Noche descontrolada

Sinopsis: Una chica pierde el control de la situación con la persona que menos se podía imaginar.

Era la primera vez que Roberto iba al pueblo de su novia. Sentía una mezcla de sentimientos puesto que sabía lo importante que era ese mundo para ella y deseaba por fin poder formar parte de aquello y no cagarla en el intento.

Habían salido con el coche temprano y no tardarían mucho en llegar. El planning del día era sencillo: llegar a la casa donde les recibirían los padres de ella, dejar todo lo que llevaban en el coche necesario para el tiempo que iban a pasar allí, comer tranquilamente y por la tarde irían a recorrer algunos de los lugares que ella tantas veces le había explicado y conocer a algunos de sus amigos con los que ella tanto había compartido. Seguramente por la noche saldrían ya que era el fin de semana grande de las fiestas y al día siguiente él tendría que regresar puesto que no tenía vacaciones.

Mercedes estaba entusiasmada viendo los altos árboles que pasaban rápidamente junto a ellos a medida que el coche avanzaba en dirección a su pueblo. Por fin llegaba. Durante todo el año esperaba la llegada de aquellas fechas, las fiestas de su pueblo, lo único que hasta ahora había sido más importante que cualquier otra cosa, incluido Roberto. Pero este año era diferente, esta vez pensó que ya era el momento en el que esto cambiara y que él debía formar parte de aquello y así podría disfrutar conjuntamente de las cosas que más deseaba: Roberto y esa mezcolanza de todo lo que siempre han significado esas fechas tan importantes para ella.

A pocos kilómetros de la entrada al pueblo, Mercedes empezó a explicarle a Roberto cada una de las cosas que iba divisando como si de un guía para turistas se tratara incluyendo pequeñas anécdotas vividas en años anteriores. Sin duda su entusiasmo era evidente. Una vez dentro del pueblo también le explicó todo lo que pudo: casas donde vivían amigos, lugares donde se reunía con ellos, campos en los que trabajan algunos vecinos o historias que ya le había contado otras veces.

Al llegar al destino, los padres de ella salieron a recibirlos tal y como habían quedado y mostraron la casa a Roberto mientras Merche iba sacando cosas del coche. Cuando se hubieron instalado tuvieron un momento de intimidad en la habitación, situada en la planta alta de la vivienda:

-¿Qué te parece? – le dijo ella.

-Es estupendo, tenía muchas ganas de estar aquí. Ven... – y se le acercó para darle un beso que ella recibió gustosamente.

-Mi madre me ha dicho que han preparado una paella. ¿Quieres descansar un rato o bajamos ya a comer?

-No, no, vamos ahora, que no quiero que tu madre se piense cosas raras.

-No seas idiota. Anda vamos.

Mientras bajaban al piso inferior donde estaba el salón Merche continuó la conversación:

-¿Qué querrás hacer esta tarde?

-Lo que tú quieras. Quiero que estos días actúes como siempre lo has hecho. No quiero que mi presencia cambie todo lo que esto significa para ti. Sé lo importante que es y no quiero que te preocupes por mí ni un solo segundo...

-Pero... – le interrumpió ella.

-... pero nada, ¿me lo prometes?

-Está bien... pero que sepas que tú no... bueno, de acuerdo, te lo prometo. Ya está.

Merche no sabía cómo explicarle que no necesitaba prometer nada, que era él el que no debía preocuparse por fastidiarle nada. Pero se limitó a contentarle haciéndole aquella absurda promesa que no significaba nada, pero que serviría para que Roberto se relajara y no se tomara aquella estancia como una prueba de su amor.

La comida transcurrió normalmente con los típicos formalismos entre yerno y suegros. Al terminar, Merche les preguntó a sus padres si Damián había llegado ya, a lo que respondieron afirmativamente. Damián era el vecino de toda la vida de Merche y su mejor amigo del pueblo. Le había hablado muchas veces de él a Roberto y estaba deseosa de que se conocieran así que le dijo a su novio que ya sabía lo que iban a hacer primero: visitar a Damián. Por desgracia no estaba en casa, pero sus padres le indicaron donde podía estar. No hacía falta que ellos se lo dijeran, sin duda estaría en el bar de la plaza, punto de reunión de todos los jóvenes del pueblo.

-Bueno, pues vamos entonces al bar – le dijo Merche a Roberto.

-Es el que me has indicado cuando pasábamos con el coche por la plaza, ¿no?

-Efectivamente, seguro que Damián está allí. Y con un poco de suerte nos encontraremos con más gente.

Como bien sabía Merche, Damián se encontraba en el bar y junto a él estaba la mayoría de gente de la cuadrilla. El bar era el punto de reunión habitual de todo aquel que tuviera intención de salir, tomar algo, echar unas partidas o simplemente pasar el rato y, por lo tanto, siempre estaba atestado de gente.

-¡Hola chicos! – saludó Merche al entrar en el bar y ver a su grupo de amigos entre los que se encontraba Damián.

-¡Hola Merche! – respondieron la mayoría al unísono.

-Mercedes, se me hace raro oír como aquí todo el mundo te llama Merche – le dijo Roberto por lo bajo mientras se acercaban a la mesa.

-Seguro que esta noche ya te habrás acostumbrado y tú también acabarás llamándome así sin darte cuenta... mira, este es Damián. Os presento: Damián, Roberto. Roberto, Damián.

-¡Hombre! Pero si es el famoso Roberto. Ya teníamos por aquí muchas ganas de conocerte. Pensábamos que Merche nunca te traería por estas tierras – le dijo Damián.

-Pues sí, ha costado, pero por fin estoy aquí y puedo conoceros a todos, aunque me ha hablado un montón de vosotros. Encantado.

Y así, Merche para todos y Mercedes para uno, fue presentando a su novio en sociedad. Tras los instantes más cohibidos iniciales y las conversaciones tópicas de rigor, con la ayuda de unas cervezas y la hospitalidad de los amigos de Merche, la cosa comenzó a fluir y al poco rato Roberto era uno más. Merche se sintió contenta, sabía que aquello iba a pasar, pero se alegró por él, lo había visto tenso durante el viaje y verlo ahora relajado, integrado con sus amigos le dio una satisfacción solo interrumpida por lo que pasó a continuación.

En la otra punta del bar comenzaron a oírse unos gritos. Merche sabía bien lo que estaba pasando. Algún idiota ya estaba provocando una pelea. Y seguramente se trataba de alguno de esos mocosos que se creen que por ponerse chulitos pueden comerse el mundo y, realmente, lo único que se podía comer era un buen guantazo de alguno a los que estaban provocando. Aquel idiota de no más de 20 años se estaba poniendo tonto con un tío de unos 30 años harto de trabajar en el monte y que sólo su mano era más grande y gruesa que la cabeza de aquel niñato.

Merche no estaba por la labor de ver cómo acababa aquel espectáculo bochornoso con lo que propuso que se fueran a otro lado. Ya era hora de cenar así que decidieron ir a una pizzería en el pueblo para después salir de marcha. Durante la cena, Roberto fue intimando cada vez más con los amigos de su novia. Sobre todo con Damián. En un momento en el que éste y su mejor amiga se quedaron solos Damián le comentó:

-Merche, estoy muy contento por ti. Roberto es un tío muy majo. Se ve que te quiere y que es un buen tío. Me alegro de veras por ti.

-Muchas gracias, Damián – le contestó ella y le dio un tierno abrazo como tantos otros le había dado en las múltiples ocasiones en las que estos 2 se habían ayudado ya sea con palabras como era el caso o de cualquier otra forma. –Eres un cielo – concluyó.

Cuando terminaron de cenar estuvieron decidiendo dónde irían. Roberto, más integrado que nunca, dijo que lo mejor sería ir primero a tomar algo y luego, ya con algo de alcohol en las venas, salir a darlo todo. Parecía que estaba animado. Todos estuvieron de acuerdo con su propuesta así que el grupo de chicos y chicas, todos en torno a los 25 años, se marcharon hacia el centro del pueblo, lugar en el que estaba situada la orquesta. Allí podrían comprar bebida y bailar la típica música que suelen tocar en este tipo de acontecimientos.

Una vez en mitad del gentío, Roberto se alejó ligeramente del grupo para contemplar a Mercedes. Estaba preciosa, morena, con el pelo recogido que dejaba ver sus orejas con más de un piercing. Llevaba una camiseta corta que dejaba entrever su ombligo y unos tejanos que, sin ser ajustados, marcaban su preciosa silueta. La veía bailar y se daba cuenta de lo afortunado que era, de lo mucho que le gustaba y lo mucho que la quería. Se movía con tal gracia que su atractivo rebosaba hasta inundar el lugar y eclipsar al resto de chicas que estaban a su alrededor. Mercedes era preciosa.

