Cuatro universitarias

Sinopsis: Un chico algo tímido debe convivir con el morbo que le provocan las compañeras de piso de su novia.

-¿Te queda mucho en la cocina? – quiso saber Rocío, empezando a mosquearse.

-Me queda lo que me tenga que quedar – respondió Melisa, en voz baja para que no la oyera, y luego añadió, ya en voz alta: - En seguida termino.

Entre las dos compañeras de piso existían roces de convivencia insalvables debido al carácter de cada una. Mientras Rocío, segura de sí misma y orgullosa, tenía una fuerte personalidad, Melisa era más bien tímida y un poco insegura. La primera actuaba como si fuera la dueña del piso y la segunda era demasiado buena como para echárselo en cara.

Además de Rocío y Melisa, en el piso vivían sus respectivas mejores amigas. Por un lado Alba, una chica abierta y bastante habladora que solía estar al margen de los conflictos. Y por otro lado Mari, una chica extrovertida, muy agradable y siempre sonriente que solía estar de parte de su amiga Melisa.

A pesar de los inevitables rocecillos, las cuatro universitarias hacían sus respectivas vidas y podían compartir piso sin mayor problema, por ejemplo, haciendo fiestas, invitando a los novios o trayéndose a los chicos que quisieran.

Rocío y Melisa tenían pareja. Juanjo era el novio de Rocío y solía estar bastante por el piso. Era un tío con pasta que trabajaba en una importante empresa. El novio de Melisa se llamaba Alan y era estudiante de derecho.

-Ya está. Todo para ti – Melisa le hizo saber a Rocío que había concluido de preparar la cena que compartiría con su chico, que esa noche se quedaría a dormir en el piso.

-Espero que lo hayas dejado todo recogido, – le contestó sin cortarse un pelo – que no tengo tiempo para ponerme a limpiar.

Cuando Alan llegó a la casa se alegró de ver a su novia. No era ni mucho menos un bellezón. Tenía el pelo largo y moreno, con rasgos latinos en el rostro y, sin ser una cosa exagerada, tenía algún quilo de más. Aunque no era el caso de esa noche, Melisa ganaba bastante maquillada. No sabía si era la mujer de su vida, pero la quería. Aunque eso no quitaba que le gustara observar a otras mujeres, como era el caso de Rocío, que en ese momento hizo acto de presencia.

Aunque Alan no tenía mucho trato con la rubia estudiante de farmacia y era consciente de que no le caía muy bien a su novia, no podía evitar fijarse en el tremendo morbo que desprendía. Rocío tenía el cuerpo lleno de curvas, con unas piernas largas y bien torneadas, un vientre plano y un pecho más que considerable. Tal vez el rostro era lo que menos le acompañaba, pero sus rasgos fuertes iban acordes a su carácter.

De la nada apareció Juanjo, besando a su chica y sacando a Alan de su ensoñación. El novio de Rocío no era ningún tío bueno, pero tenía presencia. Era alto, moreno y con barba de cuatro días. La pareja se despidió, pues habían quedado.

Mientras Melisa y Alan cenaban, llegó Alba que, tras saludar, se dirigió directamente a su cuarto. La amiga de Rocío también era rubia, pero mucho más normalita. Tenía unas piernas prominentes y caderas anchas. Su mayor atractivo eran sus pechos y los escotes y prendas ajustadas con los que solía insinuarlos.

Cuando la pareja se acostó después de cenar, aún no había llegado la última integrante del piso. Lo hizo cuando Melisa ya dormía. Alan, sin embargo, aún estaba despierto e intentó agudizar el oído. Había llegado al piso acompañada y se preguntó quién sería el afortunado.

Mari era la más atractiva de todas. Tenía el pelo liso y castaño y una cara preciosa. El cuerpo tal vez no estaba a la altura del de Rocío, pero tampoco le tenía nada que envidiar. Y si en algo le ganaba sin ninguna duda, era en el perfecto trasero.

Alan cerró los ojos, intentando conciliar el sueño, pero le fue imposible. El novio de Melisa, a pesar de sus pajas casi diarias, solía estar bastante salido y no pudo dejar de pensar en las tres fabulosas mujeres que compartían piso con su chica. Las tetas de Alba, el cuerpazo de la morbosa Rocío y el culo de la preciosa Mari lo tenían loco. Sin embargo, por timidez y, sobre todo, por respeto a Melisa, ni se le pasaba por la cabeza intentar nada con ninguna de ellas.

Día 1 - Martes: un encuentro casual

Melisa se marchó a clase dejando dormido en la cama a Alan, que no tardó mucho más en despertarse. Lo hizo con una tremenda erección mañanera y, mientras se desperezaba, comenzó a sobarse la entrepierna. El día anterior no había follado y las ganas de masturbarse eran cada vez mayores.

El chico se alzó de la cama y, pensando que estaba solo, se dirigió al cuarto de baño sin disimular su empalmada.

-Buenos días – le sorprendió Alba.

La rubia se adelantó, introduciéndose en el servicio, pero Alan tuvo tiempo de fijarse en la ropa que llevaba puesta. Daba la impresión de que en cualquier momento podía reventar uno de los botones de la pieza superior debido a la presión que ejercían los pechos sobre la fina tela. La polla del novio de Melisa aún se hinchó más mientras escuchaba a la rubia a través de la puerta.

-Lo siento, pensé que no había nadie en el piso.

-No pasa nada.

-¿Tienes prisa?

-No, no, tranquila. Mejor me vuelvo al cuarto y espero a que termines.

-Como quieras, a mí no me importa charlar un rato.

Alan se quedó cortado. No solía tener mucho trato con Alba y no se le ocurrió nada que decir.

-¿Hola? – soltó la universitaria, intentando averiguar si el chico seguía ahí.

-Sí, sí, estoy aquí.

Se oyeron las risas de la rubia a través de la puerta.

-¿No eres muy hablador o es que es demasiado temprano para ti?

Alan sonrió.

-Lo cierto es que soy un poco tímido hasta que cojo confianza… Si voy borracho soy todo lo contrario – ahora rio él.

-¡Anda! – exclamó ella.

-¿Qué? – se sorprendió.

-¿Y por qué no nos demuestras tus habilidades bajo los efectos del alcohol el próximo fin de semana? Se celebra una fiesta en el pub donde trabaja Rocío. Podríais venir.

-Ah – el chico, algo retraído, no supo qué responder.

-Ya se lo diremos a Melisa.

-Claro, ¿por qué no?

-Lo pasaremos bien.

A Alan le gustaba salir de fiesta y, aunque el local donde Rocío trabajaba de camarera no era de su estilo, le entusiasmó la idea de pasar la noche con las compañeras de piso de su novia. La duda era si a Melisa le apetecería el plan con el poco cariño que le tenía a la escultural rubia.

Día 2 - Miércoles: el tanga de Mari

-¿A ti te ha dicho algo? – le preguntó Melisa a su amiga Mari.

-Me lo ha insinuado Alba, pero Rocío ni mu.

-A mí porque me lo ha comentado Alan, sino ni me entero.

Las dos amigas estaban cotilleando sobre la fiesta en el pub donde trabajaba Rocío y la supuesta invitación para ir el fin de semana, hasta que llegó el novio de Melisa.

-Bueno, voy a cambiarme, que se me va a hacer tarde – terminó Mari la conversación.

La chica de pelo castaño lucía una camiseta blanca de tirantes ajustada que se ceñía a su cuerpo, realzando sus senos. Abajo llevaba unos pantalones tejanos cortísimos que terminaban justo donde empezaban sus apetecibles muslos de piel bronceada.

Alan, disimuladamente, no le quitó ojo a la amiga de su novia. Y sus miradas tuvieron premio cuando Mari se agachó a recoger una bolsa que tenía preparada en el suelo. No era la primera vez que le veía el tanga asomando más allá del pantalón, pero siempre era una grata y estimulante visión.

-¿Sales a tomar algo? – le preguntó el chico.

-Sí, ya le he dicho a Melisa que no me espere despierta – bromeó.

-O sea, que hoy también vuelves acompañada – sonrió él, siguiéndole el rollo.

Al contrario que con Alba y Rocío, Alan tenía bastante trato con Mari y era habitual que se hicieran bromas de todo tipo.

-Eso espero – le devolvió la sonrisa mientras se alejaba hacia el cuarto de baño.

Un rato después, cuando la chica salió del servicio, ya arreglada para salir, Alan se encontraba solo en el salón. El novio de Melisa se quedó estupefacto escudriñando el vestido de una sola pieza, ajustado, a rayas azules y blancas, que perfilaba la perfecta anatomía de Mari.

-Con lo buena que estás seguro que hoy no vuelves sola – la piropeó, haciéndola reír.

-Aquí lo único seguro es que la que no duerme esta noche sola es Melisa – se despidió definitivamente, guiñándole un ojo.

El chico se quedó observando cómo aquel perfecto culo se alejaba hacia la salida del piso. Alan se dirigió al cuarto de baño y allí se topó con lo que esperaba ver. Entre la ropa tendida de las inquilinas se encontraba la ropa interior de todas ellas. Le gustaba observar la lencería sexy que todas y cada una de las chicas hacían servir, y le habría encantado usar alguno de esos tangas para sus fantasías sexuales, pero por desgracia no sabía a quién pertenecía cada una de las telas y eso le quitaba toda la gracia.

Esa noche, una vez acostados, aún excitado debido a la visión de la ropa interior femenina, Alan buscó a su pareja, acariciándole uno de los pechos. Las tetas de Melisa no eran muy grandes, pero sí tenía unos pezones gruesos. Se entretuvo jugando con ellos mientras introducía una mano dentro de las bragas de su novia, encontrándose con un pubis rasurado.

Ella no tardó en reaccionar, revolviéndose y buscando el paquete de su chico. Deshaciéndose de los pantalones y los calzoncillos, liberó la polla de 17 centímetros, ya completamente erecta, que se alzaba sobre un velludo pubis. Primero lo masturbó y, tras unos minutos mamándosela, le pidió a Alan que la penetrara. Él acató la orden, follándosela hasta provocarle el orgasmo. Aunque ninguno de los dos era una máquina sexual, ambos se entendían en la cama.

Día 3 - Jueves: una discusión

Alan se despertó escuchando una discusión proveniente del salón. Más relajado que el día anterior debido a la sesión de sexo con Melisa, se levantó y se dirigió hacia la zona del conflicto.

-Tío, a ver si le echas un buen polvo a tu novia para que se relaje un poco – le increpó Rocío al cruzarse con Alan, que acababa de salir de la habitación.

No cabía ninguna duda de que eran Melisa y ella las que habían estado discutiendo.

-Pues no será porque no se lo eché anoche – respondió él, sorprendiéndose a sí mismo por esa contestación.

Ella lo miró con cierto aire de superioridad.

-Entonces a ver si voy a tener que enseñarte algunas cosillas para que aprendas cómo dejarla satisfecha – replicó marchándose definitivamente.

