Los feos también follan

Sinopsis: Mi vecino sexagenario me pide que hable con su hijo, un veinteañero gordo, feo y con complejo de polla pequeña.

Ex modelo y viviendo en pareja con Fermín, un deportista de élite retirado de 35 años, no se podía decir que nadara en la abundancia. Ni yo había sido famosa ni él futbolista y nuestras carreras profesionales no eran precisamente largas. A mis 32 años trabajaba en una agencia de modelos como asesora y él era entrenador de los chicos que empezaban a practicar atletismo. Con nuestros sueldos nos daba para vivir, aunque sin permitirnos muchas alegrías.

Jacinto era uno de nuestros vecinos. Un hombre mayor, gran aficionado al deporte, que había reconocido a Fermín en cuanto nos mudamos al piso, hacía unos meses. Ambos habían entablado amistad y era habitual que el sexagenario nos hiciera alguna visita como la de aquella tarde.

-Pues estoy preocupado por mi hijo – soltó Jacinto respondiendo a la pregunta que cordialmente le había hecho Fermín.

-¿Y eso, qué le pasa? – insistió mi pareja.

-El muchacho es muy introvertido. Apenas sale de casa, siempre está jugando a la consola. No tiene amigos.

-Bueno, son cosas de la edad – terció Fermín.

-20 años. Ya tiene los huevos negros – soltó el hombre, haciéndome sonreír al imaginarme los pequeños huevecillos de su hijo – Pero lo que más me preocupa – prosiguió – es que nunca lo veo con chicas. Yo creo que es gay.

-¿Y qué pasa si lo fuera? – intervine en la conversación por primera vez.

No me parecía en absoluto que la condición sexual de un joven veinteañero tuviera que ser una preocupación para su padre a no ser que el chico estuviera acomplejado por ello. Y me había dado la impresión de que, para Jacinto, la posibilidad de tener un hijo homosexual era una especie de insulto.

-Pues nada, pero… soy un hombre viudo, de edad avanzada… no sabría cómo afrontar una conversación de ese tipo con Amador.

Tal vez el hombre tenía razón. Me sentí ligeramente culpable por pensar mal de mi vecino. Habían tenido a su único hijo cuando ya eran mayores y, desafortunadamente, la madre había perdido la vida durante el parto. Habían crecido en otros tiempos, en los que salir del armario no estaba precisamente de moda y, además, Jacinto debía afrontarlo solo.

-¿Qué te parece si me acompañas y te presento al muchacho? – me soltó mi vecino, pillándome completamente fuera de juego.

-Pues… está bien – acepté sin pensar demasiado, tal vez porque seguía sintiéndome mal por haber desconfiado de él.

-Cloe, tú siempre queriendo enterarte de todo… - bromeó Fermín.

De camino a casa de mi vecino empecé a pensar cómo sería su hijo, Amador. Lo cierto es que nunca lo había visto y eso que ya llevábamos unos meses viviendo allí. Me empezó a picar la curiosidad por conocerlo.

-¡Amador! – gritó Jacinto cuando entró a la casa, pero no recibió contestación – Debe estar con los auriculares como siempre. Ese es su cuarto… - me señaló una puerta cerrada a cal y canto mientras se alejaba en dirección contraria.

-Y… ¿quieres que entre sin pedir permiso? – me extrañó su actitud.

-Sí, no hay problema. No te va a oír.

Recelosa, comencé a abrir la puerta con mucho cuidado.

-¿Amador? – lo llamé con delicadeza al tiempo que comenzaba a sentir el fuerte ambiente que la habitación desprendía.

Cuando divisé al veinteañero, entré sin mayor dilación. Efectivamente tenía puestos unos cascos y no oía nada de lo que pasaba a su alrededor. El chico estaba bastante gordo y era más bien feo, con el pelo rizado, grasiento y enmarañado, y unas largas patillas sin arreglar. Estaba envuelto en un pijama que parecía de lana sobre el que se apreciaban los restos de lo que fuera que hubiera estado comiendo mientras jugaba en el ordenador a lo que más tarde me enteraría que era el World of Warcraft. La imagen de Amador era más bien desagradable.

La habitación olía a cerrado. No sabía el tiempo que llevaría sin ventilarse ni lo que el hijo de Jacinto habría estado haciendo en el cuarto. La ambientación era bastante freak, con un montón de posters entre los que pude divisar a personajes de La guerra de las galaxias. La imagen de Han Solo me hizo recordar el motivo por el que había ido a ver a Amador. Pero el retrato de la princesa Leia me hizo comprender que el poster anterior no era indicativo de la condición sexual de mi joven vecino. Por último divisé a Jabba the Hutt y no pude evitar sonreír pensando que era el personaje al que más se parecía el dueño de la habitación.

-¿Amador? – le toqué un hombro para llamar su atención.

El chico se giró, sobresaltado. Al parecer no estaba acostumbrado a que alguien le sorprendiera de aquella forma durante una de sus partidas. Y mucho menos alguien como yo. El chico abrió la boca, como absorto ante mi presencia y, tras unas breves y tímidas miradas a mi escote, retiró la vista, avergonzado. No me pareció una actitud muy gay.

-Hola, soy Cloe. Somos vecinos. Tu padre es amigo de mi pareja y nos ha hablado de ti. Y ya que estaba por aquí he querido conocerte –sonreí amablemente, pero no encontré contestación - ¿Te gusta Star Wars? – quise encauzar el tema hacia los gustos del muchacho.

-Sí – contestó mientras me giraba a observar los posters de la habitación, dándole la espalda.

-Me sorprende que un chico joven como tú conozca las películas antiguas.

-Son las mejores – soltó con entusiasmo.

A pesar de estar de cara a una de las paredes del cuarto, pude sentir cómo mi joven vecino no quitaba ojo a mi trasero. Maldije haberme presentado con las ajustabas mallas que se prestaban a imaginar lo que había debajo, marcando toda mi anatomía. No necesité alargar mucho más la conversación. Me despedí del muchacho y salí en busca de su padre.

-¿Qué tal con el chico? – quiso saber Jacinto.

-No debes preocuparte porque sea gay – le solté con seriedad.

-¿Te lo ha dicho? – me preguntó extrañado.

-No ha hecho falta.

-Entonces…

-Mira, yo creo que lo único que le pasa a tu hijo es que está ligeramente acomplejado. Probablemente sea virgen y eso debe estar atormentándole.

-Este chaval es idiota. ¿Y cómo sabes que no es gay? – insistió.

-Pues porque me ha pegado un repaso en toda regla – provoqué las risas de mi vecino.

-Bueno, si no reaccionaba ante una mujer como tú… - me sonrió, provocándome un desagradable escalofrío.

-Creo que será mejor que me vaya.

-Espera… quisiera darte las gracias.

-No hay de qué – le sonreí, con cierto recelo.

-Amador ha crecido sin una figura materna y estoy seguro de que eso le ha llevado a ser como es. Quisiera pedirte un favor…

Sabía lo que me iba a pedir y no por ello me sentí menos extraña ante aquella situación.

-Escucha, si lo que quieres es que hable con él, lo haré. Pero no me pidas nada más. No creo que pueda ayudaros como sustituta de su difunta madre. Estoy segura de que ningún hijo le miraría el culo a su madre como el tuyo ha hecho conmigo.

Jacinto rio a carcajadas.

-Está bien. Con eso valdrá. Creo que le vendrá bien un referente femenino con el que charlar de vez en cuando.

Aunque a partir de entonces fui quedando esporádicamente con Amador para dialogar, lo cierto es que el chico no se abría demasiado. Sus únicos temas de conversación eran sobre videojuegos, películas, cómics… Yo intentaba hacerle ver que había tiempo para todo y que debía dedicar una parte a sociabilizarse, conocer gente, hacer amigos… pero él no estaba por la labor.

No obstante, pude cerciorar mis sospechas. Estaba casi segura de que el chico era virgen y que no se atrevía a conocer mujeres debido a sus complejos. Amador era consciente de sus limitaciones y estaba convencido de que siendo feo y gordo no podría conseguir estar con ninguna chica.

Cuando quedaba con él mi ropa era lo más recatada posible. Era evidente que Amador aceptaba quedar conmigo, dejando de lado sus aficiones, debido a que se sentía atraído por mí y yo no quería jugar con sus sentimientos ni hacerle daño. Tenía la esperanza de que algún día me hiciera caso, cambiara de actitud y conociera una chica que le cambiara la vida para siempre.

Pasado un tiempo, Jacinto quiso verme para hablar conmigo. Se acercaba el aniversario de su hijo.

-He decidido prepararle una fiesta para su cumpleaños, ¿qué te parece?

El chico no era muy sociable y no me imaginaba quienes serían los invitados.

-No sé…

-Vaya, gracias por la ayuda – ironizó.

-De nada – le saqué la lengua - ¿Y qué es lo que quieres de mí, que te ayude a organizarlo?

-No. Lo que quiero es que acudas a la fiesta.

Me quedé a cuadros. ¿Qué pintaba yo en una fiesta de cumpleaños de un veinteañero?

-No creo que deba…

-¿Por qué? – me cortó.

-Creo que lo que tu hijo necesita es conocer mujeres de su edad y no encapricharse conmigo.

-Vamos, no digas tonterías. El muchacho es consciente de que tú eres una mujer inalcanzable.

-Ya… pero no, gracias.

-Te pagaré.

-¿¡Cómo!?

No sabía si estaba más sorprendida u ofendida.

-No te enfades. No te estoy llamando puta.

-Pues menos mal – me mosqueé.

-Solo quiero que a la fiesta vaya alguna chica y no creo que mi hijo conozca a ninguna.

-Peor me lo pones…

-Mil euros.

Los ojos debieron hacerme chiribitas y Jacinto se percató de ello pues sonrió ante mi reacción.

-Lo cierto es que ese dinero no nos vendría nada mal. Es solo acudir a la fiesta y ya está, ¿no?

-Nada más que eso.

-Lo consultaré con Fermín y te diré algo.

-Perfecto. Nos veremos allí – su sonrisa volvió a provocarme un nuevo repelús.

Mi chico no dudó ni un instante. De hecho, no entendía los motivos por los que no había aceptado gratis, pero se alegraba de que no lo hubiera hecho.

-Está bien, iré a la fiesta – le hice saber a Jacinto.

-Sabía que no me fallarías.

-¿Y cuánto nos das si también viene Fermín? – probé fortuna, pero las risas de mi vecino me hicieron sospechar que no había colado.

-Tu chico puede venir si quiere, pero gratis.

-Le he invitado, pero dice que este marrón me lo coma yo solita.

-No seas así. Lo pasarás bien.

-¿En serio? – puse una mueca de total desacuerdo.

-Anda, ese día ponte guapa, a ver si somos capaces de que los invitados sientan envidia de mi hijo.

-Vete a la mierda – le solté, de mal humor, y me marché.

A medida que se acercaba el cumpleaños de Amador empecé a sentir unos incomprensibles nervios. Estaba segura de que iba a estar tan fuera de lugar que ya comenzaba a estar incómoda. Tampoco sabía quién acudiría a la fiesta y me sentía ciertamente presionada debido a la actitud de Jacinto. ¿Qué es lo que el padre esperaba realmente de mí? Eran demasiadas intrigas las que sobrevolaban mi cabeza y no me dejaban estar tranquila.

No decidí la ropa hasta el mismo día. Tal vez debido a las palabras del sesentón, inconscientemente, me vestí más sugerente que de costumbre cuando veía a Amador. Una parte de mí quería que el muchacho se sintiera orgulloso de su invitada estrella, que por supuesto sería yo. Me puse una falda ajustada que me llegaba unos centímetros por debajo de donde terminaban mis pantis. Arriba, me ceñí una blusa que realzaba e insinuaba ligeramente mi escote. Iba elegante a la par que provocativa, una excelente combinación.

De camino a casa de Amador, no conseguí quitarme los nervios hasta que piqué al timbre. Jacinto me recibió con entusiasmo.

-Estás preciosa.

-¿Dónde está el cumpleañero? – ignoré el cumplido.

-Pasa. Están todos esperándote.

Pensé que me encontraría la típica algarabía juvenil de las fiestas de los veinteañeros, sin embargo me quedé a cuadros al observar que, además de Amador, únicamente había dos chicos más en la sala donde sonaba algo de música tecno.

Me fijé en uno de los muchachos. Era atractivo. Rubio, repeinado y una sonrisa traviesa con la que mostraba una dentadura completamente deslumbrante. Parecía un niño de papá, el típico pijo. El otro lo reconocí en seguida. Era uno de los macarrillas que solían pulular por el barrio, con greñas y varios aros en la oreja. Ambos debían ser de la edad de Amador y me pregunté si Jacinto también les habría pagado para acudir a esa estúpida fiesta adolescente. Supuse que sí.

Tras las oportunas presentaciones, el padre del homenajeado se marchó dejándonos a los cuatro solos. Era una situación surrealista. Amador estaba apartado en un rincón sin hablar con nadie. Los otros dos chicos cuchicheaban y reían sin dejar de mirarme. Era evidente que les había gustado. Visto el panorama decidí acercarme al mueble bar y me preparé un gin-tonic bien cargadito.