Junto a Mercedes estaba Damián, su mejor amigo. Un chico joven (tenía 23 años, 4 menos que Mercedes), alto y fuerte y, seguramente, también era guapo pensó Roberto. Quiso borrar cualquier mal pensamiento que le fuera a venir a la mente y pensó que su novia era afortunada al tener un amigo tan especial. Realmente, Damián parecía un buen tipo.

Tras bailar un rato con la música de la orquesta, jugar a algún juego en los puestos de feria que había dispersos por el pueblo, hacer unas cuantas tonterías, reír mucho y, sobre todo, beber lo suficiente, decidieron que podían ir a algunos de los garitos del pueblo. Ya era una buena hora para que el ambiente, constituido básicamente por gente joven del mismo pueblo y de los de alrededor, fuera bastante bueno.

Eran las 3 de la madrugada y habían pasado un par de horas yendo de un garito a otro bailando y bebiendo cuando Merche se dio cuenta de que no sabía dónde estaba Roberto. Empezó a mirar de un lado a otro intentando divisarlo en el local en el que se encontraba. A uno de los lados, a unos 5 metros escasos divisó a Damián. Lo llamó pero la música estaba demasiado alta como para que la oyera así que se acercó a él. Estaba de espaldas así que le rodeó con el brazo acariciándole el pecho para llamar su atención y se le arrimó lo más que pudo para gritarle al oído:

-¿Has visto a Roberto? ¿sabes dónde está?

-No tengo ni idea. No lo he vuelto a ver desde que me tiró la copa en el otro sitio – y se rió recordando lo cómico del momento.

-Anda, ¿por qué no me ayudas a buscarlo?

-Tranquila, estará con alguien. ¿No ves que nos hemos desperdigado todos?

-Va, por fa...

-Está bien, quédate aquí. Voy a dar una vuelta por fuera a ver si lo veo.

-Gracias – le dijo Merche y se lo agradeció con un piquito ante el cual Damián no se sorprendió ya que era un gesto habitual, señal de la gran confianza que había entre ambos.

Mientras, Roberto, en la calle, intentaba encontrar a su novia. No sabía cómo se había despistado, pero el caso es que se había quedado solo. Cuando se quiso dar cuenta, en el bar del que acababa de salir, se había visto rodeado de extraños y no quedaba ni rastro de Mercedes ni ninguno de sus amigos. Ni siquiera le sonaba la cara de alguien del pueblo, todos debían ser de los alrededores. Entonces, tras asegurarse que en aquel lugar no había ningún conocido salió a la calle en busca de Mercedes o, en su defecto, alguien mínimamente conocido.

Tras revisar cerca del centenar de rostros se encontró con un grupo de chicos jóvenes que estaban montando un follón considerable. Entre ellos una cara le resultó familiar.

-Hola, perdona – le dijo acercándose a él – Tú eres del pueblo, ¿verdad?

-¿Y a ti qué te importa de dónde soy? – le contestó en tono desafiante el chaval.

-Disculpa, pero es que estoy buscando a Mercedes y...

-¿Mercedes? ¿Quién coño es Mercedes? – le interrumpió.

-¡Ups! Lo siento, tal vez me haya equivocado...

-No espera, ya sé quién eres... tú eres el novio de Merche, ¿me equivoco?

Roberto empezó a mosquearse. Estaba convencido que aquel chico le había reconocido desde un principio así que se dispuso a vacilarle.

-Sí, correcto, de Mercedes, de Mercedes.

-Mercedes Benz... ¡no te jode! – y todos sus amigos soltaron una fuerte carcajada – Mi amiga se llama Merche y ser su novio no te da derecho a cambiarle el nombre.

-Lo que pasa es que tú no eres ni tan siquiera su amigo – le espetó Roberto ya bastante encendido.

-Mira tío, te he dicho que mi amiga se llama Merche.

El chaval se estaba poniendo bastante pesadito y sus argumentos no eran demasiado de peso por no decir que lo que decía era un sinsentido así que Roberto intentó desviar la atención y, de paso, conseguir lo que pretendía.

-Bueno, ¿la has visto? ¿sabes dónde la puedo encontrar?

-Tío, no me jodas. Déjame en paz y márchate que ella aquí siempre ha estado muy bien sola. No necesitamos que venga ningún novio toca pelotas a jodernos las fiestas.

-Es igual, ya buscaré yo solito a Mercedes.

Al oír nuevamente ese nombre, al chico se le cruzaron los cables y le arreó un puñetazo a Roberto al cual pilló desprevenido y cayó al suelo. Mientras lo hacía supo de qué le sonaba la cara de aquel desgraciado. Era el chico que buscaba pelea en el bar del pueblo. Al parecer no se había quedado contento y ahora él era el destino de su ira provocada por sus más que probables traumas infantiles.

-Mierda – pensó, lo último que quería era pelearse la primera vez que visitaba el pueblo de Mercedes – Merche, mierda, Merche – se dijo así mismo y se quedó en el suelo, en posición fetal, deseando que aquel loco se calmara y desistiera de seguir con lo que sea que pasaba por su mente cuando le soltó el puñetazo, para evitar que aquello fuera a mayores y, con un poco de suerte, que Merche – sí, Merche, sí – ni se enterara de aquello.

Pero aquel personaje no parecía estar por la labor y le lanzó una patada a las costillas que Roberto pudo medio evitar con el brazo. Por suerte, cuando el joven vándalo se disponía a lanzar la segunda patada vitoreado por todos sus amigos apareció Damián quién gritó mientras corría hacía ellos.

-¡Yeray!

El pateador se detuvo al escuchar su nombre y alzó la cabeza para ver llegar a Damián.

-Yeray, tío, ¿qué coño estás haciendo?

Roberto, al escuchar a Damián se levantó del suelo. Estaba avergonzado porque lo viera en aquella situación, pero al mismo tiempo se alegró enormemente de su llegada. ¿Qué habría pasado si no hubiera aparecido? No quería ni pensarlo.

-Hombre Damián, ¿has venido al rescate del chico de tu amiguita? ¡No me jodas! Será que no te revienta que se esté cepillando a tu queridísima Merche... ¡no me digas que no te jode! O acaso es que como ya te la has tirado te sientes culpable y por eso vienes a ayudarlo, para sentirte bien contigo mismo...

-Basta ya, Yeray. Nos vamos y deja de hacer y decir gilipolleces.

Roberto se sorprendió con el cambio de actitud de aquel chaval, el tal Yeray. Antes de la llegada de Damián no parecía tener tanta labia, más bien todo lo contrario. Y entonces se dio cuenta de que la actitud con él había sido porque de antemano estaba buscando pelea. Aquel chaval era odioso.

Mientras tanto, en el local en el que Damián y Merche se habían despedido se oyeron unos gritos.

-¡Pelea, pelea!

A Merche no le extrañó. Estas cosas eran más habituales de lo que le gustaría en este tipo de fiestas. Siempre había enemistades entre pueblos, viejas rencillas entre "machitos" que aún estaban pendientes o, simplemente, nuevas trifulcas por culpa del alcohol o las mujeres. A saber... Sin embargo se preocupó más cuando una de sus amigas le dijo que saliera, que en la pelea había alguien conocido. Pensó en Damián. Acababa de salir a buscar a Roberto y, aunque era un trozo de pan, muchos podían tenerle ganas precisamente por eso. Sólo de pensar que pudiera ser él, sintió pánico y su subconsciente la traicionó. Pensó en los muchos chicos que podían envidiarle por ser su mejor amigo, por tener esa relación tan íntima que tenían. Intentó calmarse, pero la rabia la consumía cada vez que tenía ese tipo de pensamiento. Ella sabía lo mucho que atraía a los hombres, sabía lo guapa, atractiva que era, pero se negaba a afrontarlo, se sentía mal con ese pensamiento y lo ocultaba siempre que podía.

Cuando llegó al lugar de la pelea escuchó a Yeray cómo le decía a Damián las palabras que tanto le dolieron.

-...te revienta que se esté cepillando a tu queridísima Merche... ¡no me digas que no te jode! O acaso es que como ya te la has tirado te sientes culpable y por eso vienes a ayudarlo, para sentirte bien contigo mismo...