Alan procuró no darle mayor importancia y se dirigió a hablar con su chica para saber lo que había pasado. Al parecer la supuesta invitación a la fiesta del pub de Rocío no era gratis y Melisa se había enfadado con su compañera de piso por avisar con tan solo un día de antelación.

-Solo ha sido un malentendido – intentó conciliar Juanjo, poniéndose de parte de su novia.

-Ya me imagino – terció Alan, temeroso de que se fastidiaran los planes – Entonces, ¿qué hacemos? – se dirigió a Melisa.

-Haced lo que queráis, claro está, pero si os ha invitado es porque realmente le apetece que vayáis – concluyó el novio de Rocío, alejándose en busca de su pareja.

Melisa estaba alterada. La discusión con Rocío no había hecho más que aumentar el odio que empezaba a ser desmesurado hacia su compañera de piso. Le habría encantado rechazar la invitación y más sabiendo que Mari no acudiría, pues la noche anterior había conocido a un chico y había empezado a tontear con él. A pesar de todo, a la novia de Alan le supo mal echarse atrás en el último momento y finalmente decidieron acudir a la fiesta del día siguiente.

Día 4 - Viernes: la fiesta

El pub donde trabajaba Rocío era pequeño, la clientela solía rondar la treintena y la música habitual era más bien comercial. Esa noche el local estaba abarrotado.

Rocío trabajaba, así que no pudo estar mucho por el grupo de gente al que había invitado entre los que se encontraban su novio, varias amigas, algunas estudiantes de farmacia y las compañeras de piso.

Alan se sentía un poco fuera de lugar. Echaba de menos algo de música rock, a sus amigos y sobre todo a Mari para echarse unas risas. Decidió acercarse a la barra para seguir bebiendo.

-¿Quieres que te pida algo? – le preguntó a su novia.

Ella, intentando blandir las caderas al ritmo de la música, le hizo saber que no, gesticulando con la cabeza en un leve movimiento de cuello.

Alan se dirigió a la barra con un objetivo claro, que le atendiera Rocío. Pero de camino, alguien le sujetó del brazo.

-¿Cómo vas ya de bebido? – gritó Alba para hacerse oír, provocando las risas del novio de Melisa.

-Ahora mismo iba a por provisiones.

-Te acompaño.

Alan recorrió el pequeño trayecto que le quedaba sujetado por la mano de Alba, que no le soltó ni un instante. Al llegar, se fijó en Rocío. Verla al otro lado de la barra aumentaba su morbo. La espectacular rubia llevaba un vestido negro ajustado con transparencias en el escote y la espalda. Iba maquillada, suavizando sus rasgos más fuertes y realzando sus pómulos. El contorno de ojos la convertía en una auténtica diosa. Cuando Rocío vio a Alba, se dirigió a atenderlos.

Tras recibir los cubatas que les había servido la despampanante rubia, antes de volver con Melisa, Alan se quedó charlando con Alba. La chica conversaba con facilidad y él comenzaba a sentirse más suelto debido al alcohol ingerido.

-Con tanto follón vamos para atrás como los cangrejos – rio ella tras el empujón que, sin querer, les había propinado el grupo de gente que tenían al lado.

-¿Sabes que yo tengo la solución para los problemas de los cangrejos? – soltó Alan, bromeando como llevaban haciendo durante un rato.

-¡No me digas!

-¡Espejos retrovisores! – y gesticuló simulándolos con las manos, haciendo reír a Alba.

-Al final va a ser verdad que eres un cachondo…

-No lo sabes tú bien – le sacó la lengua, guiñándole un ojo para indicarle el doble sentido de sus palabras.

-¡Traigan más alcohol a este muchacho! – gritó ella divertida.

Alba y Alan reían a carcajadas entre el gentío que inundaba el local.

-Oye, me marcho un rato con Melisa, que la he dejado sola – se excusó él, una vez pasado el ataque de risa.

-Vale, nos vemos luego, guapo.

Antes de marcharse con la moral bien alta, Alan le dio un último repaso con la vista a la compañera de piso de su novia. Alba llevaba una camisa blanca apretada con unos cuantos botones de la parte superior sin abrochar, haciendo que el escote comenzara más pronto que tarde. Tras la fina tela de la camisa se podía apreciar el tono oscuro del generoso sostén.

El chico se inclinó para darle un par de besos en la mejilla, sorprendiéndola y haciéndola sonreír. Se acercó lo suficiente como para sentir los dúctiles senos restregándose contra su cuerpo. Alan se puso cachondo.

-Ya era hora – se quejó Melisa cuando su novio volvió junto a ella.

-Es que he estado charlando con Alba.

-Es maja, – y, tras una pausa, concluyó: - no como la zorra de Rocío.

Alan alzó la mirada y, más allá de su pareja, divisó a Alba, que lo saludó efusivamente. La rubia nunca se había mostrado tan cercana al novio de Melisa y el chico sintió unas ganas enormes de volver junto a ella. Pero se quedó charlando con su novia para que no se enfadara por dejarla sola tanto rato. No obstante, en cuanto se terminó la bebida, aprovechó para escaparse con la excusa de acercarse nuevamente a la barra.

-¿Me acompañas a por otro cubata? – Alan sorprendió a Alba, que estaba bailando completamente desatada junto a un tío.

-Acabas de cortarme el rollo – se quejó ella, viendo cómo el hombre que estaba a su lado se alejaba.

-¡Ostras! Perdona… - se quedó cortado.

-Bueno, ya no hay tiempo para lamentaciones – volvió a agarrarle del brazo para guiarlo hacia la barra.

Como la vez anterior, después de que les sirvieran las bebidas, ambos se quedaron hablando. Alan no era consciente de que los ojos cada vez se le iban más hacia el canalillo de la compañera de piso de su novia.

-¿Me estás mirando las tetas? – ella se hizo la ofendida.

-No, no, solo se me cae la mirada – se excusó él, haciéndola reír una vez más.

-Bueno, te lo perdono porque el otro día yo también me fijé en la empalmada que llevabas.

-¿¡Cuándo!? – se sorprendió.

-Cuando te adelanté para entrar al baño del piso.

Alan rio a carcajadas.

-¿Y te gustó lo que viste?

Ahora rio ella.

-No estuvo mal.

-Pues si te fijaras ahora…

-¡Oye! – se quejó – Por cierto, llevas toda la noche espantándome a los tíos… así no se me va a acercar ninguno…

-Perdona, si quieres me voy para dejarte sola.

-No, no, ahora ya no vale. Ahora tendrás que compensármelo…

-¿Cómo? – preguntó él ingenuamente.

Alba le dio un muerdo. El novio de Melisa no se lo esperaba en absoluto y tardó en reaccionar. Lo hizo con el segundo beso de la rubia. Ambos se comieron la boca, saboreándose mutuamente los labios y la lengua.

Alan intentó reflexionar. No era la primera vez que se enrollaba con alguna tía sin que Melisa lo supiera. Siempre había sido de fiesta y sin buscarlo. Sin embargo, en esa ocasión, la chica era compañera de piso de su novia, la cual estaba en el mismo recinto y podía pillarles en cualquier momento.

-Espera, espera… - la detuvo.

-Ya está – se puso digna – solo tenías que compensármelo – y se dio media vuelta para alejarse.

Cachondo perdido, incapaz de asumir lo que acababa de ocurrir, Alan volvió junto a Melisa y ya no se separó de ella en toda la noche.

Día 5 - Sábado: la pillada

Alan se despertó con un tremendo dolor de cabeza. Palpó el lado de la cama en el que solía dormir Melisa y lo notó frío. Recordó que su novia se marchaba el fin de semana a casa de sus padres y se esforzó por levantarse a pesar de la resaca que lo atenazaba.

El chico se dirigió al cuarto de baño, medio mareado y con arcadas. La noche anterior había bebido demasiado. Se refrescó mojándose la cara y pareció empezar a reaccionar. Lo hizo definitivamente al ver la ropa tendida del cuarto de baño.

Se preguntó cuál de esos tangas sería de Alba. Y entonces recordó lo sucedido durante la fiesta en el local de Rocío. Una irrefrenable excitación le sobrevino al rememorar los besos y magreos con la compañera de piso de Melisa. Alan acarició una de las braguitas, imaginando que eran de la rubia tetona.

-¿Se puede saber qué haces? – preguntó Mari, desconcertada al pillar al novio de su amiga acariciando uno de sus tangas.

-Es que… - Alan maldijo no haber cerrado la puerta del baño y haber echado el pestillo por culpa del atolondramiento provocado por la resaca.

-Es que… ¿qué? – Mari esperaba una explicación.

-¿Puedo confesarte algo?

-Claro.

El deprimente estado de Alan le impedía pensar demasiado y no se le ocurrió ninguna excusa con la que salir del paso.

-Anoche pasó una cosa que…

-¡Joder, suéltalo ya! Ahora me tienes súper intrigada.

-Alba me besó.

-¡No me digas! Y…

-Y nada. Solo fueron un par de besos.

-Pero… o sea… ¿tú y Melisa bien?

-Sí, sí. Por favor, no cuentes nada de esto…

-No sé… - dudó – Pero… ¿qué tiene eso que ver con que estuvieras sobando unas bragas mías?

-Ah, eran tuyas… - Alan rio – Bueno, a eso iba… pues me estaba imaginando si serían de Alba…

Mari comenzó a reír a carcajadas.

-¡Alan, eres un guarrete! – se burló.

-Sí, un poco sí lo soy – le sacó la lengua, demostrando una falsa timidez.

-Si quieres puedo decirte cuáles son mías para que al menos puedas descartarlas – le guiñó un ojo en señal de complicidad.

-Sí, eso estaría bien – respondió todo lo serio que pudo, intentando disimular la excitación que esa propuesta le había provocado.

Día 6 - Domingo: primeras consecuencias

Alba estaba intranquila. Era consciente de que Melisa llegaría al piso en cualquier momento y no sabía cómo reaccionar. Aunque supuso que no, se preguntó si Alan le habría contado lo sucedido durante la noche del viernes.

-Que no le ha dicho nada. Te lo digo yo – afirmó Rocío, mostrando la seguridad de la que solía hacer gala – Además, ¿a quién se le ocurre liarse con ese tío? Si no tiene nada…

-Ya. Pero no sé… me lo pasé bien con él la otra noche.

-¡Ya, claro! Y que estabas a dos velas…

-Sí, pero por su culpa.

Las dos amigas comenzaron a reír justo cuando Melisa llegó a la casa. Las dos rubias contuvieron las risas, pero no pudieron dejar de sonreír.

-¿A qué viene tanta alegría? – preguntó la novia de Alan, también sonriendo.

-Estábamos comentando cosillas que pasaron el viernes por la noche – soltó Rocío, divertida con la situación.

Alba lanzó una mirada asesina a su amiga, que no quiso darse por aludida.

-Yo porque estaba trabajando, – prosiguió – pero Alba, por ejemplo, se lo pasó de puta madre.

-Y nosotros también – Melisa quiso ser amable.

-¿Sí? ¿Tu chico también se divirtió? – Rocío sonrió con malicia - ¡Cuánto me alegro!