Había pasado un buen rato o al menos a mí se me había hecho eterno cuando Mateo, el macarrilla del barrio, nos propuso jugar a algo. Estaba tan aburrida que la idea me alegró, aunque fuera cualquier estupidez. Y efectivamente lo era, pues consistía en hacer diversas pruebas en las que el perdedor acababa bebiendo un chupito. Me arrepentí por el alcohol ingerido previamente, pero acepté con tal de hacer algo y que la fiesta pasara lo más rápido posible.

Recordaba haber jugado a juegos parecidos en mi época adolescente, pero no recordaba que fuera tan mala. Me resultaba completamente imposible meter la moneda en uno de los vasos haciéndola rebotar sobre la mesa. Mi poca habilidad en el juego hacía que no parara de beber. Empezaba a estar un poco contentilla cuando Adrián, el chico guapo, propuso cambiar de juego.

Me entusiasmó la idea, pues no quería seguir bebiendo, pero al parecer los jóvenes no sabían jugar a nada que no estuviera relacionado con el alcohol. La nueva propuesta fue algo a lo que llamaban “Yo nunca…” y consistía en decir algo que nunca habíamos hecho para obligar a tomar un chupito a todos los que sí lo hubieran hecho. A pesar de mis reticencias a seguir emborrachándome, me pareció un juego más entretenido y decidí participar.

-Yo nunca… he descargado porno de Internet – empezó Adrián.

Bebieron Amador y Mateo. Y a mí el juego me pareció divertido.

-Yo nunca… me he emborrachado – era el turno del cumpleañero, que nos hizo beber a todos, además de sacarnos unas carcajadas.

-¡Pues esta va a ser tu primera vez! – bromeó el niño pijo.

Era mi turno y, aunque pensar empezaba a costarme, me esforcé en buscar algo con lo que hacer beber tanto a Mateo como a Adrián.

-Yo nunca… había jugado a este juego – solo conseguí que bebiera el chico rubio.

Sin saber muy bien por qué, sentí cierta decepción al no lograr derrotar al macarra, que no dejaba de dedicarme miraditas que me ponían de los nervios. Era su turno.

-Yo nunca… he tenido una polla en el culo.

Bebí con resignación, sin decir ni mu, mientras observaba cómo Adrián y Mateo se reían a mi costa.

-Yo nunca… me he drogado – le tocaba nuevamente al chico rubio.

-Espera, ¿cuentan los porros? – dudé ingenuamente.

-No, no cuentan.

Únicamente bebió Mateo. Me pregunté qué clase de mierdas se habría metido aquel niñato.

-Yo nunca… he jugado a fútbol – soltó Amador, consiguiendo lo que yo no había podido, que bebieran los otros dos invitados.

-Yo nunca… he pagado para tener sexo.

Esta vez conseguí que bebiera Mateo y me sorprendí al sentir una ilusión desmedida por un logro tan insignificante. Sin duda el alcohol debía tener gran parte de culpa.

-Yo nunca… - el macarra me miró a los ojos con tal intensidad que tuve que apartar la mirada - … he follado con alguien diez años más joven que yo.

-¿Estás insinuando algo, chaval? – me encaré a él debido a que la pregunta me pareció completamente fuera de lugar – Se acabó. No pienso seguir bebiendo – corté el juego definitivamente.

Me costaba pensar con claridad, sentía la mente obnubilada y no quería sobrepasar ese límite. Me alcé demasiado rápido y sentí que la cabeza me daba vueltas. Hacía mucho que no bebía tanto y en esa fiesta me había sobrepasado.

El grupo se disgregó. Amador volvió a aislarse, sentándose solo en una esquina del sofá. Observé cómo Mateo se dirigía al baño mientras Adrián se acercaba a mí.

-¿Has bebido mucho? – me preguntó sin dejar de sonreír.

El chico me parecía más guapo aún que antes. Le dejé hablar sin prestar atención a lo que me decía mientras me concentraba en la puerta del lavabo. Me pregunté qué estaría haciendo Mateo. ¿Se estaría esnifando una raya de coca? Volví a mirar al niño de papá. Estaba para comérselo poniendo todo su empeño en ligar conmigo. En cuanto oí la cadena del retrete, miré rápidamente hacia el cuarto de baño para observar a Mateo regresando al salón. El macarra se iba acariciando la nariz y sentí un escalofrío, más bien placentero, recorriendo mi cuerpo al pensar que iba puesto hasta las cejas.

-Ya sé a lo que vamos a jugar – soltó Mateo.

Le escuché con expectación.

-Al juego de la botella.

Me negué rotundamente a jugar a un juego de besos con tres mocosos, pero la indignación inicial por la propuesta se me pasó demasiado rápido por culpa del puntillo que llevaba encima. Mateo comenzó a prepararlo todo y, al sentirme ignorada, acepté sin rechistar mucho más, decidiendo que si la botella acababa apuntándome pondría cualquier excusa para evitar besar al afortunado. Debido a los efectos del alcohol fui incapaz de percatarme que era una estupidez jugar a ese juego siendo la única mujer de la fiesta.

Lo cierto es que empezaba a pasármelo bien recordando viejos tiempos. Aquella sucesión de juegos era como volver a mi época adolescente. Cada vez me sentía más atraída por Adrián y comenzaba a sentirme halagada por las indiscretas miradas de Mateo.

El primero en hacer rodar la botella fue el macarra. A medida que el cristal giraba mi corazón más se aceleraba. Me sentía como una colegiala que está a punto de besarse con el chico guapo de la clase, solo que en esta ocasión los candidatos eran tres críos. Mateo tuvo una suerte increíble y le toqué yo, aunque habría jurado que la botella apuntaba más a Amador que a mí. No obstante, me lo estaba pasando bien y no quise discutir.

Estaba pensando en qué excusa poner para dejar el juego cuando observé el gesto de suficiencia del macarrilla y no pude evitar sonreír. Estaba complacida por su actitud y decidí darle un pico para no dejarle con las ganas.

Acerqué los labios a los suyos y sentí su aliento cálido, que me provocó un ligero gustito. Le besé, sintiendo cómo el veinteañero abría la boca. Instintivamente hice lo propio y sentí su hálito acariciándome cada rincón de mi cavidad bucal. Él fue el primero en introducirme la lengua, provocándome un inesperado placer que se transformó en jadeo. Saboreé su húmedo músculo y decidí usar mi lengua para contraatacar, ganando terreno, invadiendo su espacio. Nos comimos la boca durante unos largos segundos hasta que Adrián nos cortó el rollo.

-Ya vale, parejita, que me voy a poner celoso – sonrió con nerviosismo.

Lo observé. Estaba monísimo. Ciertamente parecía afectado por lo que había visto. ¿Realmente se había puesto celoso? Estaba empezando a disfrutar de la situación, sintiéndome poderosa, teniendo a los tres chicos babeando por mí.

Besar al macarra no estaba ni mucho menos dentro de mis planes. Sin embargo, en ese momento, regalarle aquel morreo tampoco me pareció algo demasiado grave. Consideré que habían sido las circunstancias del juego y que la situación estaba completamente bajo control. Aunque debía reconocer que el beso me había gustado, Mateo no era más que un crío y no le di mayor importancia.

Era mi turno. Alterada por el alcohol que confundía mis pensamientos, me olvidé de buscar una excusa para dejar el juego y seguí participando. Hice rodar la botella, que acabó apuntando a Amador. Miré al chico y me vino un bajón tremendo. Su rostro rollizo calmó la libido que me había encendido Mateo ¿De verdad tenía que besarlo? No sé si mi cara evidenció demasiado mi desgana, pero el macarra intervino para rescatarme.

-Ha sido nulo. La botella tiene que dar al menos tres vueltas completas.

A mí me parecía que había dado muchas más de tres, pero si aquella estúpida excusa servía para evitar besar a mi vecino, pues era bienvenida.

-Vale, la próxima vez lo haré mejor – sonreí a Mateo con complicidad.

-Me toca.

Adrián cogió la botella, parecía ansioso. La hizo rodar y habría jurado que no había llegado a dar una vuelta completa cuando se paró apuntándome directamente. Miré al muchacho y sonreí. Cada vez lo veía más guapo.

Fue él quien se acercó a mí y, antes de que nadie pudiera protestar, comenzó a besarme los labios. El rubito no parecía tener la destreza del macarra, pero su hermosura lo compensaba. No podía dejar de sonreír debido al empeño que parecía ponerle. Divertida con la situación, abrí los labios para dejar que el veinteañero se colara, a ver qué hacía. Me metió la lengua hasta la campanilla.

-Así no – me quejé, apartándolo de mí – Déjame enseñarte.

Me pareció un desperdicio que tanta hermosura no supiera besar bien y, sin darle mayor importancia, en una actitud casi maternal, decidí instruir al chaval. Me acerqué a él, acariciándole la hermosa mejilla. Deslicé mis labios por los suyos, que se fueron abriendo poco a poco. Introduje mi lengua, recorriendo la suya, haciendo que las humedades de ambas se mezclaran entre sí. El chico sabía bien y parecía aprender rápido. Tras unos segundos, me aparté de él, considerando que era más que suficiente.

-¿Me toca otra vez? – me quejé, aunque realmente ya no me importaba demasiado.

Volví a hacer rodar la botella, que acabó apuntándome a mí misma.

-Debes descartar a uno y besar al resto – argumentó Mateo.

Estaba segura de que se estaba inventando la norma, pero me hizo tanta gracia su desfachatez que acepté la improvisada regla.

-No es nada personal, pero te descarto a ti – me dirigí a Amador – porque a ellos ya los he besado – me excusé.

Adrián y Mateo comenzaron a reír estrepitosamente y yo no pude evitar empezar a sentirme mal por lo que estaba haciendo. “Los vuelvo a besar y termino con esto”, me dije a mí misma, observando el desencajado rostro del cumpleañero.

-A ver, tú primero – me dirigí a Adrián, queriendo dejar lo mejor para el final.

-De eso nada. Tiene que ser los dos a la vez – ordenó el macarra.

-¿Los dos a la vez? – reí - ¿Qué queréis, meterme dos lenguas al mismo tiempo?

-No. Ponte entre los dos – siguió dando instrucciones que Adrián y yo fuimos acatando a rajatabla – Le besas primero a él, luego te giras y me besas a mí.

-Si lo que quieres es sentir las babas de tu amigo puedes besarlo a él directamente – bromeé.

Sin esperar respuesta, mientras sentía las manos de los dos muchachos acariciándome la espalda, giré el rostro hacia la derecha y me topé con Adrián. El chico me besó, poniendo en práctica lo que le acababa de enseñar. Tras unos segundos me separé del rubito, girando el rostro hacia la izquierda y encontrándome con Mateo. Me besó. Alternativamente fui comiéndome la boca de uno y otro durante un rato, hasta que me percaté de la mano que se deslizaba por mi trasero, preguntándome cuánto tiempo llevarían sobándome el culo.

-¿De quién es esa mano? – me quejé.

Nadie contestó. Solo noté cómo el culpable se apartaba y, tras darles un pico a cada uno, me separé de mis dos jóvenes amantes.

-¡Uf! – resoplé – Creo que ya está bien de juegos – quise cortar la situación antes de que las cosas se desmadraran más de la cuenta.

Observé que Amador había abandonado la estancia. Fui mala y me pregunté si se habría ido a la habitación a llorar o al baño a masturbarse. Preferí no comprobarlo. Los otros dos invitados me esperaban en el sofá. Cada uno llevaba un vaso de plástico cargado hasta arriba y me habían dejado un hueco entre ambos. Me parecieron adorables.

Se estaba bien en aquel cómodo sofá rodeada de dos chiquillos que no paraban de agasajarme. Me gustaba sentir el calor que sus jóvenes cuerpos emanaban. Hablábamos de temas varios mientras, de vez en cuando, alguno me robaba algún pico. Aunque no me parecía bien que me besaran fuera del juego, tampoco quería cortarles el rollo mientras no se sobrepasaran.

-A ver, chicos, ¿vosotros sois amigos de Amador?

-Yo iba al colegio con él – afirmó Adrián.

-¿Y tú? – me dirigí a Mateo.

-Conozco al padre, del barrio. Amador casi nunca sale de casa. Alguna vez me he cagado en los muertos del puto viejo – rio.

-¿Y eso?

El macarra me robó un beso. Me pilló por sorpresa y me hizo refunfuñar.

-Siempre nos está echando la bronca. Que si los bancos son para sentarse bien, que si a fútbol no se juega en la calle… Menos mal que nunca me ha visto haciendo mis trapis – volvió a reír.

-Entonces – proseguí - ¿cómo es que has venido a la fiesta de Amador?

-Porque el viejo me ha dado pasta.

-¡Qué capullo! – Adrián rio con estruendo, aprovechando para colocar su mano sobre uno de mis muslos, acariciándome por encima del panti.

En circunstancias normales el osado veinteañero se habría llevado un bofetón, pero en ese momento, debido a mi excesiva ingesta de alcohol, su actitud no me pareció tan grave. Tenía una extraña sensación, como si nada de lo que estuviera pasando fuera real y, por tanto, tampoco le daba demasiada importancia.

-¿Y tú? – me dirigí al pijo mientras le apartaba la mano con parsimonia – Porque me imagino que tampoco eres amigo íntimo del cumpleañero.

-Mis padres son amigos del viejo así que me he visto comprometido.

