qué ocurre aquí?
No me podía creer que Maya apareciera de la nada para ayudarme. Si su presencia solía ser una bendición, en esa ocasión me pareció un milagro.
-¡Mierda! – masculló Jonás – Es mi profesora.
-Mejor, más dinero nos llevamos – intervino uno de sus compinches.
La verborrea de Maya no sirvió de nada. Su presencia solo aumentó la agresividad de los gitanos, que sacaron sus navajas para cohibirnos. Yo conservé mi dinero gracias a mi profesora, pero ella les tuvo que dar el bolso para que nos dejaran en paz.
-Menudo barrio… - se quejó cuando nos quedamos a solas - ¿Estás bien?
-Sí. Lamento mucho que te hayan robado…
-No te preocupes, no llevaba nada de valor. Ese maldito Jonás… ya me vengaré de él en clase – sonrió para quitar hierro al asunto, en un claro gesto para reconfortarme.
Supuse que Maya debía pensar que estaba asustado por lo sucedido, pero lo que ella no sabía es que lo que me acongojaba era su presencia. Era la primera vez que hablaba con mi profesora fuera del ámbito escolar y toda la seguridad que demostraba en su clase era inexistente en ese momento.
-Bueno, me marcho para casa – fue lo único que se me ocurrió.
-¿Quieres que te acompañe? – se ofreció, pero yo no fui capaz de decirle que sí.
Ese día descubrí que nuestros caminos de regreso del colegio a casa congeniaban en gran parte. A veces coincidíamos y muchas otras la seguía a escondidas para ver dónde vivía y qué hacía. Jamás la vi acompañada de ningún hombre así que supuse, para mi alegría, que estaba soltera.
Aún recuerdo un día lluvioso, a finales de mayo, en el que volvía a casa sin paraguas. Iba esquivando el agua como podía, aprovechando las cornisas o los árboles más frondosos hasta que, en un semáforo, alguien me sorprendió por la espalda, cubriéndome con un amplio paraguas de color rojo.
-Vas a llegar a casa chorreando – me sonrió Maya, ofreciéndome cobijo a su lado.
Me pilló por sorpresa y no supe reaccionar. Estar tan cercano a ella me ponía tremendamente nervioso, pero su gesto tan natural me ayudó a aceptar su ofrecimiento.
-Gracias.
-Hoy sí tendré que acompañarte a casa – rio recordando el día que los gitanos nos robaron.
-No hace falta, de verdad – volví a rechazar la propuesta, más temeroso que ansioso de que se hiciera realidad.
-No es molestia – insistió.
Aquel paseo hasta casa bajo la lluvia, envuelto en el intenso y embriagador aroma con el que nos obsequiaba cada día durante las clases de Lengua, fue el mejor momento de mi vida. El trayecto se me hizo demasiado corto. A pesar de ello, hablamos sobre varios temas. Según me contó, Maya no podía creer que yo fuera tan diferente dentro y fuera del colegio y, aunque no se lo dije, yo no podía imaginar cómo ella podía llegar a ser mejor en cualquier de esos ámbitos.
A partir de ese día fui consciente de estar enamorado de mi profesora. No pensaba contárselo a nadie, guardando el secreto de que ella vivía permanentemente en mi corazón. Ya no quedaba mucho para la finalización del curso, pero era la primera vez en mi vida que no quería que se acabaran las clases y empezaran las vacaciones estivales. Aunque no sabía si sería capaz, angustiado por lo poco que quedaba para dejar de verla, me planteé seriamente confesarle mis sentimientos.
FINAL DE CURSO – DÍA 1
La típica satisfacción de los finales de curso estaba latente en el ambiente. Sin embargo, yo me sentía desdichado y una clara señal de ello era mi habitual carácter alegre que había sido sustituido por un mal humor casi constante.
Un viernes, a falta de una semana para que nos dieran las notas, Abel la tomó conmigo.
-Tú, ¿por qué ya no haces bromas? – me dijo con desprecio.
Comenzó a increparme en mitad de clase, intentando provocarme. Contra más lo ignoraba, más me buscaba. Cuando me dio la primera colleja, simplemente lo miré desafiante. Mi actitud pareció gustarle y continuó chinchándome.
-Si me vuelves a tocar, te daré una hostia – reaccioné cuando recibí la segunda colleja.
Abel, acostumbrado a que nadie le plantara cara, rio divertido y volvió a golpearme. Hastiado, sin pensar en las consecuencias, me giré para darle un sonoro guantazo en mitad de la cara. Toda la clase se giró al unísono, observando con perplejidad lo que había ocurrido. El macarra tardó unos segundos en reaccionar, lo justo para que el profesor lo parara cuando intentó abalanzarse sobre mí. Nadie nos salvaría de quedarnos castigados después de clase.
Ese día viví bajo la amenaza constante de Abel. Procuré no quedarme solo en ningún momento por temor a sus represalias. Por suerte, también habían castigado a Teo y, a última hora, allí estábamos los tres esperando en el aula la aparición de Maya.
-Vosotros no aprendéis ni a finales de curso… - se resignó la profesora cuando hizo acto de presencia.
-Que te jodan – le contestó Abel, más maleducado que de costumbre.
-¿¡Cómo!? – se sorprendió Maya.
-Hoy no me toquéis los cojones – advirtió el macarra, cruzándose de brazos en su sitio.
-¿Queréis explicarme lo que ha pasado o preferís que me haga una idea según lo que me han contado?
-Ha empezado él – hablé por primera vez.
-Te arrepentirás de esto. Te lo juro – me amenazó.
-Teo, ¿tú has visto lo que ha pasado? – preguntó Maya.
El repetidor, que parecía ajeno a toda la polémica, explicó su versión de los hechos, que no difería demasiado de la realidad. A medida que contaba lo sucedido, la expresión de la profesora se iba oscureciendo. Parecía realmente afectada y quise creer que era debido a la estima que me tenía.
-Vamos a ver, Abel, – se puso seria - ¿qué quieres hacer con tu vida? – el aludido la miró con desprecio, como incómodo por el discurso que se avecinaba – No eres más que un gamberro que a lo único que aspira es a convertirse en un hombre sin oficio ni beneficio.
-Tal vez sea lo que quiero – protestó.
-¿En serio? Si quieres joderte la existencia y lo tienes claro me parece perfecto, pero no intentes llevarte a nadie en tu camino. Deja que los demás puedan hacer su vida, construirse un futuro mientras tú te quedas estancado sin más aspiraciones que vivir de la calle.
-La calle me ha enseñado mucho más de lo que he aprendido en el colegio.
Abel consiguió sacar una sonrisa sarcástica a Maya.
-Dime, ¿qué es lo que te ha enseñado?
-Digamos que no se me dan mal las mujeres – sonrió con suficiencia.
-¡Vacilón! – intervino Teo con complicidad.
-No dudo de ello, – prosiguió Maya – pero ¿de qué te servirá cuando intentes mantener una conversación mínimamente inteligente con alguna de ellas y no seas capaz de hacerlo?
-Vamos, profe, las mujeres no quieren hablar. Lo que buscan es que les dé placer.
-Eso es cierto – rio Teo.
Aunque me hubiera gustado intervenir en la conversación, me sentía incapaz de hablar sobre esos temas delante de mi amada profesora. Abel demostraba cierta facilidad para hacerlo y Teo tampoco parecía cortarse. Incómodo, removiéndome en mi asiento, me resigné a guardar silencio.
-Creo que estáis muy lejos de saber lo que las mujeres queremos – Maya parecía querer entrar al trapo, tenía la sensación de que disfrutaba enfrentándose a Abel.
-Pues yo estoy seguro de saber lo que quieres tú – la sonrisa ladina del gamberro se hizo aún más evidente.
-Mejor te voy a decir yo lo que quiero – contestó Maya con seriedad dirigiéndose al macarra. Se giró hacia nosotros y dijo: - Vosotros podéis iros.
La actitud de la profesora era evidente. Su gesto adusto reflejaba lo inoportunas que le habían parecido las insinuaciones de Abel y pensaba dejarle las cosas claras. Aunque Teo parecía contento por salvarse del castigo, a mí me hubiera gustado quedarme a ver lo que ocurría.
-Tú, pipiolo, – se dirigió a mí el repetidor - ¿quieres saber lo que pasa ahí dentro? – pareció leerme los pensamientos.
-Claro.
-Sígueme.
Nos adentramos en el cuarto que se usaba para dejar el material de limpieza. La pequeña habitación era contigua a la sala de la que salíamos y tenía un pequeño resquicio a través del cual se podía observar lo que ocurría al otro lado. Si guardábamos completo silencio, también era posible escuchar a Abel y Maya.
-… ¿tú te has fijado bien en mí? – la profesora se dirigía con evidente soberbia a nuestro compañero.
-Sí.
-¿Crees que con este cuerpo puedo conseguir al hombre que quiera?
-Claro.
-Entonces, pudiendo elegir, ¿crees que me fijaría en un mocoso como tú?
-¿Por qué no?
Parecía claro que Maya quería vacilar al gamberro de clase, que se mantenía impasible a las provocaciones de la treintañera.
-Tal vez porque me gustan los hombres hechos y derechos, con experiencia y que sean capaces de hacerme disfrutar en la cama – la profesora sonrió, intentando provocar al muchacho, que guardó silencio, haciendo que la mujer se creciera – Y es evidente que tú no cumples ninguno de esos requisitos.
Tras unos segundos de tenso silencio, Maya prosiguió:
-¿No dices nada? ¿Es que tal vez te estás acojonando? – ahora rio. Parecía satisfecha de lo que creía era una victoria.
-Que mi silencio no te confunda – sonrió tímidamente, sacándole una mueca divertida a la profesora.
Maya se acercó con parsimonia al pupitre de donde Abel no se había movido. Lo rodeó, acariciándole uno de los hombros.
-Te crees muy machito… me pregunto si realmente has estado con alguna chica – sonrió de forma hiriente.
Estaba descolocado. Tenía la sensación de que las cosas no estaban saliendo como Maya había planeado y que estaba empezando a salirse del guión que tenía marcado. Mis ojos se abrieron como platos al observar cómo la exuberante treintañera se abría ligeramente la blusa, desabrochándose un par de botones.
-¿Has visto alguna vez un par de estas? – se inclinó ante Abel, mostrándole el escote.
Nuevamente el sinvergüenza no reaccionó, pero parecía sereno.
-Qué hijo de puta… - susurró Teo, a mi lado.
-¡Calla! – le chisté, completamente tenso, no queriendo perderme nada de lo que dijeran al otro lado.
-Veo que te has quedado mudo – parecía volver a sentirse victoriosa antes de tiempo.
-Las he visto incluso mejores.
-Ya…
Una vez más, el silencio se adueñó del aula. Maya y Abel se miraban a los ojos y me pregunté si había tensión sexual entre ellos. Ella sonreía, parecía divertida. Él estaba serio, parecía seguro de sí mismo.
-Levántate – le ordenó la maestra.
Abel le hizo caso, más sumiso que de costumbre y, por primera vez, pensé que la profesora había ganado la batalla definitivamente.
-Quítate los pantalones – le ordenó mientras le señalaba con el dedo índice, en un claro gesto de lo que debía hacer.
-¿Quieres vérmela otra vez? – dibujó una sonrisa de suficiencia mientras se deshacía de los zapatos bruscamente.
-Quiero darte una lección. Para que luego no digas que no aprendes nada en el colegio.
¿Qué quería decir con eso? ¿Qué iba a hacer Maya? Un nudo de tensión se aglutinó en mi garganta mientras observaba cómo Abel, que previamente se había quitado la camiseta, se bajaba de golpe los pantalones y los calzoncillos, mostrando su descapullada verga morcillona.
La treintañera se acercó al joven muchacho y, empujándolo ligeramente en el pecho, le hizo retroceder poco a poco hasta que su espalda entró en contacto con la pared.
-¿Crees que serás capaz de aguantar sin eyacular aunque solo sea unos segundos? – preguntó sonriente mientras se agachaba ante el gamberro de clase.
Abel guardó silencio nuevamente. Maya recorrió el lampiño torso con la mano, desde el pecho, pasando por las marcadas abdominales, hasta llegar al pubis cubierto de incipiente vello. Rodeó el pene y asió los testículos, provocando el suspiro del zagal.
-Qué poco me vas a durar… - sonrió la profesora mientras masajeaba los huevos de su alumno.
Estaba atónito. Lo normal es que la situación me provocara una rabia inusitada al ver cómo uno de mis compañeros más indeseables obtenía algo que yo tanto ansiaba. Sin embargo, para mi sorpresa, me di cuenta de que no era capaz de evitar la enorme erección que se escondía tras mis pantalones. Sentía un enorme dolor. Con Teo al lado no podía comprobarlo, pero estaba casi seguro que era la empalmada más salvaje que había tenido en mi vida. Sentía cómo la piel no daba más de sí. Tenía la sensación de que mi pene quería crecer más allá de sus posibilidades. Estaba excitadísimo.
Maya había dejado de acariciar la bolsa escrotal y la mano se había deslizado a través del tronco de la polla de Abel. Mi compañero estaba ya completamente empalmado y no parecía tener muchos problemas para retrasar el orgasmo.
-Vas bien servido para ser un mocoso… – soltó la profesora.
Observé la verga de Abel y confirmé mis sospechas. En erección aún era más evidente la diferencia de tamaño entre la suya y la mía.
-… aunque deberías cuidar un poco la higiene – gruñó.
Supuse que Maya habría percibido el mismo olor agrio que yo mismo noté el día que Abel se masturbó en la clase de Informática.
-Eso sí, pareces tener más aguante del que pensaba – sentenció ella, con seriedad.
-¿Asumes ya tu derrota? – la vaciló Abel.
-Debo reconocer que no me lo esperaba, sinceramente. He jugado con fuego y he perdido – le dio la razón sin dejar de masturbarlo.
-Entonces ya puedes disfrutar de mi polla sin reparos – sentenció el macarra.
-Alto ahí, no vayas tan rápido. Esto ha sido solo para darte una lección y, aunque debo reconocer que me la has dado tú a mí, no veo el motivo por el que debamos seguir con esto.
-No serás tan puta de dejarme a medias.
-¡Esa boca! – le recriminó – Tendrás una buena polla, pero aún te queda mucha educación por aprender.
Maya había entrado al trapo completamente. Observé cómo Teo se había llevado una mano a la bragueta, masajeándose la entrepierna. Sin duda estaba tan excitado como yo, que no me atrevía a tocarme por temor a correrme al instante.
-¿Te la han chupado alguna vez? – preguntó la profesora al alumno.
-¿Tú qué crees? – soltó con petulancia, provocando la risa de Maya.
-Está bien entonces…
Nada de lo que había visto hasta ese momento se podía comparar con la sensación que me provocó observar cómo la hermosa treintañera se acercaba a la ensalzada verga de Abel para lamerla. Sentí los espasmos de mi propio pene mientras veía la lengua de la profesora recorriendo los centímetros de carne. Cuando se la metió en la boca, noté cómo mis calzoncillos comenzaban a humedecerse debido al semen que empecé a soltar sin poder evitarlo. A mi lado, Teo se masturbaba, con la mano dentro de los pantalones, sin quitar ojo a la excitante escena del otro lado.
-La chupas bien, hija de puta. Deberías darle algunas lecciones a Lara – sonrió Abel.
Maya se retiró momentáneamente del muchacho.