A la morena le pareció rara tanta amabilidad por parte de su compañera de piso. Pensó que algo escondía tras su aparente buena fe, pero no quiso importunarla. Simplemente agradeció la conversación y se disculpó por despedirse para irse a la habitación.

-Tía, ¡cómo te has pasado! – se quejó Alba, entre risas.

-¿Le has visto la cara? La muy tonta no tiene ni idea. Creo que esto va a ser divertido…

Día 7 - Lunes: el tanga perdido

Mari se levantó con prisa. Tenía clase y llegaba tarde. Pasaría todo el día fuera y por la noche había vuelto a quedar con el chico con el que estaba tonteando así que, al no tener tiempo para volver al piso a cambiarse, buscó con premura las bragas que quería ponerse.

-¡Mierda! ¿Dónde coño están?

Aunque habría jurado que las había dejado tendidas, las había buscado en el cuarto de baño y en el cajón del dormitorio, incluso entre la ropa sucia. Pero no las encontró en ningún sitio. No se le ocurrió dónde más podía buscar y, debido a las prisas, tuvo que renunciar a ponérselas. Cogió otro tanga al azar y se marchó corriendo.

Mientras, en su cuarto, Alan se estaba acariciando la verga con parsimonia. Aspiró levemente, olfateando la prenda que se había acercado a la nariz. Las bragas de Mari estaban limpias, pero saber que eran de ella hacía que la polla se le endureciera hasta casi dolerle.

Abrió la boca para sacar la lengua y saboreó la parte interna del tanga, justo por la zona que antes debía haber estado en contacto con el coño de la amiga de su novia. Un primer espasmo le sobrevino, pero se contuvo y evitó la eyaculación. Se acercó la prenda a la polla y comenzó a masturbarse con ella.

Tenía tantas ganas de correrse que no pensó en las consecuencias. La ropa interior de Mari quedó impregnada del semen de Alan, que utilizó la tela para acabar de limpiarse. Tras el subidón inicial debido al orgasmo, caviló que había sido una locura. Dudó sobre lo que debía hacer con las bragas. No podía devolverlas sin que se notara lo que había ocurrido, así que decidió quedárselas definitivamente.

Día 8 - Martes: un despertar diferente

Alan, que se había vuelto a quedar a dormir en el piso de su novia, se despertó cuando Melisa ya se había ido a la universidad. Intentando aprovechar todo el ancho de la cama, se estiró, desperezándose, pero se topó con un bulto inesperado.

-Buenos días – le saludó una sonriente Alba.

El estudiante de derecho abrió los ojos todo lo que pudo, incrédulo por lo que estaba viendo. Reaccionó torpemente, disimulando la erección mañanera y contestó con la voz ronca.

-Buenos días.

Alan se fijó en los enormes senos de la rubia, que llevaba una camiseta fina y escotada que casi obligaba a imaginarse su voluminoso pecho. El novio de Alan sintió unas ganas tremendas de sobárselo. Recordó la agradable sensación de restregarse contra esas tetazas y sintió cómo la polla se le endurecía más, haciendo que intentar disimular la empalmada se convirtiera en un acto ridículo.

-Parece que te gustan mis tetas – soltó Alba, fijándose en el evidente bulto que alzaba la sábana de la cama.

-Es algo que me suele pasar por las mañanas – se excusó él.

-¿Despertarte junto a una chica que no sea tu novia? – preguntó ella sonriente.

-¡No! – rio.

Alan, ya sin disimular, se señaló la entrepierna, dejando claro que se refería a la erección matutina.

-Parece interesante… - reaccionó ella, jugando con la situación.

Con cada mirada de la chica, la polla de Alan reaccionaba con un leve movimiento, haciendo que Alba se sintiera aún más halagada. Se había metido en la cama junto a Alan por orden de Rocío, que quería calentarlo para ver cómo reaccionaba y luego cachondearse de Melisa a sus espaldas. Sin embargo, ahora que se había puesto en situación, a la rubia comenzaba a no importarle ir un poco más allá. Ella, soltera y sin compromiso, hacía tiempo que no echaba un buen polvo y una polla era una polla. Y la de Alan estaba allí, al alcance, y bien tiesa.

-¿Y qué es lo que has venido a buscar? – preguntó él, incrédulo.

-¿Yo? Nada – se quedó mirando descaradamente la evidente empalmada - ¿No quieres enseñármela? – sonrió con socarronería.

Al novio de Melisa siempre le había parecido que Alba tenía cara de guarra. Y en ese instante aún más si cabe.

-Si luego me enseñas las tetas… - soltó, ya únicamente pensando con la entrepierna.

-Depende de lo satisfecha que me quede – dibujó una sonrisa llena de picardía.

Alan ya no aguantó más el jueguecito. Enajenado, retiró la tela que lo cubría y mostró su lustrosa y empalmada verga a Alba, que no dejaba de sonreír sin perder detalle de lo que tenía ante sus ojos.

-¿Y bien? ¿Satisfecha?

El novio de Melisa, envalentonado, acercó una mano al escote de la rubia. Agarró la tela con un dedo y comenzó a deslizar la camiseta hacia abajo. Sin encontrar oposición, ante él aparecieron, poco a poco, los enormes senos mientras los rozaba levemente con el dedo que seguía bajando la ajustada prenda.

Alba contestó a la pregunta de Alan con un gesto. Mientras se dejaba desnudar, agarró la inhiesta polla para empezar a masturbarla. El chico comenzó a sollozar al mismo ritmo que ella empleaba para hacerle la paja.

Alan sentía que tenía la verga a punto de explotar, pero no quería terminar tan rápido. Estaba absorto amasando los pechos de Alba y deseaba seguir haciéndolo. Ella pareció intuir lo que estaba a punto de ocurrir y detuvo la masturbación, alzándose de la cama. Alan observó cómo la rubia se desnudaba completamente, mostrando sus anchas caderas y un vello púbico de color más bien claro. Iban a follar.

Ella se subió a la cama, colocándose a horcajadas sobre él. Alan observó cómo la gruta de la rubia se abría a medida que se agachaba acercándose a la verga que estaba a punto de empalarla. El primer contacto desató una chispa. El caliente glande se deslizó entre los humedecidos labios vaginales, hasta rozar el enardecido clítoris. Ambos gimieron.

La segunda intentona fue la buena. La verga de Alan se introdujo en el coño de Alba, que se dejó caer sobre los huevos del novio de Melisa. La rubia se inclinó hacia delante y comenzó a moverse, haciendo tambalear sus senos ante la desencajada mirada del hombre que la estaba penetrando.

Alan se irguió en busca de las tetas que bamboleaban ante él. Se ayudó de los brazos, agarrándose de las prominentes caderas de ella, para alcanzar su objetivo. Acomodó el rostro entre los senos, saboreándolos y disfrutando del carnoso roce contra su cara.

Alba se movía y sollozaba como una auténtica fiera. Aquel polvo le estaba sentando de maravilla. Aunque jamás pensó echarlo con el novio de su compañera de piso, llevaba demasiado tiempo buscándolo y lo estaba disfrutando. Tras alcanzar el orgasmo, desfallecida, se dejó caer sobre su amante, aún con la palpitante polla entre las piernas, besándole en los labios, buscando algo de cariño.

-Quiero correrme en tus tetas – confesó él entre besos.

Alba aceptó, separándose del novio de Melisa, que seguía tumbado en la cama boca arriba. La rubia se acercó a los 17 centímetros, colocándose la polla entre las tetas. Se ayudó de una mano para cerrar los senos entorno al miembro viril y comenzó a hacerle una cubana. Agachó ligeramente el rostro para lamer la punta del glande cada vez que asomaba entre los pechos.

Alan creía que no podía haber nada más placentero. Nuevamente estuvo al borde del orgasmo, pero esta vez no se contuvo. Sintió la explosión de placer y se esforzó por no cerrar los ojos para observar el semen depositándose en los grandes senos de la compañera de piso de su novia.

Tras la inesperada sesión de sexo, ambos se arreglaron y vistieron en silencio, avergonzados. Ella no sabía cómo se le había ido la situación de las manos de esa forma y no se imaginaba cómo podría volver a mirar a la cara a su compañera de piso. Por su parte, Alan se sentía mal por haberle puesto los cuernos a su novia. Aunque había disfrutado enormemente del polvo, consideraba que Melisa era demasiado buena persona y no se merecía lo que había ocurrido.

Día 9 - Miércoles: una inquietante confesión

Ambas parejas, por la noche, coincidieron para cenar en el piso. Por un lado, Rocío y Juanjo. Por otro lado, Melisa y Alan. El silencio reinaba en el salón, señal del desprecio mutuo que empezaban a tenerse ambas compañeras de piso.

-¿Tenéis planes para el viernes? – preguntó Juanjo, intentando suavizar la tensión reinante.

-Cenaremos aquí y luego hemos quedado con unos amigos de Alan – contestó Melisa.

-Juanjo y yo vamos a ver una peli con Alba – Rocío miró a Alan, que no se atrevió a levantar la mirada – Si estáis por el piso os podéis apuntar.

-Ah, puede estar bien… - se vio forzada a decir Melisa, sin acabar de tenerlas todas consigo.

-¿Qué os parece si cenamos todos juntos, vemos la peli y luego que cada uno salga donde quiera? – propuso Juanjo finalmente.

-A ver qué planes tiene Mari…

-Que se traiga al rollete. Así lo conocemos – bromeó Rocío.

Alan se excusó, recogiendo la mesa, para evitar la conversación. La novia de Juanjo se ofreció a ayudarle, más amable que de costumbre. El estudiante de derecho estaba solo en la cocina cuando, a su espalda, Rocío se aproximó hasta quedar lo suficientemente cerca como para que nadie oyera la conversación.

-Que sepas que me he enterado de lo que pasó ayer – confesó ella, casi pegada al cuerpo de Alan.

El novio de Melisa sintió un sudor frío. Había pensado que lo sucedido entre Alba y él quedaría en el olvido, pero que lo supiera la mujer que tenía justo detrás suyo podía convertirse en un grave problema. Sintió miedo por cómo pudiera reaccionar Rocío.

-Y he de decirte que… - prosiguió – me han llegado buenas referencias – sonrió, sin que él pudiera verla.

-¿Qué quieres decir? – preguntó extrañado, girándose para observar a la espectacular rubia.

-Que dejaste el pabellón bien alto. Esas cosas no pasan inadvertidas entre las mujeres. Si cumples con una, ten por seguro que lo sabrán sus amigas. Dejaste a Alba satisfecha y por supuesto que he sido convenientemente informada – sonrió, acelerando las pulsaciones de Alan.

El novio de Melisa tenía a la espectacular mujer que le estaba halagando demasiado cerca como para no excitarse, pero su malévola mueca no presagiaba nada bueno.

-No diréis nada, ¿verdad? – soltó, más inseguro de lo que hubiera deseado.

-Claro, claro, aquí nadie quiere que se entere tu novia – volvió a sonreír, ahora con evidente malicia.