-¿Y qué nos dices de ti, Cloe? – se dirigió a mí el macarra, agarrándome de la barbilla para girarme el rostro - ¿Qué pinta una tía buenorra de treinta tacos en la fiesta de un pringao?

En cuanto giré la cabeza me topé con el rostro de Mateo, que volvió a comerme los morros. Quise quejarme, pero en ese mismo instante sentí que Adrián volvía a la carga. La mano del rubio se coló entre mis piernas y subió por la parte interna de mis muslos, adentrándose bajo mi falda, acariciándome más allá del panti, muy cerca de mi sexo.

Tenía el corazón desbocado. Desde hacía rato que mi cuerpo me pedía marcha, pero aquellos mocosos no eran los elegidos para llevar a cabo esa difícil tarea. Fermín me esperaba en casa, muy cerca de donde Adrián me metía mano y Mateo me comía la boca. A pesar de las ganas que mi palpitante coño tenía de recibir atenciones, alargué la mano para detener la incursión del rubito.

Sin embargo, me había entretenido demasiado en sentir las caricias de Adrián, pensar en Fermín y parar al mocoso definitivamente. Y eso había hecho que dejara que Mateo siguiera morreándome y aprovechara para colar una mano bajo mi blusa. El macarra me estaba acariciando el vientre, acercándose peligrosamente al pecho. Lo paré a tiempo, agarrándole de la muñeca.

-Las manos quietas – les advertí, pero Adrián me calló con un nuevo beso.

Iba a rechazarle cuando sentí la oposición de Mateo, que comenzó a cambiar la dirección de su brazo, ahora bajando por mi abdomen, magreándomelo. A pesar de tenerlo sujeto, su fuerza era mayor de la que me imaginaba y alcanzó la parte superior de mi falda, colándose dentro y entrando en contacto con mis braguitas. Tiró ligeramente de ellas y sentí cómo la tela se restregaba viscosamente por mi encharcado coño. Gemí.

-Tengo la polla que me va a reventar – confesó el macarra.

-¡No me digas! – solté irónicamente, sacándome de encima a Adrián.

-Creo que la cocaína está haciendo su efecto – me sonrió con altanería.

Incomprensiblemente, el saber que iba colocado me provocó un nuevo escalofrío, y esta vez no tuve ninguna duda de que era placentero.

-¿Necesitas de esa mierda para funcionar?

Le quise picar, pero él, impasible, se removió en el sofá, recolocándose el paquete. Me fijé en el bulto y me pareció tremendamente apetecible. Adrián me sorprendió agarrándome un brazo para acercárselo hacia sí, plantándome la mano en su entrepierna. El gesto me descolocó, pero no me desagradó sentir el calor y la dureza de su sexo. Instintivamente le palpé el paquete casi disimuladamente. La herramienta del rubio no parecía gran cosa, mas yo ya estaba demasiado excitada.

-Estoy seca – no se me ocurrió mejor excusa para apartarme de esas dos tentaciones en forma de cachorros en celo.

Me alcé del sofá. Parecía que los mareos habían remitido así que acepté la invitación de Adrián y me bebí el cubata que me acercó. Ahora estábamos los tres de pie y tenía la sensación de que los dos chicos estaban muy pegados a mi cuerpo. La nueva mezcla de alcohol hizo que mis pensamientos se ralentizaran, dándome cuenta de lo que ocurría unos segundos después de que pasara. Empezaba a sentirme como en una nube.

Frente a mí estaba Mateo y, debido a mi estado de embriaguez, no era consciente de que estaba restregándole los pechos contra su joven cuerpo mientras nos besábamos. El chico había vuelto a meter su mano bajo mi blusa y me acariciaba los costados y la parte baja de mis senos. Me sentía tan bien que era incapaz de percatarme de lo que estaba a punto de ocurrir.

A mi espalda, sentía el pequeño pero duro paquete de Adrián restregándose contra mi culo. El chico se las había apañado para deslizar su miembro entre mis nalgas mientras me acariciaba uno de los muslos, subiéndome la falda más de lo que le habría permitido si no hubiera estado tan desinhibida.

-¿Quieres verme la polla? – me susurró Mateo mientras me besaba uno de los lóbulos de la oreja.

-No estaría bien…

Sentí la mano del macarra aferrándome un pecho y, aunque seguramente llevara un rato magreándomelo sin que me diera cuenta, eso me hizo reaccionar.

-Venga, chicos, ya vale – intenté separarme de ellos – El anfitrión nos ha abandonado así que podemos dar la fiesta por concluida.

-¿Te vas? – Adrián me sacó una sonrisa, parecía realmente apenado.

-Sí.

-Por lo menos te vas calentita a casa.

Aquellas palabras de Mateo me dolieron. El macarrilla tenía razón. Estaba excitadísima y cuanto antes llegara a casa antes me quitaría el calentón. Era Fermín, todo un hombre hecho y derecho, quien debía aprovecharse de la situación y no esos dos mocosos.

-Vosotros tampoco creo que os vayáis tan panchos.

-No te vayas, por fa… - insistió el monísimo Adrián.

-Déjame enseñarte la polla y luego, si quieres, te vas.

-¡Joder, chaval! Qué insistencia… Venga, vale, no vayas a quedarte con las ganas – actué como si estuviera haciéndole un favor.

Tenía la impresión de que si Mateo quería mostrarme sus atributos debía ser porque eran dignos de ser observados y, sinceramente, a mí me apetecía comprobarlo. Y por mirar no iba a pasar nada, pensé.

-¿Quieres hacer los honores? – el chico se deshizo de la camiseta y me ofreció quitarle el pantalón.

A esas alturas no pensaba amilanarme así que me arrodillé y me dispuse a desabrocharle el botón y abrirle la cremallera. Tiré de la tela hacia abajo y observé los pequeños y ajustados calzoncillos de color gris. El bulto de la entrepierna parecía tremendamente voluminoso. Miré a Mateo y agarré la única prenda que le quedaba, deslizándola hacia sus rodillas. La polla del mocoso apareció ante mis ojos, extraordinariamente hermosa. Era bastante más alargada que la de Fermín, descapullada y llena de pequeñas venas marcadas a lo largo del tronco. Supuse que el polvo blanco ayudaba a que estuviera tan hinchada. Si tuviera que elegir un adjetivo para definirla, escogería grande.

-Bueno, vista – le dije, alzando nuevamente la mirada hacia el rostro del macarra, queriendo quitarle importancia.

-¿Y no te apetece tocármela?

-Lo siento, tendrás que hacerte la paja tú solito.

Aunque me moría de ganas de acariciársela y quién sabe si algo más, no pensaba sucumbir a mis más bajos instintos ni darle el gusto al niñato, nunca mejor dicho. Volví a pensar en Fermín y en las ganas que tenía de que me echara un buen polvo.

-A mí no me importa pagar… ya lo sabes – me sonrió Mateo, con una mueca llena de malicia.

¿Me estaba llamando puta? Su insinuación me enervó de tal manera que la rabia me invadió, haciéndome cometer una locura. Me alcé con rapidez y me dirigí hacia Adrián, que nos observaba paralizado, en completo silencio. Pensaba darle una lección al macarra.

-Prefiero sobar gratis la de otro antes que la tuya por dinero, niñato.

Me acerqué al pijo e introduje mi mano bajo su camiseta, buscando el hueco del pantalón. Intenté colar una mano dentro, pero los llevaba demasiado ajustados así que tuve que ayudarme de la otra para abrirle la bragueta. Ahora sí pude acceder a mi objetivo. Me topé con unos calzoncillos holgados que tenían una abertura que me vino como anillo al dedo. Deslicé la mano derecha dentro, sintiendo el calor que la zona emanaba, y descubrí un pene completamente erecto. Como ya había intuido, no era excesivamente grande, pero estaba desproporcionadamente endurecido. Al rodearlo, deslicé suavemente la piel, descapullando el glande. Para nada me esperaba sentir la enorme excitación que me supuso acariciar el joven y rígido falo.

Mientras masajeaba la durísima verga de Adrián eché un vistazo a Mateo, que se había sentado en el sofá y se estaba acariciando la enorme polla. Mi idea de ponerle celoso a costa del rubito no había funcionado como yo había pensado y lo único que conseguí fue aumentar mis ganas de sexo. No aguanté más, mi resistencia se vino abajo. Alargué la mano izquierda y sustituí a la del macarra, sobándole el miembro. Sentí su vigorosa magnitud y comencé a masturbarlo.

No sabía en qué momento la situación se había descontrolado del todo. Hacerles una paja a un par de veinteañeros era lo último que se me podía pasar por la cabeza cuando acudí a la fiesta de Amador. Pero ya no había marcha atrás. Me dije a mí misma que mientras ellos no me tocaran aquello no se podía considerar adulterio. Me auto convencí pensando que únicamente les estaba haciendo un favor a un par de mocosos que ni en sueños podían imaginar estar con una mujer como yo.

Absorta observando cómo se desplazaba arriba y abajo la piel de la verga de Mateo, comencé a sentir cómo se humedecía mi mano derecha. Giré el rostro y observé a Adrián bajándose los pantalones. Tenía la polla a punto de estallar. El líquido que se desplazaba por mis dedos era el inicio de la inminente corrida del mocoso. Observé la expresión turbada del pijo, sintiendo un enorme regocijo por el placer que le estaba provocando. Aumenté el ritmo de mis sacudidas y el líquido preseminal se convirtió en unos acuosos chorros de semen que brotaron pausadamente, impregnándome los dedos. No dejé de masturbarlo, haciendo que el muchacho se retorciera de gusto. Por un momento pensé que se desmayaría, pero finalmente se recompuso, momento en el que le solté el menguado pene y me giré hacia el macarra.

Me fijé, tras la enorme verga, en el rostro del greñudo. Su expresión era aún más chulesca que antes. Aproveché la corrida de Adrián para, con la mano derecha, lubricar la polla de Mateo. El chico no se quejó. Me fijé en sus grandes pelotas, que descansaban en una relajada bolsa escrotal. Le acaricié los testículos, haciéndole gemir.

-¿Te gusta? – le pregunté.

El macarra se inclinó para besarme. Nuevamente no me lo esperaba. Mientras me devoraba la boca intenté reconsiderar lo que estaba haciendo. El alcohol, los jueguecitos, los besos, las atenciones de los dos mocosos, los magreos, la excitante polla de Mateo… Noté cómo la mano del greñudo me desplazaba una de las copas del sostén y me acariciaba la teta liberada. Había vuelto a colarse bajo mi blusa. Sentí cómo jugaba con mi enervado pezón, provocándome una nueva oleada de placer.

-¿Son naturales?

-¡Pues claro, gilipollas! – me ofendí – Y he dicho que las manos quietas – insistí, agarrándole el brazo y haciendo acopio de toda mi fuerza de voluntad, pues no me resultaba fácil renunciar a los placenteros magreos juveniles.

Mateo volvió a recostarse sobre el sofá. La situación cada vez se me iba más de las manos y decidí terminar con aquello cuanto antes. Para ello debía conseguir que se corriera. Me incliné hacia delante al tiempo que dirigía la verga del mocoso hacia mi rostro. Le di un primer lametón, degustando el sabor salado que encendió mis papilas gustativas. Un segundo lametazo y sentí cómo la verga aún se hinchaba más. Abrí la boca todo lo que pude y rodeé el glande con mis labios, restregándolos por el juvenil falo. Sin sacarme la verga, bajé aún más, sintiendo las pequeñas venas del tronco. Cuando la punta rozó mi campanilla, usé la lengua para rodear la excitante polla que estaba mamando.

-Vas bien servido – confesé cuando me separé momentáneamente del miembro mientras retiraba con la mano las babas que colgaban entre mi boca y su verga.

-Te juro que nunca se me había hinchado tanto.

-Ah, ¿no? – me hizo reír.

-Debe ser efecto de la farlopa.

-Vaya… pensé que era yo quien te la ponía así de bonita… - me sentí ligeramente decepcionada.

-Tú vas a hacer que me corra más rápido de lo que me gustaría.

Aquella contestación me satisfizo. Volví a comerme la verga y no pude evitar colar una mano bajo mi falda, buscando mi entrepierna. Cercioré la humedad de mis braguitas, que estaban empapadas. Restregué mis dedos a través de la tela, sintiendo el estado viscoso de mi vagina, motivo por el cual mis dedos se deslizaban casi sin quererlo. Retiré mi ropa interior a un costado, sintiendo la escasa brisa refrescándome los acuosos labios vaginales. Volví a deslizar mis dedos, ahora sin tela de por medio, y mi coño casi los engulle. Tuve que volver a sacarme el pollón de la boca para gemir.

A Mateo debió gustarle verme en aquel estado, pues su verga comenzó a temblar justo antes de soltar los primeros brotes de leche. El veinteañero parecía esforzarse por retrasar la eyaculación, alzando el pompis y removiéndose inquieto, pero ya era demasiado tarde. Al contrario que Adrián, el macarra soltó unos enérgicos y largos chorros de lefa. Sin dejar de masajearme el coño, observé el semen del chico volando por encima de mi cabeza, yendo a parar al suelo, donde se hizo un charco de esperma.