-¡No me digas que Lara te ha hecho una mamada! Debes ser la envidia de medio colegio – sonrió.
-Ahora debo serlo del otro medio – la profesora no pudo evitar una sonrisa que parecía sincera.
-Al final va a ser verdad que sabes tratar a las mujeres, cabrón – volvió a la carga para terminar la mamada que le estaba haciendo a su alumno.
Tras haberme corrido sin llegar ni tan solo a tocarme, pringándome la ropa interior, mi nivel de adrenalina había disminuido y comencé a sentirme completamente humillado por Abel y lo que estaba logrando. Saber que había conseguido que Lara también se la chupara fue la gota que colmó el vaso. Me sentí como una mierda. Sin embargo, aunque parecía increíble, mi polla seguía tan dura como antes a pesar de mi reciente orgasmo.
La profesora llevaba un buen rato practicando sexo oral a su alumno cuando Abel comenzó a encorvarse. Maya parecía dispuesta a no apartarse y siguió chupando el miembro del gamberro. Mi compañero empezó a sollozar, señal de que estaba a punto de correrse, cuando se agarró la verga, apartándola de los labios de la treintañera, para comenzar a meneársela mientras disparaba proyectiles de leche en dirección al bello rostro de la sorprendida mujer.
-¡¿Eres gilipollas o qué te pasa?! – se quejó Maya, con la cara llena de semen – ¡Me has manchado el pelo! ¿Cómo quieres que me vaya a casa con estos chorretones de lefa?
Su lenguaje soez me descolocó, jamás la había oído hablar en ese tono. Parecía realmente enfadada y supuse que empezaba a ser consciente de lo que había dejado que ocurriera.
-Que te jodan, tía. Búscate la vida – Abel no se amedrentaba, ni mucho menos.
-Está bien, perdona – se calmó y, tras unos segundos, mientras se limpiaba el rostro, prosiguió: - De esto ni una palabra, ¿estamos?
-¿Por qué tendría que contar nada? – preguntó el macarra, provocando que el gesto tenso de la profesora se relajara.
-Está bien…
-Tampoco veo por qué debería callarme – sonrió con malicia.
-Joder, Abel, no me jodas.
-Respóndeme, ¿por qué debería callarme?
Tras unos segundos en los que Maya pareció cavilar la respuesta, por fin contestó, completamente seria:
-Porque entonces seguro que no habrá una próxima vez.
-Está bien – confirmó Abel.
Teo y yo aguardamos en completo silencio a que las cosas se calmaran. Cuando estuvimos seguros de no ser descubiertos, salimos de nuestro escondite. Yo, con los calzoncillos manchados de esperma, me dirigí a casa sin dejar de darle vueltas a lo sucedido. Durante todo el fin de semana, en el que tuve una erección casi permanentemente, no me pude quitar de la cabeza la experiencia vivida. Estaba como loco por volver a clase y ver cómo se comportaban Abel y Maya. Inexplicablemente, sentía una enorme excitación al imaginarme a mi amada profesora en manos de otros hombres.
FINAL DE CURSO – DÍA 2
El lunes transcurrió más normal de lo que podía imaginar. Abel seguía siendo el mismo cretino de siempre y Maya impartió una nueva clase de Lengua magistral. Ninguno de los dos parecía verse afectado por lo ocurrido el viernes anterior. El que estaba raro era Teo, cuyo comportamiento parecía más indisciplinado que de costumbre.
Durante el recreo echamos el típico partido de fútbol. A mí no se me daba mal, de hecho era considerado uno de los que mejor jugaba del colegio. En una de las disputas, en las que regateé a medio equipo rival, solo pude ser frenado en falta por el repetidor. Sin rechistar, cogí el balón con las manos, dando por hecho la señalización de la infracción.
-No es falta – se quejó Teo.
-Sí lo es – le repliqué.
-Te he dicho que no – insistió.
Yo lo ignoré y él se puso agresivo, comenzando una pelea que yo no había buscado. No me amedrenté, encarándome con el alumno un año mayor que yo. Por suerte para mí, fuimos separados por el resto de compañeros.
Aunque Teo no era un santo, su actitud no me cuadraba y empecé a sospechar. Tras pasarme el día atento a su proceder, definitivamente corroboré lo que me imaginaba al observar la disimulada sonrisa que el repetidor no pudo ocultar cuando al fin lo castigaron a quedarse después de clase. Así, cuando llegó la hora, procurando no ser visto, me deslicé dentro del cuarto de limpieza para tener una vista privilegiada de lo que pudiera ocurrir en el aula de al lado.
Al parecer, Teo había tenido suerte y era el único que había en la sala. Parecía nervioso, moviéndose de un lado a otro mientras, de vez en cuando, se acariciaba el paquete. Sus intenciones estaban claras y un agradable cosquilleo comenzó a instaurarse en la parte baja de mi estómago.
-¿Otra vez tú? – sonrió Maya al ver a Teo – No hay día que me libre de vosotros…
El repetidor no habló. Se dirigió a uno de los pupitres y se sentó. No parecía controlar la situación como Abel, eso era evidente.
-Ya que estamos solos – prosiguió la profesora - ¿qué tal si repasamos un poco lo que llevas más justo de la asignatura?
-¿Me vas a dar un poco de lengua? – sonrió, aunque le temblaba ligeramente la voz.
-Claro – respondió ella, adquiriendo una mueca de leve desconcierto.
-De esta me refiero – Teo sacó la lengua y la movió arriba y abajo como si lamiera un helado.
-¿¡Cómo!? – se extrañó Maya.
-Podríamos repasar la misma lección que diste el viernes con Abel.
La maestra se quedó con la boca abierta, sin articular palabra. Juraría que su rostro adquirió cierta palidez. Inicialmente sentí lástima por la indefensión de mi querida profesora, pero se me pasó en seguida, en cuanto mi verga se puso dura como una roca. Imaginando lo que podía ocurrir, ya estaba nuevamente excitado.
-¿Qué es lo que sabes? – reaccionó al fin, con cara de pocos amigos.
-Lo suficiente.
-No me vale – se enfadó.
-Sé que le hiciste una mamada.
-¡Madre mía! – Maya se llevó las manos a la cara mientras agachaba la cabeza - ¿Y cómo te has enterado?
-¿Tú qué crees? – me alegré de que Teo no descubriera nuestro escondite secreto.
-Mierda – masculló – Puto Abel…
-Bueno, ¿qué? – insistió el repetidor, que parecía querer encauzar el tema.
-Teo, ni de coña – la treintañera lo miró con altivez, dejándole claro que no había ningún tipo de posibilidad de que la convenciera.
-O me haces una jodida mamada o me chivo de lo que pasó aquí el viernes – la chantajeó.
El rostro de Maya era fiel reflejo de su desesperación. Tras unos segundos, en los que debió pensar cómo encauzar la situación, intentó contraatacar.
-O te olvidas de todo esto o no apruebas mi asignatura ni en recuperación.
Teo, al que le seguía temblando la voz debido a su evidente intranquilidad, rio con nerviosismo.
-¿De verdad crees que eso me importa?
Estaba seguro de que no le importaba lo más mínimo. Ya había repetido curso y no parecía muy preocupado por haber perdido un año. Sin duda, Teo preferiría que la atractiva treintañera le hiciera una mamada antes que aprobar una asignatura que no le interesaba en absoluto.
-Tú mismo – Maya apostó el todo por el todo.
-Está bien. Supongo que mañana tendrás noticias – Teo se levantó - ¿Puedo irme ya? – se dirigió a la salida, con un caminar inseguro, pasando por delante de la profesora, que seguía impasible – Para lo que te queda en el convento, quedarme ya no tiene ningún tipo de sentido.
-Espera – Maya le detuvo – Pídeme lo que quieras… pero eso no, por favor.
-No hay trato – contestó Teo, parado, de pie, dándole la espalda a la treintañera.
-Está bien… tú ganas…
Aunque me había ocultado a espiar esperando ver algo similar a lo que estaba sucediendo, no podía imaginar que la situación volviera a parecerme tan increíble como lo ocurrido con Abel. Por un momento había pensado que Maya se saldría con la suya y que Teo cedería, pero el repetidor había conseguido actuar con frialdad y ella no podía arriesgarse a que todo aquello saliera a la luz.
La profesora se acercó a su alumno y, arrodillada ante él, comenzó a desabrochar los botones del tejano del chaval.
-Chantajista de mierda… espero que por lo menos tengas una buena polla como la de Abel – se resignó mientras tiraba hacia abajo de los pantalones y los calzoncillos para liberar el miembro de Teo que, debido a la empalmada, apareció de repente, desplazándose velozmente de abajo a arriba, y casi golpeando el rostro de Maya, que tuvo los reflejos suficientes para apartarse a tiempo mientras dejaba asomar una instintiva sonrisa, que supongo no pudo evitar – No está mal – concluyó.
Me fijé en la verga de mi compañero de clase. Era bastante gruesa, pero no parecía excesivamente larga. Tal vez era una sensación provocada por el abundante matojo de pelos que se enmarañaba en su descuidado pubis.
En esta ocasión, la soledad de mi escondite me permitió bajarme los pantalones para liberar mi dolorido pene. Ya no me sorprendió la tremenda erección que estiraba mi piel hasta el punto de provocarme la enorme tensión que sentía en el glande. Creí que solo un leve roce sería suficiente para hacerme eyacular.
Maya rodeó con su mano el grueso tronco de la verga del repetidor. Apenas pudo abarcar toda la circunferencia. Empezó a masturbarlo y Teo no tardó ni un segundo en comenzar a gemir sonora y descontroladamente.
-Niño, no seas tan escandaloso – se quejó la treintañera, nuevamente risueña.
No debió pasar ni medio minuto cuando el repetidor comenzó a temblar, casi tambaleándose. Maya detuvo la paja que le estaba haciendo.
-¿Aguantarás o quieres que termine? – preguntó sin demasiado entusiasmo.
-Chúpamela – le pidió, respirando entrecortadamente.
-Al menos será rápido…
Tan solo bastaron un par de lametazos para que Teo volviera a convulsionarse. La profesora se hizo a un lado, sin dejar de masturbarle, y aumentó el ritmo de las sacudidas. Entre ruidosos alaridos, el repetidor comenzó a eyacular. Maya apuntó al suelo donde fueron a parar las ráfagas de esperma.
Aún sin tocarme, mientras observaba a mi profesora exprimiendo la polla de mi compañero, tuve que concentrarme y apretar las nalgas para evitar correrme. Aunque un pequeño y único brote de espeso semen surgió de mi uretra, quedándose colgado de la punta de mi durísima verga, conseguí evitar el orgasmo con el que habría salpicado la pared que tenía enfrente.
-Teo, sé que tú no eres como Abel – la voz de Maya reflejaba su extrema preocupación – Por favor, te lo suplico, no cuentes nada de esto a nadie.
-Creo que podemos hacer un trato.
-Soy toda oídos.
-No quiero que Abel se entere de esto – Maya sonrió, mostrando un reflejo de esperanza, supongo que al descubrir la posibilidad de llegar a un pacto con el repetidor.
-¿Qué pasa, le tienes miedo?
-No es eso…
-Ya, seguro… No es de extrañar que guardes respeto a ese sinvergüenza. Pero no te preocupes, aún así eres todo un machote – le regaló su dulce sonrisa, alargando uno de los brazos para masajearle los huevos.
El gesto de Maya demostraba el alivio que la treintañera debía sentir por el acuerdo alcanzado. Sin embargo, Teo parecía aturdido. Daba la impresión de que el placer recibido había sido mucho mayor que cualquier otro que había experimentado hasta ese momento. Su rostro era fiel reflejo de ello.
-Voy a buscar algo para recoger esto – oí decir a la profesora, refiriéndose al semen del alumno que se había desparramado por el suelo del aula – Vuelvo en seguida.
Imaginé que Maya accedería al cuarto donde yo me encontraba y me puse tremendamente nervioso ante la posibilidad de ser descubierto. Apresuradamente, me subí los pantalones y salí corriendo. El corazón me iba a mil por hora. Por un momento pensé que era inevitable que nos cruzáramos y no sabía cómo podría reaccionar. Por suerte, al salir del pequeño cuarto, no vi a nadie y me marché del colegio a toda prisa.
Esa misma tarde, en casa, aproveché la ducha para masturbarme rememorando lo ocurrido entre Teo y Maya. A mi recuerdo añadí la imaginación sobre lo que podía pasar de aquí en adelante. Daba la impresión de que mi profesora tenía controlado al repetidor, pero ¿qué pasaba con Abel? ¿Conseguiría el macarra repetir? Y yo, ¿podría aprovecharme de esa situación de algún modo?
FINAL DE CURSO – DÍA 3
Durante todas las asignaturas del día siguiente estuve mentalmente ausente. Solo esperaba que llegara la ocasión de volver a espiar a Maya después de clase. Intentaba fijarme en Abel y Teo procurando intuir una conducta extraña o muestras de querer ser castigados, pero no me lo pareció.
A medida que pasaban las horas sentía una mezcla de excitación por llegar el momento más esperado del día y de decepción al no descubrir ningún comportamiento fuera de lugar entre mis compañeros. A pesar de todo, sin perder la esperanza, al final de la jornada volví a esconderme en el pequeño cuarto para contemplar lo que pudiera suceder al otro lado.
Mi libido se vino abajo cuando vi tantos alumnos castigados. Fui consciente de que no pasaría nada fuera de lo normal. Aún así, decidí esperar a que la profesora apareciera para no ser descubierto. Me fijé que en la sala estaban todos los habituales menos yo. Sonreí tontamente pensando si Maya se percataría y echaría de menos mi presencia.
-¡Vaya! – se sorprendió la profesora de Lengua al acceder al aula – Hoy hay overbooking. Y veo que estáis los de siempre, no falta ni uno – sonrió antes de ojear el papel que traía consigo.
Sentí una dolorosa punzada al descubrir que Maya no solo no me había echado de menos sino que ni siquiera parecía considerarme uno de los malotes. Completamente decepcionado, estaba a punto de marcharme cuando la profesora alzó la voz sobre el murmullo generalizado.
-Un momento. Aquí hay más gente de la que está en la lista – puso cara de sorpresa.
Algo me olió mal y decidí esperarme unos instantes.
-Jonás.
-Sí – contestó el gitano.
-Simón.
-Aquí – oí la voz del grandullón al fondo del aula, fuera del alcance de mi vista.
-Teo.
-Presente – respondió el repetidor.
-Vosotros dos podéis marcharos – se refirió a Abel y Alexei – Aunque parezca mentira, hoy no estáis castigados.
-No nos vamos – rechistó el macarra.
-No, no – reía nerviosamente el niño ruso.
Pude notar cómo la expresión de nuestra profesora comenzó a ensombrecerse. Sin duda, empezaba a temerse lo peor. Verla en esa situación, con el gesto demacrado, me dolió, pero no tanto como que ella no se hubiera acordado de mí. Me relajé y me bajé los pantalones con la esperanza de disfrutar de un buen espectáculo.
-Está bien… ¡todos fuera! – les ordenó categóricamente.
-De eso nada – soltó el gitano.
-Queremos verte las tetitas – sonrió el ruso de forma macabra.
-¡¿Pero qué dices?! – el rostro de Maya reflejó el terror que debió sentir en ese momento.
-¿Qué pensaría mi madre si se enterara de lo que pasó ayer aquí? – la amenazó el repetidor.