Rocío se dio media vuelta, dirigiéndose al salón y dando la conversación por concluida. Alan no pudo evitar fijarse en el cuerpazo que se alejaba. Con una blusa fina, un pantaloncito corto de color negro y unas medias a juego, la estudiante de farmacia estaba tremenda, como siempre.

Día 10 - Jueves: tácito acuerdo

-Un cortado.

-Otro.

-Yo una cerveza.

Mari y Melisa habían quedado para tomar algo y charlar. Alan había acompañado a su novia y allí estaban los tres conversando sobre la quedada del día siguiente para cenar y ver una película en el piso que compartían las cuatro universitarias.

-Voy al baño – se excusó la morena, dejando a los otros dos a solas.

-Bueno, ¿cuándo piensas devolvérmelas? – preguntó Mari al novio de su amiga.

-¿El qué? – Alan realmente no sabía a lo que se refería.

-¡Vamos! No te hagas el tonto…

-De verdad que no sé de qué me hablas.

-Ahora en serio… que las que has cogido me gustan mucho. Te las cambio por otras, si quieres – Mari sonrió como en ella era habitual.

Alan no pudo evitar una sonrisa nerviosa al percatarse de lo que la amiga de su novia le estaba solicitando. Pero siguió haciéndose el tonto, avergonzado por el mal rato que estaba pasando.

-Va, tío. Te digo cuáles son mis bragas y al día siguiente desaparece uno de mis tangas. Blanco y en botella…

-Bueno, es que… me las encontré por casualidad y…

-¡Venga ya! Si no pasa nada, eres un guarrete y ya está – rio, divertida, tranquilizando a Alan.

-Vale, me has pillado.

-No quiero saber lo que habrás hecho con ellas…

-No, no quieras saberlo.

Ahora rieron los dos.

-Bueno, tú tráemelas y aquí no ha pasado nada.

-Pero… me las cambiarás por otras, ¿no?

Mari rio a carcajadas.

-Si quieres te daré algunas viejas que ya no vaya a ponerme.

-Pero te las podrías poner una última vez y dármelas sin lavar…

-¡Alan! – se quejó Mari, sin dejar de sonreír en ningún momento – Bueno, ya veremos… - concluyó al ver que Melisa volvía del baño.

-¿Pedimos la cuenta? – preguntó la novia de Alan.

Día 11 - Viernes: a escondidas

La cena la prepararon entre todos. La comida era ligera y variada, una especie de picoteo, sin demasiada elaboración.

Mari finalmente también había asistido. Y lo hizo sola después de haber roto definitivamente con el chico con el que estaba tonteando.

-Ese tío es un idiota – concluyó Alan tras escuchar lo que le estaba contando la amiga de su novia – Mira que no saber satisfacer a toda una mujer como tú…

Mari rio, divertida y halagada por los comentarios del novio de Melisa.

-Vaya, que seguro que tú cumplirías bien – le sacó la lengua.

-Lo intentaría al menos.

-Eso es lo mínimo.

Ambos rieron.

-Venga, a cenar – mandó Rocío cuando la mesa estuvo preparada.

Aunque Alan no se lo esperaba, había cierto buen ambiente. La tensión entre Rocío y Melisa, lo ocurrido entre Alba y Alan o la ruptura de Mari no parecían enturbiar el momento. El novio de Melisa estaba absorto en esos pensamientos cuando sintió cómo le sobaban el paquete. Pensó que se trataba de su novia, pero se fijó que Melisa tenía ambas manos sobre la mesa. Agachó disimuladamente la cabeza y observó el pie, envuelto en una fina y oscura tela de media, que se estaba restregando por su entrepierna. Miró al frente y se topó con una sonriente Rocío.

La estudiante de farmacia quería aprovecharse de lo sucedido con Alba para jugar un poco con Alan delante de Melisa. Le reconfortaba sentir que de ese modo estaba humillando a su compañera de piso. Con cuidado para que Juanjo, que lo tenía al lado, no se percatara, se había quitado uno de los zapatos, estirando la pierna buscando el contacto con el hombre que tenía en frente. Primero le había rozado ligeramente la pierna, pero no parecía haberse dado por aludido así que subió hasta el paquete. Había sido divertido ver la cara de desconcierto de Alan hasta que se había percatado de lo que sucedía. Y a partir de entonces, comenzó a sentir la tremenda dureza de la polla del novio de Melisa. Más divertida que otra cosa, se había entretenido en recorrer toda la longitud del miembro con la planta del pie para acabar jugando con la punta de la inhiesta polla entre sus dedos. Alan no parecía dispuesto a cortar la situación y eso la enorgullecía. Fijarse en la cara de Melisa, completamente ajena a lo que estaba sucediendo, era un placer casi excitante.

Alan no se pudo contener. Con disimulo, sacó un brazo de la mesa para bajarlo en dirección al pie de Rocío. Comenzó a sobárselo, acercándoselo hacia sí para que el contacto con su durísima polla aún fuera más carnoso. Más que las sobadas, que debían ser discretas para que no les pillaran, era la situación lo que le estaba llevando al borde del orgasmo. Por suerte para todos, la rubia no tardó en retirar el pie.

Cuando la cena hubo concluido, el grupo se disgregó. Mientras unos recogían la mesa y otros preparaban la película, Rocío se acercó a Alan.

-Confieso que me encantaría contarle a tu novia lo que ha pasado durante la cena para verle la cara descompuesta.

-Joder, Rocío…

-¿De qué te quejas? La evidente empalmada demuestra que no te ha desagradado – sonrió con suficiencia, sabedora de que tenía a Alan justo donde quería.

-Claro que me ha gustado. Que una tía como tú me la sobe… ¿a quién no le gustaría? Pero no puede ser…

Rocío rio, llamando la atención de Juanjo, que se acercó junto a su novia.

-Será lo que yo quiera que sea – concluyó dedicándole una última sonrisa ladina a Alan antes de dejarse abrazar por su pareja.

Los seis se acomodaron para ver la película. Alba, Rocío, Juanjo, Alan, Melisa y Mari por este orden. Con la luz apagada para ambientar la sala, prácticamente a oscuras con el único reflejo del televisor, comenzó el visionado.

Alba ya estaba más tranquila. Habían pasado unos días desde el inesperado idilio con el novio de Melisa y la sangre no parecía haber llegado al río. Su relación con Alan seguía como siempre y ella se sentía bien por no haber roto una pareja.

Rocío no estaba por la película. Había descubierto el enorme placer que le suponía menospreciar a Melisa usando a Alan de objeto sexual y no dejaba de pensar cómo continuar con el juego.

Juanjo, ajeno a lo que pasaba por la cabeza de su novia, estaba completamente concentrado en la película, sin pensar en nada más.

Por su parte, Alan estaba desconcertado. El cariño hacía su chica le impedía disfrutar plenamente de las nuevas relaciones con Alba y Rocío, sintiéndose culpable por haber permitido que sucediera. Sin embargo, por otro lado, no podía dejar de pensar si volverían a plantearse nuevas situaciones y si podría llegar más lejos con la morbosa estudiante de farmacia.

Melisa se sentía extraña. Por un lado, precisamente porque sabía que en el fondo Rocío seguía siendo la misma de siempre, su aparente forzada amabilidad la inquietaba. Estaba segura de que era por algún motivo, pero era incapaz de sospechar lo que realmente estaba ocurriendo. Por otro lado, un incipiente malestar general hacía que no acabara de encontrarse a gusto.

Mari tenía un cacao mental. Aunque se consideraba bastante liberal y no solía tener problemas para encontrar un hombre con el que echar un polvo, echaba de menos alguien con quien tener una relación más seria. Pensó que lo había encontrado hacía unos días, pero no había sido más que otro interesado, únicamente en busca de sexo. Se sabía guapa, mas no podía evitar sentirse ligeramente celosa de Melisa por la relación que su amiga tenía con Alan. Algo así era lo que ella realmente buscaba.

-¿Dónde vas? – preguntó Alba al ver que Rocío se alejaba.

-Al baño.

-¿Quieres que paremos la peli? – preguntó Juanjo.

-No – soltó con sequedad.

Cuando la rubia volvió al salón, hizo que su pareja se moviera hacia un lado para ella poder sentarse junto a Alan, que, a pesar de la oscuridad reinante, miró con desconfianza a la novia de Juanjo.

Aunque se esforzaba en negarlo, el novio de Melisa estaba deseando que ocurriera. Sintió la mano aferrándole el paquete y esta vez no tuvo ninguna duda de que se trataba de Rocío. Se percató de que el gesto no era perceptible en la oscuridad y, con suma intranquilidad, se dejó hacer, intentando no moverse lo más mínimo para que Melisa, a su lado, no se percatara de nada.

Con la mano era mucho más fácil hacerse una idea del tamaño del miembro viril que con el pie y Rocío se había quedado gratamente satisfecha de lo que estaba palpando. Con total delicadeza, se dispuso a abrir la bragueta. El sonido sordo de los botones desabrochándose quedó oculto bajo el audio de la película. Subió la mano por el pecho de Alan hasta alcanzar la parte superior de los calzoncillos, colándose dentro. La polla del novio de Melisa ya estaba tan dura como humedecida y no le costó en absoluto empezar a masturbarlo, muy lentamente, intentando no hacer ningún gesto brusco que pudiera descubrirlos.

Alan no sabía si estaba demasiado nervioso o si realmente el chapoteo de la mano de Rocío al subir y bajar la piel de la verga era tan evidente como a él le parecía. Ese delatador sonido se había incrustado en su cerebro, pero al parecer no era tan apreciable, pues nadie se había escandalizado preguntando quién se estaba haciendo una paja en mitad de la peli.

-¿Te estás meando? – le susurró Melisa a su novio.

-No – respondió acongojado - ¿Por?

-No sé. Te noto inquieto – tosió.

Alan deseó ser tragado por la tierra en ese instante. Manteniendo esa conversación con Melisa mientras Rocío seguía masajeándole la polla, comenzó a eyacular. Aquella fue la corrida que menos había disfrutado en toda su vida. Por un lado, el enorme placer del orgasmo, alcanzado tras una de las situaciones más morbosas que podía imaginar con una de las tías que más le ponían. Por otro lado, el enorme esfuerzo de tener que ocultar ese placer para poder contestar a su novia y no ser descubierto.

-Estoy bien.

Esas dos palabras le costaron más que el primer papá o mamá cuando no era más que un bebé. Deseó que Melisa se callara y le dejara disfrutar de ese irrepetible momento. Deseó que su novia le dejara en paz y que Rocío pudiera dar rienda suelta a su peores intenciones.

La rubia había empezado la noche con la idea de hacer sucumbir a Alan ante los ojos de Melisa y, aunque lo había conseguido con creces, en sus planes no estaba acabar pringándose la mano con el cálido semen de nadie. Para humillar a su compañera de piso no hacía falta llegar tan lejos y se preguntó si el hecho de que Alan tuviera una buena polla había influido, pero no encontró respuesta. El caso es que había disfrutado la situación más de lo que se podía imaginar.