¿Había terminado todo? Sentí un cierto alivio envuelto por una enorme desazón. Por un lado ya podía marcharme a casa a terminar la faena con Fermín. Por otro lado… observé la verga morcillona que descansaba sobre el sudoroso vientre de Mateo. Alargué la mano para alzarle el miembro. Quería despedirme de él. Le di un pequeño beso en el glande que me supo a poco. Abrí la boca y saboreé la polla del macarra por última vez. Ahora el deje era más bien agrio.

-Me alegro de que me la hayas enseñado – confesé – Pero se os ha acabado el chollo.

Me giré para asegurarme de que Adrián también se daba por aludido. Me alcé e intenté recomponerme. Tenía la blusa mal colocada y la falda subida. Una ráfaga de semen me había manchado el panti de la pierna derecha. Ansiosa por follar con Fermín, limpié la corrida de Mateo todo lo rápido que pude y me dirigí al cuarto de Amador para despedirme.

Supuse que me lo encontraría jugando al World of Warcraft así que abrí la puerta de golpe, pero el desagradable tufo de la habitación me tiró para atrás, provocándome una arcada y un regusto amargo a alcohol que me inundó la garganta. Estaba convencida de que mi vecino se había hecho una paja fantaseando conmigo, se notaba en el ambiente.

-Me voy – le solté desde la entrada, haciendo que incluso yo misma pensara que estaba siendo demasiado borde.

-Espera… - Amador, sentado en la silla de su escritorio, se giró para hablar conmigo – Quería decirte que… hoy estás muy guapa… - concluyó con la voz temblorosa, avergonzado, sin alzar el rostro.

No me podía creer que el freak de mi vecino acabara de soltarme un piropo. Me dejó descolocada pues, debido a su carácter, jamás me lo hubiera esperado de él.

-Joder… Amador… es la primera vez que te atreves a decírmelo – sonreí, divertida con el momento.

-¿Y de qué sirve que te lo diga un tío feo y gordo como yo?

-¿Cómo? – unos segundos después de la sorpresa inicial, tras darme cuenta de lo que ocurría, proseguí – Tu problema no es precisamente ese – me enfadé – Ya te he dicho muchas veces que lo primero que tienes que hacer es sociabilizarte.

-Y si mi problema no es ese, ¿por qué has besado solo a Mateo y Adrián?

No me gustó aquella pregunta. Me dio la sensación de que me estaba juzgando y eso que ni siquiera sabía lo que había pasado después. Me entró un ligero temblor de piernas.

-No te equivoques – me puse seria – Simplemente ellos se han aprovechado de la situación mientras que tú te has quedado parado como un idiota. Jamás habrían conseguido nada conmigo si no hubiera bebido tanto. Y tú te podrías haber aprovechado igual que ellos – mentí – si me hubieras hecho caso y fueras una persona más abierta.

Amador alzó la cabeza por primera vez, mirándome a los ojos.

-¿Lo dices en serio?

-Claro que sí – volví a mentir.

-Entonces, no te importará besarme ahora.

Aunque me hizo sonreír debido a su candidez, tuve la sensación de que la conversación se dirigía hacia unos derroteros que para nada me convenían.

-No es tan fácil - repuse – Estoy borracha, pero no soy idiota. Deberías currártelo un poco más.

-Anda, dale un muerdo al chaval – Mateo interrumpió la conversación.

Le dediqué una severa mirada al macarra, pero no pareció darse por aludido. Volví a mirar a Amador y vi una clara oportunidad de averiguar si mis sospechas eran ciertas.

-Dime, ¿has besado a alguna chica alguna vez?

Mi joven vecino no pareció encajar la pregunta demasiado bien. Se notaba intranquilo y observé cómo, disimuladamente, desviaba la mirada hacia el macarra.

-¿Te da vergüenza contestar delante de Mateo? – inquirí – Eso solo puede significar una cosa… - sonreí con malicia.

El chico greñudo comenzó a reír a carcajadas, llamando la atención de Adrián, que también se acercó hasta el cuarto de Amador. Mi vecino estaba rojo como un tomate y finalmente confesó.

Tener la certeza de que era virgen no me sorprendió lo más mínimo, pero sí se me hacía extraño que jamás hubiera besado a ninguna chica. Contemplando las burlas de los otros dos veinteañeros, comencé a sentir lástima por el hijo de Jacinto y concluí, ayudada por mi estado de embriaguez, que igual un morreo mío no le vendría tan mal.

-Vale. Está bien. Te daré un beso.

Adrián y Mateo dejaron de reír. Seguramente jamás pensaron que llegaría a aceptar la propuesta de Amador. Verles las caras de desconcierto me satisfizo y aún me convencí más de lo que estaba a punto de hacer.

Me acerqué al cumpleañero y pude sentir su nerviosismo. El chico sudaba y temblaba. Me invadió una mezcla de rechazo y divertimento. Debido a la proximidad, sentí cómo el fuerte olor de mi vecino se hacía más perceptible. Olía a sudado. Hice de tripas corazón y acerqué mi boca a la suya.

-Considéralo mi regalo de cumpleaños – le susurré, provocándole una sonrisa antes de sentir sus rechonchos labios.

El inexperto muchacho abrió la boca y una oleada de babas se deslizó por una de sus comisuras, impregnándome la barbilla con su asquerosa saliva. Era el beso más desagradable que recordaba. Amador no movió un solo músculo así que lancé mi lengua hacía el inhóspito interior de su boca mientras nuestros labios resbalaban debido a los espumarajos del chico.

Cuando le rocé el paladar, sintiendo un regusto dulce, como a chocolate, seguramente de los restos que hubiera estado comiendo, mi joven vecino se estremeció y comenzó a convulsionarse. No me podía creer lo que estaba sucediendo. Me retiré rápidamente y observé cómo temblaba la grasa de su cuerpo mientras soltaba pequeños gemidos.

-¿Te has corrido? – pregunté ingenuamente, pues era más que evidente.

El chico, avergonzado, bajó la cabeza, provocando nuevamente las risas desproporcionadas del pijo y el macarra. Aunque no aprobaba la actitud de Adrián y Mateo, no pude evitar que me contagiaran una risa traviesa.

-¡Picha floja!

-Gordo, feo y eyaculador precoz… ¡seguro que también la tienes pequeña!

-No me digas que jamás has tenido contacto físico de ningún tipo con una chica… - intenté ser comprensiva con Amador, aunque sin mucho éxito, mientras los otros dos se burlaban del cumpleañero.

Mi vecino negó con la cabeza, sin alzarla. Y comenzó a llorar. Estaba tan azorado e indefenso que me embargó una oleada sobreprotectora. Sentí lástima del chico y decidí ayudarle a limpiarse.

-¡No! – se alteró cuando me acerqué a sus pantalones.

-¿Te da vergüenza enseñarnos tu cosita? – sonreí malévolamente – Pensé que después del beso estarías más animado.

-Sí, me da vergüenza – contestó aún más rojo que antes.

-¿Por qué? – pregunté ingenuamente de nuevo, sin darme cuenta de que mi actitud puramente maternal seguramente estaba siendo malinterpretada.

-Porque la tengo pequeña – susurró.

-¡Lo sabía! – gritó Mateo entre desproporcionadas carcajadas.

Observé a los dos veinteañeros retorciéndose de risa. Estaban casi llorando. Aunque ni mucho menos quería reírme de mi joven vecino, tuve que morderme los labios para aguantarme una carcajada.

-¿También tienes complejo por eso? – indagué, ya medio riendo – Déjate de tonterías – y volví a la carga.

El chico, sumiso, se dejó hacer. Tiré de los pantalones, deshaciéndome de ellos. Apenas pude observar la ropa interior de Amador, pues quedaba oculta bajo su grasienta barriga.

-Ponte de pie – le ordené.

Al bajar los calzoncillos, una nueva oleada nauseabunda se incrustó en mis fosas nasales. Estuve a punto de apartarme cuando me fijé en el diminuto pene del muchacho. Estaba flácido, lleno de un esperma casi amarillento que se adhería a la pobladísima pelambrera asilvestrada del pubis. Ahora sí, aunque no quería, no pude evitar reír, uniéndome a las carcajadas del pijo y el macarra. La estampa me parecía ridícula.

-Anda, dime dónde hay calzoncillos limpios y vete a dar una ducha – le exigí cuando conseguí calmar el ataque de risa.

Amador me hizo caso. Aproveché para ventilar la habitación abriendo la ventana y, cuando me giré para reprender la actitud de los otros dos invitados, me los encontré recostados en la cama, sonrientes.

-Anda, ¿por qué no te sientas aquí con nosotros? – me invitó Mateo, golpeando sobre el colchón en el hueco que me habían dejado entre ambos.

-Me tengo que ir – repuse, pensando en Fermín y en lo que me esperaba al llegar a casa.

-Vamos… será solo un rato… - insistió Adrián.

Lo cierto es que dudé. El juego con los dos mocosos me había calentado demasiado y ahora lo único que quería era que mi pareja me echara un polvo. Pero la idea de seguir tonteando con los dos veinteañeros para aumentar aún más mi ego y mi calentura tampoco parecía una mala opción. Decidí quedarme y retrasar la sesión de sexo. Eso aún la haría más memorable.

-Mira lo que tengo aquí.

Adrián me sorprendió sacándose un porro que ya tenía liado. Se lo encendió y yo me alegré de haber abierto la ventana para que la habitación se ventilara.

-No creo que a Jacinto le haga mucha gracia que fuméis en el cuarto de su hijo.

-No seas mojigata – me rechistó el macarra, dándole una calada al canuto que le había pasado su amigo - ¿Quieres? – me ofreció, echándome el humo a la cara.

-No, gracias – lo rechacé.

Hacía muchos años que dejé de fumar porros. Muchos más de los que llevaba sin pillarme un pedo como el de ese día. Me senté entre ambos chicos y sentí el agradable olor a marihuana.

-¿Seguro que no quieres? – insistió Mateo, pasando el peta por delante de mi rostro para devolvérselo a su dueño.

Antes de que pudiera contestar, el macarra se revolvió para comerme la boca, aún con todo el humo del leño en su interior. Me hizo toser y lo aparté bruscamente.

-¿¡Qué haces!? – le reproché – Te he dicho que no quiero fumar, ¿para qué me pasas el humo?

-Vamos, solo una calada… - ahora fue Adrián el que me ofreció.

No podía negarme a las peticiones de esa cara de ángel. Le sonreí, dejando que Mateo empezara a jugar con sus manos sobre mis pantis, pero alerta por si subía por mis piernas más de la cuenta.

-Venga, pero solo una calada – acepté finalmente – Para recordar viejos tiempos.

-¡Serás cabrona! – me reprochó el greñudo – A él sí le haces caso…

Tomé el cigarro con una mano y, con una estudiada lentitud, me lo acerqué a la boca. Miré al macarrilla a los ojos en el momento que mis labios rodearon el babeado papel del canuto. Aspiré con parsimonia, escuchando cómo la papelina se prendía poco a poco. El humo del porro se fue acumulando en mi boca, haciéndome cosquillas en el paladar primero y luego en la garganta, provocándome una sensación olvidada y que volvió a hacerse realidad en ese momento, observando las pintas del chico que me admiraba con la boca abierta y el deseo encendido en sus ojos.

-Me has puesto cachondo – me soltó Mateo, provocándome las primeras de unas buenas carcajadas.

El cigarro fue rulando entre los tres mientras las manos del macarra no dejaban de acariciarme las piernas, acercándose cada vez más a mi sexo. Los chicos me hacían reír y se divertían conmigo. Bromeábamos sobre la ambientación freak del cuarto y lo mucho que Amador se parecía a Jabba the Hutt. Aquello era un regreso a mi época adolescente en toda regla. Y eso me hacía sentir bien.

Estaba ocurriendo lo que inconscientemente quería que pasara al quedarme en la habitación de mi vecino con el pijo y el macarra en vez de irme a casa con Fermín. Me encantaba sentirme tan deseada. Y darles un poco de cuartelillo para que me metieran mano, rechazándoles si se sobrepasaban, me estaba poniendo a mil.

Era consciente de que Mateo estaba siendo muy cuidadoso. Casi sin que me diera cuenta, sus dedos ya estaban acariciándome la piel de mis muslos, más allá de la tela del panti, bajo mi falda, a escasos centímetros de mis braguitas. No sé si fue la escasa lucidez debido al alcohol y la maría, pero fui incapaz de reaccionar y le dejé que siguiera acariciándome. Pensé que la mano del chico debía estar a punto de prenderse en llamas debido al calor que notaba que desprendía mi entrepierna.

Adrián y Mateo reían. Y yo también. No sabía muy bien el motivo, pero todo era genial. El chico rubio estaba buenísimo. Y eso me parecía gracioso. El macarra estaba a punto de entrar en contacto con mi ropa interior. Y eso me resultaba divertido. Ya no me acordaba de Fermín. Solo reía y, sobre todo, disfrutaba mucho.

De repente, Amador hizo acto de presencia, cortándonos el rollo. Los tres nos lo quedamos mirando, en silencio. Estaba de pie, tapado únicamente con una enorme toalla que llevaba rodeada a lo largo de su grasienta barriga. Tan solo tardamos unos segundos en empezar a reír.

-Fuera de mi cuarto – se enfadó, mostrando por primera vez algo de carácter.