-¿Y si llegara a oídos del director? – concluyó el más gamberro de todos.
Al parecer, mis compañeros habían hablado entre sí y se habían puesto de acuerdo para intentar aprovecharse de la situación. Estaba claro que ellos tampoco me consideraban uno de ellos.
La treintañera se tomó unos segundos para reflexionar ante los chavales que la estaban extorsionando.
-Vamos a ver – comenzó, en un tono más sereno - ¿qué es lo que queréis? Ayer cedí a tu maldito chantaje – miró a Teo – y no ha servido de nada…
-Pero… - intentó rechistar.
-¡… pero nada! – le cortó ella bruscamente, cogiendo las riendas de la situación – El otro día cometí un grave error contigo – ahora dirigió una mirada rabiosa a Abel – y no pienso empeorarlo. Así que contádselo a quien queráis, pero se acabaron los jueguecitos.
Aunque sentí un ligero alivio ante la actitud valiente de mi profesora, su discurso me cortó el rollo. Mi pene se había encogido hasta parecer un pequeño cacahuete. Supuse que lo sucedido los días pasados había sido demasiado increíble como para que se repitiera eternamente.
-No se trata de ningún juego – intervino el macarra.
-Y no creo que sea justo que trates mejor a unos alumnos antes que a otros – se quejó Jonás.
-Y yo quiero verte las tetitas – insistió el ruso.
-Vamos a ver, chicos – Maya parecía recomponerse poco a poco – Siento mucho lo que ha pasado, de verdad. No se trata de ser injusta. Se trata de algo que hice mal y no puedo volver a repetir. Y… - se giró para mirar a Alexei – mis tetitas, como dices, no las ha visto ninguno de vosotros.
-Yo solo quería decir que no he roto el pacto – insistió Teo, haciendo que Maya recuperara su característica sonrisa.
-¿En serio? O sea que has sido tú – se dirigió a Abel – Has ido contando por ahí lo que sucedió el viernes.
-Bueno, me dijiste que si contaba algo no habría una segunda vez y… aquí estamos.
-Pues, efectivamente, listillo, por bocazas no vas a repetir.
-O sea, que me apruebas, quieres decir.
La broma de Abel, que también se me había ocurrido a mí desde mi escondite, provocó las risas del resto de chavales.
-Dejaros de tonterías – les cortó el gamberro para después dirigirse a Maya – Entonces no te importa que el director del colegio se entere de que se la has chupado a un par de alumnos.
-Pues claro que me importa, pero no tiene sentido que siga cediendo a vuestros chantajes si no puedo fiarme de vosotros.
-¿Qué necesitas para fiarte? – intervino Jonás.
-He dicho que no. Y punto – se enfadó.
Entonces ocurrió algo que no me esperaba en absoluto. El gitano sacó la misma navaja con la que ya nos amenazó a Maya y a mí para conseguir robarle el bolso a la profesora. Un escalofrío recorrió mi cuerpo e, inesperadamente, mi aparato sexual dio un pequeño respingo, comenzando a alcanzar cierta altivez.
-¿La reconoces? – sonrió el calé, mostrando el filo del arma blanca a la profesora.
-Así no… – suplicó ella – Prefería el chantaje… - confesó, tan bajito que me costó escucharla.
-Alexei quería verte las tetas – la instó el amenazador alumno.
Me fijé en la estampa. Abel estaba tranquilo, recostado en uno de los pupitres con un gesto de satisfacción. Teo, inquieto, observaba de pie cómo la treintañera cumplía las órdenes de Jonás. Alexei, sentado en el suelo con las piernas cruzadas, reía histéricamente gracias al proceder del gitano que, navaja en mano, obligaba a Maya a desnudarse.
La profesora comenzó a desabrocharse la blusa. Ante la atenta mirada de sus alumnos apareció un sujetador fino, de encaje, que dejaba entrever claramente el volumen de los senos. Tiró la blusa al suelo y se desabrochó el sostén. Antes de quitárselo se tapó con uno de los brazos, provocando los abucheos de su público juvenil.
-Por favor… – miró a Jonás – os dejo vérmelas si dejáis que me vaya…
-Tú primero enséñanos las tetas y luego ya veremos – intervino Abel, con parsimonia.
Maya gruñó al tiempo que deslizaba el brazo para dejarnos ver sus magníficos pechos. Eran generosos y se mantenían en su sitio sin necesidad de la prenda que los sujetaba habitualmente. Aunque muy ligeramente, se podía apreciar la marca del bikini. Los pezones, en estado de reposo, eran casi imperceptibles, del mismo color marrón claro que las rugosas aureolas. Sin duda, las tetas eran mucho más espectaculares que como me las había imaginado, nada que ver con las fotos rancias de mi baraja de cartas. Ante aquella visión, mi pene ya estaba tieso, aunque aún no había alcanzado las escandalosas erecciones de los días anteriores.
-¿Y bien, te gustan mis tetitas? – se dirigió a Alexei, que la contemplaba con la boca abierta, con evidente mal humor.
-Son unas tetazas – la corrigió Jonás, que se había acercado disimuladamente por la espalda, acariciándole uno de los senos.
Maya reaccionó instintivamente, girándose y apartando bruscamente al gitano, que contraatacó de malas formas, colocando la afilada navaja en el cuello de la morena. El gesto me impactó, sobresaltándome. Con el corazón en un puño, deseé que las cosas no se torcieran demasiado.
-Maldito hijo de puta… - ella le insultó, obligándose a sí misma a calmarse.
-Tienes que aprender modales – sonrió Abel, que seguía impasible en el mismo sitio, dirigiéndose a Maya – Anda, déjate tocar por el chaval…
Jonás, frente a la treintañera, volvió a la carga. Mientras con una mano seguía amenazando a la profesora sin apartar la navaja de su cuello, con la otra rodeó uno de los voluminosos senos, acariciándolo primero y estrujándolo después.
Mi mano comenzó a moverse imitando el gesto del gitano, pensando que era yo el que masajeaba el pecho de mi amada e imaginando un tacto que aún no conocía. La polla volvía a dolerme. Estaba nuevamente excitadísimo, con la piel del pene estirada al máximo de sus posibilidades.
-¿Puedo? – se alzó Alexei del suelo.
-En serio, chicos, esto no puede ser…
-¿Y qué propones? – preguntó Abel.
-No más amenazas, por favor.
-Está bien – aceptó el macarra – ¡Jonás! – el gitano le hizo caso, retirando la navaja, sin dejar de magrear la teta.
-Gracias.
-¿Y ahora qué? – preguntó el repetidor.
-Os voy a hacer una oferta que no vais a poder rechazar – soltó la maestra.
-Tú dirás.
-Os hago una paja a cada uno – Maya se dirigía a todos, pero observaba a Abel – Así no tengo trato de favor con ninguno – miró un instante a Jonás – Y me dejáis marchar.
-Me parece que una mamada sería lo justo – indicó el gamberro.
El silencio se adueñó del momento. A pesar de estar en el cuartito de la limpieza, pude sentir la tensión reinante de la sala contigua. La treintañera no parecía dispuesta a acceder a la nueva petición, pero sus ojos vidriosos delataron que no tenía otra opción.
-Está bien, una mamada – aceptó finalmente a regañadientes.
-Pero yo quiero tocarte las tetitas – insistió el soviético.
-¿Qué pasa, que nunca has tocado unas? – le preguntó la profesora.
-No.
-Vale, podrás tocármelas. Pero os juro que como no cumpláis el trato, mañana mismo os denuncio por violación y os jodo la vida para siempre.
-¡Calla ya! – Jonás soltó un manotazo en el pecho que había estado magreando.
-¡Au! – la profesora, que parecía realmente dolorida, se quejó.
Me fijé en el pezón del seno que el gitano había estado sobando y que había recibido el guantazo. Se había endurecido y resaltaba evidentemente más que el otro, que seguía mimetizado con la aureola. La visión del pequeño botón enardecido era tremendamente excitante.
Alexei se acercó a Maya y comenzó a manosearle el mismo seno con una innegable falta de destreza. Mi compañero comenzó a farfullar, demostrando el entusiasmo que sentía al tocar su primera teta. Y no una cualquiera, sino la de nuestra morbosa profesora.
Aún a riesgo de correrme al instante, comencé a acariciarme el pene. Sentí la tensión de la piel y la rigidez del miembro, y una incontrolable presión en el glande hizo que tuviera que retirar la mano para evitar la inminente eyaculación. Lo intenté otra vez con idéntico resultado. A la tercera intentona conseguí mantener el contacto levemente y empecé a masturbarme de forma pausada.
-Bueno, acabemos con esto de una vez. ¿Quién va a ser el primero? – preguntó la profesora, con evidente desgana.
-Yo mismo – contestó el repetidor.
-Eres un ansioso – rechistó Jonás, con cara de pocos amigos.
-No os peleéis – consensuó Maya – Si tanto lo deseas, tú vas a ser el afortunado.
La profesora se acercó al gitano y se detuvo frente a él mirándolo con desprecio. Se agachó, arrodillándose en el suelo y, con cara de asco, comenzó a desabrocharle la bragueta. Cuando bajó los calzoncillos, con la vista fija en la entrepierna del muchacho, la mueca de la treintañera denotó su incredulidad. Miró hacia arriba, a los ojos del dueño de aquello, como queriendo confirmar que era el calé, y sonrió con perplejidad.
La verga de Jonás era fina, pero tremendamente alargada. La tenía semirrígida y se podía apreciar cómo se ladeaba ligeramente hacia un lado. Su tono de piel oscuro era mucho más evidente en su miembro viril y daba toda la sensación de ser la polla de un negro.
Maya llamó al repetidor, instándole a que se colocara junto al gitano. Haciéndose ligeramente a un lado, la profesora se colocó frente a Teo y le liberó la verga. Después hizo lo propio con Abel. Cuando llegó el turno del ruso, le guió para que se pusiera al lado de sus compañeros y repitió el gesto con él. Maya no pudo evitar sonreír al verle la herramienta.
El pene de Alexei era pequeño y su flaccidez no ayudaba a dar otra impresión. Sin embargo, estaba circuncidado y tenía un glande extraordinariamente grueso que contrastaba con el resto del miembro. Además, los pelos de su pubis eran claros, con un tono rojizo. Era una estampa curiosa.
-Bonitas pollas – sonrió Maya, observando la fila de alumnos que se exhibían ante ella.
La profesora, que seguía con los pechos al aire, se alzó para volver junto al gitano. Al hacerlo, se inclinó ligeramente para manosear las cuatro vergas: la pequeña y cabezona de Alexei, la exuberante y maloliente de Abel, la gruesa y peluda de Teo y la alargada y oscura de Jonás.
Me fijé en el pezón de mi profesora que aún no había recibido las atenciones de mis compañeros de clase. Parecía que, muy poco a poco, empezaba a hacerse más perceptible, endureciéndose, no así la polla de Jonás. Maya se había arrodillado frente al gitano, agarrándole la verga morcillona con la mano. El alumno temblaba frente a la paja que le estaba ofreciendo su profesora.
 -¿Qué te pasa, machito? – le vaciló - ¿No se te levanta? – rio, burlándose del calé.
Mi compañero no podía hablar. Sin duda era la primera vez que una mujer le masturbaba y parecía haber entrado en pánico.
-Ahora no pareces tan duro como cuando me has puesto la navaja en el cuello o cuando me robaste el bolso. Por cierto, me debes una caja de condones. ¿Qué has hecho con ellos, globitos para una fiesta de cumpleaños? – seguía humillando a su alumno sin dejar de manosearle el pene semirrígido.
Abel y Alexei reían como posesos antes las burlas de Maya. Teo parecía más cohibido.
-Si no se te pone dura no voy a poder hacerte la mamada – la profesora soltó con desdén el miembro del gitano y se dirigió al repetidor, que ya estaba completamente empalmado – Así me gusta – sonrió dirigiendo una mirada ladina a Jonás.
Tras unos segundos lamiendo la verga de Teo, que seguía gimiendo igual de escandalosamente pero parecía aguantar más que el día anterior, Maya se desplazó sobre sus rodillas para colocarse frente a Abel. Se acercó a la entrepierna del gamberro y aspiró para olfatearle el miembro. Observé cómo, a medida que sus pulmones se hinchaban, también lo hacía su tímido pezón, que ya era claramente visible.
-¿Siempre te huele así de fuerte? Me gusta… - y abrió la boca para meterse directamente el descapullado glande del macarra.
Cuando consiguió que la enorme verga que tenía en la boca se pusiera completamente dura, Maya se desplazó hacia el último integrante de la fila. Sonriente, masajeó a la vez el flácido pene y los testículos llenos de pelos anaranjados. Alexei comenzó a mascullar algo ininteligible, tal vez fuera ruso, al mismo tiempo que su verga comenzaba a crecer.
Observé cómo la sangre se agolpaba en el enorme glande del pelirrojo, adquiriendo un tono amoratado que contrastaba con el blanco radiante del resto de su piel. A Maya debió gustarle, pues me fijé cómo ambos pezones se le endurecieron al máximo. Ahora eran pequeños cuadraditos que sobresalían en la punta de sus senos.
-Esta es tan cabezota como tú – bromeó la profesora antes de darle un lengüetazo al grandilocuente glande para, acto seguido, abrir la boca todo lo que pudo, rodeándolo con los labios y haciéndolo desaparecer.
Llevaba unos minutos esforzándome por no correrme, pero ya no pude aguantar más. La visión de los tiesos pezones de Maya mientras le hacía una mamada a uno de los niños más repelentes que conocía, fue demasiado excitante. Aunque no era necesario, aumenté el ritmo de mi masturbación y no tardé nada en soltar toda la leche contra la pared contigua a la sala donde mi profesora les estaba comiendo la polla a mis compañeros de clase.
-¿Y tú qué? – Maya se apartó del ruso, hablando hacia el fondo de la sala.
¡Simón! Me había olvidado completamente de él. Aunque seguía fuera del alcance de mi vista, supuse que había estado todo el rato retraído, como en él era habitual. A pesar de mi reciente corrida, al ver cómo la profesora se dirigía hacia el grandullón de clase, mi pene reaccionó increíblemente rápido, alzándose y pidiéndome guerra de nuevo.
No podía ver lo que pasaba. Durante un par de minutos nadie dijo nada. Todos miraban hacia el fondo hasta que, de repente, escuché los murmullos de mis compañeros y, acto seguido, la expresión de sorpresa de Maya:
-¡Menudo pollón!
¿Estaba de cachondeo, riéndose de Simongolo, o hablaba en serio? ¿Era posible que mi profesora se sorprendiera por el tamaño después de haber visto la de Abel? Pensé en mi pequeño pene y, en vez de sentirme desdichado al imaginarme a Maya riéndose de mí, esa posibilidad hizo que volviera a alcanzar las cotas de erección anteriores, volviendo a sentir cómo mi polla crecía todo lo que mi fisonomía daba de sí.
Tras unos segundos eternos, en los que solo podía mirar a mis compañeros observando fijamente lo que yo no podía ver y en los que me pareció percibir tenues gemidos, no sé si de Maya, Simón o ambos, al fin aparecieron nuevamente. La profesora venía delante, arrastrando al alumno al que asía por el enorme rabo.