Pero más le dolió ver que había sido Roberto el que... ¡maldito Yeray! ¡puto niñato! La rabia la inundó, pero se obligó a calmarse para controlar la situación y se acercó a Roberto y Damián.

-¿Qué ha pasado?

-Tranquila, no ha sido nada – le contestó Damián.

-Lo siento – le dijo Roberto.

-No tienes que sentir nada, mi amor. ¿Estás bien? – y lo besó antes de que pudiera contestar. Cuando sus bocas se separaron miró a Yeray con todo el desprecio que pudo y sus miradas se cruzaron durante unos segundos en las que él le mantuvo la mirada, desafiante. Merche se giró y los 3 tres se fueron hablando sobre lo que había pasado.

Roberto les convenció para que no se marcharan. Aún estaba empeñado en no fastidiar la noche de su chica e hizo el esfuerzo para que todo siguiera como si el incidente con Yeray no hubiera ocurrido. Así que se marcharon a otro local. Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos, al cabo de una hora aproximadamente, empezó a encontrarse mal. Estaba cansado del viaje y el costado izquierdo le dolía ligeramente debido a la patada de Yeray. Por suerte, el puñetazo no había tenido demasiadas secuelas. Se acercó a Damián y le explicó cómo se encontraba. Le dijo que debía marcharse a casa, pero no quería estropear la noche a Mercedes.

-Tranquilo, si quieres te acompaño a casa. A Merche le decimos que estás cansado del viaje y que las 4 y media de la mañana ya es buena hora para que te vayas a descansar porque mañana vuelves a pillar el coche.

-Gracias, tío, te lo agradezco.

A Merche no le hizo mucha gracia la idea, pero volvió a pensar que la mejor forma de hacer que Roberto se sintiera mejor era quedarse de fiesta como habría hecho si no hubiera pasado nada así que accedió a regañadientes.

En cuanto Roberto se hubo marchado con Damián, Yeray entró al local sin que ninguno de ellos se percatara, pero Damián divisó rápidamente a Merche y cómo su novio y su mejor amigo abandonaban el local. Así, se dirigió directamente hacia ella.

El local estaba abarrotado y la música muy alta así que Merche no se dio cuenta de quién se acercaba hasta que lo tuvo prácticamente encima. Al verlo se asustó, no se lo esperaba y toda la rabia que había acumulado hacía una hora ya se había disipado. Sin embargo, la rabia que le tenía normalmente ya era suficiente como para cantarle las 40. Y justo cuando parecía que Yeray le iba a decir algo, pasó de largo sin mirarla, ignorándola por completo. Nuevamente la rabia volvió a crecer, pero el muy gilipollas había desaparecido entre la multitud. Yeray era un chico de Canarias que siempre que tenía ocasión venía al pueblo y, siempre que lo hacía, por un motivo u otro, había polémica, normalmente en forma de peleas. No era más que un niñato de 19 años que creía saberlo todo y que todo el mundo debía hacer lo que él quería en cada momento. Era de piel morena, con el pelo claro sin ser rubio del todo. Estaba fuerte y, si no fuera por el tipo de persona que era, Merche habría considerado que incluso era guapo.

No pasó mucho tiempo, cuando, estando despistada oyó que alguien le decía algo. No lo escuchó muy bien y entonces se lo repitieron mientras la cogían de la cintura.

-Lo siento – le dijo Yeray.

-¡No me toques! – le espetó ella mientras le apartaba la mano de la cintura con un brusco gesto al darse cuenta de quién era.

-Digo que lo siento – insistió él – No sabía que fuera tu novio.

Pero el ruido era ensordecedor.

-No te oigo – le dijo ella. Y él volvió a cogerla de la cintura para acercarse – He dicho que sin tocar – insistió y él apartó la mano antes de que ella volviera a golpearle.

-Está bien. – Y se fue. Ella se quedó con las ganas de saber lo que le había dicho. Aunque se esforzó por no darle importancia.

Merche seguía rodeada de algunas de sus amigas. Estaba bailando mientras pensaba si Roberto estaría bien. Se auto convenció de que con Damián estaba en buenas manos y se dejó llevar por la música y el alcohol que llevaba en el cuerpo. Algunos chicos se acercaron a ella y se pusieron a bailar para impresionarla. Lo de siempre, ya estaba acostumbrada a ello así que no le dio la mayor importancia y les siguió el juego hasta que se cansaban y se iban. Mientras ninguno de ellos insistiera más de lo debido no había problema. Uno de los chicos bailaba muy bien y se arrimó más de la cuenta. No pensó que fuera peligroso así que le siguió el rollo.

Yeray estaba viendo la escena y pensó que era el momento para un nuevo acercamiento. Se acercó a la pareja de baile en el momento en el que el chico estaba en la espalda de Merche. Le dio un empujón lo suficientemente fuerte como para apartar al chico y lo suficientemente sutil como para que ella no se percatara de la maniobra. Y lo consiguió. Siguió bailando con ella sin apartarse de su espalda. Intentó un acercamiento más arriesgado acariciándole la espalda. Al ver que ella aceptaba se envalentonó y se arrimó lo más que pudo frotándole la espalda y arrimando el paquete hasta su culo.

Cuando Merche sintió las manos de su improvisado acompañante de baile pensó en apartarle y cortar el acercamiento, pero le permitió acabar la canción. Total ya no quedaría mucho. Sin embargo, el muy idiota se arrimó más y empezó a palparle descaradamente la espalda. Sin duda se había sobrepasado y había perdido la oportunidad de seguir calentándose con el baile y las caricias simples en la espalda. Pero justo cuando iba a separarse de él y marcharse, el tío la sorprendió arrimándose aún más hasta... ¿qué era eso? Un enorme y duro bulto chocó contra su culo. No se lo podía creer. No sabía si reír o darse la vuelta y darle una ostia al tío. Lo que estaba claro es que tenía una buena herramienta y que el baile le había excitado más de lo que ella se pensaba. Entre la sorpresa por lo inesperado y la situación que le pareció más cómica que excitante decidió darle una oportunidad para ver qué hacía. Rodeada de sus amigas como estaba no corría ningún peligro. ¡Sus amigas! En ese momento se fijó en ellas que la miraban extrañadas. ¿Qué pasa? pensó y se dio la vuelta para encontrarse con el dueño de "aquello". En ese instante la situación dejó de parecerle cómica. Lo malo es que tampoco le resultó desagradable. Jamás pensó que el niñato tuviera... ¿¡pero qué estaba pensando!?

-Hola Merche, bailas de puta madre – le soltó mientras la cogía de la cintura, esta vez, sin que ella le apartara la mano.

-Estás muy pesado esta noche – se le ocurrió decir.

-¿Lo dices por lo que me pesa esto? – le dijo el muy soez mientras se agarraba el paquete con la mano que tenía libre.

-Eres un asqueroso – pero no pudo reprimir fijarse en lo abultado que lo tenía y... ¡no! No podía seguir pensando y para evitarlo dijo lo primero que se le pasó por la cabeza – Oye, ¿qué me has dicho antes?

-¿Cómo? No te oigo –y puso la otra mano también sobre la cintura de ella de forma que la tenía rodeada. Ella le retiró la mano, pero dejó la que ya estaba antes. Se le acercó más al oído.

-Que digo que qué me dijiste antes.

Y mientras le repetía la pregunta se dio cuenta que realmente no le importaba, que no sabía que hacía hablando con este tipo y que...

-Que Damián me ha dicho una cosa para ti cuando se han ido – la interrumpió de sus pensamientos. ¿Era posible? Seguramente estaba mintiendo. Damián jamás confiaría en él para darle un recado, pero... ¿y si era importante y no había nadie más a quién decírselo? Tal vez era algún problema con Roberto... No, no podía ser... el niño la estaba vacilando... Pero sabía que se habían ido así que...

-¿Y qué te ha dicho?

-Si te portas bien luego te lo digo.

Y se fue. ¡Pero será idiota! pensó. Este tío es... ¡lo odio! Se convenció que le había vacilado y lo dejó pasar.

Serían las 5 y media de la mañana cuando volvió Damián. Le dijo que todo había ido bien y que su novio estaba durmiendo perfectamente como un lirón. Al oír esas palabras, Merche se relajó, se quedó tranquila y maldijo a Yeray por haber conseguido que la estancia de Roberto en las fiestas finalmente la hubiera turbado. Sin saber si era debido a la relajación o que Damián se había portado tan bien se fijó en él y, aunque ya lo sabía, pensó en lo guapo que era. En ese momento se habría acercado a él y lo habría besado. No le dio el pico que se merecía por miedo a darle algo más que eso. Se asustó de sus pensamientos y se aterrorizó al pensar el motivo que los provocaba. Desde el maldito baile con Yeray... lo había intentado ocultar, pero se había excitado y ahora tenía ganas de estar con Roberto y hacer el amor juntos por primera vez en su pueblo. Se relajó un poco al pensar que es lo que haría justo cuando llegara a casa.