Al notar cómo el novio de Melisa se agitaba, Rocío pensó que debía haber dejado de masturbarlo para no correr el riesgo de que la pillaran con la mano dentro de su pantalón, pero le fue imposible rechazar la posibilidad de terminar lo que había empezado y se quedó agarrando el mástil, simplemente sintiendo cómo el tronco palpitaba y la leche le manchaba los dedos. Tras unos segundos, cuando el chico había recuperado la compostura, sobó por última vez la polla morcillona y, limpiándose la corrida con la ropa interior masculina, sacó la mano tan lentamente como había llevado a cabo el resto de las maniobras.

Alan no tardó en excusarse para ir al cuarto de baño. Rocío, con la mano pringosa debido a los restos de semen del novio de su compañera de piso, prefirió esperar a la conclusión de la película para no levantar más sospechas.

Día 12 - Sábado: craso error

Alan se sentía pletórico. Su autoestima estaba por las nubes. Unas semanas atrás era impensable que se pudiera acostar con Alba ni que la distante Rocío le hiciera una paja. Acostado junto a Melisa, la observó y un regusto amargo le sobrevino. La morena era un trozo de pan, pero físicamente dejaba mucho que desear. En ese momento pensó en Mari y no pudo evitar una sonrisa de oreja a oreja. Se preguntó si, dada la racha, la amiga de su novia también había dejado de ser inalcanzable.

Se levantó de la cama, dejando acostada a Melisa, que había bebido bastante la noche anterior, y se dirigió a la habitación de Mari. Con cuidado de no hacer mucho ruido, picó en la puerta con los nudillos.

-¿Sí?

-Soy yo.

-Pasa.

Alan abrió la puerta con delicadeza y se adentró en el cuarto. Su sorpresa fue desorbitada al ver a la amiga de su novia en ropa interior.

-Perdón, no sabía que…

-Calla, tonto. ¿No te he dicho que podías pasar?

-Sí, es que…

Mari rio. Sabedora de lo que provocaba en el novio de su amiga, disfrutó dejándose sobar con la mirada.

-¿Qué quieres?

-He venido a darte esto.

Alan abrió la mano, dejando asomar el tanga que le había robado a la dueña de la habitación.

-¡Ay! – se alegró – Gracias.

Se acercó al hombre, que no quitaba ojo del perfecto cuerpo de la inquilina, y agarró la tela. Pero Alan no la soltó.

-¿No habíamos hecho un trato tú y yo?

-¿Sí? – sonrió, divertida con el juego del novio de su amiga.

-¡Joder, que te las he lavado y todo!

Ahora Mari rio a carcajadas.

-¡Solo faltaría! Venga, te dejo otras – accedió finalmente, acercándose al lugar donde guardaba la ropa interior.

Alan se fijó en el trasero de Mari. Las nalgas estaban completamente al descubierto debido a la escasa tela del tanga que llevaba puesto. La mujer se agachó, mostrando la raja de su coño marcada en la ropa interior, y Alan no pudo resistirlo más. Se acercó a la compañera de piso de Melisa e, inclinándose para sobarle una de las nalgas, le susurró:

-Podrías darme las que llevas ahora puestas.

La excitante sensación al palpar la recia carne de las perfectas nalgas de Mari, le duró poco.

-¡Alan!

La tremenda bofetada sonó en todo el piso. El chico se separó rápidamente de ella, avergonzado y asustado. Lo vivido con Alba y Rocío y lo cachondo que se había puesto con Mari le había jugado una mala pasada. Pensó que la amiga de Melisa también era factible y se había equivocado completamente.

-Largo de aquí, tío – parecía realmente enfadada a los ojos de Alan.

-Perdona, yo… no sé qué me ha pasado.

-Pues te has pasado siete pueblos – soltó con brusquedad – Mejor hagamos como que esto no ha ocurrido – rebajó la tensión mientras veía como el novio de su amiga se alejaba con la cabeza gacha.

Día 13 - Domingo: follando peligrosamente

Melisa se encontraba mal y prácticamente no se había levantado de la cama desde el día anterior. En principio pensó que tenía una severa resaca como consecuencia de la noche del viernes, pero el domingo ya era consciente de que se trataba de algo más. Le había pedido a Alan que se pasara por el piso para darle algo de mimos y, si no mejoraba, al día siguiente iría al médico.

-¿Qué le pasa? – preguntó Rocío al ver salir a Alan del cuarto de la morena.

-Se encuentra mal – confesó él.

-No me extraña, dicen que los cuernos no sientan nada bien – rio.

-No te pases…

-¡Joder! No tienes sentido del humor.

-Es que no es gracioso.

-Ah, ¿no? ¿Y qué tal si se lo contamos a tu novia, a ver si a ella le hace gracia?

-Déjalo estar…

-¡Melisa! – gritó.

-¿Sí? – se oyó un hilillo de voz a través de la puerta.

-Vale, vale – gesticuló Alan, nervioso, intentando evitar que Rocío hablara más de la cuenta – Tú ganas…

La rubia sonrió, satisfecha, y cambió su discurso.

-¿Cómo te encuentras? – preguntó.

Melisa estaba tan chafada que ni se planteó lo raro que resultaba que Rocío se preocupara por su estado de salud.

-Pues me duele bastante la garg…

Rocío dejó de escuchar a la morena y se dirigió a Alan.

-Oye, esto de joder a tu novia me pone mogollón – confesó – Vamos a mi cuarto – exigió, dirigiéndose hacia la habitación, sin esperar contestación.

Alan estaba petrificado. Por mucho que le jodiera engañar a Melisa, no podía evitar lo mucho que le atraía el morbo que Rocío desprendía. Y la instantánea empalmada no mentía. En silencio, mientras su novia terminaba de explicar cómo se encontraba, siguió a la estudiante de farmacia, embelesado por su tremendo atractivo.

-…er qué me dice el médico – concluyó Melisa, pero ya nadie la estaba escuchando.

-Ponte cómodo – ironizó Rocío justo antes de empujar a Alan sobre la cama del dormitorio.

Tumbado sobre el colchón, observó cómo la rubia comenzaba a desabrocharse los botones del pantalón. La polla comenzaba a dolerle solo con imaginársela desnuda. Rocío se quedó en ropa interior, mostrando sus largas piernas, el pequeño tatuaje en la parte baja del vientre y sus firmes senos únicamente ocultos tras un sostén a juego con las bragas. Se dirigió al lecho donde le esperaba un intranquilo Alan.

-Ahora te toca a ti darme placer – repuso mientras se subía a la cama, poniéndose a horcajadas sobre el novio de Melisa, a la altura de su rostro – Me lo debes.

El estudiante de derecho pudo observar cómo Rocío se llevaba una mano a su entrepierna para retirar a un costado la tela que cubría su sexo. Unos labios vaginales oscuros y gruesos aparecieron ante sus ojos. A medida que la rubia se agachaba en dirección a su boca, pudo contemplar la humedad de la vagina que se acercaba lentamente. Aunque no le gustaba mucho hacer cunnilingus, no pudo negarse. Olfateó, sintiendo el fuerte olor a coño, justo antes de que la universitaria le restregara el chocho por la boca. Los flujos de la compañera de piso de su novia se esparcieron por la comisura de los labios de Alan.

Incomprensiblemente Rocío estaba cachondísima. Jamás se había sentido atraída por el hombre que le estaba practicando sexo oral, pero el hecho de que fuera el novio de Melisa hacía que se estuviera derritiendo. Con esa idea en la cabeza, siguió moviendo la pelvis, desplazando toda la raja por la boca de Alan. A pesar de todo, no sabía si el chico no le ponía demasiado entusiasmo o es que era algo torpe en esos quehaceres.

De repente, el móvil de la estudiante de farmacia comenzó a sonar, cortándoles el rollo.

-¿Te he dicho que dejes de comerme el coño? – se quejó Rocío mientras se inclinaba para alcanzar el teléfono.

Sumiso, Alan volvió a pasear la lengua por los sabrosos labios vaginales.

-Sí, cariño – oyó decir a Rocío – Claro, vente. Nos vemos en el piso.

Saber que era Juanjo el que estaba al otro lado del aparato, hizo que Alan se envalentonara y le dio un pequeño mordisco a Rocío, haciéndola gritar.

-No, no pasa nada. Es que me he golpeado con la pata de la cama – se excusó, matando con la mirada al culpable de su incontrolado alarido.

-¿¡Por qué le dices que venga!? – se quejó Alan cuando la mujer cortó la llamada.

-Mira… no me toques las narices… - soltó con evidente enfado, girándose con tremenda agilidad, sin perder el contacto con el rostro de su amante.

Rocío, sin dejar de restregar el coño contra la boca de Alan, comenzó a sobar el endurecido paquete que ahora se mostraba ante ella. Con maestría, se deshizo de la ropa, liberando la polla del hombre que le estaba lamiendo la raja. Era la primera vez que le veía la verga y se quedó bastante satisfecha. Comenzó a masturbarlo con parsimonia, haciendo que el estudiante de derecho comenzara a perder interés en practicarle sexo oral, descompasándose claramente en el ritmo que había llevado hasta ese momento. Oyendo cómo el novio de Melisa comenzaba a gemir, la estudiante de farmacia se agachó acercándose a la inhiesta polla.

Cuando Alan sintió la humedecida lengua de Rocío deslizándose a lo largo del tronco de su verga, dejó de lamerle el coño definitivamente. Se concentró en el placer que la experta universitaria le estaba regalando. La maestría comiendo pollas era más que evidente. Melisa estaba a años luz del buen hacer de la espectacular rubia.

-¿¡Alan!? – se oyó cómo la morena llamaba a su chico, extrañada por no saber nada de él desde hacía un rato.

Al estudiante de derecho se le heló la sangre. Y creyó morir cuando Rocío se sacó la polla de la boca para contestar.

-¿Qué quieres, Melisa?

-Cállate – susurró Alan en voz baja.

-Sigue comiéndome el coño si no quieres que le diga algo que no te gustaría…

-¿Sabes dónde está Alan? – preguntó la enferma, entre tosidos.

El novio de Melisa no tuvo más remedio que hacer caso a la rubia y volvió a lamerle la entrepierna, succionando los hinchados labios menores.

-Creo que ha ido a comer algo – contestó Rocío en voz alta – Creo que se está comiendo un coño – terminó la frase en voz baja, con una sonrisa de oreja a oreja, mientras comenzaba un nuevo vaivén obligando al hombre que tenía debajo a no dejarse ni un milímetro de sexo sin saborear.

-Está bien – aceptó Melisa la explicación – Voy a prepararme algo para comer. ¿Tú quieres algo? – se ofreció, extrañamente, debido a las defensas bajas y la inquietante amabilidad de la que últimamente Rocío había hecho gala.

La rubia rio a carcajadas, dio un lametón a la polla del novio de Melisa y luego contestó.

-No te preocupes, yo ya me la estoy comiendo en la habitación – y se metió la verga hasta la campanilla.