La verga del grandullón era como su dueño, grandullona. Algo más gruesa que la del repetidor y tan larga como la del gitano. Pero lo que más destacaba era su tronco venéreo en el que se podían apreciar claramente las abultadas tuberías de color verde palpitando la sangre que el corazón de Simón bombeaba para poder alzar aquello.
La profesora soltó al último invitado junto a sus compañeros y se arrodilló frente a ellos, pidiéndoles que se desvistieran completamente y la rodearan. Los alumnos, más obedientes que en clase, le hicieron caso y la treintañera, teniendo las cinco pollas a su alcance, pudo comenzar a pajearlas y mamarlas alternativamente.
Era mi momento. Tenía al alcance conseguir mi sueño, vivir mis primeras experiencias sexuales con Maya. Solo tenía que salir de mi escondite y presentarme en la sala donde mi profesora estaba practicando sexo oral a cinco alumnos de mi clase. Sin duda no le importaría comerse una polla más. Sin embargo, solo el hecho de intentar moverme me provocó un temblor de piernas tal, que estuve a punto de caerme. Los nervios me atenazaron y fui incapaz de salir de la seguridad que me ofrecía el cuarto de limpieza.
-Las manos quietas – se quejó Maya al sentir cómo Alexei comenzó a sobarle el culo.
El ruso no le hizo caso y la profesora, con cara de disgusto, tuvo que soltar la polla de Teo para apartar las manos del desobediente pelirrojo.
-Pero si lo estás deseando… - intervino Abel, acariciando uno de los senos descubiertos de la profesora y pellizcando levemente el tieso pezón.
Una tenue queja, seguida de un imperceptible gemido por parte de Maya, fue toda su reacción antes de alzarse, ignorando a Abel y separándose del grupo.
-Ven, túmbate en el suelo –se dirigió al gitano, que seguía con problemas de erección – Tienes que relajarte, cariño.
Escuchar cómo trataba con tanto afecto al pequeño delincuente que la había robado y amenazado anteriormente volvió a chocarme. Poco a poco me iba haciendo a la idea de que, para nuestra profesora, aquello se estaba convirtiendo en algo más que una mamada a cada uno de sus alumnos para obtener la libertad.
Con Jonás estirado en el suelo, Maya se inclinó sobre él, dejándonos apreciar la silueta de su trasero, perfectamente definida gracias a los ajustados tejanos. Sin dejar de sobarle la polla semirrígida, la treintañera le besó en la mejilla mientras le susurraba algo que no alcancé a escuchar. Los tiernos besos de la mujer alcanzaron la boca del gitano, que reaccionó torpemente sacando la lengua sin mucha destreza y provocando la sonrisa de la profesora, que siguió bajando por el cuello de su alumno.
A medida que se acercaba a la entrepierna del muchacho, restregando los senos contra el delgado cuerpo de Jonás, se podía apreciar cómo la alargada polla iba adquiriendo mayor rigidez. Cuando Maya alcanzó el bajo vientre, comenzó a darle pequeños mordiscos en el pubis. La verga que tenía en la mano, sin dejar de acariciarla, ya estaba completamente dura.
Maya giró el rostro para encontrarse nuevamente con Alexei sobándole el culo. Con un gesto le indicó que se retirara. El alumno le hizo caso, pero no tardó ni cinco segundos en volver a la carga. Esta vez no encontró oposición alguna mientras la profesora se tragaba toda la longitud del aparato sexual del gitano. Teo aprovechó para acercarse también a la treintañera y le acarició las tetas. Tampoco encontró mayor respuesta que leves gemidos ahogados por la verga que le llenaba la boca.
El primero en correrse fue el calé. Lo hizo tumbado en el suelo mientras la exuberante morena le comía la polla. Maya, no obstante, tuvo los reflejos suficientes para sacarse el miembro de la boca, dejando caer el semen sobre el abdomen del chico. Dejó la verga palpitante descansando sobre el pubis de Jonás y se encaró hacia el resto de alumnos.
-¿No os he dicho que las manos quietas? – se dirigió a Alexei, pero en su tono no se percibía mal humor.
-No es justo que tú nos des placer sin recibir nada a cambio – observó Abel, provocando las risas de la treintañera.
-Visto así… podéis sobarme un poco mientras termino las mamadas, pero no os paséis de la raya – sonrió.
Maya se agachó ante el ruso y, tras escupirle en la polla, comenzó a masturbarle con brío. Entre las sacudidas, de vez en cuando le daba un chupetón al glande. Mientras, Teo siguió masajeando los pechos de la profesora que, tras varios minutos, se dirigió al pelirrojo:
-¡Joder, pequeñajo! Sí que tienes resistencia… - pareció gratamente sorprendida.
-Son muchas pajas de entrenamiento.
Todos comenzaron a reír, menos yo, que seguía enfrentándome a mis miedos. Por un lado mis terribles ganas de recibir las mismas atenciones que estaban percibiendo mis compañeros y, por otro lado, el pavor a lo desconocido, a un placer que valoraba tanto como para temerlo. Además, masturbarme haciendo de voyeur me proporcionaba un éxtasis demasiado bueno como para arriesgarme a cambiar la situación.
-Nene, mejor voy a por otro antes de que se me canse la mano – Maya sonrió al soviético y se giró hacia Teo.
La profesora, de cuclillas, se entretuvo lamiendo el grueso falo del repetidor. Alexei aprovechó para volver a sobarle el culo. Esta vez Maya ni se inmutó, ni siquiera cuando el ruso comenzó a sobarle la entrepierna. Si acaso, me pareció observar cómo, levemente, la treintañera se abría un poco más de piernas. Envalentonado, el soviético desabrochó el botón del pantalón.
-Alexei… - se quejó ella en el instante que Teo comenzó a correrse, pillándola desprevenida - ¡Mierda! – masculló.
El semen del repetidor se esparció por el rostro de Maya que, aturdida, no parecía consciente de que el pelirrojo continuaba su incursión, accediendo a la bragueta del tejano y colando una mano dentro. La cara de mi profesora era un poema. Debió gustarle sentir al ruso hurgando dentro de sus pantalones, pues el sonoro gemido fue demasiado evidente.
La experta treintañera se dejó caer hacia atrás, recostándose en el suelo sin que Alexei apartara la mano de su entrepierna. El macarra se acercó a Maya y, a horcajadas sobre ella, se agachó arrimando los testículos al rostro de su profesora, que se comió los huevos de su alumno. Tras unos pocos segundos, Abel encaró la verga para follarse la boca de la mujer. El gamberro terminó corriéndose inundando de leche la cavidad bucal de la maestra que, tosiendo, tuvo que ladearse para no ahogarse con el semen de mi compañero.
A todo esto, Alexei ya le había sacado los tejanos a la treintañera. Desde mi posición era apreciable la entrepierna de mi amada, simplemente cubierta por unas bragas blancas que imaginé debían haber estado impolutas durante todo el día pero que, en ese momento, tenían una evidente mancha oscura que podía observar cada vez que mi profesora movía las piernas ligeramente.
El dedo del ruso no dejaba de masajear la zona humedecida de las bragas, provocando que los gemidos de Maya fueran en aumento. La treintañera comenzó a acariciarse los pechos, recreándose en sus pezones. Poco a poco la intensidad de todo lo que estaba ocurriendo se iba haciendo cada vez más perceptible hasta que llegó a un punto álgido en el que la profesora no pudo evitar gritar entrecortadamente. Observé cómo la pequeña humedad de la ropa interior se fue haciendo más notoria, inundando la tela de color blanco, oscureciéndola.
Maya se alzó resoplando. Su cuerpo parecía relajado aunque la tensión se reflejaba en su rostro, donde se llevó un brazo para limpiarse los restos de las corridas de Teo y Abel. Nos sorprendió a todos retirándose las bragas y mostrándonos un pubis cuidado, cubierto de una fina capa de vello, en forma triangular. Le lanzó la prenda a Alexei.
-Para ti. Te las has ganado – y, tras unos segundos, se dirigió a Simón, con seriedad: - Quiero polla.
Mientras recostaba al grandullón en el suelo, quedando su venosa verga apuntando al cielo, Maya se inclinó para comérsela, dejando el culo en pompa y mirando de reojo a Abel, que pareció captar la idea.
El gamberro se acercó con parsimonia. Se apoyó en una de las nalgas de la maestra, que se giró para sonreírle con complicidad. La mano de Abel se desplazó por el culo de Maya, adentrándose entre sus piernas. Ella las abrió ligeramente, mostrando por primera vez su sexo, humedecido, con unos labios vaginales menores oscuros y un pequeño piercing que atravesaba el clítoris. Nuevamente me llevé una sorpresa, pues era un coño mucho más bonito y excitante que el que me había imaginado a partir de las fotos de la revista porno.
Tras manosear unos instantes la entrepierna de la profesora, Abel se agachó, acercando el rostro a la vagina.
-A ti también te canta el conejo – provocó las carcajadas de mis compañeros y la sonrisa de Maya, que miró hacia atrás para observar al macarra sin dejar de lamer el pollón de Simón.
Mi compañero de clase paseó la lengua a lo largo del excitante coño, haciendo gemir a Maya, que tuvo que detener la mamada que le estaba haciendo al grandullón. Tras un segundo lengüetazo, el gamberro comenzó a comerse con extraordinaria habilidad el sexo de la treintañera, que no podía parar de sollozar, incapaz de llevarse a la boca el pollón que estaba pajeando.
Ensimismado ante lo que estaba ocurriendo, saqué mi lengua para imitar el gesto de mi compañero, imaginando que era yo el que saboreaba las mieles de mi profesora. La saliva se me escurría por la comisura de los labios, igual que los flujos de Maya impregnaban el rostro de Abel. A pesar de mi reciente eyaculación, no pude evitar volver a correrme. Una nueva ración de esperma fue a parar al mismo lugar en el que se acumulaba el semen de mi anterior orgasmo.
Cuando recuperé las fuerzas, observé cómo la verga de Simón, rodeada por la experta mano de la treintañera, estaba soltando chorros de acuoso semen, impregnándole los dedos a Maya que, absorta por la comida de coño que le estaban haciendo, no dejó de masturbar al grandullón, que se retorcía de éxtasis, impidiendo que perdiera la erección.
La profesora se arrimó aún más al pollón, rodeándolo con los senos, y comenzó a restregarse. A su alumno pareció gustarle el roce pues, tras un par de minutos desde su reciente corrida, mi compañero volvió a eyacular. El poco semen que debía quedar en los huevos del grandullón se fue depositando en los pechos que seguían acariciando el palpitante cipote.
-Ya solo me faltas tú – la profesora, tras limpiarse la lefa que Simón le había escupido sobre las tetas, se dirigió a Alexei.
-Quiero correrme en tu coñito – el joven soviético provocó las carcajadas de Maya.
-Lo siento, eso no forma parte de nuestro trato – sonrió.
-Tampoco que te corrieras mientras te comía la raja – refutó Abel, relamiéndose.
-No sé qué decir. Yo tampoco lo esperaba – parecía agradecida – Además, no tengo condones para todos – bromeó.
-¿Cuántos tienes? – preguntó Teo.
-No lo estaréis diciendo en serio…
-Respóndele – la instó Jonás, algo borde.
-Tío, vete a la mierda. Tendría gomas para todos si no me hubieras robado el bolso con la caja de preservativos que llevaba.
-Va, Maya, ¿cuántos llevas ahora encima? – insistió Abel, con templanza.
-Lo siento, solo tengo un par de condones. Y como no quiero ser injusta con ninguno… - mi profesora sonrió, creyendo haber ganado la batalla dialéctica.
-No te preocupes, yo tengo de sobras – Abel sacó de su mochila un puñado de preservativos, lanzándolos a los pies de la treintañera, que lo miró con desdén.
Los otros se lanzaron a recoger alguno de los envoltorios que contenían los condones. Al igual que yo, no todos parecían tener muy claro cómo usarlos y Maya se dio cuenta de ello.
-Bueno, podemos aprovechar la situación para sacarle partido. A ver, ¿quién no sabe cómo usar un preservativo?
Alexei y Jonás levantaron la mano.
-Está bien, yo os ayudo – concluyó – Los demás, ya podéis ir colocándooslo.
¿Eso qué quería decir? ¿Mi deseada profesora pensaba hacer algo más que comerse las vergas de sus alumnos? Sentí cómo mi cuerpo se tensionaba, a la expectativa de lo que pudiera ocurrir de ahora en adelante.
Maya se arrodilló nuevamente ante el ruso. Abrió la envoltura que contenía el profiláctico y sonrió observando la cabezona polla. Mientras instruía a mis compañeros, la maestra escenificó cómo colocar el preservativo. Debió dar bastante de sí la goma para cubrir el orondo glande de Alexei. Luego no tuvo más que extender el preservativo acariciando la verga del pelirrojo.
Abel, Teo y Simón ya se habían colocado el condón cuando Maya se dirigió a Jonás.
-Veo que ya estás más tranquilo – sonrió al observar la nueva erección del gitano – Ven aquí.
Maya se introdujo el preservativo en la boca y, sin usar las manos, se lo colocó al calé. Sin duda, nuestra profesora estaba demostrando tener mucha experiencia sexual. Al alzarse y contemplar a sus cinco alumnos con las pollas tiesas y enfundadas en los blancos condones, reaccionó efusivamente:
-¡Joder! Debo reconocer que no pensaba que tuviera unos alumnos tan bien dotados.
-¿Estás orgullosa de nosotros? – preguntó Simón, que parecía espabilarse un poco.
-Sois unos ceporros – sonrió – Pero tenéis unas magnificas pollas.
Aquella afirmación provocó la algarabía entre mis compañeros, que saltaban y bromeaban vitoreándose unos a otros. Maya les tuvo que llamar al orden, calmándolos.
-A ver, ¿quién de vosotros no es virgen? – quiso saber.
-Yo – solo contestó Abel.
-Está bien. Empezaré contigo – le sonrió con complicidad – El resto, estad atentos.
No podía creer que, tras dos corridas, mi polla volviera a estar empalmada. Aunque la erección seguía siendo salvaje, el dolor parecía remitir. Me había acostumbrado a la presión sobre el glande y ya podía masturbarme sin temor a eyacular incontroladamente en cualquier momento. Y era precisamente lo que estaba haciendo cuando un destello llamó mi atención. Era el brillante piercing que nuestra profesora, recostada con las piernas abiertas sobre uno de los pupitres, lucía en la vulva, reflejando la luz de la sala de los castigados.
Observé cómo Abel acercaba la polla a la cueva de la treintañera. Mientras la penetraba a un ritmo considerable, pero controlado, el macarra no dejaba de sobar los pechos de Maya, que gemía al ritmo de las embestidas. Como yo, el resto de compañeros observábamos ensimismados cómo nuestro compañero se follaba a la tremenda morena.
El aula se inundó del sonoro chapoteo producido por la pelvis de Abel chocando contra las nalgas de la profesora. El rostro de Maya estaba descompuesto, reflejando el placer que el macarra le estaba proporcionando. La treintañera gimoteaba, instando a su alumno a que no parara y continuara con lo que estaba haciendo. El gamberro la calló, inclinándose sobre ella para besarla. La mujer le correspondió, dejándose comer la boca mientras profería gemidos, arqueándose y rodeando con las piernas a mi compañero de clase. Cuando Abel se salió del interior de Maya, se retiró el condón donde se había acumulado todo el esperma de su corrida.