-No, no, espera – me alcé de la cama, sintiendo cómo la cabeza se me iba completamente debido a los mareos provocados por todo lo que me había metido en el cuerpo – Enséñanos la colita otra vez – bromeé, sin saber muy bien por qué.

Comenzamos nuevamente a reír, todos menos mi vecino. Empecé a tirar de la toalla mientras Amador la sujetaba evitando quedarse nuevamente desnudo. Adrián, tras terminar de liar un nuevo porro, se alzó y se lo ofreció a Amador.

-Toma, prueba esto. Ya verás como así te sientes mejor.

El chico me miró, como esperando mi aprobación.

-¡Vamos, que no soy tu madre! – le reproché.

No sabía muy bien lo que pasaba por mi cabeza para hablar así, pero mis palabras tuvieron un efecto inmediato en mi joven vecino y, en lo que supuse era un acto de rebeldía, aceptó el canuto del pijo. Le dio una primera calada y comenzó a toser, haciendo que la grasa de su cuerpo se agitara. A mí me pareció enormemente gracioso y volví a reír. Tiré nuevamente de la toalla, ahora sin la sujeción del dueño, y la tela se deslizó hasta caer al suelo. Ante nosotros volvió a aparecer el diminuto pene. Ahora parecía erecto, aunque seguía siendo insultantemente pequeño. Escuché las carcajadas de Adrián y Mateo. Y yo comencé a llorar de la risa.

-Mira, Cloe, parece que el gordo quiere marcha.

-¡Qué hijo puta! ¡Vaya polla más pequeña!

Pensé que las burlas del pijo y el macarra estaban siendo desproporcionadas y que Amador se avergonzaría, pero el niñato me sorprendió llevándose una mano a la entrepierna y, con dos de sus rechonchos dedos, comenzó a masturbarse. Me aguanté la risa, observando el rostro de mi vecino.

-¿Cuántas veces te has masturbado hoy? – le pregunté.

-Muchas – confesó.

-¿Todas pensando en mí?

El chico asintió con la cabeza, haciéndome sentir halagada por ser el sueño erótico de un freak veinteañero con nula experiencia sexual.

-Venga, hazle una gayola al pobre chaval – propuso Mateo.

La alocada idea me hizo reír.

-Vamos, se lo ha ganado… que te dedica todos los putos pajotes – insistió Adrián.

Observé nuevamente a Amador. Mientras con una mano se masturbaba, con la otra no dejaba de darle caladas al canuto. Ya se le había pasado el ataque de tos. Era una imagen curiosa. Al menos, pensé, se estaba por fin sociabilizando, aunque fuera en plan exhibicionista y hubiera tenido que recurrir a las drogas para ello.

Intenté pensar, pero en mi mente solo se acumulaban ideas muy vagas. Debido a los porros, estaba aún más aturdida que antes. Por desgracia, mi excitación no se había calmado, más bien todo lo contrario. Me sentía enormemente desinhibida y masturbar a mi vecino me pareció incluso más divertido que asqueroso. Me lo tomé como un juego.

Me agaché para recoger la toalla y la estiré a los pies del gordo. Me arrodillé ante él y, para poder evitar su orondo estómago, me tuve que poner en pompa. Sustituí la mano con la que Amador se la estaba meneando. Escuché los vítores de Adrián y Mateo, que me hicieron sonreír. La verga estaba completamente erecta y aún así únicamente pude masturbarlo usando un par de dedos. Los testículos, recubiertos por una bolsa escrotal encogida de piel arrugada, abultaban más que el pequeño pene. Oí los gemidos de mi vecino y supuse que no aguantaría mucho más.

De repente sentí el fuerte manotazo que uno de los otros dos mocosos me dio en una de las posaderas. Quien fuera se había pasado. El dolor me hizo soltar el pito de Amador. Me giré para delatar a mi agresor. Era Mateo, que me subió de golpe la falda y comenzó a acariciarme la nalga dolorida. Aunque el malestar inicial se convirtió en auténtico placer físico al sentir el alivio de sus delicadas caricias, no me pareció bien lo que estaba haciendo.

Iba a recriminarle su actitud cuando contemplé a Adrián deshaciéndose de los pantalones. El pijo me sonreía mientras me mostraba su verga, de nuevo completamente rígida. Me embobé unos segundos observándolo, tiempo que el macarra aprovechó para retirar la tela de mis braguitas a un costado y, por primera vez, acceder a mi raja. Deslizó uno de sus dedos por mis lubricados labios vaginales hasta llegar al clítoris. Lo rodeó, para finalmente ejercer una leve presión sobre mi botoncito, desatando una ola de placer. Me di de bruces contra el suelo. No me había corrido, pero si el niñato seguía acariciándome se me escaparía el pipi de gusto.

-Tengo que ir al baño – repuse casi jadeando.

Me excusé para escapar de aquel cuarto en el que la tentación era cada vez mayor. De camino al lavabo sentí lo mucho que me picaba el coño. Me estaba meando y no había dejado de lubricar debido al tonteo con los críos.

Al bajarme las bragas pude comprobar el viscoso líquido blanquecino que me las había empapado. Me pasé un dedo por la vagina para evidenciar que la tenía calada. Ese simple roce me produjo una explosión de placer, que se alargó durante el rato que estuve miccionando.

Mis pensamientos no me ayudaban a aplacar mis ganas de sexo. Quería polla. Los tres niñatos ya no me servían de nada. No podía seguir jugando con ellos para calentarme sin que ocurriera algo que no pudiera controlar. Decidí que era el momento de marcharme definitivamente. Volví a pensar en Fermín, en su atlético cuerpo y… ¿qué hacía la magnífica polla de Mateo entre las piernas de mi hombre? No pude evitar sonreír, maldiciendo a mi juguetona imaginación.

Salí del cuarto de baño más calmada. No pensaba volver a la habitación de Amador. Me dirigí al salón para recoger el bolso y marcharme sin despedirme. Pero los tres muchachos me sorprendieron esperándome en el salón. ¡Y estaban completamente desnudos! Adrián seguía con su permanente erección. “Bravo por ti, chaval”. Mateo, que sin duda era el más experto del trío, tenía la polla flácida y aún así se veía muy, pero que muy apetecible. Amador estaba más alejado y, a pesar de no tener ni una sola dioptría, no era capaz de verle el pene a esa distancia.

-¿Ya te has dado un agua? – inquirió Adrián.

No me gustó nada esa pregunta. Al parecer los chicos se habían hecho una idea equivocada de mi visita al baño.

-¿Un agua para qué? – respondí haciéndome la tonta, queriendo salir del paso.

-Para follar – soltó el pijo.

Me invadió un terrible sentimiento de culpa. En otras circunstancias me lo habría tirado con mucho gusto. Debía confesar que me lo había pasado realmente bien en la fiesta, pero estaba comprometida y ya había jugado demasiado al límite.

-Escuchad, lo hemos pasado bien, muy bien – remarqué – Pero, ¿qué os pensabais? ¿De verdad creíais que ibais a acostaros conmigo? No sois más que unos críos.

Amador no pareció sorprendido por mi reacción. El acomplejado veinteañero ya debía tener claro el sermón que les estaba soltado. Sin embargo, Adrián sí parecía afectado. El guapísimo pijo realmente debía haber tenido la esperanza de echar un polvo conmigo. El que parecía impasible era Mateo.

-Yo creo que no deberías irte con el calentón que llevas encima. Déjame que te haga un cunnilingus y te vas servida.

El macarra me hizo reír. Sabía de lo que hablaba. Solo pensar en que me comieran el coño hizo que sintiera mis humedades encharcándome las bragas.

-Lo siento. Ya os he dicho que nada de tocarme – me resistía a la tentación.

-Está bien – Mateo fue comprensivo – Pero termina de hacerle la paja al gordo por lo menos.

El greñudo me tocó la fibra. Realmente tenía razón. Había dejado a medias a mi vecino y me sabía mal que se quedara con las ganas. Acepté la propuesta, decidiendo que sería lo último que haría antes de marcharme a casa a follar con Fermín. Al fin y al cabo, no creía que el hijo de Jacinto tuviera mucho aguante.

Me acerqué al chico gordo, parecía que el pequeño miembro se le había encogido aún más. Le acaricié las pelotillas, sintiendo cómo se le erizaba la piel de la bola escrotal. Poco a poco, la verguita fue asomando, hasta que se le puso completamente tiesa. Mientras lo masturbaba usando un par de dedos de la mano derecha, los otros dos invitados me rodearon.

La polla de Adrián, completamente erguida, me desafiaba apuntándome a la cara. Pero lo que más llamaba mi atención era el enorme falo de Mateo, que se tambaleaba colgando entre sus piernas. Le miré a la cara, le sonreí y me devolvió la sonrisa con el mismo aire chulesco que llevaba irradiando durante toda la fiesta. Volví a fijarme en la enorme polla del macarra. Aún estando flácida era mucho más grande que el pene empalmado de Amador. Me imaginé cómo sería comparar ambos miembros en su máximo esplendor y no pude evitar reírme.

-¿De qué te ríes? – me preguntó el pijo.

-De nada – me aguanté la risa, sin dejar de sonreír.

Sin pensar demasiado, alargué la mano libre para comenzar a sobar la entrepierna del greñudo. Como no quería que mi vecino se corriera antes de poder comparar ambas vergas, deslicé mi mano derecha hacia la polla del rubito, que me lo agradeció con un sonoro gemido.

El miembro de Mateo se iba endureciendo poco a poco. Adrián, que mantenía una extraordinaria rigidez en su miembro duro como el acero, parecía tener más aguante que la primera vez que lo masturbé. Observé el miedo incrustado en el rostro de mi vecino, así que decidí tranquilizarlo.

-No te preocupes, que no he acabado contigo.

Le guiñé un ojo y temí que me eyaculara encima. El feo, sin tocarse, empezó a temblar. Al parecer le había gustado demasiado mi cariñoso gesto. Por suerte, se contuvo.

Me estaba costando que el enorme rabo del macarra se endureciera por completo. Opté por echar mano de mis mejores artes y volví a hacerle una mamada. El rubio, celoso, se quejó. Y yo pensé que con razón. Decidí tratar a ambos por igual y giré el rostro para chuparle la verga a Adrián. Alternativamente fue comiéndome ambas pollas hasta que el pijo comenzó a estremecerse.

Yo ya estaba desatada y, ansiosa por darle todo el placer posible al guapísimo invitado, me dediqué a masturbarlo sin dejar de succionarle el glande. El chico comenzó a sollozar, incapaz de aguantar ni un segundo más. Sentí el caliente semen del primer brote depositándose en mi lengua. El esperma salió poco a poco, igual que cuando eyaculó haciéndole la paja. Saboreé su verga, ya casi flácida, exprimiéndole hasta la última gota de leche. Finalmente el veinteañero, convulsionándose, perdió el equilibro, trastabillándose y cayendo sobre el sofá. Lo miré divertida antes de tragarme la lefa. No es algo que soliera hacer, pero tampoco le hacía demasiados ascos.

Me giré hacia Mateo. Ya tenía la polla casi lista. No había dejado de acariciársela y tuve la sensación de que le había gustado verme tragándome el esperma de su amigo, pues había sido entonces cuando alcanzó su máximo esplendor. Ahora sí, acerqué a Amador y pude comparar ambos sexos.

El macarra, a mi izquierda, tenía un pollón precioso que debía ser como cuatro veces más grande que la de mi vecino gordo y feo que, a mi derecha, tenía una picha ridícula. Pajeé a ambos chicos. Con el primero podía desplazar toda la mano a lo largo de toda su longitud mientras que con el segundo tuve que hacer uso nuevamente de un par de dedos. No pude evitar reír, sin duda, aún bajo los efectos del cannabis.

-¡Madre mía! Es que hay mucha diferencia… - solté entre risas.

Amador pareció tomarse a mal mi burla y se retiró ligeramente.

-Vamos… ¿te has ofendido? – le pregunté con cara de niña mala.

Decidí recompensarle por mi agravio. Me acerqué a él y, agachándome aún más para evitar su voluminoso estómago, dirigí mi boca a su pequeña herramienta para darle un buen lametazo. Pero antes de que pudiera contactar, el mocoso me sorprendió con una violenta ráfaga de semen que chocó contra mi mejilla, rebotando hacia mi frente. Me retiré instintivamente, sorprendida, y vi cómo mi vecino se tambaleaba, completamente exhausto, dejándose caer sobre el sofá en el que se encontraba Adrián.

Sin limpiarme la pegajosa lefa del gordito que se adhería a la piel de mi rostro, volví junto a Mateo. De rodillas, volví a asirle la verga para continuar con la mamada. Si el veinteañero ya había aguantado unos cuantos minutos en la anterior comida de polla, ahora parecía tener aún mayor control sobre su cuerpo. Yo ya tenía la mandíbula dolorida y las manos cansadas. Le acaricié los huevos, pues eso parecía gustarle y, aunque le hacía gemir como una bestia, el semental seguía sin correrse.

El macarra me acarició el rostro con cierto cariño, sacándome una sonrisa. Deslizó su mano por mi cuello, provocándome un estremecimiento tremendamente placentero. Si seguía tocándome me tendría a su merced, muy a mi pesar. La mano se dirigió a mi escote, tal y como me temía, y se coló dentro, en busca de mis senos. Gruñí ligeramente, sin sacarme la verga de la boca, y gesticulé como reprochando la actitud del chico. Pero el melenudo no se dio por aludido y alcanzó su objetivo, volviéndome a bajar la copa del sostén.