A las 6 de la mañana Damián propuso cambiar de local. Era tarde así que visitarían el último y después a por unos churros con chocolate como ya era tradición en la pandilla. A Merche lo que le apetecía era llegar a casa y pegar un buen polvo, pero si lo decía era Damián quién la acompañaría y... al escucharle decir la palabra churro Merche únicamente pudo pensar en una cosa así que decidió que lo mejor sería no quedarse a solas con él... qué guapo estaba... Tenía que pensar algo rápido y se le ocurrió decir que estaba esperando que una chica volviera del garito de enfrente con la que había quedado para volver a casa. No parecieron muy convencidos, pero les dijo que había quedado con ella antes de saber si Damián volvería y eso pareció convencerles definitivamente.

Cuando se iban, Merche pensó en preguntarle a Damián si le había dicho algo a Yeray, pero si lo hacía y todo era mentira corría el riesgo de que Damián supiera que había estado hablando con el niñato que tanto odiaban y que acababa de pegarle una paliza a su novio. Pensó que no tenía motivos, pero... sin saber por qué, se sintió culpable. Sobre todo porque el motivo real por lo que no le dijo nada a su amigo eran las ganas que tenía de volver a preguntárselo a Yeray directamente.

Echó un vistazo al local y se encontró con la mirada de él que la estaba observando fijamente. Ella se temió lo peor, sin embargo, en cuanto Yeray se percató de su mirada, la bajó. Esto desconcertó a Merche que se dirigió hacia él.

-¿Quieres decirme de una maldita vez qué te ha dicho Damián? Me he portado bien, ¿no?

Él la cogió de la cintura y ella nuevamente le apartó la mano.

-He dicho que las manos quietas – le dijo seriamente.

-Acabas de estar con él. Se lo podrías haber preguntado, ¿no? – y le volvió a coger la cintura sin reacción alguna por parte de la chica. –¿Quieres bailar?

-¿Me estás vacilando?

-Antes lo hemos pasado bien.

-Ni de coña.

-Bailamos una y te cuento lo que me ha dicho.

-¿Pero en serio esperas que me lo crea?

-Pero si no pierdes nada. Es sólo una canción. Si acaba y no te digo nada tampoco te habrás muerto, digo yo... – le replicó mientras le acariciaba el costado con la mano que previamente le había colocado en la cadera. Ella no parecía enterarse.

-Espero que lo que te haya dicho valga la pena.

-Lo que no me explico es por qué no se lo has preguntado a él mismo –insistió Yeray. Ella se rió.

-¿Quieres ese baile o no?

Él la cogió del brazo y la arrastró hasta el mismo centro de la pista. Ella sintió la fuerza con la que la arrastraba y pensó que era un bruto y que si intentaba algo con ella estaba perdiendo el tiempo. Empezaron a bailar y, para su sorpresa, el chico no se intentó sobrepasar en ningún momento. Al contrario, él hizo unas cuantas payasadas y se rieron unas cuantas veces. Merche se lo estaba pasando bien. Así que acabó la canción y decidió esperar un poco para hacerle la pregunta. En el fondo sabía que el muy cabrón no le diría nada.

Con la siguiente canción la actitud de Yeray comenzó a cambiar. Seguía haciendo el tonto, pero ahora quería impresionarla. El chico bailaba mejor de lo que jamás se había fijado y pensó que era normal que se arrimara y bailaran más pegados.

-Te estás portando muy bien –le dijo Yeray.

-¿Qué? –ella no le oyó y se acercó aún más. Él la rodeó por la cintura con su brazo de forma que su mano quedó a escasos centímetros por encima de su culo.

-Digo que te estás portando muy bien.

-Pues tú estás siendo un poco malo – le dijo mirando hacia atrás indicando la mano que la rodeaba.

-Mujer, que sino no nos oímos –y acto seguido la empujó hacía él. Ella volvió a sentir el mismo bulto, pero esta vez lo sintió en la entrepierna y notó mucho calor, demasiado. Lo apartó bruscamente con las 2 manos, pero no le recriminó.

-Hace mucho calor –le dijo suavemente. –Voy a por un cubata. ¿Quieres algo?

-No, gracias. Te espero aquí.

Mientras Merche se marchaba hacia la barra, dándole la espalda, Yeray pensó en lo mucho que estaba disfrutando. Se fijó en el precioso culo de la mujer más deseada del pueblo y se imaginó todo lo que le gustaría hacerle. Pensó que jamás volvería a tener una oportunidad como esa así que decidió jugársela y se dirigió a la barra.

La barra del bar estaba abarrotada. Ya era tarde y la gente estaba pidiendo sus últimos cubatas. Le costó divisar a la chica, pero al fin la vio. Aún tardaría un rato en ser atendida así que decidió "atenderla" él mismo. Apartó a unas cuantas personas que se interponían en su camino hacia su objetivo.

-He cambiado de opinión – le dijo.

-¿Qué quieres? – le preguntó ella con una sonrisa.

-¿De verdad quieres saberlo? – le replicó mientras le acariciaba la espalda.

-Tío, déjate de tonterías. Si quieres algo lo dices.

Merche pensó que era mejor cortarle el rollo. Vale que se lo estuviera pasando bien, pero ya le había seguido el juego demasiado. En ese momento un grupo de borrachos empezó a empujar y todos los de delante se vieron abocados hacia la barra. Yeray se abalanzó sobre ella quien instintivamente puso la mano hacia atrás para pararlo con tan mala suerte que fue justo al paquete. No se esperaba tocar aquello ni mucho menos sentir la necesidad de magrearlo. Era grande y... fueron sólo unos segundos y tuvo la suficiente cabeza como para soltar aquello en cuanto Yeray se reincorporó.

-¿Te ha gustado? – le dijo con toda la picardía del mundo.

-No seas imbécil – le contestó ella enfadada, sobre todo consigo misma.

-Vale, perdona. – y se acercó más a ella hasta hacerla notar nuevamente el paquete en su culo.

Ella no dijo nada, solo se movió ligeramente y él pensó que simplemente quería sentirlo un poco más así que subió y bajó una vez para restregarle toda la polla por el culo. Ella ni se inmutaba con lo que el juego había empezado. Cuando por fin la atendieron decidió apartarse de ella. Merche se giró instintivamente y lo miró. Parecía rabiosa, seguramente estaba disfrutando la situación tanto como maldiciéndola. Aquello le puso más cachondo si cabe y notó que la polla empezaba a dolerle. Miró a la camarera y pensó cuál estaba más buena.

-¿Sabes ya lo que quieres? – le sacó de los pensamientos en los que estaba absorto.

-Quiero que la camarera me la chupe.

Merche se quedó a cuadros y la camarera, con cara de haberlas oído parecidas, le dijo que más valía que se fuera a dormir, que era muy tarde para los niños pequeños. Entonces el mameluco volvió a su gesto agarrándose el paquete.

-¿Crees que un niño pequeño tiene esto entre las piernas?

La camarera lo ignoró, pero Merche no pudo evitar fijarse, esta vez sí descaradamente, y quedarse petrificada ante lo que vio. ¿Qué tamaño podía haber ahí? Aquello debía ser como un vaso de tubo más o menos y se fijó en el vaso que tenía entre las manos que la camarera le acababa de servir. Un escalofrío le recorrió el cuerpo y sintió las ganas de cambiar el frío cristal con líquido diluido en su interior por la caliente carne con el líquido denso en su interior.

-Mira cómo me ha puesto la puta camarera – le dijo al ver que ella le miraba fijamente el trozo de carne que aún seguía agarrando.

-Pensé que esto había sido cosa mía – le replicó mientras pasaba a su lado para alejarse hacia la pista deslizando un dedo por la entrepierna del chaval.

-Será hija puta... – dijo en voz baja, para sus adentros.

Cuándo volvieron a la pista continuaron donde lo había dejado, bailando. Yeray ya se arrimaba a ella todo lo que podía y ella no oponía resistencia. Él la rodeó con un brazo para acariciarle la espalda nuevamente.

-¿Te has puesto celosa?