-Gracias, cariño – la profesora se dirigió afectuosamente a su alumno – Habéis visto cómo se hace, ¿no? – se dirigió al resto - ¿¡Qué!? – se sorprendió al sentir la punta de la grandilocuente polla de Abel, que no había perdido la erección, presionando su ano.
Sin dejarla reaccionar, el macarra dio un pequeño empellón, provocando el grito de dolor de Maya. La verga se deslizó, desde el estrecho ano hasta el chorreante coño, donde encontró acomodo, introduciéndose entre los rugosos labios vaginales.
-¡Gilipollas, el condón! – vociferó Maya, pero el gamberro no le hizo caso y continuó penetrándola mientras usaba un par de dedos para dilatarle el ano.
La profesora ofreció resistencia y Abel tuvo que pedir ayuda a sus compañeros. Teo se encargó de sujetar los brazos de la treintañera mientras Jonás y Alexei conseguían que dejara de patalear. Abel se la estaba follando a pelo mientras comenzaba a deslizar, ya sin mayor problema, tres dedos dentro del culo de Maya.
No sabía qué hacer. Me apetecía volver a correrme, pero temía que una tercera eyaculación me quitara las ganas de seguir disfrutando de los acontecimientos. Me apetecía gozar de Maya como lo estaban haciendo mis cinco compañeros de clase, pero seguía paralizado ante la terrorífica posibilidad de hacer realidad mi sueño. Me apetecía que mi amada Maya controlara más la situación, pero me excitaba demasiado verla sometida por sus jóvenes alumnos. Lo único que pude hacer fue seguir haciéndome la paja, pausando mis ganas de terminar demasiado rápido.
-Hijo de puta… - casi susurró Maya al sentir la enorme polla que, poco a poco, se adentraba en su dilatado ano.
El rostro de satisfacción de Abel era evidente. El macarra comenzó a moverse, culeando a la profesora y aumentando el ritmo a medida que la resistencia anal se desvanecía. La mueca de mi compañero se tornó triunfante cuando la treintañera comenzó a gemir, primero muy levemente y, después, de forma casi descontrolada.
-Maldito cabronazo… eres bueno… - ella dejó de resistirse definitivamente.
Abel volvió a correrse dentro de su profesora, esta vez en el culo y sin condón, de modo que, cuando Maya recuperó la estabilidad, el semen de su alumno se deslizó, desde su dilatado ano, a través de sus nalgas.
-¡Joder, niñato! – se sorprendió al comprobar que la polla de Abel continuaba en erección. Miró en rededor y solo vio críos con las vergas tiesas – Juventud, divino tesoro – sonrió – Os voy a desvirgar a todos.
Mi profesora parecía completamente descontrolada. Hizo que los cuatro alumnos vírgenes, con las pollas enfundadas en sus respectivos condones, se tumbaran en el suelo boca arriba.
Maya se colocó a horcajadas sobre el primero, Jonás, doblando las rodillas mientras agarraba la inexperta verga, encarándola hacia su coño. A pesar de su tono oscuro de piel, mi compañero estaba pálido. La profesora comenzó a subir y bajar su cuerpo sobre el calé. Me fijé que al principio solo se introducía aproximadamente un cuarto del alargado miembro, pero cada vez bajaba más. Pocos segundos después, se estaba insertando más de la mitad de la polla, comenzando a gemir y echando la cabeza hacia atrás. Habrían pasado un par de minutos cabalgando, cuando la treintañera empezó a dejarse caer sobre el pubis del pequeño delincuente, haciendo sonar el choque de las nalgas femeninas contra los testículos del gitano. Cuando Maya se separó de Jonás, que parecía exhausto, me fijé que el condón de mi compañero estaba lleno de esperma.
Teo sería el siguiente en perder la virginidad. Tal y como hiciera con el gitano, la profesora se abrió de piernas ante su alumno, bajando su cuerpo para entrar en contacto con la oronda polla. Se la introdujo poco a poco, habituándose al grosor, hasta metérsela completamente. Sin alzarse ni un ápice, en contacto directo con su alumno, comenzó un ligero vaivén restregando el trasero contra los testículos y el adornado clítoris contra el matojo de pelos del pubis del repetidor. Teo, entre alaridos de satisfacción, no tardó en convulsionarse. Maya se alzó, retirándose del muchacho que también había descargado toda su leche dentro del preservativo.
La profesora repitió la postura con Simón. A pesar del profiláctico, el tono verdoso de las venas del pollón era apreciable a través de la goma. A Maya pareció gustarle recibir la enorme herramienta del grandullón de clase. Tras unos segundos brincando sobre él, los gemidos de la treintañera aumentaron en comparación con las anteriores folladas, llevándola a un estado de exaltación en el que todo su cuerpo se estremeció, quedándose petrificada, mientras temblaba de arriba abajo, insertada por la vigorosa verga.
Alexei, que debía ser el siguiente, se había levantado. Parecía impaciente y se entretuvo introduciendo la mano entre las nalgas de la profesora, sorprendiéndola.
-¿Qué buscas por ahí? – se giró, risueña.
-Quiero metértela por el culo como Abel – provocó las carcajadas de Maya, a las que se unieron el resto.
-Está bien. Pero ves con cuidado, que con esa cabezota me puedes hacer daño…
Maya se reclinó sobre Simón, alzando el pompis para que Alexei pudiera encarar su miembro hacia la entrada trasera. El ruso apretó, estrujando el enorme glande contra el culo de la profesora, que rechinó los dientes. El joven bálano fue desgarrando el ano, provocando el quejido de la treintañera hasta que, por fin, entró completamente en el conducto rectal. El rostro de la morena se relajó y se tornó en una mueca de placer cuando mis dos compañeros que la insertaban comenzaron a moverse desacompasadamente.
Mientras el soviético aumentaba progresivamente el ritmo de sus penetraciones, Abel se arrimó al trío, acercando la inhiesta polla al rostro de la profesora. Maya, abriendo la boca, se esforzó estirándose para que el macarra pudiera introducirle la verga.
Ni pude ni quise aguantar más. Mi tercera corrida fue inminente al observar a mi preciosa profesora penetrada por tres de mis compañeros de clase. Sentí un fuerte picor en mi uretra mientras los escasos y pegajosos chorros de un semen denso se precipitaban desde mi glande, resbalando por el tronco de mi verga, juntándose con mis propios dedos, que quedaron impregnados.
Maya deshizo la postura cuando Simón no pudo aguantar más. El grandullón había depositado en el profiláctico lo poco que le quedaba dentro.
-¿Pero cuánto puedes aguantar sin correrte? – sonrió la morena dirigiéndose al soviético – Anda, vuelve a tumbarte – le ordenó.
Alexei le hizo caso y la profesora, dándole la espalda, volvió a hincarse la pequeña verga en el culo. Esta vez, con el ano más dilatado, no le costó tanto asimilar la enculada. Con Jonás, Teo y Simón fuera de juego, fue Abel quién intentó volver a follarse a la treintañera.
-¡Alto! – ella le detuvo - ¿Dónde vas sin protección?
-A pelo mola más.
-Ponte un puto condón.
-¡Qué no, ostias! – Abel la calló tapándole la boca con la mano.
El ruso agarró los brazos de la profesora para que no protestara y el macarra encaró definitivamente la verga hacia el viscoso coño, comenzando a introducírsela sin preservativo.
-¡Hija de puta! – el gamberro se quejó de lo que supuse había sido un mordisco de su profesora – ¡Te vas a enterar!
Observé la rabia en el rostro de Abel que, con un fuerte golpe de cadera, insertó media polla en el interior de Maya, haciéndola gritar. Mi compañero comenzó a bombear con una fuerza desmesurada, impidiendo que Alexei, que seguía enculándola, pudiera participar.
La ira de la profesora se fue transformando a medida que su alumno la sodomizaba. El tic de desconcierto al ser penetrada tan salvajemente dio paso a una mueca de incredulidad por el ímpetu con el que estaba siendo follada. Maya parecía querer luchar contra sus sensaciones, pero el gesto adusto de su rostro no concordaba con los aspavientos de su cuerpo. La treintañera ahogó sus gemidos, pero estiró las piernas, encorvándose hacia atrás, señal del éxtasis alcanzado. El macarra se paralizó de repente y comenzó a temblar.
-Cabronazo… - soltó Maya con un hilillo de voz.
Cuando mi compañero se separó de ella, observé el coño completamente abierto de mi profesora en el que se podía observar el blanquecino esperma que el macarra había depositado en su interior.
Maya se alzó obviando al niño ruso y, con la preocupación marcada en su rostro, se apoyó sobre uno de los pupitres observando su propia entrepierna desde la que se deslizaban chorretones de semen.
Observé cómo Alexei se levantaba del suelo, quitándose el preservativo. Se encaminó hacia la despistada profesora y la sorprendió colándose entre las piernas y metiéndole la polla en el coño.
-¡Mierda! – se quejó ella nuevamente, sin tiempo para reaccionar.
-Quiero correrme en tu coñito… - balbuceaba el soviético, marcando su acento ruso más que de costumbre.
Antes de que Maya pudiera quitarse de encima al repelente alumno, Alexei sacó su pequeña polla y comenzó a masturbarse en dirección a la sucia vagina, que estaba impregnada de una mezcla de diferentes flujos. El ruso gimió, volvió a balbucir cosas ininteligibles y comenzó a escupir la leche que se fue depositando sobre el pubis y los oscuros labios vaginales de Maya. El reluciente piercing del hinchado clítoris quedó completamente cubierto por el transparente semen del soviético.
-¿Vosotros sois idiotas o qué? – se quejó Maya – Putos críos… Recordadme que otro día os explique la importancia del sexo seguro – era evidente que estaba molesta – Ahora debemos irnos, que se nos ha hecho tarde. Joder, necesito una ducha… - concluyó, bajando el tono de voz, casi hablando para sí.
Mis compañeros, despreocupados, comenzaron a vestirse mientras comentaban la experiencia vivida. Maya los miraba con una expresión que no supe interpretar. ¿En qué estaría pensando? Era evidente que había disfrutado de la espectacular sesión de sexo, pero era una situación que debía cortar de raíz de algún modo.
Me subí los pantalones para cubrir mi escocido pene y aproveché para limpiar las evidencias de mis corridas en el pequeño cuarto. Cuando mis compañeros de clase abandonaron el colegio, salí de mi escondite aprovechando que Maya se había quedado arreglando el aula de los castigados.
Ese día no me masturbé en casa. Había quedado bien servido durante la tarde. Sin embargo, cada vez que cerraba los ojos veía a mi profesora comiendo pollas o siendo penetrada por vergas de todo tipo. Durante la noche, me costó conciliar el sueño. Finalmente me dormí intentando decidir si debía ser valiente y decirle algo a Maya antes de que el final de curso nos separara definitivamente.
FINAL DE CURSO – DÍA 4
Mis ansias por espiar a mi profesora se habían amainado. Tras cavilar durante toda la noche, mi objetivo era declararme, aún sabiendo que sería evidentemente rechazado. No quería aprovecharme de lo sucedido como habían hecho mis compañeros. Solo quería ser sincero y no perder la oportunidad de que Maya supiera todo lo que sentía por ella.
Al parecer la profesora también había estado pensando sobre todo lo ocurrido. Había conseguido que la sustituyeran como responsable de los castigados después de clase. Sería el profesor de Matemáticas quien haría esa labor durante los pocos días que quedaban para finalizar el curso.
Mis compañeros no sé, pero yo tuve que pensar cómo poder quedarme a solas con Maya para confesarle mi amor. Tal vez podría pillarla en el aula de los profesores a última hora. Decidí intentarlo.
-Adelante – me recibió la maestra de Religión.
-Estoy buscando a Maya.
-Creo que está en el aula de los castigados.
Aquella respuesta me extrañó. Le di las gracias por la información y me dirigí en busca de mi amada. Expectante, entré en la sala. Estaba vacía.
-Hola – a mi espalda, me sorprendió Maya, que acababa de entrar - ¿Qué haces aquí? – no me sonrió como en ella era habitual.
-¿Hoy no hay nadie castigado?
-Eso parece.
Era el momento. Aunque había imaginado la conversación millones de veces, ahora no sabía cómo empezar. No obstante, debía decirle algo si no quería arrepentirme toda la vida.
-Esto…
-Tú dirás. Pero rápido, que debo marcharme en seguida. Solo he venido a recoger unos papeles.
-Maya, yo… me gustas… - se me trabó la lengua, lo justo para que mis intenciones no quedaran claras.
Mi profesora se irguió, con el semblante serio. Parecía molesta.
-Mira, no sé lo que te han contado, pero sea lo que sea no vas a conseguirlo. Más vale que te disculpes si no quieres tener serios problemas…
Me quedé horrorizado. Maya creía que yo quería aprovecharme sexualmente de ella del mismo modo que habían hecho mis compañeros anteriormente. Habría sido relativamente fácil explicarle mis verdaderas intenciones, pero me quedé tan petrificado, con un sudor frío recorriendo mi espalda, que no pude más que agachar la cabeza, asumiendo todo lo malo que la maestra me estaba echando en cara.
Cuando escuché el portazo con el que Maya abandonó el aula, rompiéndome el corazón, una lágrima se deslizó por mi mejilla. Aquel fue el momento más triste de mi vida y la última vez que la vi. A pesar de ello, aún la recuerdo con la alegría del primer día, con la complicidad que teníamos durante sus clases y con el cariño que me profesaba cuando coincidíamos de regreso a casa.
Maya jamás volvió al colegio. Nadie supo la excusa que había utilizado para ausentarse durante los últimos días de curso. Pero había un grupo de alumnos que éramos conscientes de lo que realmente había pasado. Ninguno de nosotros confesó. Tal vez, teníamos la esperanza de volver a encontrárnosla en un futuro. Profesoras como Maya no abundan.
VERANO
Las buenas notas no sirvieron de mucho y comencé las vacaciones estivales con tristeza. Solo el excelente en Lengua me hizo sonreír. Era el único de clase que había sacado sobresaliente en la asignatura de Maya. Imaginé que allí donde estuviera, mi profesora se acordaría de mí, su mejor alumno. Pero rápidamente recordaba mi último encuentro con ella y me deprimía.
Mi frecuencia onanista solía incrementarse con el buen tiempo. Ese verano, el recuerdo de mis sesiones como mirón de Maya y mis compañeros era la motivación de mis abundantes pajas. Pero tras el subidón del orgasmo, volvía a inundarme la pena al pensar en la idea equivocada que mi querida profesora se había llevado de mí.