Me gustaba demasiado sentir las caricias sobre mi pecho. El chico me atendía con maestría, sobando mi teta y jugando con mi cortante pezón. Aunque no quería que me tocaran, no pude negarme y le dejé hacer. Por suerte, Mateo también estaba disfrutando de los tocamientos y sentí que llegaba la inminente eyaculación.

Recordé que le había gustado verme tragándome el semen de Adrián, así que quise regalarle el mismo gesto. Sin dejar de masturbarlo, dirigí el pollón hacía la entrada de mi boca abierta. Pero no conté con el ímpetu de su corrida. Los primeros chorros de esperma salieron disparados sobre mi cara para juntarse con los restos que aún quedaban de Amador. Sentí cómo el esperma de Mateo, más acuoso, se desplazaba por mi rostro. Tras las primeras ráfagas, las siguientes, más serenas, se precipitaron sobre mis labios y el interior de mi boca. A pesar de todo, la cantidad de lefa acumulada era más que considerable.

El macarra se apartó de mí. Sin duda aguantaba el tipo mucho mejor que los otros dos. Sin dejar de observarlo, jugué un poco con el blanquecino líquido en mi boca, removiéndolo con la lengua. El sabor era mucho más fuerte que el de Adrián. Me fijé en la verga de Mateo, aún la tenía morcillona. Levanté la vista poco a poco, hasta toparme con su mirada. Fue entonces cuando abrí la boca, justo antes de tragarme su corrida. El chico me sonrió complacido y eso me hizo más llevadera la ligeramente desagradable ingesta de tal cantidad de lefa.

Ahora sí. Había terminado todo, al menos con los mocosos. En casa me esperaba la puntilla final. Me recoloqué el sostén y usé la toalla del dueño de la casa para limpiarme el semen de la cara.

-¿Ya te vas? – se inquietó Adrián.

Su tono preocupado siempre me sacaba una sonrisa. Definitivamente ese chaval era adorable. Me hacía sentir anhelada.

-Sí, me esperan en casa – le sonreí con dulzura.

-Si esperas cinco minutos a que se me vuelva a poner dura…

Ahora me hizo reír.

-Lo siento, no tengo cinco minutos.

Me dirigí a mi vecino, que seguía resoplando en el sofá. Me acerqué lo suficiente como para poder susurrarle en el oído algo que no pudieran escuchar los demás.

-Espero que te hayas dado cuenta de una vez… los feos también follan.

Le di un beso en la mejilla y el muchacho sonrió como jamás le había visto hacerlo.

-Si dejas que te invite a una clencha no tendrás que esperar ni cinco minutos para que te echen el polvo de tu vida.

Sonreí por la desfachatez del macarrilla, pero no le contesté. Aunque aceptar la invitación de meterme esa mierda era imposible, sabía que él era el único que podía hacer que me quedara. Pero Mateo me dejó marchar. Sin duda parecía el más maduro de los tres.

-Tú y yo dejamos algo pendiente – fue lo último que me dijo.

Me acerqué a él y me despedí como me apetecía hacerlo. Le planté un apasionado morreo mientras me restregaba, con el mayor disimulo que podía, contra su entrepierna.

De camino a casa miré la hora. Se había hecho más tarde de lo que pensaba. Encontré a Fermín acostado en nuestra cama. Estaba adormilado. Observé su masculino cuerpo. Aún conservaba la trabajada musculatura de su época profesional. Aunque ya venía encendida de casa de nuestro vecino, aún me excité más sabiendo que pronto me follarían.

Me dirigí al cuarto de baño para lavarme la cara, cepillarme los dientes y deshacerme de la ropa, sobre todo de los pantis y las bragas, que podían delatarme. Volví a la habitación y me acosté junto a mi hombre. Comencé a acariciar su fornido cuerpo, aumentando mi libido.

-¿Has venido juguetona? – medio sonrió, abriendo ligeramente uno de los ojos.

-Hazme el amor…

Colé una mano bajo el pantalón de Fermín, topándome con un pene flácido. Se lo magreé y no tardó mucho en empalmarse. Poco a poco se iba espabilando y comencé a sentir cómo me acariciaba. Aún tenía los pezones endurecidos y, cuando comenzó a lamérmelos, no pude evitar gemir.

-Cloe, estás muy caliente – se sorprendió al rozar mi coño y sentir lo lubricada que estaba - ¿Te ha puesto cachonda el gordito? – bromeó.

“Si tú supieras”, pensé. Me puse a horcajadas sobre mi hombre, retirando sus pantalones y liberando una polla normalita. Restregué mi entrepierna por el tronco, humedeciéndolo. Al llegar a la punta, alcé el miembro ligeramente, haciendo que se introdujera lentamente en mi abertura. Gemí. Llevaba demasiado rato deseando que me penetraran.

Cabalgué sobre Fermín con fiereza, soltando toda la adrenalina que había acumulado en la fiesta de cumpleaños de Amador. Los chicos me habían puesto cachondísima y, aunque se habían llevado una gran recompensa, era mi pareja quien se llevaba el premio gordo. Me corrí clavando las uñas sobre el fuerte pecho de mi deportista, que se quejó por la herida que le hice. El resto del polvo se convirtió en un monótono paseo hasta alcanzar el orgasmo masculino. Por suerte no tardó mucho.

Tumbada en la cama, escuchando los ronquidos de Fermín, comencé a recapacitar sobre lo ocurrido. No podía creer que realmente hubiera pasado. Me arrepentí de haberme dejado seducir por unos niñatos. La única culpable era yo por haber tonteado con ellos, aunque estaba segura de que jamás habría dejado que pasara si no hubiera sido por la cantidad de alcohol que había bebido y por los porros que hacía tanto que no probaba. Me sentí fatal por mi pareja y se me humedecieron las pupilas. Cerré los ojos, queriendo olvidar todo lo sucedido, y una lágrima se deslizó por mi mejilla.

Hasta ese día jamás había sido infiel y me esforcé por creer que en esa ocasión tampoco lo había sido. Aunque les había hecho casi de todo a los chicos del cumpleaños, prácticamente no había dejado que ellos me tocaran. Acepté la idea de que no les había hecho nada más que un favor a unos mocosos que no podían ni soñar con que una experimentada treintañera que conservaba todas las virtudes de su antigua profesión de modelo les hiciera una mamada y se dejara magrear como yo lo hice.

A pesar de todo lo ocurrido, quería con toda mi alma a Fermín. Y por eso, desde la fatídica fiesta de cumpleaños, fui completamente fiel, excepto en una ocasión. Tras una fuerte discusión de pareja, me marché de casa enfurecida y no sé cómo acabé en un bar de mala muerte sin saber que Mateo solía frecuentarlo. Mi sorpresa al encontrármelo fue mayúscula. Tras meterme mi primera y única raya de cocaína a la que me invitó el greñudo veinteañero, acabé follando con el niñato de la polla grande en los sucios baños del local. Aquel resultó ser el mejor polvo de mi vida, tal y como el propio veinteañero había vaticinado, y siempre me quedará la duda de si es porque el macarra es todo un semental o porque el efecto que la droga tuvo en mí fue multiplicar por infinito todos mis sentidos.

40 Response to "Los feos también follan"

  1. Anónimo 27 de diciembre de 2014, 15:27
    Muchas gracias por el regalo de Navidad!

    Como siempre una redacción magistral que hace aparecer como espontánea y natural una situación completamente inverosímil en circunstancias "normales".
    Suerte de los invitados porque si no el morbo iba a quedar muy limitado.
    Extrañamente te has contenido y Cloe ha mantenido un último resquicio de resistencia, yo apostaba que sucumbiría ante todas las tentaciones y me ha gustado equivocarme simplemente por ser una variación de historias anteriores.
    Felicidades por el relato y muchos ánimos para seguir publicando muchos más.
    Marta.
  2. @NEOS95 27 de diciembre de 2014, 17:54
    Mmmm déjenme analizar.....naaaa es lo mismo que en todos tus temas, infidelidad, el amor cada vez vale menos, en fin típico de tus relatos.
    Pero........
    Hay 2 cosas que quiero destacar, la primera es que si bien volvió a haber infidelidad, es que Fermín no es aplastado, ni sacudido ni humillado como lo haces normalmente. Otra cosa que destacó es al pobre veinteañero Amador, a ese chico si bien cumplió una fantasía, el futuro que le espera es sumamente triste, por lo menos en cuanto a mujeres respecta.

    Para finalizar diré que es otra historia típica de ti, que aunque me gusta la manera en que la relatas lo que siempre me a molestado es el tema que sueles tomar constantemente "infidelidad" pero bueno eso ya lo sabes, y sigo sin entender porque siempre tocas ese tema, pero en fin, si eso te inspira que más podemos hacer, de igual forma ya sabes que soy gran admirador de tu talento.

    PD.
    Pasa tu Facebook jajaja, claro si se puede, no sabes las ganas que tengo de poder charlar con el hombre que a escrito los relatos más hirientes y con calidad que eh visto, tengo muchas cosas que platicarte pero en fin esa ya es decisión tuya ;)

    PD2.
    Muy feliz Navidad retrasada jajaja, ya en serio te deseo muy feliz año nuevo y que cumplas todos tus objetivos :)
  3. doctorbp 27 de diciembre de 2014, 21:27
    Gracias a ambos por dejar comentario.

    Lo cierto es que este relato ha acabado siendo bastante diferente a lo que tenía en mente en un principio. Ya he dicho en alguna ocasión que los personajes muchas veces encauzan la historia a su manera y, en esta ocasión, Cloe ha conseguido no llegar más lejos.
    Sinceramente pensé que ese sería el mayor reproche de vosotros, los lectores. De momento no ha sido el caso, pero veremos el resto, a los que animo a que dejen su opinión sobre el texto.
    También debo confesar que me he visto influenciado por algunos de los últimos comentarios en los que se me reprochaba que la protagonista sucumbía demasiado rápido. En broma respondí que la próxima vez haría que la mujer se resistiera tanto que al final no pasaría nada. Bien, pues algo de eso también ha influido en el relato jaja

    Bueno, Marta, ¿te ha parecido morbosa al menos la parte de Adrián y Mateo?

    @NEOS95, a veces creo que te contradices :P ¿Cómo pueden gustarte tanto mis relatos si no puedes con la infidelidad? Ya te advertí que esa temática iba a ser la más habitual en mis relatos.

    Efectivamente, en este relato Fermín no sale tan mal parado. Su sufrimiento se lo he pasado a Amador. Ciertamente no soy capaz de escribir sin que nadie salga escaldado jajaja

    Por último, tienes varias formas de contactar conmigo: email (doctorbp@rocketmail.com), twitter (twitter.com/doctorbpblog) e incluso facebook (www.facebook.com/doctorbpblog), todas ellas accesibles desde el blog. Ahora actualizaré la página de Contact para añadir el Twitter y la página de Facebook.

    Igualmente, feliz año nuevo a todos. Mi deseo es que no dejéis de leerme y participar en el blog :)
  4. Anónimo 27 de diciembre de 2014, 23:54
    Buenas Doctor. Muchas gracias por tu nuevo relato y por haberlo adelantado pq debes saber que siempre lo esperamos como agua de mayo. Es un pequeño trozo de ilusión que tenemos cada mes.

    Y ahora al lio, yo soy de los que te digo siempre que la protagonista sucumbe con extrema facilidad y en este relato no te voy a decir lo contrario... cae con extrema facilidad de nuevo y me he vuelto a decepcionar. Independientemente de que se la follen o no, que tampoco me ha molestado que no lo hagan, ha sido algo novedoso, es infiel con mucha facildad... un par de juegos de adolescentes y ale, ya esta la tia con la polla en la boca. Ejemplo de resisitirse lo encontramos claramente en "Noche descontrolada", eso es resistirse y el final caer pq ya no la quedan mas fuerzas de resistencia. Y ademas a este relato le voy a añadir otra crítica jejeje por ser Navidad, no has descrito nada ni la lencería ni el cuerpo de la chica y eso gusta mucho.

    Por otro lado no entiendo lo de Neos95, DoctorBP y la infidelidad van de la mano, supongo que si cambiase la temática a los que nos defraudaría sería a todos sus seguidores que si le admiramos es precisamente por eso, por relatos de infidelidad con tias jovenes y buenorras.

    Y Doc decirte que mis criticas son totalmente desde el cariño pq me considero tu fan nº1.

    Feliz año a todos de nuevo!!!