-¡¿Cómo?! Escucha, Yeray, vale que esta noche te estoy dejando hacer cosas que no debería, pero... estamos jugando un poco y punto.

-¡Será calientapollas! – pensó. Y se decidió a probarla definitivamente. Se puso a la espalda de ella sin dejar de rodearla con el brazo. Bajó hasta encontrar la parte baja de su camiseta e introdujo su mano para acceder a su vientre. Allí se entretuvo sin que ella le dijera nada. Aún subió más hasta tocarle su teta derecha. Ella reaccionó al instante y le bajó la mano mientras se giraba para decirle que no con la cabeza. Pero él no se dio por vencido y con su mano izquierda cogió la de ella y la acercó a su paquete. Antes de que hubiera contacto, a unos escasos centímetros, la liberó y fue ella quién se lanzó a masajearle la polla.

Justo tras decirle que estaban jugando un poco y punto, ella notó que él quería ponerla a prueba. Ella tenía claro que tenía dominada la situación así que no se preocupó. Desde un principio tenía claro que ese gilipollas no iba a conseguir nada con ella, pero los magreos que le estaba regalando pues eran bienvenidos antes del festín con Roberto. Sus sospechas se confirmaron cuando él se puso a su espalda y le tocó por debajo de la camiseta por primera vez. Sabía lo que iba a pasar y no estaba dispuesta a permitírselo así que en cuanto le tocó el pecho por primera vez le dejó claro que ese era el límite. Lo que no esperaba es que le cogiera la mano. ¿Iba a forzarla? Yeray era un cabrón, un niñato y se hacía el machito para conseguir lo que quería, pero de ahí a conseguir una chica por la fuerza... Por suerte no era eso. La estaba dirigiendo hacia el tubo, hacia la carne en forma de vaso de tubo. Ella no quería, pero si él la llevaba hasta allí no podía hacer nada... sin embargo el muy gilipollas se paró justo cuando estaba tan cerca de volver a sentir aquel enorme bulto. Bueno, por magrearle un poco tampoco pasa nada pensó.

Yeray pensó que si ella le tocaba la polla él estaba en su pleno derecho de tocarle las tetas. Así que volvió a meter su mano bajo la camiseta de Merche y volvió a subir hasta volver a tocarle la teta derecha. Esta vez no hubo reacción o, al menos, una que no fuera apretarle la verga con más fuerza.

Yeray pensó que por fin se cumplía su sueño. ¿Cuántas veces había soñado con este momento? Jamás había tenido problemas para conseguir las chicas que quisiera. Con las de su edad y la mayoría de mayores no tenía que esforzarse mucho. Con su cuerpo era suficiente, pero esta hija de puta se resistía, parecía que fuera necesario algo más que una cara bonita y un cuerpo fibrado. Aún no sabía bien bien cómo lo había conseguido, pero la tenía agarrada a su instrumento mientras se dejaba toquetear las peras así que no debería costarle mucho más echarle un buen polvo. Estaba casi seguro que la mamada la conseguiría.

Merche pensó que ya era suficiente. Estaba excitadísima, pero aquello se le había escapado de las manos, nunca mejor dicho ya que aquello no le cabía en la mano. Pensó que lo mejor era irse ahora antes de que fuera demasiado tarde. Sabía que en cuanto llegara a casa, le esperaba lo que estaba deseando. Apartó la mano de Yeray y se alejó de él.

-Me voy – le dijo.

-Está bien.

¿Cómo? ¿La iba a dejar marchar sin más? Debía tener un calentón del mil, no podía ser tan fácil. Se esforzó en pensar que era lo mejor.

-Te llevaré a casa – le dijo. Vale, a Merche eso ya le cuadraba más. – Son las 7 pasadas. No voy a dejar que te vayas sola a casa. – Ahora el muy idiota se ponía caballeroso. ¡Si no lo ha sido nunca! Aunque le jodiera tuvo que aceptar. No había nadie a quien conociera y no se iba a pegar la caminata hasta casa.

Mientras iban hacia el coche Merche le preguntó cómo iba, si había bebido mucho. Decidieron esperar un poco hasta coger el coche por petición expresa de ella. Mientras esperaban, ella volvió a preguntarle por lo que le había dicho Damián.

-Creo que la canción que te concedí ha acabado hace mucho rato – le dijo ella con toda la ironía que pudo. Él se rió.

-Ven, acércate que te lo cuento.

Ella le obedeció haciéndose la tonta y él empezó a hablar mientras metía la mano por debajo de la camiseta.

-Estaba entrando al local cuando me encontré con tu novio y Damián que salían juntos. Tu novio me dijo que estaba muy fuerte y que le encantaría ser como yo – ella le soltó un ¡ja! irónico de desaprobación y él aprovechó para subir hasta la copa del sostén y rodearla con su dedo índice. –Entonces le enseñé la polla y me dijo que la tenía tan grande y bonita que me la quería chupar.

-Va, ¿me lo vas a contar en serio o no?

-Está bien... – prosiguió mientras su dedo se paraba en la parte superior de la copa del sostén y comenzaba a bajarlo lentamente hasta liberar el pezón. –Me encontré con ellos como te decía, pero tu novio no me dijo nada, fue Damián quién se paró a hablar conmigo mientras tu chico se dirigía hacia el coche.

Yeray acarició el pecho bajando hasta el pezón, momento en el que se recreó en él y continuó.

-Me dijo que te pidiera perdón.

-¿Por qué? – preguntó intrigada.

-No me interrumpas – le dijo de malas formas y llevó su mano hacia la espalda de Merche para quitarle el cierre del sostén con una sola mano, en un único movimiento. Sin duda tenía práctica. –Como te decía me dijo que te pidiera perdón porque se había ofrecido llevar a casa a tu novio, pero en realidad lo que iba a hacer es... – hizo una pausa para meter la segunda mano por debajo de la camiseta y sobar concienzudamente los pechos. –...deshacerse de él porque está enamorado de ti. Por eso ha confiado en mí, porque sabía que era al único al que podría decírselo sin impedir que lo hiciera.

-¡Será mamón...! – pensó Merche. Menuda imaginación y qué ingenio para cuadrarlo todo, porque sería mentira, ¿no? Ahora encima el tío más despreciable que había conocido le estaba haciendo dudar de su mejor amigo, el trozo de pan más grande que habitaba en la tierra.

Yeray le vio la cara así que le dijo que era mentira, que Damián no le había dicho nada y que simplemente le había seguido el rollo para conseguir lo que tenía entre manos, nunca mejor dicho. En ese momento ella se percató de que aquel tío miserable, estafador, mentiroso, ruin... le estaba metiendo mano de forma tan evidente. ¿Cómo se había dejado engañar así? Le sacó las manos y le dio una buena ostia. Pero él no reaccionó demasiado bien.

-Como me vuelvas a pegar te mato. Creo que no has puesto mucha resistencia cuando te he quitado el sujetador así que no me vengas con hostias.

Lo malo es que tenía razón. Ella le había dejado hacer y ahora no tenía derecho a recriminarle por ello. Aunque la torta podía ser perfectamente por engañarla. Intentó recapacitar y pensar únicamente en Roberto. En cuando llegara le iba a echar el mejor polvo de su vida. Yeray la había calentado hasta el máximo e iba a ser su novio quien lo disfrutara.

Una vez en el coche empezó a pensar en Roberto. Tenía muchas ganas de llegar, bajarle los pantalones y los calzoncillos y empezar a masturbarle. No tenía una polla ni mucho menos tan grande como la del niñato, pero eso era lo de menos. Yeray pareció adivinarle los pensamientos y le dijo que mirara mientras se llevaba la mano a la bragueta. Empezó a desabrocharse los botones del pantalón. ¿Se iba a sacar el pito? No podía ser... no podía imaginar que en unos momentos iba a ver aquello... se moría de ganas. Yeray abrió todo lo que pudo la bragueta y se llevó la mano al calzoncillo, empezó a bajarlo lentamente y ella empezó a ver el trozo de carne que tanto le había gustado masajear a través del pantalón. Empezaron a asomar centímetros de carne hasta que finalmente apareció el capullo rosado. Merche se mordió el labio y fue él quien habló.

-Aquí la tienes, puedes hacer lo que quieras hasta que te lleve a casa.