No dejaba de pensar en ella y lo peor era que mi estado de ánimo no mejoraba a medida que pasaban los días estivales. Por suerte, ese agosto perdí la virginidad. Pero eso ya es otra historia.

30 Response to "Después de clase"

  1. ChTR 11 de octubre de 2014, 2:02
    Hijo de la grandísima madre, no puedes ser tan cabronazo. No puedes tener tan poco amor por tu personaje principal, este gusto amarguísimo no me lo quito el resto de la noche xD Me ha dado una pena tremenda el pobre protagonista, la que te parió...

    O sea, que el relato es genial, morbosísimo, bien narrado, divertido. Comparto muchas cosas con el protagonista, lo que hace que la historia sea llevadera (y que el final me duela): es un personaje muy común, muy inseguro, muy idealista en algunas cosas. Pero por otro lado es un completo imbécil también, dan ganas de patearle entre las piernas, ¿¡cómo va a seguir enamorado de tamaño PUTÓN!?

    Como pegas, se ha vuelto muy peli porno hacia el final, ¿no lo crees? Es decir, con esas frases que soltaba ella sobre sus vergas, sobre la divina juventud, entre gestos cómplices y sonrisas (¿pero segundos antes no le habían puesto un cuchillo en el cuello?). Lo de darle enculadas a pelo es lo más asqueroso que podrían haber hecho, a menos que ella se haya hecho una lavado, cosa que dudo... yo pienso mucho en esas cosas xD

    Por otro lado, las primeras escenas en el aula de castigo sí que me han parecido estupendas, pero es-tu-pen-das.