En cuanto Melisa dejó de importunarlos, Rocío alzó el pompis, liberando a Alan, que ya tenía la mandíbula dolorida. Ella acercó su cuerpo a la entrepierna del hombre, haciendo que ambos sexos se encontraran.

El estudiante de derecho no sabía las veces que había soñado con ese momento. Estaba a punto de follarse a la escultural compañera de piso que tanto odio suscitaba en Melisa. Rocío tenía alzada la verga con una mano encarándola hacia su entrada. Alan sintió el calor húmedo y abrasador rodeando su glande a medida que se abría paso entre los pliegues de los esponjosos labios vaginales. Ya estaba dentro de Rocío cuando ella volvió a mover la cadera sobre su entrepierna del mismo modo que antes lo hiciera sobre su cara. La rubia, comenzando a gemir, parecía desatada.

Rocío sintió cómo el novio de Melisa comenzaba a aumentar sus movimientos, acompasándose a los suyos de manera que el pubis masculino golpeaba con fiereza contra sus nalgas cada vez que la penetraba hasta el fondo. También notó las manos del hombre acariciándole los costados, desplazándose en busca de sus firmes senos. Alan se había alzado, colocándose pegado a su espalda.

Sin dejar de follar, ambos amantes escucharon cómo Melisa le abría la puerta del piso a Juanjo. Aunque no oyeron la conversación con detalle, era evidente que habían estado hablando durante un rato.

-¿Cómo crees que reaccionará cuando nos vea? – preguntó un desatado Alan, amasando los voluminosos pechos de Rocío e, inconscientemente, aumentando la fiereza de sus sacudidas debido a la excitación que le provocaba la angustiosa situación.

-¿¡Juanjo!? – Rocío llamó la atención de su novio, ignorando el juego del estudiante de derecho.

-Sí, ya estoy aquí.

-Vale, espera un momento, en seguida salgo – intentó retenerlo para que no entrara en el cuarto.

-¿Estás segura? Esto va para largo… - Alan, demostrando una fuerza desmedida debido a la adrenalina, dio un empellón a la mujer que se estaba follando, provocando que se alzara de golpe, precipitándola hacia delante, haciendo que quedara a cuatro patas sobre la cama.

El chico observó la incandescente raja que estaba claramente más hinchada que cuando se la estuvo comiendo hacía unos minutos. Encaró la verga hacía la entrepierna y volvió a penetrarla con desmedido vigor, haciendo que Rocío soltara un exabrupto.

-¿Estás bien? – se preocupó Juanjo.

-Sí… - contuvo un jadeo - … es que me duele… - hizo una pausa para morderse un labio mientras sentía cómo el picor debido al roce de la verga en su interior iba en aumento - … el golpe que me di antes… - bajó la voz para alentar a Alan y concluyó: - déjame que termine de arreglarme y ahora salgo.

-Menuda zorra… - soltó Alan en el momento en el que se dejó llevar definitivamente.

El semen se precipitó hacia el interior de Rocío, que se dejó caer sobre el colchón, ahogando los gemidos de placer en la sábana que se había llevado a la boca. El novio de Melisa, exhausto, se desplomó al lado de su amante. Estaba jadeante y orgulloso. Acarició la espalda de la mujer a medida que Rocío se daba la vuelta, sintiendo su sueva piel, para acabar magreándole los pechos una vez más. Sin duda eran mucho más grandes que los de Melisa y casi tanto como los de Alba.

-Ahora quédate en silencio. Cuando me haya ido con Juanjo sales sin que nadie te vea y le cuentas a Melisa lo que te salga de los huevos.

-Lo que me salga de los huevos está por aquí dentro – movió la mano para introducir un par de dedos en el escocido coño de Rocío.

-No te pases – le recriminó ella, rechazando el gesto de Alan – El juego empieza y termina cuando yo lo diga. Y ahora ha terminado. Ya te enterarás cuando quiera volver a jugar – soltó mientras se alzaba de la cama para arreglarse.

Alan se quedó embobado observando el precioso cuerpo de la estudiante de farmacia mientras se cambiaba de ropa. No pudo evitar una nueva erección mientras le preguntaba si había quedado satisfecha. Rocío no le quiso contestar hasta que se despidió para ir en busca de su novio.

-Digamos que sigues manteniendo el pabellón bien alto – le sonrió.

Aquella sonrisa de Rocío aumentó el ego de Alan de tal manera que casi no se sintió culpable cuando volvió al cuarto de Melisa para ver cómo se encontraba.

Día 14 - Lunes: con Melisa en el hospital

Melisa estaba ingresada en el hospital con suero debido al estado de fatiga producido por la bronquitis que le habían diagnosticado y de la que había estado aquejada durante todo el fin de semana.

Mientras, Mari se encontraba en el piso, ligeramente preocupada por la enferma, cuando Alan llegó a la casa.

-¿Cómo se encuentra? – preguntó la amiga de Melisa con interés.

-Bueno, está bastante chafada. No es nada grave, pero esta noche dormirá allí y mañana le darán el alta.

-¡Ay! Pobre…

-Yo he venido para buscar algunas cosas que me ha pedido.

-¡Jo, qué bien la tratas! – no pudo evitar una cierta entonación de envidia – Ya quisiera yo uno que me tratara así – sonrió.

-No te creas… - el rostro de Alan se ensombreció.

-¿Y eso? ¿Qué pasa? – se preocupó Mari, percibiendo que algo no iba bien.

-Es que no sé si contarte esto…

-¡Ya estamos! – se quejó – Ahora más vale que me lo cuentes.

-Pero Melisa no se puede enterar de nada…

-Me estás preocupando…

-¿Recuerdas lo que te conté de Alba?

-Sí…

-Pues…

Mari no daba crédito a lo que oía. Nunca había considerado a Alan capaz de acostarse con las otras dos inquilinas del piso. No le encajaba ni por su carácter ni por su físico. Pero, extrañamente, saber que había follado con Alba y Rocío hacía que empezara a verlo más guapo. Eso, unido al ideal de novio que andaba buscando, hizo que Alan comenzara a ser ciertamente apetecible.

Se hizo una pequeña pausa donde el silencio se adueñó del momento. El estudiante de derecho lo rompió con un evidente gesto dubitativo:

-Escucha, Mari, quisiera pedirte perdón por lo del otro día… - la chica de pelo castaño se aguantó una sonrisa y se quedó mirando al novio de su amiga – Se me fue la olla completamente y…

-No te preocupes – le cortó finalmente – No debí recibirte en ropa interior – ahora sí sonrió.

-¡Uf! – Suspiró – Es que menuda provocación – bromeó, más tranquilo al comprobar la reacción de ella.

-¿Aún quieres las bragas entonces? – preguntó sin darle mayor importancia.

Alan no sabía si bromeaba o lo decía de verdad. No quería volver a cagarla y titubeó.

-Te lo digo en serio – insistió ella – Ahora estoy un poquito celosa. Soy la única que no te ha catado – le guiñó un ojo, marchándose hacia su cuarto sin decir nada más, dejando a Alan completamente descolocado.

El chico tardó unos segundos en reaccionar, dirigiéndose a la habitación de la amiga de Melisa.

-¿Se puede?

-Pasa.

Al entrar, Alan volvió a encontrarse a la universitaria en ropa interior.

-¿Otra vez? – preguntó, divertido al ver que la chica actuaba con naturalidad.

-Te estaba preparando el regalo – sonrió mientras se retiraba el tanga que llevaba puesto.

La semirrígida polla de Alan se puso completamente dura al instante, observando la fina y arreglada línea de pelos cortitos y oscuros que se extendían a lo largo del pubis femenino.

-¡Toma! – le lanzó la prenda al entusiasmado invitado.

-Gracias – balbuceó mientras se guardaba el pequeño tanga en uno de los bolsillos.

-De eso nada – se quejó – Muéstrame lo que haces con ellas.

-Mari… - expresó su desacuerdo.

Pero ella se mostró inflexible, sentándose sobre la cama, con las piernas completamente selladas. Alan no tuvo más remedio que acatar las órdenes de la preciosidad que se las exigía.

El chico alzó la prenda femenina, acercándosela a las fosas nasales y aspiró, olisqueando el intenso aroma que le hizo gemir levemente. Completamente excitado, Alan se deshizo de los pantalones y los calzoncillos, liberando la tremenda erección que hacía rato le estaba provocando cierto dolor. Se acarició la verga con parsimonia, observando la reacción de la amiga de su novia. Creyó ver cómo Mari separaba muy ligeramente sus muslos de forma casi imperceptible, apenas unos escasos milímetros.

La chica de pelo castaño no se podía creer lo que estaba haciendo. Siempre se había divertido con el novio de su amiga, bromeando y siguiéndole el rollo, pero jamás había ido más allá. Aunque le había gustado imaginar lo que habría hecho con su ropa interior, eso no hizo que lo viera con otros ojos. Además lo tenía por alguien más bien tímido, pero la metida de mano que le había pegado hacía tan solo unos días le había hecho cambiar de opinión. Descubrir que ese tío del montón se había tirado a Alba y Rocío es lo que le había empujado a cometer la locura que estaba llevando a cabo. Y, definitivamente, verle el más que apetecible erecto mástil había hecho que no se arrepintiera.

Cuando Alan frotó la punta de su polla con las bragas, instintivamente Mari abrió ligera pero perceptiblemente las piernas, llevándose una mano a su sexo, comenzando a frotarse al mismo ritmo que el novio de Melisa se masturbaba. El cuarto se llenó con los suspiros de ambos onanistas.

-Ven aquí, guarrete – bromeó ella, indicando con el dedo índice que Alan se acercara.

Cuando el chico lo hizo, observó cómo Mari se abría más de piernas, dejándole ver por primera vez su sexo, con unos labios menores pequeños que quedaban ocultos a simple vista. El novio de Melisa le acarició los turgentes muslos al mismo tiempo que encaraba su miembro hacía la entrepierna femenina.

La penetración fue pausada y los amantes aprovecharon para besarse. A medida que se comían la boca, aumentaban el ritmo de sus movimientos hasta acabar acometiendo bestiales embestidas tras las cuales se escondían los sonoros sollozos de Mari.

Tras unos breves, pero intensos instantes de penetración, ella se separó de él, removiéndose para acercar la boca a la palpitante polla del chico, que no pudo aguantar más. Solo observar el precioso rostro de la hermosa mujer a punto de chupársela hizo que estallara en un tremendo orgasmo, soltando espesos chorros de leche sobre la cara de la amiga de su novia.

El chico, desfallecido debido a la intensa corrida, tuvo tiempo de guardar una imagen mental del bello rostro lleno de su blanquecino semen antes de echarse a un lado, tumbándose en la cama junto a ella. La verga, morcillona, se quedó descansando sobre su bajo vientre, chafando el matojo de pelos del pubis.

-¿Ya? – preguntó ciertamente decepcionada mientras se limpiaba la cara con las bragas que le había dado a Alan – No me estoy jugando una amistad por un simple polvo sin llegar a correrme.