    P.D. Doc, y un relato express de infidelidad con un familiar en la cena de nochevieja? Ese casi sale solo. Que si el tio con la novia del sobrino o algo de eso... lo imagino y puede salir algo muy bueno.
  5. Anónimo 28 de diciembre de 2014, 15:33
    Eso, eso!!! Sí! Voto a favor del relato exprés!
    :-)
    Marta
  6. Anónimo 28 de diciembre de 2014, 15:41
    Respecto si la situación con Adrián y Mateo me ha parecido morbosa. Ahí está la magia de tu prosa, q algo que a priori de morboso tiene entre poco y nada (fiesta forzada con jovenzuelos desconocidos) acaba de manera completamente diferente e incluso morboso cuando leyendo te pones en situación.
    El día que te lo propongas conseguirías hacer parecer morbosa incluso una visita a la pescadería! (No, por favor, no te lo tomes como un reto).
    Marta
  7. Anónimo 28 de diciembre de 2014, 23:39
    Creo que tres de nosotros vamos a tener que corregir nuestros comentarios sobre que Cloe no cae. ¿Qué pasa acaso con el último párrafo? ;-p
    Pim pam pum, ni prosa, ni decoración, ni nada. Rabieta, bar, raya y en la siguiente escena está follando en el baño.
    No es que me haya disgustado, qué va, es como que se fue caliente la otra vez (nos había quedado claro que sí ) y que aquí en este segundo encuentro no hacía falta mucho para que cayera. Me sobra la raya y el comentario final al respecto, hubiera preferido que quedase claro que simplemente encontrándose con Mateo ya se dispararía toda la libido que tuvo q contener al marchar de la fiesta.
    Marta
  8. Anónimo 29 de diciembre de 2014, 2:18
    Apoyo 100% el relato exprés
  9. doctorbp 29 de diciembre de 2014, 13:39
    ¡Jo! Estoy hundido en la miseria. Creía que las críticas a este relato se centrarían en que Cloe no cayera del todo (bueno, menos al final como bien apuntas, Marta, mas luego comento eso), pero pensaba que os gustaría que el personaje femenino se resistiera. Y yo creo que lo hace, pero no he sabido transmitirlo correctamente.
    De hecho ella, en principio, se niega a todo lo que ocurre y si no fuera por el alcohol no dejaría que nada de eso pasara. Después de la primera paja y mamada es cierto que se unen más cosas como el morbo de seguir jugando para calentarse y, sobre todo, los porros que permiten que Amador también pueda participar.
    Insisto, fallo mío por no saber hacerlo lo suficientemente bien como para que os guste.

    Sobre las descripciones físicas del personaje femenino... hay relatos en los que las uso y otros en los que no. Aquí digo que era modelo y el resto lo dejo a vuestra imaginación. Doy pinceladas para que sepáis que está buena (la ropa que lleva, que los tres veinteañeros babeen por ella, etc.) y ya está.

    jajaja lo del relato exprés va a ser que no. He empezado una nueva historia, pero os aseguro que no escribo un relato en dos días. Inspiración, tiempo, ganas, cambios, repasos... es un proceso relativamente complejo que para nada puede ser exprés.
    Por cierto, ya sé que tengo pendiente la historia navideña... a ver si el año que viene :P

    Marta, es que a mí lo que me parece morboso precisamente es intentar hacer verosímil una situación que, a priori, no parece muy real. Así son la mayoría de mis relatos.
    Contar cómo follan un tío bueno y una tía buena, ambos solteros y en busca de sexo, después de una noche de fiesta, cosa que pasa miles de veces cada fin de semana, pues no me atrae nada, la verdad.
    Ahora bien, conseguir que el pescadero gordo y sudoroso se tire a la chica más guapa del mercado, eso mola :D

    Respecto al final... igual nadie dice nada porque no llegan a esa parte del relato jajajaja Si es porque os habéis corrido antes, os lo perdono :P
    El motivo por el que no alargo esa parte y la narro condensada en un párrafo es para no darle mayor importancia. De hecho este era un relato para Amador, pero los otros personajes, sobre todo Mateo, le han ganado protagonismo.
    De todos modos, que esa parte esté condensada no quiere decir que fuera un aquí te pillo, aquí te mato. De hecho, aunque no se diga en ningún sitio, Cloe se resiste mucho, pero está enfadada con Fermín y, finalmente, después de que Mateo la consolara e insistiera, prueba su primera raya de cocaína. Y es la droga la que provoca que acabe cayendo sexualmente hablando. De hecho es algo similar a lo que ocurre en la fiesta de cumpleaños de Amador.

    No quiero dejar de comentar sin dar las gracias a Caprix por su ayuda dándome consejos para este relato. Me alegro que te haya gustado. Si te apetece, puedes pasarte por aquí y dejarme un comentario :)
  10. Caprix 29 de diciembre de 2014, 14:43
    Hola Doctorbp

    Ya te he comentado un poco por email, pero ahora vistos los comentarios me he dado cuenta de lo siguiente:

    Digamos que entiendo a las dos partes. Entiendo al escritor y entiendo a quienes comentan que la chica cae demasiado rápido. Desde el punto de vista del escritor y por ende de la protagonista, ella ni si quiera llega a sucumbir. Pero desde el punto de vista de muchos lectores, hacer una paja y ya no digamos sexo oral ya es sucumbir, y, que después haya sexo explícito o deje de haberlo ya es una cuestión secundaria e incluso sin demasiado morbo.
    Entiendo ambas partes. Hay lectores que el hecho de que la chica se de un beso ya les parece una caída por lo que en el minuto 10 del relato, cuando se ponen con el juego de la botella ,ahí les desaparece el morbo.

    Entiendo que haya quien prefiera que la chica ni se bese, si acaso se deje sobar un poco, que esa parte dure el 70% del relato, y que después cuando caiga caiga (poco a poco) pero con todo el equipo.

    Desde mi punto de vista este el tema controvertido del relato.

  11. Anónimo 29 de diciembre de 2014, 15:39
    Pese a la negativa de Doc apoyo de nuevo el relato exprés. Estilo partida rápida de ajedrez. Idea, redacción y a ver qué sale. Evidentemente tiene que ser mucho más corto.
    Tú puedes Doc!!!
    Marta
  12. Anónimo 29 de diciembre de 2014, 15:45
    Ey, que yo con la visita a la pescadería me refería a mostrar como morbosos los pescados en sí, jajaja, no al pescadero!
    Marta
  13. @NEOS95 29 de diciembre de 2014, 17:40
    Jajaja ok comentaré lo siguiente

    Doctorbp: se que ya eh dejado más que claro que odio las infidelidades, pero la razón por la que te sigo leyendo es por tu enorme calidad con la que narras, si bien las tramas que tocas de cierto punto me molestan e hieren, soy lo suficientemente crítico como para reconocer tu enorme talento y calidad narrativa.
    Con respecto a cambiar de temática la verdad eso me haría muy feliz, se que se te conoce por los relatos de infidelidad, pero me gustaría verte atreverte a tocar más temas, no soy tu fan por los temas que tocas, de echo los odio, pero como dije al principio, si te sigo es por la calidad de tus relatos, tienen demasiada calidad, si estos de infidelidad me los leo aún cuando se que me doleran, imagina uno que toque otro tipo de temas, pfff hasta un altar te pongo jajaja
    Para finalizar y que quede bien claro lo que digo, digamos que tus relatos son sangre, y yo soy un vampiro alérgico a la sangre, necesito y me gusta la sangre, pero eso no cambia que me dejen de hacer daño. Algo así me pasa con tus relatos :D

    Saludos desde México :)
  14. Anónimo 30 de diciembre de 2014, 9:40
    Buenos dias Doc, Caprix da en el clavo. Para nosotros o por lo menos para mi paja, mamada o beso ya es caer psicologicamente, ya entrega la cuchara. Te compro lo que has puesto de si no es por el alcohol y los porros... pues bien, quizá eso es lo que sobre, que caiga sin alcohol ni porros, que caiga por si misma pq esta ardiendo como el Windsor y ya no puede decir que no.

    Un saludo.

  15. doctorbp 30 de diciembre de 2014, 14:11
    Estoy de acuerdo en que al hacer sexo oral la protagonista cae (no tanto al besarse puesto que se lo toma como parte del juego, como haciéndoles un favor a los chicos y siempre bajo los efectos del alcohol). Pero para que eso ocurra ha tenido que pasar antes: alcohol, juegos, miraditas, insinuaciones, besos, magreos... La diferencia principal con "Noche descontrolada" es que todo eso ocurre durante toda la noche puesto que el tío no está continuamente encima de ella mientras que aquí todo ocurre seguido puesto que Adrián y Mateo están todo el rato asediando a Cloe.
    El hecho de que finalmente no haya penetración es para demostrar que ella, aunque ya haya caído realmente al hacer todo lo que hace, en realidad está en continua lucha para intentar evitarlo.
    Pero insisto en que es culpa mía no haber sabido transmitirlo. Y que no parezca lo contrario: me alegra que me indiquéis esta o cualquier otra cosa respecto a los relatos.

    Supongo que la clave, como bien dice el último comentario, la ha dado Caprix. Si hubiera alargado la fase previa a la paja y mamada iniciales a Adrián y Mateo respectivamente y hubiera quitado el alcohol y las drogas para después narrar un polvo, supongo que habría tenido mayor aceptación. Pero entonces sería otro relato jajaja

    Vale, Marta, los pescados... ¡me lo apunto! xD

    @NEOS95, ya te lo he dicho por facebook, pero insisto: aunque me sobrevaloras en exceso, te agradezco un montón tus elogios. Ya lo sabes.
  16. Anónimo 2 de enero de 2015, 16:54
    Qué bueno! "Que caiga por si misma pq está ardiendo como el Windsor", me encanta, no la había oído nunca.
    :-D
  17. Anónimo 2 de enero de 2015, 17:33
    Reyes! Reyes! Que sea un regalo de Reyes!
    :-D
    Marta
  18. Straccia Tella 2 de enero de 2015, 19:14
    Hola, feliz 2015!!!

    Muchas gracias por otro relato!! A mi me ha gustado el relato y soy de las que cree que Cloe ha caído, y si no fuera así, no tendría su momento lagrimilla en la cama. Pero bueno, que me parece muy bueno el relato.

    Lo único que la situación del cumpleaños me parece muy forzada. Supongo que debe ser difícil crear una situación en la que haya una treintañera con tres veinteañeros tan diferentes (un superfrikazo, un pijo y un macarra). Pero me cuesta imaginar que se llegue a dar una fiesta de cumpleaños así.

    Pero una vez ubicados los personajes y aceptando que es una fiesta posible, a mi me ha gustado mucho.

    PD: Así me gusta!! No cedas y caigas en los relatos express que lo bueno se hace esperar!! ;P

  19. doctorbp 3 de enero de 2015, 15:16
    Straccia! Feliz año!

    Sí, sí, yo también digo que Cloe cae, aunque con los matices expuestos anteriormente.
    ¿Qué sería de mis relatos sin momento lagrimilla en la cama? jajaja me ha gustado tu frase.

    He de confesar que, aunque no he entrado mucho en la personalidad de Jacinto, tenía en mente narrar que él lo había maquinado todo para que su hijo perdiera la virginidad o incluso para él participar también en la fiesta de cumpleaños.
    Finalmente deseché esa opción, pero algo de esa idea está presente para justificar la situación surrealista de los integrantes tan dispares de la fiesta.

    Me alegro de que finalmente te gustara :)

    Sí, sí, yo impasible. Es que aunque quiera, me resulta imposible escribir algo exprés. Lo siento mucho.
  20. Miru Jaca 4 de enero de 2015, 4:23
    Me ha gustado bastante el relato, aunque está lejos de tus mejores.

    Coincido con casi todo lo que se ha dicho, aunque voy a hacer una crítica adicional: no me ha gustado el engaño del título. Conforme avanzaba la historia me preguntaba cómo te las ingeniarías para que Amador follara con Cloe, y al final el título se ha quedado en una frase que le ha dicho (sin mucho sentido, por otra parte).

    Por cierto, he llegado a pensar que, hacia el final del relato, Fermín estaría demasiado cansado como para "rendir" y Cloe bajaría otra vez a bajarse el calentón con Mateo. xD
  21. ChTR 4 de enero de 2015, 17:14
    ¿Cómo carajo lo haces? Es solo la sinopsis y ya tengo una erección en ciernes xD
    Y luego está el parecido a Jabba the Hutt, tú siempre bordando fino con el erotismo xD

    El juego de las confesiones no lo conozco pero me parece muy divertido. Y el momento del sofá es muy morboso con ella rodeada de los chicos, cada uno atacando a su manera.

    Lo del chico Jabba es tan penoso y asqueroso que me cortaba todo el rollo, realmente te felicito porque con un simple beso logras transmitir ya sea morbo (con los colegas) o repulsión (el caso de Amador). Y el trato que le has dado a los otros dos chicos es algo sencillo pero efectivo, un chico estilo muñeco "ken" y el otro más revoltoso, que van a por el mismo objetivo.

    Lo único que me ha parecido curioso es que todo ha sucedido en una sola noche, cuando de ti suelo esperar todo un desarrollo que se estira por semanas y semanas incluso, con mucha carga emocional y mucho "ajetreo" mental, pero lo doy por bueno porque el alcohol habré hecho de las suyas para recortar el trecho.