    Muy buen relato. Excelente inicio, la primera parte del nudo es magistral. Pierde cotas de realismo en la orgía en mi opinión. El final es muy tuyo.

    Una frase para el recuerdo:

    "Tendrás una buena polla, pero aún te queda mucha educación por aprender".

    Saludetes, y te actualizaré la montañita.
  2. Mr18 12 de octubre de 2014, 12:40
    Muy buen relato, quizá el más morboso de todos tus relatos sin infidelidad ("Órdago a todo" me gustó mucho por la evolución de los personajes, pero el morbo no abundaba en él).

    ¿Ese "Pero eso ya es otra historia" final abre las puertas a una posible continuación? La ausencia de la etiqueta "Series" me hace pensar que no, que solo es una forma de aliviar un poco el mal sabor de boca final
  3. doctorbp 12 de octubre de 2014, 13:25
    Muchas gracias Vieri y Mr18.

    Primero de todo pido disculpas por la demora en publicar. Y lamento mucho si no he cumplido expectativas con este relato. Así que, estas primeras opiniones son muy importantes :)

    Es el primer relato que escribo únicamente desde el punto de vista masculino. Y, además, de un personaje que no tiene participación directa en el sexo. Me ha costado mucho. Y tenía el temor de que el personaje o las descripciones de lo que está percibiendo no fueran creíbles. Me alegro de que no haya sido el caso.

    jajaja Vieri, sé que soy un poco cabrón con mis personajes masculinos... pero ese final que menciona Mr18 ¿no te ha dejado buen sabor de boca? En parte está por eso y, aunque no hay planificada una continuación (de ahí que no esté en la categoría Series), no descarto que pueda haberla en un futuro.

    He intentado que el relato sea lo más verosímil posible dentro del contexto, pero es cierto que, a partir de que la profesora se deja llevar y asume que tendrá sexo con los cinco alumnos, me tomo ciertas licencias más cercanas a las películas porno como lo del sexo anal, las erecciones casi permanentes, las múltiples corridas, etc. Lamento si esto os saca del relato :(

    Pero si el morbo que tanto me gusta conseguir está presente antes de la orgía, me doy por satisfecho.

    Nuevamente, gracias por comentar. Espero que más lectores se animen, aunque sea para ponerme a parir.

    Saludos!
  4. Anónimo 13 de octubre de 2014, 11:46
    A mi me ha encantado. El principio es genial, y la parte de la orgía me ha encantado. Lo único que no me ha gustado tanto ha sido que utilizasen violencia física. Me gusta más ese "sometimiento" mental que hay por ejemplo en la primera vez con Abel.
    Sinceramente, me he quedado con ganas de ver más de los otros personajes femeninos (Lara y Vanesa). Algo como dar trazas del "espíritu" voyeur del prota, siguiendo a Lara o encontrandose a Vanessa con alguno por casualidad.

    Pero vamos, muy buen relato.
    No dejes de escribir, que da igual lo que tardes, nosotros lo leeremos jeje
  5. doctorbp 13 de octubre de 2014, 16:20
    Estoy planteándome la posibilidad de quitar la opción de que comentéis de forma anónima (igual podría ser una de las futuras encuestas para saber vuestra opinión, aunque antes tengo pensada otra). ¡Me gusta saber quién comenta! Si lo ha hecho en anteriores relatos, si es hombre o mujer, etc. Se crea un vínculo más personal entre lector y comentarista :) Aunque supongo que quien lo hace anónimamente es porque así lo desea, así que nada, qué le vamos a hacer jeje

    Muchas gracias por el nuevo comentario. El tema de la violencia... te entiendo. También creo que es más morboso que no haya violencia, pero la usé para hacer que fuera verosímil la propuesta de la profesora de hacerle una paja a cada alumno.

    Respecto a Lara y Vanessa... tomo nota. De hecho, confieso que es algo que pasó por mi cabeza. Al final lo descarté para no alargar más el relato, que no es corto.

    Me alegra que esté gustando :)
  6. Anónimo 15 de octubre de 2014, 4:32
    Bastante bueno el relato enserio que no pierdes el toque, aquí lo único que te falto fue mencionar el tamaño de los miembros de cada personaje ya que eso es algo que siempre le da un toque muy morboso a tus relatos, creo que este relato y el de regalo de cumpleaños y la niñera son dignos de una continuación, piensalo espero te animes.
  7. Anónimo 16 de octubre de 2014, 0:35
    ¡¡Aún estamos esperando un relato de fantasía con orcos y todo!! ;(
  8. doctorbp 16 de octubre de 2014, 20:14
    jajajaja

    En este caso, al narrar en primera persona, no me pareció verosímil que el prota se fijara en los centímetros de los miembros de sus compañeros de clase.
    Es curioso porque hay mucha gente a la que no le gusta que describa los centímetros y esto demuestra que para gustos, los colores.

    Bueno, lo que tengo en mente iría más por la senda de monstruos y/o alienígenas que una fantasía épica con orcos, elfos y enanos estilo El señor de los anillos.
    Pero tampoco hay nada seguro. Nunca se sabe...

    Muchas gracias a los que comentáis. De verdad que si sigo escribiendo es por vosotros :)
  9. Straccia Tella 21 de octubre de 2014, 12:13
    Hola!!

    Los relatos escritos en primera persona no me gustan, pero para todo hay una excepción. Igual es porque en este caso el narrador no participa de forma activa en la acción, simplemente relata lo que ve.

    El pobre protagonista da algo de penita. Yo voto porque no haya segunda parte y así puedo pensar que la chica de agosto es Lara.


    No hay mucho más que decir, espectacular el relato. Vale que al final la profesora va demasiado a saco, pero lo que más me ha gustado siempre de tus relatos es como se ha llegado hasta ese punto. No te excuses tanto por "tardar" en publicar, que por relatos tan buenos se espera lo que haga falta.

    Saludos!!!!
  10. doctorbp 22 de octubre de 2014, 0:07
    ¡Straccia! :D

    jajaja es bueno que cada uno piense lo que puede haber sucedido ese agosto :) De momento lo dejo en vuestra imaginación.

    Por cierto, hasta hace 2 días tenías la opción de hacerme llegar tu opinión respecto a la primera persona. Era la encuesta que había en el blog y, a pesar de la poca participación, ganó la narración en primera persona a la narración en tercera.
    Ahora he creado una encuesta un poco más picante, a ver si se anima la gente a dar su opinión. De momento solo han contestado hombres. ¡Chicas, animaos!

    Bueno, me alegro que te haya gustado, Straccia. Tomo nota sobre el desmadre de la profesora. No eres la única que me lo ha puntualizado.
  11. Anónimo 6 de noviembre de 2014, 17:06
    doctor a mí como siempre me gustaría felicitarte por él gran relato escritoy darte las gracias por obsequiar nos con estas obras de arte, no obstante debo decirte que para mí está cayendo en un error en todos los últimos relatos y es la facilidad con la que sucumbe el personaje femenino qué es lo que da el morbo a la historia. lo arrel negarse durante casi toda la y empezando antes ella al negarse durante casi toda la historia. un saludo y hasta la próxima
  12. doctorbp 9 de noviembre de 2014, 21:58
    Hola.

    Muchísimas gracias por tu opinión. Es algo que sin duda siempre procuro tener en cuenta, pero supongo que no siempre sé llevarlo a cabo de la mejor forma posible.

    Estoy por escribir un relato en el que la protagonista se niegue de tal forma que al final no pase nada jajajaja Es broma, sé a lo que te refieres, aunque no he conseguido entender tu última frase.
  13. Anónimo 10 de noviembre de 2014, 18:35
    Hola!! Soy Caprix

    (Lo digo porque te quejas de que se te comente como anónimo pero no tengo cuenta gmail ni url)


    Bueno mi comentario:


    Me ha gustado muchísimo el principio del relato, sobre todo las dos primeras escenas sexuales con Abel y Teo. Sobre todo con Abel. Ese “in crescendo” del morbo como consecuencia de que a Maya la cosa se le va yendo de las manos. Es una fuente de morbo en la cual he pensado muchas veces; consiste en que el personaje femenino, poderoso, quiere dar una lección al jovencito y la cosa se va calentando y no es capaz de ponerle freno.
    Sin embargo, para ser sincera, la escena sexual final la he leído un poco en diagonal y es que una vez que el personaje femenino está más o menos dispuesta a todo ¿qué morbo queda? Quizás deberías haber mantenido el morbo de alguna otra forma, quizás que ella solo accediese a hacer sexo oral con uno y que los otros mirasen y que la chica se fuera calentando. No sé. Quizás me dirás que en principio ella solo se compromete a hacer sexo oral con los 5 y la cosa se le va de las manos lo cual es similar a lo que planteo, pero no es lo mismo. No sé, creo que hay que mantener la tensión y el morbo de principio a fin. Que el lector, mientras lee la escena sexual, tenga la sensación de que la protagonista está a nada de largarse dando un portazo. Si tú al lector le dices más o menos directamente: “la profesora ya está dispuesta a todo, ponte cómodo, ahora voy a narrar la escena sexual”, creo que en ese momento el lector se desengancha un poco, deja de estar alerta, le quitas la tensión psicológica.

    Hace años, pero creo que fue efectivamente en un relato tuyo en el que la protagonista acaba en un coche con un indeseable, un relato en el que el novio de la chica iba a visitarla al pueblo. Bien, en ese relato (si no recuerdo mal pues lo leí hace bastante tiempo) la chica acaba en el coche con ese chico y da la sensación permanentemente que la chica se va a bajar del coche y dejar al chico con las ganas. Ahí consigues que el lector siga devorando la escena sexual con incertidumbre y excitación. Es un claro ejemplo de a lo que me refiero.

    Otra cosa, ¿por qué excita tanto la primera escena con Abel? Pues porque hay un sometimiento mental, un “te odio pero me pones”, una lucha cuerpo mente, un tabú, pero en la escena con los 5 chicos eso se pierde en gran medida. Ahí le has quitado sometimiento mental así como mucha intriga.

    El personaje femenino también pierde morbo a medida que avanza pues para mí “cuanto más guarra sea menos morbo tiene”, quizás deberías haberla intentado mantener algo más casta aunque acabara sucumbiendo.

    Por supuesto esto es personal. No hay cosa más personal que los relatos eróticos. Habrá quién cuánto más guarra sea la chica más le ponga. Pero por los relatos que te he leído creo que tus fuentes de morbo son similares a las mías.

    Eso no quita que el relato esté genial. Tanto la idea, como el narrador, como el final. Y sobre todo consigues mucho morbo en las primeras escenas a pesar de que el narrador solo sea espectador, y sé que no es fácil conseguir morbo así, ya que no puedes describir olores ni tactos.

    Enhorabuena por el trabajo. Da gusto leer historias que te hagan sentir y pensar.

  14. doctorbp 11 de noviembre de 2014, 0:43
    Hombre, yo no diría que es una queja... más bien es que me gusta contextualizar los comentarios. Y precisamente el tuyo es muy bueno y mola saber que me lo has hecho tú :)
    Parece que no queda muy claro que la opción Nombre/URL permite comentar introduciendo un simple nick (sin necesidad de password, cuentas, URLs ni nada).

    Tras ese breve apunte...

    ¡Hola Caprix! A ver cuándo te animas con un nuevo relato. El comentario que me has dejado rebosa calidad, la misma que tienen tus escritos.
    El relato al que haces referencia es "Noche descontrolada". Fue el primero que escribí y por el que me conoce una gran mayoría. Desde entonces he notado que ese relato parece estar a un nivel por encima del resto y nunca nadie, ni yo mismo, había sabido explicar el por qué. Tal vez hayas dado con la clave. En dicho relato se mantiene el conflicto durante todo momento, incluso durante el sexo. Es una gran puntualización.

    Sin querer justificar la actitud de Maya en este relato, sí que debo decir que en este caso pretendía mantener la incertidumbre en torno al narrador, intentando dejar abierta la posibilidad de que el protagonista pudiera participar en la orgía o conseguir definitivamente el sueño de estar con su profesora.
    Es cierto que seguramente no es tan interesante/morboso como que el conflicto sea que ella se siga resistiendo a pesar de ir cediendo poco a poco.

    Para concluir, me alegra que me leas, mucho, de verdad. Efectivamente, creo que nuestra idea de morbo es bastante similar. También soy anti chica fácil, pero, permíteme el juego de palabras, no siempre es fácil que no lo sea.