La chica se abalanzó nuevamente sobre la entrepierna del novio de su amiga. Cogió la polla flácida, aún con restos de semen, y comenzó a jugar con ella entre sus dedos. Alan parecía recuperarse poco a poco al mismo tiempo que el miembro iba recobrando cierta firmeza. Cuando Mari se lo metió en la boca, aún estaba ligeramente blando, pero su lengua hizo un buen trabajo, consiguiendo que el amargo pene volviera a empalmarse.

-Un gran trabajo – sonrió Alan, reconociendo el buen hacer femenino.

-Pues aplícate el cuento.

El estudiante de derecho se alzó para alcanzar el culo de la mujer. Le dio un suave manotazo en la nalga y luego se recreó acariciándosela.

-Date la vuelta – le sugirió.

Ella le hizo caso, levantándose de la cama e inclinándose hacia delante, sugerente, mostrando su espectacular trasero. Alan masajeó la gruta que se adivinaba entre sus piernas, desde el coño hasta el ano, sintiendo la viscosa humedad del sexo de la universitaria.

-¿Quieres follarme el culo? – le ofreció con lascivia.

-¿Puedo?

Pero no hacía falta preguntar. Mari se acomodó, moviendo las piernas y doblando ligeramente las rodillas para mostrarle el esfínter.

-Todo tuyo, pero con cuidado.

Alan encaró la polla, haciendo rozar el glande con la rugosa entrada. Apretó ligeramente, provocando los quejidos de la amiga de su novia. Un segundo intento hizo que el agujero se dilatara más. Y a la tercera pudo notar la enorme presión asfixiando la punta de su polla. Poco a poco fue entrando en el ano de aquel culo perfecto.

Con los 17 centímetros taladrando su entrada trasera, Mari se llevó una mano a la entrepierna. Acariciándose el clítoris y metiéndose un par de dedos en el coño, consiguió explotar en un intenso orgasmo entre gritos de placer.

Gracias a la reciente corrida, Alan estaba aguantando bastante tiempo sin eyacular, pero el lascivo comportamiento de la dueña de la habitación le empujó nuevamente al borde del orgasmo. Sacó el miembro con avidez, haciendo gritar a Mari una vez más. Se sacudió la polla un par de veces y comenzó a expulsar lo poco que le quedaba en los huevos. Pegajosos espumarajos de lefa se depositaron sobre el trasero de la atractiva universitaria. El chico golpeó las nalgas con la verga, restregando los últimos grumos de semen que se adherían a su miembro.

-¿Tú no tenías que llevarle no sé qué a Melisa? – preguntó Mari, recogiendo con un dedo parte de la corrida que Alan había depositado sobre su culo y llevándosela a la boca.

-No eres guarra ni nada… - cercioró el chico, haciéndola reír.

Ambos se arreglaron sin dejar de bromear sobre lo ocurrido, pero Alan se apresuró por volver cuanto antes al hospital después de recoger todo lo que su novia le había pedido.

*          *          *

Tras las increíbles dos semanas en las que Alan consiguió acostarse con las morbosas compañeras de piso de su novia, la vida de las cuatro universitarias volvió a la normalidad.

Melisa se recuperó de su bronquitis y mantuvo el noviazgo con su chico, sin llegar a saber jamás que le habían puesto los cuernos con todas y cada una de sus compañeras de piso, entre las que se encontraban su mejor amiga y una de las personas a las que más odio le tenía.

Estando de fiesta, Alba conoció a un chico con el que empezó una relación más o menos estable. Lo que comenzó como un juego para reírse de Melisa y acabó en un polvo con Alan había quedado completamente en el olvido.

Por su parte, Rocío conservó su relación con Juanjo sin llegar a confesar su desliz con el novio de su compañera de piso. No obstante, esporádicamente, cuando Melisa le importunaba en demasía, solía volver a jugar un poco con Alan. Él no parecía molesto precisamente y eso la enorgullecía, sintiendo que ninguneaba a la morena de rasgos latinos.

Mari siguió buscando el amor sin encontrarlo. Numerosos hombres siguieron pasando por su dormitorio y, aunque disfrutaba de todos ellos, seguía sintiendo cierta envidia de la relación que tenía su amiga. La amistad con Alan se vio reforzada después del polvo. La complicidad entre ambos aún fue mayor y, aunque él nunca volvió a intentar nada con ella, la chica de pelo castaño no estaba segura de lo que habría pasado si lo hubiera hecho.

18 Response to "Cuatro universitarias"

  1. Guillermo Llorente Rivero 8 de marzo de 2015, 16:34
    Me ha encantado, espero ansioso leer el próximo.
  2. Anónimo 8 de marzo de 2015, 21:04
    Eres un genio, te has reinventado con éxito arrollador. Enhorabuena Doc!!!
  3. Anónimo 9 de marzo de 2015, 1:08
    Me lo dejo como pendiente, doc!

    Zorrito
  4. Anónimo 9 de marzo de 2015, 2:53
    Uy, pues a mí no me ha gustado... De tan caliente que intenta ser me ha dejado fría. Los preliminares del relato se dividen entre las tres compañeras de piso, lo cual obviamente requiere mucho texto y trabajo en total pero no profundiza en ninguna, con lo cual queda como bastante cogido con pinzas. Es decir, Rocío se lo folla por jorobar a su novia, la amiga se mete en la cama de Alan sin una razón clara y Mari por no ser la única en no catarlo. Y cuando llegamos al sexo empieza directamente a saco, con un coño en la cara o con una mamada en el primer minuto. Como la gran parte del entramado se la lleva la preparación de las situaciones ya no queda espacio para detallar la acción o al menos que no sea tan brusca. A la que te descuidas ya se han corrido tres veces.
    Más que un gran relato a mí me ha sabido a tres relatos flojos.
    Pero por supuesto que eres un gran escritor y que ya estoy ansiosa por leer el siguiente!

    Marta
  5. doctorbp 9 de marzo de 2015, 20:14
    Gran análisis Marta.

    Tenía el temor de que el relato no gustara pues es algo bastante diferente a lo que suelo escribir (Zorrito, tenlo en cuenta). Pero estos comentarios demuestran, una vez más, que hay gustos para todos. Habrá quien quiera cosas completamente nuevas y quien espere siempre más de lo mismo.

    Marta, creo que el personaje de Alba refleja muy bien lo que dices. Nunca acabé de estar cómodo del todo con él y la escena de sexo la retoqué el mismo día de la publicación. El personaje de Rocío, si bien es cierto que es muy distinto a mis personajes femeninos habituales, sí me gustó (ella y todo lo que le envuelve). Piensa que, por su carácter, tiene sentido que utilice a Alan simplemente para putear a Melisa. Y en cuanto a Mari... pues te doy la razón a medias. Intenté crear un personaje más complejo, con pequeños matices que seguramente no he acabado de explotar correctamente. Sus intenciones respecto al novio de su amiga nunca están claras del todo, pasa de 0 a 100 muy rápido...

    En fin, nuevamente muchas gracias a todos por darme vuestras impresiones del relato. Animo al resto a que también comente. Vuestros comentarios me alegran incluso más que mis relatos a vosotros :)
  6. Miru Jaca 10 de marzo de 2015, 16:37
    Dos puntos positivos y dos negativos.

    Positivos:
    - El cambio de tornas. La variedad está muy bien, y aunque salirte de tu esquema habitual no siempre te ha salido bien, en ocasiones como ésta sales del paso más que dignamente, en mi opinión.
    - El personaje de Rocío. Su motivación y actuaciones me parecen de las más morbosas de todos tus relatos. ¿Qué hay más excitante que humillar así a quien detestas? Me parece el personaje más creíble del relato, aunque pensándolo bien esto es bastante preocupante. xD

    Negativos:
    - La evolución de Alan me parece mal llevada. Pasa de ser un "tímido chico del montón" a todo un seductor de forma demasiado rápida. Incluso se nos dice que ya ha sido infiel en alguna ocasión anterior, lo que resta encanto a esta evolución. Personalmente, igual que me gusta que los personajes femeninos se resistan a la tentación, esperaba lo mismo de Alan.
    - Tampoco me convence nada el final de Mari. "Soy la única que no te ha catado" no me parece una motivación suficiente para hacer lo que hace, teniendo en cuenta su comportamiento hasta entonces. Lo ideal hubiera sido hacer que ella realmente se enamorara de Alan, hubiera quedado mucho mejor, aunque por supuesto te hubiese conllevado mucho más trabajo narrativo para hacerlo creíble.

    Por lo demás, el personaje de Alba me parece una introducción bastante aceptable, y Juanjo un añadido que no está de más. Pero insisto, sin duda la mejor Rocío, tengo la sensación de que está desaprovechada. Su juego con Alan casi daría para un relato propio, pero al querer meter en la ecuación a más personajes te has visto obligado a limitar su actuación.

    En cualquier caso, creo que este relato es un soplo de aire fresco en el blog. Diría que, como relato erótico, estaría en el top 3 de los 10 últimos, junto a "Cariño, ponte en forma" y "Después de clase". Luego están "Órdago a todo" y "Justicia o venganza" que me gustan mucho pero más por su desarrollo narrativo que por su contenido erótico.
  7. doctorbp 11 de marzo de 2015, 11:47
    Otro gran comentario :)

    Puntualizo algunas cuestiones, aunque, como en el caso del comentario de Marta, estoy bastante de acuerdo en general.

    Vuelvo a insistir en que me sentí muy cómodo con el personaje de Rocío. Me gustaron sus motivaciones, un tipo de personaje femenino que no había usado nunca hasta ahora (viene a sustituir al típico personaje masculino malote de mis relatos) y que me ha permitido crear algunas escenas diferentes (siempre había querido usar un personaje femenino que hiciera piececitos con alguien bajo la mesa, que hiciera una paja a escondidas de la gente de alrededor o que mantuviera una conversación con alguien mientras follaba sin que se supiera).

    Alan realmente no llega a ser nunca un seductor. Las circunstancias le llevan a follarse a las compañeras de piso de su novia sin hacer prácticamente nada. Rocío le usa y Mari le pilla con sus bragas. Tal vez sí pone un poco más de su parte con Alba durante la fiesta, pero porque va borracho, único momento en el que se desata y pierde su habitual timidez.
    Eso sí, resistirse no se resiste mucho. Ahí debo darte la razón.

    Y sobre Mari... como decía, este personaje es el más complejo y, sin duda, no he sabido hacerlo bien. Te juro que por mi mente pasó la posibilidad de que se enamoraran y acabaran juntos, puteando así aún más a Melisa. Descarté la opción, pero quise dejar el matiz de que ella busca una relación como la que tiene su amiga, provocándole una cierta envidia que también debería tenerse en cuenta a la hora de evaluar los motivos por los que se comporta como lo hace.
    Pero asumo que igual podría haber desarrollado más al personaje, sin duda.

    Y sí, siendo Alba la compañera menos aprovechada, sin duda sirve para encauzar las otras dos relaciones, que son las que tienen el verdadero peso de la narración. Digamos que cumple su papel.