¿Hasta que la lleve a casa? ¿Qué quería decir? ¿Qué tenía tan poco tiempo? No sabía qué hacer. Ella no quería hacer nada, estaba tan cerca de llegar junto a Roberto... pero precisamente al estar tan cerca, pensó que tal vez no le daría tiempo a tomar una decisión. ¿Quería hacerlo o no? y fue precisamente eso, el miedo a la falta de tiempo, lo que la hizo decidir. Alargó su mano y recorrió los aproximadamente 20 centímetros que debía medir aquello. No la tenía completamente erecta con lo que pensó que estaría bien averiguar cuánto debía de medirle en su máximo esplendor. Le agarró la polla y empezó a masturbarle. Notó como aquello se hinchaba aún más y sintió las venas marcándose a fuego bajo su mano.

Yeray se desvió del camino hacia casa de Merche y paró el coche en un lugar apartado para que no se llevaran ninguna sorpresa.

-Ya está. Ya tienes todo el tiempo del mundo porque esto va para largo.

La maldita prepotencia del niñato la excitaba aún más. Sentía como si Yeray fuera un hombre insaciable, que conseguía todo lo que quería y por lo tanto podía escoger lo más selecto así que podía sentirse afortunada de estar con aquel espécimen único.

Siguió masturbándole durante un rato, pero el niño parecía tener resistencia. No podía estar así todo el día así que tenía que hacer algo. Ella nunca se la había chupado a Roberto así que desestimó esa opción en seguida. Por supuesto aquello no iba a pasar de ahí así que no le quedó otra que intentar aumentar el ritmo de las sacudidas. Al hacerlo contempló como una gotita de líquido preseminal apareció en lo más alto de la torre que tenía entre manos. Merche no supo por qué, pero se agachó más y recogió la gota pasando la lengua por el glande de Yeray. Este dio un respingo y ella notó como aquello crecía y se endurecía aún más si es que era posible. Se llenó de valor y coraje y sobre todo excitación, mucha excitación y volvió a pasar la lengua por el glande para luego bajar hasta la base y subir lamiéndole toda la verga al chico. Una vez en la parte superior abrió la boca y se introdujo la polla. Empezó a hacerle una mamada.

Cuando ella empezó a chupársela Yeray supo que este año se iba a follar a la dulce Merche. Y lo supo porque vio como ella se llevaba la mano a su entrepierna y empezaba a frotarse con esmero. Ella se esforzaba por complacerle, intentaba tragarse todo lo que podía de polla, pero jamás ninguna consiguió tragársela entera así que Merche no iba ser menos. Le encantaba el reguero de saliva que dejaba cada vez que se sacaba el cipote de la boca para respirar. Pero cuando las babas se acumularon hasta caer en el asiento del coche él se mosqueó.

-¡Tía, a ver si vas con más cuidado! – y la apartó levantándola de golpe.

Merche hizo caso omiso de lo que Yeray le acababa de gritar y se quedó mirando el instrumento de aquel chaval de apenas 19 años, ahora sí, en más que su máximo esplendor. Calculó por encima que la cosa rondaría los 23 centímetros. ¡Joder! 10 más que los de Roberto. En ese momento se dio cuenta de que tenía la mano en su sexo, la cual había llegado ahí instintivamente.

-Bueno, ¿qué? ¿Tú no te corres nunca o qué?

-Ya te dije que esto iba para largo. Si te quitaras algo tal vez ayudaría un poco...

Con una sonrisa, Merche se quitó la camiseta. Pero Yeray le recriminó.

-Eso ya lo tengo muy sobado. ¿Qué tal si te vas quitando los pantalones?

-Yeray... no... no puedo...

-Tú tranquila, que sólo quiero verte para que esto vaya más rápido – dijo señalándose la polla en un claro gesto de que se correría más rápido si ella estaba desnuda.

A regañadientes aceptó. Se bajó la cremallera y levantó el culo del asiento para bajarse los pantalones de un tirón. Bajo estos apareció un tanga rojo que maravilló a Yeray. Su polla dio un respingo.

-¿Ves? esto va a mejor...

Yeray le pidió que le mostrara el culo con lo que ella se puso de rodillas sobre el asiento mostrándole el pompis tapado por la fina tela del tanga. Se agachó un poco más y él pudo verle cómo tenía una pequeña mancha en la parte de su sexo, sin duda Merche ya debía estar bastante mojada. Él estiró una mano y le palpó los cachetes del culo.

-¿Te masturbas tú mientras me miras o cómo quieres hacerlo?

-Espera... – le contestó él y pasó su dedo por encima del tanga desde el culo hasta la ingle, el punto donde estaba la humedad.

-Yeray... – se quejó ella, pero no movió un solo músculo.

Él retiró la tela del tanga hacia un lado y, al hacerlo, pudo observar el flujo vaginal pegado a la tela haciendo puente entre el tanga y el sexo de Merche.

-Creo que te lo debo. No digas nada.

Ella obedeció y no dijo nada cuando él acercó su dedo al coño de Merche. Primero se regaló jugueteando por los alrededores con los labios vaginales y antes de que se impacientara demasiado le introdujo un dedo en la raja mientras con el resto acariciaba el clítoris. Esto pareció gustarle ya que el líquido viscoso empezó a aparecer con cada metida de dedos y caricia de clítoris. Ella empezó a soltar pequeños gemidos al ritmo de las acometidas, señal de que aquello iba por buen camino.

-Y esto también te lo debo – le dijo acercando su cara al coño. Cuando estuvo tan cerca como para oler perfectamente la excitación de Merche, Yeray sacó su lengua y empezó a saborear todos aquellos jugos que estaba emanando la chica.

Cuando Yeray intuyó que Merche estaba a punto de correrse se detuvo. Ella lo miró extrañada.

-Ahora no. – le dijo y se llevó la mano a la entrepierna pero él la detuvo.

-Ahora sí – le replicó y le hizo un gesto con la cabeza señalándole el camino que separaba su coño de la polla. Ella se hizo la tonta y lo malinterpretó adrede girándose y agachándose para volver a chuparle el pene. – No me refería a esto, pero también me vale – y alargó su brazo para, por encima de ella, llegar hasta su sexo.

Merche estaba indecisa. No quería follarse a aquel indeseable, pero necesitaba imperiosamente que alguien la penetrara. Nuevamente deseó que fuera Roberto quien estuviera en ese maldito coche herrumbroso, jamás le había sido infiel ni había tenido la necesidad de serlo, y se maldijo pensando qué había pasado esa noche, cómo había llegado a esa situación. Por un momento incluso deseó que fuera Damián a quien se la estuviera chupando, sin duda sería mucho menos humillante. De repente, Yeray la cogió de la cintura con una fuerza que no le conocía y la colocó a horcajadas sobre él. Merche pudo sentir muy cerca de su sexo el calor que desprendía la entrepierna del pequeño vándalo, incluso notó cómo la polla le golpeaba rítmicamente a la altura del ombligo. Sintió que se desvanecía, que la resistencia desaparecía y lo besó.

A Yeray el morreo le pilló por sorpresa. No pensó que la excitación de Merche llegara a tanto como para regalarle ese gesto completamente evitable. Cuántas veces había maldecido a Damián por ser el receptor de esos apetecibles picos pensó y se vanaglorió de ahora haber conseguido comerle la boca. Aquella era la señal definitiva, la volvió a levantar por las caderas para situarla encima de su polla y fue ella la que comenzó a bajar lentamente.

Cuando empezó a sentir primero el enorme glande abriéndose paso por su interior seguido del duro hierro que la llenaba por completo, Merche sintió que no tardaría en llegar al orgasmo. Toda la maldita noche intentando evitar aquello cuando inconscientemente sabía que era inevitable. Desde aquel inocente baile con el chiquillo que le había dado una paliza a su novio en el que notó por primera vez lo que escondía entre las piernas el final había sido ineludible.

Allí, montada sobre aquel pequeño caballo salvaje empezó a gemir cuando las hábiles manos del muchacho entraron en contacto con sus senos. Las caricias iban perfectamente acompasadas con sus propios saltos sobre el pollón del chico. La situación era desmesuradamente caliente y Merche se corrió con una serie de espasmos que contrajeron su vagina provocando un mayor placer al muchacho.

Cuando Yeray notó que Merche lo inundaba, pensó en todo lo que había pasado esa noche. Lo mucho que había conseguido y cómo lo había disfrutado. Por una vez más fue consciente de lo que había conseguido, un imposible y se sintió orgulloso de sí mismo. Sentirse tan poderoso, ser el único del pueblo que había conseguido lo que todos ansiaban le inundó de placer y, por fin, se dejó llevar para soltar todo lo que llevaba dentro en el interior de la mujer más deseable de la zona.