    Los halagos, viniendo de ti, aún son más halagos. Gracias. (Y si hubieras comentado como Anónimo no me habría dado cuenta :P)
  15. @NEOS95 11 de noviembre de 2014, 19:19
    Hola mucho gusto, @NEOS95, soy de México, no es el primer relato tuyo que leo, de echo eh leído varios y son muy buenos, tanto que después de mucho me animo a comentar, bueno a lo que vine
    Primero tengo que reconocerte y felicitarte por tus grandiosos relatos, realmente, son muy buenos, tienes un talento nato, me considero un gran fanático de relatos, y mis favoritos son los de amor y por supuesto los eróticos, eh leído unos muy buenos y excitantes, pero tú eres de los pocos que me an enganchando realmente, eres grandioso.
    Pero.....
    Como nada en esta vida es perfecto, también tengo cosas en contra. Y con esto no me refiero a la manera en la que escribes, sino por los temas qie tocas en tus relatos, supongo que ya sabes a lo que me refiero no es verdad.
    La infidelidad para mi es una de las cosas más irientes que existe en este punto, lo consideró muy traumante, y casi imposible de superar por completo, y lamentablemente, para mi, es de los temas que más tocas en tus relatos.
    El primer relato que lei tuyo y que hasta la fecha me a quedado marcado, y quizás nunca supere, es el de "Sin tetas no hay trabajo".Jamás eh leído historia tan más triste y desgarradora que esa, desde hay supe que tenías un gran talento, por que pocas veces una historia te hace sentir tan mal como lo hizo esa.
    Otro punto que no me gusta, es que parece que odias a tus protagonistas masculinos, por lo menos en este y en Sin tetas no hay trabajo pisoteaste a los pobres y barriste con ellos como si te debieran dinero jejeje, la verdad me huviera gustado que tuvieran un mejor final, se que tuvieron cierta responsabilidad en lo que les pasó, pero no merecían ser tan lastimados.

    Bueno creo ya escribi mucho jejeje, para terminar. Tienes un gran talento para relatar, pero me gustaría ver alguna vez un relató tuyo que no incluya infidelidad y termine feliz, soy un cursi y me gustan los finales felices, aúnque sean trillados :)

    Bueno te mando un saludo desde México y espero leer más de ti en el futuro ;)
  16. @NEOS95 11 de noviembre de 2014, 19:32
    Por cierto, por hay leía que escribias o escribes en Todorelatos, si no para poder buscarte por hay y leer más de ti ahh de pura casualidad conoces o as leído algún relato de "Kiosquero", tu y el son a los únicos que sigo de forma continua, también me gustaría que me recomedaras algún blog como el tuyo o a alguien de Todorelatos para seguir leyendo más de estos impresionantes relatos que tanto me encantan, y si no escriben tanto de infidelidad mucho mejor, con los tuyos es más que suficiente :)
  17. Anónimo 11 de noviembre de 2014, 23:34
    Por ejemplo los relatos de Caprix que dice que son como los tuyos donde se pueden leer?
  18. doctorbp 12 de noviembre de 2014, 21:00
    Vaya, @NEOS95, primero de todo agradecerte los enormes elogios. Tiene mucho mérito que te gusten tanto mis relatos sintiendo un rechazo tan grande hacia la infidelidad, pues la mayoría de mis relatos se basan en esa temática.

    Ciertamente "Sin tetas no hay trabajo" es uno de los más duros en ese aspecto. No eres el primero que me lo ha dicho.
    Igualmente, el trato vejatorio hacia algunos de mis protagonistas masculinos es otro de los aspectos por los que he sido criticado.

    En definitiva, reconozco que estos son algunos de los rasgos distintivos de mis relatos y que no a todos les gusta. Pero para mí son fuente de inspiración, conflictos para dar morbo a las historias.
    Por supuesto no todos los relatos cumplen estas premisas, procuro no limitarme tanto. Aunque no muchas, tengo historias sin infidelidad y en la que no hay ningún personaje vapuleado.

    No sé, tal vez podría recomendarte "Un paquete en mensajería", aunque el protagonista de este relato es un poco especial. "Body painting – Sudáfrica 2010" tampoco tiene infidelidad, aunque no es de mis mejores relatos. O "La niñera", donde uno de los personajes sufre un poco, pero no demasiado.

    Mis inicios fueron en la web todorelatos, pero no encontrarás ahí ningún relato mío que no esté publicado en el blog.
    Me suena el nick Kiosquero, pero no recuerdo haber leído nada suyo.
    Sobre recomendaciones... te animo a que eches un vistazo a la sección Amigos del blog. Ahí encontrarás a Vieri (un romanticón que escribe de puta madre), Lydia (una crack del morbo, pero que hace mucho que no escribe), Ejercicio (como su nombre indica, un ejercicio de autores en el que participo) y TRovadores (un foro en el que nos reunimos autores y lectores de relatos eróticos, muchos de los cuales venimos rebotados de todorelatos).

    Los relatos de Caprix se pueden leer en todorelatos. Si no ando equivocado esta autora es la misma que mellamocris73 ¡Si no es así pido millones de disculpas!
  19. @NEOS95 13 de noviembre de 2014, 0:45
    Como bien mencionas, la infidelidad es de las cosas más odio de esta vida, en "Sin tetas no hay trabajo" lo que lo hace muy bueno y realmente doloroso es que lo narras desde su boda, realmente es un relato que recordare toda mi vida, que odie, pero a la vez amé.
    De los relatos que me recomiendas sólo eh leído "La niñera", un relato que igual disfrute mucho, quizás no con la calidad que cuentan tus mejores relatos, y aunque uno de los protagonistas si tenía pensado ser infiel, jamás lo concreta, y eso combinado con el morbo que causa la relación de la niñera con el chico, lo hacen un relato muy excitante y entretenido, realmente lo disfrute mucho, los otros me los leeré en mi tiempo libre jejeje, bueno una vez más te felicito por tu gran talento, espero ya no tarde tanto tu siguiente relato que me muero de ganas por leer más cosas tuyas :)
  20. Anónimo 19 de noviembre de 2014, 1:11
    Impresionante! Hace muy poco que encontré tus relatos y ha sido como dar con una mina. Qué digo una mina, un filón! Vaya sobredosis, uno por día, no sé qué haré cuando los acabe, pero es que no me veo capaz de racionarlos, son fabulosos!
    Lo que más me gusta en líneas generales es lo bien escritos que están y con ello me refiero a un montón de cosas, entre las que destacaría que tienen una longitud tal que hay un inicio, una trama y un desenlace perfectamente cuidados, el vocabulario es amplio, variado y, excepto algún giro catalán que puede descolocar a alguien (estirar en lugar de tumbar, hacer un café en lugar de tomar un café, bambas...) la verdad es que es perfecto. Tanto la longitud como la calidad de la redacción le otorgan aún más valor y exclusividad a los relatos, ya que no es fácil encontrarlos así de trabajados.
    Después de leer unos cuantos ya he comprobado a qué se refería algún comentarista con lo de tener una check list de puntos comunes en ellos, pero también es verdad que es muy encomiable la diversidad de situaciones y personajes con los que juegas.
    En concreto de este relato me ha sorprendido la reacción inicial de Maya, ya que al no leer su parte de historia me ha resultado chocante que entrara en el juego y picara a Abel. Cómo luego se complica el tema es genial, buenísimo! Y al final tanta orgía igual ha sido pasarse un poco, jajaja.
    Apuntame en el grupo de los que no necesitan medidas exactas, ni de pollas ni tampoco de pechos. Que cuando el escritor es tan bueno como lo eres tú no hace falta una polla de 25cm ni unas tetazas talla 95 para caldear la situación y a los lectores.
    Que sigas escribiendo mucho, que yo me pongo al día enseguida con los que me quedan pendientes.
    Marta.
  21. doctorbp 20 de noviembre de 2014, 21:30
    ¡Hola Marta! :D

    Sin duda tu velocidad de lectura es mucho, pero mucho, mucho mayor que mi velocidad de escritura.
    Lo bueno es que sigo escribiendo. Lo malo es que no volverás a tener tantos relatos nuevos para leer de golpe. Al menos el siguiente lo publicaré dentro de muy poco.

    Te doy la razón sobre las expresiones catalanas. Si me doy cuenta procuro no usarlas, pero están tan interiorizadas que me resulta imposible distinguirlas.

    jajajaja me has dado una idea para mi siguiente encuesta en la sección "opinion". ¿Pollas grandes sí o no? ¿De qué tamaño? Espero que con esta pregunta las chicas se animen a contestar más que con la actual :)
    Por cierto, son bastantes los que se masturban leyéndome. Todo un honor, de verdad.

    En fin, jamás me cansaré de agradecer los continuos elogios que me dais. ¡Muchas gracias!
  22. Alice Escort 7 de mayo de 2015, 1:27
    Felicidades amigo, tu relato es muy bueno, (esta inspirado en tu vida personal) y concuerdo en absoluto con lo que "Anonimo" comenta, fuera del hecho de que usas expresiones catalanas que pueden sacar un poco de contexto, tu redacción y desarrollo de trama son muy buenos, voy a leer el resto de tus articulos. Gracias.
  23. doctorbp 8 de mayo de 2015, 0:02
    Alice, ¿eres tú mi amiga? :D

    ¿Lo de que está inspirado en mi vida personal es una pregunta o una afirmación? A ver si vamos a ser amigos de verdad!!! jajaja

    Muchas gracias por los elogios y espero que disfrutes del resto de relatos.
  24. Anónimo 2 de agosto de 2015, 12:31
    Bastante bueno me gusta el.morbo que toma cada personaje y sobre todo como marcas el sentirse inferior al protagonista sobre su rival que esta mejor dotado y se liga a la maestra
  25. doctorbp 25 de agosto de 2015, 0:26
    El sentimiento de inferioridad debido al tamaño es un recurso recurrente en mis relatos. Me alegra que te haya gustado.
  26. Anónimo 4 de enero de 2016, 0:03
    Todos tus relatos me encantan (algunos mas que otros) y este no es la excepción, pero ese final... como odio ese final... Era muy fácil decir que se volvían a encontrar y que ninguno sintió nada, o incluso hacer una fantasía para los mas romanticones (entre los que me incluyo) y decir que años despues se reencontraron y se dieron cuenta del amor que sentían el uno por el otro los cuales decidieron salir juntos a pesar de la diferencia de edad, o cualquier fantasia entre ambos que nos alegrará el día a todos, no con ese final, que despues de correrse un servidor durante la descripción de la orgía termina de leer el relato y lee tristemente, y ya sin excitación, ese final...
    Que me ha amargado la noche, ya que yo soy muy de sentir aquello que leo al contrario que viendo peliculas que se que todo son actores.
    Por este final (y hasta que se me pase la tristeza empática por el pobre prota), voy a dejar los relatos y volver a los videos, al menos por ahora.
    Mola que Lara se la chupe a un macarra maloliente, mola que la profesora también lo haga, pero ese final carente de morbo solo centrado en la absoluta, no humillación, sino marginación y repudio de la profesora contra el único de la clase que no se quiso aprovechar de ella a pesar de saberlo todo me ha dado muy adentro doctorbp.
    Termino diciendo que me gustaría una segunda parte en la que, para mí, sería obligatorio que apareciera Maya junto con el protagonista y se aclararan lo que quedó pendiente, aunque sea con un rechazo de Maya limpiando el nombre del prota (aunque me gustaría que acabaran juntos pese a la edad, pero habiendo leido tus relatos se que eso es imposible).
    Sin mas que decir me reitero en mi deseo de un mejor final (que puede ocupar aunque sea un parrafo en un comentario para alegrarme el día) o incluso creando una segunda parte.
    Un saludo, Rob.
  27. doctorbp 4 de enero de 2016, 16:07
    Bueno, primero de todo, muchísimas gracias por este comentario, Rob.

    Como bien sabes, no soy de historias románticas, más bien de finales tirando a amargos, así que es difícil que ocurra lo que propones.

    No obstante, me ha llegado el hecho de que te haya afectado tanto hasta el punto de dejar los relatos de lado, al menos, por un tiempo. Jo, lo siento de verdad.

    Aunque no deje de ser cruel, Maya no sabe las intenciones del prota, básicamente porque no es capaz de explicarse y ella piensa que la pesadilla puede volver a ocurrir, y por eso reacciona de ese modo. Puede ser cruel, pero ella no sabe que está siendo injusta en ningún momento.

    De todos modos, intenté rebajar el duro final indicando que el protagonista pierde la virginidad ese mismo verano. No explico mucho más, con intención de dejarlo en el aire, para que seáis vosotros los que imaginéis lo que pudo haber ocurrido.

    Por cierto, me gusta mucho saber que os corréis con mis relatos :)
  28. Anónimo 8 de mayo de 2016, 0:27
    Macho, de los mejores relatos que he leído. Mi más sincera enhorabuena. Totalmente morboso. Un 10, y la mejor parte la de Abel del final del curso.
  29. doctorbp 15 de mayo de 2016, 18:21
    Muchas gracias por los elogios. Me alegra un montón que te haya gustado. Creo que la primera escena de Abel es la que mejor ha calado del relato. Y estoy de acuerdo.
  30. Anónimo 29 de julio de 2016, 11:38
    Bueno es poco este y trabajo de biología son de lo mejor., cuando viene un relato nuevo Documento?

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