    A decir verdad, recuerdo muy pocos relatos de sexo oral tan trabajado como el tuyo. Los que recuerdo tiran por las anécdotas sencillas y un tratamiento más simple aún de los personajes. Así que enhorabuena.
  22. Anónimo 5 de enero de 2015, 6:00
    A mi el relato me ha dejado un poco en tierra ambigua, en parte porque cada vez que Amador está en escena el morbo se tiñe de lástima. Estoy de acuerdo con que ella cae muy rápido, no tanto por cómo se desarrolla, sino por cómo empieza: pasa de cero/asco/tedio, a beberse una copa, estar dispuesta a jugar a la botella en pocos párrafos. Hasta ahí va todo demasiado acelerado para una chica que tiene cierta cabeza, edad y experiencia y que se siente incómoda y aburrida. Si sumamos la parte de cómo se organiza la fiesta (sin demasiado sentido) todo es demasiado forzado. A partir de ahí ella si que comienza a poner frenos y la historia tiene más sentido y coherencia, pero el arranque es tan rápido y forzado que trunca un poco la credibilidad pese a la excelente redacción.

    Por otro lado, le sobraba el final. La historia es "ella logra resistirse", meter en un párrafo de pronto un giro de guión de ese calibre, con tan poco trabajo y explicación resulta demasiado fuera de lugar. Casi parece que es intrascendente que ella cambie por completo de personalidad/planes. Hubiera debido ser una segunda parte o, en mi opinión, no haber existido y dejar que, por una vez, ella sea relativamente fiel.

    Pero, con todo esto dicho, no negaré que el relato me ha gustado bastante y consigues mantener la tensión y el interés a lo largo de todo el mismo.

    Requiem
  23. doctorbp 5 de enero de 2015, 20:58
    Muy agradecido por los últimos comentarios!

    Miru Jaca, confieso que la idea inicial era que Amador follara con Cloe, de ahí el título. Pero como ya dije, los personajes actuaron por sí mismos y la ideal inicial cambió. No obstante quise mantener el título por varios motivos: porque me gustaba, porque daba juego para mantener la intriga (perdonad si lo consideráis un engaño) y porque es un recurso que ya he utilizado en anteriores relatos ("Sin tetas no hay trabajo" también es una frase que dice uno de los personajes dentro de la historia).
    ¿Que la frase es forzada? Bueno, tal vez, pero no le pidamos mucho a Cloe, que estaba borracha, drogada y excitada :P

    Vieri, tú siempre tienes buenas palabras para todo jajaja

    Si ves la serie "The walking dead", hay un capítulo en el que juegan a ese juego. De ahí me vino la idea.

    Bueno, tengo relatos que duran varios años (vuelvo a poner de ejemplo "Sin tetas no hay trabajo") y otros que también transcurren en una sola noche ("Noche descontrolada").

    Entonces, ¿me lo apruebas como relato de "Sexo oral"? :P

    Requiem, digamos que quise jugar precisamente con esa mezcla para que todo fuera creíble. Parece que ha sido lo contrario jajaja
    Es decir, quería hacer ver que Cloe estaba tan aburrida que se ponía a beber más de la cuenta a pesar de ser consciente de que no debía. La idea muy rápida es: empieza a beber visto el panorama inicial, acepta jugar al primer juego porque está muy aburrida aunque se trate de seguir bebiendo. Acepta cambiar al segundo juego porque le parece más divertido, aunque aún deba seguir bebiendo. Cuando llega el juego de la botella realmente ya ha bebido demasiado y es cuando empieza a hacer cosas que no puede controlar.
    Esa era la idea :P

    Sobre la maquinación de la fiesta ya comenté los motivos. Jacinto es el responsable y, tal vez, debí entrar más en los motivos por los que organiza ese cumpleaños tan surrealista.
    Ella acepta simplemente por dinero. Mil euros por asistir a la fiesta de su vecino freaky no está nada mal.

    Sobre el final... quería que eso sucediera en la historia. ¿Podría haber sido otro relato? Pues sí, y de hecho me lo planteé, pero tampoco quería hacer una serie así que decidí narrarlo al final, en un simple párrafo, para no darle importancia dentro de la historia, pero queriendo dejar constancia de que eso es lo que ocurre en realidad.
    Si no ha gustado está claro que me equivoqué.

    Insisto en daros las gracias a todos los que habéis dejado comentario y me alegro que el relato, más o menos, haya gustado.
  24. Miru Jaca 5 de enero de 2015, 21:33
    Yo el juego del "Yo nunca" también lo conocí gracias a una serie (LOST), curiosamente, aunque en mi entorno es bastante popular, lo he jugado varias veces. Y por cierto, aunque supongo que cada grupo de amigos jugará de una forma, en la versión que yo siempre he visto no es necesario que el que dice "Yo nunca..." nunca haya hecho lo que dice a continuación (la vez que juegan en LOST, por ejemplo, solo juegan dos personas y en más de una ocasión beben ambas en el mismo turno).
  25. doctorbp 5 de enero de 2015, 23:15
    ¡Tienes razón! Kate y Sawyer :D
  26. Anónimo 8 de enero de 2015, 4:48
    En mi grupo también hemos jugado bastantes veces, pero con unas reglas ligeramente diferentes. Principalmente, que cuando el que propone dice algo, bebe siempre, de modo que es el único que nadie sabe si lo ha hecho o no. No se por qué jugamos así, la verdad, xD

    Requiem
  27. doctorbp 11 de enero de 2015, 23:39
    ¿Tal vez porque de ese modo puede proponer lo más bestia que se le ocurra puteando a los demás impunemente? :P
  28. Anónimo 18 de enero de 2015, 19:07
    Para cuando el siguiente mas o menos, Doc?
  29. doctorbp 18 de enero de 2015, 20:51
    Por unos u otros motivos he estado bastante alejado de los relatos desde Navidad. A ver si la semana que viene retomo el relato que ya tengo empezado. Imposible saber para cuándo estará. Lo siento.
  30. Anónimo 18 de enero de 2015, 20:53
    Gracias de todos modos, crack!!! Es lo que tiene estar deseando leer uno nuevo : )
  31. Anónimo 20 de enero de 2015, 0:19
    Hola, Doctor!

    Gracias por el relato, pero me ha parecido muy similar a tus relatos anteriores.

    Algo que me pareció muy molesto durante el relato fue lo de los muchachos esos. Era algo muy forzado y repetitivo. A la misma vez, muy esperable: Es algo extremadamente recurrente en tus relatos. Al final se vuelve molesto. Tener a los típicos tíos que son unos pesados y que al final terminan follandose a la tía. Aburrido. Creo que la historia tenía muchisimo potencial pero al final se ha visto empañada con la participación de los personajes de siempre. Hubiera sido mucho mejor darle más espacio a amador y no hacerlo parecer tan miserable. Los vecinos al final caen mal.

    Espero que siguas escribiendo y que podamos ver algo nuevo en tus relatos. Porque se verdad son buenos!
  32. Seguidor 22 de enero de 2015, 22:01
    Hola Doc, qué tal?

    Gracias otra vez por darnos un relato!

    No sabía bien como escribir este comentario, ya que no quería que sonara mal, pero qué lo hiciste al pobre Amador!!!??? Era un personaje que tenía muchisimo potencial! Me habia animado mucho al empezar a leer el relato, pero a decir verdad, para el final ya casi no quería seguir leyendo.Amador era el personaje perfecto a explotar! También estaba el papá del chaval que sonaba interesante! Pero esos chicos no pintaban para nada ahí. Los dos vecinos me parecieron totalmente forzados y repetitivos. Para eso me leía tus relatos más antiguios! Me da un poco de pena al saber que ya has descrito a Amador de la forma que lo hiciste, porque tenia para mucho!

    Con respecto a la infidelidad, concuerdo en que es tu tema y no tienes porque cambiarlo, pero quizá sería una buena idea jugar con una infidelidad diferente, donde se mezclan sentimientos, o no tan consentida.Algo que nos de novedad. Por ejemplo, esta historia estaba perfecta para mostrar una infidelidad más compleja, que involucre sentimientos quizá!


    Saludos y espero ansioso tu próximo relato en donde nos vuelvas a dejar a todos boquiabiertos!
  33. doctorbp 24 de enero de 2015, 1:07
    Hola!

    Sobre el comentario anónimo... ahora mismo, en el foro TRovadores, lugar en el que suelo participar, hay un hilo abierto sobre el sello personal de cada uno de los autores que escribimos relatos eróticos. Yo, medio en broma medio en serio, dije que soy el autor de las pollas grandes. Y de las tías perfectas, pero sobre todo de tías perfectas a las que les gustan las pollas grandes. Entre otras cosas.
    Tal vez sea un defecto para unos y una virtud para otros, pero sí, he de reconocer que mis relatos son bastante parecidos en muchos aspectos los unos a los otros.
    Cuando comencé a escribir, fue para plasmar las historias que me hubiera gustado encontrar cuando era lector. Así que se podría decir que, en cierto modo, escribo para mí mismo. Supongo que esa es la razón por la que muchos de mis relatos siguen pautas similares, porque es lo que me gustaría leer y, por tanto, lo que me gusta escribir.
    No obstante, no negaré que sería bueno que cambiara registros de vez en cuando. De hecho, así ha sido en alguna que otra ocasión.
    En cualquier caso, lamento muchísimo que no te haya gustado el relato y que te haya parecido aburrido. Y te agradezco un montón que, aún así, me hayas dejado un comentario para decírmelo :)
    Termino diciendo que, aunque no sé cómo quedará finalmente, el relato que tengo empezado será algo bastante distinto a lo que suelo escribir habitualmente.

    Seguidor, muchas gracias por el comentario. De verdad que los agradezco aunque no sean positivos. De hecho, es meritorio que comentéis cuando no os ha gustado.

    Tal vez tengáis razón y desaproveché el potencial de un personaje como Amador. Mi idea inicial era darle más peso, pero como ya comenté, al incluir a los otros dos personajes, le comieron la tostada. Incluso la posibilidad de hacer participar al padre también pasó por mi mente.

    ¿Infidelidad con sentimientos? ¿Te refieres a algo más romanticón? ¿Una infidelidad inevitable debido al amor en vez de a un calentón? ¡Uf! La verdad es que mi vena romántica no está muy allá y me costaría narrar una historia de ese estilo.

    Muchas gracias a todos por los comentarios. Aprovecho para decir que estoy pasando por una época un poco convulsa en la que tengo poco tiempo para escribir y que el próximo relato igual demora algo más que de costumbre. Lo siento mucho.
  34. Andrea p 25 de enero de 2015, 0:07
    Hola doctorBp

    EStuve leyendo bastante sobre tus relatos y me he interesado por tu material, estoy planeando crear una plataforma erotica web en donde escritores de distintos blog puedan poner sus relatos. De esta manera lograriamos tener un publico que visite un lugar y acceda a una multiplicidad de estilos eroticos, a su vez esto generaria publicidad para tu blog y mayor cantidad de gente que hasta ahora no te conoce visitaria. La pagina es www.laescort.cl, ahi crearemos un blog con autoria y nos complaceria muchisimo que participaras.

    Saludos cordiales !

    contacto.laescort@gmail.com
  35. Moonlight 30 de enero de 2015, 21:32
    ¿Así que te puedo insultar...? Vaya, vaya,.. Pues mira que no sé qué insulto decirte, capullo?

    Bueno, pues a mí me ha gustado mucho y quizás haya sido porque al final la chica no folla a los yogurines, ya que, precisamente, eso es lo que espera el lector y lo más típico en este tipo de relatos.

    No me he leído todos los comentarios porque solo me quedan 13 minutos de autonomía y desde donde estoy ahora no me puedo enchufar, pero sobre lo de caer o no caer, lanzo una pregunta: ¿caer en qué? ¿En el fornicio? Vamos, le sobra tiempo para despertar a Fermín y tirárselo, solo tenía que ir a su piso. ¿Caer en la tentación de montárselo con los muchachos? Vamos, ella no se ha estado quietecita. Para mí, la única diferencia entre sexo oral y sexo vaginal, es el orificio.

    Un beso. Sonia.
  36. doctorbp 31 de enero de 2015, 20:08
    Hola Andrea,

    estaría bien que para propuestas de este tipo contactaras conmigo en privado para no generar spam en el blog :)

    Moon, cómo me gusta que vengas a insultarme por aquí xD
    Lo cierto es que esta historia acaba de una forma muy distinta a como tenía pensada. Es posiblemente uno de los relatos que más se me ha descontrolado en ese aspecto. Supongo que mi falta de método a la hora de escribir tiene mucho que ver en eso.
  37. Anónimo 22 de febrero de 2015, 12:14
    Doc te estas volviendo un poco vaguete??? XDDDD Jajajaja que no que es con cariño, son las ganas de leer ya un raleto tuyo!!! : ))))))
  38. doctorbp 25 de febrero de 2015, 0:09
    Hola!

    Buf! Es que me falta tiempo! Ya avisé hace más de un año que mi ritmo de publicación bajaría y aún pude publicar una media de un relato cada dos meses.

    Puedo decir que tengo muy avanzado un relato y que, cuando lo termine, me pondré con una nueva edición del Ejercicio. En esta ocasión el tema elegido es "La apuesta".
  39. Anónimo 26 de febrero de 2015, 0:17
    Bieeeeeeeeeeeennnnnnnnnnn bieeeeeeeeennnnnnnnnnnnnnnnn bieeeeeeeeeeennnnnnnnnnnnnnnnn tienes que poner emoticonos de aplausos y esas cosas XDDDDDDDDDD
  40. Anónimo 27 de febrero de 2015, 1:43
    Suena bastante bien...ánimo...estamos en la espera...jajaja...Saludos ..jrdirton

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