Merche notó cómo el semen de Yeray fluía por su interior. Antes de pensar en cualquier otra cosa, sintió lo mucho que le gustaba que él se hubiera corrido en su interior e hizo los últimos movimientos para darle el mayor goce posible y, de paso, sacarle toda gota que tuviera en sus huevos. Tras notar cómo Yeray terminaba de correrse volvió a dirigirse a su boca y volvió a introducirle la lengua buscando la suya con pasión. Y, tras unos segundos de morreo, se levantó apartándose de él notando por última vez cómo aquella verga le rozaba las paredes internas de su sexo. Cuando se separó completamente, la polla de Yeray cayó algo más flácida sobre su vientre con una mezcla de restos de semen y sus propios fluidos vaginales. No pudo evitar agacharse y limpiársela a lametazos. El muy hijo de puta le había ofrecido la noche más excitante de su vida y la había concluido con el mejor polvo que recordaba. Mientras se la chupaba, empezó a pensar en lo que había hecho y la conciencia empezó a hacerla sentir culpable, muy culpable.

Primero pensó en la corrida, pero se tranquilizó al pensar que no había riesgo de embarazo puesto que se tomada la pastilla. Pero... ¿y las enfermedades? A saber lo que podía pasarle ese tío asqueroso. Pensó que iría al ginecólogo en cuando Roberto se marchara y... Roberto, empezó a pensar en él y se hundió. Pensó que este polvo era él quién se lo merecía, tal y como había pensado durante toda la noche.

-Vístete – le dijo Yeray sacándola de su ensimismamiento. Él ya se había colocado los pantalones y estaba arrancando el coche. Al darse cuenta de su desnudez se puso colorada y la vergüenza la inundó.

-Bájate del coche – le dijo cuando se hubo vestido – Es muy tarde y no tengo tiempo de llevarte a casa.

-¿Cómo? – no se lo podía creer. ¿Iba dejarla allí tirada después de todo? Pensó que al fin y al cabo no era sorprendente, así era el desgraciado de Yeray y si aquella noche había parecido cualquier otra cosa era para conseguir acostarse con ella. Y el muy cabrón lo había conseguido. Pero pensó que aún había algo peor que eso así que decidió no mostrar su indignación y enfado. – No se lo dirás a nadie, ¿no? – le preguntó con toda la amabilidad que pudo reunir mientras abría la puerta para bajarse del coche. Lo último que quería era que alguien se enterara de lo que había hecho. Se maldijo porque no sería capaz de contárselo ni siquiera a Damián con quien siempre lo había compartido todo, pero haberse acostado con el niñato al que tanto odiaban era demasiado.

-No lo haré si te portas bien – la sorprendió mientras alargaba el brazo para cerrar la puerta y se alejaba a toda pastilla.

Merche se quedó petrificada. ¿Qué había querido decir? Se temía lo peor. Pensó lo que había acabado sucediendo esa noche por "portarse bien" con él. Y tuvo miedo, mucho miedo de las consecuencias que aquello pudiera tener. Intentó calmarse y arreglarse todo lo que pudo para llegar a casa y guardar las apariencias. De camino tenía un rato para pensar e intentar inventar la mejor excusa que se le ocurriera.

Llegó a su domicilio a las 9 y media de la mañana. De camino pudo verse en un espejo y pensó que tenía la suficientemente buena pinta como para que nadie sospechara de lo que había ocurrido. Por fortuna no se encontró a ningún conocido en el recorrido. Era una suerte que la gente se acostara y levantara tarde en fiestas. Cuando entró en casa todos estaban aún durmiendo con lo que pudo darse una ducha antes de acostarse junto a Roberto. Al hacerlo él se despertó.

-¿Te lo has pasado bien, cariño?

-Sí, ¿y tú cómo estás? ¿te duele? – le preguntó mientras le acariciaba el costado dolorido.

-Estoy bien. Con un par de días de descanso, en cuanto vuelvas de las vacaciones la semana que viene, ya te estaré echando polvos por la casa.

Ella se sintió culpable nuevamente al oírle decir eso.

-Buenas noches – le dijo. Tenía ganas de cerrar los ojos y caer en un profundo sueño para olvidar todo lo que había pasado. ¿Sería capaz de hacerlo? Pero al cerrar los ojos visualizó la enorme polla de Yeray desafiante, llena de verdes venas a punto de estallar y sintió cómo su cuerpo se excitaba nuevamente..

-Buenas noches – le contestó Roberto, pensando que ya era de día y que no tardaría mucho en levantarse. La miró y observó en ella esa expresión tan peculiar que se marcaba en su rostro cuando se excitaba. Pensó que era normal que llegara con ganas de marcha y se sintió culpable por no poder satisfacerla debido al maldito payaso que le había dejado dolorido con aquella patada. Se sintió feliz de estar con esa pedazo de mujer que tan bien lo comprendía y que era capaz de aguantarse un calentón por no hacerle sentir mal. Se acercó a ella, que ya había cerrado los ojos, y la besó en la mejilla.

29 Response to "Noche descontrolada"

  1. Anónimo 13 de junio de 2012, 23:45
    Hola, soy lectora de todorelatos, y había empezado a leer el relato con el que tubiste problemas pero no lo había acabado, me gustaba mucho la forma tan natural que usaste y me he quedado con una intriga enorme y muchisimas ganas de acabarlo. Espero que esto te de mejores resultados porque quiero leerlo y leer más ;)
    Firmado: CoAdn
  2. Yuri2 14 de junio de 2012, 9:17
    El primer relato que leí y uno de los que más me gusta. Animo con el blog y sigue escribiendo, que merece mucho la pena leerte.
  3. Steamer 18 de junio de 2012, 1:20
    De hecho, creo que sería conveniente que el último relato lo pongas al final, para mantenernos en suspenso.
  4. doctorbp 19 de junio de 2012, 13:55
    Gracias por los comentarios! Sin duda publicaré el relato "polémico", pero tened un poco de paciencia. Estoy haciendo todo lo posible para dejar ok el blog en un tiempo récord. Además me gustaría publicar antes todo lo que tengo en TR.

    Para mí es una putada perder todos los comentarios que tenía de éste y los otros relatos. Así que, aunque ya os los hayáis leído, os animo a comentarlos nuevamente ;P

    Por último, quería pediros un favor. He modificado el sistema de puntuaciones de los relatos. Aunque el anterior me gustaba en cuanto a estética, era completamente inviable su mantenimiento. Lo he modificado por un rating de estrellas. Lo malo es que he perdido las 3 puntuaciones que tenía. Así que os animo a volver a votar a los lectores que ya lo hicisteis.

    Gracias!
  5. CRISTIAN ESCOBAR JHAYYA 30 de julio de 2012, 21:12
    BUAF!! ESTA HISTORIA MERECE UNA SEGUNDA PARA YAAAAAA!! IMPRESIONANTE
  6. doctorbp 1 de agosto de 2012, 0:27
    jajaja muchas gracias CRISTIAN!

    Lo cierto es que puedes ver un mini debate sobre el tema en los comentarios de "El trabajo de Biología".
  7. CRISTIAN ESCOBAR JHAYYA 2 de agosto de 2012, 1:36
    PARA Q HACER UN DEBATE EN OTRO RELATO , SI ESTA AQUI, DICHO RELATO, EN MI OPINION, MERECE UNA PARTE FINAL ESTE RELATO, Q ESCLAREZCA LA RELACION ENTRE YERAI, MERCHE Y EL NOVIO DE ESTA.
  8. Anónimo 26 de agosto de 2012, 23:27
    Me uno a los que dicen q esta historia es merecedora de una segunda/final parte. espero que puedas publicarla =)
  9. doctorbp 27 de agosto de 2012, 17:30
    Lo cierto es que no puedo más que agradecer la insistencia en la petición de una continuación para este relato, señal de que realmente os ha gustado. Y por ello me alegro.

    Sin embargo, dejadme insistir una vez más en lo mismo. La historia se pensó como lo que habéis leído, sin continuación. Si queda el final abierto tal vez sea parte de su encanto. No lo sé.