    ¡Muchas gracias Miru Jaca!
  8. Anónimo 11 de marzo de 2015, 14:03
    Esta noche lo leeré entero y te dare una critica argumentada.
    Tengo en cuenta que es algo muy distinto a lo que sueles hacer (Según pusiste en un comentario)

    Zorrito
  9. doctorbp 11 de marzo de 2015, 23:01
    ¡Pero no veas los comentarios antes de leer el relato, que te vas a comer spoilers!
  10. Caprix 16 de marzo de 2015, 18:00


    A mi me ha gustado mucho. Me ha parecido un soplo de aire fresco en tu trayectoria.
    Has salvado obstáculos de la mejor manera posible. Y este relato, desde su configuración inicial, entrañaba un cúmulo de obstáculos.
    Para empezar metes en un relato de 30 páginas a 6 personajes, y para más inri, narras en tercera persona, por lo que tienes que ir describiendo las sensaciones, dudas, ambiciones, etc (con más o menos detalle) de todos.
    Ningún personaje se cae. Yo no creo que el protagonista sufra una transformación demasiado rápida. Con la primera se atreve porque está borracho. Con la segunda simplemente se deja hacer y con la tercera… digamos que la tercera se la deja botando. De hecho los únicos actos que hace realmente descarados son: 1. Ciertas frases de “jefe” en pleno acto con Rocío y 2. Tocarle el culo a Mari tras lo cual sale corriendo. Vamos, que tampoco se convierte de golpe en un apóstol de la seguridad.
    El relato toca techo con el acto con Rocío, quedando el tercer acto como más descafeinado. Sinceramente creo que Rocío acabó por comerse a Alan y a Mari. Es más, creo que tú no pretendías eso cuando te sentaste a escribir pero así ha sucedido.
    Creo que lo más mejorable ha sido lo de Mari si bien el obligarle a él a hacer delante de ella lo que hacía en la intimidad me ha parecido magnífico. Pero quizás pudiste narrar esa escena de forma más morbosa. Date cuenta de que en el beso con Alba les podían pillar. En el acto con Rocío les podían pillar, pero con Mari fue todo demasiado “tranquilo” como para que pudiera tener morbo. Yo ahí habría hecho una Mari más reticente, (al fin y al cabo me parecía mejor chica que las otras dos).
    Otro problema es que es difícil conectar mucho con los personajes porque pasan tantas cosas en tan poco tiempo que obviamente te centras en describir actos más que sensaciones. Pero claro, el relato son 30 páginas, no 90. No has podido hacer más en menos espacio. Yo soy más de relatos más intimistas y aquí pasaban tantas cosas que más parecía un “report” que otra cosa, pero insisto: tantos personajes, tantos hechos y narración en tercera persona, son elementos que te llevan a eso.
    El argumento está muy elaborado y está bien captado el ambiente universitario. Todo muy en plan “todo vale”. Por eso a mi no se me cae el personaje de Alan para nada. “Quiero a mi novia pero es que sus compañeras están tan buenas…” El 95% de los chavales de 20-22 años son así.
    Alguien comentaba por ahí que las escenas sexuales son muy rápidas, con pocos previos, y es verdad, pero lo dicho, no puedes hacer más con menos espacio. Quizás una versión extendida de 45 páginas en vez de 30 te habría dejado el relato perfecto, pero tendrías críticas por exceso de metraje. Así que vete a saber.
    Insisto en que Mari quedó devorada por Rocío y desaprovechada un poco por tí. Esas veces que Mari venía con un chico a casa y Alan la oía llegar mientras Melisa dormía. ¿Y si Alan la escuchara gemir en la oscuridad de la noche? ¿Y un encuentro con ella una noche de esas? ¿O con su amante? En fin. Creo que faltó algún elemento que hiciera aumentar el deseo en Alan y el lector por Mari. Ya que era la chica "final" deberíamos haber ansiado más su caída.
    Veo que comentas que te quedaste insatisfecho con Alba. Creo que Alba simplemente abre fuego, es un secundario que cumple su papel, yo lo he visto bien. Desde un primer momento el lector sabe que los platos fuertes son Rocío y Mari.
    No puedo evitar volver a Rocío. Un personaje maquiavélico, espectacular. Como ese enemigo que temes y admiras. Su “maquiavelismo” la convirtió en la más morbosa. Has creado una femme fatale que ha dejado a Alba y a Mari en dos mojigatas con poco que ofrecer, claro, en comparación.
    En fin. Enhorabuena. Es el relato tuyo que más me ha gustado desde "Noche descontrolada". Si se me ocurre algo más te volveré a comentar.
  11. Seguidor 17 de marzo de 2015, 1:17
    Doc!

    Antes de cualquier otra cosa te quería agradecer por darte el tiempo de escribir una vez más. Significa mucho para los que siempre vamos por la vida con fantasias en la cabeza, pero que carecemos de la habilidad para plasmarlas.

    El relato me ha parecido genial; te has reinventado y nos has traido unas mini-historias que han sido de lo mejor! Me ha encantado que la historia haya estado vista desde el punto de vista de un hombre y esa rivalidad entre mujeres que siempre genera morbo. Si bien leí por ahí que las historias pueden paracer un poco livianes, es muy dificil meterle tanto contenido a diferentes historias en un solo relato. Creo que tu lo has hecho genial!

    El personaje de Rocío es el que más me ha encantado, no sé si fue por como lo describiste o simplemente por la forma en que se da la historia, pero me la he imaginado como una diosa con un cuerpazo y muy cachonda. Genial la parte del sexo, expresaste muy bien sus habilidades.

    Creo que esta historia es si o si para una segunda parte al menos! (La estaré esperando con ansias!) aunque creo (Y lo veo como algo positivo) el personaje de Alan podría mejorar, creo que pudo haber sido explotado mejor (Pero eso nos da la excusa para la segunda parte jaja). Quizá pueda agarrar otra personalidad, o un cambio de apariencia, o quizá tome otros riegos, pero por favor incluye a Rocío! jaja


    Saludos y gracias por el relato!
  12. doctorbp 20 de marzo de 2015, 0:38
    Primero de todo, Caprix, Seguidor, gracias por los comentarios. Voy a ir contestando más o menos por orden para no dejarme nada.

    Al parecer, uno de mis mayores temores, que el relato no gustara por ser algo diferente a mi estilo habitual, ha resultado ser un gran acierto. Aún así, como bien dices, Caprix, el relato podría haber sido aún mejor si me hubiera alargado más en cada una de las escenas y personajes.

    jajaja cómo se nota que sabes de lo que hablas (tal vez incluso a ti también te haya pasado). Sí, Rocío se adueñó del relato. El plato fuerte debía ser Mari, pero el carácter de la rubia desbancó al resto de personajes.

    El problema con hacer a Mari más reticente era ¿cómo avanzar? Alan no debía tomar la iniciativa (podríamos decir que por exigencias del guión). Entonces solo me quedaba hacer lo que he hecho (tal vez podría haber inventado una escena más morbosa) o aportar a la relación algo más de romanticismo. Esta idea era la que ganaba más enteros, pero finalmente solo introduje algún pequeño matiz en el personaje de Mari. En cualquier caso, tengo claro que podría haberlo hecho mucho mejor.

    Las ideas que aportas para mejorar las escenas con Mari tal vez habrían ayudado. Yo me centré en la idea de la ropa interior femenina y no supe ver que podría haber abarcado más posibilidades.

    Estoy de acuerdo en cuando a Alba. Hace bien su papel de abrir el fuego. Aún así, creo que también es mejorable. Aunque claro, a no ser el personaje final, las expectativas no eran tan altas como con Mari.

    Creo que Rocío es el personaje más "querido" por su maldad desde Quim de "Sin tetas no hay trabajo" :)

    ¡Guau! ¿El segundo después de "Noche descontrolada"? No sé si eso ensalza mucho este relato o pone al resto a la altura del betún jajajaja

    Seguidor, temo decir que, aunque aún tengo historias por contar, mis fantasías se van acabando. Haber dependido tanto de una musa tiene sus cosas malas :P

    Has captado muy bien la esencia del personaje de Rocío. De hecho, supongo que esa esencia es la que la ha llevado a ganarse los elogios de los lectores. Todo el mérito es de esta femme fatale xD

    jajaja ¡ya tardaba alguien en pedirme una segunda parte! Lo que siempre comento al respecto: el relato no está pensado para tener una continuación, pero no cierro las puertas a que algún día se me ocurra alguna historia que encaje con estos personajes y haga una continuación. Pero de momento, no es la idea.

    Nuevamente, gracias a todos por los magníficos comentarios. Y animo al resto de lectores a que se unan y comenten el texto e, incluso, el resto de opiniones.
  13. Javi y Lucia 25 de marzo de 2015, 18:08
    Hola! nos gusta tu blog! vamos a poner tu enlace en el nuestro, pasate si quieres echarle un vistazo, contamos nuestra historia real, paso a paso, con sexo liberal incluido.
    gracias !
    http://pasionemergente@blogspot.com
    javi y lucia
  14. doctorbp 28 de marzo de 2015, 14:08
    jajaja os perdono el spam porque vuestra historia promete. Por cierto, se os ha colado una @ en el enlace del blog.

    Ahora os dejo un comentario. En la parte de Lucia, por supuesto :P
  15. Anónimo 18 de abril de 2015, 5:32
    A mi me temo que no me ha convencido, es demasiada historia para tan "poca" extensión. Entonces todo da la sensación de producirse a demasiada velocidad, sin el detalle al que nos tienes acostumbrado. Los polvos se suceden y las chicas, en situaciones morbosas forzadas que no acaban de cuajar porque no acaban de estar del todo bien explicadas como si ocurre en otros de tus relatos. Creo que dividido en tres entregas (una por chica, por ejemplo) habría funcionado mucho mejor, permitiéndote desarrollar la historia.

    Y, una última cuestión cronológica: en dos semanas se folla a las tres, ¿y tras eso nunca nada con ninguna? ¿Esas semanas qué había en el agua? xD

    En cualquier caso, no es un mal relato, pero a mi no me ha enganchado como muchos otros de los tuyos.

    Requiem
  16. doctorbp 22 de abril de 2015, 19:45
    jajaja son dos buenas semanas para el prota xD

    Supongo que al ser un relato bastante diferente a lo que suelo escribir ha influido en la forma en la que he explicado las situaciones. Te doy la razón en que no ha existido el mismo detalle que en otros relatos.
    De todas formas no creo que la historia me hubiera dado para 3 entregas. De ser así, creo se habrían quedado cojas cada una de ellas.

    Muchas gracias por el comentario, Requiem.
  17. Sagues 17 de julio de 2015, 9:59
    Me ha encantado el relato, ¿Para cuando el próximo?
  18. doctorbp 26 de julio de 2015, 20:45
    Hola Sagues. Me alegra que te haya gustado el relato.

    El próximo no sé cuando vendrá, pero espero que en breve mi vida vuelva a normalizarse y pueda dedicarme nuevamente a la escritura.
    Mientras, tienes un montón de relatos más que leer y comentar :P

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