    Lo que sí es cierto y ya lo he dicho en más de una ocasión, es que si algún día se me ocurre una historia que pueda encajar con estos personajes no dudaré en escribir la deseada continuación. Pero me gustaría que entendierais que de no ser así, no vale la pena pues si escribo la continuación de forma forzada no creo que salga nada bueno :(

    No obstante, por supuesto, agradezco que me hagáis llegar vuestras peticiones :)
  10. Anónimo 2 de septiembre de 2012, 22:15
    Pues yo pienso como el resto, aqui tienes mucho margen, para hacer una segunda parte en mi humilde opinion, Yeray por ejemplo, la puede chantajear, x ejemplo, como q ha hecho un video oculto de ella, y quiere volver a follarsela, pero eso sí, explayandose en el acto en sí. xk no se m e ha parecido demasioado corto, como has relatado el momento en el que se la folla, no se, ha estado bien, pero me ha parecido muy corto, podria haber más posturas.
    a mi me encantaria ,q la chantajease, y se la follase en su casa, por ejemplo., no se tienes mucho margen, margen suficiente para escribir una segunda parte. Aunq como tu bien dices, no es plan de "forzarte" a escribirla, pero me gustaria,q hubiese esa segunda/final. parte, con un final cerrado en la vida de Merche.pero eso si, el relato esta de muerte, es exitante, como se van dando los acontecimientos para el apoteósico"final en el coche de Yeray.
    En fin sigue asi, e incisto, pienso como Cristian, y los otro anónimos que a este relato le quedaría estupendamente un final cerrado, pues tienes una estupenda oportunida para ello =). cuidate
  11. doctorbp 5 de septiembre de 2012, 19:22
    Muchas gracias por las apreciaciones.

    Lo cierto es que precisamente el acto es algo corto por las circunstancias. Una infidelidad repentina, en un mugriento coche, a las tantas de la madrugada después de una noche de fiesta...

    Sobre la continuación no tengo nada más que aportar a lo ya dicho. Simplemente volver a agradecer las palabras de apoyo a esta historia.
  12. sonia 18 de septiembre de 2012, 23:18
    las circustancia son mas comunes de lo k crees jejejejeje
  13. Anónimo 8 de octubre de 2012, 13:21
    Mmmm no se, por lo que he leido, un final abierto, no le ha quedado muy bien que digamos, la tramas es fascinante, el como busca llevársela al huerto es fantástico, pero el final después del acto deja mucho que desear, eso de " si te portas bien". da a enteder, que se puede escribir un final adecuado a esta historia.
    un abrazo, me ha encantado el relato, pero en mi humilde opinión creo que deberias "escuchar" jeje lo q opinan tus lectores, sobre un final para esta historia
  14. doctorbp 10 de octubre de 2012, 20:00
    Vale, lo habéis conseguido. Debido a la insistencia para continuar la historia, voy a añadir esta posibilidad al listado de futuribles relatos.

    La elección de la idea para escribir un relato suele ser al azar, por lo tanto, la continuación de "Noche descontrolada" la acabaré escribiendo, si no me canso antes de los relatos eróticos, pero podría ser dentro de 20 años y nunca antes de los próximos 6 meses. Todo dependerá de la aleatoriedad de mi Excel.

    Y, por último, insisto en que si finalmente esta continuación ve la luz, será relativamente forzada, con lo que eso puede conllevar. No prometo estar al nivel de esta 'primera' parte :P
  15. Anónimo 15 de octubre de 2012, 3:03
    Hombre, viendo los otros relatos y tu manera de adaptarte a las situaciones, pienso que lo haras brillante.
  16. Anónimo 20 de noviembre de 2012, 20:46
    Maestro, si haces segunda parte tendria que ser una Merche aun mucho mas dificil de doblegar para volver a ser infiel... que no sucumba rápido que si no se acabaria un mito.

    Muchas gracias por hacernos disfrutar con esta obra de arte, pq este relato es una autentica obra de arte.
  17. doctorbp 25 de noviembre de 2012, 20:16
    ¡Qué presión! xD

    Gracias por el elogio.
  18. Anónimo 29 de noviembre de 2012, 13:59
    Este relato deberia ser el patrón para cualquier relato de infidelidad... tia buenisimas y fiel hasta la méduula, que poco a poco va cayendo a los encantos del sexo con un cualquiera. Es "EL RELATO" por excelencia
  19. eduardo2959 9 de enero de 2013, 5:38
    Doble agradecimiento,el primero por recomendarme tus relatos, el segundo por este relato, aun y cuando los relatos de infidelidad no son muy de mi agrado he llegado a la conclusion de que entre mas me enojo al leerlos es porque los estoy viviendo y el tuyo realmente me molesto. felicidades buen escrito
  20. doctorbp 15 de enero de 2013, 19:50
    Eduardo, me alegro de verte comentar por aquí :)

    Lo cierto es que la infidelidad es mi temática más recurrente. No obstante espero que sigas leyendo y ojalá sigas enojándote y participando jeje
  21. Anónimo 16 de enero de 2013, 16:50
    saludos desde Murcia, lo cierto es que este blog lo encontre por casualidad, y empezè a leer este relato, me ha encantado, y viendo lo comentarios anteriores, a mucha gente igual, no soy partidario de "forzar" a un escritor a escribir algo q no quiere, pero viendolo desde el punto de vista de los lecoteres, y el final que le das al relato, le hace merecedor de tener un 2ª parte en la que se puede concluir la historia de Merche. en fin pero eso es algo que debes decidir tu basandote en lo que quieres y lo que quieren tus fans, pues son ellos quienes deciden la capacacidad del escritor. en fin cuidate, y sigue escribiendo estos maravillos relatos, y ten en cuenta lo q escribo,( podrias poner una votacion para decidir q hacer con la historia de Merche) jajaja, cuidate
  22. SALVADOR ZULOAGA 15 de febrero de 2013, 21:08
    Enhorabuena!! Te felicito doctorbp. Junto con el relato de "Las pozas" es el mejor relato erótico que he leído nunca. Lo he leído muchas veces y aún no me canso de volver a leerlo. Está hecho con mucho gusto; no hay faltas de ortografía y en la gramática no hay errrores.

    La historia es apasionante y no es nada inverosímil. Puede ocurrir perfectamente. Esa es la grandeza del relato. De hecho conozco a un par dé chicas que le podrían pasar eso perfectamente. Tienen novio pero pueden flojear un día. Las conozco y se que les puede ocurrir.

    Como ha dicho uno anteriormente en los comentarios, la infidelidad relatada es más exitosa si la chica es "fiel hasta la méduula, que poco a poco va cayendo a los encantos del sexo con un cualquiera".

    Otra cosa que me impactó del relato es la sorpresa de quien se enrolla con la protagonista. Me pareció algo inesperado. Esto le da otro toque más apasionante.

    Doctorbp te animo a que escribas mas relatos similares de infidelidad parecidos a este, al de "Las pozas" o al de "Despedida de soltera".

    Un saludo.
  23. doctorbp 19 de febrero de 2013, 0:28
    Muchas gracias Salvador.

    Intentar que la mujer sea reticente a la infidelidad antes de caer en ella e intentar que no siempre quede claro con quién va a producirse esa infidelidad son dos aspectos que intento llevar a cabo en mis relatos siempre que puedo. Aunque no siempre es fácil.

    Espero que mi próxima publicación te guste como estos títulos que comentas. Tal vez se aproxime más a esa idea. Si lo lees estaría encantado de que lo comentaras y me dieras tu opinión como has hecho con este relato :)
  24. Anónimo 14 de diciembre de 2013, 5:24
    Que delicia de relato! Espero poder leer una continuacion/conclusion un dia de estos.
    Mucha suerte!
  25. doctorbp 14 de diciembre de 2013, 12:11
    xD ¡Muchas gracias! Creo que muchos de los seguidores que tengo se los debo a este relato.

    Este y "La niñera" se llevan la palma en cuanto a peticiones de segundas partes jeje

    Odio las continuaciones de películas o videojuegos solo porque venden. Convertir todo en sagas, trilogías y continuaciones es un mal de estos medios hoy en día. Supongo que, por esta forma de pensar, soy tan reacio a continuar un relato que en principio no tenía en mente continuar.
  26. Anónimo 14 de marzo de 2014, 23:15
    Nooo. No puede ser. Este relato necesita una y mas continuaciones.

    Esta demasiado bueno para dejarlo asi por favor.
  27. Honey, suck my candy dick 21 de mayo de 2014, 21:49
    Vaya tela... como he leído por ahí arriba muy natural escrito. Y es alucinante lo que podemos llegar a hacer cuando estamos excitados, pura química.
    Muchas gracias por recomendarme, bs!
  28. Anónimo 9 de septiembre de 2014, 1:00
    Cojonuda menudo pajote me casque
  29. doctorbp 12 de septiembre de 2014, 18:53
    jajaja siempre es bueno saber que alguien, leyéndome, se excita lo suficiente como para masturbarse :)

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